La primera parte del fic está dedicada a Sakura y Shaoran!! Que le disfruten. Ah! Y recuerden Que no Quiero demandas por derechos de Autor. Sólo los cojo prestado no son míos!!
Super-Hiper-Mega-Gracias por los reviews que me dejaron!!(Quiero más, Quiero más!!) Os adoro!!
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- Casa de los Daidouji, dígame – respondió una de las chicas de servicio.
- Sí, buenas. Soy Sakura Kinomoto ¿está Tomoyo? – preguntó Sakura al otro lado del teléfono.
- Lo siento señorita Kinomoto, pero la señora Daidouji me ha dicho que no le pase llamadas de nadie a la señorita.
- Pero es que es muy urgente. Mire, no he podido ir a clase y necesito los deberes para… - Sakura colgó el teléfono cuando escuchó que no estaba hablando con nadie - ¿Qué le habrá pasado a mi amiga? Tendré que llamar a Shaoran…
Sakura marcó el número de la residencia de Li y esperó a que alguien contestase.
- Casa de la familia Li, dígame – respondió Wei. Sakura no sabía si preguntarle por Li o por Shaoran.
- Hola buenas. Soy Sakura Kinomoto ¿está Li en casa?
- Sí, espere un momento señorita Kinomoto – dijo Wei.
- Vale – "No me había fijado que todos mis amigos tienen criado para que les cojan el teléfono y yo tengo que echar la carrera escaleras abajo si quiero…"
- Diga – la voz de Li distrajo a la castaña de sus pensamientos.
- Hola Shaoran, soy Sakura.
- Sa-Saku-¿Sakura? – dijo Li con un sonrojo adornando sus mejillas - ¿Q-Qué tal estás? El señor Terada nos dijo que tuviste un accidente.
- Estoy bien – respondió ella alegremente – sólo es un esguince en el pie. Muchas gracias por preocuparte por mi, Shaoran.
- De nada, Sakura. Siento no poder ir a visitarte estos días. Pero pronto va a venir una prima mía a vivir aquí y estoy muy atareado. En cuanto pueda me escaparé a verte.
- Gracias. ¿Oye sabes algo de Tomoyo? Es que antes la he llamado y su criada me ha dicho que no la podía pasar llamadas de nadie.
- Será por lo de esta mañana. Según lo que me ha contado Eriol, el chico nuevo, que por cierto se ha sentado en tu sitio…
- Si, ya Tomoyo me avisó de que tendré que mudarme – dijo Sakura irónicamente.
- Bueno pues según me dijo Miwa le pidió salir a Tomoyo y como ella le dio calabazas, Miwa intentó besarla por la fuerza. Entonces Eriol apareció y salvó a nuestra amiga. Pero no me ha contado más detalles. Creo es que Tomoyo estaba tan asustada que no pudo entrar en clase y Eriol se quedó con ella.
- Que romántico… No sé que pensar, pero esto huele a parejita. Y Miwa, ¡por Dios! Tomoyo tiene que estar loca para rechazarle. Seguro que es por que ese tal Eriol, la trae de cabeza.
- Pero si sólo hace dos días que se conocen, Sakura. No inventes historias.
- Yo no invento Shaoran. El amor es algo que ni si quiera el tiempo puede controlar. O si no fíjate en mí.
- ¿Y por qué en ti?
- Por que algún día Yukito y yo terminaremos juntos a pesar del tiempo – Sakura empezó a reír como una loca. Sabía que poner celoso a Shaoran era la única forma de conseguir algo de él.
- "Eso será si yo no lo impido antes…" Sakura dime ¿para que querías hablar conmigo?
- Pues como no he conseguido que Tomoyo me dé los deberes iba a pedírtelos a ti.
- Si quieres voy a tu casa a dártelos y ya de paso me escapo de aquí un rato – esto último lo dijo más bajito para que Wei no le oyera.
- ¡Sí! Además ahora estoy sola. Podremos estar más tranquilos sin mi hermano zumbando por aquí todo el rato.
- Es verdad – "Muy bien Li. Esta es tu oportunidad. Demuéstrale a Sakura que eres mejor que Tsukishiro" - En diez minutos estoy allí.
- Vale. Te esperaré – y colgó – Un momento… ¿Solos? ¡Vamos a estar solos! – se horrorizó la muchacha – Mi cuarto está hecho una pocilga y yo estoy horrible de quedarme encerrada en casa tanto tiempo y no hay pasteles ricos en la nevera… ¡Y Shaoran va a venir a verme en diez minutos!… Maldita la hora en la que se me ocurrió ponerle celoso con Yukito – se dijo con una mano en la barbilla, buscando la solución a sus problemas – Supongo que… a lo hecho, pecho. Pero ¿por qué estas cosas sólo me pasan a mí?
En vez de seguir lamentándose, Sakura recogió su cuarto a la pata coja y se vistió lo mejor que pudo. Como todavía no conseguía ponerse unos pantalones sin resentirse de la herida, optó por ponerse un vestido rosa. En su pelo simplemente se ató una cinta, a conjunto con el vestido.
-.-
El timbre sonó y a Sakura no le quedó más remedio que coger las muletas para bajar a abrir.
- "Por lo menos he hecho ejercicio…" – pensó mientras acababa de descender por las escaleras.
Y al abrir la puerta allí estaba. Llevaba unos vaqueros y un polo azul de manga larga.
- "Y como le queda" – pensó Sakura mirándolo de arriba abajo descaradamente y sin poder evitar un sonrojo.
- Buenas Sakura – dijo él con una sonrisa traviesa, observando lo guapa que se había puesto para él.
– Hola Shaoran - le respondió con timidez – Siento haberte hecho venir hasta aquí, para ayudarme con los deberes.
- No pasa nada. Para mí, es un placer… ¿me permites? – Shaoran decidido, la tomó en brazos. Sakura no esperaba aquello de su amigo – Déjame que te ayude a subir las escaleras – Ella simplemente, enlazó sus brazos en el cuello del muchacho y apoyó la cabeza en su pecho. Ninguno dijo palabra alguna. Estaban mejor así. Disfrutando del simple, pero gratificante contacto con el cuerpo ajeno.
Shaoran terminó de subir las escaleras y entró en el cuarto de Sakura dejando a la chica encima de su cama, sentándose él a su lado.
- Sakura, necesito ser sincero contigo de una vez. Ya no puedo aguantar más esta situación. – dijo Shaoran.
- Shaoran – balbuceó ella – N-No sé a que te refieres.
- A esto – Shaoran tomó la mano de Sakura y la puso en su pecho. La muchacha podía sentir los agitados latidos del chico - Cuando estás conmigo, no puedo evitar que mi corazón se acelere. Con cada palabra tuya, me vuelves loco. Tú eres la única que haces que me estremezca. Eres la única que me haces temblar con cada mirada. Necesito ser sincero con mi corazón y aceptar estos sentimientos que han nacido a raíz de conocerte. Sakura, te amo con todo mi corazón y ya no puedo esperar ni un minuto más para probar tus labios – Shaoran tomó a la chica dulcemente por la cintura, acarició sus mejillas y bajo con su dedo hasta los labios de una Sakura extrañamente callada. Ella no se había dado cuenta todavía. Solamente al sentir a Shaoran tan sincero y tan cerca de su corazón, pudo darse cuenta de que ella también lo amaba con toda su alma – Dime Sakura ¿me dejarás besarte? – Ella simplemente se inclinó para recibir el dulce beso del chico a la vez que sus ojos se iban cerrando.
Podía sentir las manos de Shaoran en su cintura y los cabellos del chico entre sus dedos. Podía sentir su perfume tan embriagador. Podía sentir su desacompasada respiración junto a la suya. Podía sentir la lengua del muchacho pedirle a gritos que le dejase paso para explorar su boca.
- "¿Cómo he estado tan ciega? – se dijo Sakura, mientras disfrutaba de ese beso tan apasionado - ¿Cómo no me he dado cuenta antes? Shaoran, mi corazón te pertenece… Pero yo trataba de convencerme de que era para Yukito… Perdóname"
Poco a poco se fueron separando.
Entonces Shaoran pudo darse cuenta de que una solitaria lágrima resbalaba por la mejilla de Sakura. El chico la atrapó al vuelo, despejando la cara de la castaña.
- Perdóname – dijo ella, agachando la cabeza – Nunca me había dado cuenta de a quién pertenece mi corazón. Siempre había creído que sería para Yukito, pero – Shaoran tomó la barbilla de Sakura para que esta le mirase a los ojos – me he dado cuenta de que todo este tiempo estuve en un error. Shaoran, por fin he comprendido que te amo más que a nadie en este mundo. Mi corazón, es sólo para ti.
- Sakura, te amo – susurró él, en un oído. Ella no dijo nada, sólo se paró a sentir como los labios de Shaoran rondaban por su cuello, provocándola pequeños escalofríos. El chico fue subiendo hasta volver a encontrar los labios que tanto buscaba.
Y así, una y mil veces en toda la tarde. Cada palabra, cada caricia se hacían únicas para la eternidad.
La nueva pareja que acababa de unirse sería la envidia en el instituto. Muchos corazones se romperían… Pero muchos más se alegrarían por los muchachos.
Cuando Shaoran tuvo que irse, volvió a tomar a Sakura entre sus brazos para que se pudiera despedir de él.
- Siento haberte hecho perder una aburrida tarde de colocar la casa con Wei – dijo Sakura abrazándose a él, para sentir de nuevo su calor.
- Para nada, amor – el la tomó su barbilla, para mirarla fijamente a esos ojos esmeralda que tanto le enloquecían – Estar contigo es más importante que cualquier otra cosa – Shaoran inició un apasionado beso de despedida.
-.-
Tomoyo acabó de ponerse los pendientes, a conjunto con su atuendo. No se podía quejar. Llevaba un vestido por encima de las rodillas negro con un lazo en la cintura y tenía un escote de palabra de honor. Llevaba el pelo ondulado graciosamente con una diadema negra. Llevaba joyas exquisitas y un maquillaje muy bueno. Pero aun así, no era feliz.
Tomoyo adivinó las intenciones de su madre. Casarla por conveniencia con algún niño rico de papá. Por eso la llevaba a aquella estúpida cena.
La limusina que las dejaría en el hotel donde se celebraría la cena, llegó y la pequeña Daidouji bajó las escaleras. Abajo, la esperaba su madre con un semblante serio.
Ambas montaron en el coche y este partió hacia su destino.
En el trayecto nadie dijo nada… Era mejor así. Sobrarían las falsas palabras que caldearan más el ambiente.
Tomoyo entró en el hotel, siempre detrás de su madre. Siempre callada y correcta.
Sonomi guió a su hija hasta la mesa que compartirían.
Y al llegar, Tomoyo descubrió que, como siempre, no conocía a nadie. Sólo había un señor que parecía de la misma edad de su madre, acompañado por un chico. Seguramente sería su hijo.
- Buenas noches caballeros – dijo Sonomi.
- Sonomi, buenas noches – dijo el hombre – Tan hermosa como siempre – Tomoyo reparó en él. Era algo canoso y tenía gafas. Llevaba una buena ropa y su perfume estaba por toda la mesa.
- Gracias Richard – le contestó Sonomi – Me gustaría presentarles a mi hija – Tomoyo dio un paso al frente para que pudieran verla – Tomoyo, él es Richard Rhaus y su hijo Chad. Richard es propietario de una sucursal en Inglaterra que está asociada a los negocios de los Daidouji. Gracias a él, hemos prosperado bastantes en tiempos difíciles.
El hijo de aquel hombre, parecía una copia del padre. Aunque si Tomoyo no odiara a muerte a ese tipo de personas que lo único que les interesa es el dinero y los negocios, entonces diría que Chad era un buen partido.
- Encantada de conocerles – dijo Tomoyo, tímidamente. Tras estos, todos se sentaron a la mesa a disfrutar de la cena.
Sonomi estaba junto a Richard y Tomoyo, al lado de Chad.
La morena no dejaba de pensar, que su madre tenía algo entre manos y que ese algo iba a cambiar su vida. También se dio cuenta de que Chad y ella, no tenían nada en común. El chico en cuestión, vivía para seguir los pasos de se padre y llegar a ser como él.
Cuando el postre llegó Sonomi y Richard dijeron que tenían una buena noticia que darles.
- Veréis – dijo Richard – Hace mucho que nos conocemos y siempre hemos estado al lado el uno del otro. Así es como surge el amor. Por eso, nos hemos prometido para casarnos dentro de seis meses.
- Sí – apoyó Sonomi, cogida de la mano de su ahora prometido – Dentro de seis meses. Y bueno ¿qué pensáis?
Tomoyo, estaba tan impresionada por la noticia que no tenía palabras. Por su parte, Chad hizo un gesto de indiferencia con la cabeza.
- La verdad es que si sois felices así… - dijo este con pocas ganas – Además así, podré ganar una hermanita tan mona como tú, Tomoyo – Chad la miró de arriba a bajo con una sombra oscura en sus ojos.
Esa fue la gota que colmó la paciencia de la morena.
- ¡Ya está bien! – exclamó levantándose enfurecida – Mamá me parece muy bien que quieras rehacer tu vida. Pero no creo que sea justo para mí, que de pronto hagas que dos desconocidos se adentren en mi vida ¿Por qué nunca tienes en cuenta mis sentimientos? ¿Es que no soy lo suficientemente valiosa para ti?
- Tomoyo cariño, no me armes una escena en público – respondió Sonomi muy tranquila.
- Eso es lo único que te importa – Tomoyo cada vez gritaba con más fuerza, pero sin darse cuenta de que las lágrimas corrían ya por sus mejillas – Tu estúpida imagen y tu estúpido trabajo son más importantes que yo para ti… A ti te da igual lo que me pueda pasar ¿no es cierto?.
- Tomoyo tranquilízate – la aconsejó Richard intentando sentarla de nuevo en la silla.
- No me toques. No tienes derecho a robarme lo poco que queda mi madre.
- Ya está bien, Tomoyo. Ahora mismo llamaré a un taxi y que te lleve a casa – dijo Sonomi, sacando el móvil – Sabía que no era buena idea sacar a una niña tan egoísta de casa.
Cuando el taxi llegó, Tomoyo agradeció que la sacara de allí. Estando ya en su casa, se quitó la ropa y se metió en la cama.
- "Mañana será otro día…" – se dijo antes de quedarse dormida.
-.-
Una semana después de la fastuosa cena, Tomoyo había estado evitando a casi todo el mundo. Permanecía sola y estaba más callada que de costumbre. Y Eriol lo había notado.
El timbre de entrada del instituto Tomoeda acababa de sonar y los alumnos se recogían hacia sus clases. Ese día sería un gran día. Por fin Sakura podría volver al colegio. La castaña se quitó los patines y se puso los zapatos reglamentarios del colegio. Mientras guardaba en su taquilla los patines, alguien la cogió por la cintura.
- Hola, mi amor – dijo Shaoran al oído de la muchacha – Bienvenida de nuevo al instituto.
- Hola Shaoran – le respondió esta dándose la vuelta y uniendo sus labios en un corto beso de buenos días.
- Vamos a la clase. Te están esperando.
- ¿Quiénes? – preguntó Sakura intrigada.
Shaoran la guió de la mano hasta su clase y corrió la puerta para que Sakura entrara.
- ¡Bienvenida Sakura! – le dijeron todos sus amigos al unísono.
Mientras los alumnos se distraían hablando llegó el profesor Terada.
- Buenos días a todos – dijo acercándose al grupo donde estaba Sakura – Buenos días, señorita Kinomoto. Bienvenida de nuevo.
- Buenos días – respondió ella - Muchas gracias profesor Terada.
- Hemos acoplado una mesa para ti detrás de Li. A partir de ahora te sentarás allí.
Sakura se dirigió a su asiento y se fijó en que Tomoyo no estaba en la clase. La chica se sentó y sacó el material escolar.
Al poco tiempo de comenzar la clase entró Tomoyo en clase.
- Buenos días, profesor Terada – dijo ella agitada – Perdón por el retraso es que me quedé dormida.
- Pasa Daidouji – la respondió el profesor – pero que no se vuelva a repetir.
Tomoyo avanzó hasta su pupitre y saludó con la mano a Sakura, dándola la bienvenida.
Sakura estaba centrada en la clase cuando recibió una pequeña nota, procedente de la mesa que tenía delante.
"Bienvenida Sakura Kinomoto. Soy Eriol Hiragizawa y siento haberte quitado el sitio. Espero que nos llevemos bien."
Sakura escribió algo en la nota y la tiró hacia un chico con los cabellos negros-azulados.
Eriol tomó la nota y vio lo que había en ella.
"Bienvenido tú también al instituto. Espero que seamos amigos. Tomoyo me ha hablado de ti. Y… me vengaré por la pérdida de mi sitio… Eriol…"
Sakura se fijó en las personas que tenía delante. Primero a Shaoran, luego a Eriol y a Tomoyo.
También se fijó que a su lado; es decir, detrás de Eriol, había un hueco libre.
La primera hora pasó, pero el señor Terada no abandonó la clase.
- Chicos - dijo con voz clara – Hoy nuestra clase vuelve a recibir a un nuevo alumno, alumna en este caso. Puedes pasar.
Y por la puerta entró una chica con el pelo largo recogido en dos coletas y ojos rasgados del color del fuego.
- Buenas – se presentó la muchacha alegremente – Me llamo Meiling Li y soy la prima de Shaoran. Yo también vengo de Hong Kong.
- Tu sitio está junto Kinomoto, allí, al fondo.
La chica ocupó su asiento, no sin antes dirigirle una sonrisa a su primo.
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- Por fin el recreo – dijo Sakura desperezándose en su asiento.
Eriol tomó a Tomoyo del brazo y se la llevó a una esquina de la clase.
Sakura lo vio y decidió ayudar a su amiga, pero Shaoran se lo impidió.
- Tomoyo lleva rara toda la semana – la dijo Li – Ya es hora de que se arregle y no hay nadie mejor que Eriol para hablar con ella. En este momento, hay que dejar las cosas en su mano.
- Pobre Tomoyo – susurró Sakura.
- ¡Shaoraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan! – gritó una voz detrás de la pareja. Meiling se abalanzó hacia el muchacho y quedó colgando de su cuello – He hecho comida para ti también. Enséñame el colegio y luego comemos juntos.
- Pero es que yo… - tartamudeó el chico – Sakura y yo…
- No te preocupes Shaoran – dijo Sakura algo ruborizada – Yo iré con Chiharu, Rika y Naoko. Luego nos vemos.
Toda la gente salió de la clase, dejando a Eriol y a Tomoyo solos. La chica permanecía cabizbaja y Eriol no se atrevía a decir nada.
- Tomoyo – susurró al fin el muchacho, sentándose en una de las mesas. Tomoyo se estremeció, como cada vez que escuchaba su nombre de los labios de aquel chico. La chica lo miró y vio en su mirada la preocupación personificada. Toda esa semana en la que ella misma decidió no hablar con nadie, todo ese tiempo vivido en una amarga soledad; él se había preocupado por ella. Tomoyo no tuvo fuerzas de contestarle. Él se limitó a tomarla de la barbilla – Tomoyo mírame a los ojos y atrévete a negarme que algo va mal – Tomoyo no quería, no podía mirarle. No podía negarle nada. Efectivamente, todo iba mal. Sólo sentía que si sus ojos se encontraban, se derrumbaría ante Eriol sin que ni siquiera él pudiera remediarlo. No quería que el chico la volviera a ver así. Tenía que ser fuerte, pero sus lágrimas ya rodaban por las pálidas mejillas. Los cálidos brazos de Eriol la envolvieron, volviéndola a proteger de todo aquello que la dolía; ofreciendo a Tomoyo un hombro en el que llorar – Tranquila mi muñeca, llora todo lo que desees. Yo siempre voy a estar aquí sólo para ti.
- Eriol yo – sollozó Tomoyo – me avergüenzo de que me veas así.
- ¿Así? – se extrañó él, mirándola.
- Derrotada, vencida, tirada, débil… - Tomoyo se aferraba cada vez más a Eriol.
- Tomoyo – el chico la tomó la cara para poder ver aquellos ojos amatista que tan dulces le eran – Nunca digas que estás derrotada. Y si realmente lo estás, piensa que tus amigos podemos ayudarte. Piensa que nunca vas a estar sola. Todo el mundo tiene derecho a ser vencido. Pero por muy mal que nos trate el destino, yo pienso que no tenemos que derrumbarnos, ya que todas las cosas buenas que hemos vivido no merecen ser olvidadas por unos simples momentos de depresión.
- Eriol… - susurró Tomoyo - ¿Por qué eres tan bueno conmigo?
- Porque te lo mereces, mi muñequita – los jóvenes se volvieron a abrazar y Eriol acarició el sueva pelo de Tomoyo, tranquilizándola – Me tenías realmente preocupado. Nunca creía que podías encerrarte en un mundo de silencio y soledad. ¿Qué es lo que ha pasado? Tomoyo, sino me lo cuentas no voy a poder ayudarte.
- Nadie puede ayudarme – contestó amargamente sarcástica la morena – Mi madre se vuelve a casar y ni tú ni nadie puede hacer nada para remediarlo – Eriol quedó muy sorprendido ante la revelación de la muchacho. No dijo nada porque sabía que sus palabras no iban a arreglar la situación. Simplemente tomó a Tomoyo en brazos y la sentó en sus rodillas. Quería transmitirle todo su apoyo a aquella muchacha que en tan solo una semana se había adentrado profundamente en su corazón – Eriol, no me sueltes nunca. No me dejes nunca.
- Nunca – repitió el chico, estrechándola más aun – óyeme bien. Siempre te protegeré. No permitiré que nadie te vuelva a dañar, mi muñeca.
Pasaron un tiempo así, abrazados el uno al otro, transmitiéndose su calor. Eriol decidió que haría todo lo posible para animar a Tomoyo.
- Oye – dijo él centralizando la atención de la muchacha en sus palabras – ¿Recuerdas que dijiste que me enseñarías el colegio? – ella asintió con la cabeza, imaginándose lo que venía. Él la deposito en el suelo y se levantó de la mesa. Eriol la tomó de las manos – Te vendrá bien despejarte. Además, si nos pillan en la clase nos regañarán.
Tomoyo guió a Eriol por todo el instituto. Cogidos de la mano recorrieron las instalaciones, en lo que quedaba de recreo.
Cuando el timbre obligó a los alumnos a regresar, la riada de escolares se adentró en las aulas.
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La jornada lectiva acabó por ese día y Eriol acompañó a Tomoyo a casa. Quería cerciorase de que estaba bien. Sinceramente se preocupaba por ella.
Tomoyo le agradeció el gesto. Dentro, en su casa, le observó marcharse, como hacia siempre, a través de la ventana.
