Capitulo 7
Recuerdos, recuerdos, recuerdos.
Hola Chicas…Una enorme disculpa por la demora, bueno espero que la espera valiera la pena, bueno este capitulo lo he tenido que dividir en dos partes, ya estoy terminando la segunda, y ahora si antes del viernes la subo, besos y nos estamos leyendo sole.
Una a una las imágenes fueron desfilando por su cabeza miles de ellas solo habían pasado por su mente como un pequeño reflejo unas veces tan nítido que podía volver a vivir cada una de las sensaciones que había sentido al vivirlas, otras solo eran una densa bruma que por mas que intentaba disipar solo lograba que se hiciera mas intensa, sumiéndola en una oscuridad terrible llenando de inmenso dolor no solo a su cabeza si no mas aun a su corazón, pero ahora cada una de esas imágenes no estaban veladas por la bruma, y su mente comprendía y entendía casi cada una de ellas…
Podía ver las montañas, los hermosos lagos de Escocia, sus aguas a veces eran como sus ojos dulces y apacibles sin señales de tormenta, sus brazos calidos y protectores como los árboles que le servían de refugio contra la lluvia, sus labios dulces como las frutas que daba su tierra, sus caricias eran como el wisky que calentaba sus entrañas todo y cada una de las cosas que su mente comenzaba a recordar al disiparse la terrible niebla que la había cegado durante meses irremediablemente la ligaba a el, siempre a el…
-Candy tienes que tensarlo más.
-Sr. García en verdad lo intento pero esto esta demasiado duro.
-Creí que querías aprender a usar un arco.
-En verdad quiero, pero por desgracia parece que no puedo
-Solo un poco mas. .-El Sr. García ayudo a Candy a tensar el arco.-Eso es, vez como si puedes, ya suéltalo.-Candy cerro los ojos esperando que la flecha diera en el blanco.
-Que tal lo hice.-Candy no se atrevía a mirar su tiro.
-Supongo que bien.-En serio.-Claro si el blanco hubiera sido el árbol.
-¡Que! No puede ser si apunte al blanco.
-Bueno querida si tan solo mantuvieras la vista en el blanco, tal vez tengas mejor suerte la próxima vez si logras mantener los ojos bien abiertos.
-Muy bien, la próxima vez lo lograre.
-Esta bien, pero por hoy a sido suficiente será mejor que te prepares, para las lecciones con tu abuela, tal vez dentro de poco puedas disparar a algo en movimiento, quizás a un conejo, me encanta comer conejo.-Candy hizo cara de asco a ella no le agradaba mucho comer a esas criaturas tan lindas siempre le daba asco. No hagas esa cara me arruinaras el apetito
-Esta bien me comportare.-Hizo una pequeña reverencia antes de marcharse, Candy se encamino en dirección a la fortificación que había sido su casa desde siempre y la cual ella no cambiaria por nada, al menos por el momento
Por las ,mañanas Candy se dedicaba a recibir lecciones del Sr. García, desde que había regresado a los Hinglands, dos largos años que se habían ido en un abrir y cerrar de ojos, su mundo giraba entre sus lecciones con el Sr. García, sus deberes en el castillo, la comunicación con sus hermanos era tan frecuente como lo permitieran las cartas, y una que otra visita de parte de Anthony y de Alberth, seguían al lado de su tío, aunque no le gustaba admitirlo el entrenamiento que Anthony estaba recibiendo le estaba haciendo mucho bien, en su ultima visita había constatado que estaba creciendo demasiado, ahora si quería hablar con el tenia que levantar la cabeza para poder mirarlo a los ojos y no solo estaba demasiado alto si no que también había dejado de ser el muchacho que ella fácilmente derrotaba, aunque aun era mas rápida que el, recientemente se había enterado que su hermano mayor estaba enamorado de una joven Maria Elizabeth MacRie, a pesar de que el asunto la llenaba de felicidad lo mas seguro era que Elizabeth terminara viuda antes de casarse, al paso que Alberth se decidía a tomarla por esposa, solo le pedía a dios que los sentimientos de Alberth por Elizabeth fueran lo suficientemente fuertes para hacerlo llevar una vida mas sedentaria, era mucho pedir que se estuviera quieto en un lugar, pero parecía que a cada uno de los miembros de esta familia estuvieran destinados a sufrir.
Sus abuelos se habían casado enamorados, pero su abuela había quedado viuda cuando esperaba a su segundo bebe y su padre solo contaba con dos años de edad.
Al morir su abuelo al que por lógica le correspondía ser el nuevo jefe era demasiado pequeño y antes de que los problemas internos se terminaran volviendo una guerra interna por el poder del Clan ella tomo el mando, ser jefa no le fue fácil a pesar de contar con el apoyo de casi todos sus miembros, muchas veces no pudo dormir de la preocupación de no hacer lo correcto, tener que llevar el bienestar de tantas personas sobre sus hombres a veces la llenaba de miedo, pero al pasar del tiempo los errores fueron cada vez menos y con la sabiduría que aportan los años lo logro.
El matriarcado de ella llevo a los MacAndrew a un periodo de esplendor y cuando su hijo estuvo en posición de asumir el mando todo el mundo sabía que su hijo seria un buen jefe.
Después de que el nuevo jefe del clan contrajera nupcias con la hermana de su rey, para ambos hombres fue una ventaja absoluta ya que con ello quedaba asegurada la lealtad entre ambos y el rey quedaba respaldado en cualquiera de sus decisiones por uno de los clanes más poderoso de Escocia.
La familia vivió años de Felicidad que fue coronada con la llegada de Alberth el primogénito, el heredero, todo mundo estaba feliz de que hubiera sido un hombre eso siempre ponía todo mas fácil que fuera un hombre y no una niña fuera la próxima cabeza que los guiaría, cuando Alberth contaba con seis años el nacimiento de ella y de Anthony conmociono a toda la familia, el nacimiento de dos bebes en vez de uno fue todo un milagro, que lleno de alegría pero por desgracia de tristeza, ya que ese mismo día su madre no soportando el parto había fallecido debido al esfuerzo, durante un tiempo su padre estuvo perdido, pero superada su perdida fue el mejor padre que jamás existiera sobre la tierra. Por desgracia perdió la vida durante una pelea con un grupo de bandidos.
Tal parecía que cuando encontraban la felicidad algo ocurría que se las terminando arrebatando de las manos.
Subió a toda prisa las escaleras, directo a su habitación la primavera estaba a punto de llegar, y con ello su cumpleaños se acercaba cada vez mas, sus hermanos pronto vendrían a reunirse con ella bueno al menos eso era lo que ella mas anhelaba con todo el corazón y tal vez Alberth le diera la noticia de que pronto se casaría y por fin se quedaría a su lado o al menos habría alguien quien lo aria desear permanecer mas tiempo en casa ¿y si no era así? Al menos tendría el consuelo de una hermana al lado de ella por que en cuanto Alberth se casara su esposa seria la hermana que siempre quiso tener.
Al entrar a su habitación Doroty ya la esperaba con el baño listo.
-Llegas tarde Candy, muy pero muy tarde, tendrás serios problemas con tu abuela vamos date prisa.
-Lo siento, no volverá a ocurrir.
-Esta bien solo espero que cumplas la próxima vez, anda no tardes con el baño, tu abuela quiere hablar contigo de algo importante.
-¿Importante? Desde cuando a bordar y coser se le considera algo importante.
-No creo que se trate de eso.
-¿Ha no?
-Solo date prisa quieres, no as de querer que me castiguen al igual que a ti, verdad.
-¡No! Con una de las dos castigada es mas que suficiente.- Candy se sumergió por completo en la tina, restándole importancia a todo el mundo.
Con el cabello a un escurriéndole agua, corrió en dirección al salón donde su abuela la esperaba, odiaba bordar nunca se le había dado muy bien, pero como bien decía su abuela en algo debía de ocupar su tiempo, aunque ella consideraba que no había peor tortura que bordar y coser.
Su abuela se encontraba como siempre bordado, pero algo en ella parecía no ir bien, ella siempre estaba al pendiente de todo y en esta ocasión ni si quiera se había dado cuenta que Candy estaba parada aun lado de ella, y lo peor su bordado tenia bastantes errores, Candy hizo ruido para llamar su atención el cual provoco que se pinchara un dedo.
-Ha uch eso debió dolor.- Su abuela se chupaba el dedo tratando de apaciguar el escozor que la aguja le había provocado a su piel.-Y no sabes cuanto.
-¿Y bien?- Candy la miro a los ojos tratando de buscar algo.-Parece que esta vez si es grave sea lo que sea yo no lo hice.
-¿Por que piensas que te voy a regañar por algo?
-No lo pienso, pero tu cara y la platica que quieres tener conmigo e llegado a la conclusión que se trata de algo que probablemente piensas que hice, pero te aseguro que no es así…al menos no con intención.-Su abuela le sonrió y le indico con la mano que tomara lugar a su lado.
-No te preocupes, si as echo algo supongo que no a de ser grave, ya que no a llegado aun a mis oídos…Candy.-Lady Elroy MacAndrew parecía que quería elegir muy pero muy bien cada una de sus palabras.- ¿Cuántos años tienes?
-Quince y pronto cumpliré dieciséis años.- Dijo con total orgullo.-Pero eso lo sabes tú mejor que yo.
-Así es, sabes Candy yo a tu edad ya me encontraba casada y esperando a tu padre.
-¿Pero y eso que tiene que ver con esta platica abuela?- Lady Elroy hizo a un lado su bordado, y tomo entre sus manos las pequeñas manos de Candy.-Que ya a llegado el momento de que tu comiences tu propia familia...ya eres toda una mujer.
A Candy se le borro la sonrisa de la cara, y sus calidas manos se enfriaron y comenzaron a llenárseles de sudor al igual que su frente.
-Es... idea de Alberth.
-Si.
-No te creo el jamás me haría algo así.
-Esta bien es mía.
-¡Pero Abuela...como me haces esto!, además cuando Alberth se entere se enojara contigo.
-No lo hará, si bien no esta muy contento con la idea me apoya al igual que tu tío, y si no lo hicieran lo siento mucho, a veces dudo que el sea capas de casarse, y si espero a que el se ocupe personalmente de este asunto seguramente te casara cuando seas una vieja sin ningún atractivo y tu esposo estará en tu misma o en peor situación para aceptar tan desagradable unión.-Candy rió por las conclusiones de su abuela.
-Gracias abuela en verdad estimo tu preocupación, pero…no estoy muy interesada en el matrimonio, pienso prolongar lo mas que se puede mi estado actual, no me agrada mucho la idea de tener un amo y Sñr. En conclusión abuela no creo poder soportar ni si quiera creo poder permitir que un hombre gobierne mi vida, tal vez seria una buena Monja.
-Candy si sabes actuar ningún hombre tendría el poder de dominarte, francamente dudo que exista alguien capaz de lograrlo…por otro lado el día que tu estés de monja ese día el infierno se congelara.
-No exageres, yo seria una perfecta Monja…me gusta ayudar al prójimo, no soy mala atendiendo a los enfermos...y creo que con el tiempo podría convertirme en abadesa te imaginas seria como tener mi propio clan.
-Eres un verdadero lechado de virtudes querida, pero por desgracia eres distraída, no sabes llevar la disciplina, jamás llegas a tiempo a ningún lado, y si lo haces es por que llegas corriendo.-Candy iba a replicar pero ella la callo con un ademán de su mano.-Además tienes que considerar que cuando rezas casi siempre estas a punto de dormirte.
-Eso solo me ha ocurrido una vez.-Realmente habían sido varias le había susurrado su conciencia, claro que las veces que había estado por demás aburrido el servicio no cuentan, esas nunca valen, después de todo no era culpa de ella si no del padre.-Y su conciencia hubiera seguido debatiendo con ella de no ser por que la voz de su abuela lo hizo por ella.
-Con una vez basta, y lo peor de todo nunca puedes permanecer con la boca cerrada por mucho tiempo, como sobrevivías a una vida de austeridad, si te cuesta tanto trabajo seguir el ayuno, no sobrevivirías ni una semana y terminaras suplicando que te dejen volver a casa. …estoy segura que serias una gran abadesa tienes el don de liderazgo pero dudo que lo logres sino logras poner empeño en las demás cosas para poder lograrlo.
Candy apretó los pliegues de su falda, su abuela siempre tenia la razón.
-Muy bien admito que seria una pésima Monja, pero por que apresurar las cosas, seguramente Alberth querrá casarme con alguien, para ser precisas con un fuerte y gallardo miembro de nuestro clan, y creeme abuela cuando te digo que a ellos muy poco les importa las opiniones de una mujer a veces creo que la gente tiene razon en tildarlos de salvajes.
-No te preocupes por eso, no tengo pensado en ninguno de esos si bien son hombres muy capaces con la espada por desgracia, tú los puedes manejar demasiado bien querida, lo que tu necesitas es alguien capaz de ponerte un alto, tal vez alguien que sea capaz de evitar que te metas en tantos líos.
Candy suspiro.-Solo le quedaba ganar un poco de tiempo.
-Muy bien, cuando Alberth venga podrás hablar con el del asunto y yo haré lo que el diga.
-Se que lo harás, pero el motivo por el que he querido hablar contigo del asunto es por que hace unos días recibí una carta y he considerado bastante el asunto que me plantea la misiva, y Alberth aun tardara bastante en venir, y nuestro invitado estará aquí en cuestión de días.
-¿En serio?-Candy estaba asombrada no solo su abuela tenia pensado casarla si no que aparte ya hasta candidato tenia.- ¿de quien se trata abuela?
-No creo que lo recuerdes, querida pero estoy segura que será agradable tener visitas.
-Así que ya lo conozco ¿dime quien es?-¿Y sus intenciones?-Candy arqueo una ceja al terminar la pregunta al momento que acomodaba despreocupadamente la falda de su vestido.
-Sus intenciones son de las más honorables, respecto a ti.
-No lo creo, si lo fueran esperaría a que Alberth estuviera aquí.-Candy aun tenia esperanzas que al ser mención de su hermano tal vez la abuela desistiría pero...
-El quería esperar a que tus hermanos estuvieran aquí, pero ese cabeza de chorlito que tienes por hermano, le a pedido que se adelante, para que tu y el se conozcan, que clase de modales tiene tu hermano, por pequeñeces como esas ay quienes nos consideran unos bárbaros.
-Abuela exageras.
-Tonterías querida no es más que la verdad.
-Abuela yo no me quiero ir de aquí, tal vez debería casarme con Douglas, seguro que el seria un buen marido.
-¡¡Douglas!! No, no ni pensarlo el es…Douglas ¡por dios santo! los dos sean criado juntos. Si te desposares con el, probablemente se sentiria culpable por acostarse contigo, como si lo hiciera con su propia hermana.-Candy se puso roja la verdad era que jamás se podría imaginar a Douglas besándola con pasión suspiro, mala elección de candidato la abuela tenia razón, no es que Douglas no fuera hacer un buen esposo era solo que para serlo, al menos le faltaban unos diez años.
-Abuela tal vez deberíamos esperar un poco más, o al menos escoger a alguien cercano. Al menos ellos saben como soy.
-Lo se querida pero siento que no podrías ser feliz con ninguno de ellos, por desgracia te miran como una hermana mas y los que no lo hacen son unos idiotas en ese caso creme lo mejor para ti seria permanecer soltera, al menos serias mas feliz.
-Abuela, no te angusties si, estoy segura que tarde o temprano aparecerá el amor de mi vida, yo no tengo ninguna prisa en que llegue.
-Solo intentemos por esta vez ¡si! yo no te obligare a nada, después de todo eres muy joven aun.-Candy estaba demasiado tentada a decir gracias pero no, pero al ver la cara de su abuela no tuvo otro remedio que seguir la corriente de los acontecimientos.
-Esta bien abuela solo por ti lo intentare...aun no me dices su nombre ni de donde es…espero que al menos sea agradable a la vista.
-Bueno su nombre es…Terrénce Grandchester y creeme es bastante agradable a la vista de cualquiera.
Candy unió ese nombre a una imagen de su pasado de hace un par de años, era el chico que la ayudo a volver al castillo, claro que lo recordaba, quien podría olvidarlo y mas si era un completo arrogante…su abuela le estaba tomando el pelo.
-¡Dios Santo!...Estas mintiendo-Candy estaba completamente asombrada, ni por un momento se tomo en serio lo que su abuela decía.-Que buena broma abuela por poco me la creo.
-No es ninguna broma, mira aquí esta su miniatura, aun no me he olvidado de el recuerdas lo amable que fue contigo.-Su abuela seguía hablando mientras le tendía la pequeña imagen, guardada en una fina y delicada joya, la imagen mostraba a un chico, joven sumamente apuesto, sumamente serio y una mirada que hacia que el cuadro cobrara vida propia, a ella nunca le había gustado las miniaturas por que nunca mostraban el verdadero rostro de una persona, siempre lo hacia lucir mas a puestos de lo que eran y uno siempre terminaba desilusionado de la imagen real, pero en cambio esa pequeña imagen no le hacia ningún favor a su dueño ella lo recordaba muy bien…después de todo era el chico mas guapo que jamás hubiera visto en su vida y sobre todo, su mirada la había dejado hechizada.-Candy creo que no me as puesto atención a nada de lo que te he dicho.-Candy volvió a la realidad, aun no se creía que el quisiera pretenderla, ni si quiera que fuera ir a verla.-Lo siento abuela es solo que no me lo creo.
-Ya somos dos.- Candy arqueo la ceja no era un adefesio para que su abuela pensara que no podría atraer aun hombre.-Pero estoy segura que si tu y Lord Grandchester llegan aun buen entendimiento, serias muy afortunada.
-Abuela de todos modos no creo que sea muy buena idea.
-¿Por qué no habría de ser una muy buena idea?
-¿Cómo que por que? Abuela como te explico el asunto, para empezar solo lo e visto una vez en mi vida.-Candy enumeraba con sus dedos cada uno de los obstáculos a los que una relación entre ellos dos se podría enfrentar.-Segundo Lord Grandchester vive en otro país, no me agrada la idea de separarme de ti, de Alberth me seria muy difícil verlos a ambos.
-Querida para empezar solo es el país vecino, segundo a Aberth lo verías las mismas veces que lo vez viviendo aquí, y tercero me lo agradecerás, yo se lo que te conviene.
-Abuela tu siempre tienes la razón, aunque algunas veces…
-Entonces me estas dando la razón, a este paso muy probablemente te cases antes que Alberth, tenemos que comenzar a bordar tu velo.
-Abuela para, yo no he dicho que me vaya a casar con el.
-¿Por que no? Mejor partido nunca encontraras…o le vez algún defecto…si es bastante guapo.
-¡Abuela por dios! Creo que lo mejor es que me marche con mis hermanos mientras tu arreglas esto.-Lady Elroy al ver que los acontecimientos se comenzaban a escapar de sus manos no le quedo de otra que usar el chantaje sentimental.
-Candy tu y tus hermanos han sido un verdadero dolor de cabeza en mi vida, si no me mires así, yo he dado todo por ustedes y lo único que e pedido es que se casen, me den muchos bisnietos para poder morir en paz con la certeza de que mi legado sigue creciendo en este mundo, que algo de mi se queda a pesar de que yo ya no este aquí.-Lady Elroy miro la cara de culpa en su nieta, no le gustaba manipular a la gente pero a veces…era lo único que le quedaba para que hicieran su santa voluntad.
-Esta bien abuela, lo conoceré, seré amable con el pero si las cosa no funcionan me dejaras en paz y no te volverás a entrometer, es mas fijaras como próxima victima a Alberth o mejor aun a tus dos nietos después de todo es responsabilidad de esos dos, no mía el casarse y asegurar que nuestro nombre no se pierda.-Y justo cuando su abuela ya saboreaba su triunfo.-Pero bajo ningún concepto cambiare mi forma de ser ni ninguna de mis actividades, si el no me acepta como soy, no me importa y por el ni por nadie cambiare.
-Muy bien lo prometo.-Lady Elroy abrazo a su nieta.- Pero aun así creo que deberíamos de comenzar a bordar tu velo.
-¡Abuela nunca cambiaras!
El Castillo estaba vuelto loco Lady Elroy había mandado a limpiar cada rincón de el, todas y cada una de las alfombras fueron cambiadas, por no decir de toda la ropa de cama simplemente quería que todo fuera perfecto, a todo el mundo lo traía loco por suerte su euforia se fue apaciguando a medida que todo comenzaba a quedar en su lugar, y como quería. Candy la dejaba hacer todo mediando entre ella y cada uno de los sirvientes que habían amenazado con no mover un dedo mas si se atrevía cambiar de opinión una vez mas, la hacia feliz verla comportarse como una chiquilla con juguete nuevo, hacia mucho que no se le veía tan feliz para ser precisos desde que Anthony había decidido que era un hombre y debía buscar su camino, para ambas había sido un duro trago que pasar…demasiado amargo, pero se tenían la una a la otra, y con el tiempo ella le había hecho entender que ese era el destino de las mujeres ver partir a sus seres queridos, la admiraba había perdido un esposo un hijo y ahora a sus nietos los cuales no estaban muertos pero si bastante lejos.
Por décima ocasión esa mañana había observado la imagen entre las palmas de sus manos, y aun no sabia por que quería, cortejarla, ella no se sentía demasiado bonita, a lo mejor buscaba algún tipo de compensación por lo del lago, no eso era demasiado idiota, para si quiera pensarlo no importaba el por que ella se comportaría como siempre, y que dios la ayudara a salir con bien de su apreciable visita, solo serian unos días se repetía y cuando todo terminara ella continuaría con su tranquila vida.
Los días siguientes Candy se la paso demasiado ocupada, pero no por eso dejaba de pensar en Terry, en lo que realmente implicaba que el quisiera casarse con ella…y si eso ocurría su vida y va a cambiar totalmente y ella siempre le había temido al cambio, por que los cambios a pesar de ser siempre necesarios siempre terminaban arrancándonos una parte importante de nuestra vida que a veces por mas que uno se empeñara en recuperar simplemente era imposible.
-Candy.-Al oír su nombre brinco llevándose la mano al pecho.
-Por Dios Doroty no hagas eso.
-Lo siento Candy llevo un buen rato llamándote pero no me prestabas atención.
-Lo siento estaba pensando...- Candy apretó sus labios le costaba tanto decirlo en voz alta, Doroty se le quedo mirando fijamente, su mirada preguntaba lo que sus labios no se atrevían a formular, y Candy lo entendió enseguida.-En que me gusta mucho mi vida tal y como esta.
-A veces es bueno cambiar, si no existiera el cambio la vida seria muy aburrida no crees Candy.
-Si…Dime pasa algo...para que me buscabas.
-Al parecer el dueño de tus pensamientos llegara en cualquier momento, un Heraldo ha anunciado su arribo, veo el por que no escuchaste el anuncio de su llegada.
-Ta...tan rápido.-Candy guardo la imagen cerca de su cama, mientras miraba por la ventana.
-Estoy segura que todo saldrá bien, tu abuela no te obligara a nada que tú no quieras.
-Pues ciertamente no quiero esto.-Y are lo que sea para que no pase nada entre el yo, seré dulce y amable, bueno aunque eso seria muy complicado, ya encontrare la forma de que se marche pronto, siempre lo hago ¿no?
-Candy solo estas nerviosa, por que no as convivido con mucha gente, pero estoy segura que todo saldrá bien.
-¿Pero que pasa si el no me quiere?-Cuando se dio cuenta que las palabras se habían escapado de su boca ya era demasiado tarde.-Quien no te querría…solo se tu misma.
-Eso es lo que da miedo…ser yo misma y que no me quiera por ello.
-Pues si decide que no te quiere por lo que eres será un tonto, y no te conviene.
-Gracias Doroty, sabes que te quiero mucho.
-Yo también y será mejor que te des prisa no querrás que cuando llegue, no estés en primera fila verdad.-Candy asintió con la cabeza.- Que tal me veo.- Preciosa le robaras el corazón.-Espero que no…al menos si no es mutuo el sentimiento.
Candy se había reunido con la abuela, en el enorme salón donde las mujeres, se dedicaban a bordar y a coser, habían pasado más de cuatro horas desde que se habían enterado que su futuro huésped se aproximaba al castillo.
-Candy estas bien.
-Si abuela lo estoy no se por que lo preguntas.
-Da la casualidad que as hecho esa puntada, mas de seis veces seguida.
-Y eso que tiene de malo.
-Pues nada, solo que, la has hecho en el mismo lugar las seis veces seguidas.-Candy miro su trabajo iba muy bien, maravillosamente bien salvo por esas ultimas puntadas que lo había terminado arruinado todo. Resignada comenzó a intentar repararlo, la culpa de su nerviosismo la tenia el, había mandado a avisar que ya estaba cerca para prolongar su llegada alterando considerablemente sus nervios, no le quedaba otra que reconocer que estaba demasiado ansiosa por su llegada las piernas se le habían dormido cada una en diferentes ocasiones, por estar tanto tiempo sentada un verdadero record en su vida, el estomago le había comenzado a doler incluso pensó que de un momento a otro su comida terminara esparcido en el hermoso tapete de su abuela, y el solo hecho de pensar que en cualquier momento el llegaría, la había puesto mas ansiosa, harta de estar sentada esperando aun desconsiderado se había levantado a caminar por el salón como un animal encerrado de un lado a otro mientras su abuela sonreía por los inesperados nervios de su nieta.
Candy subió a una de las torres del castillo desde ahí se podría apreciar mejor la llegada de sus visitantes sin que ellos lo supieran ya habían cruzado la aldea y cada vez estaban mas cerca a la distancia pudo apreciar los estandartes de los escudos de la familia Grandchester y conforme estos se acercaban pudo ver a mas una docena de jinetes al frente de una caravana casi un pequeño ejercito, sus ojos se posaron en una caballo blanco el animal mas hermoso que jamás sus ojos hubieran visto, y en ese momento supo que su jinete no podría ser otro que su futuro prometido y el corazón se le acelero, no había pensado que el pudiera llegar a ser su prometido hasta el día de hoy, con el corazón embargado de una emoción desconocida bajo a reunirse con su abuela.
Las puertas del castillo estaban abiertas de par en par la bandera con el escudo de armas de los MacAndrew ondeaban a media hasta en señal de que su Sr. No se encontraba en sus tierras, pero a pesar de ello las tierras estaban excelentemente cuidadas, el castillo cualquiera que lo viera no tendría dudas de que tal ves estuviera viviendo en sus mejores tiempos.
Los visitantes se detuvieron y desmontaron de su caballo, mientras mas se acercaban a la entrada mas claro le quedo a los ojos de Candy que la miniatura era una imagen que no le hacia justicia, dos años había trascurrido desde la ultima vez que lo había visto y el tiempo lo había favorecido tremendamente, sus brazos lucían mas fuertes de bajo de esa ropa oscura, sus músculos de su pecho lo hacia lucir tremendamente grande y sus piernas, perfectamente ajustadas a sus pantalones casi le arrancan un suspiro de sus labios, al acercarse a ambas Terry le sonrió se había dado cuenta de la inspección a la que había sometido su mirada a su cuerpo, Candy no pudo evitar ponerse sumamente roja de pena, por que el parecía leer sus pensamientos.
-My Lord espero se sienta cómodo durante su estancia en nuestro hogar.-La abuela de Candy le dedico una delicada reverencia, después de que este le besara la mano.
-Estoy seguro que lo estaré con tan hermosas anfitrionas.-Su mirada se dirijo a la persona de Candy, cuando tomo su mano para besarla, una extraña energía fluyo entre ambos, su piel era tan suave como la recordaba, Candy por su parte sentía que el estomago le iba a estallar de tanta emoción, la belleza de la que era dueño era algo demasiado arrebatadora para ella, y el no pudo dejar de admirar los sutiles pero favorecedores cambios que la naturaleza había provocado en el cuerpo de Candy su cabello había crecido mas y por lo que parecía le costaba demasiado dominarlo a pesar de llevarlo trenzado en una coqueta trenza sobre su hombro, y en ese momento se pregunto que se sentiría enredar sus dedos en su hermosa cabellera, conforme iba recorriéndola con su mirada se hacían mas notorios los cambios sus pechos había crecido, al igual que sus caderas, seguramente seria una excelente madre y el se encargaría de que ella fuera la madre de sus futuros hijos.
-Mi nieta y yo nos encargaremos de que así sea.
-My Lady estos dos caballeros son mis primos por parte de madre.-Su atención fue dirigida a dos apuestos caballeros que se acercaban por el camino de gravilla.
-Bienvenidos sean, a Castle Roses.
-Gracias My Lady, Sir Archibald Cornwell a vuestro servicio.- No había duda que Terry había llevado ayuda por si la abuela se resistía, a sus avances con la dama ellos se encargarían de distraer su atención de ellos dos y al parecer ya lo estaba logrando el era simplemente adorable, poseía la galladura, y algo por demás atrayente para el sexo opuesto no importaba la edad que tuvieran.
-Sir Alistar Cornwell encantado con tan bella dama.- a diferencia de su hermano, Alistar era la persona más dulce y tremendamente ingeniosa que Candy conocería en todo lo que le restaba de vida, ambos hermanos, al igual que su primo terminaban capturando sin pretenderlo el corazón de cada una de las mujeres que se cruzaban por su camino.
-Que encantadores chicos.-Había dicho Lady Elroy después de que ambos le besaran la mano, Candy frunció el seño ella no era idiota y había comprendido a la perfección la jugada de esos tres.
-Por supuesto después de mis hermanos.
Los cuatro voltearon a ver a Candy que había comenzado a caminar rumbo al castillo, al tiempo que los cuatro lo seguían mientras el Sr. García daba órdenes para colocar a los recién llegados y sus caballos fueran atendidos.
-Disculpen a mi nieta no esta acostumbrada a tratar con chicos tan encantadores, por desgracia sus hermanos son unos verdaderos salvajes y lean contagiado algo de su carácter.
-No tiene por que disculparse me alegra que su nieta sea tan sincera estoy seguro que ella es justo lo que yo ando buscando.-Ese comentario le dio esperanzas a Lady Elroy de que tal vez aun podía conseguir un excelente matrimonio para su nieta.
-Gracias y ahora será mejor que descansen del viaje en sus aposentos.
Terry se dejo caer en la cama enterrando la cabeza en las sabanas de lino limpias, ese viaje, había sido fatal para su cuerpo si no lo tuviera tan duro de seguro le dolería cada músculo de el, pero bien valía la pena haber viajado tan lejos por volver a verla del fondo de su bolsa de viaje saco una miniatura que había mandado a hacer, había pagado una fortuna por que el artista lograr plasmar lo que el veía en ella, no solo belleza, si no dulzura y sensualidad, el artista había dicho que seria imposible asemejarse demasiado a la dueña y mas si no contaba con ninguna imagen de ella, pero después de haber devuelto demasiadas imágenes que no se le asemejaban en nada al fin lo había logrado, y desde ese día había cargado con ella, en su bolsa de viaje o bien cerca de su corazón.
Después de que ella se marchara del castillo de su tío había intentado arreglar un matrimonio con ella, pero su tío lo único que había ofrecido era a su prima una chica sumamente hermosa pero bien hueca de la cabeza, incluso había sospechado que ella sabia que estaba intentando encontrar esposa, por que sus insinuaciones habían sido por demás abiertas, hasta que el hablo con el rey diciéndole que no había posibilidades de cambiar la noche por el día, y a partir de ese momento ella nunca mas volvió a acercarse a el, se alegro bastante cuando se entero que la prima de Candy se había casado aunque no dejo de sentir lastima por ella, su esposo le triplicaba fácilmente la edad y por lo que sabia de su esposo a pesar de ser sumamente rico y poderoso era una completa bestia, solo pedía a dios que a pesar de todo ella no sufriera después de todo, si sus planes salían como el lo tenia pensado iban a ser familia y el a la familia la valoraba por encima de cualquier cosa.
La hora de la cena llego y en el enorme salón las mesas fueron montadas, y pronto el enorme salón quedo listo para alimentar a unas de cien personas de todos los rangos, la música de las gaitas llenaba todo el castillo, miles de antorchas comenzaron a alumbrar conforme el atardecer iba llegando y muy pronto el salón estaba completamente lleno, pero a pesar de todo estaba perfectamente dividido se podían distinguir fácilmente mas de la mitad usaban su característico tartan, mientras que la otra mitad, con hermosas capas de terciopelo de distintas formas y colores.
Cuando Terry entro en el enorme salón en compañía de sus dos primos, lo primero que hizo fue buscar a Candy con la mirada se suponía que debía de estar en la mesa de honor para evidenciar su alto rango, por desgracia no había nadie en la mesa de honor esa estaba completamente vacía, lo menos que le apetecía era sentarse solo en su primer noche, cuando comenzaron a avanzar se hizo el silencio total, podía sentir las miradas en su persona, y de pronto los murmullos comenzaron de nuevo.
Antes de llegar a la mesa pudo escuchar casi como un murmullo como los escoceses murmuraban entre ellos.- Sassenachs1 Ella jamás lo aceptara.- Pero el no había llegado tan lejos para darse por vencido tan fácilmente, justo cuando llegaba a la mesa Lady Elroy y Candy llegaron a su lado.
-Caballeros.-Lady Elroy hizo una pequeña reverencia en compañía de Candy, antes de subir a la tarima donde se encontraba la mesa principal y dar un pequeño discurso, cuando ella comenzó a hablar todo mundo presto atención inmediatamente.
-Caballeros como saben el Clan MacAndrew se complace de tener como invitados a la casa de Gardchester, espero que su estancia aquí sea de lo mas placentera y cada uno de nuestros miembros lo hagan sentir como en casa, así que bienvenidos a Castle Roses, y ahora a cenar ya saben que los discursos nunca se me han dado.-Lo ultimo fue recibido con enormes vítores por parte de todo mundo.
-Dígame My Lord ¿Le gusta Escocia?-Pregunto Candy
Como no podría gustarle si era el hogar de ella.-Si es maravillosa, aunque el clima es…
-Se que es medio loco, pero ya se acostumbrara.- Lo interrumpió Lady Elroy.-Cuándo yo llegue a las montañas jure que no sobreviviría, y ya ve me moriría si me alejaran de ellas.
-Por suerte para usted My lord la primavera se ha adelantado y el invierno este año fue muy calido, verdad abuela.
-Es lo que veo casi no llovió en el camino.
-Candy tal vez deberías de llevar mañana a nuestros invitados a dar un paseo por los alrededores, en especial por el lago.-Había sugerido Lady Elroy bastante contenta a una Candy que miraba a todo mundo con el seño fruncido.
-Me encantaría…-De repente su mente se ilumino con una fabulosa idea y a todos les dedico la mas hermosa de sus sonrisas.-Podemos acompañar a los pastores, su recorrido es uno de los mas maravillosos que e realizado, al menos por supuesto que estén muy cansados, pero creanme que vale la pena les encantara el paisaje.-Terry cruzo unas miradas con sus primos, antes de dar su respuesta.
-Creo que seria bastante interesante, claro que iremos no es así chicos.
-¿Cuántas cabezas son?-Pregunto Archí.
-Mas de mil quinientas.
-Claro que será interesante.-confirmo Stear.
-Pero Candy nuestros invitados deben estar muy cansados, pueden hacer el recorrido cualquier día.
-Ho no My Lady para nosotros será un placer conocer más a fondo sus tierras.
-Perfecto, partiremos al amanecer, por cierto viajamos ligero.- Y en sus labios apareció una gran sonrisa.- Douglas se encargara de que todo este listo, para que podamos acompañar a los pastores y los hombres que no quieran acompañarnos estoy segura que encontraran muy placentero Castle Roses.
-Genial será muy divertido.
Terry iba a agregar algo más pero justo en ese momento, los sirvientes con cuencos llenos de agua aromatizada comenzaron a ser llevados por los sirvientes y con eso había dado comienzo el banquete en honor de los recién llegados.
La cena estuvo llena de diferentes patillos, cordero cocinado con distintas hiervas de olor, cerdo salvaje, bañado en una belicosa salsa así como distintos tipos de aves acompañadas con exquisitas guarniciones de frutas y verduras bañadas por deliciosas salsas, la música estuvo presente durante todo el banquete así como los buenos vinos y el tradicional wisky, Terry estaba encantado, a pesar de que sabia que muchos no estaban de acuerdo con su presencia en el castillo, todos eran demasiado hospitalarios. Solo pudo intercambiar con Candy unas cuantas palabras pero, había veces que sus cuerpos se rozaban, que sus miradas se encontraban, y en ese momento sus almas se conectaban.
A pesar de que la fiesta había terminado bastante tarde, Candy estaba lista para partir, tomo su mochila de viaje y se puso en camino hacia las caballerizas, al igual que Terry y todos los que iban a hacer el recorrido ya la estaban esperando unos mas dormidos que despiertos pero al fin al cabo listos, Terry en cuanto la vio llegar le sonrió, y Candy no pudo evitar reconocer lo guapo que era.
Candy vestía muy diferente a como lo había hecho en Edimburgo, la vestimenta escocesa era simple y daba libertad. Consistía de una suave camisa de algodón y de una camisa de mangas largas, color azafrán. Las mangas estaban fruncidas en el hombro y tenían puños angostos. La falda estaba cortada en amplios gajos; ceñía la cadera, pero se ensanchaba lo suficiente para permitirle correr y montar a caballo. Su color era un suave azul de brezos. Un ancho cinturón de hebilla plateada le rodeaba la estrecha cintura. Ceñía diestramente a los hombros otra manta de seis metros y lo sujetaba con un broche grande, el mismo broche de oro y plata que pasaba de madre a hija, de generación en generación, el tartan era lo único que al parecer nunca cambiaba en su atuendo.
-Buenos días a todos lamento llegar tarde.- Se disculpo Candy, a pesar de que no lo había hecho pero que clase de anfitriona era si sus invitados llegaban antes que ella a una cita y no se disculpaba, al momento que todos respondían con una inclinación su saludo
-No as llegado tarde somos nosotros quienes nos hemos adelantado.- dijo Terry al momento que le tomaba la mano para besarla.-Estamos acostumbrados a madrugar.
-Bien My Lord nos deben estar esperando y será mejor que nos pongamos en marcha los rebaños nos esperan.
Candy acomodo su mochila en el caballo, y sin ayuda de nadie monto en el, los demás la siguieron al llegar a las puertas del castillo los pastores ya habían comenzado a ordenar las ovejas con ellos estaba Douglas, acompañado tan solo de otros dos hombres que deberían de tener casi su misma edad Terry, no calculaba mas de 20 casi su misma edad.
Por primera vez Terry reparó en la vestimenta de Douglas. Usaba una camisa de grandes mangas fruncidas y un largo chaleco acolchado que le cubría hasta medio muslo. Calzaba toscos zapatos sobre gruesas medias de lana, que le llegaban sólo hasta las rodillas dejándolas al descubierto. Sobre los hombros, un paño de tartán, ancho y largo. Un cinturón ancho ceñía el chaleco, sosteniendo un puñal a su costado. Douglas se dejó examinar sin decir nada, a la espera de algún comentario, hacia su persona el cual nunca llego.
-Vaya si que es impresionante.-Dijo Archy admirado del espectáculo que los animales daban.
-Lo se son preciosos, será mejor que nos pongamos en marcha ya hemos retrasado suficiente a los pastores.
-¿Nadie mas vendrá con nosotros?.-Pregunto Stear.
-No nadie más lo ara, a la abuela solo le gusta viajar si es necesario, el Sr. García odia el recorrido de los pastores por muy hermoso que este sea y los demás están demasiado ocupados como para venir con nosotros, estaremos bien con Douglas, Desmond, y Robert.-Señalando hacia los hombres que encabezaban el recorrido.
-Vaya es increíble que solo ellos no estén ocupados para acompañarnos.-Dijo Archy.
-Ellos van a donde yo voy, sin importar lo ocupados que estén.
-Entiendo son tus escoltas.
-En cierta forma lo son, Douglas y sus hermanos son mis primos, casi todos los que habitan en el castillo son parientes míos unos mas cercanos que otros pero al fin al cabo mis parientes, todos cuidamos de todos pero el jefe del Clan tiene una gran responsabilidad, saben Clan en galetico significa hijos, y un buen padre siempre quiere lo mejor para sus hijos.
-Creo que me gusta Escocia.- Candy le sonrió a Terry.
-Me alegra que le guste mi hogar My Lord pero sobre todo nuestras costumbres.
En los campos la cebada crecía, en algunos con dificultad pero aun así se habría paso entre las dificultades de las tierras altas, los campos que llevaban al sur de Escocia eran tan magníficos que parecía que uno estuviera en un hermoso sueño, había lagos por todas partes unos mas grandes que otros, durante gran parte del día hicieron el recorrido con los animales, hasta que estos les sacaron ventaja debido a que Candy pedía detenerse en cada choza con la que se topaba para asegurarse que sus habitantes se encontraban bien.
Recibiendo la hospitalidad de cada una sin importar lo pobre que estas fueran, Candy toaba nota mental de todo lo que esa familia necesitaba para después enviarles suministros suficientes para hacerles pasable la vida. Terry en la primer casa que se detuvieron se había rehusado a recibir su hospitalidad pero cambio de opinión después de que Candy le explicara que para los Escoceses, era una costumbre compartir sin importar quien fuera lo poco que tenían en señal de bienvenida y seria un insulto para ellos que el se rehusara a aceptar su hospitalidad.
Ya casi había llegado la noche cuando se disponían a detenerse para montar un campamento a la orilla del bosque, cuando ruidos provenientes del bosque alertaron a Terry y a sus hombres, todos hicieron silencio total y los hombres de Terry sacaron sus espadas, mientras los primos de Candy solo se mantenían alerta.
De la densidad del bosque varias figuras a pie comenzaron a brotar, Terry tenia su espada lista para usarla, mientras las sombras comenzaron a tomar forma, se pudo distinguir a un grupo de unos ocho hombres, todos vestidos con la tradicional vestimenta escocesa con la única diferencia de los colores en su tartan y en su falda, Douglas los saludo con un movimiento de mano, mientras Candy lo reconocía.
-¡Ian!.- Candy desmonto para ir al encuentro del hombre que les cerraba el paso.
-¿A pasado mucho tiempo, Candy?-Ella le sonrió.
-Nos vimos Hace seis meses.- lo decía mientras le daba un calido abrazo.
-No creí que los rumores fueran ciertos.-Dijo señalando con la mirada hacia Terry.
-A veces no hay que creer lo que se dice.
-Tal vez, pero esta vez…-Dijo levantando los hombros indiferente.-No me cabe duda que es verdad.
Terry se acerco a los dos todavía montado en su caballo.
-No sabíamos quien era lamento si mis hombres levantaron sus espadas en tu contra.
-No tienes por que disculparte cualquiera en tu lugar lo hubiera hecho.-Dijo estirándole la mano al momento que Terry desmontaba y se la apretaba.-Soy Ian MacGregor.
-Yo soy.
-Se muy bien quien eres y por que estas aquí.
-¿Ha si?
- Es un mundo pequeño¿Quiénes son?- dijo señalando con la mano a Archy y Stear.
-Son sus primos.-Douglas interrumpió. -Ian a donde te diriges.
-Estábamos de casería, cuando me entere que seguían el recorrido con los pastores y no pude evitar venir a verlos.-dijo todo esto mientras seguía examinando a Terry y a sus primos. Ya no eres tan silencioso cada uno de sus movimientos se escuchan a kilómetros de distancia, suerte que éramos nosotros si no tal vez ya estarías muerto.-Terry frunció el cejo, al igual que Douglas.
-Te equivocas sabia que eras tu, solamente tu haces esos ruidos tan espantosos.
-Ruidos, me ofendes Douglas.
-Vamos chicos no peleen, Ian quieres compartir campamento con nosotros, ya es demasiado tarde para alcanzar a los pastores.
-Otra vez los as perdido ¿en cuantas casas as parado esta vez Candy?.-Ella solo se apeno.
-En todas y cuanta casa se apuesto en nuestro camino.-Interrumpió Terry.
-Nunca lo ha podido evitar.-suspiro con resignación Douglas, el había hecho ese mismo recorrido cientos de veces en el pasado y siempre terminaba igual que este, solos a mitad del camino.
Terry, de pie en el centro del campamento, se calentaba las manos ante el fuego de turba. Un fuerte viento soplaba, haciendo necesario el calor de las llamas. Ian se había quedado a compartir con ellos el campamento finalmente; sentado en el otro extremo de la fogata sobre una enorme piedra, con una red para pescar tendida sobre las rodillas desnudas iba anudando las toscas cuerdas con sus manos, Ian era enorme tenia alrededor de 25 años, pelirrojo y con una calida sonrisa en sus labios, además era sumamente apuesto.
-Conque pretendes casarte con ella.-Dijo con seriedad.
Terry le miro a los ojos. Aún no se había acostumbrado a que los escoceses permanecieran sentados o de pie en su presencia, según se lo mandara la propia voluntad. Quizá estaba demasiado habituado a recibir el trato debido a un lord inglés.
-Yo no lo expresaría de ese modo.-Replicó. -Pero al recordar que ella aun no había aceptado meneó la cabeza.-En realidad si pretendo.
Ian hizo una pequeña pausa mientras apretaba un nudo.
-Douglas ha pensado siempre que debería de figurar entre los hombres elegidos por la abuela de Candy como candidatos a casarse con ella.- Rió entre dientes ante la expresión de Terry.-No te preocupes, muchacho.-¡Muchacho si solo le llevaba unos cuantos años!-Lady Elroy sabe lo que hace. Douglas está hecho para obedecer, no para mandar. Candy le inspira demasiado respeto. No podría ser su amo.
Terry se echó a reír.
-No hay hombre lo bastante fuerte para ser su amo.
Ian no hizo comentario, pero sonrió para sus adentros. Por fin levantó la vista.
-Sabes no te culpo por haber venido hasta aquí, si yo pudiera hace tiempo que hubiera solicitado su mano, por suerte para ti no puedo hacerlo por que sin duda su abuela me la hubiera dado.
-Estas muy seguro de ello.-pregunto Terry apretando los puños.
-Ho si, algún día seré el jefe de los MacGregor a Candy no le faltaría nada y lo más importante permanecería en las tierras que ella ama y aunque no fuera hacer jefe de mi propio clan soy Escocés.
-Eso no importara.
-¡Claro que importa! nuestras costumbres son otras. ¿No lo sabes todavía? Si pretendes casarte con ella tendrás que aprender algunas.
-¿Por qué me dices todo esto?
-He visto como te mira.-Antes de que Terry preguntara respondió.- Te mira con anhelo, con amor.
Terri busco a Candy con la mirada, ella recogió la falda para descubrir sus esbeltos tobillos y procedió a enseñar a Archy unos cuantos pasos de danzas tradicionales de las Tierras Altas, mientras los demás hombres ponían atención en cada uno de sus pasos, su cara estaba sonrojada por el ejercicio, y todos reían ante los intentos de Archy por intentar imitar sus pasos, mientras Desmod tocaba la gaita.
-Tal vez no se notaria tanto su torpeza si usara falda.-Dijo Ian.
-Este país es demasiado frío para andar por allí con el trasero al aire.-Murmuró Terry.-Señalando la manta y la camisa de Ian.
El otro se echó a reír.
-De pronto Ian se puso serio.- Este atuendo tiene una razón de ser. La manta hace que uno desaparezca entre los brezales. Es fácil de quitar y fácil de poner con rapidez. Como Escocia es un país húmedo, nadie puede andar con prendas adherentes y mojadas contra la piel; de ese modo uno enfermaría de los pulmones y perdería la vida. La manta es fresca en verano. En invierno, te mantendrás caliente frotándote las rodillas.- Sus ojos cobraron brillo.- Además, esto permite que el aire circule libremente por tus partes vitales.-Dijo levantando la manta y la camisa para mostrar una nalga descubierta.
- Eso es innegable.
Ahora ya sabes lo que usan los escoceses debajo de la manta.
El campamento se encontraba sumido en el silencio Candy dormía, bien envuelta en su manta. Terry sonrió al verla, complacido por esa capacidad de dormir en el suelo frío, duro y húmedo. Le hubiera gustado poder besarla y tal vez se hubiera atrevido de no ser por que Douglas se mantenía despierto vigilando que nada le pasara, ahora entendía el por que siempre estaba dispuesto a seguirla, y no le extrañaba para nada.
A la mañana siguiente antes de que el sol saliera casi todo mundo estaba listo para partir solo esperaban por una persona, Candy aun dormía, abrazando un pedazo de su manta.
Ian y sus hombres se despidieron de Terry y los demás, no esperando a que Candy despertara.
-Ha sido un placer conocerte.
-No esperaran a que Candy despierte.
-No se nos ha hecho tarde ya hemos perdido un día entero por venir, en casa se preocuparan si tardamos mas de lo habitual y sin Doroty aquí Candy aun tardara en despertar, Douglas despídenos de ella y dile a Lady Elroy que nos veremos pronto.
-Muy bien así lo are, buena suerte.
-Yo siempre la tengo.
Candy tardo todavía un buen rato en despertar y solo lo hizo por que los olores de la comida despertaron a su estomago, después de un sustancioso desayuno basado en conejo que aunque no le gustaba, no podía negar que estaba delicioso, un poco de pan integral, y unas cuantas frutas se pusieron en camino, el recorrido a los campos de pastoreo, fue mucho mas rápido por que ya no había cabaña que se cruzara en su camino además de que el ultimo tramo lo hicieron a galope, la vista era magnificaba, los verdes valles brillaban con el esplendor de la primavera, los animales se encontraban pastando gustosos, acumulando grasa para el invierno que casi siempre solía ser muy duro en las tierras altas.
La vista de los valles bajos era maravillosa, se podían apreciar las montañas aun cubiertas por un poco de nieve casi se podían tocar con las manos, pasaron toda la tarde junto a los pastores, Candy pronto descubrió que Terry y ella a pesar de ser tan diferentes a veces se podían llevar bien, al menos cuando el no intentaba levarle la contraria, el en verdad intentaba darle toda la razón solo que ese ser perverso que todo mundo posee salía demasiado a flote y no congeniaba demasiado con el de Candy.
Se suponía que el regreso iba a ser sencillo, pero no llegarían con tanta facilidad a casa. De pronto se abrieron los cielos y un diluvio de agua muy fría cayó sobre ellos. Todos se envolvieron las mantas a la cabeza Candy y sus primos a pesar de la lluvia seguían disfrutando el regreso a casa pero no Terry y sus primos, por suerte no tuvieron que volver a pasar la noche a la mitad de la nada, por que el regreso a Castle Roses, fue mas rápido, a pesar de la lluvia antes del anochecer habían llegado.
Tres días desde su regreso de los campos de pastoreo habían pasado, y cada vez la comunicación entre ellos era mas fluida, aun la mayoría de la gente miraba con desagrado a Terry y a sus primos pero casi todo el mundo estaba contento de tenerlo de visita, por las mañanas Terry y sus hombres se entrenaban, para los torneos, se ponían una enorme armadura, para protegerse de los golpes, los hombres del clan miraban atentos sus entrenamientos pero no participaban en ellos.
-Entiendo que un caballero Ingles debe seguir ciertas reglas de combate, pero aquí no sobrevivirías, con esa cosa puesta.-Dijo Douglas señalando la pesada armadura.
-Se que a Alberth y Anthony les gustan los torneos, son buenos con la espada.
-Ambos saben usarla muy bien, pero nosotros los de las tierras altas nos entretenemos de otras maneras.
-Me gustaría ver algún día como entrenan.
Douglas se acaricio el mentón con la mano izquierda mientras adoptaba actitud de meditar en el asunto.
-Pronto lo aras, dentro de dos semanas se reunirán algunos de los clanes para celebrar el equinoccio de la primavera.
-Estaré encantado de participar en sus celebraciones.
-Eso espero.
Desde su habitación Candy, observaba al grupo que practicaba, se suponía que Terry se iba a aburrir y volverse a sus tierras, al menos eso había pensado ella cuando se había enterado que el y sus primos comenzarían a practicar algunos ejercicios, pero no el al igual que todo mundo disfrutaba, incluso Douglas que a veces era un huraño parecía llevarse bien con el, a ella misma le agradaba demasiado, era, guapo, fuerte, leal, amable, tenia todos los atributos que una mujer pudiera desear en un hombre, justo en ese momento Terry voltio a mirarla y le sonrió, ella no pudo evitar devolverle la sonrisa a lo que el respondió con una reverencia, importándole bien poco ser el centro de atención de todo mundo.
-Que es lo que observas tan animadamente.-Pregunto Doroty que llevaba una enorme canasta para Candy.
-Nada.- Y se alejo de la ventana, Doroty deposito la canasta en una mesita y camino a la ventana.
-A ya veo, que te llamaba la atención.-Doroty recorrió la figura de Terry con los ojos.-Y no te culpo es bastante apuesto, aun no entiendo por que no te dejas llevar por la corriente Candy creeme lo disfrutarías bastante.
-No se de que hablas.
-Vamos he visto como lo miras, como te mira…seguro no fue tan terrible cuando fueron con los pastores.
-No, lo disfrute bastante, y creo que el también a pesar de que estaba muy cansado.
-Lo ves, las cosas no son tan malas como pensabas…Tal vez deberías de probar sus besos.-Candy se puso roja como un tomate.
-¿Qué nunca se te a ocurrido? Doroty sonrió.-Quizás sea hora que alguien te bese Candy.
-No digas tonterías, que ganaría con unos cuantos besos, solo pensar en el intercambio de fluidos…Candy sacudió su cabeza en señal de que la sola idea le revolvía las entrañas.-No ni pensarlo.
-Como quieras, ven vamos tenemos muchas cosas que hacer, bueno en realidad tu eres la que tiene cosas que hacer.
-¡Ho! por favor Doroty, sabes que la cocina no se me da, no podrías cubrirme tu.
-Lo siento Candy, esta vez no.-Doroty le ofreció la canasta a Candy, la cual tomo con un suspiro de resignación.
Candy volvía de la huerta, con una canasta llena de manzanas recién cortadas por ella misma Nan la cocinera le había prometido que le enseñaría a preparar una tarta de manzanas para cuando sus hermanos volvieran, ella misma los deleitara con su comida, ya se podía ver recibiendo los halagos de Alberth, por que Anthony de seguro no creería que ella las había cocinado, era verdad que la cocina era uno de los atributos que peor se le daban pero no era culpa suya que la sal y la azúcar fueran tan parecidas ¿o si?, como siempre tan metida iba en sus pensamientos que no se dio cuenta que había alguien en el pasillo, hasta que fue demasiado tarde.
Una voz medio burlona salio de las sombras sobresaltándola.
-¿Creí que no se te daba la cocina?.-Justo en ese momento la cesta resbalo de sus manos esparciendo todo su contenido, contuvo el aliento, se dio la vuelta en la dirección de la voz.
-¡Oh!
Terry surgió de una columna que había delante de la chimenea, donde había estado en la sombra, con una copa de vino en la mano. Dejó el vaso en una mesa de bronce que tenía a su lado antes de acercarse a la joven.
El corazón de Candy golpeaba con fuerza en su pecho, por la sorpresa y por la emoción de verlo.
-¿Por…Porque no has dicho nada?
-Acabo de hacerlo.
Terry, mostraba las claras huellas de haber pasado todo el día al aire libre, su camisa estaba entreabierta y manchado de tierra, la camisa abierta dejaba ver un triangulo de piel bronceada en la garganta y algunos mechones de pelo le caían sobre la frente suavizando sus rasgos.
Los ojos, de un azul profundo, estaban cargados de una intensa curiosidad que hizo que Candy se estremeciera, desde que había llegado era la primera vez que se encontraba a solas con el, su mirada la examinaba de pies a cabeza, nunca le había importado su aspecto pero ese día maldijo ir vestida como una simple campesina, y no lucir uno de sus hermosos tartanes.
Candy centró su atención en las manzanas que estaban a sus pies esperando que el no la viera ruborizarse.
-Perdón por asustarte…
-No es extraño cuando un hombre sale así de las sombras.
-Yo lo siento…pero no pude evitarlo e tratado de hablar a solas contigo desde que volvimos pero tu abuela lo ha hecho imposible, siempre hay alguien demasiado cerca de los dos.
-Lo se…de que quieres hablarme.
-De ti…de mi… de nosotros.- Candy a pesar de que no quería estar a solas con el después de unos minutos de debate interno entre hablar y no hablar acepto.
-Esta bien, pero aquí no a veces las paredes oyen, además de que mi abuela puede interrumpirnos.
-Bien ¿en donde y a que hora?
-Vayamos al lago…ahora mismo, mi abuela cree que estaré con Nan y no notara mi ausencia.
-Esta bien.
-Será mejor que se adelante, te veré cerca de los árboles…mantente escondido hasta que yo llegue…yo le avisare a Nan y pediré a Doroty que me acompañe.
-Muy bien, te estaré esperando.
Terry ayudo a recoger las manzanas a Candy y cada uno se fue por su lado. Una hora después Candy se acercaba al lago.
Candy llego en compañía de Doroty al lago, como le había dicho a Terry el estaba oculto entre los árboles, la brisa de la primavera golpeaba su cara, cuando Candy se reunió con el sus cabellos se mecían con el compás del viento, haciéndolo lucir tan encantador sin querer había soltado un suspiro. Doroty se aparto para dejarlos hablar en privado Candy estaba tan nerviosa y Terry no se quedaba a tras.
-Candy gracias por venir.
-De nada...y bien que es lo que querías hablar de nosotros.-Terry tomo a Candy del brazo para llevarla cerca de la sombra de un frondoso árbol.
-No se si tu abuela te hablo de mis intenciones de tomarte por esposa.
-Si lo hizo.
-Y que opinas de ello.
-Realmente no se que pensar…de todos modos no se como podría casarme contigo si apenas y nos conocemos, somos tan distintos que como podríamos pasar nuestra vida juntos.
-Se que no nos conocemos Candy, por es permítame ser tu amigo.
-¿Amigos?...creo que si me gustaría ser tu amiga Terry.
Se sentaron a contemplar el lago en silencio uno al lado del otro sus manos casi se podían tocar, a pesar del silencio no había incomodidad entre ellos dos y por primera vez la perspectiva de que tal vez pronto abandonaría su hogar no le angustio el corazón.
-Mi madre se enamoraría de este lugar, parece mágico.
Candy suspiro.
-Lo se aquí aprendí a nadar.
-Tu infancia debió de haber sido muy feliz aquí con tus hermanos.
Candy sonrió, y su mirada se poso en sus ojos un tanto melancólicos.
-Se podría decir que fui muy feliz aquí, bueno al menos mientras mis dos hermanos no se empeñaban en hacerme la vida miserable.
-No puedo creer que alguien intentara molestarte.
-No tienes hermanos mayores, Alberth y Anthony siempre se han creído superiores a mí en algunas cosas, me gastaban bromas bastante pesadas, para una niña y como las soportaba seguían y seguían, hasta que mi padre les ponía un alto.
-¿De verdad? Y tu no hacías nada me imagino.
-Este, bueno algunas veces…pero eso no los justifica.
-¿ha no?
-¡Claro que no! Sabes ¿Por qué aprendí a nadar en un tiempo recor?
-No, pero estoy seguro que debió ser por algo terrible.
-Bueno en parte si, cuando era pequeña Alberth nos obligaba a jugar un estupido juego el cual consistía en ver quien lograba aguantar mas tiempo bajo el agua, decía que era una forma de entrenamiento militar, tanto Anthony como yo lo seguíamos como tontos, siempre terminábamos empapados en la orilla del lago mientras el se botaba de la risa, total y absolutamente seco, decía que siempre caíamos con eso del entrenamiento, así que Anthony y yo decidimos cobrar venganza, ambos aprendimos a nadar en un tiempo recor y la siguiente ves que fuimos a la orilla del lago creeme que Alberth no se rió.
-¿Que fue lo que le hicieron?
-En realidad no mucho cuando Anthony y yo entramos al lago yo desaparecí, salí por otro lado sin que el me viera, el pobre se llevo el susto de su vida creyó que me había ahogado, entro como loco al agua, Anthony y yo no paramos de reírnos de el durante el camino de regreso a casa.
-Pobre hermano tu yo, he de cuidarme de tu venganza.
-Tal vez, solo si me haces algo terrible, pero dudo que pudiera llegar a ser algo cruel, mi padre nos hizo comprender el terrible susto que le habíamos hecho pasar a Alberth, y después del terrible castigo que nos puso entendí que la venganza no trae nada bueno, aunque te haga muy feliz en su momento.
-Me alegra.-Terry le acaricio la mejilla a Candy con la punta de sus dedos y comenzó a delinear sus cejas, la caricia era tan suave que le aceleraba el corazón, atrapo su mentón entre sus dedos y con el pulgar acaricio la suavidad de ellos, podía sentir su calido aliento en su yema, la punta de la lengua de Candy hizo un pequeño contacto con su dedo, y el fuego fue marcado en sus entrañas, Terry retiro el dedo ceñudo y lo único que pudo salir de sus labios fue:
-Tienes pecas.
-¿Y?.-Por que no podía seguir acariciándola, su mano era tan calida.
-Me gustan tus pecas, tal vez debería llamarte Lady pecas.Esa ultima palabra había roto el encanto en el que había comenzado a perderse.
-¡LADY PECAS!
-Si me gusta ese nombre ¿aunque?
-¿QUE?
-Creo que son demasiadas.
-¡OYE A MI ME GUSTAN!
-No te enfades se te notan mas las pecas, creo que no te gusta lo mejor será que te siga llamando Candy
A pesar de que Candy estaba tentada a mandarlo al diablo no pudo más que asentir con la cabeza, primero alaba sus pecas y luego que eran demasiadas.
-Creo que será mejor que vuelva a casa antes de que la abuela se de cuenta que no estoy en la cocina.
-Si creo que será lo mejor.-Terry tomo la mano de Candy y la beso antes de marcharse, casi había estado apunto de hacer un estupidez de lo embriagado que estaba por ella, suspiro y se dejo caer en la hierva mientras Candy y Doroty desaparecían de su vista.
Candy paso toda la tarde sumida en una burbuja de felicidad, ni si quiera le importaron todas las reprimendas que esa tarde se llevo por andar en la luna.
Candy y Terry comenzaron a dar paseos por las tardes les gustaba sentarse a la orilla del lago platicaban de muchas cosas en especial de los viajes de el, a Candy le encantaba escuchar de sus aventuras, en cierto modo lo envidiaba ella aunque hubiera querido jamás le permitirían viajar tan lejos, seria absolutamente innecesario poner en riesgo su lindo pellejo le había dicho una vez Alberth, se alegraba de que el hubiera decidido que para poder establecer una relación sentimental primero tenían que conocerse como seres humanos, incluso le había dado unos consejos para poder mejorar su puntería con el arco, salían a paseos en carreta a la aldea, y Candy estaba gratamente sorprendida de lo bien que congeniaban ambos, los silencios aunque a veces largos nunca eran incómodos y ambos sabían que podían permanecer durante mucho tiempo callados, sin necesidad de palabras ya que sus ojos lo decían todo, pero otras veces Candy estaba convencida que era el hombre mas insufrible que jamás nadie hubiera conocido, juraba que nunca mas le dirigiría la palabra de nuevo la cual terminaba devolviéndole en cuanto el le regalaba una hermosa sonrisa.
Una mañana al estar desayunado en compañía de Terry, Candy recibió una carta de parte de Anthony y de Alberth que de inmediato la pusieron sumamente triste.
-¿Que pasa Candy malas noticias?
-Si Anthony y Alberth ya no vendrán al festival de la aldea, y tal vez ni si quiera para mi cumpleaños.-Terry frunció el ceño, a el no le gustaba la idolatría que Candy sentía por esos dos, lo ponía celoso a pesar de que no tenia por que, y sin el menor tacto hablo de ellos dos.
-No creo que te pierdas de mucho si ellos no vienen, ellos se lo pierden y tu te lo ahorras.
-Pero son mis hermanos y yo quería que estuvieran conmigo la fiesta no será lo mismo sin ellos, este año al fin la abuela me dio permiso de asistir durante la noche.
-Puedes ir conmigo.
-Yo quería ir con ellos, aun tenia esperanzas de que me acompañaran.- A Candy se le escapo de sus labios.
-Pues tus hermanos son unos idiotas por atender otros asuntos.
-¡Oye no hables así de ellos!.-Sin saber por que ambos habían comenzado a alterarse.
-Pues gracias a ellos no te queda otra opción de ir conmigo.
-Gracias pero ya se me fueron las ganas de ir…mejor me voy a dormir temprano.
-Como quieras.
-Muy buenas noches My Lord.
-Dirás buenos días.
-No digo buenos días por que yo no saldré de mi cuarto hasta mañana ¡adiós!.
Y sin darle tiempo de replicar Candy se marcho a su habitación, estaba enfadada pero Terry tenia la culpa, su primera pelea como casi prometidos por una tontería.
Durante todo el día Candy no salio de su habitación tomo sus alimentos en compañía de Doroty, y paso una noche terrible a la mañana siguiente los ruidos de las trompetas que anunciaban la llegada de alguien la habían despertado, los clanes habían empezado a llegar, para la celebración, pronto el castillo se convirtió en un hervidero de gente y aunque su abuela le había insistido en que saliera y se reuniera con ellos Candy prefirió reposar hasta la cena y cuando la cena llego, uso su mejor ropa un hermoso vestido verde, que la hacia lucir hermosa, si había decidido que se disculparía por haber actuado tan infantil, con aire solemne hizo su entrada al salón y con la mirada busco la mesa donde se suponía que debería estar Terry, y digo se suponía por que la encontró vacía, siguió la búsqueda, hasta que sus ojos toparon con el.
Candy frunció el seño, no esperaba que se diera al drama como ella, pero al menos podía disimular que no la estaba pasando tan bien, todo mundo en esa mesa reía, Terry el dueño de sus tormentos, Ian, ahora parecía mas amigo de el que de ella, sus primos, bueno ellos debían de divertirse con el pero el colmo de todo era Douglas, si incluso el se la estaba pasando genial, mientras ella había estado enclaustrada entre cuatro paredes, por primera vez deseo que se dedican al deporte favorito de los Escoceses pelear entre ellos.
Con el porte de una reina se encamino hacia la esa después de todo era su deber darle la bienvenida a los recién llegados, cuando estuvo frente a ellos se hizo el silencio total.
-Caballeros.- hizo una reverencia dirigida a todos.-Espero que se la estén pasando genial.
-Hola Candy.-Saludo Ian.-Me sorprendí al no verte en la puerta, pero ya Terry nos contó el motivo.
-¿En serio?-Candy arqueo una ceja.
-Si
-Ho ya veo.-La vena en su cien comenzó a palpitar así que por eso estaban tan divertidos.
-De repente me a entrado un terrible dolor de cabeza, será mejor que me retire en circunstancias como estas tiendo a tener unas ganas tremendas de asesinar a alguien, caballeros buenas noches.-Y giro sobre sus talones en dirección a la salida, todos se quedaron sorprendidos.
-¡CANDY! –Grito Ian, ella paro en seco y giro para mirarlo.
-Si dime.
-Mañana nos acompañaras a la casería.
-Por nada del mundo me la perdería se marcho camino a sus aposentos, ya en ellos le encargo un pequeño favor a Doroty.
-Pero Candy no crees que se den cuenta.
-Por supuesto que no y si lo hacen solo hemos tratado de que se sientan como en su propia casa, así que ve en cárgate de que sus copas jamás estén vacías.
-Esta bien, pero deja te ayudo a cambiarte.-Candy sonrió mañana seria un día excitante.
-Vamos as lo que te pido sabes que no necesito que me ayudes.-Doroty se marcho resignada a cumplir la misión de su generala.
Y así fue durante todo lo que duro la celebración, las copas de Terry y los demás nunca dejaron de estar vacías, antes de que el sol saliera el grupo de caza estuvo listo para partir, Candy iba fresca como una lechuga mientras casi todos los demás apenas y podían mantener los ojos abiertos.
Candy montaba un precioso caballo blanco muy parecido al de Terry, seguida del Sr. García.
-Estamos listos.
-Todos asistieron.
-Muy bien nos veremos dentro de un par de horas.
-Candy no vendrás con nosotros.-pregunto Terry.
- Si creí que nos acompañarías.-Dijo Ian.
-El Sr. García y yo cazaremos con los halcones, mientras ustedes hacen lo que sea que hacen los hombres mientras están de caza.
-Creo que anoche bebimos a la salud de toda Escocia, y dudo que lo demás que hacemos los hombres mientras estamos solos lo podamos hacer en tan lamentables condiciones.-dijo Ian
Candy lo quería estrangular.
-Como quieran Sr. García, nos vamos.-Candy espoleo a su caballo, despidiéndose con un gesto de la mano, pero no fue el Sr. García quien la siguió si no Terry.
El viento golpeaba en su cara, mientras los cabellos escapaban de su peinado, la velocidad le aceleraba la respiración o era el hecho de que quien venia tras de ella era Terry, Terry pronto alcanzo a Candy y su caballo se aparejo al de ella su cara estaba sonrojada, el caballo de Candy too un camino desconocido para el, deteniéndose a las faldas de la montaña.
-Ven.- Candy le tendió la mano y el la sujeto con fuerza y a la vez con delicadeza, caminaron tomados de la mano, en silencio durante casi una hora la cuesta era algo complicada, pero pronto llegaron casi a la sima.
-Cierra los ojos.-Terry la miro con desconfianza.-Yo te guiare confía en mi ¿si?
Y Terry sabia que solo a ella le podía confiar no solo su vida si no también su alma.
Cerro los ojos y ella comenzó a guiarlo, cuando llegaron a su destino Candy lo acomodo sentó en una enorme roca, y le pidió que abriera los ojos, los ojos de Terry se llenaron de uno de los paisajes mas maravillosos que jamás había visto en su vida, la cima de la montaña era un mirador a las demás montañas no solo eso si no que también tenia un pequeño lago.
-Este es uno de mis lugares favoritos.
-Es hermoso.
-Lo se…Terry yo…
-Ya no importa.-ella se quería disculpar pero el no se lo permitió.-Creo que ambos somos medio cabeza duras.
-Si demasiado¿por que no fuiste de caza con los demás?
-No iba a ser muy divertido apenas y se pueden mantener en pie.
-Tú estas bastante sobrio.
-Solo tome una copa, quería estar en mis cinco para poder estar contigo.
-Debí imaginarlo, ven es hora de volver hemos estado demasiado tiempo lejos, una carrera al castillo.
-Seria algo injusto no crees.
-Cierto te daré ventaja.
-Me refería a ti.
-Perdón Mí lord, espero no haber oído mal, acaso crees que por que soy mujer no te puedo ganar.-Candy arqueo una ceja, mientras se ponía las manos a la cadera.-Por si no te as dado cuenta yo conozco estas tierras mejor que tu.-Dijo enterrándole el dedo en el pecho.
-Bueno no es lo que quería decir.
-Así y que es lo que querías decir exactamente.
-Solo que eres mas pequeña, además de que mi yegua es mucho mas rápida que el tu yo, y esa querida es una desventaja contra mi, aunque sea solamente pequeña.
-Pues mi caballo es un pura sangre.
-Eso no importa es demasiado joven, no es como Teodora.
-Mi Zeus le puede ganar en cualquier momento a tu Teodora.
-Aquí vamos de nuevo.
-No se que quieres decir.
-Ya estas de nuevo enojada.
-Tú eres el que me provoca, no se te olvide que empezaste tu.
-Yo.
-Si tú, no veo a nadie más aquí, como tampoco había nadie mas la otra ves no soporto que me subestimen.
-Yo jamás me atrevería a subestimarte.
-Lo haces, aunque no lo aceptes.
-Vamos Candy las pecas se te notan mas cuando te enojas.-Candy se cubrió la boca con la mano, para luego comenzar a maldecir en Gales.
-Para que no te entiendo cuando hablas tan rápido.
-Quise decir que vos, eres la persona mas insufrible con la que me he topado y me encanta que mis pecas se noten.-Candy lo empujo, para poder pasar a su lado.
-¡Candy espera!.-Pero ella no se detuvo al oírlo gritar, por el contrario acelero el paso, mientras Terry intentaba seguirle el paso, el descenso de la montaña fue rápido para ella, y cuando llego a su caballo le llevaba bastante ventaja, de un salto monto a su caballo sin importarle que la falda no le cubriera las piernas, cuando Terry monto a Teodora, Candy ya le llevaba una gran ventaja, las puertas del castillo estaban abiertas de par en par los juegos habían comenzado para los que no se habían marchado de caza.
-Veo que no te fue muy bien en la cacería, no que te divertirías a lo grande.
-Doroty no estoy de humor para tus sarcasmos, ni si quiera fui de caza.
-Lo se, el Sr. García no a dejado de tomar desde que te marchaste, dice que este año se va a dar al libertinaje total, y necesita estar totalmente perdido de su capacidad de razonar para hacerlo.
-Que no te escuche la abuela diciendo eso, si no dudo que nos permita ir a la aldea esta noche.
-Tu abuela esta demasiado ocupada atendiendo a tanto borracho como para preocuparse por el.
-Me alegro tanto.
-Y donde dejaste a tu enamorado.
-En cualquier momento debe entrar por esas puertas así que ven, no quiero que nos vea.
-Debe ser algo grave, ni si quiera te vas a ocupar de tu caballo.
-Cualquiera puede hacerlo¿vas a venir o no?.
-Claro.-Caminaron al interior del castillo y se escondieron desde donde podían ver casi a todo el mundo.- Candy, Ian esta peliando por haya, sin camisa están guapo.
-Es un grandísimo idiota.
-Pero tan guapo, con el si que no me importaría tener una aventura.
-Cállate no digas esas cosas, si alguien te escucha, seguro te acusa con tu padre.-En esos momentos Terry entraba con su caballo, pero no venia a galope si no trotando.
-Ahora el vendrá a pedir perdón.-pero Terry ni si quiera fingió que la buscaba en cuanto vio a los demás, jugando y luchando se unió con ellos, después de atender a su caballo.-Como se atreve, se suponía que vendría a disculparse.
-No creo que el sea de los que se disculpa, además tu no as actuado muy bien, anoche los querías tener totalmente borrachos para que hoy no pudieran ni con su alma.
-Sabes que ese fue mi error, en vez de mandarles vino debí mandarles una purga para los caballos, se lo merecen.
-Ay Candy estas enfadada por que Alberth y Anthony no vinieron e intentas desquitarte con el, tu no eres así.
-El no fue muy gentil que digamos, mira ahora en vez de disculparse conmigo esta…
-¡Quitándose la camisa! Candy no podría ir yo a ver que no se lastimen.
-¡Doroty!
-¿Qué? yo solo decía.
-¡Olvídalo! Ven tenemos que arreglarnos para escaparnos a la aldea.
-Tu abuela se va a enojar si nos vamos solas.
-Por eso nadie se va a enterar fingiremos irnos a dormir temprano.
-Candy uno de estos días terminaras metiéndote en un gran lió y lo peor del caso es que me llevaras entre las patas.
-Ho vamos ya deja de quejarte, cada vez te pareces mas a la abuela.
Candy y Doroty se presentaron a cenar temprano ingirieron sus alimentos en silencio, y no hablaron con nadie y en cuanto pudieron se escabulleron del salón, todos los sirvientes del castillo o casi todos al terminar de sus obligaciones, comenzaron a alistarse para poder marcharse a la aldea. Candy estaba convencida que la celebración de la llegada de la primavera solo era una excusa para beber y coquetear libremente unos con otros, al menos esos eran los rumores que le habían llegado de anteriores fiesta y esos pequeños rumores habían llenado su imaginación durante varios años, había esperado durante años tener la edad para poder asistir y ahora que estaba tan cerca de su objetivo no iba a renunciar y menos si era probable que el siguiente año no estuviera ahí para asistir. Este año no se conformaría de nuevo con los pequeños cotilleos de los aldeanos al respecto.
Se encerró en su habitación y se instaló al lado de la ventana desde donde podía oír las canciones y la música. Mirando por la ventana se imaginó, bailando y cantando en compañía de Terry, dio un largo suspiro el era el culpable de todo en vez de consolarla se había burlado de sus dos hermanos, esta bien a veces se comportaban como unos idiotas pero…solo ella tenia el derecho a expresarlo, muy a su pesar estaba comprobando que Terry tenia un poquitin de razón, pero tampoco iba a salir corriendo a decírselo, ni modo tendría que pasearse sola.
-¡Candy!
La puerta de la habitación se abrió dando paso a dos jovencitas que se precipitaron dentro sin esperar invitación.
Candy abrió los ojos con asombro al ver a Mary y Doroty vestidas casi iguales con un hermoso vestido y llevando en la cabeza una corona de cintas y flores.
-Estamos listas para divertirnos, tu abuela cree que as entrado en el quinto sueño, así que no creo que venga a verte.
-Están seguras.
-Claro, todo esta listo y despejado ¿por donde saldremos¡Espero que no sea por la ventana!
-¡Claro que no!, me ofenden mis días de trepar árboles han pasado a la historia.
-Hasta no ver no creer.
-Además por que salir por la ventana si podemos usar la puerta.
-Te hemos traído ropa…
-Que tiene la que traigo puesta.
-Nada pero con esa ropa eres tan fácil de reconocer.-Un hermoso vestido verde cayó en desorden encima de la cama, junto con unos hermosos accesorios.
Mary, le dirigió una tímida sonrisa.
-Tu abuela nos pidió a Doroty y a mí que te lo hiciéramos espero te guste, es especial para esta fiesta. Pruébate el vestido, Candy, estoy segura que lucirás preciosa.
-Es de noche, nadie te reconocerá…
-Ni hablar es la cosa mas preciosa del mundo, todo mundo me mirara.
Mientras ella se desnudaba las otras empezaron a parlotear alegremente.
-El color verde en definitiva es su color.-Insistió Mary mientras Doroty insistía que era el rojo.
-¡My lady tiene una excelente figura!-Dijo Mary mirando con envidia la delgada figura cubierta por la camisola blanca.
Doroty le ayudo a ponerse el vestido.
-Sus pechos son grandes pero no tanto.-Dijo amablemente Mary-Pero no se preocupe por eso Lady Candy, unos meses mas y sus formas se volverán tan redondeadas como las mías, además aun es demasiado joven.
-Lo dudo-respondió Candy con escepticismo mirando de reojo el exuberante pecho de la doncella.
-Ahora el peinado como casi siempre lo llevas trenzado lo ideal seria llevarlo suelto.-No protestó es demasiado rebelde y de seguro terminara picándome los ojos mejor recogido.-Candy llevaras la mitad recogido y la otra suelta de acuerdo.- Esta bien esta tarde no puedo discutir con ninguna terminaran convenciéndome de todo.-Cuando las otras le deshicieron la trenza; exclamaron admiradas al ver la espesa cabellera brillante que le llegaba hasta las caderas.
-¡Que hermoso!-suspiró Mary
Le trenzaron el pelo con cintas y flores hasta la mitad dejando caer la trenza en medio de una cascada de rebeldes rizos que se hallaban libres por su espalda, luego retrocedieron para mirar con satisfacción el resultado de sus esfuerzos, y por ultimo se coloco el tartan sujetándolo con un broche con el emblema del clan.
-Es usted encantadora-la felicitó Mary-Todos los jóvenes del pueblo van a intentar robarle un beso.
-¿Cómo?-se escandalizó Candy mientras la arrastraban fuera de la habitación.
-Es una costumbre-explicó Doroty-A veces los chicos se abalanzan sobre una para robar un beso. Trae buena suerte, no hay nada de malo.
-¿Y si yo no quiero que me besen?
-Entonces puedes intentar huir…pero da lo mismo algún día tendrás que ser besada. Si el chico es feo, piensa que será breve y siempre puedes fingir un desmayo y si es guapo…bueno, entonces no querrás escaparte.
-Por que nadie me informo acerca de los besos.
-Bueno tu nunca preguntaste mucho…siempre dijiste que te gustaban las sorpresa y pues aquí tienes la primera de la noche anda que se nos hace tarde.-Doroty seguía jalándola del brazo a encontrarse con su destino.
Fuera estaba oscuro, la noche no tenía estrellas pero la aldea estaba iluminada con antorchas empotradas cerca de las ventanas de las casas y las grandes hogueras ya estaban encendidas. La música se fue haciendo más fuerte conforme se iban acercando a la fiesta.
Como Candy había previsto, el vino jugaba un importante papel en la fiesta. Hombres y mujeres bebían directamente de la botella después de cada baile. Cogiendose de las manos empezaron a rodear el gran mástil adornado con flores y se pusieron a cantar canciones paganas en honor a los árboles, la tierra y la luna.
Esa sensación de libertad y de alegría le recordó cuando Anthony y ella se aventuraban en el bosque cuando estaba permitido hacer cualquier cosa: andar descalzos, terminar desnudos en el lago, romper lo que tuvieran a mano, en resumen, volverse locos.
-¡Venga!-gritó Mary cogiendo a Candy de una mano mientras Doroty se apoderaba de la otra.
La llevaron al coro de hombres y mujeres que se esforzaban por entonar una canción.
-No es necesario que cantes Candy, simplemente has ruido y mueve los pies.
Eso no era demasiado difícil, Candy se dejó llevar por el ritmo y repitió las canciones de los demás hasta que su corazón empezó a latir con la fuerza de un tambor.
Mientras Candy bailaba e intentaba cantar Terry la miraba asombrado, era obvio que al final terminaría asistiendo, solo era cuestión de tiempo para darle un buen susto por mentirosa, jalo a Archy aun lado y le pidió que entretuviera a Lady Elroy mientras el se encargaba de escarmentar a su pequeña pecosa.
El circuló se rompió y todos fueron a beber y a descansar. Mary le ofreció un obre de vino y Candy bebió torpemente un trago del líquido rojo oscuro.
-Creo que si no hubiera venido me hubiera arrepentido por siempre.-dijo al momento que se empinaba la obre de vino de nuevo.-Esto esta delicioso.
Cuando la música empezó de nuevo, un apuesto mozo rubio se le acercó sonriendo y la cogió de la mano para llevarla nuevamente al coro.
Ella no sabia si era debido al vino o a la excitación del baile pero en cualquier caso estaba empezando a divertirse.
Todas las mujeres se lanzaron al centro del círculo y agitaron sus coronas por encima de sus cabezas. El perfume de las flores, mezclado con el olor del vino y el del sudor daba al ambiente un particular aroma a tierra. Candy bailó y bailó hasta que todo giró a su alrededor.
Salió del grupo de bailarines y se alejó un poco para recobrar el aliento, tenía el vestido empapado en sudor y se abanicó, a pesar del frescor de la noche tenía calor y estaba sonrojada y encantada. Alguien le ofreció una botella y dio un trago de vino.
-Gracias.-Dijo secándose la boca con el dorso de la mano.
Al levantar la vista vio que a su lado estaba Terry se veía enfadado, intento sonreír pero por alguna razón su cara estaba rígida.
-Creí que no vendrías a la fiesta, pequeña mentirosa,, no se supone que estas dormida.
Ese era el motivo ella no debería estar ahí.
-No soy una mentirosa solo cambie de opinión.
-Ya veo.- Terry comenzó a examinarla de pies a cabeza el vestido se le pegaba al cuerpo debido al sudor, Candy se sentía incomoda con su mirada.
-Creo que lo mejor será que vaya con Dorty y Mary.-Candy comenzó a buscar a las dos chicas con la mirada cuando sus ojos captaron algo que le hizo abrir los ojos completamente.
Candy sujeto de la muñeca a Terry jalándolo asía el otro lado del árbol.
-¿Qué pasa Candy?-Candy guardo silencio sin querer estaba permitiendo que su cuerpo estuviera mas cerca de lo que nunca había estado de un cuerpo masculino y eso la ponía nerviosa, Terry noto su nerviosismo, le encantaba ver que a pesar de la seguridad de la cual siempre hacia gala, esa noche, simplemente no existía y eso a el le encantaba.-Terry la apretó mas al árbol.
-Si querías intimidad conmigo solo tenias que pedirlo.
Candy intento empujarlo pero era demasiado pesado para ella.
-No seas idiota mi abuela se acerca por aquel lado y no viene sola.
Terry busco con la mirada a la abuela de Candy hasta que la vio por el camino en compañía de sus dos primos, maldijo en voz baja se suponía que esos dos la iban a mantener lo más lejos posible de ellos dos, sin embargo ahora se dirigían hacia ellos.
El árbol les proporcionaba cierto cobijo pero estaba seguro que la abuela de Candy los vería.-Será mejor que nos vayamos de aquí.
Intento jalar a Candy de la muñeca pero ella lo detuvo.-Si nos movemos de aquí es mas probable que ella nos vea, solo quédate quieto y no hagas nada por llamar la atención, quieres.-Terry asintió, mientras una sonrisa, se comenzó a dibujar en su rostro y un extraño brillo se reflejo en sus pupilas.
-¿Candy?
-¿Qué pasa?
-Dime es verdad que trae buena suerte robarle un beso a una doncella.
-A pesar de que Terry hablaba en susurros Candy lo escucho a la perfección.
- No lo se…son solo supersticiones tontas de los aldeanos.
Trato de ser firme al hablar a pesar de que casi se atraganto al pasar saliva, ahora sabia que no fue buena idea quedarse con el en un lugar tan comprometido.
-Creo que deberé probar si son supersticiones o no.
-¿Terry que haces?
Terry comenzó a acercarse muy lentamente a ella mientras Candy se quedo estática, ningún músculo de su cuerpo le respondía, todo era tan irreal, le iban a dar su primer beso…e iba a ser ¡robado!, lo peor del caso es que desde hacia un buen rato ella lo estaba deseando.
Cuando los labios de Terry hicieron impacto con los suyos, Candy fue subida en ese mismísimo instante al cielo del cual no quería bajar, todo paso tan rápido y al mismo tiempo tan lento, que de no ser por que Terry tenia sus manos en su cintura, y ella no sabia en que momento le había echado las suyas a su cuello, seguro hubiera terminado en el suelo.
-Cre..o, que será mejor que vuelva al castillo.
-Si creo que será lo mejor, vamos Candy te acompaño.
-Creo que mejor no My Lord.
Candy echo a correr en dirección al castillo sin darle oportunidad a Terry de debatir su decisión ni ninguna otra cosa más.
Mientras Candy Se alejaba del baile una figura escondida en las sombras, había sido testigo de todo, durante su estancia en la aldea había reunido información para su Sr. sabia del invitado en el castillo y los rumores de que había llegado a pretender a la joven dama que habitaba en el, y esto ultimo no se lo esperaba, su jefe iba a hacer rodar varias cabezas, y se preguntaba si tendría el valor de ser el mismo el que entregara el reporte, no lo mejor seria enviar un mensaje el estaría mas agradecido si se quedaba cerca de ese par, para vigilarlos mas de cerca además de que había cosas mas agradables en la vida que presenciar un clásico ataque de ira de su Sr.
Candy estaba delante de la ventana de su habitación un poco perdida. Al recordar los tibios labios de el sobre los suyos, su suavidad y su fuerza, se estremeció eso era lo que se sentía cuando alguien te besaba, se comenzó a quitar la ropa ella sola, se lavo y se puso su camisón aun se sentía volar por las nubes cuando su cabeza aterrizo en su suave almohada, sin duda todo mundo tenia razón esa fiesta fue en verdad memorable al menos ella jamás podría olvidarla y recordando una y otra vez la dulce sensación de los labios de Terry sobre los de ella se quedo profundamente dormida.
La mañana llego a las tierras altas, el sol entraba por la ventana, mientras un molesto rayo le golpeaba en los ojos, la cabeza le había comenzado a doler, cualquier ruido le provocaba un horrible malestar, aun con los ojos cerrados podía escuchar como Doroty daba instrucciones para que le prepararan su baño.
-Por dios Doroty es necesario tanto ruido.
-El ruido es el mismo de siempre lo que pasa es que te propasaste con el vino y he ahí las consecuencias, lo tomabas como si fuera agua, uno debe ser prudente con esa bebida, si no quiere sufrir al otro día las consecuencias.
-¿Consecuencias? bonita forma de decirle a este terrible dolor de cabeza, Doroty moriré a causa de ello.- Candy se había destapado, mientras se cubría la cabeza con la almohada, Doroty al salir de la habitación no pudo evitar reír.
-No es gracioso.
-Lo se, me da risa tu dramatismo, anda no es para tanto, toma tu baño y baja a desayunar eso te ayudara con el malestar confía en mi.
-Creo que no me quedare aquí e intentare no morir.
-Candy nadie a muerto nunca por una resaca.
-Creo que yo seré la primera.
-Anda componte tu abuela estará esperándote para el desayuno no querrás que se de cuenta que siempre si fuiste a la aldea anoche ¿verdad?
Candy se levanto de un brinco de la cama provocando solo que el dolor de cabeza fuera mas intenso, se le había olvidado lo de anoche, camino como loca por su habitación, no podía bajar lo mas seguro es que el estuviera ahí, como podría verlo a la cara sin ponerse roja como un tomate, no podía bajar¡nunca mas podría volver a salir de su habitación! Corrió de nuevo a su cama y se cubrió totalmente con las mantas.
-Doroty este día no saldré de la cama.
-Claro que no te quedaras metida todo el día en esa cama, primero por que hace un día hermoso tú y Lord Grandchester pueden ir a pasear, al lago, segundo tu abuela me regañara por tu causa así que arriba.-Doroty jalo las cobijas, e hizo que Candy se metiera a bañar.
-Creeme me agradecerás que llegues a tiempo a tomar el desayuno.
-Si como no.-Candy cerro los ojos tratando de disfrutar de su baño, mientras trataba de olvidar cada una de las sensaciones que recientemente la estaban invadiendo, y habían comenzado a poner su mundo de cabeza.
Cuando llego al comedor todo mundo la estaba esperando, el desayuno prácticamente se había servido.
-Buenos días, My Lores, abuela.-Al tiempo que les hacia una reverencia, y se acercaba a la cabecera de la mesa para darle un beso a su abuela. Llevaba el cabello suelto ya que no soportaba nada en la cabeza, por suerte para ella sus ojos eran cubiertos por este y no pudo ver directamente a los ojos a nadie, y por lo tanto nadie noto su malestar y si lo hicieron no dijeron nada.
-Candy debiste ir a noche a la aldea, el festival fue maravilloso.
-Estoy seguro de ello abuela, me alegra que lo disfrutaras ya iré en otra ocasión.
-Ho si lo disfrutamos muchos, Lord Grandchester y sus primos me hicieron el favor de ser mis escoltas lamento que tuvieran que pasar su tiempo con esta anciana.
-My Lady para nosotros fue un placer ser sus compañeros, por otro lado en verdad lamentamos que su nieta no estuviera presente, estoy segura que se aburrió demasiado en su habitación, apuesto a que lo lamento.
-No yo nunca lamento mis decisiones, My Lord por otra parte no me aburrí.
-En serio y que fue lo que la mantuvo entretenida.
Si Candy no tuviera ese terrible dolor de cabeza, seguro lo habría mandado a volar, pero solo se limito a hablar de la manera mas cordial que le fue posible, sin dejar de ser sarcástica.
-Pues creame My Lord hay muchas cosa por hacer aquí tan pero tan divertidas como un baile o un festival, ahora ciertamente no me viene ninguna a la cabeza pero debe haberlas ¿no? Pero bueno eso no importa ya.
-Estoy de acuerdo contigo My Lady.
-¡De verdad!-Había oído bien y parecía que no tenia intenciones de burlarse de ella, ni si quiera parecía recordar el beso que le robo.
-Claro que si, además la fiesta no fue lo mismo si su presencia, pero ya habrá otras oportunidades.
Candy le sonrió.
Cuando en la vida de uno comienza a haber cambios ya sea para bien o para mal la vida comienza a tener otro significado o simplemente nuestra forma de percibirla cambia, para Candy la llegada de Terry en la suya había hecho que todo se transformara, tomara otro color cuando era pequeña siempre había soñado en su príncipe azul, pero al conocer los intereses del genero masculino por la vida su deseo había cambiado no se veía sola en una enorme fortaleza, esperanzada siempre en su arribo, y con los brazos siempre vacíos debido a la espera, pero con Terry la ilusión había vuelto a tocar en su corazón.
Los paseos con el eran cada vez mas frecuentes, incluso con la única compañía de Doroty habían comenzado a dar a su relación un mayor grado de intimidad, se tomaban de las manos en sus caminatas por el jardín o por las orillas del lago.
Pero ninguno hablaba abiertamente de los sentimientos del uno al otro ni siquiera hacían mención del beso robado en el baile de primavera.
La tercera semana de abril, más de un mes desde la llegada de Terry a las tierras altas, Terry cito a Candy cerca del atardecer a las orillas del lago, después de haber recibido una nota de su padre pidiéndole que se hiciera cargo de ciertos asuntos en la frontera, en los cuales solamente el podría hacerles frente.
Había dado la noticia a sus dos anfitrionas asegurándoles que pronto volvería, ambas les habían dejado claro que siempre serian bienvenidos en el castillo y en sus tierras.
Candy camino rumbo al lago la tarde se estaba aproximando, asía mucho que no observaba un atardecer, al llegar a la orilla camino asía una enorme roca, cuando era pequeña ella y Anthony saltaban de ella al agua no era muy hondo y era el único lugar donde se les permitía jugar su abuela le había dicho que ella y Anthony no debían nadar muy lejos de la orilla si no querían que el lago se los tragara, ella y Anthony habían tenido miedo ambos en sus pequeñas mentecitas solo podían imaginar que el lago era la morada de una ninfa, y ellos sabían que las ninfas del agua les encantaba jugar con los mortales hasta que los engañaba y se los llevaba con ellos a las profundidades del agua, así que nunca se habían alejado esa era de las pocas veces que habían obedecido a sus mayores, y a pesar de que ambos ya habían crecido no pensaba probar si existía o no una ninfa del agua así que solo nadaban en la orilla o solo remojaban los pies en la orilla de ella.
El agua cristalina dejaba ver la pequeña vegetación que formaba el ecosistema, los pececillos nadando, sin duda era el lugar mas maravilloso para disfrutar del atardecer se sentó en la orilla de la roca se amarro el vestido, se despojo de los zapatos y las medias dejando sus piernas descubiertas de la rodilla para abajo, cuando metió sus pies en el agua los peces se espantaron la calidez de esta la refrescaron, en ese momento deseo sumergirse en ellas como tiempo atrás.
Poco a poco el sol comenzó a tomar tonos naranjas, y a descender por el horizonte, Candy sintió cuando alguien llego a su lado pero no se movió de su lugar.
-Te esperaba hace rato.
-Perdón por llegar tarde pero me fue difícil despedirme de tu abuela
-No importa ya estas aquí.-Terry se sentó a su lado e imitándola dejo desnudos sus pies, para poder meterlos junto a los de Candy en el agua.
Candy le sonrió, al momento que el le tomaba las manos para darles un beso, el rubor tiño sus mejillas mientras Terry le dirigía una hermosa sonrisa de oreja a oreja.
-Candy mañana partiremos a la frontera.
-¿Mañana¡Es muy pronto!
-Lo se pero tenemos asuntos que atender ahí.
-Entiendo.-Candy miraba fijamente al agua la oscuridad estaba llegando y ya no se podía ver el fondo.
-Candy antes de irme necesito saber si me quieres.-Terry tomo las manos de Candy de nuevo, ella volteo a mirarlo a los ojos, sus hermosos ojos azules, tan calidos que tocaban el fondo de su corazón.- Por que yo te he querido desde la primera vez que te vi.
-De verdad, tal vez yo también te he amado desde la primera vez, creo que yo también te quiero.
-¡Casate conmigo!
Continuara... y eso pueden apostarlo.
