N/A: gracias Remsy, Dark y Liz. Sin ustedes del otro lado estas viñetas no seguirían reproduciéndose. ¡Gracias, lindas! Esta viñeta se desarrolla al momento después del infarto de House, en la primera noche en su casa.

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"Doloroso"

"No puedo---"; murmuró House dando por finiquito el segundo intento por alcanzar el teléfono. Dejó caer el brazo a un costado de la cama, lastimándose el codo por la caída libre de su extremidad. Estaba envilecido por la falta de sueño e iba juntando bajo los ojos índigos un peligroso cansancio de noches enteras sin dormir. En muchas de esas noches el insomnio no era producto del dolor de su pierna sino de la resistencia que oponía al cerrar los párpados, así no tendría que volver a soñar con músculo sano y fuerte; con una pierna viva irrigada de sangre caliente, desentumecida y librada de su leve parálisis. Si no soñaba ésa apolínea utopía no existía.

Levantó el brazo en un nuevo intento por alcanzar el teléfono. Elongó los músculos hasta sentirlos temblar, casi logró tocar el tubo cuando la pierna derecha se endureció contracturada en toda su longitud. Un anodino gemido expiró en su boca, un dolor gutural transportado por su ya irritada laringe de tanto gritar en silencio. Desde su salida de la clínica cada noche era lo mismo: no poder dormir, sentir la fiebre de un músculo anquilosado, tratar de dar un paso en busca de ayuda y siempre tropezar. Desear haber muerto.

Atravesaba el infierno de su vida. Sin Stacy llenando el vacío de cada habitación, iluminando la casa con su delicada sonrisa no quedaban razones para mantener la fe en más nada que no fuese la premura de la parca. En soledad, sintiéndose traicionado por el mundo entero sólo le quedaba recurrir a una sola persona.

Con su imagen en la cabeza se animó a un tercer intento logrando con éxito agarrar el aparato. Apoyó el tubo sobre su pecho para tratar de amainar la agitación del movimiento; la pierna se sacudía frenética y enviaba miles de descargas eléctricas a su cerebro. Pronto sus neuronas entrarían en cortocircuito.

Marcó el número que apenas podía memorizar. Una voz contestó desde el otro lado de la línea, una que conocía a la perfección. Al escucharla House comenzó a suplicar. "Wilson…, ven por favor. Duele, duele mucho---"

"Ya voy, House, resiste."

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