8: Sombras en la nada
Raven era la maestra de Melva, aunque mas bien la alumna enseñaba mas que la joven hechicera. Por lo menos de muertos
-Melva, a ver. Muéstrame a tus muertos otra vez- pidió.
La pequeña tomó de la mano a su maestra y en ese momento aparecieron docenas de personas que las rodeaban. Todos se veían pálidos, sólo se notaban venas verdes en su piel.
-Este murió envenenado- Melva señaló a un hombre común y corriente de cabellos castaños- Sus ojeras verdes lo indican, aparte de que tiene pecas por la cara. Ella- señaló a otra- Ella fue de un paro. Tiene las venas de tono morado.
-¿Cómo lo sabes?
-Mamá me tenía mucho tiempo encerrada para protegerme. Yo siempre crei que vivía mucha gente en la casa y les hablaba. Ellos me contaban de como habían muerto y así aprendí a distinguirlos- dijo la pequeña soltando la mano de su joven maestra.
-Alguna vez dijiste algo sobre piedras
-Eso- la mirada de la chiquilla se apagó- Los soldados venían a por mí. Mamá esta vez me había encerrado en un armario. Yo tenía miedo.
" Entonces conocí a Carrie. Cuando los soldados atacaron a mi madre, ella me dio su poder y yo levanté piedras para protegerla. Salí del armario y los soldados estaban en el piso. Ahora rodeaban a mi madre, pero eran transparentes y de un color azulado. Entró otro soldado gritando
-¡Entrégame a la hechicera!
-¡Nunca!- lo desafió mi madre.
Los rebeldes llegaron en ese momento e intentaron salvar a mi madre, pero el muy maldito la...la....la mató al verlos.
Los días siguientes yo hablé con Carrie. Ella me dijo que esperaba a una chica muy importante y que esta llegaría pronto.
-Ya te dejé que sintieras mi poder, Melva, pero no puedo dártelo todo. Tu ya tienes un don muy especial, y ella ha quedado con pocos poderes, necesita algo que la proteja.
-¿Pero seguiremos siendo amigas?
-Claro. Sólo dile a ella que nos veremos pronto. Su nombre es Raven Amaia Roth."
-Por eso me buscaste desde que llegué. No por que te recordara a tu madre sino por encargo de Carrie.
-No puedo ver a mamá ni con mi don- dijo triste la niña abrazando una muñeca- Mamá se fue al cielo porque mamá fue muy buena y me protegió siempre. Mamá descansa. Los muertos que veo dejaron algo pendiente en la tierra. Ella sabía que me cuidarían bien, por eso mamá se fue en paz.
-Oh, cuanto lo siento.
Carrieta White me busca- pensó la chica- Si me va a ceder su poder es para redimirse....o para....para....¡algo terrible! No en vano la llaman la Asecina Bruja.
A mis abuelos, que por fin están juntos
¿No se les ocurre ahora que su historia está buena para un anime o una peli?
Catalina paseaba con Ray en los jardines orientales del palacio. Estos tenían estanques llenos de delicadas flores de loto y sauces llorones. Además, los puentes eran mas....artísticos que los que había por esos tiempos en Europa. Ray iba leyendo algunos de sus poemas a la joven mientras esta contemplaba el agua turquesa y las flores rosadas.
-...Leve, delicada y silenciosa
Así fue como se alejó de mi vida
Aquella hermosa rosa.
-Príncipe- preguntó Catalina, conmovida- Usted es un gran poeta. Podría publicar.
-Son tonterías que se escriben para uno, Princesa. Soy sólo un aficionado que escribe en nombre del romance.
La princesa ocultó la cara, fingiéndo sonrojarse. La verdad era que odiaba sobremanera a su prometido, así como él no la amaba lo más mínimo. Sólo recordaba a aquella niña de pelo negro y mirada asustada.
Sólo la ví una vez- pensó- Y sin embargo no puedo olvidarla.
-Príncipe ¿Usted ya pensó en....la luna de miel? Ya sabe, a donde iremos.
-Ehm, no. No, princesa. Preferiría un lugar cálido, porque en Inglaterra digamos que no siempre hay sol.
¿Que tal- pensó la princesa- El infierno?
-Yo, bueno, usted sabe que a mí me da lo mismo, francamente. Soy feliz en cualquier lugar.- miró de vuelta al Palacio- Debo irme. Es la última prueba de vestido. Todo tiene que estar perfecto para la boda.
Se alejó con pasos lentos y por un momento, Raymond de Hanover creyó volver a ver a la chica de la plaza cuando había salido corriendo.
Y sacó una libreta para improvisar nuevos sonetos.
Victor le mostró a Dick el impecable plan que tenía para sabotear la boda. Tenía rayones por doquier, pero era legible...aún.
-...y así todo sale perfecto. Princesa en la guarida, príncipe sin noche de bodas y, sobre todo, el Reyezuelo mas enojado sobre la faz de la tierra.
-¿Porqué tanto rayón?
-Bueno, es que no pude borrarlos cuando hice el plan, así que pensé que era mejor poner mas rayones.
-Tú sí que no conoces los intermedios. O todo es un asco o está tan pulcro que las ratas deben bañarse en cloro para entrar.- dijo el chico rodando los ojos- Como sea. ¿Incluiste a Alan en el plan? Él y Raven son esenciales debido a que podrían deshacerse de cinco legiones con sus poderes.
-Si es que la pequeña aún sobrevive- dijo para sí mismo el moreno.- Claro.
Raven dormía a esas horas. O fingía que lo hacía. Desde hacía muchos años que no podía dormir. Cuatro años y dos meses, poco antes de que entrara a la Academia y después de la muerte de la Duquesa María. Pero siempre había alguien, a lo mejor un trovador callejero, que entonaba una melodía con un violín triste que la hacía dormir.
Esa noche, la volvía a oír. Intentaba no dormirse, queriendo descubrir al ejecutante de aquella melodía. Pero sus párpados pensaron lo contrario y la sumieron en el reino de Morfeo*.
Soñando con un ataque al Palacio, donde una hermosa mujer de cabellera rubia y rizada era abrazada por un pequeño con los mismos rasgos físicos. El chico lloraba al ver a su madre sin vida, repetía que despertara, que todo estaría bien, que no lo dejara sólo. Era demasiado tarde. Los gritos de afuera eran ensordecedores mientras el rey reía al ver el dolor que había generado. Lo último que vió fue al chico, ya mayor, entre las sombras, cubriendo una venganza
Despertó empapada en sudor y con la respiración agitada.
Era extraño, pero siempre que oía esa canción tenía ese sueño, como si la música fuera un hechizo que le transmitiera los recuerdos de aquella persona.
-Debe de ser- dijo para sí- Un mago o un mortal común que hizo esa canción para trasmitir los recuerdos a quien la escuche.
Pero no era así. Las chicas que trabajaban ahí e incluso Melva dijeron que la canción les había parecido hermosa y que no habían soñado nada.
Entonces es otra magia, una canción en la que el ejecutante hace que sólo una persona que la oiga- pensó- vea algún recuerdo en específico. Esa persona puede no conocerlo, pero sus destinos están irremediablemente unidos.
El rey Enrique miraba complacido los preparativos para la boda de su hijo. Sabía que ese era el único modo de escapar a la Santa Alianza que le pedía a gritos que no tuviera esclavizados a las naciones.
La Santa Alianza era la unión de varias naciones, entre ellas Alemania, Austria, Italia y el Vaticano, las cuales buscaban liberar a los países de España, Francia y Países Bajos de sus afanes imperialistas. No les convenía que estuvieran presos porque entonces, un día cualquiera al señor Rey se le podría ocurrir invadir Italia y hacer que el Santo Padre le besara los zapatos, rendido. Más por intereses políticos que por humanidad, en todo caso, era su motivo de unión.
-Se te ve magnífico ese vestido- dijo Berenice mirando a su hermana con un dejo de envidia.
-Lástima la ocasión.- suspiró la pelirroja.
Berenice había logrado notar algo en los ojos de la chica. Caminó en círculos alrededor de ella, mirandola de modo acusador, intentando saber porqué no querría alguien casarse con un hombre tan atractivo...claro, si no se contaba en la lista a su criado de confianza, Alan.
-Te gusta alguien mas- dijo medio cantado y se sentó a su lado. La infanta (infanta es la hija menor de un rey o príncipe, sorry) sostenía en sus manos una rosa blanca.
-Pues tal vez sí. Es que yo he convivido mucho con e...esa persona y la verdad si me casara con el Príncipe Ray, pues...sería realmente imposible lo nuestro.
-Ah, entiendo.- miró a los ojos a Catalina y le bajó la manga del vestido hasta medio brazo. Tenía la marca de un león en forma de una quemadura- Estás marcada como miembro de la familia Real Borbón de España, como también lo indica el poder en tus ojos, el águila real. Es imposible que puedas eludir a tu deber- miró hacia la ventana- Tal como yo quisiera hacerlo.
La pelirroja olió a su hermana con detenimiento. Esta vez, la fragancia que llevaba consigo era de madera con ámbar.
-¿Nuevo amante?- preguntó Catalina, hastiada. No era asunto suyo, pero odiaba sobremanera a los chicos de su hermana.
-Bueno, debo decir que sí.
-Tengo que irme- dicho y hecho se levantó, dejando a Berenice algo sorprendida, pero muy feliz con aquella fragancia que se le había adherido a la piel.
Catalina pasó por casualidad cerca de un cuarto, escuchó voces. Con cuidado, repegó el ojo a la pequeña abertura que habían dejado por descuido. Adentro estaban el rey y otro joven que no reconoció, porque estaba de espaldas. Tenían adentro todo un labotatorio de alquimia. En un matraz, el extraño sostenía un extraño vapor color rosa pálido.
-Esto, mi Lord, es la clave para detener a aquellos molestos seres de baja categoría. Sería cuestión de aplicarlo a prisioneros con esa seña.
-Excelente, Duque de Benálcazar. Usted ha inventado el modo de evitar nuestro, eh, disturbios, con esos molestos vasallos que se niegan a aceptar el destino de su amada patria.
Catalina se quedó de una pieza. Rápidamente echó a correr. Varias sirvientas también estaban espiando, pero desde las otras puertas que tenía el laboratorio, así que no vieron a la pelirroja.
Dick también tuvo que dejar la comida a medias porque su informante lo necesitaba.
-Tienen un plan para detener a los- bajó la voz- inferiores. Es un gas que sólo los afectaría a ellos, así que debe de tener extremo cuidado con sus acompañantes, porque entonces al rey se le puede ocurrir usarlo y restarle fuerzas.
-Gracias por avisarme- dijo Dick. Ella tenía intenciones de irse- Por favor, no te vayas. Quisiera saber quien eres.
-Lo siento, señor. Pero si lo supiera, mi vida peligraría.
Desapareció de nuevo.
Dick no pudo hacer nada más que llegar y escribir en el computador de la base ese dato, pues suponía que le sería de relevancia más adelante.
