Juar...os atosigaré con mas capis de un jalón (no creo que odien esto)
Bien, entra un personaje nuevo: aqualad!
6: Bienvenido a Barcelona.
-Por fin- dijo el rey, mientras cerraba un libro y se quitaba los lentes- El heredero de mi sangre, de mi trono y de la empresa de mi vida ha llegado. El único hijo que tengo....ahora.
En esos momentos, un barco lujoso, con bandera de Inglaterra, arribaba al solitario puerto. Nadie recibiría al enemigo, por mas bondades que le hubieran oído decir y hacer.
-Vaya, pero mira que Barcelona sí que es solitario- dijo el Príncipe.
-Y vaya que sí- disimuló su acompañante, puesto que, como buen español, conocía las razones por las que nadie estaba ahí.-En fin, su majestad, debemos llegar al Palacio.
-Sí, ya vamos. Sir Alan, por favor permítame explorar un poco el lugar, puesto que apenas me case con la bella Princesa Catalina, me quedaré aquí, debo saber un poco.
-Supuse que lo diría, Majestad- sacó dos capas de color gris ceniciento y con parches. Le entregó una al príncipe.-Entonces, póngase una y sígame.- bajaron del barco a toda prisa- Heredó el espíritu aventurero de su madre.
-El de meterse en problemas lo heredó mi hermano, desaparecido hace cuatro años.
-Cuanto lo lamento.
-No se preocupe. Está mejor donde sea que esté.
-Hermanita, entonces dices que Melva....¿puede hablar con los muertos?
-Mas que eso, ellos ya la tienen de medíúm hacia nuestro mundo.- afirmó Raven. Luego murmuró para sí misma- ¿Pero porqué Carrie quiere hablarme?
-¡Hermana! Creo que lo que has vivido te ha trastocado la maceta. Ve a dar un paseo al parque y luego vemos si es verdad ¿vale, pùes?
Con algo de rebeldía tomó su capa y, tras mirar duramente a su hermano, salió del refugio. No podría reponerse de la sorpresa de que no le creyeran e incluso de que la consideraran una loca. Pero estaría bien. Ya sabia a donde dirigirse.
-Sir Alan, este jardín es espléndido.
-No me diga Sir Alan si usted no quiere que le llame Príncipe Raymond
El primer joven debía de tener por lo menos 21 años. Cabello negro atado en una coleta baja, rasgos atractivos, con ojos orientales y azules como el mar. Vestía elegante, haciendo lucir su alto y espigado físico. Una ricura de hombre.
El segundo tambien de pelo negro, ojos castaño oscuro, vestido de rojo y negro, como su rango lo indicaba por esos colores, era el Príncipe mas importante de ese mundo: Raymond 2, hijo de Enrique de Hanover, rey supremo de Inglaterra, Irlanda y las colonias de España y Francia.
-Está bien, llámame Ray, Alan.
Raven paseaba por entre los árboles del parque mirando a su alrededor. Intentaba no seguir enojada con su hermano, hasta que notó una tela amarilla ondear desde un árbol y saltar a otro. Corrió hasta darle alcance en un durazno. Las flores caían delicadamente con la leve brisa.
Al instante, reconoció los rizos rubios y la sonrisa pícara
-Gabriel- dijo con frialdad- ¿Que hace aqui su solemne majestad dorada?
-Oh, sólo venía a avisarte, querida, que contarás conmigo mas seguido. Quería decirte que encontré tu prescencia encantadora.
-Payaso.
-¡Raven, espera!- dijo este alarmado, creyendo que ella se iría- Así soy de bromista. Quería decirte que si nos hacemos amigos.- ella se volteó y lo miró, como intentando ver si este mentía
-A mi hermano lo le gustará.
-¡Oh, vaya! Tenemos una niña buena. Por una sola vez no lo obedezcas. Lo obedeciste una vez y te envio a un internado de magia en el que según me dijiste, perdiste a varios amigos y a otra ya no sabes que pasó. La obedeciste en la invasión ¿que sucedió? Te rapté. Por una santa vez no le hagas caso y hazte mi amiga.
-Lo pensaré.
-Gracias. Y aur revoir!- subió unas ramas
-¡Espera!- gritó. Pero lo que sucedió fue que una paloma salió revoloteando del árbol.- ¿Como lo hizo?- se preguntó- La marca del halcón, Raven, la marca del halcón.Es la única respuesta Pensó
La marca del halcón. Una de las tres señas de identidad de su mundo.
Un poder enorme. Por desgracia, el más bajo en la jerarquía, apenas superado por los hechiceros y la nobleza.
-Como sea- se dijo a sí misma, indignada por el rubor que incendió su cara- Debo partir y mostrarle al tonto de mi hermano que no estoy loca.
Se dio media vuelta con una varilla de flores de durazno en las manos, pensando en la propuesta de su nuevo amigo.
El Príncipe y su guía seguían paseando por el centro de Barcelona, contemplando el primero las estatuas de bronce y marfil que había en la plaza principal, las construcciones antiguas y las palomas que buscaban algo para comer.
-Me parece que nos hemos perdido- dijo Alan entre dientes, lo que hizo parecer que siseaba como un reptil.
-So...ask if someone knows the way to go to the palace. My father will be angry...very angry (Entonces...pregúntale a alguien si conoce el camino para ir al palacio. Mi padre estará enojado....muy enojado)- dijo el Príncipe en inglés.
-Majestad, creí que ya dominaba el español
-Sometimes I forget how say some things (A veces olvido como decir algunas cosas).- respondió simplemente.
El guía algo molesto por tener que forzar su cerebro a traducir -odiaba demasiado a Inglaterra ¡y todavía oír el infernal idioma que se acarreaban!. Lo llevaban a la exasperación- tuvo que buscar a alguien que le ayudara.
Por la apariencia que tenía la primer persona que vió, el Príncipe supo que era una Inglesa. Piel de lirio, ojos grandes y fríos. No notó nada hasta que las palomas se hecharon a volar mientras pasaba.
Raymond de Hanover se quedó sin aliento. Era la mujer -o niña, puesto que no se veía mayor de 16 años- mas bella que jamás vería en su vida. Parpadeó dos veces y se confirmó que no era una visión. La chica tenía el pelo corto y negro, piel blanca como alabastro, ojos azules como zafiros, con expresión fría pero asustada; y entre las manos llevaba una varita con flores de durazno.
-Excuse me- apenas logró decir- May you tell to me how go to the Palace of Barcelona, please? (Disculpe, ¿puedes decirme como llegar al palacio de Barcelona, por favor?)- tartamudeó
Raven sonrió y sacó un mapa de un morralito que siempre llevaba consigo, mil veces remendado y parchado.
-Yes, your Highness- ante la atónita mirada de Alan, la chica arrastraba las eses como una española- I'll put a point in the map, there is the Palace. This is the black point. The blue point is where you begin, this place. (Sí, su alteza. Pondré un punto en el mapa, ahí es el palacio. El punto azul es donde usted inició, este lugar).- entregó el mapa a Alan.
-Very thank you, young lady. (Muchas gracias, señorita)- dijo el príncipe, todavía anonadado- You're so beutiful (Es muy hermosa)
Raven sólo abrió mucho los ojos, como si se le fueran a salir y se fue corriendo. Las palomas, que apenas habían bajado a tierra, tuvieron que volar otra vez, haciendo mas fantasiosa la huida de la chica.
-"You're beutiful"- dijo Alan, imitando al Príncipe- Eres un....algo, no te insulto por que tu rango es mayor- el agua de la fuente mas cercana se movía con inquietud, no había viento alguno- No es forma de decirle a una inglesa que habita en España, pardiez.
-Bueno...por un momento yo....
Se dió cuenta de que no podría cumplir la misión que su padre tenía para él después de haber visto a la chica.
-Vámonos.- dijo Alan y siguieron el mapa. Raymond habló por última vez en el trayecto.
-¿Sabes como se llamaba, amigo?
-No. Jamás la he visto- su acompañante iba a abrir la boca cuando este puntualizó- Sé que te dije que conozco a toda Barcelona, pero de verdad. A esa niña nunca la había visto- le lanzó una mirada medio pícara a Ray- Y debo decir que es bastante bonita. Sólo que....si fuera su novio o algo, me daría miedo besarla o abrazarla. Parece que se puede desvanecer al mínimo contacto.
Enrique de Hanover estaba hecho una furia cuando su hijo por fin apareció en el Palacio. Con esos ojos negros y penetrantes que parecían revisar el alma de quien se le ponía enfrente, supo al ver a su retoño que este se había ido de juerga por ahí. Y su criado acompañante tampoco ayudaba a discución se llevó a cabo en inglés, sin alternar nada en español.
-Hijo mío, por el amor de Dios que rige cielos y tierra- gruñó- Lo primero que debías hacer era LLEGAR al Palacio. Pero no. Siempre me desobedeces y haces lo que se te pega tu real gana. Eres idéntico a tu hermano.
-Éramos gemelos- respondió este- ¿Porque se sorprende que seamos idénticos?
-¡NO ME RESPONDAS, ESCLUINCLE!- rugió, a la par que se levantaba de su real trono, señaló a su hijo con gesto amenazante- ¡Y NO ME MIRES A LOS OJOS HACIENDO PUCHEROS, QUE SOY TU PADRE!.
-Perdone, padre- dijo este, asustado, pero ocultándolo bien- Lamento mi atrevimiento. No se repetirá mas.
El rey pareció complacido con esto, porque enseguida se sentó y dejó de apuntar a Alan.
-En cuanto a usted, Sir Alan, me decepciona que siga las órdenes de un chico, cuando su deber está con su padre.
-Lo lamento, alteza serenísima*- dijo este bajando la cabeza, a modo de respeto: mas a sus raices orientales que al rey- Nos perdimos y alguien nos dió el camino de vuelta.
-Que no se repita o será azotado- los labios de Alan temblaron al imaginar el castigo. Bien por las criadas, que lo verían pasar sin camisa y lo atenderían hasta que sus heridas sanaran, pero mal para él que sufriría demasiado con los acosos de estas. Lo sabía bien.
-No se repetirá.- dijo este con la voz temblando.
-Bien- dijo con sequedad.- Ahora, hijo mío, sabes que debes casarte con una princesa de verdadera sangre azul, que es la que mereces, no esas corrientonas de Austria e Italia. Pues bien, he logrado que la bella Princesa de estas tierras, Catalina de Borbón, ceda su mano a tí en sagrado matrimonio. Una verdadera princesa de verdadera sangre azul.
La puerta del salón principal se abrió y entró Catalina, esta vez luciendo su espectacular melena roja en un moño con algunos mechones sueltos, resaltando su semblante. Sin su tiara que la declaraba como Princesa (hecha de oro y diamantes) se veía dulce, pero dotada de un extraño poder que iba mas allá de su posición social. Avanzó hasta el Príncipe e hizo una atenta reverencia maldiciendo por dentro.
Dick observaba todo y le daban ganas de apalear a su Alteza Raymond.
Aún a pesar del secreto que lo unía al Príncipe de Inglaterra.
-Un placer conocerla, Princesa- dijo Ray. No sintió nada. Aquella chica que había visto en la plaza seguía pareciéndole mas bella.
-El gusto es mío- respondió Catalina haciendo una reverencia.
Raven le puso la mano en el hombro a su hermano al ver que este se ponía verde. Era algo extraño en él, puesto que jamás lo había vísto....enamorado. Estaba en palacio recogiendo la información de las espías que estaban ahí. Y por supuesto, llevaba el uniforme de sirvienta para pasar desapercibida
-If you want it- dijo la chica en un perfecto inglés- You will kick him (Si quisieras, lo golpearías)
-It isn't, Raven. You know the secret that we three have (No es eso, Raven. Sabes el secreto que tenemos los tres)- respondió este, un poco amargado- You know....- ella asintió levemente.
-Then, well, why you don't tell her 'bout your feelings? (Entonces, bueno, ¿porque no le hablas de lo que sientes?)
-No soy de su clase- miró a su hermana. Aquellos ojos negros estaban apagados- Ya no.
-Así debia de ser.- le proyectó una imagen de su pasado. Dick vestía ropas mas lujosas y sostenía su medallón de oro, además de que tenía nueve años menos.- Renunciaste a lo que tenías por seguir tus ideales.
Dick miró al rey y a su hijo. Tenía una extraña sensación en el estómago. Se ajustó los lentes y miró hacia el sol. Ahora nadie saldría con la ridícula idea de que se parecía mucho al heredero del trono de Inglaterra.
Catalina pareció oir algo de la conversación, ya que dijo que debía retirarse a sus habitaciones a cambiarse de ropa para el baile de bienvenida del Príncipe Raymond. Con mucha cortesía se despidió.
Raven, por su parte, le hablo a Alan. Tenía una curiosidad acerca de él desde que lo había visto en la plaza principal.
-Tú debes de ser Raven Amaia Roth- respondió este cuando la vió, la chica se quedó en blanco- Las sirvientas me hablaron de tí. Por lo menos...las rebeldes.
Con mucha rapidez, Raven sacó de una bolsa un liquido color ámbar.
-Tranquila-continúo el chico- Yo soy uno de ustedes. Partidario, pero no miembro. No hablaré.
-¿Como sé que no mientes?- dijo con desconfianza. Alan le mostró una marca que tenía en la mano. Era un pez espada.
-Un miembro de los Peces Espada de San Sebastián no miente.- afirmó.
Alan, Amy y Raven sintieron una onda darles "en el cerebro". Algo los aturdía y les ponía la vista borrosa, mientras sentían unas nauseas tremendas.
-Chicos, alerta en la zona sur- dijo Victor usando la onda- Aunque no queramos, debemos proteger el palacio, todo sea por que no sospechen de nosotros.
-Victor- se quejó Amy- No uses de vuelta ese infernal aparato. ¡Lo odio!
-Lo siento, nena. Recuerden, usen a alguien de apoyo, protejan a los nobles, cuiden mucho a Raven y...
-¡YA APÁGALO!.
Stone obedeció y apagó la onda. Justo un momento antes de que El Caballero León apareciera en Palacio, en el marco de un balcón, con el sol dándole en la espalda.
-Señores, me enteré de la llegada del Junior Hanover- dijo burlón- ¿Quien de todos ustedes es?
Raven ya estaba huyendo con Raymond, cuando una flecha los detuvo en su carrera. Miraron ambos al joven bandido.
-No te atrevas a llamarme así de nuevo- dijo el Príncipe desenvainando su espada.
-Junior, junior, junior. Siempre serás el hijo de papi.-sonrió aun mas burlesco. Raymond avanzó amenazándolo. Raven lo detuvo del brazo. Sabía que Gabriel lo mataría si este le daba la oportunidad- Anda, hazle caso a la chica si sabes lo que te conviene.
Los dos se miraron a los ojos. La hechicera susurró algo hacia el bandido, este apenas tomaba sentido de lo que le decían cuando le cayó una onda gigantesca de agua.
Era Alan. Movió la onda para marear a Gabriel, la hacía torbellino.
(No lo mates)
Raven se comunicó hacia Alan por telepatía. Este no hizo caso
(¡No lo mates, por favor, Sir Alan, por favor!)
Clamo desesperada mentalmente, dejando de lado al Príncipe. Sacó una pócima color rojo escarlata, soltó el líquido en sus manos y unió su magia al agua. Gabriel desapareció, sano y salvo, a la par que Alan devolvía el agua al estanque que corría a la mitad del recinto del trono.
-Está en contra nuestra
-Esta a favor nuestro.
-Aún eres una niña. No sabes quien es bueno y quien es malo porque eres muy inocente.
-Él me secuestró por un mes- dijo con voz oscura- Lo conozco bien. Está a nuestro favor aunque no pelee de nuestro lado.
-Confiaré en tí, después de todo, debes tener mucha información, al ser hermana del líder.
Raven siguió observando los ojos de Alan. Encontró las mismas señas que ella tenía: los ojos con una media luna en el iris, sólo que en la ceja izquierda tenía tres lunares negros perfectamente redondos, ocultos por un mechón de pelo.
-Eres un mago Naturalia tipo 3. Tus poderes parten de la misma naturaleza y tu peligrosidad es tal que por eso tuve que detenerte para que no mataras a Gabriel.
-¿Con que Gabriel?- dijo pícaro el joven, provocando que Raven se llevara las manos a la boca y se sonrojase violentamente- Sí, bueno. Eso lo es lo que aprendes de tus enemigos con un mes cautiva. Pero volviendo a tu pregunta. En efecto, señorita, soy un hechicero Naturalia con especialidad en el agua, lo cual no es sorprendente si tomamos en cuenta que nací conociendo el mar. Tú debes ser una Hechicera Potae
-No. Es sólo que como mis poderes se han debilitado un poco, por eso uso las pócimas para atacar, o como hace unos minutos: para salvar una vida. Antes era una Hechicera Pura, la magia de la vida corría por mis venas, pero tras la luna roja perdí algo de mis poderes.- miró el piso, sintiéndo arrepentimiento por una accion pasada.
-Al parecer, Láquesis*, "la que asigna el destino" fue muy severa al robarle poderes a algunos mágicos.- le levantó la mirada a la chica- Siempre ha estado relacionada con los jóvenes aprendices de magia.
-Conmigo mas de lo que crees- se dijo a sí misma.
(Permíteme llamarte por tu verdadero nombre, Raven)
Una voz femenina de sonido entre dulzón y criminal resonó en su mente.
(Ambas sabemos aquello que no le has contado a nadie. Ni a tu hermano. Las dos conocemos tu verdadero rostro.)
(Callate, aléjate de mí, quien quiera que seas.)
Enrique de Hanover les agradeció que hubieran salvado a su hijo del bribón Caballero y los invitó al baile. Estos aceptaron, pues era una buena oportunidad para saber cuando sería la boda de ambos príncipes.
En efecto, la fiesta se llevó a cabo cuando la luna, en cuarto creciente, con todos los nobles vestidos con sus mejores galas, los criados intentando fingir su pobreza con vestidos mas o menos decentes. Los que eran parte de la resistencia se mantenían a la espera de que el rey se emborrachase o algo para ir a su despacho y conocer cuando ocurriría el día fatal.
-Princesa, permítame este baile- pidió muy cortés Dick, esta vez con lentes mas gruesos que de costumbre, que hacían parecer que tenía ojos de insecto. Catalina, divertida por la apariencia de su acompañante, aceptó.
Conocía en teoría como bailar con hombres, pero no pudo evitar sonrojarse en cuanto este la tomó de la cintura. Las manos comenzaron a sudarle. Y al parecer, al jefe de la rebelión le ocurría lo mismo.
Ya sabía que era un bailarín consumado, pero iban chocando con todo el mundo por lo nerviosos que estaban.
L'e amour, l'e amour
Raven seguía platicando a sus anchas con Alan. Se había encontrado bien con el hechicero y estaban discutiendo de hechizos y sortilegios. La chica se defendía hablando de los hechizos capaces de cambiar el orden de las cosas mientras el galán argumentaba sobre los poderes que tenía el usar el agua como arma en vez de la magia "pura". Eso fue hasta que un joven le pidió a la hechicera hablar a solas con ella. Con una mano en una botella llena de pócima defensiva, aceptó.
-Vaya, dándose la vida real- dijo el chico.
-Eres incorregible, Gabriel- respondió Raven, asegurándose de que no los vieran. Una vez que se aseguró de eso, miró de vuelta al rubio.
-Quiero mi respuesta. ¿Seremos o no amigos?
-Te lo demostré en la tarde.
-¿Devolviéndome con una jaqueca del diablo? Buena respuesta.
-Alan iba a acecinarte. Creyó que de verdad eras un bandido.- dijo con frialdad.- Te salvé la vida, así que me debes una.- miró con mas frío de pies a cabeza a Gabriel- Ahora que si crees que ser tu amiga consiste en hacer lo que las mujerzuelas de bar que visitas, pues no. Yo no soy de ellas y espero no se te olvide nunca.
-¿Y como te diste cuenta?
-El olor a alquitrán, cerveza y perfume barato os delata.- este se hinchó aún mas. Comenzó a caminar en círculos, rodeando a la chica con sus pasos y mirándola de arriba a abajo- ¿Que diantres me veis?
-¿Suponéis que yo os vea como mis amigas del bar?- señalando, añadió- Os falta cintura, os falta estatura y os falta cuerpo. Así que podréis ver que os voy a considerar como "mi amiguita".- se burló, provocando que Raven lo mirara aún mas frío, si eso era posible.
-Payaso pervertido- se volteó con gran indignación y entró de nuevo al salón.
Se divirtió observando a su hermano y a la Princesa de España y las Indias chocando con los demás bailarines. Amy y Victor tenían mejores pasos, pese a que uno le pisaba los pies al otro, sin poder ocultar en la mirada lo enamorados que estaban.
-Vaya, pero mira que los dos morenos de verdad que se enamoraron- dijo Alan, tratando de alejar la ira de Raven. Eso lo notó porque las velas cercanas a ella parpadeaban. Sus poderes eran energía pura así que las fuentes de energía o calor cercanas, en cuanto ella perdiera algo el control sobre sus emociones, podrían hacer cosas grandiosamente terribles.
-Ya lo estaban, Alan. No duraría que se casaran pronto.
-Pues hacen bonita pareja. Y creo que usted y el rubio tampoco quedarían mal.
-Sir Del Río- dijo esta haciendo un gesto con la mano de cerrarla como si fuera el pico de un pato- Por favor, no opine.- y sonrió forzado.
-Ya casi es luna llena- opinó este- Serían buenas noticias si la Princesa se casase en esas fechas, porque entonces cualquier intento de detener su boda sería triunfante.
-Quien sabe- dijo Fabricio, que también había asistido- Todos sabemos la historia de la Luna de Carrie.
El cuero se les erizó a los dos magos.
*Para los que no son de México o no recuerdan algo de historia de México: Santa Anna durante alguno de sus once gobiernos mandó hacerse llamar Alteza Serenísima. Me parecío buen título que podría adoptar el vanidoso rey.
