¡¡He vuelto!! Menudas vacaciones que me he pegado con este fic… Perdón, perdón, Mil perdones a todos por no actualizar antes. Pero es que quería terminar otro Fic antes de seguir con este y luego está el problema de la inspiración… Aunque es un cap. un poco corto, pero el próximo será más largo.
Ah! Ya saben que no acepto demandas por plagio de personajes y esas cosas.
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Eran las cuatro de la tarde de un domingo soleado en el que la mansión Daidouji tenía una visita muy especial.
Sonomi miraba divertida a su hija revolver todo el armario para encontrar el modelo perfecto. La habitación de Tomoyo parecía un campo de guerra: había montones de ropa esparcida por el suelo, por la cama, por las sillas y mesas; todos los zapatos estaban fuera de sus cajas y del zapatero…
Tomoyo no sabía qué se iba a poner. No podía ir extremadamente arreglada porque no era una cita formal, pero tampoco podía ir hecha una calamidad. Estaba muy nerviosa ya que no quería que nada saliese mal. No quería que su madre le alejara de Eriol, ahora que había admitido sentir algo fuerte por él.
- Tomoyo hija debes calmarte – dijo Sonomi sin poder contener la risa – Te estas ahogando en un vaso de agua. Con cualquier cosa que ye pongas, va a saber apreciar tu belleza. Tú brillas con luz propia por encima de todas las demás – Tomoyo quedó petrificada al escuchar eso de su madre.
- "Eso fue lo mismo que me dijo Eriol – pensó la chica mientras cogía vestidos y los desechaba - ¿Eso es lo que piensa Eriol de mí? ¿Lo dijo por mí? Entonces ¿soy su tipo de chica?" – Tomoyo paró sus pensamientos de golpe y se quedó mirando el vestido que tenía entre sus manos. Era una especie de corpiño ajustado hasta la cintura, donde se unía mediante un cinturón con lo que era la falda que caía por encima de las rodillas con un gran vuelo. Las mangas se acababan a la altura de los codos. Todo el vestido era de un rosa pálido que hacía conjunto con los ojos amatista de Tomoyo.
Su madre dio el aprobado al vestido y le ayudó a ponérselo.
Todo este jaleo del vestido les había hecho perder otra media hora, por lo que Tomoyo estaba más nerviosa.
Ahora el problema era su pelo. No sabía que hacer con el: si dejarle liso, ondulado, recogido, suelto…
De nuevo Sonomi intervino, sentando a Tomoyo en el tocador de su habitación y comenzando a peinar su larga melena.
Al acabar, la chica llevaba el pelo semi recogido y atado con un lacito del mismo color que el vestido, dejando caer suaves ondas hacia el final.
La imagen de Tomoyo era angelical. Fue rematada por un poco de máscara de pestañas para acentuar sus ojos y brillo de labios.
El reloj marcaba las cinco menos cinco. Tomoyo estaba mirando el reloj del salón. Parecía que faltase una eternidad para que viniera Eriol, que los minutos no pasaban y el segundero no avanzaba; así que decidió ir a colocar la mesa para el té que había en el jardín.
Fue a la cocina y vio que las criadas ya se habían ocupado de eso. Abrió la nevera y sacó una tarta de fresas que había preparado ella misma esa mañana.
Pero no pudo hacer nada porque, a la vez que el reloj marcaba las cinco el timbre de la mansión sonaba, anunciando que tenían invitados.
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Sakura se encontraba en la misma situación que Tomoyo, sin saber qué ponerse. Tenía una cita con Shaoran, pero antes de nada le dirían a su padre y a Toya que ahora, eran novios. Sakura pensó que sería buena idea que lo supieran por ellos y no por terceras personas.
Volviendo al dilema de la ropa, estaba indecisa. Sabía que hacía algo calor por lo que no podía ir muy abrigada, pero si luego refrescaba iba a pasar frío. Shaoran vendría por ella a las cinco y se le acababa el tiempo.
Al final se decidió por un vestido blanco de cuello alto y sin mangas que dejaba parte de su piel braceada al aire. Llevaba el corte debajo del pecho y una cinta verde resaltaba las formas adolescentes de Sakura. Toya no aprobaría ese vestido
- "No voy muy indecente – se dijo Sakura, mientras acababa de abrochar el vestido a su cuerpo – Sólo me arreglo un poco para él"
La pequeña Kinomoto abrió la ventana de su cuarto y comprobó que, efectivamente, hacía frío para salir con ese vestido. Rebuscó un poco más y encontró una chaqueta verde que venía a conjunto con su traje y sin más se la colocó. Su pelo decidió llevarlo suelto, con una diadema verde como adorno.
Se miró al espejo y asintió con la cabeza dándose el aprobado general.
- Sakura – dijo Toya desde abajo – Tienes visita.
- Ya voy – contestó ella, bajando las escaleras a la vez que su nerviosismo aumentaba – "Allá voy"
Bajó las escaleras lentamente, como si no quisiera que se acabaran. No estaba muy segura de que le iba a decir a su padre y a Toya.
Pero cuando acabó de bajar, todas sus inquietudes desaparecieron. Tan sólo el ver los ojos de Shaoran, hizo que olvidara sus nervios.
- Hola – dijo él algo ruborizado, tomándola disimuladamente de la mano - ¿Se lo vamos a decir?
- Decir qué, mocoso – exclamó Toya molesto, por el tono que había utilizado, tan meloso - ¿Qué tienes tú con mi hermana? ¿Por qué la coges de la mano?
- ¿Qué pasa aquí? – preguntó Fujitaka al ver el revuelo que había armado Toya - ¿por qué gritas hijo?
- Papá. Toya – dijo Sakura mirando al suelo – Tengo que hablar con vosotros, pero será mejor que nos sentemos
Todos los presentes se dirigieron al salón, donde se sentaron. Toya junto a su padre y Sakura con Shaoran.
- Veréis – comenzó la joven sonrojándose – esqueShaoranyyosomosnovios.
- ¿Qué has dicho Sakura? – preguntó su padre, que no se había enterado de nada.
- ¡Te molesta! – exclamó ella horrorizada sollozando – Lo siento papá, pero intenta comprendernos. Él… él y yo…
- Sakura cálmate – dijo Fujitaka, sentándose al lado de su hija y calmándola. Toya permanecía impasible sentado en el sillón, con los ojos fijos en Li – No he entendido nada de lo que has dicho.
- Señor Kinomoto – intervino Shaoran, pues sabía que Sakura no iba a ser capaz de decírselo a su padre, por miedo a decepcionarle – Yo amo a su hija y ella me corresponde. Le juro por lo que más quiera que nunca permitiré que nada la dañe. Ella lo es todo para mí y yo lo soy todo para ella – Sakura asintió con la cabeza, mientras se secaba unas lágrimas que habían caído.
- Cómo vea que sufre o llora por tu culpa, mocoso puedes irte despidiendo del mundo que te vio nacer – amenazó Toya secamente.
- ¡Toya! – el rostro de Sakura se encendió cual farolillo de feria – Eso quiere decir que…
- Nosotros queremos que seas feliz – dijo Fujitaka – y si con él eres feliz; no podemos prohibirte nada – Sakura abrazó a su padre, agradeciéndole las palabras de ánimo.
- ¡Ah, Sakura! – dijo Toya desde la cocina – Vas muy guapa para ser un simple monstruo.
- ¡Hermano! – gritó ella furiosa, pero a la vez contenta de que hubiera aceptado a Li.
Tras despedirse de los Kinomoto, la pareja se fue a dar una vuelta.
- Qué miedo he pasado – exclamó Sakura, agarrada del brazo de Shaoran. Este la sujetaba por la cintura – Gracias por todo.
- Por ti hago lo que sea – susurró el acercándola más contra sí.
Llegaron al templo Tsukimine y se sentaron bajo uno de los árboles de cerezo.
- Sakura – la llamó Shaoran. Ella le miró – Te amo.
- Te amo – respondió ella, abrazándole y enlazando las manos tras el cuello del chico. Poco a poco iniciaron un suave beso. Los labios de Shaoran guiaban a los de Sakura. Sus lenguas exploraban cada nuevo rincón.
Al poco rato, la chaqueta que traía la chica desapreció, permitiendo a Shaoran acariciarla los brazos desnudos, la cara, la espalda…
Pararon al verse faltos de aire y se quedaron abrazados contemplando los cerezos.
Antes de que se fueran a casa, ya de noche, vieron que una mujer con un kimono rojo y blanco les estaba observando.
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Tomoyo se llevó cuanta cosa o persona había por delante, mientras corría a la entrada para abrir a su visita.
Tomó el pomo y lo giró, tirando hacia ella de la puerta.
- Bunas tardes, Tomoyo – saludó él con la mejor de sus sonrisas, arrodillándose ante ella y depositando un suave beso en la palma de su mano.
- Buenas tardes, Eriol – respondió, sonrojándose por el gesto del muchacho – Bienvenido a mi casa.
- Gracias por invitarme – ambos entraron y Tomoyo le guió hasta el jardín donde estaba su madre – Me dejaste muy intrigado. Nunca me esperaría que tu madre cambiase tan rápido. ¿Qué ha pasado?
- Pues la verdad es que no lo sé realmente – contestó ella – Cuando vino de China, todo se arregló entre nosotras.
- Me alegra escuchar eso – la mirada de Eriol, provocó un estremecimiento a la muchacha. Aquella mirada profunda y misteriosa, como el fondo marino.
El patio de las Daidouji era como un jardín de ensueño, con flores, árboles… Todo sacado de un cuento.
Sonomi descansaba en una de las sillas que rodeaban la mesa. Tomoyo y Eriol se acercaron hasta ella.
- Buenas tardes, señora Daidouji – dijo Eriol cortésmente – Me llamo Eriol Hiragizawa.
- Tenía muchas ganas de conocerte Eriol – dijo Sonomi, estudiándolo. Ambos se sentaron junto a ella – Tomoyo me ha hablado especialmente bien de ti.
- Seguro que ha exagerado – movió su mano restándole importancia – pero me alegro de que así sea. Tomoyo es una chica muy agradable, parece mentira que en tan poco tiempo nos hiciéramos amigos.
- Si mamá, conectamos muy bien – intervino Tomoyo, consciente de que su madre estaba evaluando a Eriol.
- Tomoyo me ha contado muchas cosas que has hecho por ella, y te estoy muy agradecida. Sin tu ayuda, creo que no hubiéramos podido superar nuestras diferencias.
- No ha sido nada, señora Daidouji – comentó Eriol, quien tomó la mano de Tomoyo por debajo de la mesa, pues notó dio un ligero respingo en la silla, cuando su madre tocó ese delicado tema – Pero verdaderamente creo que hubieran podido arreglar las cosas de una manera u otra.
- ¿Siempre eres tan positivo? – preguntó Sonomi, mientras volvía a dejar la taza en el plato después de dar un sorbo al té.
- Si, es algo que me enseñaron mis abuelos. Me enseñaron que pasara lo que pasara, todo podía ir peor y que tenía que aprender a ser feliz sin razón, porque sólo tenemos una vida, y no es para desaprovecharla.
- ¿Te han criado tus abuelos? – Sonomi preguntaba sin cesar, cosa que inquietaba un poco a Tomoyo, pues parecía ser una curiosa. Además estaba entrando en un terreno emocionalmente peligroso de la vida de Eriol y la preocupaba lo que él podría pensar al respecto. Pero los movimientos circulares y relajantes de los dedos del muchacho sobre su mano, parecían indicarle lo contrario. Su serenidad y tranquilidad eran unas cualidades que Tomoyo admiraba.
- Prácticamente si – comentó agachando un poco la cabeza - Aunque nunca conocí a mis padres, no me ha faltado nunca cariño por su parte y siempre han estado allí cuando lo he necesitado.
- Algún día me gustaría conocerlos.
- Podéis ir cuando queráis – dijo mirando también a Tomoyo, que se había mantenido al margen de la conversación, limitándose a absorber cada detalle de Eriol.
Estuvieron charlando un rato más, tomando el té y compartiendo anécdotas.
Después Tomoyo le enseñó la casa a Eriol y programaron una visita madre e hija a la casa de los señores Hiragizawa. Sonomi atendía, emocionada, a las miradas cómplices de los muchachos.
Al finalizar la tarde, Eriol partió hacia su casa tras despedirse. Tomoyo le observó, como siempre, alejarse por la ventana.
Su madre se acercó sigilosa.
- Si quieres que te diga la verdad… - susurró – Era lo que me esperaba para ti, pequeña… ¿Dónde lo has encontrado?
Tomoyo suspiró sumergida en la silueta del joven inglés alejarse tras la puesta de sol.
- Me cayó del cielo…
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El lunes llegó y como tal todos los jóvenes debían madrugar para cumplir sus obligaciones lectivas. Había pasado ya mucho tiempo desde aquel encuentro en la mansión Daidouji y tras ese encuentro le siguieron muchas más. Algunos en la casa de Eriol, otras veces con Shaoran y con Sakura, otras veces solos…
El timbre que anunciaba el inicio de las clases acababa de sonar y los alumnos se recogían hacia sus respectivas aulas.
Sakura saludó a Tomoyo, que estaba hablando con Eriol muy animada y se sentó en su sitio.
Ya sólo quedaba un mes para las Vacaciones de Navidad y todo el mundo las esperaba con ansias.
El profesor Terada entró en la clase saludando a los alumnos. Llevaba en la mano una caja de cartón y su habitual portafolios.
Dejó la caja a un lado de su mesa y se dispuso a dar la clase.
Al término de esta, les rogó a los chicos que le prestaran atención.
- Escuchadme – dijo captando la atención de todos – Como ya sabéis se acercan las vacaciones y con ellas el festival del colegio. De que terminéis los exámenes dedicaremos el tiempo a prepararlo, pero mientras tanto os anunciaré una de las actividades que vamos a realizar – tomó una tiza de la pizarra y se puso a escribir.
- ¿La Bella Durmiente? – se preguntaron los alumnos a coro.
- Sí, esta clase va a representar la Bella Durmiente*. Ya sé que algunos no os va a gustar, pero he propuesto esta obra porque es muy sencilla y todos la conocen. No creo que nadie tenga problemas de guión y esas cosas, pues está especialmente seleccionada para eso. A parte de la obra vais a participar en otras muchas actividades, como las competiciones deportivas y los concursos culturales. Eso sí, hay que prepararse muy bien. Por ahora lo único que podemos hacer es el reparto de papeles e ir preparando el decorado, por lo que si sois muy amables, cuando diga vuestro nombre vendréis en silencio a mi mesa y cogeréis una papeleta de la caja para saber que personaje vais a interpretar.
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*Para los que hubieran leido este capítulo antes de que yo efectuara el cambio les diré que la obra que van a representar, es la misma que sale en un capítulo del anime, cuando Sakura consigue atrapar a las cartas luz y oscuridad o algo así. Es la obra en la que Shaoran hacía de la Bella Durmiente y Sakura de Príncipe. Perdón por el cambio de última hora.
