No me gusta poner notas al inicio del capítulo, se me hace antiestético pero esta vez es necesario.

Este capítulo contiene escenas no aptas para gente sensible, así que puedes dejar de leer si te incomoda, el tercer capítulo retoma la idea de lo que sucede aquí, aunque muy por encima.

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Capítulo 2: El Tacto de la Perversión

Ella corría, cada uno de sus movimientos estaban dominados por el pánico, no había salida, no existía escapatoria, corre, corre y no pares de correr, el aire le faltaba, los callejones se volvían más estrechos, tenebrosos y altos, los edificios desgastados se confundían con la oscuridad de la maligna reina noche, ni siquiera la luna llena se atrevía a iluminar tan aterrante velada. Algo tronó bajo sus pies y el mundo pareció cambiar de dirección.

La tierra bajo sus labios era repulsiva, estaba combinada con inmundicias, pestilencia y podredumbre, a pesar de haber ensuciado su nuevo vestido se levantó, olvidándose hasta de sus zapatos nuevos recién comprados, el frío sonido del metal rechinando era más importante que el dinero que pudiera perder o la mierda que pudiera pisar.

Instinto de sobrevivencia.

Él estaba muy cerca de ella, se reía, se burlaba, jugaba con ella. No sabía quién era o qué quería de ella, pero todo su sistema gritaba desesperadamente por una escapatoria. No sabía cuántas veces había dando vuelta o en qué dirección, derecha, izquierda: cuando escapas de la muerte, no sabes ni quién eres.

Luces, la calle principal se veía muy de cerca, saldría a un lugar público y podría sentirse a salvo, un paso, dos pasos, tan cerca. Risas justo detrás de su nuca, una mano… y la luz volvía a hacerse distante. Primero la lanzó contra la pared, resbaló hasta caer en el suelo semi-inconsciente, el sonido de los transeúntes le era perceptible. Él la levantó. Cerró los ojos, no era la primera vez que sería violada, sabía que si se concentraba en la claridad al final del callejo pronto todo pasaría. Intentó gritar pero de su garganta sólo salía la sangre a borbotones, algo baboso recorría sus heridas, sentía algo rojizo y cálido humedecer su cuerpo, el sonido de su vida siendo succionada retumbaba en sus oídos mientras garras afiladas se enterraban en su espalda haciendo jirones su piel, al caer al suelo aún le quedaba algo de consciencia. El hombre caminó rumbo a la calle principal, sus manos con uñas afiladas chorreaban de líquido vital, sus ropas podrían parecer las de un aristócrata, pero estaban deshilachadas y rotas en algunas partes, todo se volvía negro, la luces se apagaban, todo se consumía, excepto ese par de ojos rojos brillantes.

Los humanos corrían de un lugar a otro sin cesar, el apagón de luces provocado por su poder les había quitado la diversión, no se sentía especialmente hambriento esa noche, pero el olor a sangre despertaría los instintos de su presa; se pasó la lengua por los labios, ya podía saborear esa inocencia. Sí, iba a obtenerla, jugaría dulcemente con ella arrebatándole con lentitud todo rastro de nobleza, devoraría poco a poco cada parte de su ser, la haría completamente suya para toda la eternidad.

Una risa demente retumbó por los alrededores del lugar.

Oh, sí… el viento nocturno le traía la esencia de ella, era tan suave y fragante, resaltaba en medio de la mierda, el sudor rancio, el alcohol y la basura. ¿En qué estaba pensando Kaname al traer a su adorada princesa a este lugar? Sin duda alguna el perder la batalla en la Academia Cross le había alterado hasta la lógica, huir sin rumbo fijo ni ayuda era sólo una actitud infantil; ¿esperaba un nuevo milagro? Daba igual, Rido gobernaba ahora a la sociedad vampírica, todo el poder y la gloria le pertenecía a él, por supuesto que no deseaba ser tan avaricioso y pretendía compartir tanta alegría con su adorada Yuuki, por eso estaba aquí; para mostrarle las delicias de un verdadero rey de las tinieblas.

El edificio era muy alto, casi contaba con quince pisos, no necesitaba esforzarse demasiado para poder imaginarla, agazapada en el último rincón del cuarto de aquel inmundo lugar, rezando fervientemente al cielo por la aparición de su príncipe asesino o de su caballero maldito, ladeó la cabeza torciendo una sonrisa. Disfrutaba del terror que le inundaba su presencia, la excitación alteraba sus sentidos, ya quería verla gritar, ya quería verla sufrir… era hora de ir por su caprichosa reina.

Los cristales de la ventana estallaron en miles de pedazos, ella se encontraba con las ropas mal puestas y la hoz empuñada, sus ojos lanzaban una clara advertencia a mantener la distancia, aquello le dio mucha gracia, aunque altiva su pose; marca de ser un sangrepura, por dentro se estaba muriendo del miedo, cada poro de su piel transpiraba el temor, su mente lo sabía, sus músculos lo intuían, sería doblegada por la fuerza de él.

—Yuuki, no vale la pena pelear.

La chica movió la hoz, dando a entender que bajo ningún motivo se rendiría.

—No vendrá ninguno de los dos, deben estar muy ocupados atendiendo otros asuntos.

Las manos de ella vacilaron, así como su posición, pero le bastaron un par de segundos para volver a su posición de batalla.

—Ven conmigo, mi princesa.

—Nunca.

Rido volvió a reír, ella era demasiado encantadora, pensar en poner resistencia, le resultaba divertido, después de todo lo que se consigue fácilmente resulta a veces demasiado aburrido, jugar con ella sería todo un placer. En el instante que extendió la mano, la hoz de Yuuki le cortó los dedos al tiempo que le empujaba hacia afuera, su cuerpo sufrió un violento cambio, convirtiéndose en una masa amorfa.

Yuuki salió del edificio y trató de volver a cortarlo con su hoz, pero ahora que su cuerpo no tenía forma precisa, era como dispararle al agua. La mente de ella procesó la información de manera veloz, puesto que decidió emprender la huída Rido le cortó el paso aunque ella intentó hacerse camino con su arma y expulsando su energía.

Rido volvió a cobrar forma corpórea para observar a Yuuki perderse entre los callejones de aquel inhóspito lugar, zigzagueaba sin parar entre los edificios, ¿acaso no recordaba que no importaba que tan lejos fuera, él podía sentir su presencia? Kaname no le estaba enseñando nada sobre su raza. En un simple parpadeó le alcanzó, estirando la mano para acariciarle la mejilla; su piel era suave y cálida, la punta de su hoz le rosó el codo, obligándole a encoger el brazo. Movió el otro brazo cambiando la forma de su mano que se estiró lo suficiente para golpear a la chica en las piernas, quien trastabilló, pero siguió su camino. En el siguiente asalto ella le clavó la hoz en el vientre mientras él la aprisionaba entre sus brazos, acariciando su delgado cuerpo lascivamente. Tan pequeño, tan puro, tan dulce, Rido colocó sus labios en la frente de ella, cuando su arma lo partió a la mitad.

Se le volvía a escurrir, mientras él evadía los ataques de la joven. La sangre que chorreaba de su cuerpo la transformó en un látigo flexible. Izquierda, derecha, arriba, abajo, no importaba a donde se movía ella, implacable el arma siempre la alcanzaba. El dulce aroma de la sangre de un sangrepura llegó hasta las narices de él, quería probarla, quería poseerla, quería devorarla, la más espesa y poderosa sangre joven, ya casi podía sentir esos dones mezclándose en su ser.

Un simple movimiento y ella se encontraba en el suelo, la hoz había caído un par de metros tras ella, Yuuki trataba desesperadamente de soltarse de la masa amorfa que sostenía sus piernas. Las cuerdas rojas y viscosas que ascendían velozmente por su pantorrilla le asqueaban.

—Ya me cansé de jugar. —Rido le acomodó el mechón de cabello que cruzaba su rostro—. Vamos a divertirnos de una manera diferente. —El terror puro se apoderó de la joven vampiro, sus ojos miraban hacia los lados desesperadamente, tratando de encontrar alguna pequeña escapatoria, sus manos se habían congelado en el suelo, incapaces de moverse ante la idea de quedar a merced de su tío, incluso había dejado de respirar. Rido le sonrió con dulzura y el cuerpo de ella comenzó a temblar violentamente.

—¡NO! —gritó entrecortadamente la chica dejando escapar todo su horror en aquella súplica.

La sangrepura lanzó un puñetazo a la cara de su tío, pero este lo evadió con facilidad, la muñeca de ella era tan delgada, delicada y suave. Le besó la palma de la mano, deslizando sus labios hacia la muñeca. Los ojos de ambos se encontraron en ese instante, lágrimas abundantes comenzaban a derramarse por su rostro angustiado. Rido abrió la boca mostrando sus blancos colmillos, la chica comenzó a retorcerse debajo de él, gritando desesperadamente. Sus resistencia era placentera, mientras más pegada al cuerpo la tenía, más extasiado se sentía. La constitución de ella se restregaba en él, tocando puntos sensibles, endureciendo los instintos.

La piel de ella tenía un sabor salado y aún así era agradable. Su lengua la recorrió del cuello a la barbadilla mientras los lastimeros gemidos de ella aumentaban, cuando sus labios se encontraron, ella intentó separarse con mayor arrebató de él, pero Rido la aprisionó aún más entre sus brazos. Los colmillos de ambos chocaron duramente al encontrarse, la lengua de ella era pequeña y escurridiza, en su saliva podía aún sentirse el sabor de la sangre; probablemente de Kaname, ella era bastante torpe para devolver un beso, seguramente era la primera vez que lo experimentaba, o quizás tenía que ver con el hecho de que estaba poniendo resistencia; estar dentro de ella se sentía tan bien.

La chica apretó los dientes con fuerza y clavó sus uñas en su espalda mientras tiraba hacia abajo. Rido la empujó soltando un alarido ensordecedor. Yuuki se golpeó la cabeza contra el suelo antes de incorporarse para emprender la huida, la chica sintió el rostro quemársele cuando la mano de su tío la golpeó con fuerza, el mundo se distorsionó lo suficiente para hacerle olvidar por un instante en donde estaba.

Ella giró su rostro lentamente desde el suelo visiblemente atontada por el golpe, Rido se limpió su propia sangre que le escurría de los labios. Él no tenía que expresarle sonoramente la palabra que estaba cruzando por su mente, sus ojos hablaban lo suficiente por sí mismos.

El sangrepura suspiró, había intentado ser amable y no apresurar las cosas porque sería la primera vez de su pequeña princesa, pero ella le estaba creando demasiadas molestias. Con una mano la tomó por el cuello y con la otra le desgarró la vestimenta.

Ella soltó un grito que le perforó los oídos, así que optó por apretarle un poco la garganta, aún así ella luchó en su contra. Rido le agarró los hombros con sus dos manos, la alzó violentamente, colocó su rostro en la base del cuello y la mordió enérgicamente. El sonido de la sangre siendo succionada reverberaba por el lugar, su sabor era suave, bastante dulce como el toffee; mas escaldaba la garganta como el cocoroco. Deliciosa, embriagante, alucinante, pero mortal como lo era la droga más poderosa, cada célula del líquido rojo lo rechazaba y derruía, literalmente ardía por dentro.

Sus manos penetraban y violaban cada poro del torso de ella, ensuciado, contaminando, destruyendo la inocencia de cualquier acto, era rudo, era cruel, su tacto corroía tanto o más que la sangre que le rechazaba dentro de su sistema; si él sufría, ella debía hacerlo al doble. La princesa gritaba, gemía, se retorcía en lamentaciones y desilusiones, mientras él seguía su paso, consumiendo, devorando, poseyendo todos y hasta el último de sus pensamientos. Manos, boca, lengua, piernas, era una entidad hecha para consumir los dulces recuerdos de cualquier príncipe melancólico o de un triste caballero.

El amor de los grandes era lascivo, era cáustico, los vampiros no amaban con delicadeza, ellos arrebatan, destruyendo, quebrando, disfrutando del dolor ajeno. Sus ojos estaban hinchados de llorar, el sudor y la sangre cubrían su torso desnudo, el terror en su mirada anunciaba que pronto se desintegraría su persona para volverse una muñeca de la locura, la súplica se extendía por sus labios, su mente clamaba al tiempo y al espacio que no siguieran su curso.

Con hiriente tranquilidad, Rido le acomodó el cabello, secó las lágrimas de sus ojos y con una maldita sonrisa le anunció que lo peor estaba por llegar.

La misma caritativa mano que había acariciado casi con ternura su rostro, se deslizó hacia el sur con el propósito de demoler la integridad, la chica apretó los muslos en un acto de reflejó.

—¡NO! Por favor, NO —imploró.

Pequeños gimoteos lastimeros emergieron de su garganta al sentir los dedos de Rido acariciándola en lugares demasiado privados Yuuki gritó, suplicó una y otra vez por un poco de paz, pero su tío seguía su juegos; toqueteando, arañando, él se divertía explorando caminos que ella sólo había soñado en un mundo rosa.

Era desagradable, se sentía terrible, tenía ganas de vomitar. Cada parte de su ser rechazaba aquella ultranza, intentaba impedir el paso pero al mismo tiempo no podía evitarlo. La mano de Rido era áspera y tosca, sus uñas le raspaban la entrada reservada sólo para el amor. Dolía, consumía, destruida, él iba a romperla en mil pedazos.

Yuuki cerró sus ojos lanzando una plegaría al aire en forma de un agudo chillido. Algo duro se adentró en ella. La chica arqueó la espalda lanzando un gritó que perforaba los oídos, lágrimas se derramaron por sus mejillas, mientras todo su cuerpo se tensaba.

—¡¡KANAME!!

Las uñas de Rido se clavaron en su interior y desde adentro la desgarraron.

—Estás lista, Yuuki.

Y el mundo se detuvo para ella.

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Tardé mucho en subir el capítulo pese a que ya lo tenía, pero no había pasado por el labor de Beteo, en fin, espero que les ¿guste? este capítulo, al menos digan que me salió horriblemente bien o algo así. No creo que me demore demasiado en subir la última parte.

Gracias a Veit y Anemone por dejar sus reviews, ya les he contestado por vía reply, sus comentarios me hacen feliz.

Quejas, sugerencias o demandas, estoy abierta a escucharlas (o sea dejen reviews).

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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.