Disclaimer: No me pertenece ningún personaje de Naruto.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Y me alegro de saber que, hasta el momento, la historia atrajo su atención y quizá ¿gustó?. En todo caso, les agradezco que le hayan dado una oportunidad a mi humilde fic. Gracias. Y gracias por dejarme sus comentarios, se que parece algo deprimente -quizá- por momentos pero no siempre es así y no es esa la intención de la historia así que no se preocupen. No pretendo dejar a Hinata estancada en sí misma. De todas formas, gracias por su opinión. Espero seguir sabiendo de ustedes y de cómo perciben la historia y los capítulos. Espero, también, que este capítulo les guste y sea de su agrado... ¡¡Nos vemos y besitos!!
Imperfección
V
"Luciérnagas"
Desde el incidente ocurrido horas atrás se había encontrado demasiado ocupado, demasiado atareado, ayudando a preparar el lugar donde acamparían y reconociendo el terreno y los alrededores, asegurándose que no hubiera peligro alguno en el perímetro, por lo que no había tenido la ocasión de acercarse a ella, pero la había estado observando de reojo con cierta preocupación. Hinata se encontraba sentada en el tronco de un árbol caído, apartada de todos, inclinada levemente hacia delante con algo de hielo envuelto en una tela que aplicaba contra su tobillo vendado, haciendo una mueca de dolor de vez en cuando. Los rayos rojos del atardecer adornando su piel pálida. Tristeza. Pensó, contemplando su expresión abatida. Sus irises blancos carentes de toda luminiscencia, de toda emoción. Hinata tenía esa mirada, de soledad y desconsuelo con que la había conocido. Ese deje de melancolía y retraimiento que por tantos años la había caracterizado. Sabía lo que estaba ocurriendo en ese preciso instante en su mente, la oscuridad empezaba a cernirse y probablemente oyera la voz de su padre diciéndole, una y otra vez, cuan inútil era, cuan vergonzoso era que fuera una Hyuuga, cuan poco honor le hacía al nombre, al clan. Probablemente oiría también la voz de Neji –a pesar de estar en buenos términos ahora con él- repitiendo una y otra vez las palabras que le había proferido en el examen chuunin. Vería sus fracasos, vería esa imperfección que tanto odiaba, esa imagen de sí misma que la acechaba. Imagen de vergüenza e inseguridad, inseguridad plantada en su mente por las desdichadas circunstancias de su vida y su familia.
Cuando finalmente terminó sus tareas decidió acercarse, sin embargo Shino se adelantó a él, sentándose de forma silente junto a la muchacha, sin decir nada, sin siquiera mirarla. Hinata, al sentir su presencia, murmuró algo que Kiba no llegó a oír, el Aburame contempló el cielo, extendió la mano y mostró a la chica un pequeño insecto negro. Kiba observó la escena con curiosidad preguntándose que estaría haciendo su compañero de equipo.
Hinata parpadeó ante el pequeño bicho de color negro —¿Qué-
—Las luciérnagas usan su luz para atraer a los machos —dijo Shino con la solemnidad y el respeto con que habitualmente solía usar al referirse a los insectos— sin importar la intensidad de la luz o cuantas veces la enciendan —y sin decir más se puso de pie y se alejó, dejando a la joven Hyuuga pensativa.
Definitivamente Shino necesita relacionarse más con seres humanos, pensó Kiba con una sonrisa, sin embargo, encontró que la metáfora resultaba adecuada, sino perfecta, para describir a la chica. Hinata era como una luciérnaga. Pequeña y frágil, casi invisible a la vista. Rodeada constantemente de una oscuridad que intentaba sofocarla, apagar su luz, luz evanescente y casi imperceptible que rara vez los demás notaban. Luz que solo se hacía visible a quienes se tomaban la molestia de observarla, observar a su alrededor y notarla. Un tenue destello intangible en la inmensa penumbra, luchando por hacerse notar, hacerse ver, hacerse oír. Por ser alguien, alguien digna de ser admirada.
Aún así no comprendía en que contexto Shino había pronunciado esas palabras, Hinata aún se veía desanimada –aunque en menor medida- y su curiosidad hacía estragos en el interior del chico, por lo que decidió nuevamente acercarse a ella. Preguntarle que le pasaba.
—¡Ey! —exclamó sonriendo, sentándose junto a la chica, contemplando el delicado tobillo de ella. Hinata levantó la mirada entristecida y volvió a posar la vista en su pierna—. ¿Te duele la pierna?
Ella negó con la cabeza débilmente —N-No. No mucho.
—Mejor así —replicó el castaño, estirando el brazo y colocando su mano sobre la mano de ella que sostenía el hielo contra las vendas—. ¿Quieres que te ayude con eso?
—N-No, estoy bien, Kiba —dijo afectivamente, su voz suave y cálida, un susurró en la noche. El castaño apartó la mano y se enderezó, observándola fijo.
—Bien. ¿Qué te sucede? —exclamó con la forma frontal de decir las cosas que tanto lo caracterizaba. Temió, por un breve instante, haber sonado demasiado brusco o entrometido, quizá, pero luego disperso esa idea, Hinata lo conocía, en demasía, de hecho era una de las pocas personas que lo conocía realmente, y no se ofendería porque actuara de esa forma. Nunca antes lo había hecho.
—Y-Yo...
—Porque puedo ver que te sucede algo. Shino también lo notó porque oí que te dijo algo sobre las luciérnagas —las mejillas de ella enrojecieron de repente. ¿Había oído él aquello? No que le molestara realmente que su otro amigo y compañero de equipo la hubiera oído pero había decidido contarle a Shino, principalmente, por un motivo. El Aburame tendía a ser más discreto y reservado. Algo así como un confidente para ella. Kiba, en cambio, tendía a ser más extrovertido y alegre, alguien en quien podía confiar que la hiciera reír y sonreír. Alguien que bromeaba a menudo pero no alguien a quien preguntarle algo tan íntimo como lo que tenía en mente, el castaño probablemente se reiría de ella.
—N-No es nada... —susurró.
Él colocó ambos brazos detrás de la cabeza y la observó de reojo, ofendido por la falta de confianza por parte de ella —Ajá, seguro —ironizó—. Ya entendí, es algo que no puedo saber yo.
La muchacha lo observó dolida por el tono que percibió en las palabras de él —N-No. No es eso... E-Es solo que... Yo... No quiero decirlo. Sonará tonto.
Kiba rió —¿Tonto? No deberías pensar esas cosas, Hinata. Yo no pensaré que es tonto, así como no lo pensó Shino.
La joven juntó ambas manos delante se su pecho y comenzó a mover nerviosamente los dedos, chocando la punta de ambos dedos índice la una con la otra, una y otra vez —Eh... —balbuceó. Kiba la observó sorprendido, Hinata no hacía eso a menos que se encontrara delante de Naruto o lo que fuera a decir tuviera carácter de algo particularmente vergonzoso. De otra forma, nunca lo hacía delante de él, así como rara vez tartamudeaba. Había dejado de hacerlo con ellos años atrás, ahora solo lo hacía frente al rubio.
—Solo escúpelo —dijo con una sonrisa intentando animarla. La joven bajó la cabeza y asintió, tomando aliento para hacer la pregunta que tanto temía decir.
—¿T-Tú n-notas q-que s-soy una chica? —él permaneció en silencio por unos instantes, contemplando a la chica con los ojos bien abiertos, intentando comprobar que no se trataba de una broma, aunque de antemano sabía que no lo era.
Confundido, rascó su nuca —¿Esto tiene que ver con Naruto?
La joven levantó la vista y contempló al rubio reír, conversando con Sakura, en la distancia, junto al fuego —B-Bueno, si... Un poco. M-Me preguntaba si... t-tu notabas que soy una chica.
Él exclamó —Eso es lo más estúpido que he oído —arrojando los brazos al aire. La expresión de Hinata se tornó en una de vergüenza, tristeza y soledad. Kiba se apresuró inmediatamente a corregirse. ¡Genial! Yo y mi estúpida bocota —¡No! No me refería a ti, Hinata.
—¿No?
—¡Claro que no! Y claro que noto que eres una chica —distraído tomó un mechón violáceo del cabello de ella y jugó por unos instantes con él hasta dejarlo caer nuevamente en su sitio —¿Es por eso que te dejaste crecer el cabello cuando teníamos catorce?
La joven asintió ocultando sus ojos pálidos bajo su oscuro flequillo —S-Si. P-Piensas que es tonto ¿Verdad?
—Un poco —admitió con calma. Hinata cerró fuertemente los ojos, intentando ignorar la tristeza y la decepción que sentía en aquellos momentos, la misma que había sentido cuando había preguntado a su compañero años atrás, cuando Naruto había regresado, si estaba distinta y él lo había negado, alegando que, en su opinión, ella estaba igual.
—L-Lo se... —susurró— no soy bonita o femenina como S-Sakura o I-Ino y p-pensé q-que si dejaba crecer mi cabello...
—No tienes ser como ellas para que él note que eres una chica —dijo, refiriéndose a Naruto con aquel "él" desdeñoso. Hinata continuó contemplando su tobillo, sumida en su propio torbellino de pensamientos y autocompasión.
—P-Pero N-Naruto nota a S-Sakura. Ella es f-fuerte, yo no.
Él chasqueó la lengua —¿Y? Sakura es gritona y aterradora cuando está enfada. Ino lo mismo. No querría estar cerca cuando estallen.
—P-Pero he v-visto como N-Naruto mira a S-Sakura... —susurró al borde del llanto, ocultando sus ojos vidriosos de la mirada oscura de él, sin embargo, Kiba percibió el aroma a agua y sal antes que emergiera de sus blancos ojos.
—¡Maldición, Hinata, no llores! —imploró el castaño sabiendo lo que vendría, siendo conciente de que una vez que las lágrimas empezaran a correr por su rostro él no sería capaz de detenerlas. De contenerla. Ni siquiera era bueno con las palabras, Shino era bueno con ellas, él era simplemente demasiado torpe para expresar lo que pensaba. Siempre, de una forma u otra, las palabras salían de forma incorrecta y lo único que lograba era empeorar la situación aún más.
—L-Lo s-si-siento, K-Kiba —balbuceó, forzándose a mantener la lágrima furtiva en su ojo. No quería llorar, realmente no quería hacerlo, pero la situación la sobrepasaba. Estaba, sin quererlo, retrocediendo en todos sus logros. Volviendo a su solitaria coraza protectora, la misma en la que había vivido por tantos años.
El castaño negó con la cabeza, sus palabras sonando más hoscas de lo verdaderamente intencionadas —Vamos, no tartamudees. Tú no haces eso frente a nosotros.
—L-Lo s-sien-
—Ya te dije que no tienes que disculparte conmigo, Hinata —recordó, la chica asintió. A pesar del tono adusto de su compañero de equipo sabía que sus intenciones eran buenas.
—Lo se...
Kiba colocó ambas manos detrás de su cabeza y elevando su mirada contempló el, ahora oscurecido, cielo —Shino definitivamente pasa demasiado tiempo con los insectos y no el suficiente con humanos pero tiene razón ¿Sabes? Con lo que dijo antes...
Hinata parpadeó un par de veces contemplando al chico —¿Uh? —había olvidado las palabras de su otro compañero de equipo.
Él aún pensaba en ella como una luciérnaga, pequeña y frágil, invisible a la vista de aquellos que no buscaran contemplarla. Que no se percataran de su efímera presencia —Es estúpido querer ser como Sakura, solo un desquiciado se acercaría a ella —sonrió ampliamente—. Deberías dejar de preocuparte por eso.
—¿T-Tú crees...? —murmuró recobrando lentamente la compostura y dejando entrever una sutil y casi imperceptible sonrisa.
—Lo sé —aseguró carismáticamente a pesar de la ligera sensación de incomodidad en su interior, sensación que deliberadamente intentó ignorar. Sabía qué era, de qué se trataba, pero no le permitiría llegar más lejos, no dejaría que creciera en él, que acechara su superficie, que tomara control de él. Que perdiera su propia cordura en el intento. ¡No!. Bramó en su mente, luchando contra el impulso que pulsaba desde sí mismo. Nunca había sido realmente bueno en controlar sus instintos pero debería aprender a hacerlo, debería aprender a controlarse, a mantener eso que crecía dentro suyo a un lado, encerrarlo y mantenerlo en el olvido, por su bien, y el de Hinata.
—¿Te duele? —dijo rápidamente, haciendo un gesto con la cabeza hacia el tobillo de ella, intentando dispersarse.
La joven sonrió gentilmente, completamente ajena a la batalla interna que tenía lugar en el interior de su amigo —N-No. Estoy bien, gracias.
Poniéndose de pie se estiró, extendiendo ambos brazos sobre su cabeza y arqueando levemente la espalda hacia atrás —Me alegro —replicó, aliviado de haber podido suprimir aquella urgencia desesperada—. Iré a comer algo ¿Vienes?
—Umm... —un repentino retorcijón desde el estómago de ella hizo que el Inuzuka estallara en carcajadas, Hinata lo contempló avergonzada, con ambas mejillas teñidas de un suave matiz rosado.
—He ahí mi respuesta —replicó aún riendo y alejándose hacia el fuego, donde se encontraban los demás, Hinata lo siguió de cerca, sonriendo débilmente con la vista puesta en la espalda del chico. Gracias... Kiba...
Esa noche, cuando estaba en su bolsa de dormir, entre Hinata y Shino, junto a las brazas extinguidas del fuego, contemplando la luna con ambas manos detrás de la cabeza, vio una nimia chispa de luz, un pequeño destello oscilar alrededor de su cabeza con aire ligero, con gesto tímido y acobardado, una luciérnaga. La primera que veía desde el inicio del verano. Y ante ella no pudo evitar sonreír, rozando con sus colmillos la superficie de su labio inferior, mordiéndolo luego fuertemente, disipando, por medio del incisivo dolor, la necesidad renovada de extender su mano y tocarla, atraparla para sí. Poseerla, de la forma más celosa y egoísta. Forma que solo él podía comprender, en el interior de su mente. ¡Maldición!.
