Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
6/20
Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Y, espero, este sexto capítulo sea de su agrado. Como siempre, gracias por darle una oportunidad a mi humilde historia y tomarse la molestia de leerla. Ojalá les guste hasta el momento. Y gracias, aún más, a quienes amablemente me dejan sus reviews haciéndome saber su opinión, que es valiosa para mi. Gracias, de verdad, porque es la primera vez que hago un fic de esta pareja principalmente y no estoy segura de cómo resultó. Espero, al menos, que ustedes la disfruten. Yo por mi parte seguiré subiendo un capítulo todos los días, como prometí. ¡Nos vemos y besitos!!.
Imperfección
VI
"Macho alfa"
Su forma de concebir el mundo era bastante sencilla, tal como se jactaba él mismo de serlo. Sencillo. Simple. Eso quería creer porque así le habían enseñado desde pequeño que eran las cosas, al menos en el interior de su clan. El clan Inuzuka, compuesto tanto de perros como humanos, se basaba en una jerarquía similar a la de una manada. El liderazgo se establecía, por ende, mediante un estatus de fortaleza física y poder. Su madre, en el seno de su familia, cumplía ese rol, y él debía obedecer a ella, mientras viviera bajo su comando, sin oponer resistencia. A su vez, cada familia respondía a un líder común. En su relación con Akamaru sucedía lo mismo. Desde pequeño se le había instruido que debía establecerse como el macho alfa para que el perro que le fuera asignado, en su caso Akamaru, respondiera a él correctamente y se convirtiera en su compañero inseparable, bautizando así al animal como un macho beta, obligado a responder a su líder, amo, pero con el estatus necesario para desafiarlo si este cometía un error, tal y como había hecho Akamaru, años atrás, en su lucha contra Ukon y Sakon, mordiéndolo para que reaccionara. Pero a pesar de que estas relaciones parecieran, en apariencia, superficiales y carentes de sentimientos resultaban en realidad todo lo contrario. El lazo establecido en la manada se consolidaba, por encima de las habilidades y el poder, mediante relaciones de camaradería y amistad, así como también sentimientos más intensos que los unían. La fidelidad jugaba, entonces, un papel clave. Lealtad era algo que los Inuzuka habían aprendido de sus compañeros caninos años atrás y aún, a pesar del tiempo transcurrido, la profesaban por sobre todo lo demás, como una ley inquebrantable. Por esa razón resultaban siempre transparentes a la vista de los demás, para ellos, la palabra traición no tenía cabida. En ningún contexto y bajo ninguna circunstancia. Así, el equipo 8 era para Kiba su pequeña y propia manada, y la contemplaba bajo las mismas leyes simples con las que se había criado. Para él, Akamaru, Shino, Hinata, Kurenai, y por extensión Kohaku, eran su manada. Y aunque habitualmente se viera obligado a ceder el liderazgo a Kurenai o Shino, según la jerarquía establecida en el mundo shinobi en que vivían, era él el macho alfa. En su forma de concebir el mundo era él el encargado de proteger a aquellos que consideraba suyos. Su territorio. Y a pesar de ser, la mayor parte del tiempo, alguien extrovertido, poco serio y bromista, cuando se trataba de defender lo suyo lo hacía con colmillos y garras. Podía, si lo necesitaba y la situación lo requería, ser extremadamente feroz, al punto de perder todo control por el momento.
Así era él, su forma de ser competitiva y su tendencia a resaltar se debían a cómo Kiba concebía el mundo. Su mundo. Su equipo, su manada. Habitualmente se sentía impulsado a llamar la atención, otras a competir por ella, reconocía en los demás potenciales rivales. Rivalidades sin sentimientos negativos algunos, simplemente por el hecho de ser similares a él. De mostrarse firmes y decididos. Naruto era una de ellas, una rivalidad que por años había mantenido. En un principio el rubio no había significado amenaza alguna para él, en la academia, pero entonces él mismo no comprendía la jerarquía como lo hacía ahora, y Naruto no era nadie. Un bufón, lo más bajo de la escala. Pero ahora la situación era diferente, el rubio no era el mismo que había sido a los 8, a los 13 había logrado vencerlo y eso Kiba nunca lo había olvidado. La competitividad en su interior se acrecentaba más y más conforme el tiempo pasaba. Quería derrotarlo, alzarse sobre él, como le habían indicado que debía hacer. El goce que las constantes competencias con Naruto producían era inmenso. Y por esa razón Kiba le tenía gran estima, lo respetaba, a pesar de disimular el hecho con insultos y humillaciones, pues no quería admitir que lo consideraba un igual. Quería reclamar como suyo lo que le pertenecía, arrebatarle parte de ese dominio que le correspondía y dentro del cual, sin el mismo rubio saberlo, se encontraba Hinata. Hinata, quien pertenecía a su manada. Esa era la explicación lógica que encontraba a su posesivo e impulsivo comportamiento, y se aferraría a ella pues era todo lo que tenía. Todo lo que le quedaba para proteger su sanidad, su dignidad. Se trata de eso, sólo eso. No había razón alguna para no creerlo.
—¡Naruto! —rugió, contemplando al frente, mientras saltaban de rama en rama hacia el destino fijado por su misión. Todos, incluido el rubio, se voltearon a verlo. Una amplia sonrisa socarrona se extendió en los labios del castaño —Se que puedo llegar antes que tú.
Inmediatamente, como era de esperarse, Naruto respondió gustoso al reto —¡Ja! ¡Ya quisieras, Kiba!
Sakura, ante la inmadurez de ambos, negó con la cabeza en señal de desaprobación mientras que Hinata contempló a Kiba con cierta ansiedad y el ceño levemente fruncido —K-Kiba —intentó detenerlo, pero los dos, tanto el Inuzuka como el rubio, ya habían dado inicio a la carrera, desapareciendo rápidamente entre los árboles.
Shino chasqueó la lengua, contemplando hacia delante, y luego se volvió a su compañera —Hinata —la llamó.
La joven Hyuuga se volteó a verlo —¿S-Si?
—Vigila a esos dos.
—¡S-Si! —exclamó, haciendo los sellos necesarios para la activación—. ¡Byakugan!
Sus blanca pupilas habitualmente invisibles se agrietaron y las venas de sus temples, y aquellas que corrían debajo de su piel alrededor de sus ojos, se marcaron, su relieve por encima de la pálida tez de la muchacha obvio a la vista de los demás. Kiba... N-Naruto..., pensó buscando a ambos con la mirada. Fijando la vista hacia delante, donde ya nada podía escapar a sus ojos, ni siquiera la materialidad de los árboles bloqueaba su campo de visión. ¿Dónde están?. Finalmente los encontró, 500 metros más adelante y avanzando en cuatro patas, atravesando el bosque como una flecha, a gran velocidad. Akamaru seguía a su amo de cerca.
—Los veo... —susurró, concentrándose en seguirles el rastro. Aparentemente, por la velocidad a la que iban, y el terreno recorrido, iban empatados. Sin embargo, eventualmente, uno se adelantaba al otro y la mayor de las veces era Naruto, aún así Kiba se esforzaba por seguirle el ritmo, alcanzándolo inmediatamente cuando el rubio intentaba adquirir ventaja.
Por un largo trecho continuaron así, hasta que en algún punto, cuando ya ambos jóvenes alcanzaban los límites de la visión de Hinata, la Hyuuga tuvo que acelerar el paso para no perderlos de vista. Sakura y Shino la siguieron al instante, la pelirrosa insultando a su compañero de equipo todo el trayecto.
—¡Woohoo! —aulló Kiba, con una amplia sonrisa, adelantándose a Naruto por unos metros, sintiendo la corteza de las ramas que iba dejando atrás arrancarse por el brusco roce de sus garras. El aire chocando contra su rostro resultaba quizá, en ese instante, la sensación más liberadora y deliciosa que hubiera sentido en mucho tiempo. A esa velocidad, nada podía detenerlo, nada podía tocarlo. Sabía que si lograba mantener el ritmo lo lograría, vencería a Naruto y ganaría la carrera, pero por momentos el aliento parecía faltarle.
Naruto se apresuró poniéndose nuevamente al lado del Inuzuka, al igual que el castaño, con una amplia sonrisa en el rostro —¡No dejaré que me ganes, de veras!
Apretando los dientes, aceleró, forzando todo su cuerpo al máximo. Compeliendo a cada músculo de sus brazos y piernas a apresurar el paso, sintiendo el escozor en sus pulmones incrementarse. No importaba si por instantes le costaba respirar, no tenía importancia en el momento. La velocidad de su cuerpo impulsado hacia delante era lo único que importaba, lo era todo, ya no pensaba, toda racionalidad dejada atrás lo llevaba a seguir, a saltar de árbol en árbol con más y más intensidad, quebrando ahora las ramas a su paso. Naruto, a su lado, hacía lo mismo indicando que tomaba en serio aquello, que lo tomaba a él en serio, y eso lo complacía. De sobremanera.
Una oleada de adrenalina sacudió su cuerpo y un áspero gruñido de placer escapó su garganta. ¡Lo lograré!, pensó, sus fuerzas completamente renovadas, tanto que parecía desbordar por su piel en pequeñas gotas de sudor.
—¡Si! —rugió, extendiendo al máximo su cuerpo en el salto final. Desgraciadamente, Naruto lo alcanzó en el último segundo, resultando toda la competencia en empate—. ¡No!
El rubio rió —Te dije que no dejaría que me vencieras y yo nunca retiro lo dicho.
El Inuzuka refunfuñó, fastidiado, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de su mano. Al menos se complació de ver que Naruto también había sudado, tanto o más que él —Maldición. No puede ser que haya empatado contigo —jadeó.
Naruto sonrió, imitando a su amigo y limpiándose la frente con la manga de su ropa —La próxima vez te venceré.
—Sueña —ironizó, carcajeando.
La voz profunda de alguien detrás suyo atrajo su atención —No habrá próxima vez.
Kiba, agitado, contempló al resto del equipo desconcertado. Por un momento había olvidado que no estaban solamente ellos dos y que aquello era una misión —Oh... —resopló— lo siento, Shino.
El hombre contempló al que fuera su compañero de equipo con expresión impasible —Deberías —declaró, luego se volvió a Naruto, aguardando también por parte de él una disculpa, la cual no llegó, haciendo que el ánimo del Aburame se tornara aún más oscuro que antes.
Sakura, al notar esto e impulsada por su propio enfado con el rubio golpeó a Naruto en la nuca, enviándolo de rostro al suelo —¡¡Idiota, esto es una misión!!
Naruto se incorporó lentamente, frotando su frente con la palma de su mano, su expresión una de absoluto arrepentimiento —¡Ouch! Eso dolió, Sakura...
La joven colocó ambas manos en su cintura, observándolo desde arriba en señal de disgusto —Te merecías eso y mucho más.
—¡P-Pero-
—No me vengas con excusas —le advirtió peligrosamente.
Hinata, que había estado contemplando la escena acobardada y desbordada de una profunda compasión por el chico, decidió intervenir de forma respetuosa, poniendo un fin a los maltratos de Sakura —Y-Yo... c-creo que N-Naruto entendió, S-Sakura...
El rubio dedicó una amplia sonrisa en la dirección donde se encontraba la Hyuuga, haciendo que inmediatamente se sonrojara —¡Gracias, Hinata!
—D-De n-na-da N-Naruto —tartamudeó. Kiba, ante esto, puso los ojos en blanco. Odiaba simplemente que hiciera eso.
—¿Ves, Sakura? Hinata es mucho más amable conmigo.
La pelirrosa chasqueó la lengua —Eso es solo porque tú-
—¡Sakura! —gruñó Kiba, deteniéndola de cometer una tontería. Sabía como terminaba esa frase, Shino también lo sabía porque se había adelantado un paso para detenerla, inclusive Hinata había anticipado que diría, que por un momento había temido lo peor. Todos lo sabían, todos menos Naruto. Y no era justo que ella revelara algo que no le incumbía, en lo más mínimo.
La joven Hyuuga suspiró aliviada, llevando ambas manos a su pecho y cerrando suavemente los ojos. Sakura la miró apenada, apartándose del rubio con aire esquivo —Lo siento.
Naruto contempló la escena desconcertado, sin comprender realmente qué sucedía a su alrededor —¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¿Por qué te disculpas, Sakura? —instó. Kiba, que hasta el momento había permanecido de pie junto a Shino, se acercó hasta Naruto y, extendiendo la mano, lo levantó por la parte trasera del cuello de sus ropas, sin dificultad alguna. Ignorando deliberadamente las preguntas del chico —¡Ey!
—Levántate ¿Quieres? No tenemos todo el día.
Shino asintió, contemplando el cielo meditabundo, analizando las circunstancias en las que se encontraban. Afortunadamente, la infantil conducta de su compañero y Naruto, que había llevado a aquella absurda carrera, les había hecho adelantar gran parte del trayecto por lo que, suponía, debían estar cerca de la aldea y la zona donde había ocurrido el derrumbe. Quizá, si continuaban viajando una hora más llegarían aquel mismo día.
—Continuemos —decretó. Todos parecieron de acuerdo pues en cuestión de segundos habían retomado el viaje, encaminándose a gran velocidad hacia el destino que los llevaba su misión.
Kiba, que iba un poco más atrás junto con Akamaru, sonrió a Hinata —¿Qué te pareció la carrera?
La muchacha parpadeó aturdida —¿C-Cómo supiste que la vi?
El castaño rió sonoramente —Supuse que Shino te diría que nos echaras un ojo. ¿Y? —insistió, orgulloso por su desempeño—. ¿Qué te pareció?
Una sonrisa suave y contenida agració la expresión de la chica, no quería confesarlo ni lo diría en voz alta pero encontraba la actitud de ambos divertida —E-Estuvo bien, por poco y ganas...
Kiba, indignado, rascó su nuca —La próxima vez lo lograré, ya lo verá.
—Umm... ¿K-Kiba?
Se volvió nuevamente a verla, ambas cejas alzadas —¿Uh? ¿Qué sucede Hinata?
—¿Por qué compites con N-Naruto? —su pregunta completamente inocente y honesta. Sabía Kiba que se trataba solo de absoluta curiosidad.
El castaño se encogió de hombros, saltando a la siguiente rama junto a Hinata —Es divertido —replicó sonriendo y no era una mentira. Una verdad a medias, quizá. Sí disfrutaba retando a Naruto, desafiándolo, pero el placer de hacerlo era inmensamente mayor. Ella no comprendería las verdaderas razones de porque lo hacía, Hinata no veía el mundo como lo hacía Kiba. No concebía a ellos como una sola unidad, como una manada, no comprendía lo que significaba que le arrebataran la atención de un miembro de ella. No sentía la necesidad de recuperar dicha atención que a él lo compelía. Obtener, pues aquella atención nunca había sido suya, esa atención de ella que él no poseía. Si lo pensaba humanamente era tonto, absurdo inclusive, sonando como alguien celoso, pero no era el caso, no podía serlo, porque él no competía por la persona, por Hinata, él competía por el reconocimiento de ella. Por ser considerado macho alfa por ella. Por obtener su absoluta atención, nada más. Eso quería creer y eso creería, nadie podría decirle lo contrario porque hacerlo sería pensar que el mundo no era tan simple como él creía, él mismo no era tan simple, por eso no lo creería. Continuaría aferrado a su opinión y no cedería. Punto final.
