Muchas gracias por todos los reviews!!
evilangel15 y Johanna-Ikari gracias por vuestro review!!
Ahora les dejo con el 2º capítulo!! Disfruten de él.
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El estridente sonido del despertador retumbó en la mansión Daidouji. Un nuevo día comenzaba para Tomoyo, como siempre sin la compañía de su madre.
Se aseó metódicamente y bajó a tomar el desayuno.
Cuando lo terminó, cogió su cartera y partió hacia el instituto.
- "Ayer fue un día muy especial – pensó la morena – Aunque todavía no he podido hablarle a mamá sobre él. Siempre esta ocupada con su dichoso trabajo… Nunca tiene tiempo para mí… "
Inconscientemente, Tomoyo miró su reloj y se dio cuenta de que iba más temprano de lo normal; por lo que decidió ir al parque del Pingüino.
Allí se montó en el primer columpio que vio y comenzó a balancearse.
Sus pensamientos se tornaron desde el fastidioso trabajo de su madre hasta cierto alumno nuevo venido de Inglaterra.
- "Eriol… - suspiró Tomoyo - ¿Cómo has podido cambiar tanto de mí en unas pocas horas? ¿Qué pasará cuando Sakura vuelva? ¿Te irás de mi lado?" - la mente de la chica revoloteó hasta formar una imagen de Eriol en su cabeza – Eriol… - susurró.
- ¿Sí? – respondió el chico haciendo que Tomoyo se asustara y cayera del columpio. En un hábil movimiento él la tomó entre sus brazos, pero no pudo evitar resbalarse con la tierra.
Al ver que la caída era inevitable, Eriol guardó a Tomoyo en su pecho y se interpuso entre la chica y el suelo.
- ¿Te has hecho daño, Tomoyo? – preguntó Eriol preocupado, mientras la ayudaba a levantarse.
- No, ¿y tú? – respondió Tomoyo limpiándose el polvo de la ropa – Lo siento, por mi culpa te has ensuciado el uniforme.
- Para nada, Tomoyo – Eriol también se quitaba el polvo del uniforme – La culpa ha sido mía, no debí asustarte – el chico esbozó una sonrisa muy cautivante.
- Pero no podemos ir al instituto con el uniforme embarrado – se preocupó la chica mirando el estado en que quedaron sus ropas.
- Bueno… Puede que haya una solución. Pero deberemos saltarnos la primero hora de clase.
- ¿Saltarnos la primera hora? Pero Eriol, eso no está bien.
- Ya lo sé, pero es lo único que se me ocurre.
- ¿Y qué es? – preguntó Tomoyo intrigada.
- Mi casa queda muy cerca de aquí. Si quieres podemos ir y que nos laven el uniforme y también creo que será mejor que nos bañemos – Eriol revolvió sus cabellos haciendo que saliera más polvo aun. Tomoyo rió ante el gesto de su compañero y Eriol pensó que aquella muchacha tenía a sonrisa más dulce del mundo - ¿Qué te parece? ¿Nos vamos?
Tomoyo asintió graciosamente con la cabeza y siguió a Eriol en su camino.
Cuando llegaron a casa de Eriol, Tomoyo pudo ver que se encontraba muy cerca del TemploTsukimine. Su casa era enorme y tenía unos jardines muy verdes llenos de flores de todos los tipos.
Eriol guió a Tomoyo hasta la entrada principal de la casa y avanzaron hasta una enorme sala decorada perfectamente con porcelanas, cuadros muy grandes y tapices. Había una gran mesa rodeada de sillas. Y presidiendo esa mesa, un sillón muy antiguo de cuero con un respaldo muy alto. Al otro lado del salón había una chimenea que calentaba toda la habitación y junto a ella dos amables ancianos disfrutaban del calor sentados en un confortable sillón de terciopelo.
- "Esos deben de ser sus abuelo" – pensó Tomoyo al verlos. Eriol parecía haber heredado casi todos los rasgos de su abuelo. Pero, indudablemente tenía los ojos profundos de su abuela.
- Eriol, ¿qué haces aquí? – preguntó preocupada su abuela al verlo allí - ¿qué os ha pasado? – volvió a preguntar fijándose en Tomoyo y en el estado en el que se presentaban.
- Hay poco tiempo para explicaciones. Tomoyo estos son mis abuelos – dijo Eriol - Hideaki y Aya Hiragizawa. Abuelos, ella es Tomoyo Daidouji una compañera del colegio. Tomoyo se fijó entonces en los abuelos de Eriol. Su abuelo lucía un porte fino y elegante. Sus cabellos ahora blancos relucían todavía del negro que algún día fueron. Mientras, que su abuela tenía el pelo recogido en una coleta. Su cara tenía facciones marcadas adornadas por pequeñas arrugas y una gran cálida sonrisa.
- Encantada de conoceros – dijo Tomoyo haciendo una reverencia.
- El gusto es nuestro, pequeña – repitió la abuela de Eriol, con una sonrisa muy sincera.
- Ahora sí, Eriol nos vas a explicar qué os ha pasado – la amable voz del abuelo de Eriol tenía muchos matices que su nieto había heredado.
- Simplemente que nos hemos caído en la tierra – explicó Eriol con una sonrisa – Si nos disculpáis, tenemos que ir a bañarnos para estar a segunda hora en el colegio.
Eriol llamó a una de sus empleadas y le dijo que preparara el baño.
La mansión Hiragizawa tenía tres baños, por lo que los muchachos podrían acabar a tiempo.
- Tomoyo una de estas chicas recogerá tu ropa para lavarla, mientras tanto puedes ponerte esto – Eriol la entregó una camiseta suya que más bien parecía un vestido – Siento no tener otra cosa, pero creo que esto te cubrirá.
- Muchas gracias Eriol – dijo Tomoyo, tomando la camisa. En ese momento sus manos quedaron unidas y un sonrojo apareció en sus mejillas.
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Tomoyo salió de la ducha, agarró la toalla que la sirvienta le dejó y se la enrolló al cuerpo. Miró por su reloj y vio que quedaba medio hora para que finalizara la primera clase. Iba a ponerse la camisa que le dio Eriol, cuando escuchó como golpeaban la puerta. La muchacha del servicio trajo su uniforme limpio y planchado.
Cuando Tomoyo hubo acabado salió del baño para ver que Eriol la esperaba fuera, en una especie de sala de estar con otra chimenea. El muchacho también vestía su uniforme y estaba sentado junto a la chimenea tomando té.
- Veo que ya has acabado – le dijo mientras bebía un sorbo de té – Ven Tomoyo, siéntate a mi lado. Todavía falta un poco para que acabe la clase así que podemos tomar el té juntos, ¿quieres? – Eriol la sonrió haciendo que Tomoyo no pudiera rechazar la propuesta.
La chica se sentó a su lado y Eriol la entregó el té. Tomoyo lo probó y vio que estaba muy bueno.
- Este té – explicó Eriol – lo trajeron mis abuelos de un viaje que hicieron a Hong Kong. Es una mezcla del té tradicional de allí, con frutas silvestres.
Los chicos siguieron hablando hasta que llegó la hora de irse y bajaron al salón a despedirse.
Cogieron sus carteras, a cuidado de los abuelos de Eriol y al salir a la calle, vieron que estaba lloviendo.
- Si no queréis ir a pie – le dijo su abuela a Eriol desde el salón – Le podemos decir al señor Namura que os acerque en coche.
- Está bien – aceptó Eriol, encaminándose hacia el garaje. Tomoyo le siguió.
- Eriol – preguntó la chica - ¿quién es el señor Namura?
- Es nuestro chofer – respondió el chico – pero además, él y su esposa han estado siempre son nosotros, es decir, con mis abuelos y conmigo. Son ya de la familia.
- Veo que tienes muy buena relación con tus empleados – señaló Tomoyo.
- Pero si no me equivoco, tú también vives en una casa muy grande y tienes empleados ¿no?
- Sí, pero son todas mujeres y mi madre las renueva cada año, así que no puedo llegar a entablar mistad con ninguna y que decir sentirlas como de la familia.
- ¿Sólo mujeres? – preguntó extrañado Eriol.
- Sí – respondió Tomoyo apenada – Desde que mi padre murió, mi madre no confía en los hombres. Se pasa todo el tiempo trabajando para suplir el hueco de mi padre.
- "Ahí está, otra vez – pensó Eriol – Esa Tomoyo adulta y madura… Ese carácter fingido… Esta no es la Tomoyo que a mí me gusta…"
- Pero bueno – la chica esbozó una sonrisa, para ocultar otra vez bajo su máscara de madurez y buenos modos sus verdaderos sentimientos – ya estoy acostumbrada a que mi madre no me haga caso…
Pronto llegaron al garaje, donde estaba el señor Namura rodeado de coches. Era un hombre alto y espigado, tenía el pelo gris y un bigote del mismo color.
- Buenos días señor Namura – saludó Eriol.
- ¿Eh? Buenos días Eriol – dijo el señor Namura, acercándose a los muchachos - ¿Qué hace aquí a estas horas? Tendría que estar en el instituto…
- Ya lo sé lo que pasa que hemos tenido un percance – explicó Eriol.
- ¿Hemos? – repitió el hombre, extrañado. Fue entonces cuando reparó el la acompañante de Eriol.
- Namura – dijo Eriol – Ella es Tomoyo Daidouji, una compañera del colegio. Antes, nos hemos caído en el parque y hemos venido a casa a bañarnos y a cambiarnos.
– Pero bueno, muchacho. Si llegaste ayer a la escuela, cómo puede ser que en tan poco tiempo…
- Señor Namura no bromee con esas cosas – exclamó Eriol sonrojado – Sólo somos amigos.
Tomoyo también se sonrojó.
- "Sólo amigos – Tomoyo arrastró las palabras de Eriol en su mente – Eriol… Creo que para mí, tú eres más que un amigo…"
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El señor Namura paró el coche en la puerta del instituto y ayudó a bajar a los chicos. Tomoyo y Eriol, fueron alegremente hablando hasta entrar en clase. Allí, dejaron las cosas en su sitio correspondiente y se fueron junto a Li.
- ¿Dónde os habíais metido? – les regañó Li – No sabéis lo sólo que me he sentido por vuestra culpa – Al parecer Li y Eriol también se habían hecho muy buenos amigos en muy poco tiempo – Además yo que quería preguntarte por Sakura, Tomoyo. Y vas tú y no apareces.
- Lo sentimos Li – se disculpó la chica – Pero nos surgió un imprevisto. Aunque, yo creía que ayer ibas a ir a ver a Sakura.
- Ayer… - suspiró el chico – No me hables de ese día. Tuve que ayudar a Wei a organizar la casa. Va a venir una prima mía a vivir con nosotros y tuvimos que ponerle una cama y todo eso.
- Oye Li – dijo Eriol - ¿Ha preguntado por nosotros el profesor?
- No – rió el muchacho – resulta que ayer cuando me iba para casa, me encontré con el profesor Terada y me dejó su paraguas para que no me mojara y él se fue sin paraguas. Pues resulta que esta mañana el profesor de guardia ha venido a decirnos que el señor Terada estaba resfriado y que no vendría.
- Y no le dará vergüenza – le susurró Eriol a Tomoyo al oído – Mira que hacer enfermar a un profesor…
- Sí, sí – dijo esta siguiéndole el juego al inglés; bromeando con Li – Le tendrían que expulsar…
- ¡Qué os estoy oyendo! – exclamó el muchacho algo irritado. Tomoyo y Eriol rieron ante la reacción de su amigo.
- Daidouji – la llamó un chico que acababa de entrar en la clase. Todas las chicas suspiraron cuando le vieron, pues era alto, guapo, moreno y con los ojos verdes - ¿Puedo hablar contigo?
Un silencio sepulcral se inició en el aula. El chico salió de allí y Tomoyo no tuvo más remedio que seguirle.
- ¿Quién es? – le preguntó Eriol a Li.
- Miwa – respondió este – Es uno de los alumnos de tercero y el capitán del equipo de fútbol de la escuela. Todos los chicos del instituto le conocen por su mal carácter. Pero todas las chicas le consideran un Dios, aunque él nunca hacía caso a ninguna… Ahora veo por qué…
- Quieres decir que… - intentó decir Eriol.
- Querido amigo, Tomoyo es considerada la diva del instituto Tomoeda y todos los chicos están locos por ella. Así que es normal que Miwa, quiera pedirla salir.
-"Salir con Tomoyo… - pensó Eriol enfurecido. Inconscientemente apretó sus puños con fuerza – Pero, ¿qué me pasa? ¿No estaré celoso, no? Si sólo hace un día que la conozco… Tomoyo…"
Eriol abandonó el aula y siguió los pasos de Miwa y Tomoyo.
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Al mismo tiempo, en el porche del instituto.
- Daidouji – dijo Miwa – Estoy enamorado de ti. Me gustaría que salieras conmigo.
- Lo siento Miwa – respondió ella – pero es que no puedo.
- ¿Por qué? ¿Hay otra persona?
- No Miwa, es sólo que ahora no me interesa salir con chicos.
- Eso es mentira – Miwa estaba empezando a perder la paciencia con aquella chica. Todas caían a sus pies y Tomoyo no iba a ser una excepción – Esta mañana has llegado en el coche del chico ese nuevo.
- Miwa, no tengo que darte explicaciones de lo que yo hago y con quien lo hago - ¿Qué he dicho? Esas contestaciones no son propias de mí…" - pensó la chica.
- Ahora verás… - Miwa la agarró por la cintura e intentó besarla por la fuerza – No creo que tú vayas a resistirte verdad princesita…
- ¡Suéltame orangután! – gritó Tomoyo, pero nadie parecía oírla. – "Y qué haré si este bruto me hace algo… Eriol ayúdame…" - ¡Eriol!
Como por arte de magia, Eriol apareció empujando a Miwa y golpeándolo de tal manera que huyera con el rabo entre las piernas.
El chico tomó entre sus brazos a Tomoyo.
- Tranquila, yo estoy aquí… Ya ha pasado todo – no sabía por que pero, había sentido la necesidad de proteger a aquella chica – Tranquila – Eriol acariciaba gentilmente la espalde de Tomoyo para intentar calmarla.
- Eriol, no me sueltes por favor – dijo Tomoyo muy asustada. Sin poderlo evitar se abrazó a un más a Eriol, para esconder sus lágrimas.
– Deja de temblar, mi muñeca… Si yo estoy contigo nada te va a pasar – de donde habrían salido aquellos sentimientos que empujaron Eriol a protegerla, a acunarla, a decirla "mi muñeca"…
Habían pasado ya dos horas más de clase, pero Tomoyo no se atrevía a entrar. Seguramente todas las chicas la preguntarían por Miwa y ella no se sentía con fuerzas para responder.
Ya había dejado de llover, así que Eriol llevó a Tomoyo a la sombra de uno de los árboles del patio del instituto, refugiándose de miradas ajenas.
Allí, Eriol volvió a abrazar protectoramente a Tomoyo.
- Eriol – dijo en un susurro la muchacha – no hace falta que te quedes aquí conmigo. Es tu segundo día de clase y no quiero meterte en problemas.
- Tomoyo – respondió él tomándola la barbilla, para que le pudiera mirar los ojos – No voy a dejarte sola aquí. Me preocupa lo que pueda pasarte.
- "Eriol… - pensó la chica volviendo a acurrucarse entre los brazos de su amigo – Eres tan cálido… ¿Serás igual de amable con todas las chicas? Si sigues siéndolo conmigo, no voy a poder evitar enamorarme de ti, mi ángel protector…"
- "Estoy seguro – pensó Eriol – que si sigo teniéndote entre mis brazos, acabaré enamorado de ti, mi muñeca…" - Tomoyo – la llamó Eriol. Ella se inclinó para mirarlo – necesito saber una cosa ¿Qué es lo que te impulsa a encerrarte en un carácter de madurez? ¿Por qué te escondes bajo esa falsa máscara?
Ella reposó en el pecho del chico, pensando en si debería contárselo.
- Hace mucho tiempo me enamoré de un chico mayor que yo – dijo Tomoyo tímidamente - Él sólo me veía como le amiga de su hermana pequeña y nunca me hizo caso. Por eso decidí aparentar ser lo que no era. Si me comportaba como una adulta, quizás él se interesaría por mí. Pensé que con ese carácter tan agradable, nadie podía herirme. Así descubrí que esa fachada me ayudaba a sobrevivir en una vida de soledad carente del cariño de unos padres. Fue entonces cuando los chicos se empezaron a interesar por mí y yo me di cuenta del error que había cometido. Pero ya no puedo dejar de actuar. Si lo hago volverían a herirme.
- ¿Volverían? – preguntó Eriol, que estaba asombrado por el relato de Tomoyo.
- Aquella persona que tanto me importaba, nunca tuvo en cuenta mis sentimientos y por eso yo dejé de sentir. Pero ahora… es diferente.
- ¿Por qué es diferente?
- Porque tú estás a mi lado.
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Las clases habían finalizado, y Eriol acompañó a Tomoyo a su casa.
El chico estaba extrañamente callado y pensativo. La repentina declaración de Tomoyo le había dejado sorprendido. Aunque no había sabido que responder, simplemente la abrazó con más fuerza para transmitirle su calor.
Tomoyo volvió a mirar desde la ventana como la figura de Eriol se esfumaba ante el horizonte, pero algo la interrumpió.
- ¡Tomoyo! – la chica se encontró de golpe con el impetuoso carácter de Sonomi Daidouji.
- Mamá que bien que estés en cas-
- Tomoyo – dijo cortando en seco a su hija – Acabo de recibir una llamada del instituto. Me han comunicado que hoy te has saltado las clases, ¿es eso verdad?
Tomoyo no tuvo más remedio que contarle a su madre todo lo ocurrido con Miwa y como Eriol la había salvado.
- Eso no es excusa para faltar a clase. Yo a tu edad ya me sabía defender sola de pervertidos, Tomoyo. No necesitaba la ayuda de otros.
- Si Eriol no me hubiera salvado, no sé que me hubiera podido hacer Miwa ¿Es que no te importa lo que le haya podido pasar a tu hija?
- Si no fueras tan débil, no te habría pasado nada. Y no hubieras hecho que otro te ayudara
- Yo no soy débil. Además Eriol me ayudó por que quiso…
- Eriol por aquí, Eriol por allá… ¿Quién demonios es Eriol?
- Es un chico nuevo que llegó a nuestro instituto – la chica abandonó su carácter tranquilo y rompió la fachada dejando escapar un torbellino de emociones que surgían dentro de lo más profundo de su ser - ¡Pero si no estuvieras tan ocupada con tu estúpido trabajo y me prestases más atención podrías enterarte de una mínima parte de lo que ocurre en mi maldita vida! – Tomoyo se desahogó gritándole a su madre todo lo que sentía. Por toda respuesta recibió una bofetada en la mejilla.
- Sube ahora mismo a tu habitación, – sentenció Sonomi con demasiada tranquilidad y unos ojos tan fríos que Tomoyo se estremeció – y prepárate para salir. Esta noche vamos a cenar con unos hombres muy importantes y sus hijos.
Dicho esto desapareció. Tomoyo subió pesadamente las escaleras que daban a su habitación, sintiendo profundos deseos de salir de allí, de escapar hasta los cálidos brazos de Eriol.
