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7: La aprendiz
Cuando el baile con Dick concluyó, Catalina volvió al lado de su padre y de su hermana. Berenice de Borbón era de piel un poco mas morena y bastante mas desarrollada que su hermana, además de que tenía el cabello negro y sedoso. El rey era igual a la menor de sus hijas.
Berenice, con expresión burlona, se dirigió a su hermana.
-Debo decir que si estuviera en tu lugar, no sabría si elegir al músico ojos de insecto o al príncipe de Inglaterra.- haciendo como que juzgaba mentalmente, prosiguió- Yo personalmente preferiría a Raymond de Hanover. Se ve que tiene dotes de buen amante.
-A tí no te interesa nada que no sea pasarla bien.- dijo Catalina algo irritada.- ¿Nuestro pueblo que?
-Querida- dijo con voz dulzona- El rey de Inglaterra lo obtuvo, que él se cuatrapée la vida con él.
-¡Es nuestro derecho de nacimiento, Bere-nice! (Berenais)!- y cerró la boca.
Para nadie era secreto que la mayor de las princesas dedicaba sus días a introducir "amigos" al Palacio, lo cual ya había acarreado problemas para el rey y su reputación, ya que era muy arraigada la idea de que la labor que hiciera un rey como padre daba una idea previa de como era como gobernante. Y, dicho fuera de paso, Catalina sabía que por esa razón el rey la prefería a ella como nuera que a su hermana.
Gabriel se unió a la plática, pese al disgusto de Raven. Seguía enojada por el comentario que había hecho este sobre su "poco desarrollado cuerpo". ¡Si apenas tenía 14 años!
-Don Alan, un gusto encontrarlo en la fiesta.- saludó este, mientras Raven arrugaba la nariz.
-¿Que haces aqui?- dijo entrecortadamente la chica-No creo que te hayan invitado
-Pequeña, entiende que el Rey sabe que, entre mas gente hay en una fiesta, mejor se pone- respondió este.- Así que no le importa si entro de gorrón o si tengo invitación. Además- murmuró para sí mismo- este es mi derecho.
Alan hizo una pregunta mas personal a Raven, tras ver que no tenía la mas mínima intención de hablarle al que parecía ser su acompañante.
-Señorita Roth ¿Porque no baila conmigo?
-No puedo, Don Alan. Es que apenas tengo 14.
-Oh, sí. Usted podrá bailar apenas llegue el baile de las Iniciadas- tomó la mano de ella- Pues, sepa que estaré aquí hasta que usted finalmente se decida por un marido.
Raven apartó la mano bruscamente. Estaba cediendo irremediablemente ante esa voz aterciopelada y suave. Pero no pensaba escoger marido andando de baile en baile por dos o tres años.
-Gracias, Alan. Todo depende de lo que opine mi hermano, ya que es la única autoridad que hay sobre mi persona.
Dick ya había vuelto, flotando entre nubes, soñando con el delicado aroma que desprendía su princesa.
-Hermanita, si él promete proteger.....- aulló de dolor porque la hechicera le había pisado el pie con el tacón de sus botas- Quiero decir, con quien decidas casarte, yo no me opondré.- gimió.
Ya me ven como un estúpido premio que hay que ganar- pensó Raven- Bendito sea Dios que no me voy a desarrollar mucho o la oferta sería mayor.
Amy se acercó a Vic y le pidió que se dirijieran hacia donde estaban los "jefes", por decirles de algún modo. Entre las manos llevaba un pequeño papel color amarillento.
-Vic, dijiste cuando atacó el rufián que cuidaramos de la nueva, esa tal...Raven- dijo con tono visiblemente resentido.
-¿Celosa?
-Oh, claro que no, tontuelo. ¿Que le voy a tener de celos a una niñita?
-Es por eso que quiero que la protejan, por que aún es joven.
Si Victor hubiera oido mejor, habría notado que Amy sí que estaba celosa de la pelinegra y la "inmerecida" protección que le otorgaba su chico. Pero el hubiera, no existe.
-¿Algún dato sobre la boda, señores?- preguntó Dick, sabiendo que el rey estaba del otro lado del palacio.- ¿Fecha, lugar, sacerdote, padrinos?
-¡Hermanito!- sarcasmeó Raven- Te hizo falta preguntar quien hará el vestido de tu amada princcipessa (Prin-chi-pe-tza)
-Chistosa.
-Se me pegó de un cierto tarado- y miró muy feo al rubio que escuchó perfectamente.
-Sabemos la fecha. Es el 15 de Junio.- dijo Amy.
-En dos semanas.- dijo Dick, haciendo repasos mentales- No tenemos dos semanas para preparar a los hombres. Ellos no estarán listos para un golpe...perdón, boicot de boda.- suspiró- Me acostumbré a los golpes de estado.
-Lo estarán si los obligamos a entrenar mas- dijo Victor- Sé lo que tenemos en las manos, Richard, y confió en que no nos fallen. Además, ahora tendremos a dos hechiceros de nuestro lado, así como tenemos a....
-Melva- dijo Raven- Propongo entrenarla para que use a sus muertos a nuestro favor. Yo seré su tutora y ella nuestra arma mas fuerte.
-Bien, pero no entiendo como una pequeña nos ayudará- dijo Amy ignorando la atención que Victor le prestaba a Raven.
-Una vidente es capaz de usar a los muertos para espiar y decirnos que puntos estarán mas custodiados, puede ordenarles que posean a los guardias, lo cual evitaría cualquier ataque.
-Voto por la idea de Raven- dijo Dick.- Pero usaremos también la de Victor, porque así nuestro ataque no fallará. Después de todo- miró al rey y a su hijo- Aún no llega el día de que recuperemos lo que nos fue arrebatado.
-Hay un punto mas.- dijo Alan- La luna llena. Ningún ataque que se haya hecho con hechiceros en luna llena ha fallado. Como la invasión a Hokkaido, que me contó mi madre, que los invasores decidieron atacar en esa fecha, pero como la isla era defendida por hechiceros, fallaron.
-¿Su madre es japonesa, Don Alan?- preguntó Amy.
-Sí. Mi padre es español.
Será por eso su físico tan perfecto.- pensó pícara la morena
Fabricio llegaba en ese momento con otra hoja amarilla con mas datos anotados.
-Olvídenlo, chicos. La boda es en el Palacio.- dijo moviendo la cabeza de lado a lado, como si tuviera una larga experiencia de vida.
-Pero es un sacrilegio, una blasfemia, casarse en un lugar distinto al templo.
-Es en la Capilla Azul.
-Hay dos entradas seguras- dijo Gabriel uniéndose a la plática- Si duermen a los guardias, con seguridad pueden entrar y salir sin que el rey lo note y secuestrar a la princesa.
-¿Tu quien eres?- preguntó Dick
-Es un amigo- dijo Raven sacando con un puntapíe al rubio, molesta de que se metiera en lo que no le importaba.- Quiere ayudarnos.
-Ahy, madre santa que estás en el cielo- dijo Gabriel sobándose la pierna- Esta pega duro.
-Yo propongo ser maestro de Raven en nuevas técnicas de combate- dijo Alan.
(Eso me dará mas tiempo contigo)
(Yo tengo 14 años, tú tienes 20 ¡Son 6 AÑOS de diferencia, si pretendes ser mi marido!)
(Eso ya habla de lo bien que te protegeré)
(Galancete. Deja que ella decida)
Gabriel tenía tambien el don de la telepatía, pero sólo había podido escuchar lo que pensaba la chica e incluso responder. Raven parpadeó para interrumpirle la comunicación a Alan, este trataba de restablecerla a golpe de parpadeos.
(Tu no tienes porque meterte en esto, Gabriel, que tampoco eres candidato a marido para mí)
(¿No me digas que aún no ha nacido el príncipe que se casará contigo?)
(¿Quien dijo que quiero un príncipe, rubiales?)
(¿Que tal un duque?)
Y sonrió pícaro.
-Yo opto por esa opción- dijo Dick, tras pensar un poco y preguntarse si su hermana no iba a darle un santo pisotón. Al ver la cara de cierta desilución de Raven, añadió- Eso enriquecerá tus tácticas de combate.
-Bien- rezongó.- Pero ten en cuenta hermanito que yo también estaré de tutora, así que....mi ayuda te saldrá cara.
-Oh Hermanita ¿que no dijo mamá que en el otro tendríamos un aliado fiel?- miró que la chica no le hacía caso- ¿Cuanto valdrá tu ayuda esta vez?
-Tendremos que tomar vacasiones después del boicot. Sólo un día.
-De acuerdo. Serán en San Sebastián porque ahí cuento con que tengas la protección de los Peces Espada.
Ella se disgustó.
-¡Tengo 14 años, no cinco! ¡Acabo de graduarme de la mejor academia de magia en este planeta y dimensión a costo de sangre y tú sigues creyendo que soy una inútil que no sabe protegerse!.
-¿A costo de sangre?- preguntó su hermano. Raven se tapó la boca, pensando que debia tener mas cuidado con lo que decía y salió corriendo hacia los jardines, dejando asombrados a los cuatro hombres y a la chica.
-Yo iré a calmarla- dijo Gabriel
-Esto es entre chicas- dijo Amy- Yo voy.
Amy la encontró mirando las orquídeas con cierta ansia por troncharles los tallos para desquitarse de su enojo. Ya sabía que debía ser muy cuidadosa con la chica, porque le recordaba un poco a Catalina, sólo que un poco...sombría.
-No te funcionará hablar.- dijo Raven- Si algo es un hecho es que él no confía en mí y no puede dejar de verme como su hermanita- miró la luna- Si recordara un poco, yo nunca he sido su hermanita. Yo le salvé la vida, yo le dí cobijo en mi hogar cuando era sólo un niñito asustado huyendo de casa.
-Te quiere mucho, quiere tenerte segura- añadió acercándose a la chica- Victor a veces era así conmigo...hasta que le gané en vencidas.
Ella no hizo caso
-Como ya dije: pagué a precio de sangre mi graduación en la Academia de Magia de Canterbury.
-¿Porqué?
-No te lo puedo decir, Amy. Son asuntos de magia.
-Te esucho atenta. Soy callada como una tumba.
Raven la miró, algo seria, pero divertida.
-A tí no te sirve que te niegue el derecho a oir un secreto, ¿verdad?- la morena asintió- Bueno. ¿Has oído de la luna roja?
-Por supuesto. Es un fenómeno mágico. Cuando no se entregan los pilares humanos a tiempo, la luna enrojece, reclamando su sangre. Entonces es inevitable la muerte de esos dos humanos.
-O mas.- tomó una flor y la miró atentamente.- Yo era el tercer pilar. Y la sacerdotisa de Láquesis, la musa del destino.
-¿Y los otros dos?
-Era un chico y una chica, dos grandes amigos míos. Los dos enamorados, pero cada uno en su mundo. Dos excelsos magos con dotes únicos para la adivinación y la interpretación del cielo. Intenté evitar que los tres muriéramos, pero esa vez no había mas personas destinadas a mantener viva la magia en nuestro mundo: sólo nosotros tres. Así que cuando llegó la Luna Roja era inevitable el destino que teníamos.
-¿Porqué tu no moriste?
-Dijeron que yo tenía una misión ya en este mundo.- miró a Amy a los ojos- Aunque ellos también tenían la suya. Él hoy sería un mago astrólogo y ella una gran escritora*. También sobreviví porque logré defenderme a tiempo, entrgué una parte de mi magia para saldar la que hacía falta.
-Por eso te desconcierta que tu hermano te sobreproteja.
-Sí.
-Tranquila.- sonrió Amy- Así son los hombres. Dentro de poco no dudará de tu capacidad.
-Gracias Amy.- agradeció la chica.
Amy miró la cara de la hechicera y notó los dos pequeños lunares que tenía sobre la ceja izquierda. Eran negros y perfectamente redondos, además de estar en la misma dirección y tener el mismo tamaño.
-¿Esos lunares son de nacimiento? ¿O qué? Porque también le ví unos así a Alan, sólo que eran tres.
-Ah, esto. Los lunares indican nuestro nivel de poder. El mas alto es el cuatro, pero casi no hay. Existen mas nivel 1 y 2, como yo. Se podría decir que los nivel 3 todavía son mas escasos, pero hay bastantes.
A la mañana siguiente del baile se iban a iniciar las clases para Raven, sólo que esta al verse en el espejo
-¡¡AH!!......¡¡UN GRANO!! ¡¡UN BARRO DEL TAMAÑO DE UNA NAVE!!- gritó histérica. Robin entró al oír el primer grito, pero cuando se dio cuenta del relativamente estúpido motivo por el que gritaba su hermana, se detuvo algo disgustado.
-¡Y yo que creí que alguien te atacaba! ¡Alguien como el cretino del Caballero León!- guardó la espada- No esperaba que alguien con tu madurez emocional gritaría por un absurdo y normal grano.
-No es normal, hermanito. Hoy voy a tener clases y no debo de tener granos en la cara.- intentó exprimírselo con los dedos.
-¿Eres una hechicera o no? Se supone que debes de tener algún abracadabra para resolverlo ¿No?
En esos momentos ambos iban discutiendo por el pasillo rumbo al comedor de la base, ella iba detrás de él.
-Oh, no seas infantil. Tú también gritabas cuando te salían granos y tenías una cita con alguna de tus cinco novias.
-¡Eran sólo dos!
-Si mal no recuerdo, decías algo así como- imitó la voz de un niño- ¡Hermanita, por favor, quítame este grano! ¡¡Hoy tengo una cita muy importante!!
-¡No digas eso frente a los hombres!- dijo este volteándo pálido y con gesto desesperado hacía "shhh" poniéndo el dedo frente a su boca.
Por toda respuesta, la chica avanzó y se sirvió de desayunar, ante la atónita mirada de TODA LA RESISTENCIA. Dick sólo rió nervioso y corrió a encerrarse a su "oficina" para curarse la ofensa.
Alan llegó arrancando suspiros entre las mujeres que lo vieron entrar. Incluso algunas que sabían algo de japonés comenzaron a decirle de cosas en ese idioma
-¡Irasshaimase, Kawaiiku! (¡Bienvenido, guapetón!)- y las demás repitieron a como pudieron con malísimo acento.
Alan de todos modos apenas volteó a sonreírles un poco y siguió de largo hasta llegar con Raven que estaba felíz de la vida desayunando huevos con paella y un vaso de jugo de naranja.
-Buenos días, señorita Raven.
-Muy buenos días, Don Alan.- hizo gesto como de "que tonta que soy" y corrigió- Maestro Alan.
-Sólo dime Alan ¿Sí?
-Déjame de llamarme señorita y puede que sí.
-Bien. ¿Qué será lo primero el día de hoy?
Tres horas después era imposible concebir como es que la chica todavía tenía energías para seguir tras cinco hechizos de combate, activación de sus poderes con la naturaleza y todavía correr varias veces alrededor de la cuadra -idea de Alan de ponerla en mejor condición física- y todavía debía comenzar a darle clases a Melva de como controlar sus poderes.
