Esa semana de clase pasó sin dificultad.
Todo el mundo se sorprendió al ver lo bien que se habían adaptado Sakura y Meiling.
Todavía era un secreto bien guardado la relación de Shaoran y Sakura, ya que el único momento en el que podían estar juntos - no solos - era en el recreo.
En cuanto el timbre sonaba, todos se iban al patio a descansar: Sakura, Tomoyo, Meiling, Chiharu, Naoko, Rika, Shaoran, Eriol y Yamazaki. Todos coincidían en que formaban un grupo estupendo.
Durante esa semana Eriol consiguió que Tomoyo volviera a sonreír. Pero a pesar de eso, casi no habían tenido tiempo de verse a solas. Y la culpable no era otra que Meiling Li. Eriol pasaba mucho tiempo con ella. La chica lo acaparaba y él se veía obligado a corresponder con una de esas sonrisas que derriten a cualquiera. (NdA: Sonrisa Hiragizawa :P)
Tomoyo lo había notado… Quería volver a hablar con él, pasar más rato con él y compartir sus ideas. No compartirlo a él. El que Eriol se la pasara con la prima de Li, a ella le suponía… ¿celos?
Tomoyo apartó esas ideas de su cabeza mientras cogía el bolso.
Como era sábado, se dispuso a salir de su casa aunque algo al retuvo.
- Tomoyo hija – dijo Sonomi, deteniendo su paso - ¿Vas a salir?
- Mamá – le contestó esta fría, distante, dolida – Bienvenida. Sakura me dijo que tenía algo que contarme.
- Comprendo… - arrastró Sonomi, reflejando la tristeza en su impasible rostro - ¿Te importaría volver pronto? A mí también me gustaría que supieras algo. Apenas sí llegué de mi viaje, pero es que es algo importante – las palabras de su madre llegaron desesperadas a los oídos de la chica, como si necesitara que comprendiera con urgencia que era algo grande.
- Está bien - Tomoyo intentó fingir una sonrisa, pero le salió más natural de lo que ella hubiera querido – Mamá ¿hay algo que te preocupe?
- Sí – un suspiro se le escapó a la importante ejecutiva – Tomoyo no quiero que haya rencores entre nosotras. Tampoco quiero peleas – hizo una pausa, para pasar saliva. Tomoyo se encontró muy sorprendida. ¿Sonomi Daidouji pidiendo disculpas? – Necesito que me disculpes por mi actitud, no de ahora, si no de siempre. Por haber preferido mi trabajo, por haberte abandonado y no ver a la hermosa mujercita en la que te estás convirtiendo. Desde que murió tu padre – Tomoyo abrió los ojos de par en par al escuchar como su padre era nombrado por Sonomi, ya que rara vez lo hacía – no he escatimado en esfuerzos para mantener el negocio y la casa yo sola. No he aceptado nada de nadie. Tomoyo comprendo lo duro que ha sido para ti estar todo este tiempo sin una figura materna, pero debes comprender todo el trabajo que me ha costado llevar esto adelante sin tu padre. Tomoyo cariño para una madre es importante que sus hijos tengan un futuro brillante, pero es más importante aun ser conscientes de cómo se labran ese futuro. Así que hija mía… ¿qué dices? ¿me perdonas? – Tomoyo se quedó realmente sorprendida ante las sinceras palabras de su madre.
- "¿Qué habrá pasado en el viaje?" – pensó Tomoyo extrañada. Después de la fastidiosa cena, Sonomi estuvo de viaje en China y recién había vuelto en la mañana de ese sábado – De acuerdo mamá, te perdono.
- Tomoyo, mi pequeña – Sonomi abrazó tiernamente a Tomoyo, dejando caer unas traviesas lágrimas que esta no vio – A partir de ahora serás lo más importante en mi vida. No dejaré que nada pueda estropear nuestra relación. No trabajaré tanto y pasaremos mucho más tiempo juntas – separándose de ella, le dio un suave beso en la mejilla – Ahora ve. Sakura te espera y yo ya te he retrasado bastante.
- Está bien mamá. Hasta la cena – se despidió avanzado hasta la puerta – Mamá, te quiero – añadió.
Una sorprendida señora Daidouji vio como, tras su hija, la puerta se cerraba y entró hasta el salón principal. Allí se concentró en unas fotos, una de las pocas fotos que había en toda la mansión donde salió una Sonomi sonriente, con un lindo bebé entre sus brazos y un hombre alto, de ojos amatistas y espalda ancha que la abrazaba con ternura y la miraba con mucho amor.
- No – suspiró esperanzada la dueña de la casa con una gran sonrisa triunfal – Todavía no está todo perdido, mi querido Genzo.
(NdA: Genzo Daidouji es el padre de Tomoyo. Su nombre lo cogí de Genzo Wakabayashi)
-.-
Tomoyo pasó alegremente a llamar a Sakura. Mientras se dirigían al parque del Pingüino, donde habían quedado con Shaoran y Eriol, Tomoyo le contó a Sakura lo sucedido con su madre.
- De veras que me alegro por ti – dijo Sakura abrazándola – Desebaba que todo entre vosotras se arreglara pronto.
- Sí – Tomoyo no supo como agradecerle a su amiga – Y dime Sakura ¿para qué queríais hablar Li y tú con Eriol y conmigo?
- Todo a su tiempo Tomoyo – susurró ella negando con un dedo – Todo a su tiempo.
Tomoyo suspiró resignada y pensó en Eriol. Seguramente, Meiling ya estaría acosándolo. La morena hizo una mueca de disgusto al imaginarse la escena.
- ¿Pasa algo? – preguntó Sakura, que también había notado la mueca.
- Nada – dijo ella restándole importancia con las manos – Recordé algo muy desagradable.
Al llegar al parque, vieron que ya las estaban esperando y se apresuraron a acabar de recorrer el camino que los separaba.
Sakura se extrañó de no ver a Meiling por ahí y preguntó a su primo. Él, simplemente, respondió que se había quedado en casa. Tomoyo suspiró pesadamente, pero aliviada al escucharlo; cosa que Eriol notó y de inmediato le dirigió una mirada interrogante. Ella tan solo desvió la suya hacia Sakura que le sonreía coquetamente a Shaoran.
Incómoda por la incesante mirada de Eriol, decidió sentarse en uno de los columpios; al igual que Sakura había hecho momentos antes.
Aunque todavía era temprano, ya no había niños en el entrañable parque y el sol se había empezado a poner.
Tomoyo miró disimuladamente al joven inglés y pensó en lo bien que le sentaba la ropa que traía y lo bien que se veía sin la prima de Li. Cualquier chica fina y educada quedaría bien al lado de Eriol. La Daidouji quería pasar una velada a solas con Eriol, y Meiling se lo impedía ¿era egoísta?
- "Pues sí… - se dijo – Pero todos lo somos a veces…"
Eriol, miraba distraídamente en inicio de la puesta de sol, aunque sabía exactamente que su querida de ojos amatista le estaba mirando.
Tomoyo volvió a reparar en su ropa. Eriol vestía muy bien de informal. Llevaba unos vaqueros oscuros y un jersey de cuello vuelto que resaltaba la profundidad marina de sus ojos.
- Y bien – comentó Tomoyo carraspeando para apartar a Eriol de su mente - ¿A qué viene tanto secretismo? – Nadie respondía, mientras que Shaoran y Sakura se miraban con nerviosismo - ¿Para qué tanta urgencia?
- Pues… - arrastró Sakura ruborizada. Shaoran se acercó a ella y la abrazó por detrás, cosa que enrojeció más a la pequeña Kinomoto.
- Sakura y yo somos novios – dijo él sin más, con un ligero sonrojo. Tomoyo y Eriol quedaron muy sorprendidos ante la noticia. Luego se acercaron a felicitarles.
Estuvieron en el parque hablando, hasta que Sakura recordó que la tocaba hacer la cena y tenía que regresar a casa. Shaoran la acompañó y se fueron agarrados de la mano.
Tomoyo los vio irse y no pudo reprimir un suspiro. Sin darse cuenta de que la habían dejado sola con Eriol, siguió observando a la feliz pareja. El chico aprovechó esto y se sentó en el columpio libre que había dejado Sakura, al lado de su amiga.
- Parece que nos ha dejado solos -dijo con esa voz tan cálida, sacando a Tomoyo de sus pensamientos. Esta lo miró tiernamente, pues era el único que conseguía cautivarla – Me alegra de que ya estés mejor, Tomoyo.
- Todo ha sido gracias a ti – dijo ella mirando hacia el suelo, sintiéndose flotar por estar así con él. Pero de nuevo la imagen de cierta china recién llegada de Hong Kong al lado de Eriol, provocó una sombra de tristeza en sus ojos amatista.
- ¿Qué ocurre? – preguntó él, ya que notó lo que decían sus ojos. Tomoyo suspiró resignada. No quería ser posesiva con algo que no era suyo, pero ya no podía evitar hablar del tema. Tenía que preguntárselo…
- Eriol ¿a ti te gusta Meiling? – el chico se sorprendió no solo de la pregunta, sino del tono utilizado por Tomoyo, lleno de amargura. Él sólo esbozó una tierna sonrisa mientras que tomaba la cara de Tomoyo, obligándola a mirarle.
- Ella no es mi tipo – aseguró apartando un mechón de pelo, que el aire había hecho posarse en la cara de Tomoyo.
- Y ¿cuál es tu tipo de chica? – preguntó envalentonada, arrepintiéndose enseguida. No quería escuchar la repuesta, pues seguramente ella no encajaría en su perfil.
- Las que brillan con luz propia – sorprendida ante su respuesta, Tomoyo miró a los ojos de Eriol, para que especificase. En ese momento, ella se vio reflejada en sus ojos y se preguntó si él también vería lo mismo. Una ráfaga de viento invadió el parque haciendo estremecer a Tomoyo, pues estaba empezando a hacer frío y su ropa no abrigaba mucho.
Como sabía que iba a ver a Eriol, escogió adecuadamente su atuendo. Después de muchos conjuntos se decidió por un vestido azul fruncido al pecho con un lazo justo debajo de este. El vestido le llegaba por encima de las rodillas y tenía mangas tres cuartos. Para rematar su atuendo se colocó unas bailarinas azules y peinó su cabello dejándolo suelto.
Eriol notó que la chica empezaba a tener frío y se lamentó de haber dejado la chaqueta en casa. Mientras Tomoyo seguía mirando la puesta de sol, Eriol pensó que ese vestido le quedaba especialmente bien y que su pelo era el más bonito que nunca había visto. Y sus ojos, eran espectaculares. Antes, había podido verse reflejado en ellos y estaba seguro de que Tomoyo también se había visto en sus ojos.
Decidido a protegerla del frío, Eriol se puso de pie y abrazó a Tomoyo por la espalda; como antes hizo Shaoran. Ella se asustó al sentir su contacto, pero luego se calmó y dejó que su amigo la diese calor.
- ¿Estás mejor así? – preguntó Eriol en un susurro contra su oreja. Ella solo asintió, intentado disimular el escalofrío que la había recorrido al sentir su aliento en el cuello – Deberíamos volver a casa. Está empezando a oscurecer.
Tomoyo maldijo una y otra vez tener que separarse de su cálido abrazo, pero no tuvo más remedio.
- "Brillar con luz propia… - iba pensando la chica mientras caminaba en silencio junto con Eriol, que se había ofrecido a acompañarla a casa - ¿Cómo puedo brillar?" – Algo la distrajo de sus pensamientos y sintió derretirse cuando vio su mano entrelazada a la de Eriol. Sus ojos se encontraron y Tomoyo le regaló una tierna sonrisa.
Y así estuvieron todo el camino: callados, disfrutando del cálido contacto de la mano ajena.
Ya estaban llegando a la casa de Tomoyo.
Antes de que esta entrara, Eriol la tomó la barbilla haciendo que sus ojos entablaran un suave contacto.
- Sabes Tomoyo, tu sonrisa es brillante. Tú sola brillas más que todas las estrellas del cielo en una noche oscura – y sin más, depositó un fugaz beso en la frente de la muchacha y partió para su casa.
La chica se quedó muda, parada, estupefacta ante la puerta de su casa; ante la escondida y emocionada mirada de Sonomi, que lo vio todo. Se llevó una mano a la frente y entró dentro, preparándose para la cena y para esa conversación pendiente con su madre, no sin antes admirar desde la ventana como la figura de Eriol desaparecía en el horizonte.
-.-
La mesa estaba puesta en la mansión Daidouji y Sonomi esperaba a su hija en esta.
Tomoyo entró silenciosamente y se sentó al lado de su madre. La criada comenzó a disponer la comida en los platos.
Ambas comenzaron a cenar en silencio, sin saber como entablar conversación para retomar lo que empezaron en la tarde.
- Dime Tomoyo – arrancó Sonomi - ¿Cómo te fue con Sakura?
- Pues muy bien – dijo ella sorprendida. Su madre nunca se preocupaba por saber con quién estaba y qué hacia.
- ¿Qué habéis hecho? – Sonomi tomó su copa de vino, mirando con curiosidad a su hija.
- Quedamos con Shaoran y Eriol en el parque Pingüino. Sakura y Shaoran tenían que darnos una noticia.
- ¿Así? – la aptitud de Sonomi se había vuelto curiosa y extrovertida, como la de una colegiala.
- Sí – rió Tomoyo – Querían hablarnos porque nos habían estado ocultado un pequeño secreto – Sonomi alzó un ceja, adivinando lo que venía - Resulta que ahora son novios – las dos Daidouji rieron alegrándose por ellos – Pero es un secreto que hay que guardar, mamá. Ni Toya, ni el señor Kinomoto deben enterarse, si no es por Sakura.
- Tranquila hija – Sonomi tomó una mano de su hija – No diré. Ni una palabra. Pero ahora, quiero que me hables de Eriol – un sonrojo involuntario nació en las mejillas de Tomoyo – Veo que es especial para ti.
- Su nombre completo es Eriol Hiragizawa. Por lo que él me ha contado nació aquí, pero siendo pequeño sus padres murieron y se mudó a Inglaterra. Ahora ha regresado y está en mi clase. Es una persona muy buena. Cuando le conocí evitó que me mojara, compartiendo su paraguas. Al día siguiente ambos nos ensuciamos los uniformes y fuimos a cambiarnos a su casa en la primera hora de clase. Allí conocí a sus abuelos. Fueron muy amables conmigo. Ese mismo día me salvó de Miwa, que intentó besarme a la fuerza porque no quise salir con él. Yo estaba tan avergonzada y asustada que no pude entrar en clase, y él se quedó conmigo; a pesar de que era su segundo día en el instituto – Sonomi absorbía casa palabra de su hija, sus movimientos, sus miradas, todo – Cuando me enteré que te ibas a casar, me consoló y me hizo saber que siempre iba a estar ahí para mi.
- Y cómo es físicamente – la curiosidad de Sonomi no tenía límites, pero eso la servía para conocer mejor a su hija y recuperar el tiempo perdido.
- Pues es alto y tiene un buen cuerpo. Su pelo es negro y rebelde, pero según le da el sol parece que tiene reflejos azules y su piel es muy clara. Sus ojos son azules también, muy profundos, aunque los tapan unas gafas y tiene una voz muy cálida y tranquila.
- "No hay duda – se dijo Sonomi con algo de tristeza – es él… Hiragizawa"
- Es muy educado y todo un caballero. Se ha portado muy bien conmigo, a pesar de que hace poco que está aquí – Tomoyo recordó de repente a Meiling y su semblante se entristeció, deteniendo su relato abruptamente.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Sonomi, que notó como los ojos amatista de su hija se teñían de tristeza.
- Ahora ha venido una prima de Shaoran de Hong Kong y se ha encaprichado con él. Por su culpa, no puedo pasar tanto tiempo con Eriol como me gustaría.
- No serán eso celos, ¿verdad? – dijo su madre, perspicaz – Recuerda que eres una Daidouji, tú puedes conseguir lo que quieras mi niña. Nunca des tu brazo a torcer ante nadie – y ahí estaba, la gran señora Daidouji dando consejos amorosos a su hija.
- Sí – respondió Tomoyo, llenando de silencio la habitación.
- Debes invitarle.
- ¿Cómo?
- A Hiragizawa. Invítale a casa mañana. Me gustaría conocerle y agradecerle todo lo que ha hecho por ti. Pero debo darle el visto bueno, Tomoyo. No te dejaré salir con alguien que no te conviene – Tomoyo la miró con recelo, pues estaba volviendo a interponerse en su vida – No me mires así, sólo me preocupo por ti como madre. Seguro que por lo que me has contado me agrada.
- Gracias – Tomoyo no sabía qué más decir, hasta que recordó el tema pendiente de la tarde – Mamá esta tarde tú me has dicho…
- Que teníamos una conversación pendiente – Tomoyo y Sonomi se dirigieron hacia el salón para hablar con más calma, mientras las sirvientas recogían la mesa – Verás, en mi viaje a China me alojé en casa de Ieran Li…
- ¿La madre de Shaoran? – preguntó Tomoyo sorprendida, interrumpiendo a su madre.
- Sí, en su casa. Ieran y yo somos grandes amigas desde hace tiempo, y nuestras familias han hecho prósperos negocios. Como sabrás Shaoran tiene cuatro hermanas mayores y todas han sido casadas por un matrimonio arreglado; como yo quería hacer contigo en un principio, debo confesar. Durante mi estancia en aquella casa, pude darme cuanta de cuan infelices eran aquellas chicas al lado de sus maridos. Y no sólo eso, también vi como cuidaban de unos hijos que crecían sin el amor en conjunto de unos padres unidos. Sólo me bastó eso para quitarme de la cabeza mis descabelladas ideas y para darme cuenta de que te estaba perdiendo por completo. Ahora que Richard y yo nos vamos a casar, llevaremos los negocios juntos y podré estar más tiempo contigo. Al igual que Eriol te ayudó a ti, Richard me consoló cuando murió tu padre. Fue como un pilar donde apoyarme para no caer. Incluso llevó unos meses la empresa para que yo me recuperara del todo. Él es muy importante para mí, porque lo amo y junto con el matrimonio realizaremos una importante inversión por la que todos saldremos beneficiados. Pero Tomoyo, antes de dar ese paso tan importante necesito saber tu opinión sobre él y su hijo, por favor… No quiero que me mientas.
Tomoyo analizó cautelosamente sus palabras. Se había dado cuenta de que era su verdadera madre quien había hablado, sin trampas. Sabía que Richard era importante para ella, por eso decidió ocultar la verdad.
- Me parece un buen hombre. Vais a ser muy felices juntos.
- No sabes como me alegra oír eso – susurró abrazando a su hija - Es muy importante para mi que le aceptes.
Tomoyo asintió y se dispuso a llamar a Eriol para quedar con él. Antes de marcar observó decidida a su madre.
- Mamá – dijo ella – Si para ti es importante que yo acepte a Richard; para mí los es que aceptes a Eriol. Aunque sólo hace pocas semanas que le conozco, creo que siento algo muy fuerte por él y no dejaré que nadie se interponga entre nosotros – Sonomi se quedó asombrada. Cuando su hija sacaba el carácter Daidouji, era su viva imagen.
Tomoyo marcó dubitativa el teléfono, ya que era un poco tarde y Eriol podría estar durmiendo.
- Mansión Hiragizawa ¿quién es? – preguntó uno de las criadas.
- Buenas noches soy Tomoyo Daidouji, me gustaría saber si puedo hablar con Eriol.
- Si, un momento.
- Gracias – Tomoyo retorció el cable del teléfono, nerviosa. Miró en dirección a su madre buscando apoyo. Esta le guiñó un ojo.
- ¿Tomoyo? – preguntó Eriol al otro lado del auricular.
- Buenas noches Eriol, siento llamar tan tarde pero me preguntaba si mañana por la tarde querrías venir a tomar el té a casa.
- ¿A tu casa? – se dijo él, más que sorprendido
- Sí, mi madre quiere conocerte y me dijo que te invitara.
- ¿Tu madre? – se volvió a extrañar el inglés - ¿Qué os ha pasado?
- Mañana te cuento. Dime que vendrás – suplicó ella.
- Nunca podría negarte una cita – confesó él, haciendo que Tomoyo casi se desmayara - ¿Te parece bien a las cinco?
- A esa hora te esperaré – la emoción se palpaba en la voz de Tomoyo – Buenas noches Eriol.
- Buenas noches, muñeca.
