La Princesa Seremity
Capítulo nueve "Un Doloroso Reencuentro"
Pero Seremity no les respondió a ninguno y dejó caer la espada, caminó con la cabeza baja en dirección a Sesshoumaru, pero cuando llegó a su lado no lo miró igual a Jyaken, sólo caminó en dirección a las marcas que había dejado en el piso al tirar el ataque con Colmillo de Fuego.
Cuando ya había caminado unos metros se detuvo y cayó de rodillas al suelo, Jyaken al ver esto corrió a verla y Sesshoumaru lo siguió más atrás. Cuando llegaron a donde estaba Seremity, ella se paró, tenía algo en las manos, algo que ninguno de los demonios logró ver lo que era, se devolvió a donde había dejado la espada y miró alrededor, vio todo destruido por aquella arma y volvió a agachar la cabeza.
—¿Y ahora? ¿Qué le pasó? —preguntó Jyaken a Sesshoumaru—. Seremity, debes estar contenta ya que estas aprendiendo a usar la espada de tu madre —le dijo Jyaken mientras corría a donde estaba ella—. Debe estar orgullosa de que tu es… —Jyaken se calló ya que en el rostro de Seremity se veían caer unas lágrimas.
—Yo… yo no quiero esa espada —susurró Seremity con la voz entrecortada.
—¡¿Qué estás diciendo?! —gritó Sesshoumaru que había llegado a donde estaban ellos.
—¡Qué no quiero esa espada! —respondió Seremity.
—En vez de decir eso, deberías tomarla y po… —pero fue interrumpido.
—¡Yo no quiero qué esto vuelva a pasar! —gritó Seremity mientras le enseñaba lo que tenía en las manos.
—Es sólo un animal —exclamó enojado mientras veía que en sus manos tenía una pequeña ardilla que había alcanzado a recibir el ataque.
—Pero, yo lo maté —suspiró Seremity tristemente—. Era sólo un bebe y yo lo maté.
—Esas cosas suelen pasar —dijo Jyaken intentando subirle el ánimo, pero lo único que logró fue hacer que llorara más.
Seremity tomó la espada y caminó hacía el bosque, Jyaken la siguió, llegó hasta un árbol y dejó a la pequeña ardilla en el suelo, mientras ella hacía un hoyo para enterrarla.
—Es un recuerdo de tu madre —añadió Jyaken—. Además tú me dijiste que te recuerda a tu padre.
—A lo mejor nunca debí de haber salido del Reino a conocer a Ethan, a lo mejor nunca debí de haberme tirado al acantilado y nunca debí haberme transformado en una… —mientras decía esto las lágrimas caían con más frecuencia—. En una bestia.
—Tú no eres una bestia —aseguró el pequeño demonio—. Eres una híbrida.
—Eso no ayuda Jyaken —le dijo Seremity que había terminado de hacer el hoyo.
—Las cosas pasan por algo —la fría voz de Sesshoumaru se hizo presente, quien había escuchado todo.
—Si hubiera dejado que Katsuyo me matara tú no estarías pasando por todo esto —musitó a Sesshoumaru sin mirarlo mientras tomaba a la ardilla y la metía dentro del hoyo y empezaba a echarle tierra—. No tendrías que soportar a una híbrida —al decir esto se paró y se fue a sentar a un árbol con las manos abrazando sus piernas y la cabeza encima de éstas.
Pasó un rato y había un silencio enorme, Seremity seguía con la cabeza escondida, pensaba en su padre y en su hermano que ya tendría que estar casado con Susume, en que probablemente ya estarían pensando en tener hijos, o capaz y ya los encargaron. Recordó a Ethan, si estará bien, si ya tendrá hijos, pensó que esos hijos pudieron ser de ella, los minutos pasaron, las lágrimas ya se le habían secado pero no quería levantar la cabeza hasta que sintió que alguien se le acercó.
—No llores Seremity —susurró Jyaken mientras le entregaba algo que traía en las manos—. Todo está bien.
—No entiendo —le dijo Seremity mientras recibía a la ardilla—. ¿Qué paso?
—El Señor Sesshoumaru la revivió con Colmillo Sagrado —contestó el demonio.
—Gracias Sesshoumaru —sonrió mientras dejaba a la ardilla en un árbol.
—De todas maneras morirá —respondió con frialdad.
—Pero, no por mí —añadió Seremity que seguía sonriendo.
Pero algo le pasó a Seremity, su cuerpo pálpito una vez, otra más y empezó a cambiar. Comenzaba a anochecer, era la primera luna llena que veía lejos de su casa, con su nueva apariencia, su cabello volvió a ser castaño claro, sus garras desaparecieron igual que sus colmillos y sus orejas volvieron a ser normales.
—¿Qué hiciste, híbrida? —preguntó Sesshoumaru mientras se acercaba a ella y la tomaba por el cuello levantándola un poco del suelo.
—Yo no hice nada —contestó mientras trataba de soltar las manos de Sesshoumaru—. Y me llamo Seremity —le dijo casi sin voz.
—Señor Sesshoumaru —intervino Jyaken algo desesperado al ver que su Amo la podía matar—. Puede ser, que como ella es híbrida su apariencia cambie por algún momento.
Sesshoumaru la soltó y la dejó en el piso, mientras la miraba a los ojos, fríamente y con desprecio.
—Si te molesta que esté aquí —lo miró con el ceño fruncido—. Iré a pasear hasta que se me pase —al decir esto empezó a caminar dentro del bosque.
—Espera Seremi… —dijo Jyaken que había empezado a seguirla.
—Déjala sola Jyaken —ordenó Sesshoumaru mientras se sentaba y se apoyaba en un árbol—. Estamos cerca de su Reino.
Seremity caminó bastante lejos de donde estaba Sesshoumaru y Jyaken. Se sentó en las faldas de un árbol y pensó en lo que había tenido que vivir en el último tiempo, en las palabras que una vez le había dicho a su hermano, cuando llegó Ethan a conocerla, su hermano le preguntó dónde estaba y ella respondió que pensaba en cómo iba a cambiar su vida después de eso, nunca imaginó que cambiaría de esa manera.
Los minutos pasaron con rapidez, a la luna sólo le quedaban unas horas por desaparecer cuando Seremity escuchó unos pasos y se puso a la defensiva.
—Seremity —le dijo el extraño.
—¿Quién eres? —respondió ya que no lo veía porque estaba atrás de unos árboles—. ¿Por qué me conoces?
—¿Tan pronto me olvidaste? —preguntó a la vez que salía a la luz de la luna y se podía ver que era un joven conocido por Seremity.
—¿Ethan? ¿Qué haces aquí? —cuestionó, pero éste lo único que hizo fue abrazarla.
Ella le respondió el abrazo, pero ya no sentía por él lo que sintió alguna vez.
—Veo que estás bien, no podía creer lo que me dijo Susume —le dijo Ethan—. No, claro que no, no es cierto, supongo que vas camino a tu casa, ven yo te llevó —la soltó y tomó de su mano.
—Yo, ya no vivo allá —contestó sin zafarse del agarre.
Después de un rato de haberse ido Seremity, Sesshoumaru había salido a buscarla, dejando a Jyaken sólo por si acaso llegaba, aún podía sentir el olor de ella, así que se dirigió a donde estaba, además también sentía otro olor, otro humano.
Mientras Seremity le decía a Ethan que lo que le había dicho Susume era cierto, que ella era una híbrida y le explicaba la formación de los Reinos Ocultos para hacer la historia más fácil. Pero Ethan se negaba a creerlo.
—No es cierto —protestó con enojo—. ¿Por qué ahora no tienes esa otra apariencia?
—No sé —le dijo Seremity mientras agachaba la cabeza—. No sé porque volví a tener apariencia humana yo… —fue interrumpida por Ethan que la había abrazado.
—Yo no te he olvidado —susurró.
—Pero, tú te casaste —musitó Seremity—. Tu tiempo ya pasó, yo... yo soy otra, mi vida está aquí, no en el reino.
Pero, Ethan la tomó de la cintura y la acercó a él y la besó, justo en ese momento llegó Sesshoumaru. Seremity se dio cuenta que el demonio estaba allí y empujó a Ethan.
—Vámonos —ordenó Sesshoumaru a Seremity que no lo podía mirar a los ojos sin saber por qué.
—Es él —le dijo Ethan—. Es el demonio que te alejo de mi lado. No dejaré que te la lleves —miró a Sesshoumaru pero, éste no le hizo caso.
—Yo decidí irme con él —contestó Seremity mientras caminaba a donde Sesshoumaru.
—¡No dejaré que te la lleves! —gritó el humano mientras lo atacaba con su espada.
—¡Detente Ethan! —exclamó Seremity que se interpuso entre él y Sesshoumaru—. El puede matarte de un sólo golpe. Entiende yo no pertenezco a ese mundo, nuestro destino cambio cuando yo caí por el acantilado. Entiéndelo.
—Tonto humano —dijo Sesshoumaru—. No te metas en donde no te corresponde.
Pero Ethan estaba furioso, él aún quería a Seremity y verla con aquel demonio no le gustaba nada.
—Adiós Ethan —dijo Seremity—. Cuídate mucho —se dio la vuelta y comenzó a caminar juntó a Sesshoumaru.
—Espera Seremity —la detuvo mientras empezaba a caminar a donde estaba ella—. Deja darte un último abrazo.
Seremity miró a Sesshoumaru, pero éste no la tomó en cuenta, por lo que asintió y se dirigió a donde estaba Ethan, mientras Sesshoumaru había girado la cabeza para mirar a Seremity.
Ethan tomó a Seremity y la abrazó lo más fuerte que pudo y ella también.
—Si no eres mía —susurró en su oído—. No serás de nadie —sacó una daga y se la enterró a Seremity.
Justo en ese momento empezó a amanecer y Seremity a cambiar su apariencia, pero Ethan la había herido y ella no sabía qué hacer, cuando la soltó cayó de rodillas, después vio que una luz paso por su lado, levantó la vista, era Sesshoumaru que tenía a Ethan tomado del cuello y lo había levantado del pisó.
—No lo hagas, Sesshoumaru —imploró Seremity—. Él no tiene la culpa —dijo mientras se levantaba—. Vámonos, Jyaken nos espera.
Pero, Sesshoumaru no quería hacerle caso, no entendía porque lo defendía si la había herido.
—Por favor, Sesshoumaru —rogó—, déjalo —al decir esto empezó a caer.
Sesshoumaru al ver que se estaba desmayando soltó a Ethan y fue a ver a Seremity, la tomó en sus brazos y comenzó a caminar hacía donde los esperaba Jyaken.
—Gracias —susurró—. Por dejarlo con vida y por venir por mí —se desmayó.
Después de ese reencuentro con Ethan, Seremity nunca más lo volvió ver.
Al llegar a donde estaba Jyaken, Sesshoumaru dejó a Seremity acostada cerca de un árbol y él se sentó un poco más lejos.
—¿Qué le paso? —preguntó Jyaken y se acercaba a donde estaba Seremity.
—No es nada grave, mañana estará bien —contestó Sesshoumaru.
Al otro día, cuando Seremity despertó, Jyaken le tenía unas frutas que le había recolectado antes de que despertara.
—Ten —le dijo—. Debes seguir entrenando.
—Gracias —sonrió Seremity—. ¿Dónde está Sesshoumaru? —preguntó a Jyaken, ya que no lo veía.
—Salió hace un momento, creó que detecto a un demonio —respondió el demonio—. Seremity, ¿Qué paso en la noche?
—Nada —le dijo ya que no quería recordar lo que había pasado—. Sólo me encontré con Ethan —al decir esto puso una cara de tristeza.
—¿Y quién se atrevió a hacerte daño? —pregunto Jyaken—. Debiste de haber venido para acá yo lo hubiera matado.
—Por eso no vine, Jyaken —suspiró Seremity—, no quería que mataran a Ethan —al decir esto su cara se lleno de tristeza.
—Fue él, que tonto humano. ¿Por qué lo hizo? —dijo Jyaken.
—No sé, sólo me atacó —respondió Seremity—. Sesshoumaru me trajo hasta aquí. Llegó justo cuando… cuando Ethan me estaba atacando.
—Tu herida ya está bien —aseguró el ser—. Ya que ahora tu cuerpo es más resistente que antes.
—Lo sé —musitó Seremity que había empezado a comerse la fruta.
Al rato después llego Sesshoumaru y partieron, los llevó bien lejos de allí a donde habían puras piedras, nada de vegetación y animales. Le dijo a Seremity que allí entrenarían con Colmillo de Fuego, ya que era un lugar deshabitado y no podría matar a nada ni a nadie, Seremity asintió.
Así se llevaron todo el día entrenando con Colmillo de Fuego, Seremity pudo lograr varias veces el ataque de fuego, hasta que lo dominó por completo unos días más tarde.
Había pasado el tiempo, Seremity era mucho más fuerte que antes, ahora por lo menos podía mantener una pelea con Sesshoumaru y ya casi podía pegarle, su velocidad era muy diferente, comparada con la de él, pero cada día se acercaba más. Hasta que un día, mientras entrenaban y Sesshoumaru utilizó su látigo, dejándola en el suelo, casi inconsciente, un olor familiar distrajo al demonio.
—¿Qué le estás haciendo?, Sesshoumaru —preguntó el extraño.
—Eso a ti no te importa —respondió mientras se daba la vuelta dándole la espalda a Seremity que aún estaba en el suelo.
—No te metas en lo que no te incumbe, tonto Inuyasha —se metió Jyaken que estaba al lado de Seremity.
—¿Inuyasha? —cuestionó Seremity mientras se paraba.
—Veo que estás bien —aseguró Inuyasha—. No te preocupes yo te salvaré de mi hermano —le dijo con una sonrisa en la cara.
—Eres un tonto —Sesshoumaru le dio la espalda para ver a Seremity que ya estaba de pie.
—¿Es tu hermano?, Sesshoumaru —preguntó Seremity.
—Medio hermano —contestaron los dos a la vez.
—¿Él no te estaba atacando? —interrogó confundido Inuyasha.
—No —respondió Seremity mientras se acercaba a él—. Tú eres el hijo híbrido del Comandante, mi nombre es Seremity y soy tu prima, o algo así.
—¿Mi prima? —Arqueó una ceja sin entender.
— También soy una híbrida como tú, pero yo no tengo las orejas como las tuyas —le dijo mientras le tocaba las orejas a Inuyasha—. Bueno, no tu prima, lo que pasa es… —fue interrumpida por Sesshoumaru.
—Adiós, Inuyasha —dijo Sesshoumaru—. Vámonos.
—Pero, yo quiero conversar un rato con Inuyasha —protestó Seremity—. Además ya estoy cansada —le dijo dirigiéndose nuevamente a Inuyasha—. Lo que pasa es que tu padre y mi madre eran hermanos, pero no de sangre, se querían como hermanos.
—¿Y qué haces con Sesshoumaru? —indagó Inuyasha.
—Eso no te importa —le dijo Sesshoumaru sacando su látigo.
—Adiós Inuyasha —añadió Seremity al ver que Sesshoumaru iba a atacarlo—. Vámonos Jyaken, ¡otro día nos vemos Inuyasha! —le gritó mientras le hacía señas con las manos.
Sesshoumaru detuvo su ataque y se fue con ellos, mientras que Inuyasha siguió su camino. Jyaken le contó a Seremity que ellos no se llevaban bien porque Inuyasha era un híbrido, y siempre que se veían peleaban, Seremity se acordó de su hermano y se preguntó por qué no se llevaban bien ellos.
Continuará....
