Matemáticas I

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Resumen: – En todo triángulo rectángulo, la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa – sonrió. – ¿Sasuke? – lo interrumpí. – ¿Qué? – frunció el ceño. – Cállate y bésame – y como buen tutor se puso a mi disposición.

Autora: risita

Advertencia: No sé. De mi se puede esperar todo.

Naruto®es propiedad de Kishi, (con quien, por cierto, estoy MUY enojada por lo que le hizo a Hinata) así que no me pertenece; PERO, todas mis ideas descabelladas son todas mías.

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Lección 2. Operaciones Básicas.

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Lo mataré.

Si, eso es, lo asesinaré y después lo descuartizare. Quemaré cada pedazo de su vitalidad y luego se lo daré a los perros. Perfecto.

Accedí ayudarle a la molesta de Sakura en cuestiones matemáticas. Y, como dije, a Sakura únicamente, no al inútil de su casi novio.

Esa mata de pelo naranja no hace más que distraer a mi chica. Porque, al menos en el tiempo que soy su tutor, ella es mía. Sería increíble poder mantener una conversación normal con ella, sin interrupciones.

Por Dios, esos dos me hacen sentir miserable; la forma en la que ríen, la manera en la que se miran, por un momento parece como si yo no estuviera presente.

Lo odio, y aún así es mi mejor amigo.

- Sakura, ¿sabes restar? – le cuestioné.

- Claro Sasuke – sonrió. Mierda, que no lo vuelva a hacer.

- Entonces, ¿por qué no restamos a Naruto de la clase? – la miré retadoramente. Sé que sintió escalofríos.

- Naruto – dijo – creo que Sasuke tiene razón. Si deseo tener buenas notas, necesito cero distracciones.

- Pero Sakura – iba a replicar pero ella lo miró suplicante. Él salió por la puerta de la biblioteca resignado. Se sabía el camino de memoria.

¿Quién se puede resistir a esos ojos verdes?

Antes yo podía hacerlo, resistir las corrientes de energía que llegaban cada vez que la miraba; pero hoy, gracias a las malditas hormonas, lo que ayer era fácil, ahora es bastante complicado.

- ¿Te va bien en las multiplicaciones? – le pregunté.

- Si, es fácil. Me aprendí las tablas de memoria – rodó sus ojos.

- ¿Cuánto es cincuenta y cuatro por treinta y dos? – la respuesta estaba regalada.

- No abuses, sólo sé hasta la tabla del 11. Dame un segundo, necesito hacer los cálculos – frunció el ceño.

- No cuenta, debe ser mentalmente – la miré,

- Eres un aprovechado, sabes que no tengo tu nivel – cruzó los brazos. Hizo un puchero con su boca.

Adorable.

No debía ver más esos labios. Me comenzaba a sentir vulnerable; y yo nunca me había sentido así, mucho menos en presencia de una chica.

- Espero tu respuesta – casi sonreí, pero me lo impidió su mirada desafiante.

- Mil setecientos veintiocho – se acercó a mí.

Demonios. Había acertado.

- Vaya, estoy considerando darte premios por cada respuesta correcta – esta vez sí sonreí.

¿Premios? Si, era perfecto. Sakura y yo besándonos sobre la mesa. Ella sonrojada y yo salvaje; a mi total merced.

Pervertido, esas conversaciones con los chicos estaban comenzando a afectarme. Debía dejarlas definitivamente.

Ella es mi amiga. La única. Y hay un pequeño detalle que impediría una aventura entre los dos: ama al idiota de Naruto.

Y yo sólo soy su tutor.

Comencé a sentir una horrible ira por dentro. Necesitaba desquitarme con algo. Necesitaba sacarlo todo.

Ella me contuvo, me miraba expectante; tenía arqueada la ceja derecha. Daría lo que fuera por saber qué piensa. Cerré mis ojos, debía controlarme.

Los impulsos no llevan a nada bueno.

- Oye, ¿continuamos? – acercó su rostro al mío.

Debía tomar aire urgentemente.

- Bien, ¿la división se te dificulta? – buena maniobra evasiva.

- Un poco – puso su codo en la mesa y recargó la cabeza en su mano – sé que son las veces que cabe un número dentro de otro.

- Correcto, ¿cuánto es mil ochocientos entre veinte? – ella suspiró. Fijó su vista en la ventana, estaba como ida.

Bonita.

Carajo, soy un maldito chico frío, pero eso no significa que no deban gustarme las chicas. Ella tiene algo, no se qué. Me atrae bastante, talvez sea por la competitividad que tengo con Naruto, porque me resigno a verla con él. Talvez sea la manera en la que me comprende o talvez puede que sea su efusiva capacidad para molestar.

No he conocido a otra chica que sea tan molesta.

- Noventa – sonrío ampliamente. Parpadeó y me observó detenidamente.

- ¿Recuerdas lo de los premios? – cerré los ojos. La tensión no me permitía respirar.

- Sí – asintió - ¿qué me darás? – sus orbes brillaban.

- ¿Sabes sumar, verdad? – me paré.

- Claro, es lo más fácil de las matemáticas – le agarré su mano e hice que se pusiera de pie.

- ¿Qué sucede si sumo mis labios a los tuyos? – me acerqué peligrosamente. Ella abrió desmesuradamente los ojos al sentir el resultado de dicha operación. Rodeó mi cuello con sus manos y aprisioné su cintura con las mías.

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Sentí que su congelado corazón se derretía ante mí.

Me di cuenta de algo muy importante: lo que había creído hasta hace unas pocas horas se derrumbó.

No sólo me gustaba, amaba a Sasuke.

Pero, ¿dónde quedaba Naruto?

Jodidos sentimientos.

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Bien, por fin continué. ¿Yo quiero que Sasuke me enseñe a sumar sus labios con los míos! ¿A poco ustedes no?

¡Nos leemos en el siguiente capi!

¿Lindos comentarios para esta linda autora que necesita de su droga?

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