Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. En fin, acá esta el capítulo 7 de esta historia. Gracias, de antemano, por darle una oportunidad y tomarse la molestia de leerla. Y, aún más, gracias a quienes me dan a saber su opinión. De verdad, gracias. Espero el capítulo les guste... ¡¡Nos vemos y besitos!!
Imperfección
VII
"Superación"
Observaron el gran cúmulo de rocas acumuladas las unas sobre las otras obturando su paso hacia la aldea, taponando toda entrada a las viviendas que, sabían, se encontraban detrás de aquel colosal derrumbe, impidiéndoles cualquier vía de acceso. Comprendieron entonces la importancia de aquella misión que Tsunade les había asignado, a ambos lados del camino había personas, hombres, mujeres, ancianos y niños acampando no muy lejos de donde había ocurrido el derrumbe, esperando con los dedos cruzados un milagro que les permitiera volver a su hogar. A sus casas. Muchos de ellos serían, quizá, parientes o amigos de aquellos que no tuvieron tanta suerte de escapar de la catástrofe, quedando atrapados en quien sabe qué estado, luchando por sus vidas, si es que aún eran suyas. Pero no todo estaba perdido aún.
Naruto levantó el brazo, en forma de puño, exclamando al cielo —¡¡¡Vamos a sacarlos!!! —con esa excesiva confianza en sí mismo que tanto lo caracterizaba. Sakura y Hinata ambas sonriendo débilmente, la actitud del rubio siempre producía esa aplastante sensación de poder lograrlo todo.
La Hyuuga asintió, recobrando parte de la confianza perdida por el accidente de su tobillo y la humillación que había sentido —S-Si... —susurró, haciendo con las manos los sellos pertinentes—. ¡Byakugan!
Una vez más sus pupilas blancas se agrietaron y las venas de sus temples trazaron un relieve en su piel nívea, toda materialidad que antes bloqueara su vista inmediatamente perdida. Rápidamente empezó a examinar el área con la mirada buscando rastros de las personas accidentadas, esperando encontrar el latido, aún si débil, de un corazón. Ese gratificante palpitar inmediatamente se hizo presente ante sus ojos.
—A-Ahí —exclamó señalando hacia donde percibía la imagen— a 10 metros de profundidad bajo las rocas.
Sakura se envaró —¿Estado?
—D-Débil...
Naruto arremetió sin pensarlo dos veces, haciendo un clon de sombra en el trayecto y creando junto con su ayuda una gran bola de chakra en su mano derecha, la cual hizo estallar contra la roca primera haciéndola volar en pequeños pedazos, quedando prácticamente en escombros. Detrás había otra roca.
Kiba sonrió, comenzando a hacer circular el chakra en todo su cuerpo, sintiendo el poder colmar cada vena y arteria, cada rincón de su ser lenta e intensamente. No permitiría que Naruto se luciera de esa forma, no dejaría que se llevara toda la gloria. De ninguna forma, pensó. Sin siquiera intentar contenerlo un feroz gruñido hizo vibrar su garganta y escapó por sus labios, ya sus garras estaban lo suficientemente afiladas para atacar.
—¡¡Tsuuga!! —bramó finalmente girando a gran velocidad hacia la roca más próxima, la cual se fragmentó en trozos diminutos al mero contacto. Jadeando, contempló su trabajo —Vaya... esto será duro. ¡Akamaru! —el animal trotó hasta él—. Intentaremos ahora con un Gatsuuga.
Naruto, al observar esto, aumentó la cantidad de clones creados, haciendo que cada uno de ellos, a la par con otro, crearan el rasengan y arremetieran contra las rocas quebrándolas con más efectividad. Kiba, en respuesta, aumentó la intensidad de su ataque. Una y otra vez arremetieron, tanto Naruto –utilizando el rasengan- como Kiba y Akamaru –usando el gatsuuga. Finalmente, llegaron a donde se encontraba la persona herida.
Sakura acudió al instante —Apártense —les ordenó a ambos con voz severa, sacando el magullado cuerpo de un joven de entre los escombros, una vez fuera de peligro, comenzó a intentar curar sus heridas mediante chakra.
Hinata se dirigió al castaño —¿K-Kiba?
El chico se volteó a verla, apartando el sudor de su frente —¿Si?
—Umm... p-pensaba que quizá nosotros podríamos seguir buscando a los demás para asegurarnos que todos estén a salvo.
Naruto, al oírla, sonrió —¡Hagámoslo!
Un sutil rubor se esparció por su nívea piel y sin pensarlo dos veces, accedió, asintiendo con una gentil sonrisa —S-Si, N-Naruto... —cerró los ojos y realizó con su mano unos sellos—. ¡Byakugan!
Una vez más, escaneó el área rocosa con la vista, examinando con absoluta concentración y determinación cada rincón, buscando desesperada el latido de un corazón humano. Un indicio de vida, algo. Finalmente, luego de unos segundos, halló una segunda víctima que aún respiraba y vivía. Con las esperanzas renovadas, suspiró aliviada—Allí.
Kiba sonrió, observando a Akamaru –cuya forma actual era idéntica a la de él- de lado y ambos arremetieron una vez más —¡Gatsuuga! —y otra vez— ¡Gatsuuga! —y otra más.
Naruto los imitó, sus clones atacando repetidamente —¡Rasengan! ¡Rasengan! ¡Rasengan!
Sin decir una palabra, como era habitual en él, Shino contempló a ambos trabajar en equipo. Combinarse una y otra vez en los sucesivos ataques a las grandes rocas, logrando un accionar perfecto. Y aunque sabía que aquello no era intencional, que ninguno de los dos había querido combinarse con el otro para trabajar, no podía estar más satisfecho. Las cosas estaban resultando a la perfección —Iré a inspeccionar más adelante.
Hinata asintió, comprendiendo que los insectos del Aburame cubrirían más terreno —E-Está bien —susurró y en un parpadeo el chico desapareció, dejándola sorprendida.
La voz de Kiba la trajo nuevamente a la realidad —¡Hinata! Aquí hay alguien.
—¿A-Alguien? —exclamó inquietada, volviéndose a Sakura, la cual aún continuaba curando al primer herido que habían recuperado del derrumbe —S-Sakura...
La pelirrosa continuó con la vista en la herida abdominal que estaba tratando, su voz firme y su tono levemente alterado —Ya casi termino, Hinata. Dame unos segundos.
—O-Oh. E-Está bien...
Kiba, junto a la víctima, volvió a gritar —Apresúrense —su voz seguida de un débil crack que ninguno oyó. Solo Hinata se percató de que algo andaba mal, al ver con su privilegiada vista una pequeña partícula de polvo caer del cielo.
—K-Kiba, N-Naruto —exclamó con un hilo de voz, sus ojos blancos posándose sobre una gran piedra que desequilibrada por los ataques de ambos shinobi amenazaba con caer sobre ellos. Finalmente, se desprendió. Cayendo a gran velocidad. No... N-Naruto... K-Kiba...
Los siguientes instantes pasaron de forma borrosa ante sus llorosos ojos. Aterrada e impulsada por la necesidad de protegerlos se apresuró hacia donde se encontraban ambos, temblando pero sin rastro alguno de duda en su ser, temiendo que sucediera lo peor. No lo permitiría, no podía permitir que aquello sucediera. No toleraría verlos morir, no ante sus ojos, sus dichosos ojos que eran tanto una bendición como una carga. Su carga.
—Shugohakke Rokujyuu Yonshou —susurró, colocándose entre ambos chicos y el cuerpo inmóvil de aquella mujer herida, y las piedras desprendidas que se acercaban a gran velocidad. No permitiré... pensó enfocándose en hacer su chakra más cortante, más fuerte y flexible, que algo malo les suceda... debía ser fuerte, por ellos, a K-Kiba y N-Naruto... Daré lo mejor de mí... Haré mi mayor esfuerzo... Ya lo verás N-Naruto...
Finalmente, las rocas hicieron contacto con las puntas de sus dedos y sus brazos empezaron a danzar con violencia y gran ligereza a su alrededor alejando la amenaza de donde se encontraban, tal era la velocidad en que se movían que se hacía imposible a Kiba seguirlos con la mirada, ni siquiera entonces, cuando tenían 16 años, la había visto hacer tal despliegue de poder. Una y otra vez las piedras salieron disparadas en la dirección opuesta, chocando aquí y allá contra los árboles más próximos. Hasta que se detuvo.
Exhausta, Hinata cayó de espaldas, siendo atajada por Naruto, quien al verla caer se apresuró a tomarla —¡¡Hinata!!
Kiba se acercó también, preocupado —Oy, Hinata... ¿Estás bien? Mírame, Hinata.
Las pestañas de la muchacha oscilaron débilmente —¿L-Lo logré?
Una sonrisa del rubio respondió a su pregunta, ambos estaban bien y a salvo —¿Bromeas? ¡¡Estuviste genial!! ¡De veras!
—¿T-Tu crees? —susurró, recolectando todas sus fuerzas en una débil sonrisa.
—¡Claro que sí!
—Y-Yo s-solo q-quería p-protegerlos... —sus ojos se cerraron por un instante.
Kiba decidió hablar —Hinata... deberías descansar un instante aquí. Consumiste demasiado chakra.
Ella abrió ambos ojos al instante —¿D-Descansar?
—Si.
—N-No —murmuró intentando incorporarse. Simplemente no podía, no aún, no cuando su misión no había terminado. Necesitaban de sus ojos, del Byakugan, para encontrar a las demás víctimas—. Y-Yo p-puedo... un poco más.
El castaño parpadeó desconcertado, ayudándola junto con Naruto a sentarse —¿Segura? —la joven asintió, ayudándose con sus manos para ponerse de pie, sin embargo antes de lograr erguirse cayó nuevamente de rodillas—. ¡Hinata! Hazme caso.
—N-No. Estoy b-bien. Sólo cansada. Y-Yo p-puedo —miró brevemente a Naruto y sonrió, repitiendo—. Y-Yo p-puedo.
El Inuzuka asintió, comprendiéndola al instante. Aquel era uno de esos instantes, uno de esos importantes momentos en que Hinata ponía a prueba su propia fortaleza, su fe en sí misma y la fe de los demás en ella. Desesperada por ser reconocida. Y no sería él quien le fallara, quien dudara de sus capacidades y la hiciera sentirse inferior. No sería él quien le arrebatara ese particular y precioso momento de superación propia, ni la posibilidad de sentirse fuerte, como creía el Inuzuka que ella en verdad era. Fuerte. Hinata lo era en el absoluto sentido de la palabra. Una sobreviviente, una luchadora —Está bien —sonrió—. Déjame ayudarte.
Tomando la mano extendida de él se incorporó, sonriendo agradecida a su compañero de equipo —G-Gracias, Kiba —susurró para que solo él la oyera.
Él devolvió la sonrisa con creces, sus largos colmillos blancos reluciendo debajo de su labio superior —No hay problema. Además, no podemos dejar que Sakura y Naruto hagan quedar mal a nuestro equipo ¿Verdad? —bromeó. La Hyuuga se limitó simplemente a sonreír, activando el Byakugan una vez más.
Sakura se apresuró entonces a atender a la segunda sobreviviente del derrumbe, aquella que había salvado Hinata de ser aplastada una vez más por las rocas. Sus heridas parecían ser poco más superficiales en comparación con la persona anterior, lo cual la tranquilizó. Podría así terminar más rápido y pasar a la siguiente con mayor velocidad.
Hinata encontró el palpitar débil de otra persona no muy lejos de donde habían rescatado la anterior —E-Encontré el tercero, j-joven de 15 años, estable —informó. Naruto y Kiba se dispusieron al ataque, quebrando y rompiendo piedra tras piedra hasta llegar adonde se encontraba el cuerpo del chico. Al verlos llegar suspiró aliviado, jadeando con dificultad, una punzada en el pecho sonsacándole una mueca de dolor de vez en cuando.
—A-Ayuda... —resopló—. Mi hermana menor está aún bajo las rocas. Tienen que ayudarla, por favor.
Hinata, al oírlo, asintió para sí, volviendo una vez más su vista al derrumbe en busca del cuerpo de la niña. Una y otra vez escaneó la zona, una y otra vez inspeccionó cada rincón accesible a su vista, en vano. Aún así no se rindió, concentró su atención aún más y volvió a analizar el área, con más cuidado que la vez anterior. Observando de reojo como Sakura atendía ahora al chico, mientras seguía buscando. Hasta que finalmente la encontró, sin embargo su Byakugan se vio interrumpido y una lágrima ocupó su lugar. No había pulso, no había respiración o movimiento alguno, nada. No había nada, sólo el cuerpo inerte bajo toneladas de escombros. Un gemido escapó sus labios, y Kiba supo al instante que algo pasaba.
—¡Hinata! —la llamó por encima de su hombro, ella no replicó, simplemente continuó con la vista fija en la dirección en que la niña se encontraba. El aroma a agua y sal quemó sus fosas nasales, hiriéndole su sensible olfato—. Oh, no... ¡Maldición!
Naruto pareció comprender al instante la situación pues su expresión se tornó en una mueca de dolor. Furioso, golpeó el puño contra la roca más próxima, haciendo que sus nudillos sangraran —¡¡No!!
El chico se percató de esto —¿La encontraron? —Sakura contempló a Naruto y luego volvió la vista a la herida que intentaba sanar, evitando deliberadamente los ojos caoba de él.
El cuerpo de la Hyuuga volvió a sacudirse por el espasmo del llanto contenido, aquella niña no tendría más de 7 años —N-No... Q-Quizá no vi bien... —susurró, su voz quebrándose al final—. Byakugan —pero la imagen que sus ojos percibían seguía siendo la misma, indudable e irreversible. Temblando, cayó de rodillas. N-No... Inhaló dolorosamente, sintiendo su cabeza ligera y todo a su alrededor dar vueltas descontroladamente, pronto la oscuridad se cernió sobre ella y la rodeó dejándola indefensa, débil cayó contra el suelo, sus ojos cerrándose fuertemente. Un único grito atravesándola antes de perder todo conocimiento de la realidad, un único grito. Su nombre, teñido de temor y preocupación.
—¡¡¡Hinata!!!
