Always with you

Diclaimer: Los personajes de Kingdom Hearts son propiedad de Square Enix, no mía.

Nota de la Autora: Este es el último capitulo de este fic, pido disculpas por haber tardado tanto en terminarlo, pero he estado con una depresión enorme y no podía escribir, y menos este capitulo. Para terminar, No me matéis, por favor.

Chapter 3: I'll be always with you

Pasaron las vacaciones de verano, tan rápido que casi no se dieron cuenta. Fueron a ver el Hanabi (N/A: los fuegos artificiales), luciendo sus kimonos y comiendo algodón de azúcar junto a su amiga. Estuvieron en el parque de atracciones y se rieron viendo a Sora y a Kairi peleándose para entrar con Riku en el túnel del terror, mientras ellos entraban en la atracción cogidos de la mano.

Pero, cuanto mas tiempo pasaban juntos, mas triste se ponía Namine, puesto que sabia que su tiempo se terminaba y que se acercaba el momento de decir adiós.

Los dos chicos, que no eran tontos, se habían dado cuenta de que algo le pasaba a Namine y, al poco de empezar las clases, mientas comían un helado en el parque, pasó lo inevitable.

- Nami-chan – dijo Axel – ¿te preocupa algo?

- No me preocupa nada, Aku – Contesto Namine, con una risita fingida.

- Nami, no nos mientas – dijo Roxas – SABEMOS que algo te ocurre. La pregunta es: ¿Qué te pasa?

Namine titubeó, mirando primero los ojos verdes de Axel, que desprendían una preocupación creciente, y pasando a los ojos azules de Roxas, desafiantes. Finalmente, después de un silencio incomodo, la muchacha dirigió la mirada al suelo y contestó.

- No es algo de lo que pueda hablar aquí – Susurró Namine, con un hilo de voz casi imperceptible – y aunque os lo cuente no hay nada que podáis hacer al respecto.

- Solo cuéntanoslo y lo veremos – Dijo Axel.

- Cuando lleguemos a casa – Respondió la muchacha.

El trío dejo a un lado el tema y charlaron sobre temas triviales y anécdotas graciosas hasta que el tiempo empezó a refrescar y decidieron volver a casa.

"¿Que nos oculta Nami?" pensaba Roxas, dirigiendo una mirada pensativa a Axel, mientras esperaban a que Namine abriera la puerta. En cuanto sus miradas se cruzaron, supo que el pelirrojo se estaba haciendo la misma pregunta.

Al entrar, Naminé les condujo al salón y les dio la espalda. El sonido de un trueno sobresaltó a los muchachos, había empezado una tormenta. Los minutos pasaron en un silencio, roto solamente por la tormenta que azotaba la ciudad. Los chicos, nerviosos ante el silencio de su amiga, se acercaron a ella. Con un rápido movimiento, Naminé agarró la tela que tapaba el espejo de la estancia y la arrancó. Luego se colocó delante del espejo y se quedó mirando el reflejo solitario de sus dos amigos. Las lagrimas recorrieron su rostro mientras su mente decía: "ha llegado la hora."

Los chicos, al oírla llorar hicieron lo único que podían hacer: intentar consolarla. Se abrazaron a ella tan estrechamente como pudieron. Fue entonces cuando oyeron a Namine susurrar: "si os hubiese conocido antes…"

- Mirad el espejo – Les dijo Namine – Miradlo!

Los chicos hicieron lo que les pedía, mientras los truenos resonaban a su alrededor. Un relámpago ilumino la habitación, mostrándoles un reflejo de si mismos, con los brazos entrelazados y casi tocándose… pero sin "nadie" entre ellos. La imagen de su amiga no se reflejaba.

_ ¿QUÉ…? – Dijo Roxas, sin entender lo que veía. Axel se había quedado mudo.

- Yo… yo ya no existo - Dijo Namine – No estoy lo que se llama "viva".

- Nami-chan… Estas delante de mí, te veo, puedo tocarte, respiras… Dijo Axel, recuperando la facultad del habla - ¿Eso no es estar vivo?

- Sigo en este mundo, en una mera copia de mi cuerpo, que se mantiene gracias a mi magia – Explico Namine a sus amigos – Pero mi magia también tiene un límite.

- ¿Que ocurrió? – Pregunto Roxas – ¿Como… moriste?

Naminé rió.

-¿Sabes? Lo mas gracioso es que me culparon… de mi propia muerte – dijo Namine, poniéndose seria de repente – si hubiese esperado un año mas…

Y se echó a llorar, apoyada en el hombro de Roxas.

- Entonces… el suicidio de hace un año… - Dijo Axel, encontrando de repente que todos lo misterios que rodeaban a su amiga se esclarecían. – La escena de la azotea … la fobia a los espejos… todo encaja… excepto…

- Yo tampoco entiendo muy bien "cómo" mi magia me convirtió en lo que soy ahora – dijo Naminé – Lo único que sé es que, justo en el instante antes de chocar contra el suelo y perder la vida… desee haber tenido "amigos de verdad".

- Nami… - Dijo Roxas.

- No podría haber encontrado mejores amigos que vosotros – dijo Namine – pero…el milagro se termina aquí, este es mi último año.

- NO! – Exclamó Roxas - no puede ser…

- ¿cuanto tiempo…? – Preguntó Axel.

- En tres meses mi poder se terminará y… moriré - dijo Naminé – pero, no penséis mas en esto, quiero vivir lo que me queda feliz… junto a vosotros.

- Ahora que lo pienso, Nami -chan – dijo Axel – Nunca te hemos preguntado cuando es tu cumpleaños.

- Es dentro de una semana – dijo Namine – El viernes.

- Pues celebrémoslo a lo grande! – Dijo Axel- Hagamos que sea memorable ¿eh, Nami-chan?

- Si!! – dijo Naminé, alzando el puño y poniéndose a reír al ver una exagerada imitación de su voz y postura, de manos de un pelirrojo muy bromista.

- Aku! Payaso! – Exclamo Roxas, riendo.

- Bueno, Roku –dijo Axel haciéndose el ofendido – Ser un payaso tiene sus ventajas.

- ¿Ventajas? ¿Que ventajas? - pregunto el muchacho rubio.

- Por ejemplo, animar a una amiga- dijo el pelirrojo, uniéndose a las risas.

A la mañana siguiente, los tres amigos bajaron al sótano donde se hallaba el verdadero cuerpo de Namine. Allí, vieron una capsula en forma de flor que mantenía el cuerpo de su amiga gracias a la magia. Vieron que llevaba el vestido blanco que tanto le gustaba a su amiga, machado de sangre, al igual que su pelo. Su rostro, pero, mostraba una profunda sensación de paz.

- Mi alma vaga por esta mansión cuando este cuerpo duerme – dijo Naminé, colocando la mano izquierda encima de su pecho. Los chicos guardaron silencio y le pasaron un brazo alrededor de la cintura.

Ese Viernes Naminé llegó a casa acompañada por Roxas. Entró primera, fue hacia el comedor y encendió la luz. La pobre muchacha dio un bote cuando un sonoro " Sorpresa!" lleno la habitación y se encontró rodeada de todos sus amigos.

Cada uno de sus antiguos amigos y los nuevos que había hecho estando con Roxas y Axel… todos estaban allí. Namine se paso la velada dando las gracias y recordando los buenos tiempos del pasado. Cuando la gente ya se marchaba, Roxas saco su regalo y se lo dio.

- No es gran cosa - dijo el muchacho - pero espero que te guste, "Imoto-chan"

Namine desenvolvió el regalo y se encontró con una pulsera como la que llevaba Roxas. La chica sonrió, abrazó al muchacho y le dio las gracias unas cien veces ( XD).

Axel se adelantó y colocó alrededor de la muñeca derecha de su amiga una cinta roja, en cuyo centro colgaba una piedra blanca en forma de lágrima. Naminé no sabia que decir, así que simplemente se abrazó a sus amigos, mientras ellos se miraban y sonreían, satisfechos.

Pasaron los días y, poco a poco, se acercaba el instante en que debían decirse adiós. Ese día Namine dejó una carta en la taquilla de Sora, que ponía lo siguiente:

"Mi muy querido amigo Sora,

Te escribo estas letras para responder a una pregunta que me hiciste hace ya mucho tiempo. Ese día en la azotea, yo lloraba por mi misma. Porque me sentía sola y creía que no tenia, ni tendría jamás, un amigo de verdad… y ahora me doy cuenta que siempre tuve un amigo a mi lado, intentando ayudarme. Perdóname.

Ahora, después de conocerles a ellos me he dado cuenta que siempre te tuve a mi lado y que te fuiste por mi culpa. Me gustaría que pudieses volver a considerarme tu amiga.

Firmado: Naminé.

PD: Sed muy felices, tu y Riku."

Después, salió corriendo al ver al castaño acercarse y oyó a Riku llamarla. Pero ella siguió corriendo. Fue al encuentro de Axel y Roxas y los tres marcharon hacia el bosque. Habían ido muchas veces allí y conocían bien la zona. Pronto llegaron a un montículo rocoso donde crecía un gran cerezo que, misteriosamente, siempre estaba en flor. Justo delante de ese gran árbol había un gran precipicio que otorgaba unas preciosas vistas del bosque de alrededor. Los chicos recordaban que allí se habían dado su primer beso, hacia ya unos meses.

Naminé se paró a un paso del precipicio y se giró hacia sus amigos.

- Ha llegado la hora, chicos - Dijo Naminé, mirándoles con ternura – Mi magia ya no puede mantenerme mas aquí.

- Nami-chan… - Dijo Axel – Te echaremos de menos

- Y yo a vosotros – Dijo la joven bruja, mientras su ya de por si blanca piel se volvía aún mas pálida y su vestido blanco se mecía con el viento, en sus muñecas llevaba los regalos que sus amigos le habían dado en su cumpleaños – Solo espero que algún día, en otra vida… podamos volver a encontrarnos.

- Nami… - Dijo Roxas – No te vayas…

- Roku, yo estaré aquí mismo – dijo Naminé, señalando a la vez los corazones de los dos chicos – Con vosotros, para siempre.

- ¿Qué vamos a hacer sin ti, nami-chan? – Dijo Axel, cogiendo a Roxas por los hombros intentando consolarle.

- Podéis cuidar de mi mansión y aprovechar las becas que mis padres pagaron y que yo no aprovecharé – dijo Naminé, tendiéndole una carpeta a Axel – porque ahora todo eso es vuestro.

Axel cogió la carpeta y abrazó a su amiga, como si se abrazase a su propia vida. Roxas se unió al abrazo colectivo al instante. Cuando llegó la puesta de sol, Naminé se separó de sus amigos y, acercándose al borde del precipicio, se dejó caer hacia delante. A mitad del descenso se giró de cara al cielo y sonrió. "solo quiero volver a nacer para estar de nuevo junto a vosotros", pensó Naminé, mientras el vacío le daba la bienvenida.

Los dos chicos bajaron corriendo por el sendero en dirección al fin del acantilado. Allí vieron a su amiga, envuelta en un charco de sangre carmesí. Se acercaron a ella y miraron su pulso. Al ver que su amiga se había ido definitivamente, Roxas se puso a llorar cogiendo la mano inerte de la chica y Axel llamó a una ambulancia, mientras miraba el placido rostro de su amiga. Naminé se había ido.

El día del funeral, casi todo el instituto se reunió para darle el último adiós a la sencilla, tímida y dulce Naminé. Al terminar la sencilla ceremonia, Riku y Sora se acercaron a los dos mejores amigos de Naminé.

- Solo quería que supierais que Naminé me escribió una nota antes de morir. – Les dijo Sora - Quería hablar con ella al día siguiente, cuando me enteré…

- Queríamos pedirle perdón – Explicó Riku.

Roxas y Axel se miraron y sintieron como si dos suaves y calidas manos se posaran en sus hombros., dándoles fuerzas.

- Estamos seguros de que ella os perdona – Dijo Axel.

- Y que no os guarda rencor por lo que pasó – dijo Roxas.

Los dos chicos se volvieron a mirar a los ojos, era como si pudiesen oír la voz de Naminé diciéndoles:

"Yo siempre estaré aquí, con vosotros"

Fin–

Comentario: He aquí el final de este fic, espero que os haya gustado. He de decir que hubo un tiempo en que estuve a punto de modificar este final por uno mas"feliz". Pero me he decidido por dejarlo tal y como fue ideado en un principio. Si tengo comments a favor podría poner el epilogo, el otro final… pero solo si me lo pedís.

Agradecimientos: A todos los que os habéis dignado a leer y comentar este fic, porque me habéis dado fuerzas para seguirlo y terminarlo. Gracias a todos por vuestro apoyo porque si no fuese por vosotros yo no hubiera seguido escribiendo ni este, ni ningún otro fic. ¡¡Doozo arigato gosaimasu!!