Disclaimer: (Es una formalidad, pero que bah, suena lindo)

"Los personajes que aparecen en este fic son creación de JK Rowling. Ya saben nada nos pertenece. Y estas retorcidas fantasias románticas son sólo producto de nuestras malpensadas mentes. Recuerden JK lo dijo: Remus Lupin no es gay. (SI..., clarooo)"

Este capitulo esta dedicado a Lalix.

Cuyo interés me inspiró instantáneamente.

...

Sábado en la Sala Común

Es sábado. Y cómo todos los sábados del último mes toda la mañana estuvo dedicada al deporte rey: el Quidditch.

Entrenamiento intensivo.

Todavía falta para los partidos y por esa misma razón es bueno estar preparado. James y Sirius son obsesivos a la hora de entrenar. Van y vienen sobre sus escobas a velocidad de vertigo durante horas. Practicando arriesgadas jugadas nuevas. Ensayando movimientos realmente dificiles. Incansables. Se felicitan cuando algo sale particularmente bien. Se gritan sin piedad cuando algo sale mal.

Ganaron la Copa de las Casas los últimos cuatro años a fuerza y voluntad.

Se suicidarían antes que perder la quinta.

Colagusano los observa desde las gradas. Le agrada verlos volar. Hubo un tiempo en que tuvo la loca idea de postularse para el equipo. Él. Afortunadamente desistió a tiempo. Sabe volar. Pero no como James o Sirius. Además, quizás se hubiera visto ridículo con el uniforme. No. Este es su lugar, vitoreando desde las gradas. No, en el campo de juego.

Las maratónicas cuatro horas de entrenamiento se dan por finalizadas al mediodía. Tiempo justo para una buena ducha caliente antes de un almuerzo ostentoso que les regrese las energías.

-Por el amor de Merlín Canuto, mastica…!

Remus parece consternado. Sirius esta por replicarle. Primero traga para tomar aire.

- El gran Brutus Scrimgeour recomienda tragar los alimentos casi enteros para aumentar su absorción al máximo. Esta en su libro, gilipollas. Siempre te quejas que no leo. Además tengo hambre.

Acto seguido, le da un bocado enorme a una pata de pollo. Le sostiene la mirada mientras mastica su victoria.

-Llamar "La Biblia de los golpeadores" a quince páginas ya nos alerta sobre la calidad de su autor. -Le dice Lunático con ese tonito sarcástico lleno de orgullo empollón que a Sirius le gusta pero en este momento le irrita. -Dudo que sepa algo de nutrición. Es más, dudo hasta que sepa escribir.

Sirius se exaspera. "¡Cómo se atreve a criticar a una leyenda!" Esta a punto de exigirle respeto a los gritos con el tenedor en la mano cuando se atraganta con un pedazo de pollo. No puede hablar. Se pone rojo por el ahogo y el orgullo herido. James le palmea la espalda mientras tose sin parar. Peter le alcanza asustado un vaso con agua. Remus le mira impasible. Tiene un "te lo dije" grabado en la cara. Para cuando Sirius termina de toser, ya no le quedan muchas ganas de defender al célebre (aunque corto de entendederas) Brutus Scrimgeour.

Entre el entrenamiento y todo lo que comió, le da sueño. Se le ocurre dormir una de sus poco habituales siestas. Si. Más tarde le dirá a James que es hora de dar por finalizadas las dos semanas de vacaciones que le concedieron a Quejicus. McGonagall ya debe haber olvidado las orejas de elfo que le pusieron a Snape.

El Jazz lo despierta en mitad de la tarde. Tarda un minuto en recordar que es de día. Mira el reloj. Son las cinco.

Coño, durmió tres horas!

Es hora de levantarse. Lunático debe haberse llevado el fonógrafo a la sala común para no despertarle.

La siesta hizo maravillas y se siente de muy buen humor. Baja la escalera con toda la intención de retomar la discusión sobre la afrenta a la inteligencia del viejo Scrimgeour.

Se detiene en seco al pie de la escalera.

Ese Slytherin, el capullo ese, el tal "Daniel", esta en la sala común con Remus. Aparentemente "estudiando", aunque más bien parece que charlan de música. Sostiene uno de los discos favoritos de Lunático con veneración. Y el estúpido de Lupin lo mira complacido.

"¡¿Qué es esto?!, ¿Quién le dijo que puede tocar sus cosas?, ¿Cómo ostia entró? ¿Acaso no hay reglas en este castillo?, ¡PARA QUÉ ESTA LA DAMA GORDA!"

Es obvio que hay que imponer un poco de orden natural a las cosas.

Sirius se echa el cabello hacia atrás con una sacudida de la cabeza. Se dirige directamente hacia la mesa con paso decidido y arrogante. Cientos de años de ancestral oscuridad perfeccionaron esa mirada taladrante.

Herencia familiar. Un Black en esto puro.

-Les molesta si me siento.

No espera respuesta. Da vuelta una silla y se sienta a horcajadas apoyando los brazos sobre el respaldo.

-Seré tonto, pero creo que te equivocaste de Sala Común.-Le dice al tío ese mostrando la sonrisa más falsa del mundo. Que luego se transforma en una mueca cargada de odio -El agujero de los reptiles esta al otro lado del castillo.

Remus lo asesina con la mirada. Sabe que Canuto se toma la rivalidad entre Casas muy en serio, pero esto es ridículo. Daniel es su invitado y no le va a consentir que sea maleducado.

Disculpa Daniel, te presento a Sirius Black y su ácido sentido del humor.

-No hay problema. Entiendo que no es muy común ver un Slytherin en Gryffindor.- Dice Daniel colocando el disco sobre la mesa y alargando la mano para saludarlo. Black sigue de brazos cruzados. Le mira con desdén. El Slytherin baja la mano disimuladamente.

-En eso tienes toda la razón.-Le contesta Sirius sin dejar de lanzarle cuchillos por los ojos.

Esforzándose en verse amenazador. Temible.

Debe estar acostumbrado el bastardo, porque no parece enterarse de nada. Se lo ve calmado. Ni siquiera un poco incómodo.

-Sólo vine a hacer la conclusión del ensayo de Runas Antiguas. No soy un espía ni nada de eso.-Dice sonriendo amablemente. Remus ahoga una risita. Parece que le hace gracia.

JA.JA.

-Eso es lo que tú dices.

-Es suficiente, Sirius estamos trabajando.-Le dice Lupin, intentando descomprimir la situación.

-Perfecto! Porque tengo tarea que hacer.-le dice clavándole los ojos.

-Tú nunca haces tu tarea.-Contesta sosteniéndole la mirada.

-Pues ahora se me dio la puta gana de hacerla! Tenía que empezar algún día, no? ¡Y hoy joder me parece perfecto! ¡Con tantos acontecimientos "extraordinarios" ocurriendo por aquí! –Hay un deje histérico en su voz que asusta un poco. Antes de ir por sus libros, le dice en voz baja al oido-No te quejes Lupin, finalmente sigo tu consejo de estudiar.

La tarde parece interminable. No hay forma de concentrarse en nada. Y Mozart que generalmente le calma esta empezando a crisparle los nervios. Es una situación rara esta.

Él sentado junto a Daniel y Sirius sentado frente a ellos con todos sus pergaminos y libros. Los tres solos en la Sala Común.

Remus no es tonto.

Sabe que finge estar estudiando. Qué sólo esta allí para escuchar. Para espiar. Victima de su propia paranoia. Sin embargo, en cierto modo le halaga este acto de sobreprotección. Le hace sentirse cuidado. Como si le perteneciera. Se recrimina su debilidad de carácter.

"Eres patético Remus, él no te ve de esa forma"

Y es que no puede evitarlo. Ilusionarse. Pensar que detrás de esa actitud territorial del perro malhumorado se esconden los celos. Y que en verdad lo que le molesta no es la Casa a la que Daniel pertenezca sino el hecho de que este sentado junto a él.

"Realmente, doy lástima"

No importan las razones. Igual una cosa es segura: Sirius enfadado hace que las piernas le tiemblen como gelatina bajo la mesa y el corazón se le quiera salir por la boca. Le cuesta horrores parecer indiferente.

Sirius a veces es molesto. Pero cuando se esfuerza en ser desagradable, es el mejor.

Cada vez que el Slytherin sugiere algo, Sirius lanza un bufido burlón para remarcar lo estúpido del comentario. Arruina toda la anécdota de sus vacaciones a Francia y de cómo conoció a Celestina Warbeck, con una serie de ruidosos bostezos. Cuando intenta poner un disco en el gramófono le recrimina con un "¡Eh! ¡No toques eso gilipollas, lo vas a romper!" que logra que Lupin termine poniendo el disco. Eructa cuando Daniel hace un análisis sobre la música contemporánea y porqué el Jazz es mejor que el Rock. Y lanza una carcajada totalmente fuera de lugar cuando esta relatando el accidente que tuvo al caer de un hipogrifo en pleno vuelo, que lo mantuvo en San Mungo cuatro meses. Hasta cuando están en silencio molesta. Tamborilea los dedos, o la pluma.

Acapara toda la atención que puede.

Las horas pasan. Las seis, las siete, las ocho, las nueve.

"¿Hasta cuando piensan estudiar estos fanáticos?"

Sirius esta impacientándose.

El cabrón con cara de me-senté-en-una-estaca debería haberse ido hace horas. Tuvo que pedirle a Peter que le trajera la cena a la torre. Fría. Esta harto de estar sentado y para peor tiene ganas de ir al baño. La idea de dejarlo sin vigilancia no le gusta, pero no le queda alternativa.

¿Además que puede hacer? Si le hace daño a Remus no saldrá vivo. Eso quedó claro.

Cuando regresa, descubre que ya guardaron sus cosas y están sentados en el sillón frente al fuego. Sirius se siente un poco cohibido. Hay una inquietante intimidad en la escena. Y esa melodía melosa que sale del gramófono no ayuda al cuadro. Una irritación desconocida crece en su interior.

-Veo que al fin terminaron… ¿Me hacen un lugar?

Empuja a Daniel a un lado para sentarse en el mismo sillón. "Perdón" le dice cuando "accidentalmente" le pisa un pie. Se sienta en el medio. Remus no dá crédito. Sirius ha decidido ser su pesadilla.

-Y Daniel, que cuentan tus amiguitos Malfoy y Snape?

-Sirius, por favor, ya basta.-Le suplica Remus en vano.

-No tengo idea porque no me relaciono con ellos.

-Ah no? No sabía que las serpientes se dividían en especies.-le contesta. Cada palabra cargada de venenosa arrogancia.

-No todos los que estamos en Slytherin somos matones, Sirius. Hay algunos que consideramos absurda la idea de la pureza de la sangre. No creo que lo que corra por las venas de un hombre determine su carácter. Ni la Casa a la cual el sombrero haya decidido enviarlo. Sino sus actitudes para con sus semejantes. Algunos con todo y árbol genealógico están bastante corrompidos. Y así como hay valientes en Slytherin capaces de oponerse a ese concepto, de seguro debe haber cobardes en Gryffindor incapaces de correr algunos riesgos.

Sirius se quedó paralizado. Los puños cerrados fuertemente, las uñas clavadas en las palmas. La mirada de acero fundido.

-Ya se ha hecho tarde.-Dice Daniel poniéndose elegantemente de pie- Es hora que vuelva a mis dormitorios.- Black. Un gusto conocerte. –le dice.

Remus se levanta con un cauteloso "te acompaño fuera". El silencio de Sirius no presagia nada bueno. Pasa sin mirarle. Espera que esa calma no anteceda la tormenta.

Salen dejandolo solo. Todavía sentado en medio del sillón. La música flotando a su alrededor, mezclándose con el crepitar del fuego.

Es la primera vez que alguien que le llama cobarde no termina juntando sus dientes del piso.

También es la primera vez que siente que hay algo de verdad en esas palabras.

Y la verdad puede asestar los golpes más duros.