La Princesa Seremity


Capítulo seis "Volviendo a casa"

Sesshoumaru se dio vuelta a mirarla al escuchar esto y Jyaken se quedó paralizado al ver la cara que le puso el demonio, pensó que ése sería el fin de la Princesa, después de todo de nada habían servido los cuidados "nadie le responde así al Amo" pensó el verde ser.

Pero, Sesshoumaru se acercó a Seremity con una mirada de querer matarla, se paró en frente de ella, la observó y se dio la vuelta, la princesa no hizo ningún gesto, ni siquiera cuando el demonio le regaló aquel fulgor de sus párpados con la insignia de la amenaza inscrita en ellos, al contrario, no dejó de mirarlo para demostrarle que ella no le tenía miedo, al fin y al cabo, aquel la había ayudado.

—Si quieres volver a tu Reino sígueme, sino haz lo que quieras —le dijo Sesshoumaru un poco más tranquilo.

—Está bien —respondió Seremity mientras veía a Jyaken que aún estaba paralizado— ¿Estás bien?

—Sí —contestó Jyaken—. ¡Pero, qué estabas haciendo! —exclamó después—, nadie le habla así al Señor Sesshoumaru, menos si es inferior a él, como tú.

Al decir esto Sesshoumaru le puso una cara de querer matarlo, haciendo que Jyaken saliera corriendo a buscar las cosas de Seremity, mientras pensaba "el Señor Sesshoumaru casi me mata por estar hablando con esta híbrida, será mejor que me mantenga callado". Tomó las cosas y se las pasó a Seremity y empezaron a caminar, con Sesshoumaru a la delantera y un poco más atrás Jyaken seguido de la princesa.

Caminaron por largo rato, Seremity comenzó, nuevamente, a sentirse mal, sus heridas aún no sanaban del todo y no había comido nada, se preguntaba si aquel demonio se detendría para saciar su apetito, pero por lo visto él no comía. Empezó a ver un poco borroso, sentía que su energía se agotaba y caería al suelo sin poder levantarse, así que tomó la espada y la utilizó como bastón, aunque el hambre seguía.

—Jyaken —musitó para que Sesshoumaru no la escuchara, aunque fue inútil—, ¿acaso ustedes no se alimentan? —diciendo esto cayó al suelo, intentó pararse pero las piernas le titilaban y decidió quedarse en el suelo.

—Amo bonito —habló Jyaken—. Creó que esta niña… digo híbrida tiene hambre ¿qué hacemos?

—Descansaremos un rato —ordenó Sesshoumaru y se sentó apoyado en un árbol.

—Pero, Amo… —añadió el pequeño demonio al no conseguir respuesta—. ¿Qué hacemos con ella?

—No es mi problema —contestó Sesshoumaru con la vista perdida—. Si tiene hambre que coma.

Al escuchar esto, Seremity junto todas las fuerzas, que aún le quedaban, y se puso de pie apoyándose en la espada, miró a su alrededor y algo que nunca antes le había pasado, sucedió, podía sentir el sonido y oler al río, sin percatarse de eso, fue en la dirección que sus sentidos le indicaban, al pasar por el lado de Sesshoumaru tomó la espada y se la guardó, para demostrarle que ella no era tan débil como él creía, aunque no aguantó mucho y un poco más lejos de donde estaba el demonio, la sacó y se apoyó en ella.

Al rato después Jyaken le habló a su amo.

—Amo Sesshoumaru y piensa dejarla sola, así como está, podría encontrase con algún demonio y…. —alcanzó a decir antes de ser interrumpido.

—¡¿Sientes algún demonio en los alrededores, Jyaken?! —preguntó Sesshoumaru bastante enojado.

—¡Eh! —susurró mientras buscaba con el olfato algún rastro de esos seres—. No, no siento nada entonces…. —fue interrumpido, nuevamente, por Sesshoumaru.

—No dijiste que era fuerte, ¡entonces no te preocupes y deja que ella resuelva sola sus problemas! —gritó el demonio, en un estado más tranquilo.

—Amo bonito, pero si le llegase a pasar algo —susurró temeroso Jyaken.

—¡Si tanto te preocupa la híbrida, ve y ayúdala! —Sesshoumaru ni lo miró al momento de contestarle de esa manera tan altanera.

Jyaken guardó silencio y se sentó cerca de su Amo, cuando escuchó unos pasos.

Mientras Seremity llegaba al río con dificultad, observó alrededor y vio un árbol de duraznos, "encontré comida" se dijo algo aliviada porque no tendría que pescar o alguna cosa parecida, ya que la fruta estaba baja, pudo sacar varios sin dificultad, comió algunos y empezó a caminar en dirección a donde estaba Sesshoumaru. Mientras pensaba "¿comerá Jyaken estas frutas? Ojalá sí, ya que llevo varias. ¿Comerá Sesshoumaru? ¡Ah! Qué me importa si come, después de todo ha sido muy poco amigable, aunque si no fuera por él, lo más probable es que yo…" Escuchó que Jyaken conversaba con Sesshoumaru y no quiso interrumpirlos así que se quedó callada. Pero, llegó justo cuando el demonio de blancas cabelleras le decía a Jyaken que fuera a ayudarla si tanto le preocupaba.

Al escuchar los pasos, el pequeño ser se puso de pie, sabía que era Seremity por su olor así que fue a encontrarla.

—Llegaste, veo que comiste y trajiste para después, que bueno así no tendrás que salir a buscar más —le dijo al mirarla.

—Ten, si quieres come algunos, pero deja para después —Seremity trató de no mostrar su enfado.

—Pero, yo no… —añadió Jyaken, mas la princesa no lo escuchó, ya que se dirigía hacía Sesshoumaru.

—Si tanto te molesta mi presencia, dime el camino hacía mi reino y no te molestaré más —frunció su ceño mientras se ponía frente al demonio.

—No le hables así, no ves que podría matarte con un sólo golpe —se interpuso Jyaken, mientras Sesshoumaru se ponía de pie y quedó mirando a Seremity.

—Si quiere matarme que lo haga —respondió a Jyaken, pero con sus ojos clavados en el otro demonio.

—Si ya estás bien, sigamos caminando —ordenó, mientras se hacía a un lado para seguir andando.

—¡Yo no voy contigo! —gritó Seremity a Sesshoumaru.

—Pero, qué dices que no ves que con nosotros estarás a salvó además… —dijo Jyaken que fue interrumpido por Sesshoumaru que se dio la vuelta y se dirigió hacia Seremity.

—Haz lo que quieras —habló importancia.

—Eso haré —se dio la vuelta y empezó a caminar, pero antes—. Jyaken mis duraznos por favor.

—Toma —contestó mientras le entregaba los duraznos—. ¿Estás segura de lo que haces?

—Él no me quiere a su lado —suspiró mientras se levantaba después de haber recibido la fruta—. Jyaken ¿Tú sabes qué camino debo tomar?

—¡Ah! Ni siquiera sabes por dónde ir, además están tus heridas que aún no cicatrizan bien —exclamó Jyaken con algo de desespero—. Si le pides disculpas el Amo te dejara venir con nosotros —al oír esto, Sesshoumaru dio vuelta la cabeza para ver a quienes conversaban.

—No lo haré Jyaken… Aunque mis heridas no sanen todavía, están mucho mejor, ya han dejado de sangrar, pero… —susurró ya que el dolor aumentó donde tuvo que ir a buscar comida, sin haber descansado lo suficiente—. No te preocupes estaré bien y lograré llegar a mi reino.

La princesa volteó para empezar a caminar, pero se topó con la mirada fiera de Sesshoumaru que se acercaba a ella, y en su mano, se veía que brillaba algo verde.

—¡No lo haga Amo bonito! —gritó Jyaken al ver la actitud del demonio.

Al ver la reacción de Jyaken, Seremity comprendió que ese sería su fin, después de todo aquel ser la mataría y nunca más volvería a su reino, como tampoco vería a Ethan, en ese momento empezó a pensar en él, "¿me estará buscando?", se preguntó. Pero Sesshoumaru se le atravesó en su mente "no le demostraré que le tengo miedo" se dijo así misma, justo cuando el demonio estaba más cerca, y las heridas se hicieron presentes con un dolor desgarrador.

En ese momento, de la mano de Sesshoumaru apareció un látigo verde y resplandeciente, Jyaken no creía lo que estaba viendo, su Amo iba a matar a Seremity, después de haberla cuidado.

Ya estaba muy cerca de ella listo para atacar, pero en vez de pegarle con el látigo…

—Agáchate —le ordenó.

Pero, Seremity cayó por el dolor de las heridas y quedó apoyada en las rodillas, mientras Sesshoumaru pasaba por al lado de ella para matar a un demonio que iba a atacarla cuando se diera la vuelta al momento de irse, con su látigo lo dejó destrozado.

Al ver esto, la princesa se arrepintió de lo dicho al demonio, él la había cuidado cuando estaba herida y ahora la había salvado, intento levantarse, pero su cuerpo no se lo permitió, estaba agotada, el esfuerzo realizado fue mucho para la condición en que se encontraba, a pesar de ser una híbrida su, cuerpo seguía siendo el de una humana, los duraznos se fueron al suelo, y su cuerpo los siguió con lentitud.

—¡No te desmayes! —gritó Jyaken, mientras corría hacia donde estaba ella, aún algo confuso con lo que había pasado.

Al escuchar a su sirviente, Sesshoumaru se dio cuenta de lo que pasaba con Seremity y dando un salto, llegó justo para tomarla antes de que cayera al suelo, la levantó en sus dos brazos y le dijo que la llevaría a su reino, pero ella no lo escuchó, ya que se encontraba inconsciente, la acostó en un árbol y él se sentó un poco más lejos.

—Jyaken recoge su comida —le dijo con tono de mando.

—Sí Amo —respondió mientras tomaba los duraznos que aún estaban buenos.

—Mañana le buscarás más —ordenó con seriedad.

—Sí Amo, como usted diga —contestó Jyaken que seguía recogiendo duraznos.

Al otro día, cuando Seremity se despertó vio a Sesshoumaru, pero no a Jyaken, y junto a ella los duraznos, agarró dos y se acercó al demonio.

Se sentó frente a él, y le extendió la mano con una de las frutas.

—Yo no como cosas de humanos —respondió fríamente, sin siquiera mirarla.

—Yo… lo siento —le dijo mientras retiraba la mano con el durazno, tampoco lo miraba.

Sesshoumaru la observó y vio que ella empezaba a llorar, pero la princesa se paró y se alejó de él, ya que no le gustaba mostrase débil delante de nadie, se secó las lágrimas y sintió que Jyaken venía en camino.

—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Jyaken mientras le pasaba la fruta que había sacado.

—Sí —respondió Seremity—. Gracias por los duraznos.

—No me lo agradezcas a mi —añadió el pequeño ser—, el Amo bonito me mandó a buscarlos —terminó de decir a la vez que corría en dirección a donde estaba el resto de las frutas.

Seremity miro a Sesshoumaru, pero este se puso de pie y empezó a moverse.

—Vámonos —dijo serio.

—Sesshoumaru, espera —se interpuso la princesa, éste se dio vuelta y la miró a los ojos—. Yo… yo te quiero dar las gracias por haberme ayudado —clavó su mirada en él, pero no tuvo respuesta, Sesshoumaru sólo se dio la vuelta y siguió caminando.

El regreso se extendió por varios días, y cada vez que Seremity se sentía agotada, descansaban. Así hasta que llegaron a un claro del bosque cercano a su hogar.

—Ya vamos a llegar —dijo Sesshoumaru—. ¿Prefieres descansar o quieres ir a tu reino?

—Quiero volver luego a casa —respondió Seremity.

—Jyaken, cuando lleguemos al campo tú no podrás entrar, espérame afuera —ordenó a su sirviente.

—Como usted diga, Amo —respondió Jyaken fiel a su señor.

Siguieron caminando, Seremity se sentía cada vez más débil, pero el saber que pronto llegaría le daba fuerzas, hasta que ya no pudo más y se desmayó.

—Amo se cayó de nuevo —suspiró con frustración—. Justo ahora que estábamos a punto de llegar.

—Espérame aquí, Jyaken —agregó Sesshoumaru mientras tomaba a Seremity en sus brazos y se convertía en una esfera de luz, que se movió a gran velocidad hasta llegar al castillo del Rey Makoto.

El Rey, se encontraba sentado en su trono, aunque era bien de madrugada, su cara mostraba preocupación, cuando un fuerte viento recorrió toda la habitación y un extraño ser de cabello largo y blanco con destellos plateados, que vestía un traje blanco y una armadura, en el hombro derecho colgaba una especie de estola peluda, tenía una mirada fría y una media luna en la frente, en su rostro poseía dos rayas en cada mejilla.

—Es tu hija —le dijo el extraño—, la encontré en el bosque.

—Señor Sesshoumaru —musitó asombrado el Rey Makoto.

—Será mejor que la acuestes, está bastante herida —añadió fríamente el ser de cabelleras plateadas.

—Sí, sí claro —obedeció mientras tomaba a Seremity—. Señor Sessho… —pero, éste ya se había marchado.


Continuará....