Hace mil años que no actualizaba y cuando creía que mis ocupaciones habían matado a la musa, ella se dió una vuelta, y sin razón salió esto. No es mucho, pero hay que comprender que esta un poco falta de practica. Ojala se quede.

Disclaimer: Harry Potter le pertenece a JK Rowling. Las historias del fandom a la imaginación de los fans.

Fiesta en la Mansión Black

Cuando uno es pequeño, el futuro se asemeja a un calmo y vasto océano.

Brillante y de emocionantes posibilidades.

Pronto la adolescencia nos alcanza totalmente convencidos de saber todo lo necesario para dominar las aguas.

Navegar parece fácil.

Tan simple, que es difícil entender porque los adultos se preocupan tanto.

Pero, a medida que pasa el tiempo y nos adentramos más y más en su interior, descubrimos que el océano es mucho más grande de lo que alguna vez pudimos imaginar. Que las posibilidades que se inquietan bajo sus olas son infinitas. Y que a veces, muchas veces, el peligro, se oculta en la negrura de lo profundo.

Entonces flotamos a la deriva envueltos en dudas hacia dónde la corriente nos lleve. Giramos en círculos si nos atrapa una tormenta. Y nos desesperamos si de repente cae la noche.

En ese momento descubrimos (recordamos) que somos demasiado jóvenes. Que no sabemos navegar solos. Que necesitamos ayuda, una guía. Una brújula que nos guíe en este mar de incertidumbres llamado vida y nos señale el camino que nos lleve a buen puerto.

Cuando Sirius Black cumplió once años recibió ese obsequio.

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Alphard Black siempre fue su tío favorito. El único integrante de su familia al que no detestaba con todas sus fuerzas. Por el contrario. Fue su ejemplo a seguir desde que vio que su retrato estaba quemado en el árbol genealógico familiar. Bastó con ver el asco con el que su madre lo llamaba "oveja negra vergüenza de la sangre" para convencerle de que su tío debía ser un sujeto magnifico.

Lo vió por primera vez en su noveno cumpleaños. Le dio un abrazo que lo levantó en el aire y le dijo "Hey diablillo, me han dicho que eres una amenaza para la familia". Antes de que Sirius empezara a sentirse abochornado le guiñó un ojo y agregó "Bien hecho, hijo. Hazles saber que en tu barco sólo mandas tú".

Siempre le pareció pintoresco.

Con sus grandes pasos de botas negras, su cinturón de cuero con pistola muggle, el eterno bronceado salino, cabello largo y sonrisa blanca y burbujeante como la espuma de las olas. Siempre le pareció un pirata.

Un pirata dueño de su propio destino.

Siempre haciendo alegorías a ese océano, que había reemplazado la sangre maldita de sus venas y se arremolinaba en su corazón anclándose firmemente en su alma.

No por nada vivía a orillas del Támesis. Siempre listo para partir.

Tio Alphard era el espíritu del océano. El aliento rebelde de la libertad.

Lamentablemente para Walburga Black era también un proscripto. Una ponzoña que amenazaba con infectar la pureza de la sangre familiar. Un riesgo que debía ser evitado a toda costa. Siendo así, en su infancia, Sirius solo había visto a su tío dos veces. Una a los nueve y la otra cuando cumplió once años, un mes antes de partir a Hogwarts.

En la suntuosa fiesta de despedida de los Black.

Por error, Prickly, el elfo encargado de repartir las invitaciones, envió una a Alphard Black. Y este tuvo el descaro de venir. Fué el último error del predecesor de Kreacher (cuya cabeza perdió el dudoso honor de adornar las paredes del pasillo) y también una fiesta inolvidable.

Aunque no por las razones que a su madre le hubieran gustado. Quizás por eso a Sirius le pareció la mejor fiesta de todas.

Empezó como cualquiera de las reuniones Black. Llena de lujo y ostentación. Monótona y artificial. Con el mismo aburrido, incesante desfile de rostros bien vestidos. De gestos adustos y medidos. Las sonrisas de amabilidad forzadas por el "tu-tienes-algo-que-me-interesa-y-por-eso-tengo-que-caerte-bien."

Las pláticas que siempre giraban en torno a lo mismo:

Cuales serian las mejores políticas a tomar respecto al "problema muggle".

De porque el primer ministro siendo un incompetente y un traidor a la sangre, seguía en el poder.

Cuales eran los miembros del ministerio que sospechaban no pasarían una prueba de pureza.

El horror que provocaba la noticia de que este año habría mas sangres sucias que nunca infectando Hogwarts.

Las razones por las que Europa del Este era uno de los lugares más adecuados para comprar un castillo en esos tiempos…

¿Porque hacía nada para sacar a ese viejo ridículo Dumbledore de Hogwarts?

¿Que era lo que se llevaba a la moda ese año: diamantes o esmeraldas?

Y el peor tema-pregunta de todos:

¿Cuando fijaremos la fecha de bodas de mi hija con tu hijo, Walburga?

Y justo cuando Sirius empezaba a creer que un auto avadakedabra no debia doler tanto, la ayuda cayo del cielo. Literalmente.

Para ser más específicos aterrizó sobre la mesa de los postres en el patio trasero.

Tarde, vestido como muggle, con una botella con moño en una mano y arrastrando la raída escoba en la otra, hizo su entrada a paso decidido en el salón de baile.

El silencio fue inmediato. Mejor que un hechizo silenciador.

De repente toda la atención de los invitados se centró en ese extraño que vestía "asquerosos harapos muggles".

Sirius, oculto bajo una mesa desde que la palabras "compromiso" salieron de la boca de su madre, asomó la cabeza bajo el mantel.

Alphard era tan particular, que cualquiera podía advertir que no pertenecía al circulo, solo con ver como el aire se resquebrajaba y caía hecho polvo a su alrededor.

El fúnebre ambiente snob parecía ceder a su paso, incapaz de soportar algo tan vivo.

Pero por su actitud era obvio que ser el centro de miradas malintencionadas era algo que le importaba un knut. Ya que no hacia nada por pasar desapercibido. Al contrario. Daba pasos ruidosos y resueltos mientras estiraba el cuello y oteaba entre la gente. Como si los invitados fuesen solo un estorboso montón de estatuas que le dificultaban encontrar algo oculto.

Finalmente soltó un claro y perplejo:

"¿Donde demonios escondieron a mi sobrino favorito?"

Tan abruptamente como llego, el silencio dio paso a inflamadas murmuraciones alimentadas por el combustible de la noticia de que era un Black.

Walburga apareció en escena. Haciendo un esfuerzo notorio por contener las ganas de fulminarlo de un rayo verde.

La audiencia guardo silencio. Expectantes. Carroñeros por naturaleza estaban acostumbrados a esperar el desenlace para devorarse a la victima.

Estaba furiosa, pero no era cuestión de dar mas carne a los chacales, así que con un gesto de odiosa dignidad se acercó a él y lo arrastró a la biblioteca clavándole las uñas en un brazo.

Varias cosas ocurrieron.

Su madre que en su ira olvidó silenciar la puerta al cerrar.

Alphard que exigía ver a Sirius.

Las amenazas de Walburga para que se calle.

Alphard que no quería bajar la voz.

Walburga que exigía que se largue de inmediato.

Alphard que ni pensaba en irse.

Ella prohibiendole la entrada a "su" casa.

Las risas de él recordándole que la casa de su padre era tanto de su hermano, como de él mismo.

Cosas que cayeron y rompieron con mucho ruido.

Insultos susurrados.

Palabras venenosas de mujer que no se entendieron completamente.

La indignación que hizo temblar un segundo la voz de su tío.

Luego más.

Voces que se superponían en forma peligrosa. Años de odio en ebullición. Gritos.

Alphard que se negaba a encerrarse en una habitación.

Alphard que se negaba a vestirse de etiqueta.

Alphard que se negaba a soltar la botella.

Alphard que se negaba a todo.

Luego su padre furioso que se abre paso entre los invitados e irrumpe en la Biblioteca.

El repentino sonido del hechizo silenciador golpeando la puerta.

Y luego nada.

Veinte minutos después salieron los tres con aire de dignidad.

Sus padres apretando los dientes para disimular la rabia.

Su tío apretando los dientes para disimular la sonrisa.

Alphard Black había luchado contra el diablo y había vencido. Al menos por un rato.

Inmediatamente la fiesta se reanudó. Volvieron la música y las platicas banales. Los elfos se esforzaron el doble por ser ser más serviles, si eso fuera posible. Los músicos se esforzaron el doble por ser más afinados. Los invitados se esforzaron el doble en fingir que no habían oído nada.

Cuando se trataba de fingir no existía actor muggle que pudiera compararse con ninguno de esos estirados presuntuosos.

Actuar era parte de su rutina diaria.

"Todo el mundo mágico tiene una poción podrida en algún armario. Pero nadie dirá nada si finges que no sientes el olor" diría la abuela materna de Sirius, si no se hubiese tomado un tren al infierno el año anterior.

Y Sirius estaría de acuerdo en que "esa vieja falsa llena de secretos" sabía perfectamente de lo que hablaba.

En un mundo tan hipócrita como ese, fingir, era vital.

Apenas su madre se perdió de vista, Sirius salió de su escondite y fue corriendo a encuentro con su tío. Lo recibió con un afectuoso "Hey!, ¿donde te habías metido diablillo?¡Te estuve buscando por todas partes!" y mientras con una mano enorme le revolvía el cabello negro con la otra le pasaba disimuladamente una bolsa llena de bombas fétidas que había sacado de un bolsillo.

-Diviertete chico. Es tu ultima noche en la prisión de Azka-Black" -le dijo con gesto complice y Sirius río por primera vez en la velada. Tío Alphard era muy ingenioso.

La fiesta continuó como cualquiera de las reuniones Black. Monótona y artificial.

Con el mismo aburrido e incesante desfile de rostros bien vestidos. De gestos que se esforzaban en ser adustos y medidos. Las sonrisas de amabilidad forzadas por el ojala-no-tuvieses-nada-que-me interesase-asi-podría-burlarme-de-ti-en-tu-cara.

Y las pláticas que continuaron girando en torno a lo mismo.

Y aun así, la fiesta mejoró para Sirius. Ya no se sentía sólo. Estaba su tío. Un adulto que podía ir y venir diciendo lo mismo que él opinaba y tenía que callarse porque era un niño.

¿Cuales serian las mejores políticas a tomar respecto al "problema muggle?

-Casarnos con ellos y así aumentar la población de magos sanos. No sé si lo notó, pero ¡su hija tiene una cabeza enorme!

De porque el primer ministro siendo un incompetente y un traidor a la sangre, seguía en el poder.

-Porque un grupo de lenguas largas estirados que sólo saben agitar sus joyas en señal de protesta por todo, no tienen un solo representante que le llegue a los talones al primer ministro como para pretender que el Wizengamot lo tome en cuenta para otra cosa que no sea barrer.

Cuales eran los miembros del ministerio que sospechaban no pasarían una prueba de pureza.

-Creo que tu sobrino Randy. No, Avery? No era tu hermana Evelyn la que se casó con Peter Qwinter, cuya madre era muggle?

-No. Te equivocas Black. La madre de Peter murió al dar a luz.

-¿Ah, si? ¡Que me lleve el diablo! Debo estar alucinando porque juraría que hable con ella el mes pasado en Londres…

El horror que provocaba la noticia de que este año habría mas sangres sucias que nunca infectando Hogwarts.

-Es una de las mejores noticias que he oído en mucho tiempo. Es una alegría saber que muchos mestizos tendrán la posibilidad de demostrar que no es el tipo de sangre el que da honra al mago sino el tipo de mago en que te conviertes el que hace honor a tu sangre.

Las razones por las que Europa del Este era uno de los lugares más adecuados para comprar un castillo en esos tiempos…

-Porque allí vive Drácula. Y a él también le obsesiona la sangre.-tragó un sorbo de whisky de fuego y luego soltó una risita- ¡Sería como visitar a un primo!

¿Porque nadie hacía nada para sacar a ese viejo ridículo Dumbledore de Hogwarts?

-¡¿Bromea?! –dijo atragantándose con la quinta copa y poniendo cara de sorpresa- ¿Y perderse la oportunidad de que a las futuras generaciones los eduque el mago más poderoso de los últimos tiempos? ¡Que de tan poderoso puede andar con túnica púrpura con estrellas, comiéndo caramelos de limón, sin que nadie se atreva a decir nada!

Que era lo que se llevaba a la moda ese año: ¿diamantes o esmeraldas?

-Un cerebro, señora.-dijo solemnemente a la esposa de un destacado miembro del Ministerio- Lo que se lleva de moda este año es un cerebro. Venda el collar y cómprese uno…-y agregó entre dientes antes de beberse la séptima copa- ya que al parecer Merlín le debe uno…

Y el peor tema-pregunta de todos:

¿Cuando fijaremos la fecha de bodas de mi hija con tu hijo, Walburga?

-¡CUANDO EL INFIERNO SE CONGELE!-Soltó luego de atragantarse con el octavo vaso y bañando de whisky de fuego a tres mujeres.- Mi sobrino no se casará con una cosa como esa…¡ tiene los ojos tan juntos que de lejos parece un cíclope!

Y Sirius agregó su dosis de caos lanzando bombas fétidas a sus parientes más insoportables. Y aunque luego terminaría castigado todas las vacaciones de navidad, nunca antes se había divertido tanto.

Finalmente las ganas de mantener las apariencias de los invitados se acabaron. Seguir ocultando el asco que le tenían era imposible. Era un traidor. Era un asqueroso amante de sangres sucias. Era un pobre diablo ridículo que vivía con muggles y se disfrazaba como ellos.

Era una vergüenza insoportable que se paseaba sin pudor.

Lo odiaban.

En el otro lado del salón, a pesar de la incomodidad general Walburga sonreía para si.

Al fin Alphard no volvería a pisar la Mansión.

Ese era el trato. Tenía que comportarse y no pudo. A decir verdad ya sabía que no podría cuando se lo propuso. Sabía que no iba a poder resistir las ganas de vomitar sus asquerosas opiniones. Por eso había hecho este gran esfuerzo y le había permitido quedarse. Porque ese sacrificio sería el que finalmente le permitiría deshacerse de él para siempre.

Se dirigió directo a Alphard con la satisfacción de la victoria reluciéndole en el rostro y dos corpulentos invitados escoltándola detrás.

Al verlos acercarse él comprendió que la fiesta ya había terminado para él.

Ya no podría volver nunca más a la casa que lo vio nacer.

Esa era la última vez y a juzgar por el brillo de avidez en los ojos de su cuñada, podía adivinar que ella y sus amigos se encargarían de que esa noche fuera particularmente inolvidable.

Antes que lo arrastraran al patio trasero se abalanzó sobre Sirius.

-En el salón de Té. Tras el cuadro del viejo Slytherin. ¡Feliz Cumpleaños, sobrino!- Alcanzó a decirle al oido antes de que los dos matones que acompañaban a su madre lo tomaran de los brazos y se lo llevaran a la fuerza.

Alphard no opuso resistencia. Parecía contento. Se quedó viendole con algo parecido al orgullo reflejado en los ojos y una sonrisa de afecto en los labios.

Lo sacaron a empujones antes de que Sirius atinase a preguntar nada.

No entendio de qué hablaba hasta más tarde.

Cuando todos los invitados se fueron dejando la casa en silencio.

Cuando finalmente su madre se durmió y bajó a tientas en la oscuridad las escaleras.

Cuando entró solo y entre las sombras al tétrico Salón de Té.

Cuando metió la mano con aprehensión tras del cuadro que siempre le había dado un poco de miedo y descubrió asombrado que había un objeto.

Cuando encontró el obsequio de Alphard Black.