Título del capítulo: No entendimiento y condiciones
Prompt: #2 "Pereza"
Género: General
Categoría: PG / T
Palabras: 630
– Levántate, aru –pero lejos de hacer caso, lo único que hizo Iván fue abrir uno de sus preciosos ojos lila profundo y observar somnoliento a su compañero asiático de pies a cabeza. Finalmente optó por girar su cuerpo dentro de ese cómodo y acogedor futón que había compartido con Yao la noche anterior y seguir soñando.
Está de más aclarar que eso no fue del agrado de éste, quién suspiró desganado y resignándose. Se agachó y se sentó a su lado.
– No te entiendo, aru –se cruzó de brazos y piernas, mientras conversaba con la espalda del ruso que yacía delante suyo –, realmente no logro entenderte –hizo una pausa esperando a que por lo menos Iván se dignase a hacer un sonido gutural, pero nada, no hubo ninguna señal de que Yao estuviese siendo escuchado –. Hasta ayer a la noche no parabas de hablar sobre los preparativos que hoy debíamos hacer –arqueó su espalda hacia atrás, colocó sus manos detrás de ésta y elevó su cabeza para estar de cara al techo –, y aquí estás, cual completo holgazán, sin querer poner un pie fuera de la cama y del mundo de tus sueños de vodka.
China volvió su cabeza hacia a Rusia para ver si su provocación había logrado incentivar, o por lo menos molestar al rubio; pero su mirada volvió a chocarse con esa ancha espalda cubierta de mantas, que se elevaba y descendía con una tranquilidad y una lentitud que comenzaban a fastidiar al de ojos sesgados. Ya era más que suficiente, así que decidió levantarse por fin y marcharse, después de todo las únicas que le prestaban atención parecían ser las finas paredes decoradas con bambúes y pandas.
Pero ni bien Yao pudo dar unos pasos, sintió como algo tomaba con fuerza su tobillo y lo hacía caer torpemente para golpear su mentón contra el piso de madera, que agradeció que fuese blando.
– ¿¡Pero qué demonios te pasa, aru!? –gritó pegándole al suelo con sus puños y volteando su cabeza para ver al causante de su caída, que ahora se encontraba de espaldas al suelo aferrado con fuerza a su pie desnudo, con sus párpados entrecerrados y frunciendo un poco el ceño. El chino no podía entender si era por la luz que le dañaba los ojos o si estaba molesto. Yao parecía no aprender tampoco, porque una vez más se había quedado en silencio esperando una respuesta que nunca obtendría de Iván. Se rindió, ya no quería discutir más, así que volvió a girar su cabeza hacia el frente y llevándose una palma al rostro dijo: – Está bien. Dime tus condiciones.
Él no lo vio, pero estaba segurísimo de que Rusia había esbozado esa ancha y casi tenebrosa sonrisa.
– ¿Ves que sí me entiendes, Yao? –hizo fuerza para arrastrar el cuerpo de su presa hacia el suyo – Sabes que me encanta negociar contigo – "negociar" repitió mentalmente el otro. Si eso significaba ser sometido a las excéntricas condiciones del ruso para ganar poco o nada a cambio, sí, ahora iban a negociar. Se soltó de la mano de Iván no sin antes forcejear un poco y se sentó sobre el suelo.
– ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué debo hacer para que te levantes de una maldita vez?
– Hagámoslo –le respondió con total naturalidad.
– ¿De nuevo, aru? –arqueó una ceja. La noche anterior ya habían tenido relaciones, y las veces excedían la cantidad de los dedos de una mano. En respuesta, la sonrisa del rubio se ensanchó afirmando a la pregunta y Yao dejó escapar un largo suspiro, no podía ganarle al soviético –. La gente de esta casa pensará que sufrimos satiriasis o algo…
Iván por fin se levantó sacudiendo la pereza, pero sólo para abalanzarse riendo sobre su compañero y atacar su cuello.
