Seductorias incógnitas
"…para tratar enfermedades somos médicos, tratar pacientes es el conveniente de esta profesión…"
Cuando un enfermo llega a Diagnósticos un nuevo acertijo le guiña enigmático el ojo a House. Desde que ingresa en camilla el fulano de tal el gran signo de interrogación que lleva dibujado en su agónica frente termina por acaparar toda la atención del Jefe del Departamento.
Si los acertijos fueran mujeres coquetas que visten zapatos de marca con taco, esquivan y desafían como cual saltimbanqui a las fuerzas administrativas y se maquillan por las mañanas, House sería el hombre más requerido y necesitado (pasándole por encima con una topadora a la reputación de Wilson) de la humanidad, y el mujeriego más sin vergüenza de la historia mundial femenina. Hasta le abrirían un nuevo Récord Gines exclusivo para él.
Es que House y sus adivinanzas hacen una pareja verosímil y fascinante, resulta hasta seductor verlos interactuar mutuamente al acertijo y a House, a House y al acertijo. Es delicioso observar a House delineándolo imaginariamente con líneas deductivas grabadas en la pizarra blanca, escribiendo en color negro elegante, garabateando pedazos de conclusiones que van saliendo de la galera, tachando y volviendo a re escribir los trazos que no parecen concordar mentalmente con el contorno sutil de la incógnita; y al acertijo, del otro lado, cruzado de brazos, mirándolo expectante desde su escritorio mientras juega con su pelota roja.
A veces cuesta llevarse bien, House no es fácil de seducir ni los acertijos fáciles de ser seducidos.
Algunas incógnitas que entran por la puerta grande de Princeton como divas de teatro no son más que un fiasco disfrazado con lentejuelas y plumas de pavo real, otras son sencillas de descubrir pero es intrincado el camino para llegar hasta ellas, y otras se esconden por debajo de miles síntomas falsos mientras retan a un duelo de espadas el ingenio del nefrólogo.
House las admira por igual, se enamora de todas, de cada nueva incógnita que precede al la vieja del paciente anterior que ha sido curado. Es tal su enamoramiento voraz que es capaz de arriesgar su psiquis intrincada y hasta su vida, venida a menos, con tal de no dejar escapar a ninguna. Las acepta con los brazos abiertos sabiendo los riesgos que se corren, también si eso implica tener que hablar con algún paciente.
Gajes del oficio.
