Capitulo.-3
La niebla cubría el puerto apenas y eran visibles las luces ahora entendía por que su madre no había regresado nunca a estas tierras, eran lúgubres solo esperaba que solo fuera debido el invierno, por que si no de seguro sus hermanas y ella enfermarían de melancolía.
-No es hermoso.-Suspiro Josie mientras abría los brazos para saludar a su nueva patria.
-Solo por que nuestro tío es un Duque, me agrada, yo preferiría estar en la toscana, dicen que el clima siempre es excelente en cualquier época del año.
-Pues yo sinceramente preferiría ver la estatua de la libertad en vez de toda esa niebla, pero ni modo que le vamos a hacer, niñas será mejor que se cubran bien no quiero que se vayan a resfriar.
-Si Señorita. Pony, respondieron las tres al mismo tiempo mientras se ajustaban sus atuendos.
La niebla comenzaba a disiparse justo cuando Candy bajaba del barco, levanto la falda de su vestido lo menos que quería era enredarse y terminar besando el suelo enconara de su voluntad, viendo bien la ciudad no era tan lúgubre sin tanta niebla encima, incluso era hermosa, a pesar de los tonos grises que imperaban en ella después de todo estaban en pleno invierno y si estuviera en cualquier otro lugar tal vez los colores fueran los mismos debidos a la estación en la que se encontraban, eso le dio ánimos a su corazón de que tal vez su futuro no era tan gris como el color del paisaje.
La Señorita. Pony pronto se encargo de arreglar todo para poder partir del puerto, consiguió un carruaje y pronto todo quedo listo, cuando Candy subía al carruaje sintió que alguien la observaba, voltio la mirada buscando de donde provenía el peso y sus ojos se toparon con los de el, durante un segundo que pareció eterno sus miradas quedaron atrapadas, hasta que el le hizo una reverencia burlona, y Candy tuvo que mirarlo con desprecio para no demostrar cuanto la perturbaba, el enorme carruaje comenzó a avanzar dejando a tras el puerto.
Londres era hermoso sus ojos admiraron la ciudad a su mente llego el recuerdo de su madre y sus hermanas la primera vez que habían visitado Paris, era la misma alegría que sintió al conocer una ciudad tan hermosa, el trayecto no se le hizo pesado cuando llegaron al Strand, el carruaje se detuvo enfrente del hotel Savoy, pronto se registraron y fueron llevadas a su suite.
-Lo que falta de nuestro equipaje llegara esta tarde.-El botones asintió.- Necesitare los servicios de una doncella, y que un mensajero venga de inmediato.
-Yo puedo hacerme cargo de llegar el mensaje personalmente, Señorita.-Candy asintió y se encamino al escritorio a escribir una nota al socio de monsieur Duval.
-Aquí tiene necesito que espere la respuesta.- El botones asintió, y leyó el nombre del destinatario al momento que fruncía el seño.
-Ocurre algo.-Pregunto Candy, el chico asintió y comenzó a hablar.
-Lo que ocurre Señorita. Es que el Sr. Montague se encuentra hospedado a tan solo tres puertas de aquí.
-¿Pero como ha dicho?
-Al parecer al Sr. Montague le están reparando la casa y lleva tres días aquí.
-¿Bueno siendo así, me podría indicar cual es su habitación me urge hablar con el?-El chico asintió con la cabeza.
-Esta en la habitación 205.
-Muy bien al mal paso darle prisa.- Candy se volvió hacia la Señorita. Pony.-No Tardo.
-Espere no puede ir para haya, no es correcto.-Pero Candy hizo oídos sordos al pobre muchacho que iba detrás de ella, al igual que a la señorita. Pony que había salido junto con ellos.
La habitación 205 estaba enfrente de ella y estaba entre abierta así que Candy sin pensarlo dos veces se precipito a su interior la luz se colaba por el enorme ventanal asiendo imposible identificar a la persona sentada en el enorme escritorio delante de el.
-¿Sr. Jhon Montague?.-Pregunto Candy bastante insegura.-Perdón que me entrometa en sus aposentos de esta manera pero e urge hablar con usted…-Intento mirar al hombre sentado en el escritorio pero la luz no le dejaba ver bien sus rasgos.
-Lo siento pero no soy el Sr. Montague.
-¡Pero esta es su habitación! ¿No es así?- El hombre se levanto y fue cuando pudo reconocerlo. ¡Tu! ¿Pero que haces aquí? ¿Acaso me estas acosando?
Terry no pudo evitar reírse, e intento ponerse serio al hablar de nuevo.
-Yo podría de sir lo mismo de ti.-Camino hacia ella y comenzó a examinarla.-Después de todo tu eres la que vino a mi no yo.
-Si no eres el Sr.Montague, que haces aquí, tal vez seas un ladrón o algo así, después de todo esta no es tu habitación.
Ahora si Terry comenzó a reír.
-No le veo el chiste, Sr.
-Yo si, justo estaba pensando lo mismo de ti…bueno en realidad otras cosas.
-¿Qué cosa?- Candy miro a Terry de modo desafiante, mientras se ponía las manos en la cintura, mientras Terry meditaba su respuesta.- ¡Ande no se quede callado, estoy esperando!
-Bueno me preguntaba, que asía una dama en busca de un hombre…Tal vez yo le podría servir para lo miso.
Candy abrió grandemente los ojos, al igual que sus dos acompañantes.
-Si será idiota, pero como se atreve a insinuar qu... que… ¿exactamente que es lo que insinúa Sr.?
-Nada en realidad madame, ¿Qué es lo que usted piensa?
Candy le iba a contestar pero entonces la Señorita. Pony le oprimo el brazo y voltio a verla para negar con la cabeza, Terry la vio y decidió que era el momento de retirarse. Camino hacia la puerta y al pasar junto a Candy la recorrió con la mirada y le dijo en voz baja, para que solo ella pudiera escuchar.
-Un gusto verte de nuevo pecosa.-Candy se quedo sin habla, mientras lo veía hacer una reverencia a los demás en señal de despedida. Se quedo ahí parada sin saber que hacer ni que decir hasta que el botones la saco de su estado.
-Señorita parece que el Sr. Montague ya no esta aquí.
-No me diga.- Candy salio de la habitación a toda prisa rogando a dios no toparse de nuevo con Terry.
Entro a su habitación y se dejo caer de una manera poco femenina en el sillón mas próximo aun estaba consternada por lo ocurrido.
-Si no fueras tan impaciente esto no habría ocurrido.-Candy miro con rencor a la Señorita. Pony, por recordarle que ella era la única responsable de todo.-Vamos no me mires así por tener razón.-Candy gruño al menos eso fue lo que miss Pony entendió.-Candy esos no son modos de de hablar de una señorita como tu.-Candy soltó un suspiro antes de responder.
-Digo que tiene razón, siempre la tiene…pero solo por esta vez me hubiera encantado que no pasara nada por no hacer las cosas como se deben.
-No te preocupes ahora se harán e mandado al chico con tu encargo.
-Solo espero que el abogado nos reciba esta tarde, me urge terminar con esto.
-¿Dónde conociste a ese hombre Candy?
-En el barco el muy…-
-Nada de insultos por favor.
-Lo siento, pero lo odio.
-Tu odiando a alguien eso si que es nuevo, además lo acabas de conocer ¿Te hizo algo malo? ¿Por que si lo hizo…?
-No me hizo nada, solo hirió mi orgullo me llamo pecosa.
La señorita Pony sonrió.
-Y no solo eso insulto mi nariz.-Candy se levanto del sillón para ir a pararse frente a un gran espejo a observarse, mientras se tocaba la cara y observaba su perfil desde distintos ángulos.
-Puede que tenga algunas pecas, pero son muy pocas, ¿no es así señorita Pony?
-Totalmente de acuerdo contigo ya casi te desaparecen.-Candy frunció el seño.
-Pero haberse metido con mi nariz, es imperdonable, todo mundo admira mi nariz.
-No todo el mundo querida.
-El no cuenta, es un….
-¡Candy!
-Lo se, lo se, será mejor que vea como están mis hermanas, tal vez deberíamos ir a recorrer la ciudad o algo así.
-Olvídate de eso, es peligroso.
-Esta bien señorita Pony, tiene razón ya habrá tiempo para ello.
Terry se acerco a la ventana, Londres no había cambiado nada en esos seis meses, todo seguía igual, aspiro el sabor de su cigarro mientras intentaba retenerlo, hasta que al fin salio la exhalación de humo, se voltio a ver a su asistente que terminaba de supervisar que todo estuviera en su lugar.
-Jeffries, encárgate de investigar si mi padre esta en la ciudad.
-Si My lord, lo haré enseguida.
-Se muy discreto Jeffries no quiero que la bruja se entere.
-No tenga cuidado como siempre seré muy cuidadoso.
-A las once envía un carruaje a recogerme. Esta noche vistare a unos viejos amigos.
-Muy bien.- Jeffries salio a cumplir con sus labores mientras Terry cerraba las cortinas para sumirse en la oscuridad.
Candy había recibido respuesta del Sr. Montague, citándola en sus oficinas y en compañía de la señorita. Pony se había marchado a verlo, las oficinas del abogado eran grandes por lo que se veía era un hombre de mucho éxito, Candy esperaba encontrarse con un hombre como monsieur Duval, pero el Sr. Montague, era todo lo opuesto a lo que ella se imagino, para empezar era demasiado joven, ella no le calculaba mas de treinta años y era endiabladamente apuesto, aunque observándolo bien no era tan guapo como el idiota del barco, Candy se reprendió por pensar en ese tipo tan desagradable, además de que el Sr. Montague era tan amable a diferencia del otro.
-Tengo todo listo para que viajen a Escocia, el Duque cada año en estas fechas pasa una temporada.
-¿Cree que no tengamos problemas con nuestra llegada inesperada.
-No lo creo el Duque es muy generoso y teniendo una hija no dudo que las tome bajo su tutela.
-¿Eso espero?
-Muy bien arreglos lo de su viaje.
Terry se despertó con el tiempo justo para comenzar a arreglarse y comer algo antes de marcharse, y cuando el carruaje llego a recogerlo, su asistente le dio la información que buscaba, su padre había adelantado su viaje a Escocia este año, la duquesa se encontraba en Bath, intentando calmar sus nervios en las aguas termales, así que con toda la confianza del mundo se marcho a divertirse a la ciudad, el club al que pertenecía, esa noche estaba lleno, todo mundo lo saludaba y le daba la bienvenida mientras se dirigía al salón privado donde esperaba encontrar a su amigo.
Terry entro en el salón mientras inspeccionaba con la mirada a sus ocupantes asta que su mirada dio con la persona buscada Lord Mattew Twombley, estaba sentado en la mesa del rincón totalmente distraído, bebiendo y fumando, que cuando Terry se acerco a el apenas y le presto atención.
-De haber sabido que te olvidarías de los amigos jamás me hubiera ido.-Matt. Levanto la vista de su copa y se levanto de un brinco de su asiento.
-¡Grandchester! Creí que nunca volverías a Londres y esta ciudad están aburrida sin ti.
-Bueno me alegro que alguien sintiera mi ausencia.
-Por lo que veo no te fue muy bien en el continente.
-Nunca debí haber ido, eso tenlo por seguro.
-Pudo ser peor.
-Ya lo creo.-Terry se sentó enfrente de el y se sirvió una copa.
-¿tan mal han estado las cosas aquí?
-En lo que se refiere a mi si, tengo que encontrar una esposa.
-No hablas en serio.
-Me temo que si, al menos mi padre si lo hace la ultima vez que lo vi me dijo: -Tú serás la causa de mi muerte -dado que esa frase lapidaria es, por lo general, el final de cualquier conversación con mi padre, no le preste demasiada atención y por supuesto sin olvidar la mas importante de todas.- Matt hizo una pequeña pausa para darle mas dramatismo a sus palabras.- Por el amor de Dios, búscate una esposa y deja de irritar a la gente importante.
-No puede ser. -Susurró Terry, horrorizado.-Supongo que lo habrás mandado a freír espárragos.
-Esa fue mi primera intención por supuesto pero el viejo tenía una última observación que hacer.
-¿Ha siii?-Terry tomo un trago de su copa preparándose para escuchar lo siguiente.
-A menos que te cases no volverás a ver un solo chelín más del patrimonio de la familia.
-Lamento que no puedas hincarle los dientes al dinero de tu padre, si quieres te puedo proporcionar un trabajo.
En ese punto Matt, puso los ojos horrorizados.
-Si que tú visita al continente te ha afectado, ¿trabajar yo?
-Entiendo.
-No entiendes.-Matt se apresuro a corregir los pensamientos de Terry.- te agradezco tu ofrecimiento, pero he decidió que si tengo que trabajar pues lo are en los bienes que algún día heredare.
-Vaya veo que as madurado.
-¡Claro que no! Es solo que por que comer solo un pedazo de torta si tengo un pastel para mi solo.
-Me lo imaginaba, espero que no dejes a tus futuros hijos en la ruina antes de haber nacido.- dijo Terry bastante divertido.
-No soy tan bueno como tu en los negocios, pero intentare dejar algo para las futuras generaciones.
-Es una lastima que de ahora en adelante tengas que dedicarte a los negocios.
-Y no olvides que a buscar esposa.
-¿Bromeas no?
-Claro que no, puesto que no me queda as opción que dejar que el laso del matrimonio me apriete, tendré que encontrar algo que valga la pena en la siguiente temporada.
-Te deseo suerte.-Terry lo palmeo en el hombro y después prendió un cigarrillo.- Te sugiero que consigas una que no tenga madre no hay nada peor que una madre metiche.
-Tal vez tu también deberías de comenzar a buscar una esposa.- Terry lo miro como si de pronto le hubieran brotado dos cabezas.-Después de todo tienes el deber de procrear un heredero para el titulo.
-Lo se.-Su cara se ilumino con una sonrisa perversa, la cual Matt conocía demasiado bien, después de todo siempre era precedida por algo que aria rabear a la Duquesa hasta no mas poder.-Me casare cuando todo mundo de por sentado que no habrá herederos de mi parte para heredar el titulo, no sabes como gozare cuando la Duquesa crea que su hijo heredara, por supuesto que lo haré con la persona que pueda traer mas mancha que gloria al glorioso nombre de los Grandchester, esa será mi mayor venganza contra la bruja esa que dice ser mi madre, ¿Tal vez una actriz o algo así?-Matt al igual que algunos de sus compañeros sabían la verdad de su origen y sabían cuanto el y la actual Duquesa se odiaban.-Mientras disfrutare de mi soltería.
-¿Te quedaras en Londres?
-Sabes que no, solo estoy de paso…mañana me marcho, deberías venir conmigo a Escocia te aria bien.
-No lo creo, se te olvida que debo buscar una esposa.
-Cierto.
-Cuando regreses te enseñare a mis candidatas.
-Como quieras.
-Jugamos hoy me siento con suerte, tal vez y te gane.
-Siempre puedes intentarlo.
Esa noche a pesar de que Matt intento ganarle la suerte de Terry no se despego de el ni un solo minuto, al final ambos terminaron totalmente borrachos.
El tren anunciaba su partida, Candy estaba sentada en su compartimiento mientras veía por la ventana como el tren comenzaba a avanzar dejando atrás la estación y finalmente la ciudad estaba nerviosa y demasiado ansiosa por llegar a Edimburgo, la noche anterior apenas y había podido dormir algo, había estado mirando por la ventana, meditando acerca de su vida y de su futuro, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por un carruaje del cual bajo un hombre que apenas y podía mantenerse en pie, gracias a ello se dio cuenta de la hora e intento descansar, así que se permitió ser arrullada por el ruido del tren al avanzar.
-¡¡Próxima estación Edimburgo!!.
El grito anunciando la llegada a la ciudad la despertó, Anne y Josie estaban terminando de acomodar sus cosas.
-Date prisa Candy ya hemos llegado a la estación.
-Ya estoy casi lista.
Media hora después.
-Como se supone que llegaremos a la villa.
-Caminando, señorita.
-¡Que!, a cuanto estamos de distancia.
-Como a unas dos horas.
-¡Dos horas!! Candy yo no quiero caminar.
-¿Y la ciudad a cuanto queda?-El encargado de la estación se rasco la barbilla.- Por favor no me diga que a dos horas también.
-Claro que no.
-Y bien. ¿A cuanto queda?
-A hora y media, pero si va para allá no es seguro que consiga quien las lleve ya es tarde y la mayoría debió dirigirse al baile.
-Gracias Sr. Caminaremos a la villa y enviaremos a alguien por nuestras cosas.
-Muy bien Señorita, yo cuidare de sus cosas.
-Eso espero.
La primer hora las cuatro la hicieron contentas, a pesar de estar en invierno no asía frió, al contrario ese día estuvo especialmente calido, y pedazos del camino, estaban cubiertos de lodo, pero aun así la vista era maravillosa, Anne, Josie y la señorita. Pony iban un poco rezagadas y apartadas del camino, Candy iba un poco adelante en la orilla de este cuando de repente escucho un ruido, estaba contenta les hizo una señal a sus hermanas para que se dieran prisa, mientras ella intentaba hacerle señales al cochero el cual la ignoro por completo pero si la salpico de lodo del camino, aparte de que la mando al suelo al tratar de esquivar el lodo.
Mientras en el carruaje un caballero viajaba cómodo y bastante limpio.
-Peter que fue eso.
-Nada My Lord, vagabundos pidiendo limosna de seguro.
-Ya me parecía algo así, date prisa ya quiero llegar a casa.
-Ya estamos muy cerca.
Candy trataba de limpiarse el lodo de la cara y trataba de controlar su coraje, mientras Josie y Anne reían de su desgracia.
-Candy estas bien.-Pregunto la señorita pony tratando de ayudarla a levantarse.
-Lo estaré en cuanto le ponga las manos al dueño de ese carruaje.
-Vamos seguro ya ni lo vuelves a ver.
-¡Hay señorita Pony luzco horrible!
-No estas tan mal.
-¡Parezco una pordiosera! ¿No es así Anne, Josie?
-Solo un poco.-respondió Josie tratando de ya no reírse.
-Si se te mira de cerca Candy cualquiera se daría cuenta que eres una dama no una pordiosera.-Respondió Anne.
-Gracias solo espero que nuestro tío no este ciego y pueda ver a la dama que soy y no a la pordiosera.- ¿Que clase de personas no se paran a auxiliar a alguien en el camino?¡Juro por dios que si me los vuelvo a topar…!
-Vamos, será mejor que nos demos prisa antes de que el frió comience a sentirse de nuevo y te nos enfermes.
Terry llego a la villa después de unos minutos y en cuanto los sirvientes supieron de su llegada, corrieron a recibirlos, en esa casa todo mundo lo apreciaba y lo quería, en especial la madre de el pequeño Marck el hijo de la cocinera y el si a alguien apreciaba era a esa mujer y a su hijo al que consideraba su hermano, su padre en cuanto se entero salio a recibirlo.
-Terry.- Richard Grandchester si había a alguien que amara mas que a su vida esa persona era su primogénito, y durante su ausencia lo había extrañado tanto pero el mejor que nadie sabia que a veces para seguir adelante uno tiene que hacerle frente al pasado.-Que bueno que as vuelto que tal te fue en tu viaje.
-Bien pero no me interesa hablar de ello padre.-Terry miro a su padre parecía que no lo había visto en diez largos años.-As estado enfermo.
-No solo te e extrañado, pero ahora que estas aquí todo volverá a estar bien hijo.
-Vamos padre entremos la temperatura comenzara a bajar en cualquier momento.
La entrada a la villa era hermosa, rodeada de árboles y estaba frente a un hermoso lago, la sola vista les quito el cansancio a las cuatro y a Candy hasta se le olvido, que estaba totalmente mugrosa, cuando tocaron a la puerta un mayordomo las atendió mientras las analizaba de pies a cabeza, solo por las miradas de total desaprobación que el hombre le dirigía, Candy recordó que su aspecto ese día no era el mejor de su vida.
-Muy bien señorita. Avisare a su excelencia de su llegada mientras síganme por aquí.
Candy y su pequeña comitiva siguieron al mayordomo a un pequeño salón para esperar a ser recibidas.
Lord Richard Grandchester fruncía el ceño mientras leía los papeles que su mayordomo le había llevado.
-Ocurre algo malo Padre.
-No, no para nada es algo muy bueno…aunque preferiría saber que mi prima estaba viva por ahí, feliz.
-No entiendo nada.
-Mi prima Elizabeth.
-No se de quien me hablas.
-Claro eras muy pequeño cuando se caso y se marcho a América, pero la querías mucho y ella a ti…murió hace seis meses y sus hijas no cuentan más que con nosotros, somos su única familia.
-Parientes pobres a la Duquesa le van a encantar.
-Ho Terry, realmente no son pobres y si lo fueran no importa, las voy a recibir, Burton, tráelas acá de inmediato.-El mayordomo inclino la cabeza y procedió a buscarlas al tiempo que Terry se paraba de su silla.
-¿A dónde vas? ¿No quieres conocer a tus primas?
-No y puesto que piensas hacerlas huéspedes permanentes supongo que podré verlas en cualquier otro momento padre, por lo cual me retiro a descansar, el viaje fue agotador te veré después.
-Esta bien lo puedes hacer durante la cena.-Dado que no era una sugerencia si no mas bien una orden Terry inclino la cabeza.
-Hasta el rato padre.
Terry en vez de dirigirse a su habitación a descansar como había dicho se marcho a las cocinas de la villa, para entregar a Marck y a su madre los regalos que les había traído de Paris, las cocinas estaban igual que siempre, y seguían oliendo a lo miso a tartas recién hechas se acerco a la Sra. Mary la encargada de las cocinas y la abrazo al tiempo que la elevaba de los suelos.
-Bájame mocoso malcriado.
-Que vocabulario, si la Duquesa te llega a escuchar te pone de patitas en la calle.
-Ya quiero ver que lo intente esa vieja bruja.
-Creo que la vieja bruja sabe cuando tiene una partida perdida, contigo.
-Déjame estoy tan enojada contigo.
-¿Pero por que? Mi conducta se puede decir que a sido intachable.
-Intachable, cree que no se que te fuiste a Paris para andar de libertino.-Terry se puso rígido, pero era Mary y a ella le permitía cualquier cosa era la única persona que de verdad lo conocía, y que lo amaba sin exigirle nada a cambio.
-Sabes que para ser la oveja negra de la familia tengo que mantener cierta reputación.-Terry le guiñó el ojo.-Pero ya estoy en casa y me comportare, ¿Dónde esta Marck?
-Sabes que las noticias corren muy rápido y en cuanto se entero que habían llegado visitas fue a intentar verlas de primera mano.
-Me voy a poner celoso a mi ni siquiera me saludo.
-¿Pero en cuanto te vio vino a decírmelo?
-Solo por eso esta perdonado, esta vez si que se escondió bien no lo he visto al salir del despacho.
-Me alegro, sabes yo conocía ala madre de las muchachas era un ángel, y tu la querías mucho.
-Eso ya me lo dijo mi padre.
-Pobrecita, la gente fue muy mala con ella y con su esposo solo por que el no era un aristócrata.
-Así que era pobre, tal vez sus hijas solo son unas oportunistas.-Mary le dio con una cuchara en la cabeza.-Auch eso dolió.
-Te lo tienes merecido, jovencito, no sabes nada de esas pobres criaturas y ya las estas juzgando.
-Muy bien no emitiré mi juicio hasta no haberlas conocido, contenta.- Mary solo asintió.-Cuéntame mas de sus padres.
-Realmente no se mucho, lady Elizabeth era joven y muy bella, espero que sus hijas sean como ella…como decía era una de las jóvenes mas bellas que esa temporada produjo Londres, su destino debió haber sido casarse con un Duque o por lo menos un Conde, pero ella se enamoro de un comerciante Americano y se fugo con el.
-Vaya escándalo.
-Sus padre jamás la perdonaron y a ella muy poco debió importarle por que al año de casada se fue a América con su esposo y nunca volvimos a saber de ella, es una lastima que muriera.
-Si una verdadera lastima.
El Duque miraba a las tres jovencitas de arriba abajo buscando algo familiar en ellas, tenia que admitirlo las tres eran sumamente hermosas, no le extrañaba que su antiguo tutor hubiera querido a rastrar a la mayor al altar, seria fácil conseguirles maridos, al fin sus ojos se posaron en la pequeña Josie, ella era un retrato en miniatura de su prima.
-Lamento la perdida de su madre.
-Gracias…
-Tío Richard, llámenme así, tu eres.
-Candy la mayor, ella es Annie y la mas pequeña es Josie es la que mas se parece a mama.
-Lo se es casi idéntica a ella, lamento que su madre no mantuviera contacto conmigo.
-No era usted.
-Bueno eso ahora ya no importa, ahora que están aquí espero que se sientan como en su propia casa, pasaremos aquí una temporada y luego iremos a Londres supongo que deberemos arreglar lo de tu presentación en sociedad esta primavera.
-Ho no será necesario tío.
-Ya lo creo que si ¿Cuántos años tienes Candy?
-17 en Mayo cumplo 18.
-Justo lo que imaginaba, es necesaria tu presentación en sociedad no queremos que piensen que tratamos de ocultarte por algún defecto.
-¿Pero por que pensarían algo así?
-Por que el chisme es lo que los motiva a la sociedad, ¿y no queremos que hablen por que si verdad?, y menos si eso puede afectar a tus hermanas en el futuro.
-Ahora se por que mi madre no tuvo deseos de regresar a este país.
-Hablando de tu madre encargare a mis abogados que se encarguen de investigar lo de su herencia.
-Gracias tío, es mas de lo que esperábamos.
-Ni hablar para que es la familia, y ahora será mejor que tomen un baño y descansen un rato antes de la cena, su equipaje no deberá tardar en llegar.
Las habitaciones que el Duque les asigno eran preciosas y también se encargo de que cada una tuviera una doncella para ayudarlas con su arreglo, Candy se miro en el espejo y aun tenia en algunas partes manchas de lodo, así que se alegro que su tío, no le diera importancia a su aspecto, ni a las circunstancias con las que habían llegado a su vida, tomo su baño con gusto y luego tomo una pequeña siesta estaba tan cansada.
A la hora de la cena sus hermanas pasaron por ella, la señorita Pony les dio ánimos antes de verlas bajar por las enormes escaleras, Anne y Josie caminaban delante de ella, podían oír las voces y las risas que escapaban de los labios de los ocupantes del comedor, el mayordomo les abrió las puertas.
Lord Richard se puso de pie al igual que Terry para darles la bienvenida.
-Buenas noches tío, las tres lo saludaron para posar su mirada en el desconocido para una y no tan desconocido para otras.
-Tú la pequeña pecosa del barco.
-Tú el grandísimo idiota del barco.
Lord Richard Grandchester, ajeno a la repentina hostilidad que crepitaba en el ambiente, siguió:
-Terry, aún no te he presentado a tus jóvenes primas acaban de llegar de Paris, que coincidencia tu también acabas de llegar del continente. Permítanme ella es la mayor de las tres.-Lord Richard tomo la mano de Candy.- Te presento a la señorita Candy White Elizabeth Britter.
-Candy, este es mi hijo Terrence Grandchester.-Finalizó el Duque con una sonrisa de oreja a oreja, mientras depositaba la mano de Candy en la de Terry.
Él se movió un poco hasta que le hizo una pequeña reverencia.
-My Lord... -Lo saludó con el corazón desbocado al tiempo que ejecutaba una torpe reverencia.
-Señorita... Britter.
La observó desconcertado. Su sedoso cabello brillaba a la luz de las velas con un encantador e intenso matiz rubio dorado; lo había intentado recoger en un elegante moño que acentuaba la firme línea de su mentón y el grácil arco de ese blanco cuello.
Su absorta mirada se dio un festín con la gran extensión de piel sedosa que el amplio escote de su vestido dejaba a la vista en un tentador despliegue de curvas femeninas.
La muchacha tenía un cuerpo bonito, pensó con admiración a medida que ella se alejaba. Precioso más bien, con unas curvas voluptuosas listas para caer en su experta seducción.
Inclinó levemente la cabeza para seguir sosteniéndole la mirada cuando se aparto por completo de su lado para ser presentado a las otra dos jovencitas las cuales estaba seguro cuando tuvieran la edad de la mayor seguro serian igual de lindas y seductoras como la pequeña pecosa.
A pesar de que a Terry no le agradaba con vivir con tanta gente, la cena para el fue aun así bastante placentera y no dejaba de mirar fijamente a Candy de vez en cuando, mientras escuchaba atento a la pequeña Josie, de las tres ella ya le había brindado su confianza absoluta, mientras que Annie se comportaba tan tímidamente que temía que si le dirigía completamente su atención seguramente se desmayaría de la impresión, mientras Candy trataba de ignorarlo lo mas que podía y eso lo divertía como hacia mucho tiempo algo no lo hacia.
Terry estaba decidido su estancia en Escocia iba a ser muy placentera si la pecosita se enojaba tan fácilmente como recordaba, la haría rabiar, y mas por que desde la ultima media hora todo mundo estaba fascinado con las anécdotas de sus viajes por el mundo y ella fingía que no le interesaba lo mas mínimo, que el le era indiferente y eso merecía una lección que el gustoso le iba a dar.
-Creo que Terry estará encantado de llevarlas a montar con el.
-Claro padre para mi será un verdadero placer mostrarles la propiedad y sus alrededores.
-Gracias Terry, hace tanto que no montamos a caballo, a pesar de que nos encantan.
-¿En serio Josie?
-Claro nuestra madre era una excelente creadora de caballos pura sangre Candy, en cuanto tenga una gran propiedad aquí en Londres piensa traer los caballos que tenemos en América.
-No sabía que te gustaban los caballos tanto para crearlos.
-Se que no es nada femenino, pero mi madre desde pequeña me enseño a diferenciar a un buen caballo de uno no tan bueno.
-Bueno mañana montaremos temprano, y espero que no les encuentres peros a las cuadras de mi padre.
-No lo creo.
Apenas estaba amaneciendo cuando los tres salieron a un galope ligero cada uno montado en un hermoso caballo, Candy no dejaba de admirar el paisaje nevado, Escocia eran sumamente hermosa, cuando llegaron al lago la vista la sorprendió su superficie brillaba, el hielo comenzaba a reflejar los rayos del sol.
-Es una lastima que Annie se perdiera esto.-Comento Candy señalando la magnifica vista del lago.
-¿Por qué no vino?, tal vez debimos venir mas tarde.-Josie se rió.-¿Qué están gracioso señorita.-Nada, Annie no vino por que la intimidas un poco, no por la hora.
-Que bueno que a ustedes dos no lo hago.
-A Candy nadie la podría intimidar y tu eres tan lindo que dudo que alguien a parte de Annie se intimide con tu presencia.-Candy escuchaba a Josie, mientras fruncía el seño que no la intimidaba, su hermanita no tenia ni idea, solo que cuando estaba en su presencia tenia muy poco tiempo de analizar como la hacia sentir.
-Ya lo veremos.
-Terry podemos correr un poco.
-No es peligroso, cuando conozcas el camino, podrás hacerlo no querrás que el caballo te tumbe como un costal de papas verdad.
-Ho no una vez ocurrió y es demasiado doloroso.
-¿Cuándo paso eso?
-Hace mucho tiempo, y por nada del mundo me gustaría repetir la experiencia.
-Genial, vengan descansaremos aquí un rato y luego volveremos a casa a tomar un suculento desayuno.
Terry bajo de su caballo y ayudo a Josie a descender de su montura, por que Candy de un salto se las arreglo ella sola, mientras el atendía a su caballo Josie y Candy hicieron lo mismo con los suyos.
-Teodora es preciosa.- Dijo Candy acercándose a darle un terrón de azúcar en la boca.-Estoy segura que sus crías serán preciosas, siempre que el padre valga la pena.
-No tendrás a alguien en mente verdad.
-No.
-Creí que tenias caballos de cría en América.-Candy observo a Josie alejarse bastante de ellos dos antes de contestar.-No se que es lo que aun conservo allá.
-Entiendo.-Terry se le quedo mirando, evaluándola, listo para atacar a la primer provocación, al igual que ella al parecer ninguno de los dos había olvidado sus desavenencias de sus primeros encuentros.
-¡Candy!-El grito de Josie los distrajo.-Que ocurre Josie.- Candy llego jadeando a su lado, y Terry iba pisándole los talones.
-Nada solo que creí que te encantaría ver eso. Dijo señalando a un enorme árbol que formaban parte del bosque.-Es precioso.
-Lo se, cuando le cuente a Annie se morirá de envidia.
-Recuerda que esta mal ser mezquina.
-Muy bien yo no diré nada de lo que vi. Al menos que me pregunte, de acuerdo. Pero aun así se morirá de envidia. Ya debe estarse arrepintiendo por no haber venido
-No se ni por que e molesto con ustedes dos a veces creo que son una causa perdida.
-No puedo creer que tu les digas a tu hermanas como deben comportarse.-Dijo Terry a sus espaldas, Candy se voltio y le clavo una mirada que en cualquier lado reconocerían como cállate o atente a las consecuencias por lo cual Terry no hizo ningún comentario mas al respecto.
-Creo que ya hemos tardado demasiado señoritas, ya es hora de volver a casa.- Las dos estuvieron de acuerdo.
Al regresar al lugar donde los caballos se encontraban amarrados Candy se llevo una sorpresa.
-¡No puede ser mi caballo se ha ido!
-Debí suponer que aun tenia esa maña de morder las riendas, no le gusta estar amarrado.
-Josie tendré que montar contigo.
-Pero mi caballo es muy pequeño para llevarnos a las dos y tú últimamente estas más gordas.
-¡Josie! Esas cosas no se dicen además de que es una mentira.-Terry escuchaba bastante atento la platica de las dos.
-Yo misma oí cuando tú y la señorita Pony decían que algunos de tus vestidos ya no te quedaban de las caderas y de los pechos.
-¡Josie cállate ya¡
-Pero es la verdad.
-Por favor hermanita estas cosas no se hablan frente a los hombres.
-Ho, entiendo.- ambas voltearon a ver a Terry, Candy quiso golpearlo el idiota le estaba observando los pechos.
-Ahora como se supone que volveré a la casa.
-Puedes venir conmigo Teodora es fuerte te aguantara.
-¿A caso insinúas que estoy gorda?
-Jamás seria tan osado.
-Que bien por que no vivirías para contarlo, vamos a casa.
-Cuando usted diga mademoiselle.
Candy montaba totalmente rígida delante de Terry, por ningún motivo quería que su cuerpo rozara con el de el, mientras el tampoco la estaba pasando muy bien, la pequeña Josie se había adelantado bastante, pero aun estaba en su capo de visión.
Cuando pasaron muy cerca de un árbol una rama baja estuvo a punto de golpear a Candy, pero Terry maniobro para evitarlo siendo el, el que sufriera el impacto.
Cuando llegaron el mozo de cuadra los estaba esperando, Candy le dio las gracias y entro corriendo a la casa, Terry corrió tras de ella por suerte Josie ya había subido a su propio cuarto, Terry llego antes que ella a la escalera deteniéndose a mitad de esta. Ella se detuvo a un paso, guardando una prudente distancia.
Muy a su pesar, Terry le dedicó una sonrisilla arrepentida que destilaba admiración. Ella lo miró con expresión temerosa, pero el rubor que le tiñó las mejillas fue casi del mismo tono que su bufanda. Cuando esos ojos azules lo recorrieron a su vez, oscureciéndose a medida que la observaban, sintió un excitante escalofrío.
Terry había deseado poder encontrarse a solas con ella desde el momento en que la vio atravesar las puertas del comedor acompañada de sus hermanas y mas desde que lo ignoro categóricamente, pero su deseo por estar a solas con ella se acrecentó por el deseo de darle una lección, pero de súbito no se trataba tanto de darle una lección sino de perseguir su propio deleite.
-Bueno.-Dijo ella, ocultando el brillo interesado de sus ojos tras sus largas pestañas.-Confío en que nos llevemos mejor ambos nuestro humor siempre a estado presente en todos nuestros encuentros, My Lord.
-Ahora sí que nos llevaremos muy bien.-Replicó él con un susurro aterciopelado.- Usted, mi querida señorita Britter, es el sol en medio de este frío y oscuro invierno.-Le cogió con delicadeza una mano y se la llevó a los labios, inclinando la cabeza para depositar un galante beso en sus nudillos.
-Ni lo intente.-Le advirtió ella en voz baja, y la amonestadora sonrisa que esbozó hizo que Terry sintiera su poder femenino con todos los sentidos.
Cuando le soltó la mano, ella se levantó primorosamente la falda de su vestido y comenzó a ascender por la escalera.
-¿Qué es lo que no debo intentar? -Quiso saber al tiempo que subía un par de escalones, mientras la hacia voltear para poder colocarse frente a ella.
El movimiento le permitió cerrarle el paso e hizo que quedaran a la misma altura, ya que la muchacha estaba dos escalones por encima. Colocó el pie en el escalón en el que ella se encontraba se acercó más. Lo bastante para besarla. O para que lo abofeteara. Candy no hizo ninguna de las dos cosas, sino que lo estudió con expresión escéptica.
-Mire.-Comenzó sin rodeos, tomando las riendas de la situación con un aire de autosuficiencia que le resultó de lo más adorable.-Parece que hemos empezado con el pie izquierdo desde que nos conocimos en el barco. Creo que lo más sensato sería decir que ambos actuamos mal, pero eso carece de importancia. Puesto que ninguno de los dos tiene la más mínima intención de pedir disculpas. ¿Ho me equivoco respecto a usted?
Terry clavó la mirada en sus labios mientras hablaba. -Creo que somos uno a en ese aspecto.
Ella se ruborizó por la sutil insinuación y fingió no entender el doble sentido de la expresión.
-Bien. Pues pongamos todo de nuestra parte para llevarnos bien durante el tiempo que tengamos que pasar bajo el mismo techo, ¿le parece? Después usted se apartará de mi camino y yo me apartaré del suyo.
-De eso nada.-Musitó él.
Candy lo fulminó con la mirada y procedió a pasar por su lado, con tanto aplomo como su pequeño y resistente cuerpo lo permitía, Candy sentía que era un pequeño barco en mitad de una tormenta en el Atlántico.
Los ojos de Terry relampaguearon hambrientos ante el desafío cuando ella pasó indignada por su lado. Sus amigos indus le habían enseñado que había ciertos animales salvajes de los que jamás se debía huir. La huida solo despertaba el instinto de caza del depredador.
Alguien debería habérselo advertido a Candy.
Con otro salto felino, aterrizó ágilmente delante de ella y se apoyó en el pasamanos con una agradable y seductora sonrisa.
-Da la casualidad de que tengo una proposición que hacerle, querida.
-Oh, estoy segura de que tiene un repertorio completo de proposiciones, My Lord.
-Hablo en serio. Escúcheme.
Ella dejó escapar un suspiro hastiado, pero sus ojos centellearon al enfrentar su mirada juguetona. -Muy bien, lo escucho.
-Propongo una tregua.-Le dijo.- Admitiré que mis modales no fueron los mas apropiados, si usted admite que los suyos no son los de una dama, y por supuesto que es una pequeña pecosa. ¿Qué dice?
-Mmm... -Fingió estar indecisa mientras le sostenía la mirada-. Supongo que al menos deberíamos intentar llevarnos bien, ya que un enfrentamiento entre ambos durante mi estancia alteraría a su padre.
-Precisamente.
-Pero ¿aún corro el riesgo de que me sigas llamando pecosa, siendo que casi no tengo pecas? Terry esbozó una sonrisa irónica.
-Veo que últimamente no te as visto al espejo. Jamás diría algo que no fuera verdad, chérie
-No me digas chérie no me gusta.
-Aunque es una lástima que me obligues a mostrar clemencia. Estoy seguro de que podría haber utilizado esa amenaza para arrancarle un montón de favores de lo más interesantes.
-No me cabe la menor duda. -Lo estudió un instante y levantó la mano hacia su mejilla para inspeccionarle el arañazo con conmiseración-. Su pobre rostro. Es culpa mía.-murmuró-. ¿Le duele mucho?
Por un instante fue incapaz de respirar, mucho menos de hablar, aturdido por esa caricia tan ligera como una pluma.
-No.-consiguió contestar con voz ronca. La inocencia de ella lo desarmaba y estaba a punto de ponérsele de rodillas para rogarle que lo amara. Pero el no buscaba el amor de nadie.
-Me alegro de que no fuera nada serio.
Se encogió por el abandono cuando ella apartó la mano y la bajó de nuevo a su costado, pero su cándida sonrisa estuvo a punto de acabar con él. Una sonrisa que dejaba a la vista las diminutas pecas que aun no desaparecían en sus sonrojadas mejillas y que iluminaba sus ojos verdes, Confiriéndoles el tono de los prados durante la primavera. Era incapaz de apartar la mirada. Era la sonrisa más generosa y radiante que había visto jamás, y también la más amable. Tuvo la extraña sensación de que se había adentrado en territorio desconocido mientras un millar de preguntas acerca de ella le estallaban en la cabeza, como si de fuegos artificiales en una noche de verano se tratara. ¿Quién era ese ángel? ¿De dónde había salido? De repente quiso averiguarlo todo sobre ella.
-Muy bien.-Accedió ella con jovialidad.-Acepto su tregua, lord Grandchester. Y ahora deberíamos apresurarnos. Dentro de poco se servirá el desayuno y por nada del mundo me gustaría llegar tarde My Lord.
-¿Me permite? -Le ofreció el brazo.
Ella sonrió de nuevo al tiempo que lo miraba con cautela y aceptaba su brazo. Terry le correspondió con una sonrisa arrebatadora de su propia cosecha a la par que absorbía la descarga de energía semejante a la de un rayo que provocó el contacto. Ella también pareció notarlo, ya que se apresuró a apartar la mirada con un encendido rubor en las mejillas. Intercambiaron otra mirada cauta aunque un tanto embobada, pero no cruzaron más palabra mientras terminaba de subir las escaleras y cada uno se dirigía a su recamara.
La melancolía, ese sentimiento exagerado, era un capricho muy poco habitual en un hombre como Richard que se deleitaba con sus excentricidades y con su habilidad para disfrutar de la vida a pesar de que esta no le sonriera demasiado. No obstante, con la mirada perdida en la enorme ventana y a la espera de que los demás se reunieran con el, Richard Grandchester tuvo la firme impresión de que su vida se estaba volviendo cada vez más vacía.
Y así era. Desde que sus hijos habían crecido las risas se habían escapado de ella. Eso era lo que mas sentía su vida había sido agradable por que contaba con la alegría de sus pequeños pero ahora cada uno se estaba forjando su destino, y el no estaba incluido en el, con los únicos dos con los que mas convivía eran su pequeña hija, Margaret y tal vez pronto se casaría y también ella lo apartaría, y solo le quedaría Terry.
Terry, no se había atrevido a preguntarle que era lo que había pasado en su viaje a Paris el sabia muy bien que Eleonor se encontraba viviendo ahí, la ultima vez que la había visto, Terry tenia diez años y ella lo había despreciado, no se había cansado de gritarle que era un desgraciado y nunca le perdonaría todas las lagrimas derramadas por su culpa, había jurado que se llevaría a su hijo, pero algo había pasado, nunca se presento de nuevo a reclamar la custodia de el.
Eleonor era la única mujer que había amado y estaba seguro que seria a la única que amaría en su vida, a veces echaba la vista atrás a su vida y creía estar orgulloso de cómo la había vivido.
Como heredero del ducado desde niño sabia que se esperaba de el, y estaba dispuesto a cumplir con su deber, hasta que la vio, sus ojos azules le atrajeron como dos imanes, era todo lo que un hombre podría desear, y no paro hasta hacerla su esposa, y se hubiera marchado con ella y desaparecido de la faz de la tierra si su padre no lo hubiera encontrado antes.
Pero a pesar de su perdida había llevado una vida alegre, sí, señor. Aunque se había casado de nuevo sin el mas mínimo entusiasmo, agradecía a dios haberlo compensado con otros tres hijos los cuales por suerte no habían ni heredado el carácter de su madre y gracias a dios ni el de su padre, ni el de el, estaba seguro que ellos jamás serian manipulados por nadie solo le preocupaba Margaret, seguramente ella tendría que luchar mas que los otros para lograr ser feliz debido a su madre.
Tenía una gran cantidad de recuerdos maravillosos y no se arrepentía de nada...Salvo de algo en concreto. Algo que entró en ese momento. Algo alto, moreno y arrebatador con su traje negro...Decidió hacer caso omiso del arete. Después de todo el en algún momento de su vida también había hecho cosas extra vagantes. El deslumbrante blanco de su sonrisa era tan encantador como siempre, pero el mejor que nadie sabia que su amado hijo estaba en un lugar inalcanzable, que llevaba encerrado en su interior demasiados años, oculto tras las enormes murallas del sufrimiento. Después de todo lo que había pasado el. No soportaba pensar que el quería vivir su vida completamente solo, que no tenia la mas mínima intención de formar su propia familia.
-Buenos días padre, ¿Descansaste bien?
-Buenos días Terry, que tal estuvo la cabalgata.-Terry se sentó en la mesa y respondió no dándole importancia al asunto.
- Etenido mejores, pero esta no estuvo mal.
A Richard no le sorprendió su respuesta, su hijo no le daba importancia a muchas cosas así que supuso que sus primas le daban igual. Sin embargo, para su sorpresa en cuanto Candy y sus primas llegaron, Terry no dejo de recorrer con la mirada a Candy, incluso la ayudo a sentarse mientras apenas y presto atención a las otras dos. Richard sonrió, encantado de ver que su nueva pupila podría ser lo que su hijo necesitaba.
¡Caramba! La jovencita era de lo más encantadora y cuando sonreía iluminaba el lugar donde se encontraba. La saludó con un gesto regio de la cabeza. Aunque le intrigaba verlos tratarse también después de la misteriosa charla que había escuchado en las escaleras apenas hacia unas horas.
Observó que formaban una pareja muy atractiva mientras Terry se acomodaba en su silla al lado de ella: Terry, piel bronceada y sofisticado; Candy, de piel blanca y dulce. Parecían tan cómodos juntos como si se conocieran de toda la vida. No tardó en verse rodeado por el brillante resplandor de su vitalidad. Aunque, tan perspicaz como siempre, se percató al instante de las sutiles miradas que se dirigían el uno al otro. Vaya, vaya, pensó. Esa sí que era una situación de lo más curiosa. Claro que, si separaba a pensarlo, había algo de lo más misterioso en la actitud de su hijo respecto a ella. Era un comportamiento muy peculiar, sobre todo para Terry.
Fue entonces cuando se percató de que Terry miraba a Candy con un brillo voraz en los ojos. En cuanto a Candy, correspondió a la mirada con una de sus tiernas sonrisas y un ligero rubor.
¡Válgame Dios!, pensó Richard. Solo fue una mirada fugaz, pero eso era todo lo que necesitaba, para darse cuenta que ahí había una posible pareja, tal vez y cuando la primavera llegara hasta una posible boda, suponiendo que el cabezota de su hijo no lo arruinara todo. El se encargaría que lo de ellos dos fuera por el camino correcto.
Recorrió la mesa y la pequeña Josie le guiño el ojo, mientras le lanzaba una mirada cómplice a Anne que intentaba ocultar su sonrisa detrás de la servilleta, vaya al menos el no era el único que lo había notado.
Bueno la tregua no podía durar demasiado.
-¡Lo mato! Tal vez podría alegar locura temporal o algo así.-Candy retorcía la bufanda que le estaba haciendo por su cumpleaños.
-No se ni por que te lo conté, debí suponer que te pondrías medio loca.-Dijo Josie mientras se metía un pedazo de pastel a la boca.-No estas de acuerdo Annie.
-¡Claro que no y no hables con la boca llena es desagradable, se te ve la comida!
-Solo lo dices por llevarme la contraria, pero Marck y yo estuvimos de acuerdo en que la situación fue muy graciosa y Terry se rió mucho al saber que eras tú.
¡Joshepine Britter, tu mi hermana te as reído a mis espaldas con el enemigo!
-¿Qué enemigo, ya no entiendo nada?
-¡Claro que no eres medio tontita para entender a veces?-Dijo Anne tomando con delicadeza su taza de te.
-Claro soy medio menza por que, por desgracia tengo tus genes, y con alguien tan tonta como tu es obvio que algo se me pegara.
-Candy puedo golpearla, nos ha llamado tontas.
-Olvídate de eso creo que a veces Josie tiene razón.
Josie aplaudió, aunque de repente se detuvo para ver a sus hermanas.-No hablas enserio, verdad no creo que seamos tontas.
-Pues yo si, era más que obvio, quien era el dueño del carruaje que me baño, si sumas uno mas uno siempre salen dos.
-Si tú lo dices, lo olvidaras verdad.
-Lo intentare.
-Eso es un no.-Josie le susurro a Anne al oído, mientras Anne le respondía igual.-Definitivo.
Candy se encontraba en la biblioteca, cuando Terry entro.
-Justo la persona que andaba buscando, Josie me dijo que estabas molesta y no entiendo el ¿Por qué?, que yo sepa aun no te e hecho nada, que amerite tu enojo.
Candy buscó su mirada cuando Terry empezó a hablar, pero, a medida que asimilaba el significado de la frase completa, sus ojos se abrían desmesurados.
-¿Cómo que no sabes el por que, te parece poco lo que me hiciste?
-¡Yo no te hice absolutamente nada!... ¿Pero si quieres le ponemos solución?...
Antes que sus mejillas se tiñeran una vez más de intenso carmesí, intentó salir corriendo, pero no con la suficiente velocidad. Terry corrió detrás de ella con pasos tan largos que en pocos segundos recorrieron la distancia que los separaba. Antes que Candy pudiera pensar siquiera en gritar, la volvió contra sí para estrecharla entre sus brazos y la besó.
En esos primeros instantes Candy no sintió otra cosa más que estupor, que luego se transformó en miedo por lo que Terry acababa de hacer y decir. No lograba tocar el suelo con los pies. El le tiraba de la base de la nuca, hacia atrás para que no pudiera oponerse a la exigencia de su boca. Candy trató de defenderse golpeándole los hombros y brazos, pero no logró alcanzar su pecho porque él la tenía abrazada con demasiada fuerza.
No le gustó lo que estaba haciéndole. Le lastimaba la boca. Estaba segura de que le quebraría una costilla con el brazo con el que la sostenía en el aire. Sentía que le arrancaba unos cuantos cabellos de la nuca no sólo por el modo en que el tiraba de su cabeza sino también por su propio forcejeo. Tampoco podía respirar, el instinto de conservación la obligó a inspirar un poco de aire por la nariz. Pero eso solucionó sólo una parte muy insignificante de sus problemas. Por consiguiente, siguió golpeando, empujando y tirándole del cabello, pero Terry parecía inmune, y seguía aprisionando la boca de Candy con la suya.
A Terry le llevó un tiempo darse cuenta de que Candy estaba forcejeando con él, de verdad, sin la menor dramatización, Fue una experiencia única, pero entonces también era la primera vez que perdía los estribos de tal manera que no alcanzaba a entender que su desenfrenada pasión no era correspondida. Finalmente, tomó conciencia de sus actos y miró a la víctima de su locura, No había lágrimas en aquellos inmensos ojos verdes, sino algo más que cautela, algo muy parecido al temor
Candy se limpio la boca con la manga de su vestido.-Niu, eso fue asqueroso.
-Terry la miro perplejo.-No se suponía que lo fuera, mis besos nunca causaron ese efecto en nadie.
-Pues My Lord no se como alguien puede encontrar algo agradable, en que lo babeen, aparte de que me jalo del cabello y casi me rompe las costillas.- Hacia mucho tiempo que Terry no se ponía rojo de vergüenza.
-Si no hablaras tanto esto jamás hubiera pasado es tu culpa.
-¿Mi culpa? Solo eso me faltaba, ¿Qué culpa tengo yo de que tengas los modales de un cerdo?
-Me estas tuteando ya sabia yo que, querías una relación mas cercana.-Terry comenzó a acercarse de nuevo.-Solo tienes que pedirlo pecosita.
-Atrás Satanás.-Terry comenzó a reírse.-Hablo en serio no te me acerques y menos para intentar eso tan asqueroso de nuevo.-Candy intento empujarlo con las manos.
-No te preocupes pecosita jamás volverá a ocurrir eso de nuevo.-Candy le sostuvo la mirada esperando que con eso se amedrentara pero no lo hizo solo hizo que el la tomara con firmeza de nuevo de la cintura.-No luches solo te lastimaras.-No lucharía, se mantendría indiferente a su abrazo, a su beso, aunque le estaba costando bastante trabajo, para empezar sus manos la acariciaban como si fuera sumamente delicada, haciendo que su cuerpo despertara al deseo, sus labios estaban cerrados y aunque había querido cerrar sus ojos simplemente no había podido.-Creo que aun no lo estoy haciendo muy bien. Candy cierra los ojos y déjate llevar, lo disfrutaras.-Ella meneo la cabeza aun lado en señal de negación, estaba decidida a no disfrutar nada o al menos a que el lo creyera, por que al mover su cara sus labios se rozaron con su lengua haciéndola sentir tan dulce y delicada.
Este beso era tan distinto al primero, el no reclamaba, daba y al hacerlo Candy se vio arrastrada por el deseo que habitaba en su cuerpo, sus manos pronto se deslizaron al cuello de Terry y como buena alumna decidió pedir mas, ahora su boca era la que exigía, la que exploraba, sus manos no permanecieron quietas en su cuello, se dio el lujo de recorrer su espalda e incluso situarlas en su trasero, sentir la masa de músculos firmes debajo de su mano era un placer erótico que jamás se había imaginado, tan metida estaba en sus exploraciones y el placer que Terry le estaba dando a su cuerpo que no se había dado cuenta, de las exploraciones de el a su cuerpo.
Cuando Candy comenzó a explorarlo Terry se sintió en el mismísimo cielo, nunca imagino que una de sus típicas pelas con la pecosa pudiera terminar así, y la verdad es que lo estaba disfrutando, sus besos comenzaron a bajar por su cuello, y con una habilidad innata en el ya había logrado desabrocharle los botones de el frente de ese horrible vestido que llevaba, el vestido comenzó a salirse de su lugar dejando entre ver su ropa interior, Terry metió la mato para explorar la dulce curvatura de su pecho y luego buscar su suave punta para que cuando la encontrara comenzar a masajearla, hasta ponerla inihesta lista para saborearla en su boca, cuando su boca comenzó a descender de su cuello Terry pudo sentir las manos de Candy presionándole las nalgas, para evitar que dejara de besarla.
Con el vestido totalmente abierto del frente el corsé totalmente desabrochado y sus pechos total y absolutamente expuestos a los deseos de Terry Candy no hacia otra cosa que suspirar, mientras sus manos se aportaban del firme trasero de el, la conciencia estuvo a punto de hacerse presente justo en ese momento, pero cualquier pensamiento coherente quedo hecho aun lado, cuando los dientes de Terry se apoderaron de su pezón y las sensaciones se hicieron mas intensas llevándola a la locura, sus manos se enterraron en su cabellera, sintiendo la suavidad y la sedosidad de su cabello en las yemas de sus dedos, mientras Terry saboreaba, besando , mordiendo, subcionando uno y otro pecho, mientras sus manos se perdían debajo de su falda, acariciando los muslos descubiertos y metiendo las manos entre los ligeros, a la vez que poco a poco subía, cada vez un poco mas, seguramente Candy no hubiera protestado si el la hubiera desnudado por completo en ese preciso momento, después de todo ni si quiera se había inmutado cuando sintió la presión de algo duro en su estomago, muy por el contrario solo había contribuido a excitarse mas, por suerte para ella no tuvo que investigar que hubiera pasado por que ruidos de pasos acercándose pusieron alerta a Terry, separándose de ella.
Candy se quedo desorientada cuando Terry suspendió sus caricias, pero pronto pudo recuperar algo de conciencia del lugar donde se encontraba y como estaba, cuando iba a hablar Terry le hizo señas de que guardara silencio, apenas y se atrevía a moverse, pero cuando Terry intento volver a besarla, la conciencia de sus actos y de sus consecuencias la golpeo como una cubeta de agua helada.
-¡Por dios que me ha hecho!-Terry enarco una ceja.
-Te recuerdo que estabas más que cooperativa.- Candy lo miro enojada mientras intentaba arreglar su aspecto.
-¡Eso ya lo se idiota!
-Nada de insultos pecosita, no al menos después de cómo me besabas por que se que te encantaron mis besos.
-Deja de llamarme pecosa y yo te dejo de llamar idiota, tengo que admitir que sus besos estuvieron aceptables, aunque como no los e comparado con nadie mas ¿no se si son buenos o no?
-No tienes que compararlos con nadie, para saber si ¿son buenos o no?, simplemente lo son.
-Vaya que tenemos aquí al hombre más arrogante de la tierra.
-Solo digo la verdad…si no me crees puedo dejártelo mas que claro.-Terry arrincono a Candy en la pared mientras le acariciaba con los nudillos de su mano, la mejilla y hay estaba de nuevo las sensaciones que el le despertaba cada vez que el la tocaba.
-Cre...creoo que.
-¿Qué es lo que crees Candy?- Terry le susurro al oído, Candy no podía pensar mucho cuando la tocaba.
-Creo que mejor voy a ver a mis hermanas.-Candy logro safarse de la prisión de Terry bajando por debajo de su brazo y corriendo prácticamente para poner la mayor distancia posible entre ella y Terry, cuando se alejaba logro escuchar que el le gritaba.
-Cobarde.-A lo que ella le respondió.
-Cobarde si…pero idiota nunca.
Terry no pudo evitar reírse por su último comentario.
Continuara….
Termine ¡Bravo! Si tengo que aplaudirme me las he visto negras para poder usar mi maquina, pero lo logre, bueno espero les guste, con mucho cariño, ¡Hay chicas mil gracias por sus comentarios! Me encanta abrir mi correo y encontrar mensajitos suyos, bueno tratare de moverme, para pronto tener otro capitulo, ya saben dudas, quejas, sugerencias, a mi correo .
