Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.

8/20

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Por hoy, estoy subiendo este capítulo bastante más temprano de lo que habitualmente lo hago por el hecho de que no estoy segura de poder hacerlo más tarde y no quiero fallar a la promesa de subir un capítulo todos los días, por eso, acá está el capítulo 8; espero les guste. Y, como siempre, gracias por darle una oportunidad a mi humilde historia y leerla. Gracias. Y gracias también a quienes se toman la molestia de hacerme saber su opinión, lo aprecio mucho, y siéntanse libres de hacerme saber lo que piensan. Gracias. Y prometo que habrá más romance, después de todo la historia es de ese género. Solo ténganme un poquito de pacienciencia y espero les guste. ¡¡Nos vemso y besitos!!


Imperfección

VIII

"Perro salvaje"

Tomó media hora hacer que Hinata recuperara la conciencia y volviera en sí y otras tres horas permanecieron allí rescatando a los cuatro restantes sobrevivientes de aquel funesto derrumbe, uno de los cuales, un hombre que había estado trabajando para mantener a su familia, no. volvería a caminar. Desgraciadamente, aquello no había sido lo peor de la misión, sino el funeral de la pequeña niña al cual, por respeto, habían decidido asistir, acompañando a su hermano y a sus padres en el inmenso dolor que la pérdida traía. Allí también Hinata estuvo a punto de perder el conocimiento, tambaleándose un par de veces cuando ya partían de regreso. El resto del camino, al menos hasta que estuvieron lo suficientemente lejos como para olvidar la imagen de los rostros de dolor de los aldeanos, fue silencioso. Aún Naruto, quien siempre tenía un comentario que hacer respecto a algo, viajó en completo y absoluto mutismo. Su expresión, al igual que la de todos, sombría.

Saltando de una rama a la otra, Kiba –junto a Akamaru- se acercó a donde se encontraba Hinata, quien parecía moverse por inercia —Hinata —la llamó pero la muchacha no pareció oírlo pues no se volteó a verlo ni dio señal de siquiera percibir su presencia próxima a ella. Una vez más decidió insistir —Oy, Hinata.

La Hyuuga parpadeó un par de veces, como si hubiera despertado de un sueño, o quizá sería más apropiado decir pesadilla, y giró levemente su rostro hacia donde se encontraba su compañero de equipo, aún completamente desconcertada por el repentino despertar —¿K-Kiba?

El chico asintió, contemplando de reojo a Shino asentir con la cabeza en señal de aprobación. Sin embargo, no sabía que decir, él no era bueno con las palabras y situaciones como aquellas le dificultaban el ser espontáneo —Umm... Akamaru piensa que la técnica que usaste para evitar el derrumbe fue genial —musitó. Por supuesto no era realmente Akamaru quien pensaba de esa forma pero supuso que, quizá, diciéndolo de esa forma pudiera levantarle, si bien de forma leve y temporal, el ánimo. Además, no se sentía cómodo diciendo dicha opinión en primera persona.

Hinata pareció, aunque de forma casi imperceptible, algo más animada, al menos ya no permanecía con la vista fija en las ramas por las que avanzaba —¿D-De verdad?

El Inuzuka sonrió, notando el sutil cambio en los ojos blancos de ella. Al menos es algo —Ajá. Y también me dijo que te diga que le encantan las galletas que sueles hacerle —lo cual era cierto. El perro ladró para confirmar las palabras de su amo.

—¿S-Si?

—Si. Y me dijo también... —hizo una pausa, su rostro se tornó serio de repente— que te diga que no fue tu culpa.

Los ojos de ella se abrieron desmesuradamente y una lágrima amenazó por huir, lágrima que el castaño percibió inmediatamente mediante su sentido del olfato pero de la cual no dijo nada. No quería perturbarla ni hacer la situación aún más incómoda de lo que ya era, pero sentía que debía hacérselo saber, si bien no directamente —Akamaru piensa que no debes culparte.

—Y-Yo... Y-Yo... —balbuceó, intentando hallar las palabras solo para encontrar que en verdad no había nada que decir. Nada que hacer. No podía mentir, no a él, tampoco a Shino –que sabía escuchaba la conversación atento al otro lado-, pues eran sus compañeros, quienes más la conocían y sabían descifrarla en cada instante. Para ambos, ella era transparente. Ellos, junto con Kurenai, eran los únicos en conocer el verdadero dolor que Hinata sentía. Los únicos testigos de la carga que día a día llevaba, aunque la joven se esforzaba en ocultarlo, pues no quería ser una molestia, tal y como su padre le había dicho que sería—. L-Lo siento...

—Sabes que me enfada que te disculpes por causas que no tienen nada que ver contigo —dijo fastidiado, intentando contener el tono de su voz, ya que no quería herirla ni empeorar su condición.

—Yo hubiera podido... —susurró con un hilo de voz. Kiba ante esto perdió el control, odiaba que Hinata se culpara por todo, que atribuyera todas las desgracias que a su alrededor sucedían a sus propios errores y defectos. Ella era imperfecta, eso era cierto, pero él también lo era. Y no era justo que se culpara por algo que escapaba a su alcance.

—¿Qué? —espetó, aún frustrado y claramente molesto.

Hinata bajó la vista entristecida, lágrimas pendiendo al filo de sus ojos color marfil —S-Si n-no me hubiera doblado el t-tobillo, si no h-hubiéramos perdido un d-día, quizá...

—Nada hubiera cambiado —sentenció de forma cortante. Realmente odiaba ser brusco con ella, y la mayor parte del tiempo se esforzaba por no serlo, pero de momento no encontraba forma de hacerla entrar en razón. Hinata no parecía oír cuando se trataba de ella misma, se cerraba, se aferraba a una concepción de sí misma que odiaba. Kiba nunca había entendido realmente por que.

—Quizá si...

El Inuzuka negó con la cabeza —Todo hubiera resultado igual. Ella ya estaba... —mordió su labio inferior para detener la palabra de escapar de su boca. A veces encontraba que ser una persona frontal traía más conflictos de los que solucionaba y se encontraba inapropiado en algunas situaciones, esta era claramente una de esas—. No había nada que pudiéramos hacer, aún si hubiéramos salido dos días antes de Konoha.

—N-No es justo... —susurró finalmente con tristeza.

—No, no lo es.

Shino decidió, entonces, hacer una breve intervención —La muerte nos alcanza a todos, tarde o temprano.

—L-Lo s-se.

Kiba dedicó una mirada asesina a su compañero, el cual respondió con un leve gesto de indiferencia. ¿Cómo podía decirle algo de esa magnitud a Hinata en aquellos particulares momentos?
Shino pareció adelantarse a sus pensamientos pues respondió, solo para que su compañero lo oyera —Cuanto antes lo sepa mejor.

El castaño gruñó en respuesta —Lo sabe, no necesita que tú se lo recuerdes.
El Aburame no se alteró —No es tan frágil como crees —replicó, saltando de una rama a la siguiente. A veces su compañero tendía a olvidarlo y en su afán de protegerla caía en el mismo error que los demás, error que tanto la dañaba y que él se empeñaba en señalarle, aclarando su punto fría y tajantemente si era necesario.

Kiba, ante las palabras del otro miembro del equipo 8, frunció el ceño, mascullando por lo bajo —Eso ya lo se —antes de volver su vista al frente y continuar viajando. Reconsiderando lo que Shino había dicho una y otra vez. ¿Era tan ciego que fallaba en verlo? ¿Qué la sofocaba? ¿Qué extinguía su propia fortaleza? ¡No!. No quería pensar de esa forma, no quería convertirse en otra de esas personas que la subestimaban. Que la consideraban débil. Él sabía que Hinata no era débil, que no era frágil, lejos distaba de ser como el cristal, a pesar de su personalidad gentil y su apariencia endeble. Pero no podía evitarlo, su naturaleza posesiva lo llevaba a querer tomar parte en el proceso que Hinata atravesaba. Como si fuera su territorio, su propiedad, quería protegerla. Y ese era un pensamiento puramente egoísta. El más egoísta que quizá tuviera, pero no podía evitarlo, contenerlo o erradicarlo. Por incordiante que fuera.

Decidió, entonces, por el resto del viaje no volverle a hablar. No quería ofenderla –aunque creía incapaz a Hinata de tal cosa- ni opacarla, no quería hacerle pensar que creía que no podía valerse por sí misma, sabía cuanto dolor en su vida eso le había provocado y no sería él quien la dañara de esa forma. Por lo que se contentó con hablar con Naruto, al menos parte del trayecto de regreso a Konoha, y otro tanto con Sakura, pero realmente no había demasiado que hablar con ella, y pronto se encontró callado, viajando como si lo hiciera en solitario, pues Shino no hablaría. Rara vez decía una palabra.

—Bah, esta misión fue un asco —masculló para sí, contemplando todo lo ocurrido y el desarrollo de los sucesos. Podía notar en la expresión de los demás que estaban de acuerdo con él pero no se atrevió a preguntar, Hinata aún tenía esa mirada triste y distante en sus pálidos ojos, cosa que le hizo pensar que aún se culpaba pero se refrenó de decir algo, quizá ella prefiriera sufrir en silencio. Quizá fuera algo que no estaba dispuesta a compartir con nadie. Aunque, sinceramente, no lo creía. ¿Por qué alguien querría sufrir en silencio? ¿Por qué acallarlo? Para él no tenía sentido alguno. Era absurdo.

Adelantándose nuevamente, se colocó a la par de la chica pero luego recordó las palabras de Shino y volvió a disminuir la velocidad, quedándose atrás, a la par del Aburame. Contrariado se giró a su compañero, el cual lo observaba con una ceja enarcada que asomaba por encima de sus oscuras gafas.

—¡¿Qué?! —espetó irritado. El misterioso chico volvió la vista al frente, a la que era su compañera de equipo, contemplativo.

Luego musitó —Todos necesitan algo de espacio y algo de tiempo.

—¡¿Qué demonios se supone que significa eso?! —Shino no replicó. ¡Dios! Como odiaba sus palabras tipo acertijos y encrucijadas. ¿No podía su compañero de equipo ser un poco más normal y frontal con sus palabras? Realmente nunca podía comprender a donde apuntaba con ellas y no tenía deseos de analizarlas—. No te entiendo.

Aún entonces Shino no intentó aclararse, a duras penas si lo miró de lado y continuó trasladándose de rama en rama con Kiba al lado, contemplando el cielo como si en él estuvieran las respuestas a todos los grandes enigmas de la vida. A veces el Inuzuka se preguntaba si en verdad Shino las habría descifrado pero luego disipaba esa idea, probablemente su amigo estuviera tan desconcertado como él en muchos problemas que le afligían, solo que él se abocaba más a ellos. Reflexionaba sobre ellos. Kiba simplemente los ignoraba. O intentaba hacerlo.

—Eres realmente exasperante —masculló, avistando la gran puerta de Konoha aliviado. Finalmente habían llegado, regresado a la aldea. Nunca antes aquello había supuesto tal alivio pero la sensación de tirantez y desgaste emocional, consecuencia de la misión, era insoportable. Sentía que no podía hablar con nadie y necesitaba hacerlo, Shino no era una opción, Hinata tampoco parecía serlo por el momento y Naruto y Sakura no eran realmente la mejor opción que tenía si quería olvidarse de todo, y quería hacerlo. Quería correr sin destino fijo junto con Akamaru y olvidarse de todo, aclarar sus ideas, sentir el viento azotar fuertemente su rostro, percibir la tierra bajo sus garras y dejar su mente en blanco, por un momento. Ser como un perro salvaje, despreocupado y ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor. Olvidarlo todo, si bien por un instante. Y eso hizo, cuando al fin atravesaron el límite que los colocaba dentro de la aldea corrió, tras despedirse de todos sin demasiados miramientos, corrió. Lejos de allí, lejos de todo, seguido por su fiel compañero. Ambos huyeron, usando todo reservorio de energía que tuvieran hasta perderse por completo en el caer de la noche. Quería sentirse lo menos humano posible, quería dejar la complejidad de lado y volverse simple, volverse completamente un animal sin raciocinio. Y aunque no lo logró completamente, pues aquello era imposible para él, logró despejarse por completo. Descargar de su cuerpo todo abatimiento y malhumor en forma de sudor, y cuando regresó esa noche a su casa durmió, como no lo había hecho en mucho tiempo. Y no soñó, no al menos que lo recordara, y eso le produjo un alivio inmenso, permitiendo que al día siguiente se sintiera como nuevo, para empezar un nuevo día. Con los ánimos repuestos.