Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Desde ya, gracias por haberle dado una oportunidad a mi historia y haber leído hasta este capítulo; espero -me gustaría- que sigan haciéndolo, suponiendo que mi historia logre ser lo suficientemente interesante. En todo caso, siéntanse libres de hacerme saber lo que piensan. Y, desde ya, gracias a quienes se tomaron la molestia de hacerlo y dejarme un comentario. ¡Gracias! Espero el capítulo les guste... Nos vemos y besitos.
Imperfección
IV
"Torpeza y fragilidad"
Arribó con Akamaru al despacho de la Hokage a la hora acordada por Shizune, allí junto a él, frente al escritorio de Tsunade se encontraban de pie Shino, Sakura y Hinata, aguardando todos la llegada del último convocado aquella mañana. Naruto. El cual, a juzgar por la impaciencia de la voluptuosa mujer rubia frente a ellos y su expresión asesina, parecía haber adquirido últimamente la costumbre de llegar tarde siempre que Tsunade lo convocaba. Sakura, al lado de Hinata, golpeaba también el pie contra el suelo, comprobando su suposición y demostrando cuan similar se había vuelto a su maestra. Lo cual en parte lo asombraba y en parte lo aterraba, Sakura y Tsunade eran, sin duda alguna, dos mujeres aterradoras cuando se enfadaban. Ino podría caer en la misma categoría, quizá, y sin duda alguna su propia madre. Su hermana, por otro lado, tenía un carácter más similar al suyo propio y facilitaba las cosas entre ellos. Hinata era un tema aparte.
—¡Bah! Este Naruto... —se quejó el castaño colocando ambas manos detrás de la cabeza y contemplando de reojo a la Hyuuga, aguardando alguna respuesta por parte de ella, sin embargo, tal respuesta nunca llegó. La joven parecía, de hecho, no haber oído el comentario de él pues su vista continuaba clavada en la puerta de la habitación circular, aguardando ansiosa la aparición de cierto rubio hiperactivo mientras, inquieta y nerviosa, jugaba con sus manos y el cierre de su campera, subiéndolo y bajándolo unos centímetros. Ante esto, Kiba chasqueó la lengua y volvió la vista al frente, contemplando desinteresado a través de la ventana que se encontraba detrás del escritorio de la Hokage. Es inútil, pensó. La puerta se abrió de un golpe entonces, atrayendo la atención de todos los presentes a la entrada de la habitación. Allí, Naruto jadeaba agitado con una tonta sonrisa en los labios.
Al verlo, Sakura se volteó a él, furiosa —¡¡Naruto!!
Tsunade decidió intervenir también, desatando su propia furia contenida sobre el pobre muchacho, el cual retrocedió al ver la ira de ambas mujeres dirigidas a su persona —¡¡¡Llegas tarde!!!
Kiba rió, sonora y claramente. No pudiendo disimular la gracia que le causaba la situación entera. Había intentado contenerse, en verdad lo había hecho, pero la escena había resultado demasiado divertida –en su opinión- y simplemente no lo había logrado. Hinata, por otro lado, no lo encontraba tan gracioso como él, al parecer, pues continuaba contemplando al chico con preocupación. Como temiendo que su vida peligrara en manos de Tsunade y Sakura, lo cual no era tan disparatado de pensar, ambas eran realmente terroríficas. Shino, en cambio, no manifestaba interés alguno. En nada. Como siempre.
Finalmente, Tsunade habló del porque ellos cinco habían sido convocados, todos prestaron atención inmediatamente —Tengo una misión para asignarles. Rango B.
Shizune agregó, interviniendo por un instante para luego volver a ubicarse detrás de la rubia —Se trata de una misión de rescate.
—Es al límite del país del fuego. Hubo allí, hace tres días, un derrumbe y 8 personas de una pequeña aldea cercana, que se encontraban allí en el momento del accidente, quedaron atrapadas debajo. Y no pueden localizarlas y sacarlas de allí. Entenderán ahora porque los convoqué a ustedes.
Shino asintió —El equipo 8 resulta ideal para rastrear y encontrar a esas personas, Sakura se encargará de proveer primeros auxilios y cuidar de los heridos y Naruto cumplirá una función de protección mientras esta lleve a cabo su tarea y nosotros la nuestra.
La mujer sentada asintió solemnemente, entregando al Aburame una hoja donde se precisaban los detalles relevantes de la misión que realizarían —Tú serás el líder, Shino.
Naruto frunció el ceño, cruzándose de brazos tercamente, sin embargo, si es que pensaba objetar no lo hizo. Permaneció callado. Quizá, después de todo, el rubio hubiera madurado. Al menos esa fue la impresión que recibió Kiba en el momento. Ya una vez todo dicho, los cinco salieron del despacho, en dirección a la entrada de la aldea con Shino caminando al frente, seguido de Naruto y Sakura y detrás Kiba y Hinata, esta última contemplando la nuca del rubio con timidez y las mejillas enardecidas.
Kiba susurró —Deberías armarte de valor ¿Sabes? Naruto no estará disponible para siempre —la muchacha asintió, avergonzada por las palabras de su amigo y compañero de equipo. Sin embargo, a pesar de las palabras de Kiba, Hinata nunca había adquirido el valor para hacerle saber sus sentimientos. Nunca se había sentido lo suficientemente fuerte para hacerlo, lo suficientemente valiosa a los ojos de él. Nunca había sido suficiente y temía nunca llegar a serlo.
A su lado, el chico de cabello cobrizo, notó la mirada de tristeza de ella pero decidió no decir nada. No, al menos, frente a los demás. No quería que Hinata quedara expuesta ante los otros. Por lo que, fingiendo desentendimiento, miró al frente, notando que ya estaban llegando al límite de la aldea, allí donde se alzaba la gran puerta que se abría al resto del mundo. Junto a él, Akamaru ladró.
Kiba se volvió al perro —Lo sé amigo pero ahora debemos concentrarnos en la misión —el animal dejó escapar un ladrido más—. Luego.
La Hyuuga se volvió al chico y a Akamaru, preocupada por los repentinos ladridos del animal —¿L-Le sucede algo, Kiba?
Él negó con la cabeza rápidamente. No le diría que el canino estaba también preocupado por ella, no era el momento —Nah. No nos hagas caso.
—Oh —susurró, y sin más volvió su vista hacia donde se encontraba el rubio erguido, discutiendo con Sakura por lo que parecía ser una tontería. Shino, por su parte, permaneció de pie, silente ante todos, esperando que el grupo le prestara atención. Cosa que hasta el momento solo Kiba hacía. Finalmente, cansado de esperar el Inuzuka chifló, atrayendo la atención y la mirada desconcertada de todos hacia sí mismo. Naruto fue el primero en hablar, como siempre.
—¡¿Qué quieres?! —exclamó impaciente.
Kiba chasqueó la lengua —Idiota, Shino está esperando a que te calles para explicar la misión.
El Aburame, aprovechando la ocasión, aclaró su garganta, haciendo que todos lo miraran a él —La misión... —dijo con seriedad— la haremos de la siguiente manera. Hinata, Kiba y yo rastrearemos las personas sepultadas y Sakura se encargará de atenderlas, mientras tanto, durante el viaje, nos trasladaremos de día y nos detendremos a almorzar y cenar, donde acamparemos y pasaremos la noche. Sin objeciones.
—¡Pero-! —exclamó Naruto.
Shino volvió a repetir —Sin objeciones.
El rubio se cruzó de brazos y frunció el ceño, contemplando al misterioso hombre con fastidio —Yo debería ser el líder de la misión.
Kiba rió, en son de burla —Si, claro.
Naruto, inmediatamente encendido por la provocación del Inuzuka, se volvió a verlo, señalando un dedo en dirección del castaño —Te oí.
La sonrisa en los labios del chico se pronunció aún más, sus colmillos ahora visibles a la vista de todos —Esa era la idea.
Shino volvió a aclarar su garganta, sin demasiado esfuerzo, atrayendo una vez más la atención de su equipo hacia él —Nos vamos —dijo tajantemente, señalando a Sakura y Hinata que ya habían avanzado al otro lado de la entrada y se encontraban fuera de la aldea, Akamaru estaba con ellas.
Kiba frunció el ceño —¡Ey! Espérennos! —se quejó.
Sin embargo, Naruto no aguardó más. Pasó corriendo a su lado, chocando su hombro con brusquedad -haciendo que Kiba trastabillara hacia delante- gritando todo el trayecto —¡Sakura, espérame!
La pelirrosa negó con la cabeza, propinando un buen golpe en la nuca del rubio –cuando estuvo a su alcance- e ignorando deliberadamente sus quejas en relación al dolor provocado. Una vez ignorado este episodio, todos partieron hacia el destino encomendado. Intentando apresurar el paso para poder así recuperar los minutos perdidos en la entrada de Konoha por Kiba y el rubio, y su disputa infantil. La cual no los había retrasado más de uno o dos minutos pero que, para Shino, esta demora era inadmisible ya que desde el inicio tenía todo planeado y estructurado, hasta el horario en el que llegarían al lugar del accidente, al otro día.
Mientras tanto, durante el trayecto, Naruto no dejó de hablar, la mayoría de las veces dirigiéndose a Sakura, la cual respondía con cierto fastidio al principio pero que finalmente cedió en su tono de tedio y aceptó la conversación desinteresada. Aparentemente, el principal tópico de sus discusiones, era Sasuke, al menos por lo que el castaño llegó a oír pues no estaba interesado realmente en el asunto, Hinata por otro lado, permanecía atenta a todo lo que Naruto hacía y decía, su mirada blanca transformándose en una de tristeza, lenta y progresivamente. Para él, ella era invisible. Para ella, él lo era todo. Y para Kiba, todo era demasiado fastidioso. Realmente no entendía cómo Hinata podía sentir algo por alguien que rara vez miraba en su dirección. Que rara vez la notaba. Alguien que era tan distraído como para olvidarse completamente de su presencia. Era simplemente absurdo.
Entonces, la vio tropezar con una rama —¡Hinata, cuidado! —exclamó el Inuzuka, pero era demasiado tarde. La joven había fallado al poner el pie en la rama siguiente –mientras viajaban saltando de árbol en árbol- y caía en picada contra el piso. Chocando bruscamente contra la tierra del bosque que atravesaban, cayendo sobre su pie izquierdo, lo cual provocó un dolor punzante y casi insoportable en su tobillo. Los cuatro restantes miembros del equipo se detuvieron y bajaron a inspeccionarla.
—Hinata ¿Estás bien? —preguntó Kiba con Akamaru, acercándose primero a donde se encontraba ella. La muchacha, sin embargo, no levantó la vista, no miró a su amigo ni a Shino, tampoco a Sakura y mucho menos a Naruto, simplemente asintió, intentando ponerse en pie pero al primer intento volvió a caer al suelo, aferrando su tobillo.
Shino se acercó y examinó a su compañera de equipo, indicando a Sakura que se acercara también para observar la lesión de la Hyuuga. La pelirrosa inmediatamente asintió y se agachó frente a la pierna de la chica, tomando el tobillo con precaución y manos gentiles —¿Duele? —preguntó haciendo leve presión con los dedos índice y pulgar en la zona inflamada y amoratada. La respuesta de Hinata fue una simple mueca de dolor.
—Es una esguince de tobillo, creo —sentenció. Naruto se acercó a contemplar el abultado y negro tobillo de la chica con ojos preocupados. —¡¡¡¿Puedes curarla Sakura?!!! —chilló impaciente. Hinata levantó la mirada discretamente para ver, con las mejillas sonrojadas, a Naruto pero inmediatamente volvió a ocultar sus ojos blancos de la vista de los demás. No quería que la vieran de aquella forma, débil, torpe y vulnerable por lo que, intentando ignorar el dolor, intentó ponerse de pie nuevamente, fallando miserablemente en el intento. Sakura se apresuró a atrapar su caída.
—No deberías intentar levantarte, Hinata.
—L-Lo siento —tartamudeó, su voz quebrándose ligeramente.
Esta vez fue Shino quien repitió a la pelirrosa la pregunta que segundos antes había formulado Naruto —¿Puedes curarla?
Sakura asintió, segura de sí misma, de poder lograrlo —Si. Pero tomará tiempo, todos sus ligamentos están rotos y quizá tiene quebrado el hueso, no estoy segura pero quizá perdamos el día.
Quizá perdamos el día, repitió en su mente con tristeza y unas inmensas ganas de llorar la abatieron. Las lágrimas pujaban por salir pero ella no lo permitía, no lo permitiría, aún si su cuerpo temblara por los espasmos del llanto reprimido ella lo disimularía. No era tan fuerte como para lograrlo pero lo haría, no lloraría. No quería ser vista como débil. No había querido ser un estorbo y retrasar la misión pero una vez más había logrado demorar a todos. Se había quedado atrás, había cometido un error y los demás pagarían las consecuencias de su torpeza. Como siempre, sus esfuerzos por mejorar eran vanos, fútiles e inútiles. Siempre que lo intentaba terminaba cayendo y a veces se cansaba de derrumbarse, de verse por debajo de todos, de tener que volver a ponerse de pie una y otra vez, solo Naruto le daba esa fortaleza, y ahora la estaba viendo de esa forma, pensando seguramente que era una tonta. Y no solo eso, había arruinado también la planificación de Shino y sabía cuanto le disgustaba que las cosas no salieran como debían salir. Quiso inmediatamente disculparse —L-Lo s-siento Sh-Shino. Yo... n-no q-quise-
El Aburame la interrumpió, sus ojos ocultos como siempre detrás de sus oscuras gafas —Cuando un camarada esta en apuro lo correcto es tender una mano a este.
Naruto sonrió —¡¡Eso es cierto!! No te preocupes, Hinata —exclamó inclinándose hacia el rostro de la chica—. Sakura te curará y quedarás como nueva. ¿Verdad?
La pelirrosa asintió, sonriendo también y comenzando a acumular chakra de color verde esmeralda en la palma de sus manos, la cual acercó con lentitud a la zona herida y la hizo fluir por el tobillo inflamado de Hinata, con sumo cuidado —¡Haré mi mejor esfuerzo!
Sin mirarla la Hyuuga asintió débilmente con la cabeza, ignorando la tristeza que crecía en su interior, intentando contener las frías y crueles gotas de sal que cortaban el filo de sus ojos e intentaban zafarse por la pálida piel de sus mejillas, con todas sus fuerzas —G-Gracias —susurró y por el resto del tratamiento no volvió a pronunciar otra palabra. A lo lejos, Shino, Naruto, Kiba y Akamaru preparaban el campamento para pasar la noche, asumiendo de forma implícita que ya no volverían a viajar ese día, por su culpa.
