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Juegos de Amor
Capitulo 5.
-No Es tan malo. No están malo, realmente no lo es.- Candy creía que si repetía suficientes veces, todo estaría bien.- Solo da un paso luego otro y otro y cuando te des cuenta todo habrá terminado.- Realmente no era tan malo todo,después de analizarlo a conciencia, bueno en realidad de darse cuenta que nada podía hacer para evitar estar en ese lugar y en ese momento pero sobre todo con esa persona (Terry) le había llegado la resignación, solo que caramba ya llevaba mas de diez minutos a fuera del cuarto de estudios sin decidirse a entrar, mas bien sin que sus pies se decidieran a caminar rumbo a su destino.
-Muy bien no soy tan fuerte tal vez mañana pueda intentarlo de nuevo, nadie puede decir que no lo intente.-Y por poco hubiera logrado escapar de no ser por que la puerta se abrió justo antes de que se perdiera por una esquina.
-Candy justo iba a buscarte.
¿Qué podía hacer? ¿Qué excusa seria creíble? ¿Por qué en los momentos importantes simplemente la mente se le ponía en blanco? Josie la estaba examinando o solo se lo imaginaba.
-¿Ocurre algo?
-He, no nada.- Soltó un suspiro de resignación, y camino en dirección a su hermana, la próxima vez no pensaría tanto en como justificarse, simplemente no se presentaría, mejor no lo haría parada a escasos metros del cuarto de estudio, tomo a Josie del brazo para encaminarse juntas a su tortura, por que eso era estar con Terry una gran pero gran tortura.-Vamos no los hagamos esperar mas.
-¡Oye pero si la espera a sido tu culpa!
-Lo se, lo se.
El cuarto de estudio era enorme, y Candy estaba segura que de no haber sido por la enorme chimenea seguramente estaría helada, Terry estaba sentado junto a Anne enseñándole un libro, se veía hermoso como un ángel caído del cielo, para deleitar a las simples mortales, levanto sus ojos para verla y en su hermoso rostro se dibujo lo que podría haber sido una sonrisa, a Candy se le hubiera caído la baba de no ser por que acompañada de ese asomo de sonrisa, sus ojos, se burlaban de ella.
-Buenos días Candy.- Su nombre en sus labios sonaba como canto de Ángeles.- Creímos que ya no vendrías.
-Lo siento, es solo que…-Piensa, piensa.-Tenia que escribir una carta.- Vez como no fue tan difícil.
-¿En serio?
-Claro.-Acaso creía que no conocía a nadie en el mundo, bueno técnicamente así era, pero ahora que su situación había cambiado, era hora de que intentara recuperar sus amistades del pasado.
-¿A quien le as escrito Candy?
Rayos por que su hermanita tenia que ser tan curiosa, Candy se mordió el labio, rogando a los santos y a quien quisiera escucharla ayuda.
-A Tom.- gracias dios.
-¿Quién es Tom?- Pregunto Terry mirándola fijamente, poniéndole la mente en blanco, que suerte que tenia a la dulce Anne a su lado para responder.
-Tom es un amigo de America, mas como un hermano, cuando murió mama su papa se iba a ser cargo de nosotras, pero monsieur Labat, no se lo permitió, el fue el que contrato al abogado que localizo a tu papa.
-A entiendo, entonces estamos en deuda con el.
-Así es.
-Antes de que la envíes puedo escribir algo.
-Claro, Anne tu también deseas escribir algo.
-No gracias, solo manda saludos por favor.-Candy asintió con la cabeza.
-Mira Candy.- Dijo Josie jalándola de la mano y acercándola a donde estaba Terry y Anne.- Es una guía nobiliaria de hace veintiún años, con la lista de todos los pares del reino e información sobre ellos y sus familias. Se la quito a Terry y fue a abrirla sobre la mesa.
Lady Caroline Peckworth...ese era el nombre de su abuela, casada con Lord Pecworth, Barón de…No tardó en encontrar el nombre de su madre. Sintió un nudo en la garganta esa era la vida de su madre antes de casarse con su padre, pero por que nunca les menciono nada.
Al lado de los demás datos de la familia, se mencionaba su parentesco con el poderoso Duque de Grandchester.
-No es maravilloso, mama, fue presentada a la reina.- Dijo Anne soñadoramente.
-Mas bien aterrador. Mi querida Tía podía ser una bruja con las pobres debutantes.
-Es verdad, tú la debes conocer en persona.
-Trato de evitarla lo más que se puede, aunque a veces eso es imposible, que suerte que ya no se ocupe de esas cosas ella.
-Gracias por enseñarnos la guía.
-A sido un placer, señoritas será mejor que comencemos con lo básico, enguanto estén en Londres, tendrán un tutor mas apropiado que yo, pero mientras les enseñare lo que pueda.
Dos horas después…
-Títulos y formas de tratamiento.-Musitó Terry, mirando las largas columnas escritas en letra clara.- Que Dios me ayude, dios en que estaba pensando cuando accedí a esto, al menos con la cabeza no.-Si se aprenden esto.-Dijo mirando a tres pares de ojos sumamente atentos.- Y consigue bailar decentemente una cuadrilla, la batalla estará prácticamente ganada.
-Estoy segura de que ya estamos familiarizadas con los cinco títulos de nobleza: duque, marqués, conde, vizconde y barón.-Terry asintió con la cabeza mientras ella terminaba de numerar con los dedos cada titulo
-¿Y los caballeros?-Pregunto Josie.
-Los caballeros no son nobles, ni tampoco lo son los baronets.-
-Candy se llevó el tenedor a los labios, dio un mordisco a un esponjoso pastel y cerró los ojos durante unos instantes, cuando el crujiente y delicado escarchado se le disolvió en la lengua. Tomó un sorbo de té y luego se dio cuenta de que Terry la estaba mirando de una forma extraña. Se había quedado inmóvil y la observaba como un gato que acecha en la hierba, alerta al más leve movimiento.
-Candy.-Dijo, con voz pastosa.- Tienes una pizca de azúcar en el... —Se quedó callado, aparentemente demasiado abstraído para seguir hablando.
Candy se exploró la comisura de la boca con la punta de la lengua, notando un resabio dulce.-
-Gracias.-Musitó, limpiándose con la servilleta. Cuando prosiguió en tono enérgico, le extrañó verlo ligeramente incómodo y distraído.- Bien, volvamos a los títulos. Sólo un noble auténtico tiene el título por derecho propio. Todos los demás títulos, incluyendo los que posee el hijo mayor del noble, son meros tratamientos de cortesía. Si pasan a la tercera página que les he dado, hay un pequeño gráfico que espero que le aclare las cosas... -Terry se dirigió al escritorio y se puso detrás de ellas, mirando por encima del hombro de Candy mientras pasaba las páginas.- Ahí. ¿Tiene sentido para ustedes? ¿O lo estoy complicándolo todavía más?
-No, está claro. Salvo que... ¿por qué no hay tratamientos de cortesía en estas dos columnas?
Terry se obligó a concentrarse en el papel que le mostraba Candy, pero le resultó difícil. Estaba a muy poca distancia de ella y sentía el fuerte impulso de tocarle el pelo. Aquellos suaves cabellos ondulados tenían que ponerse un poco en orden, por que siempre parecían apunto de escapar del peinado, en especial el mechón rebelde que le caía sobre la frente. Terry estuvo a punto de rozárselo con los dedos. Horrorizado ante aquel impulso, cerró la mano y le respondió.
-Porque los hijos de los duques, marqueses y condes pueden poner «lord» o «lady» delante de su nombre, pero los hijos de los vizcondes y los barones son sólo «señor» y «señorita».
-Entiendo como mama.-musitó Anne, sin apartar los ojos de la lista.
-Sí, es un ejemplo excelente. El padre de su madre era un barón. Lo llamaban barón Peckworth de Devon, o de una forma mas sencilla vuestro abuelo Ian, Lord Pecworth tuvo una hija, y ella siempre fue Srita, Pecworth si hubiera tenido un hermano, hubiera sido el Señor Pecworth. Cuando su abuelo falleció al ser mujer ella no pudo heredar el titulo, si vuestro abuelo hubiera sido por lo menos un Conde su madre hubiera sido Lady Caroline en vez de Srita Peckworth, incluso casada con su padre.
-¿Por que? Creo que ahí ya me perdí.- exclamo Josie.
-Bueno... -Terry guardó silencio y se rió pesaroso-. Ahora estamos entrando en un terreno más espinoso. Hubiera sido hija de un conde. Por lo tanto, desde su nacimiento tendría el tratamiento de cortesía de «lady» desde que nació.
- ¿Y no lo perdería al casarse con Papa?
-No, cuando la hija de un noble se casa con un hombre que no lo es, puede conservar su tratamiento de cortesía. Después de casarse, su rango seguiría proviniendo de su padre y no de su esposo.
Terry volvió la cabeza y la miró intensamente. Contemplar aquellos ojos insondables desde tan cerca le produjo a Candy un ligero sobresalto. Hasta podía verle las manchitas verdes en las pupilas azules.
-Que lío es esto de la nobleza, con razón en America nos independizamos.- Exclamo Josie, arrancándola de su burbuja.
-Es difícil ahora por que todo es nuevo para ustedes pero pronto se les hará más fácil.
-Yo lo dudo, al menos yo tengo cuatro largos años para prepararme lo lamento por ti Candy que solo cuentas con un par de meses.
-Lo se.
-No te preocupes Candy estaré encantado de dedicarte tiempo extra.-Candy voltio a verlo, casi se olvidaba de ese Terry, el Terry que era un verdadero demonio y por el cual no quería pisar ese lugar. Justo cuando le iba a responder la puerta se abrió de golpe y entro el pequeño Marck corriendo en busca de Josie.
-Lo siento.- Lo dijo mirando a Terry para ignorarlo inmediatamente.- Sritas Josie y Anne princesa esta teniendo a sus gatitos.
Las dos se pararon y salieron corriendo rumbo a las cocinas de la villa con Marck pegados a sus talones, Candy hubiera huido con ellas de no ser por que Terry la había sujetado de la muñeca, no la apretaba fuerte, era peor que eso su dedo le estaba acariciando el interior de la palma con una caricia suave, demasiado sensual.
-Agradecería que me soltaras.
-Pero yo no, la verdad estoy disfrutando bastante.
-Suéltame no es decoroso, si alguien entrara y nos viera pensarían mal.
-Por dios Candy si hasta el momento de todas las ocasiones en las que hemos estado juntos esta a sido la mas inocente de todas, si te estuviera besando tal vez tendrías alguna objeción, o tal vez es eso que no tengo mi boca pegada a la tu ya.
-Si serás bruto.
-Y aquí vamos de nuevo pecosa.
-Candy, me reuso a hablar contigo hasta que te dignes a llamarme por mi nombre, Candy, C-A-N-D-Y, no es tan difícil.
-Me gusta Srita. Pecas, te va mas por que hasta ahora no he encontrado la dulzura por ningún lado o ya se eres más apasionada, si es eso tendré que buscar un apodo que te pegué.
-Ya deja eso y suéltame.
-Muy bien, pero ya no te enojes, recuerda el que se enoja pierde.
-Esto no es una competencia Mi lord.- dijo Candy zafándose de su agarre y sobandose la muñeca, para tratar de aliviar el calor de sus caricias.
-No sientes el calor, querida pecas, la última vez juraste que ardería en el infierno antes de que me buscaras.
-Pues si tal vez esa es la razón por la que estoy aquí, pero no te equivoques me he dado cuenta que lo que a pasado entre nosotros no tiene la minima importancia.
-¿A no?
-No, veras es cierto que me irritas y todo eso pero hay muchas personas con las que seguramente no congeniare en el futuro y no puedo vivir en pie de guerras con ellas, así como contigo, entonces me he propuesto tolerarte, poner a prueba mi paciencia.
-¿En serio?
-Claro, ya vez no ay razón para alterarme contigo por más que tú me provoques no lo conseguirás.
-Bueno eso me alegra y que me dices de los besos y la atracción eso también lo vas a ignorar.
-Por supuesto, sobre todo eso, ya sabes lo que dicen por ahí...
-¿Qué?
-Pues que para encontrar al príncipe azul ay que besar uno que otro sapo…
Terry comenzó a reírse.
-No le veo el chiste.
-Créeme que yo si me han comparado con muchas cosas pero jamás con un sapo.
-Seguramente eran medio tontas, no importa si eres un sapo o no. Algunos peligros son demasiado serios como para jugar con ellos, así que será mejor guardar las distancias.
-Y vos, querida mía, estáis jugando. -Le cogió la mano para besarla sin más afecto que el que exigía la cortesía-. Que tengas un lindo día, y sobre todo suerte en eso de la indiferencia créeme la vas a necesitar.
Y con eso ahora fue el que la dejo plantada, no le convenía matar del susto al pobre ratón, siendo tan divertido acorralarlo.
Terry caminaba rumbo a la cocina, meditando como había dejado pasar la oportunidad de volver a besar a Candy, después de cómo lo exasperaba lo mínimo que se merecía era uno que otro besito, y si la ocasión lo permitía una que otra caricia, se limpio la cara de la mano, desde cuando se molestaba por ir de tras de mocosas recién salida de la escuela, ese no era su estilo, el jamás había corrido detrás de ninguna mujer, y se maldeciría si empezaba ese día.
Cielos, de todas las mujeres del mundo, ¿por qué había tenido que ser ella ¿Con aquellos ojos verdes que le recordaban las praderas irlandesas capaz de aniquilar a un hombre, de despedazarle hasta ese rinconcito en su interior, que él mantenía aislado de todos?
Era increíble que fueran parientes, Candy tan vibrante y exótica. Y ¡maldición! lista, además. No importaba desde qué ángulo la atacara, ella lo esquivaba. Tanto su apariencia como su inteligencia lo habían desconcertado.
Había algo en ella que temporalmente lo había hecho olvidarse de quién era. Por primera vez en mucho tiempo, se había sentido consumido por otra sensación que no era rencor ni rabia.
Se quitó la chaqueta, se remango la camisa, y entro en la enorme cocina, aun lado de un horno para que la gata se mantuviera caliente estaba una enorme canasta rodeada de varios espectadores atentos al nacimiento de los gatitos.
Josie se levanto y fue a su lado.
-Solo ha nacido uno, es bastante feo, yo creía que se parecería a su mama, pero, nada que ver.
-Mejorara con el tiempo, haber veamos como va la princesa.
La pobre gata estaba tendida limpiando a una cosa, que no tenia nada de gatito, mas bien parecía una rata blanca, Josie no se equivocaba, esperaba que al menos los demás no fueran tan simplones como el primero, o por lo menos mejoraran con el transcurso del tiempo.
-Podrás conservar uno cuando puedan sobrevivir por si solos.
-Gracias pero creo que será imposible a Candy no le agradan mucho los animales.
-¿Bromeas verdad?
-No, y no es que no le gusten pero, antes de que mama nos llevara a Francia tenia una mascota la llamaba Klin, y cuando mama nos llevo, no pudo llevarla con nosotros, sufre demasiado cuando pierde a una mascota.
-Creo que tendremos que ayudar a tu hermana a que deje de temerle a la pérdida.
-Bueno si logras convencerla estaré más que encantada de ser dueña de uno.
-Será mejor que nos preparemos para la cena, Princesa estará bien, y aun tardara bastante en nacer los demás, y por el tamaño de ella, parece que por lo menos van a ser cuatro.
-¡¡Cuatro!! Pobrecita, vamos Josie será mejor irnos, me imagino que habrá mas sangre y eso no es agradable.
Anne y Josie se marcharon de la cocina, dejando a Terry encargado de la gata.
Durante la cena, una cena bastante larga, Candy trato de ignorar a Terry, pero sus ojos siempre eran atraídos a el como dos imanes, cuando no le estaba mirando el cabello, le miraba las manos, los labios, y todo en lo que sus ojos se pudieran enfocar durante un par de segundos, o hasta que el sedaba cuenta y le sonreía, y tenia que apartar la mirada bastante avergonzada.
Terry por su parte estaba al pendiente de cada mirada, listo para hacerle notar la atracción que entre los dos existía, el duque debes en cuando los miraba y arqueaba la ceja en señal de pregunta a su hijo, el cual solo respondía sonriendo, cuando todo mundo se retiro a dormir Candy agradeció poder escapar de la tensión que le provocaba Terry, cuando considero que todo mundo estaba dormido en la casa salio a hacer algo que durante toda la tarde había querido hacer.
Candy entro a las cocinas no había querido ir hasta que todo hubiera terminado, ahora la pobre gata estaba tratando de alimentar a cinco gatitos todos blancos y tan pequeños, que eran un claro ejemplo del milagro de la naturaleza, frotó a la gata entre las orejas y le ofreció un plato lleno de leche.
-Ya sé. Me estoy poniendo extraña. Pero tú no eres quién para juzgar, teniendo en cuenta tu comportamiento. ¡Qué vergüenza, mira nada mas lo que salio de tus aventuras, pobrecita de ti, no as tenido uno si no cinco!¡esperemos que nadie diga que eres una perdida! ¿No sabías que a los hombres no les agradan las mujeres demasiado fáciles?
-Sólo a los tontos, querrás decir.
Candy se dio vuelta al escuchar la profunda voz masculina que había plagado sus pensamientos durante casi todo el día. Encontró al gran titán musculoso apoyado en el marco de la puerta, con las piernas cruzadas.
La puerta estaba abierta por eso no lo escucho abrirla, su cuerpo apenas se distigia en las sombras. Pero podía verle los ojos, y al mirarla con ceño fruncido desde la oscuridad le recordaron a los de un lobo recién levantado tras dormir un sueño profundo.
-No está bien acercársele a la gente a hurtadillas -le dijo ella con reprobación, tratando de no mirarle la profunda "v" del escote de la camisa, que mostraba descaradamente una cantidad indecente de piel bronceada, ni los pantalones ceñidos de color ante que le enfundaban esas piernas musculosas.
Una botella de coñac colgaba de sus dedos largos y delgados. Le daba golpecitos rítmicos contra el muslo izquierdo, único indicio que evidenciaba que había algo que le molestaba. ¿Sería simplemente la presencia de ella lo que lo desequilibraba? ¿O simplemente esa era su forma de ser?
-No fue a hurtadillas.-Se dignó a responderle finalmente con voz muy profunda-. Estabas demasiado entretenida con princesa para sentir mi llegada.
-Bien, debiste de haberme alertado de tu presencia. Eso hubiese sido de buena educación.
-Ah. -Asintió con la cabeza-. Bien, yo nunca hago cosas de buena educación. La vida así no sería nada divertida. Si no tuviera esta tachable conducta, me hubiera perdido tu pequeño discurso y subsiguiente nerviosismo.
Con aquel comentario Candy se dio cuenta de que tenía las manos aferradas a la falda. Soltó la tela de inmediato, maldiciendo la percepción de él.
-No estoy nerviosa.
-Eres un manojo de nervios y valientemente tratas de mitigar ese impulso de salir corriendo. ¿Qué sucede, pecosa? ¿Te preocupa que empiece a echar espuma por la boca?
Candy se burló.
-Tu, no me preocupas lo más mínimo.
-Mentirosa.
-Si me conocieras un poco, te darías cuenta de lo lejos que estás de ello.
Alzó una ceja en un gesto burlón de escepticismo al tiempo que se llevaba la botella a los labios. Le echó una mirada rápida para evaluarla, tratando de ponerla incómoda. Y lo logró, aunque ella se llevaría esa verdad a la tumba.
Se secó la boca con el dorso de la mano y le extendió la botella, con una mirada claramente desafiante:
-Vamos. No se lo diré a nadie.
-No, gracias.
-No eres tan tigresa como aparentas, ¿eh?
Lo que a ella más la fastidió fue el hecho de que por su provocación casi coge la botella para probarle que estaba equivocado.
-Ni tan borracha como aparentas tú.
Él alzó un poco la comisura de los labios en un gesto, que pudo haber pasado como una leve sonrisa.
-Así que no podías dormir, ¿eh?
-Simplemente salí a tomar aire fresco, y decidí ver a los gatitos.
-Bueno, de eso tenemos bastante por aquí, así que respira todo lo que quieras. Yo sólo observaré.
Candy detestaba que su mirada penetrante la enervara tanto.
-¿Qué estás haciendo aquí a estas horas de la noche?
-Al igual que tu salí a revisar a la gata, y algunas otras cosas.-Dijo señalando la botella.
-Podrías dejar de mirarme de ese modo.
-Intento no hacerlo es solo que tu vestido…
-¡Miserable! Estoy harta de tus comentarios sarcásticos y de tu cara. Si no te agrada como estoy vestida, entonces no me mires.
-Yo no dije que no me gustara cómo estabas vestida. -Una vez más, aquella mirada meditabunda la recorrió lentamente, demorándose en los senos lo suficiente como para hacerla sentir incómoda, hasta que retomó el tortuoso recorrido hasta los pies enfundados en unos zapatos bajos-. De hecho -dijo arrastrando las palabras y encontrando sus ojos de nuevo-, me gusta bastante.
Un estremecimiento corrió por la piel de Candy.
-Me complace. ¿Cómo hubiera podido seguir viviendo sin tu aprobación?
Un brillo divertido se encendió en los ojos de él antes de que las sombras le oscurecieran el rostro y sus ojos emanaran un brillo malintencionado al mirarla fijamente.
Candy cogió un sartén que estaba colgado por encima de su cabeza, y lo blandió en dirección suya como si fuera una espada.
-Si crees que no usaré esto para golpearte, idiota, reconsidéralo.
Él era capaz de dominarla. Ambos lo sabían, sin embargo se controló, aunque no tanto como Candy pensaba. Podía llegar a caerle encima de una sola embestida.
Inclinó la cabeza, y luego se volvió a llevar la botella de coñac para beber otro trago.¿Por qué no se parecía a los de su clase, en cambio prefería desperdiciar su vida? Pobre de su tío.
Cuando él echó la cabeza hacia atrás, Candy aprovechó la oportunidad para absorber el tamaño completo de su cuerpo, la camisa que le ceñía el pecho bien marcado y realzaba los enormes brazos, la cintura sin un gramo de más... y los pantalones que se ceñían a sus caderas de la manera más perturbadora.
Él carraspeó para aclararse la garganta y ella se apresuró a alzar la vista. La estaba mirando con una ceja levantada y un gesto irónico dibujado en la comisura de la boca.
-¿Y te gusta lo que ves?
Candy rogaba que con la luz tenue no se diera cuenta de que sus mejillas estaban ardiendo.
-En lo más mínimo. De hecho, estaba pensando que pareces un interno de un asilo.
Hubo un instante de silencio, luego su risotada retumbó por toda la cocina: su timbre seductor vibraba en los nervios de ella de manera turbadora.
Cuando su jocosidad cesó, con aquella media sonrisa desquiciante dibujada en el rostro le dijo:
-Eres la mujer más irritante que jamás tuve la desgracia de conocer. El tono de voz y su forma de mirarla le demostraron que podía no ser un idiota del todo, lo cual a ella no debía importarle ni un bledo, pero sin embargo, sí... (aquella era una reacción absolutamente absurda)-. Piensas que soy un bruto arrogante, ¿verdad?
-Entre otras cosas.
-Da gracias a dios que no lo soy pecosa.
-¡Deja de llamarme "pecosa"!
-Mis más sinceras disculpas, pero esto es algo que no puedo evitar. Candy. -Del modo en que él pronunciaba su nombre sonaba como una caricia, antes de que agregara-. Un nombre de lo más inapropiado.
-¡Vete al infierno! -Giró sobre sus talones con necesidad de marcharse antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse.
-Ahí vas, huyendo de nuevo -la provocó-. Debo decir que estoy sorprendido, pensé que tenías más carácter. Pero aguarda. ¿Qué pasa as cambiado de opinión?. As decidió dar la vuelta. Creo que tienes intención de hacerme daño. ¿No es cierto, Pecosa? ¿Planeas darme de sartenazos hasta someterme?
Al menos diez réplicas distintas le vinieron a los labios, ninguna de ellas ni remotamente propias de una dama, y era lo que él hubiera esperado. Pero le respondió del mismo modo imperturbable.
-A diferencia de ti soy una persona educada y si crees que te voy a dar con esto no te preocupes soy bastante civilizada, se controlar mis impulsos y no tienes que preocuparte solamente me falto despedirme con un "buenas noches".
Se estaba volviendo cuando él reclamó:
-¿Eso es todo?
Candy se propuso simplemente alejarse, pero cierto grado de enfermedad se apoderaba de ella cuando estaba cerca de ese hombre.
-Bien, déjame decirte que te quedes tranquilo porque no tengo intención de amarrarme en nudos gordianos tratando de descubrir el complicado misterio que presentas. Sospecho que se trata de una hazaña que ni un milagro podría convertir en realidad.
-Si sigues así dudo que puedas encontrar a un hombre que disfrute de ser flagelado en vida por la gracia de tu lengua?
-Si no consigo aun hombre, será por que no cuenta con el suficiente intelecto para mantenerme interesada.
Terry se aparto de del poste en el que estaba apoyado y acortó la distancia que había entre ellos.
La sartén descansaba sobre la pierna de ella. Él se la quitó, la puso detrás y se encumbró. Eso debía atemorizarla, sin embargo ella sentía más curiosidad que otra cosa.
-¿No hay más sarcasmo? -le dijo él con tono provocador, con un calor que emanaba de su cuerpo como si llevara los mismos rayos del sol debajo de la piel.
Ella le recorrió con la vista el ancho de los hombros, el oído, la mandíbula prominente y áspera hasta llegar a los ojos que la pusieron sobre aviso, aunque al mismo tiempo la retaban a que intentara algo.
-¿Qué es lo que quieres de mí?-murmuró. Por el modo en que él la miraba, ella ya debería saberlo.
-Lo quiero todo.
Candy le estudiaba la boca mientras hablaba. Era tan firme y carnosa, tan capaz de esbozar la más irresistible de las sonrisas... eso cuando decidiera darle el simple uso que le daba el resto de los mortales. ¿Volvería a besarla? Por que esta vez si que estaría preparada.
El aliento cálido le sopló la mejilla cuando él se inclinó.
-¿Olvidas que nadie puede darlo todo?
Candy se humedeció los labios repentinamente resecos.
-Me pregunto por qué será.
-Tal vez, por que si le entregas todo a una persona, tu alma quedaría desnuda, yo nunca podría entregar todo, siempre tendría cosas ocultas…aunque a ti te revelaría todo.
-Nunca se sabe lo que uno puede descubrir. Me estoy dando cuenta de que la paciencia quizás sea una virtud. Tal vez la única que tengo por el momento.
-¿Quién eres?, a veces eres dulce.-Terry intento negar con la cabeza, pero Candy lo evito. –Si eres dulce, la gente aquí te ama, no se por que eres tan odioso conmigo, eres tantas personas distintas a la vez.
-¿Quién quieres que sea? - Preguntó al tiempo que le hundía la cabeza en la garganta e inhalaba despacio haciéndole cosquillas en la mejilla con el cabello sedoso-. Flores y frutas. Rosas, naranja, una pizca de vainilla. Y calor. ¿Por qué estás tan acalorada? -Se lo preguntó en un susurro ronco que a ella la dejo perturbada.
-Porque aquí hace mucho calor.
-No es cierto. De hecho, estamos viviendo el peor invierno en mucho tiempo.
Lo único que Candy sentía era a él cercándola sin haberle puesto un dedo encima:
-¿Me dirás quien eres? ¿Cuál es el verdadero Terry?
-¿Si te lo digo me dejarás besarte?
-No.
-Entonces te besaré de todos modos.
-¿Por qué? Yo no te gusto.
-Tienes razón. -La atrajo ruborizada contra el pecho rígido-. Y ahora me veo forzado a comprobarlo. -Le posó los labios en los suyos aniquilando cualquier otro pensamiento que no fuera lo que él le estaba haciendo en ese momento.
Según su inexperiencia, aquel beso no era suave ni tierno, sino más bien rudo, castigador y eléctrico; la obligaba tanto a continuar como a apartarse. Ella movía las manos a ambos lados del cuerpo de manera inquieta, buscando desesperadamente tocar algo que no fuese él. Pero él estaba en todas partes.
No alcanzaba a comprender qué incitaba a este hombre, o a ella, a permitirle tomarse esas libertades: la lengua jugueteaba con la de ella, las manos grandes la acariciaban lentamente los costados del cuerpo hasta posarse en la protuberancia de sus senos, deslizando los pulgares por debajo mientras que con el muslo se insinuaba entre las piernas de ella.
Candy se sintió arder. Las cosas que le hacía con la boca, la exquisita presión que ejercía sobre la suya, le arrancaba suaves gemidos desde lo más profundo de la garganta. Se sentía rara, como una extraña en su propio cuerpo.
No estaba en ella negar sus pasiones. El primer beso era tan diferente de este, no había sorpresa, aun sentía ese nerviosismo, pero en vez de asustarla la incitaba a responder a aprender, a disfrutar. El hombre era un demonio arrogante e indignante, pero tenía una boca de lo más deliciosa y pecaminosa.
Hasta que no sintió su mano rozando los botones, Candy no se había dado cuenta que igual que como en el primer beso su cuerpo iba cayendo en una espiral de deseo provocada por el. Ahora sabia que era esto, lo que el le provocaba era lo que la aterraba. Una punzante sacudida de deseo trepó hasta su corazón cuando él le acarició los pezones endurecidos con los dedos. La realidad se le encendió en la piel como un fuego abrasador.
Arrancó la boca de la suya y lo empujó del pecho.
-¿No?
Con un brillo apasionado en los ojos, él la miró con un destello de hielo en lo más profundo de la mirada.
-Esto esta mal, a menos que tengas intenciones serias conmigo lo más prudente seria que no me volvieras a besar. ¿Y bien tus intenciones son serias?
-Claro que no.
-Me lo imaginaba.-La verdad es, que se sentía bastante herida pero no se lo iba a demostrar.-Lo mejor que podemos hacer es olvidarnos de estos encuentros.
-Algo complicado no crees.
-Según entiendo eres de los que les gusta complicarse la vida, así que no será nada nuevo para ti.
Terry suspiro, si le decía que no, lo mas probable es que ella pusiera distancia, y no le convenía, le gustaba esta Candy vulnerable que aunque intentara mantener las distancias, estaría siempre a su alcance y en cualquier momento la tendría en sus brazos.
-Muy bien, lo menos que quiero es terminar atado a ti para siempre, por culpa de una insensatez.
A Candy eso si que le dolió, pero era lo que ella quería, su vida tenia demasiados problemas para lidiar con el.
-Muy bien entonces eso significa nada de besos, nada de sarcasmos…
-Pides demasiado…
-Al menos llámame por mi nombre.
-Muy bien Candy, que tal si para sellar "nuestra amistad" damos un paseo juntos mañana temprano.
-Realmente no se si sea lo mas adecuado.
-Vamos Candy, no pasara nada, vez hasta por tu nombre te llame y no has vuelto a montar a caballo desde que llegaste.
Candy dudaba demasiado lo menos que, quería era terminar con el sola, pero si no iba seguro el encontraría la forma de molestarla.
-Muy bien, nos vemos mañana, Terry… buenas noches.
-Buenas noches Candy.
La villa estaba en absoluto silencio, sus pasos resonaban en las baldosas de mármol con cada paso quedaba Candy, sabia reconocer la verdad. Ya no podía negarlo más. Lo que sentía por Terry.-"Es más que un mero atractivo físico. Es atracción sexual".
Nada más pensar en aquellas palabras, supo que eran ciertas y sintió una revulsión culpable. Candy supo que debía poner fin a aquello antes de que fuese demasiado lejos. El modo más seguro era dejar de pelearse…, era demasiado seductor. Tenían que hacerse amigos, una situación menos fascinante. Miró por la ventana al llegar a su habitación.
-"¿Una tregua, con Terry?" por favor dios que dure, si no estaré perdida.
A la maña siguiente Candy estaba parada frente a un espejo de cuerpo completo inspeccionando su atuendo, quería que todo estuviera en su lugar, pero por mas que lo intentaba su aspecto no era lo que deseaba, su cabello se escapaba de un intento de pulcro peinado, el sombrero no importaba que tanto lo afianzara a su cabeza, sabia quísolo era cuestión de tiempo para que terminara totalmente ladeado, con un suspiro de frustración salio a paso rápido de la alcoba no fuera ser que al ultimo momento mandara sus excusas a cierto caballero.
Cuando llego a los establos el olor a heno y a caballos le inundo la nariz, y su corazón comenzó a saltar de emoción ahí estaba el objeto de tanto quebradero de cabeza, alistando los caballos con ayuda de uno de los mozos de cuadra, ahora que ya no lo negaba, podía apreciar su atractivo físico y la enorme atracción sexual que poseía, quiso retroceder, ponerse a salvo, pero la vocecita de su cabeza la refreno.- Tienes que hacerte su amiga. Si no es ahora ¿Cuando?
Con paso firme camino en dirección de Terry, y cuando el volteo para darle la bienvenida, el le sonrío.
Y entonces lo supo ya estaba total y completamente perdida.
Escocia era hermosa en invierno, te cortaba el aliento la vista del lago, las villas rodeándolo todo en ella asía que el corazón de Candy rebozara de alegría, ¿como no lo había notado antes?.- Por que su corazón estaba tan lleno de angustia y luego estaba el. El que la abrumaba con solo mirarla y ahora iban a ser amigos por que era lo mas sensato.
-Una Carrera a casa, el camino por aquí es bastante seguro incluso para una novata como tu, aun con esa silla.-Candy le sonrío el tenia razón montar como una dama era terriblemente incomodo, pero hacia varios años que ella ya no montaba a horcadas a pesar de la enorme sensación de libertad que le producía el hacerlo, antes de que Terry terminara de contar ella ya había emprendido el galope soltando una carcajada de satisfacción al sentir la velocidad en el rostro y la adrenalina despertar sus sentidos.
Candy llevo ventaja tan solo unos segundos antes de que Terry la pasara y le ganara cuando Candy llego a la entrada de las caballerizas Terry ya había desmontado y estaba listo para ayudarla a bajar.
-Me imagino que en cuanto estés familiarizada con el terreno no tendré ninguna ventaja.
-siempre puedes intentar ganarme.
-De eso no tengas dudas.-Terry la ayudo a bajar y Candy sintió desilusión cuando el no se demoro mas que lo necesario para ponerla en el suelo. Mientras su conciencia le seguía repitiendo "solo amigos, solo amigos."
-Vamos espero que no te moleste encargarte personalmente de tu montura, es la mejor forma de agradecerle el espléndido paseo de hoy.
Candy y Terry pusieron manos a la obra, ambos se quitaron las chaquetas para tener mayor libertad de movimientos, aunque Terry fue el único que se permitió quedar en pura camisa, con las mangas arremangadas, Candy debes en cuando volteaba a mirarlo y se perdía en la fuerza de sus brazos y los músculos que se le marcaban a pesar de la camisa, no pudo evitar ruborizarse al recordar como se sentía tocarlo.
Cuando terminaron ambos se sentaron en dos pacas de heno a admirar a los hermosos caballos, Candy no supo si Terry intuía que la cabeza de ella comenzaba a sonar la alarma de peligro, por que en ese momento le tomo la mano y la acaricio para tranquilizarla.
-Háblame de ti. ¿Cuál es tu primer recuerdo?. Le había preguntado. -Empieza por ahí y cuéntame.
-Me llevará todo el día.
-Tenemos todo el día.-Le había replicado él con una sonrisa.
-¿Me devolverás el favor?
-Tal vez, pero primero tú.
Así que había empezado a hablarle de su recuerdo más antiguo, a hombros de su padre para ver un desfile. Le habló de todas las disciplinas que su madre la había obligado a aprender: la equitación, que le encantaba; el piano, que toleraba; la costura, que aborrecía; y la pintura, que su madre había calificado de espantosa.
Cuando ella le preguntaba algo, él se limitaba a menear la cabeza y decir: "Aún no hemos terminado contigo".
Candy no sospecho que el no tenia la mas minima intención de compartir con ella y por desgracia no tuvo la oportunidad de percatarse de ello, por que el siempre la incitaba a hablar y olvidarse de la incomodidad.
Sin saber como Terry había posado su mano en su mejilla, y se la acariciaba lentamente, cuando el iba a besarla Candy aparto la cara, pero el la volvió a voltear para que sus ojos se miraran.
-Terry se supone que los amigos no se besan.-Candy creía que tal vez lo había dicho en un murmullo apenas perceptible por que apenas y el se había inmutado.
-Especialmente los amigos se besan.- Y con eso su boca comenzó a decender a la de ella, y justo antes de que sus labios se tocaran el ruido de un balde estrellándose en el suelo hizo que ambos voltearan la mirada al lugar donde se había estrellado.
El jefe de cuadras estaba en ese lugar visiblemente asombrado por la situación, y justo en ese momento Candy cayo redonda al suelo, bueno en realidad se salvo de tocar el suelo gracias a la pronta intervención de Terry.
-Rápido señor Burke, tráigame agua.
Cuando el pobre señor Burke salio corriendo en busca del agua Terry observo a Candy, si no hubiera entrado el señor Burke…soltó un suspiro de nada servia suponer cosas, en cambio tratando de poner una voz seria dijo.
-Candy abre los ojos, ya puedes dejar de fingir.
-¡No pienso abrirlos por que si lo hago estoy segura de que te asesinare!.
-Vamos no es para tanto.
-Que no es para tanto.-Candy trataba de controlarse, pero le fue imposible, y mientras una parte de su personalidad salía a la superficie, una muy pequeñita se lamentaba.
-"Adiós tregua"
Continuara….
Hola a todas una disculpa, por tanta tardanza pero la verdad se me a complicado todo.
Para empezar he tenido demasiados conflictos con la mama de mis sobrinos, yo busco la paz ella la guerra, bueno en estos momentos hemos llegado a un punto muerto, ojala este punto se quedara por mucho, mucho tiempo pero no tengo tanta suerte, asi que como ya se acerca el cumple de la niña ya no tarda en venir a molestar.
Segundo a inicios de año me caí, como aun lo analizo y son bastante irreales a un los hechos, me abrí el tobillo y como estaba sola, para cuando llegué al hospital ya había pasado el tiempo para que me suturaran así que pues me tardo mas tiempo en sanar el pie, por suerte no tuve fractura y por desgracia se me hizo una fisura en el tobillo, el doctor me dijo que tuve suerte de que no se rompiera, tres semanas no pude bajar de mi cuarto y como me arte de mi encierro me fui con mi mama de paseo, yo solita me di de alta, y sácatelas que me emparejo el otro pie, no tan grave pero igual de doloroso.
Desde ahí ya cuando termino de mis cosas lo único que quiero es poner mis pies a descansar, Ahora si me cuido.
No podía sentarme en la PC por que me dolía, bueno esa es una de las principales razones por la que mis intenciones de escribir quedaron truncadas, pero ya estoy aquí de nuevo.
Tratare de escribir en cuanto tenga tiempo libre el cual por desgracia no es mucho, con dos niños creciendo es casi nada, pero no desesperen escribo por que escribo, quejas dudas etc, etc, etc a mi correo soledad_lo_.
Mil gracias por sus mensajes siempre me ponen una sonrisa en el corazón besos a todas sole.
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