Título del capítulo: Gritos Desaforados
Prompt: #3 "Ira"
Género: Drama/General
Categoría: PG / T
Palabras: 662


En la casa de la Unión Soviética no había nada más que un sombrío silencio de muerte, exceptuando unos gritos desaforados que denotaban furia y frustración y el sonido de varias cosas hacerse trizas.

Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Estonia y Letonia se encontraban en la sala que comunicaba directamente a la habitación donde a Rusia le estaba dando un ataque; la mayor de las hermanas tomando con fuerza de los hombros a la más pequeña para que ésta no interrumpiera a su hermano mayor y los tres muchachos clavando su preocupada mirada a la puerta que los separaba con el enloquecido Iván. Todos oían en silencio la ira de éste último, temiendo decir cualquier palabra que pudiese ser oída por éste y hacerlo enojar aún más.

Las cosas no habían estado muy bien últimamente para ellos. Recientemente la Unión se había podido apoderar de una pequeña región de Finlandia, sin embargo no sin perder una gran cantidad de hombres y armamento; mientras que los fineses habían resistido con menos de la mitad de soldados que el país de Iván había enviado.

La Guerra de Invierno había resultado a favor de la Unión, pero si uno se ponía a analizar la situación interna de ésta, se percataba de que las cosas iban de mal en peor constantemente. Al principio Iván había podido soportarlo, pero esa tarde cuando el tercer mensajero que había aparecido en el día con malas noticias, la paciencia y el equilibrio mental del ruso se desvanecieron, haciendo que en un ataque de ira Iván asesinase al inocente mensajero.

Desde ese momento se había encerrado en su oficina y no había salido de allí nada más que ruidos de distintos materiales haciéndose trizas y gemidos que oscilaban entre el llanto, gritos irritados y palabras delirantes.

Lo único a lo que los subordinados y las hermanas del ruso se atrevían era mirarse. A pesar de ser bastante paciente y hasta comprensivo con las faltas que cualquiera de los que se encontraban en su entorno provocase, todos sabían que Iván ese día no estaba siendo él mismo. Sí, él tenía un corazón casi oscuro y enfermo, pero nunca jamás en la vida lo habían visto así, tan fuera de sus casillas. Y nadie quería terminar como aquel mensajero.

Las horas transcurrieron y los constantes ruidos no cesaban. Algunos hasta se preguntaban qué mas podría haber allí para que Iván destrozase a parte de las paredes y ventanas. De repente los gritos y el sonido de la descarga de ira sobre las cosas dejaron de escucharse. Los cinco dejaron pasar unos minutos, hasta que Ucrania le hizo entender con la mirada a Lituania que ya era hora de tomar coraje y entrar, a lo que él asintió. Ella dejó a Natasha cerca de Eduard y junto a Toris se acercaron hacia la puerta.

Con la mano temblando él tomó el picaporte y lo giró muy despacio, tratando de hacer el menor ruido posible. De la misma forma abrió la puerta, esperando encontrar a Iván. Cuando ésta ya estaba abierta hasta la mitad y el ruso no se encontraba a la vista, Ucrania la terminó de correr sin delicadeza. Entraron a la oficina y el hombre alto no estaba. Ella lo buscó con el entrecejo fruncido, rodeó el escritorio y dio con su hermano menor en el piso, desmayado y con las partes visibles de su cuerpo sangrando algunas y otras con marcas y rasguños.

Ella posó su mano sobre la mejilla de Iván, acariciándola con todo su amor protector que sólo una hermana mayor tiene. Susurró algo que Toris apenas alcanzó a oír y luego lo miró para ordenarle que vaya a buscar a los sirvientes de la casa; Rusia sólo necesitaba que su cama fuese preparada y yacer en ella cuanto fuese necesario.

Al día siguiente la mujer hablaría seriamente sobre la situación con su hermano, pero ahora él sólo necesitaba descansar y recuperarse de toda esa descarga de ira acumulada desde hacía rato.