Regresando a Hogwarts.
El andén estaba completamente lleno de alumnos que corrían por doquier con libros en las manos, mientras que otros saludaban a sus compañeros de curso, y otros abrazaban a sus familias.
La pelirroja corría entre la gente pidiendo permiso, así podría llegar al tren y elegir compartimiento. Llevaba libros entre sus manos, porque siempre era más puntual que sus amigas, y cuando conseguía el lugar en el tren, leía un poco para no aburrirse. Estaba avanzando con rapidez entre la marea de alumnos, cuando de repente chocó contra alguien.
-lo lamento no estaba prestando atención por don..-levantó la vista del suelo sin poder creer quien era el que estaba encima de ella y no la dejaba salir- ¡Potter! ¡Sal ahora mismo!-
-pero si estoy muy cómodo, Evans –dijo James en un tono muy seductor mirándola a los ojos. -¿Cómo estuvo tu verano?-
-¡¿y a ti que te importa?!¡Déjame salir!-
-lo siento, pero no-respondió travieso.- ¿leíste las cartas que te envié?-
- ¡por supuesto, y también te respondí que no quería una estúpida cita contigo!- dijo malhumorada.- ahora, ¡déjame incorporarme!-
-no creo que sea posible, Lily- James la miraba divertido. Todos los que circulaban por el andén, estaban, en su mayoría, pendientes de la situación.
-¿¡cuantas veces debo decirte que soy Evans para ti!?¡Si no te corres en este instante, lo haré yo misma!- intentó empujarlo con todas sus fuerzas, pero no pudo mover el torso de James ni un milímetro. Mientras intentaba desplazarlo, notó los abdominales bien formados del chico y enseguida retiro sus manos del cuerpo del buscador de Gryffindor, mientras sus mejillas se tornaban levemente rojas. Definitivamente, las prácticas de quidditch daban resultado.
-¡Potter, te lo advierto! ¡Déjame ir a menos que quieras estar en la enfermería por el resto del año!-
-Solo con una condición, Lily-dijo con tono sensual el morocho mientras acercaba su cara hacia la de ella, logrando que las puntas de sus narices se tocaran.
-Evans. ¿Qué condición?-respondió la pelirroja furiosa.
-que salgas conmigo-dijo triunfante James sonriendo.
-¡ni muerta saldría contigo James Potter! ¡Ni aunque mi vida dependiera de ello! ¡A demás eres un idio...!-
-si, ya lo se, un idiota, engreído, que sale con cualquier mujer que se cruza en su camino- dijo James interrumpiéndola y rodando los ojos- algún día vas a decirme que si, Evans- no le dio tiempo a replicar, ya que se acercó a ella un poco más rozando con dulzura los labios de Lily. El morocho se incorporó y se alejó caminando sonriente, sin darle tiempo a reaccionar.
-¡No puedo creer que seas tan desvergonzado! ¡Vuelves a tocarme y juro enviarte a San Mungo!- gritó la pelirroja entrecerrando los ojos, mientras un grupo de alumnos de primero la miraban asustados y se juntaban más cerca del prefecto que los estaba acompañando.
-no se preocupen, no es peligrosa niños. Comiencen a subir al tren por favor, enseguida los alcanzo.- dijo riendo Remus Lupin haciendo gala de su simpatía, y agachándose a recoger algunos libros de la pelirroja.
-muy gracioso, Remus.- el tono sarcástico de Lily era más que evidente, sin embargo no podía enojarse con él.
-lo siento, es que tendrías que haberte visto- respondió con una sonrisa amable.- déjame adivinar la causa de tu malhumor. ¿James otra vez?-
-¿quién sino? ¡Me exaspera! ¡Continúa invitándome a salir! ¿Es que no entiende el significado de la palabra "no"?-
-sabes que seguirá haciéndolo hasta que aceptes una cita con él-
-¡y tú sabes que nunca, repito, nunca saldría con alguien como Potter!- Remus suspiró y rió mostrando sus dientes perfectos.-
-¿de que te ríes ahora?-
-nada, es solo que creo que aunque siempre lo insultes y lo rechaces, algún día, vas a decirle que sí, y vas a darte cuenta que no es como tú crees. Y ese día, vas a enamorarte de James.- la reacción de la muchacha no se hizo esperar.
-Remus, a veces eres demasiado optimista. ¡Yo no podría jamás enamorarme de él! No somos compatibles, ¿de acuerdo?. Así que mejor quítate esas absurdas ideas de la cabeza.-
-como digas Lily -respondió el muchacho dulcemente, mientras rodaba los ojos sin que ella lo viera.- ¿vamos al vagón de prefectos? Tenemos la reunión en exactamente siete minutos-
Ambos comenzaron a caminar hacia el imponente expreso de Hogwarts, conversando animadamente, cuando de repente, una fuerte explosión se hizo oír en el andén.
-¿¿Qué demonios fue eso??- Los prefectos de Gryffindor se dirigieron hacia el lugar de donde provenía el humo púrpura, tan rápido como sus piernas se lo permitían. Al llegar, ni Lily ni Remus pudieron evitar reír: Lucius Malfoy y Severus Snape se encontraban rodeados de alumnos de diferentes edades que soltaban sonoras carcajadas al verlos con vestidos de lunares, tacos y maquillaje.
-el color púrpura te sienta bien, Malfoy- dijo una voz masculina muy familiar para Remus. "Sirius; era obvio"-pensó riendo el licántropo.
-es cierto, aunque tu no te quedas atrás Snape- acotó Megan Darklight, mientras apoyada en el hombro de Sirius Black, lanzaba un armoniosa risa que se perdió entre las otras.
-Esto no va a quedar así, traidores.- ambos slytherins se alejaron de allí, siseando entre ellos, y empujando a los espectadores. Al notar la presencia de sus amigos, Megan se acercó hacia ellos para saludarlos.
-¡Lily! ¿Qué te pareció nuestra pequeña bienvenida para esas dos serpientes?-dijo alegre la morocha mientras la abrazaba.
-debo reconocer que fue graciosa, auque sabes que no estoy de acuerdo con…-
-si, ya se, con las bromas hacia otros alumnos del colegio porque podríamos llegar a ser expulsados.-continuó Megan arrastrando las palabras y rodando los ojos. Se había cruzado de brazos, tomando un aspecto infantil que, a juicio de Remus, era igual al que Sirius usaba.
-yo pienso que estuvo muy bien. Felicitaciones Canuto.-el muchacho sonrió.
-sabía que tu tenías sentido del humor, Remus- dijo burlona Megan mientras le guiñaba un ojo a él, y luego le sacaba la lengua a Lily como una niña de cuatro años, a lo que la chica rodó los ojos.
-fue idea de mi hermanita por cierto.-dijo Sirius mostrándose orgulloso, mientras le pasaba un brazo por la cintura. Megan sintió como un punzante dolor se apoderaba de ella, haciéndola perder el equilibrio. Las cicatrices del maleficio de la noche anterior no habían cerrado completamente. Sirius la sujetó, y la miró preocupado.
-¿qué sucede, Meg?-
-nada, estoy bien. No te preocu...-
-¡Megan, no estás bien! ¿Quieres que te acompañe al tren así puedes sentarte y descan..?-
-no, Lils, no es necesario ya estoy bien.-
-¿segura?- Remus la observaba preocupado, cosa que a la morocha le resultó muy dulce.
-chicos en serio, no es nada.-sonrió, ocultando el dolor que sentía.- ¿ven? Ya estoy perfecta.- Enderezó el torso mientras la venda se tensaba.
-pero, Meg creo que deberías..-
-Lily, déjala, fue algo momentáneo nada más-dijo con tono cordial Remus.- ¿vamos al tren? Sino llegaremos mucho más tarde a la reunión de prefectos.-
- Está bien- respondió la pelirroja no muy convencida. No quería dejar sola a su amiga-¿no vienen con nosotros?-
-adelántense, los alcanzamos luego- respondió Sirius.
-quiero una explicación, Meg- dijo en cuanto Remus y Lily se alejaron, dejándolos solos.
-no fue nada, solo unas puntadas, nada por que preocuparse-
Si cualquier otra persona hubiera estado escuchándola, se hubiera creído su mentira a la perfección. Pero no Sirius Black. Él la conocía demasiado bien.
-No me mientas. ¿Fueron ellos, verdad?- Meg asintió. Odiaba que la vieran débil.- ¿por qué no me avisaste antes? ¡Podría haber evitado que te lastimaran!-
- No hubieras podido hacer nada, Sirius. A demás sé cuidarme sola.- el muchacho no respondió; estaba observando el piso del andén y apretando los puños.- no es la primera vez que lo hacen, y lo sabes. A demás no creas que no me di cuenta de tus cicatrices en la espalda.- Él la miró.
- Es distinto.-
-No lo es, Sirius.-
- ¿Cuándo sucedió?-
- Ayer- Meg suspiró cansinamente- ya sabes como son nuestras familias.-
- si vuelven a hacerte algo, me lo dices. ¿Está bien?- los ojos del chico mostraban preocupación.
- pero puedo cuidarme sola, no necesito que..-
-promete que me lo dirás.-
-Está bien, lo prometo.-Era imposible ganarle a Sirius.- pero tú promete que no le dirás a nadie sobre esto. Ni a un merodeador, ni a nadie.-
Meg nunca les había contado a las chicas sobre las torturas que tenía que soportar. No quería preocuparlas por algo que no cambiaría. Siempre inventaba excusas para justificar sus cicatrices y marcas. A pesar de que los merodeadores estaban al tanto del tipo de familia que ella poseía, evitaban hablar de ello para no incomodarla. Sabían que era una cuestión delicada tanto para Sirius como para Meg, por eso preferían no indagar al respecto. A demás, una pregunta llevaría a la otra, y ninguno de los dos quería detallar lo que les esperaba después de sus cumpleaños. Preferían dejarlo así.
- De acuerdo. Ahora vayamos a buscar compartimiento; aunque seguramente James ya consiguió uno para nosotros.-
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-¡por aquí, Canuto!- la voz de James resonó por los pasillos del tren. Varias alumnas giraron para verlo, mientras intercambiaban miradas pícaras y sonreían. Pero al ver a Sirius Black acercarse hacia James, caminando elegantemente junto con Meg, y sonriendo como siempre, muchas chicas comenzaron a tirarle besos en el aire, a lo que el morocho, respondía guiñándoles el ojo.
Mientras saludaba a sus admiradoras, tropezó contra una muchacha de estatura mediana.
-lo siento mucho- dijo sonriendo, como todo un caballero. Pero antes de darse cuenta que conocía a la supuesta extraña, Meg lo interrumpió.
-¡Liz! ¿Cómo estás?- Meg abrazó con entusiasmo a su amiga, olvidando su dolor.
- bien, ¿y tú?-respondió riendo.
- lamento haberte golpeado, Spencer- dijo Sirius a modo de saludo, esbozando una amable sonrisa.
-No hay problema, Sirius.- la muchacha sonrió, tratando de ocultar su timidez. Agradeció al cielo no haberse sonrojado ni titubeado, sino luego hubiera tenido que soportar a Meg haciéndole preguntas incómodas.
-voy con James, antes de que alguna admiradora me lo arrebate- dijo burlón el morocho y se alejo de ellas, mientras muchas alumnas lo seguían, intentando en vano, disimular su enamoramiento.
-nunca van a cambiar, ¿no?-dijo Meg logrando que Liz riera. Estaba acostumbrada a recibir amenazas, vociferadores y cualquier tipo de insulto por estar junto a Sirius Black. Por más veces que explicara que no estaban saliendo y que su relación era distinta, las pertenecientes al club de fans, intentaban hechizarla, prácticamente, cinco veces por día.
-creo que no...¿Vamos con Lily? Seguro la encontramos leyendo algún libro de pociones- ambas muchachas fueron hacia el compartimiento. Al ver a Liz, Lily dejó "1001 pócimas básicas" a un lado, y abrazó a su amiga con fuerza y alegría contenida.
-¿se pusieron de acuerdo para ahorcarme?-dijo con tono amable Liz, al ver las reacciones de las chicas.
-te extrañé, eso es todo.- respondió riendo Lily y rompiendo el abrazo.- ¿Cómo esta tu cintura Meg?-la morocha la miró reprimiéndola.
-está bien, gracias Lils.-respondió, entrecerrando los ojos, en voz baja y apretando los dientes.
-¿sucedió algo que deba saber chicas?-preguntó Liz preocupada. Odiaba que le ocultaran cosas, más si la salud de su amiga estaba involucrada.
-nada grave, Liz. Solo que me golpeé y me dolía un poco eso es todo.-
-de acuerdo-dijo no muy convencida la castaña. Lily sabía que Meg estaba ocultándoles algo, pero no era el momento de preguntar.
- ¿quieres jugar una partida de ajedrez mágico?-dijo la pelirroja para cambiar de tema. La castaña aceptó entusiasmada, mientras que Meg rodó los ojos y resopló.
-¿qué sucede, Meg?-preguntó divertida Liz.
-nada, es que me aburre jugar ajedrez.-
-A mi también- dijo Alice entrando al compartimiento con una sonrisa. Era una muchacha con cabellos oscuros y enrulados, muy bonita, alta, delgada, con un par de ojos color café y unas leves pecas en sus mejillas. Meg la abrazó diciendo:-¡que bueno que llegaste! Sino me iba a ver obligada a presenciar uno de sus interminables partidos.-miró a Liz y a Lily quienes rodaron los ojos.
Alice se dirigió a sus amigas y las envolvió en un dulce abrazo. Luego tomó asiento junto a Meg, quien al ver el carrito de los dulces, no tardó ni un segundo en levantarse y comprar grandes cantidades de ranas de chocolate, grageas de sabores y varitas de regaliz. Regresó al compartimiento con los brazos llenos de golosinas y las desparramó sobre uno de los asientos.
-el desayuno esta servido- dijo en tono teatral mientras tomaba una barra de chocolate para desenvolverla. Lily prefirió una rana de chocolate, Liz una varita de regaliz y Alice unos bombones que estallaban esparciendo chocolate fundido con frutillas cuando los mordías. Después de haber ingerido todo lo que pudieron, Liz hizo aparecer con un simple movimiento de muñeca, un tablero de ajedrez mágico.
-¿Lista, Lily?-
-por supuesto mi querida Liz- Comenzaron la partida dándole órdenes a las piezas, quienes obedientemente cambiaban de casilla con velocidad.
-¡que aburrido! – Meg se había cruzado de brazos, al igual que Alice.
-tengo algo para entretenerlas- Liz sacó una revista de su bolso y se la pasó a sus amigas, quienes al verla sonrieron.
-¡"La snitch dorada"! ¡Me encanta esa revista de quidditch! ¡Gracias!-luego de darle un beso en la mejilla a la castaña, Meg se cruzó de piernas sobre el asiento y comenzó a hojear encantada el regalo. Alice se sentó junto a la morocha y comenzó a ver la revista con ella: -¡Eres la mejor Liz!¡Meg, mira al nuevo capitán de los Cannons!¡que guapo!- la figura de Edward Prince les sonreía mientras sostenía una escoba en el medio del campo.
"Va a ser un viaje entretenido después de todo"-pensó la morocha, al tiempo que el tren comenzaba a moverse.-"Hogwarts, allá vamos"-
