Bueno supongo que ya se habrán olvidado de mi mera existencia, pero ¡no! Sigo aquí. Aunque no actualice muy seguido, no me olvido del fic. Como dije en el capítulo anterior he cambiado la obra que van a representar. Se trata de la misma que sale en el capítulo 42 del anime, cuando Sakura consigue atrapar a las cartas luz y oscuridad. Es la obra en la que Shaoran hacía de la Bella Durmiente y Sakura de Príncipe. Perdón por el cambio de última hora.
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De la elección de personajes hacía ya una semana, en la que el caos reinaba en la escuela. Los alumnos estaban estresados, pues a parte de los terribles exámenes finales, tenían que reunirse para ensayar la obra y preparar el festival.
El reparto de personaje fue todo un desastre, aunque al ser una obra pequeña no había para todos. Los que no actuaban se dedicaban a prepara el vestuario y el decorado con ayuda del profesor Terada. Tomoyo se había ofrecido voluntaria para confeccionar los vestidos, pues para ella no suponía esfuerzo ninguno. Además no tenía que memorizar ningunas líneas por que a ella le había tocado el puesto de narrador de la historia, junto a Eriol.
Desde la tarde en la mansión Daidouji, Eriol había estado muy pendiente de ella, detalle que a Tomoyo le encantaba, pues ya no podía negar por más tiempo lo que sentía por aquel chico misterioso. Cuando estaba con él, parecía vivir en una burbuja imposible de romper por la seguridad que le transmitía Eriol. Nada podía dañarla si él se encontraba cerca. Pero cuando esto no ocurría, se mostraba melancólica y alicaída, apenas prestaba atención a lo que hacía. Su mente no paraba de preguntarse qué haría, dónde estaría… o con quién.
Sintió una doble punzada en el pecho, y el dedo. Tomoyo miró su mano y vio como la aguja había traspasado su pálida piel, mostrando unas gotas de sangre provocadas por su descuido. Se sentía tremendamente celosa y posesiva respecto a Eriol, pero no podía evitarlo.
Dejó en la mesa el traje que estaba cosiendo y se dirigió al baño. Metió el dedo bajo agua hasta que quedó limpio. Después lo secó y se dirigió de nuevo al aula de manualidades.
Por el camino divisó a Eriol y su sonrisa se iluminó, para, acto seguido, borrarse al ver quien era la acompañante del inglés. Meiling parecía haber notado la presencia de Tomoyo, ya que se arrimó más hasta Eriol y le depositó un beso en los labios.
La pequeña Daidouji no necesitó ver más. No quería ver como Eriol la correspondía, sintiendo hervir su interior de frustración, derrota y… más celos.
Entró en el aula de manualidades y vio como Sakura y Shaoran seguían memorizando su texto en sus asientos junto al de ella, donde estaba el vestido. Ambos la miraron preocupados, pues se veía mortalmente más pálida.
- ¿Te encuentras bien? – la preguntó Sakura, tomándose un descanso, mientras Tomoyo volvía a coger el vestido para terminar de coserlo.
- Sí – dijo ella en un breve susurro que salió roto.
- Pues parece más bien todo lo contrario – la reprochó Sakura, preocupada. Tomoyo no respondió. Ya era demasiado difícil contener las lágrimas sin tener que hablar, por lo que agachó la cabeza. Sakura tomó la mano de su amiga, parando la costura y la miró sin rendirse.
En ese momento la puerta se volvió a abrir, entrando en aula Eriol con gesto serio y Meiling con cara enfurruñada, alejándose sin decir nada.
Sakura volvió a mirarla, comprendiendo todo. Y tuvo una idea.
- ¡Profesor! – llamó agitadamente.
- ¿Qué pasa Kinomoto? – preguntó este acercándose - ¿Se te han vuelto a olvidar las frases? – Sakura reprimió un puchero y señaló a Tomoyo.
- No se encuentra bien – dijo con aire inocente. Tomoyo por su parte no renegó del plan de su amiga y le siguió el juego.
- Me siento un poco mareada – murmuró tomándose. La atención de toda la clase se había posado en las dos chicas y Tomoyo pudo ver como Eriol la miraba preocupada.
- La verdad es que estás un poco pálida Daidouji – se llevó una mano al mentón y sopesó las posibilidades mirando de refilón su reloj – Ya queda poco para irnos, así que supongo que deberías marcharte. Kinomoto, acompáñala.
- Señor Terada – se entrometió Eriol, realmente preocupado – Yo podría acompañarla. Ya he acabado y Sakura debe seguir aprendiéndose el texto.
Pero antes de que el profesor pudiera cavilar nada más, Sakura se esfumó con Tomoyo y sus cosas bajo del brazo, murmurando que esas eran cosas de mujeres.
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Sakura dirigió a Tomoyo hacia el parque del Pingüino y hasta que no estuvieron allí, ninguna dijo nada.
- ¿Desde cuando? – preguntó de repente Sakura sentándose en un columpio, imitada por Tomoyo. No hacían falta más explicaciones.
- No sabría decirte – contestó Tomoyo, ausente, rememorando viejos recuerdos – Desde que le conocí sabía que era especial. Siempre estaba a mi lado y me sentía segura. Me ayudaba tanto como podía. Siempre se preocupó por mí. Y no pude evitar enamorarme de él – admitió con amargura, mientras Sakura la miraba absorta en sus palabras – Pero al parecer no fui la única en apreciar lo especial que era – torció el gesto al imaginarse de nuevo ese beso. Unas lágrimas traviesas escaparon de sus ojos amatista – Los vi Sakura. Vi como Meiling lo besaba – Sakura dio un respingo de sorpresa al escucharlo – Y yo que tenía una esperanza de que él podría corresponderme. Seré tonta – su llanto creció, refugiado el los brazos de Sakura que la susurraba palabras de consuelo.
Después la acompañó a su casa. No pretendía dejarla sola por nada del mundo, pero Tomoyo insistió en que se fuera a su casa, que ya empezaba a oscurecer y Toya se preocuparía si llegaba más tarde de lo normal.
Subió las escaleras y se dirigió metódicamente al cuarto de baño, agradeciendo que fuera viernes y mañana no tendría que verle. Tras el baño que no consiguió relajarla, se enfundó el pijama y se metió en la cama, aunque era temprano. Cuando la sirvienta la llamó anunciándole la cena, dijo que no bajaría alegando una enfermedad que no era otra cosa que lágrimas que brotaban de sus enrojecidos ojos.
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El lunes volvió más rápido de lo normal para Tomoyo. No quería que llegase, pues no quería ver a Eriol con Meiling. Sabía que su comportamiento era algo infantil. No debía ser tan posesiva con Eriol. Tendría que alegrarse por él, pero no era capaz sabiendo que no sería ella quien le besara, quien le tomara de la mano, o le susurrara al oído cuanto le amaba. Se sentía rota, hundida, pisoteada…
Terminó de arreglarse como todas las mañana y bajó a desayunar sola. Hacía unos días que su madre no la acompañaba. Sonomi se encontraba en un nuevo viaje de negocios y aunque ellas hablaban por teléfono todas las noches, Tomoyo no pudo decirle nada de Eriol. No quería preocupar a su madre con estupideces de adolescentes.
Tan absorta estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta que en la puerta de su casa había una persona esperándola.
- Hola – dijo la voz sumamente cálida y agradable de Eriol.
- Hola – no tuvo más remedio que responder al ver que se situaba a su altura y comenzaba a caminar a su lado.
- ¿Te encuentras ya mejor? El otro día me quedaste muy preocupado y no he sabido nada de ti en el fin de semana. Además Sakura no me quiso decir nada cuando la llamé. Estaba muy rara…
- Tranquilo ya me encuentro mejor. Me… - pensaba rápido para inventar una excusa. No quería decirle que era por su culpa – me pinché cuando estaba cosiendo y me mareé al ver la sangre. Gracias por preocuparte – no pudo reprimir una sonrisa al ver como se interesaba por ella, pero desapareció de repente cuando pensó que se interesaría más por Meiling.
- ¿Qué te ocurre? – preguntó Eriol al notar el semblante triste de su compañera – Hay algo más, ¿verdad?
- No, que va. Imaginaciones tuyas – mintió descaradamente.
Poco más fue lo que hablaron en el trayecto hacia la escuela, y luego en esta Tomoyo le evitaba a toda costa.
Así pasó toda una semana. Tomoyo no quería encontrarse con él bajo ningún concepto. Aunque no podía evitarlo de esa manera en clase, puesto que se sentaban en pupitres contiguos. También le veía en los ensayos de la obra. Él no paraba de preguntarle a lo que respondía con escueto monosílabos.
Eriol veía que algo no marchaba como debía y se pasaba todo su tiempo intentando estar con Tomoyo. Ponía demasiado ahínco en sus empeños.
Por otra parte, al estar tan pendiente de ella y ella tan pendiente el evitarlo, Tomoyo no notó que Eriol y Meiling casi ni se hablaban.
Cansado de esa estúpida situación, Eriol pensó en pedirle explicaciones a Tomoyo. ¿Habría hecho él algo malo para que le evitara de esa manera? Pero sabía que tal como estaban las cosas no iba a conseguir nada con ella. Tenía que pillarla desprevenida. Pensó en ir a buscarla otra vez a su casa, pero ahora iba al colegio en coche. Y si iba a su casa no querría verle. De repente su mente se iluminó ante una gran idea.
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Los días seguían pasando y los exámenes acabaron. Ya estaban próximos las vacaciones y el estreno de la obra de teatro. Los ensayos, que se llevaban a cabo en el amplio salón de actos del colegio, ocupaban la mañana de los alumnos.
Tomoyo se encontraba contrariada respecto de la actitud de Eriol. De la noche a la mañana, ya no la seguía, ya no la preguntaba y aunque tristemente lo reconociera, ya no se preocupaba por ella… Una pequeña y soñadora parte de su cerebro que quizás habría pillado la indirecta de que no quería verle y se habría retirado noblemente.
Por eso se relajó, volvió a respirar tranquila, desconocedora del plan de Eriol…
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El salón de actos estaba vacío. Todos se habían ido ya, pero ella seguía allí repasando el guión completamente sola y él no iba a desperdiciar la oportunidad. Había costado, pero al fin lo consiguió. Sakura sospechaba algo de sus intenciones, por eso era que no dejaba a Tomoyo sola ni a sol ni a sombra. El único que sabía algo de sus planes era Shaoran… Seguro que se le había ido de la lengua con su novia.
La observó tranquilamente escondido entre las sombras que dejaba la puerta. Estaba hermosa. No lo podía negar. Tiempo hacía ya que se conocían y desde entonces no pudo dejar de pensar en ella. Esa pequeña había cautivado su corazón de una manera descomunal. Parecía tan frágil. Incitaba a Eriol a abrazarla para que nada pudiera dañarle, a acariciar su pelo, su rostro, besar sus labios…
Decidió actuar ante de que su mente siguiera jugándole malas pasadas, cerró las puerta tras de sí sigilosamente. Ella seguía ensimismada en su lectura.
Avanzó con cuidado hasta situarse detrás de la figura femenina y se deleitó con su perfume. Tomoyo siempre olía muy dulce.
- ¿No crees que es ya demasiado tarde? – dijo él casi en un susurro para evitar que se asustara. Ella suspiró resignada y volteó a verle - ¿Por qué me evitas?
- No te evito – musitó bajando la mirada. Él posó una mano en su mejilla, rozándola con infinito cuidado. Subió los ojos hasta encontrarse con los suyos. ¿Era decisión lo que expresaban sus profundidades marinas?
- ¿Por qué me evitabas? – volvió a preguntar acercándose más hacia ella, tomando sus manos, evitando que huyera. Pero la aplastante fuerza de sus penetrantes ojos hacía imposible cualquier movimiento en la chica. Ella no quería contestar – Bien Tomoyo. Tenemos todo el tiempo del mundo, porque no me voy a ir de aquí sin hablar antes contigo – para darle más valor a sus palabras se sentó, como ella, al borde del escenario con sus manos entrelazadas.
Tomoyo reunió el escaso valor que tenía. Que saliese de esa conversación lo que quisiera…
- Besaste a Meiling – le cortó antes de que empezara a protestar – Vi como se te tiraba al cuello, Eriol. ¿Vas a negármelo? – negó con la cabeza – Se me vino el mundo encima. Creí que, por un momento, sentía lo mismo que yo. No quería verte porque me sentía traicionada, yo… - no iba a llorar, pero las lágrimas ya mojaban sus mejillas – Me sentí celosa. No quería verte y recordar lo miserable que me sentía… Habías jugado con mis sentimientos… - su llanto creció impidiéndola hablar, pero Eriol entendió. Se acercó más a ella, hasta tenerla entre sus brazos para poder consolarla.
- No te voy a negar que Meiling me besó, pero yo no le correspondí. ¿Cómo hacerlo cuando es otra chica la que ocupa mi corazón? – Tomoyo le miró a los ojos. No había rastro de mentira en ellos - ¿Cómo poder hacerlo cuando tus sentimientos son los mismos que los míos? – ella sonrío al ver que le estaba citando una de las frases de la obra – Dime, princesa ¿tú que sientes? – poco a poco fue cerrando el espacio que separaba sus labios, hasta que se vieron envueltos en el dulce contacto. Tomoyo le correspondió como respuesta. Los labios de Eriol eran extremadamente apasionados, dulces, cálidos… Un mar de sensaciones recorría el cuerpo de Tomoyo felicidad, plenitud… Había renacido de nuevo en los brazos de Eriol, quien acariciaba lentamente sus labios, delineándolos con la punta de la lengua, profundizando el ansiado beso.
Cuando se vieron sin aire, pararon a regañadientes. Sus labios rozando, sus respiraciones entrecortadas, sus cuerpos unidos, abrazados.
- Te quiero – susurró ella para no romper el mágico momento.
- No más que yo – le contestó antes de volver a sus labios.
