Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Como siempre, gracias a todos por tomarse la molestia de leer mi humilde historia y, aún más, gracias a quienes roban de su tiempo para dejarme saber su opinión. Gracias, de verdad, lo agradezco mucho. Espero el capítulo les guste... ¡¡Nos vemos y besitos!!
Imperfección
IX
"Girasol"
Había hecho la petición como otras tantas veces, no obstante, tras hacerlo había permanecido inusualmente callada. Era cierto, en verdad, que Hinata era del tipo de persona que se inhibe estando rodeada de otras personas y permanece en silencio y apartada, opacada por los demás, sin embargo, ellos no eran cualquier persona –o eso quería creer él- y con ellos rara vez actuaba de esa forma. Rara vez se sumía en el silencio de sus propios pensamientos pues su equipo era con las únicas personas que Hinata genuinamente hablaba. Él, Shino y Kurenai. Y el hecho de que entonces no lo hiciera lo tenía ligeramente alterado, no que fuera a demostrarlo.
—K-Kiba. Por favor —susurró. Sabía lo que ella quería, deseaba que la atacara con todas sus fuerzas pero lo que quería, él no podía dárselo. No podía dañarla, no de esa forma, pero tampoco podía dejarle pensar que la consideraba débil e indigna de luchar con él, porque no era cierto. Lo que lo llevaba a una encrucijada.
Implorante, miró a Shino, en busca de una señal, algo, algo de lo que pudiera aferrarse, que pudiera ayudarle a decidirse. Pero éste no dijo nada, simplemente continuó observando al Inuzuka en su momento de duda, en completo silencio. Sus facciones inmutables e inalterables.
Hinata volvió a insistir, su voz gentil y sin embargo algo urgente. Aparentemente era algo que necesitaba —K-Kiba.
El castaño alborotó sus cabellos nervioso, exasperado exclamó —¡¡Ah!! ¿Por qué no le pides a Shino? Estoy seguro que él estaría más que gustoso de ayudarte.
La joven negó con la cabeza, su mirada una de obvia decepción y tristeza —N-No —musitó, jugando inquieta con sus manos— Necesito entrenar mis habilidades cuerpo a cuerpo... T-Tu eres mejor en eso.
El cumplido alzó enormemente su autoestima, colmándolo en su interior, pero se refrenó de decir algo respecto a ello. Siendo conciente de que si se tratara de otra persona ya habría alardeado sobre la cuestión y todos habrían oído al respecto. Rendido, finalmente aceptó, aunque a regañadientes —Bien. Pero solo por un rato.
Los ojos de ella se iluminaron por un instante —G-Gracias, Kiba —para luego ese destello de vida desaparecer en sus apagadas orbes, hecho que no pasó desapercibido por el chico.
—¡Akamaru! —llamó al animal que momentos antes había estado corriendo por el terreno de entrenamiento intentando atrapar un insecto, probablemente de Shino, con los dientes. El canino trotó hasta donde su amo se encontraba, jadeando—. Entrenaremos con Hinata—en respuesta Akamaru dejó escapar un suave aullido en forma de lloriqueo. A lo que su amo susurró —No te preocupes, está bien.
—P-Por favor, no se contengan.
Era esa la frase que siempre repetía antes de comenzar cada entrenamiento con ambos y él se aseguraba de encontrar un término medio en relación a la situación pero sabía que a Hinata nunca la satisfacía, ella quería más, quería que él desplegara todos su poder sobre ella, que él se probara contra ella, para probarse a sí misma que no era la kunoichi frágil y débil que todos creían que era, que su padre creía que era y que por momentos ella misma creía ser, pero él no se sentía cómodo haciéndolo. E intentaba por todos los medios convencerla de ello pero nunca podía.
Resignado, contempló de reojo al gran perro blanco a su lado y exclamó, haciendo varios sellos con ambas manos —¡Juujin Bunshin! —Haciendo que Akamaru adquiriera su idéntica forma humana.
Hinata, al otro lado del campo lo imitó, haciendo los sellos pertinentes para activar la técnica sucesoria propia de su clan —¡Byakugan! —su visión inmediatamente mejoró notablemente.
—¡¡¡Gatsuuga!!! —rugió, fusionándose con Akamaru en un torbellino desenfrenado y descontrolado que se dirigía hacia ella, sin embargo, Hinata fácilmente evitó el impacto creando a su alrededor, con sus manos, una defensa de chakra.
Cuando el ataque cesó, la joven miró al castaño con el ceño levemente fruncido —K-Kiba...
Una sonrisa nerviosa agració sus rasgos —¡Lo se! ¡Lo se! Lo estoy haciendo de nuevo. Ella asintió—. Bien, esta vez va en serio.
—¿L-Lo prometes?
¿Qué más podía hacer? No quería herirla pero tampoco quería ofenderla, de una forma u otra terminaría lastimándola y sabía que, al menos, las heridas físicas tendían a sanar —Eh... ¡Seguro!
Ella sonrió, si bien débilmente y de forma efímera —G-Gracias.
—¡¡Gatsuuga!! —y esta vez compelió todo su poder, chakra y voluntad en el ataque hacia la muchacha, forzándose a poner la mente en blanco mientras sentía el impacto chocar contra la frágil contextura de ella y enviarla girando hacia atrás, golpeando su cabeza contra el terreno. Preocupado, se detuvo, pero ella ya estaba en pie—. Oy, Hinata ¿Estás bien?
La muchacha apartó un poco de tierra de su mejilla —S-Si, lo estoy —y aguardó a que el chico adquiriera nuevamente una posición de combate.
Rápidamente lo hizo, creando nuevamente una barrena para atacarla con gran fuerza y destreza, fusionándose con su perro —¡¡¡¡Gatsuuga!!!!
Hinata intentó concentrarse nuevamente pero el impacto llegó demasiado pronto y lo recibió de lleno, forzándose esta vez a caer de espaldas y evitar golpear su cabeza contra la tierra. Una vez más se incorporó, jadeando. Kiba también se detuvo, inquieto. Pero la expresión de la Hyuuga le dio a entender que deseaba continuar, que aquello era importante para ella y que, por favor, no se detuviera. Aún si la dañaba una vez más en el intento.
Volvió a activar sus ojos —¡Byakugan!
Y Kiba arremetió sin piedad alguna, imaginando que su enemigo era alguien más, otra persona, de otra aldea quizá, y no Hinata. Nunca Hinata —¡¡¡Gatsuuga!!!
Yo... Lo lograré, pensó decidida, no volveré a fallar. Una lágrima amenazó por salir de su orbe blanca agrietada. No volveré a ser una molestia. Suspiró, sintiendo el flujo de su chakra acumularse en la palma de sus manos, una sensación desbordante. No volveré a estar en el camino de nadie. La imagen de su padre acudió a su mente, estas habían sido sus exactas palabras. Eso era ella para él, débil, una molestia, una triste excusa de shinobi y, aún más, una vergüenza para el clan Hyuuga. La muerte de aquella niña en la misión probablemente hubiera sido culpa suya también, sin importar lo que dijera Kiba, ella había retrasado la llegada al lugar. Quizá, si no hubiera sido tan torpe, tan endeble, las cosas hubieran resultado diferentes. Debo ser fuerte... Quiero ser fuerte... Como N-Naruto. Pensó, forzándose a no llorar. Para proteger a quienes son importantes para mí. Y llena de determinación en su mirada se irguió, comenzando a mover las manos violentamente delante de su cuerpo creando una barrera, las finas líneas de chakra concebidas gracias a su precisión, formaron a su alrededor un círculo, contra el cual el ataque de Kiba impactó, haciéndolo retroceder, tambaleándose, sorprendido. Aún así, se mantuvo alerta pues sabía que Hinata no se detendría allí, sino que arremetería contra él con todas sus fuerzas.
—¡Woah! —exclamó esquivando el primer ataque de ella, saltando hacia atrás. Hinata volvió a intentar golpearlo, queriendo alterar el flujo de chakra de su amigo. Una vez más Kiba la evadió, agachándose al ras del suelo, sintiendo la intensidad con que ella lo atacaba. Pudo comprender, entonces, que algo le pasaba, resultaba obvio que algo turbaba su mente. Sus ojos, a pesar de la determinación y el Byakugan, parecían a punto de derramar descontroladas lágrimas. Probablemente aún se sintiera culpable por lo sucedido en la misión—. ¡Tsk!
En un rápido movimiento la detuvo por las muñecas, evitando cuidadosamente el impacto de las manos de la chica contra su pecho, haciendo que los ojos de Hinata se abrieran desmesuradamente y se fijaran en él y solo en él —¿Q-Qué?
—Detente, Hinata... —replicó con voz áspera. La chica dejó de hacer fluir chakra a sus manos y lentamente las bajó, habiéndose ya soltado del agarre del castaño.
—L-Lo s-siento, K-Kiba ¿T-Te lastimé?
Él sonrió, su siempre habitual sonrisa que reflejaba la seguridad que tenía en sí mismo —Nah. No te preocupes.
—D-De verdad, l-lo siento, c-creo que me dejé llevar... —él colocó su mano sobre la cabeza de ella y luego rió, dando media vuelta y dirigiéndose al tronco más próximo donde se encontraba Shino sentado, observando el entrenamiento de ambos.
Una vez allí, se dejó caer —Ya te dije que no tienes que disculparte conmigo.
Hinata se unió a sus compañeros en el tronco —Umm... pero...
—Nada. Deja de preocuparte por tonterías. ¿Verdad, Shino?
El Aburame no replicó, simplemente observó el cielo distraído. A veces se preguntaba realmente porque se molestaba siquiera en intentarlo. Shino rara vez hablaba, y lo hacía cuando tenía algo importante que decir o algo perfectamente adecuado a la situación, y Kiba no lograría cambiarlo, de ninguna forma.
—Digamos que Shino esta de acuerdo conmigo —bromeó. Hinata sonrió, observando de reojo a su tercer compañero de equipo, quien devolvió la mirada de ella en respuesta.
—S-Supongo que si...
—Ajá. ¡Oh, mira! ¡Naruto! —señaló hacia donde se encontraba el rubio caminando junto a su compañera de equipo, Sakura.
—¡¿N-Naruto?! —exclamó Hinata, nerviosa, llevando ambas manos a su rostro y cubriendo desesperadamente el rubor de sus mejillas.
Kiba rió y comenzó a agitar su mano en el aire —¡¡¡Eh, Naruto!!!
El rubio, al oír su nombre, se volteó a ver en la dirección de donde provenía el grito. Una sonrisa se extendió en sus labios al ver de quien se trataba. Junto con Sakura ambos se acercaron —¡Hola Kiba! ¡Shino! ¡Hinata!
El castaño sonrió ampliamente y Hinata intentó contener su balbuceo antes de poder siquiera replicar —H-H-Hola, N-Na-Naruto, S-Sakura —encontrando inútiles todos sus esfuerzos de controlarse. Aún así Naruto no pareció percatarse del esfuerzo de la joven muchacha.
—¿Qué están haciendo aquí?
El Aburame se encogió de hombros —Entrenando.
Kiba asintió —¿Ustedes?
Esta vez fue Sakura quien replicó, volviéndose al chico —Vamos a comer a Ichiraku.
Naruto sonrió tontamente, diciendo como si se tratara un secreto —Es una cita —e inmediatamente la expresión de felicidad de Hinata desapareció en ese preciso instante. Tanto Kiba como Shino notaron esto. Fue casi como si hubieran oído el quiebre de ella desde su interior, su dolor inmediato fue rápidamente palpable en el aire, solo que nadie más que ellos dos lo percibieron.
La pelirrosa negó rápidamente con la cabeza, cerrando el puño y conteniéndose de golpear al chico con todas sus fuerzas —¡¡No lo es!!
—¡¡Oh, vamos, Sakura!! —suplicó, pero la joven no dio el brazo a torcer.
—¡¡No!! Ahora vamos que tengo hambre... —y comenzó a caminar nuevamente en dirección al stand de ramen, seguida rápidamente de Naruto quien comenzó a correr detrás de ella en el momento en que se marchó, gritando por encima de su hombro —¡Adiós! —a los miembros del equipo 8.
Tanto Shino como Kiba se volvieron inmediatamente a su compañera de equipo, siendo el segundo el primero en hablar —Oy, Hinata... ¿Estás bien?
—Mmm... —asintió, cerrando fuertemente los ojos y conteniendo las lágrimas que todo el día habían amenazado escapar de sus orbes blancas. Forzándose una y otra vez, diciéndose en su mente vez tras vez que no debía llorar, que no debía ser débil, que por eso había trabajo muy duro, que si lo hacía todo su esfuerzo habría sido en vano. Que aún había esperanza. Pero en el momento no lo creía. No podía creerlo.
—Sabes que lo que dijo no era enserio, no era un cita, siempre dice eso y nunca lo es, él solo estaba fastidiando a Sakura —Shino permaneció en silencio.
Hinata bajó la mirada, fijando sus ojos inmediatamente en la hierba debajo de sus pies y debajo del tronco en el cual se encontraban sentados —N-No t-tienen q-que h-hacerme s-sentir b-bi-bien —susurró.
Kiba negó con la cabeza percibiendo el aroma a sal que impregnaba el aire a su alrededor, Hinata no había derramado una lágrima aún pero pronto lo haría si él no la detenía. En ese instante apareció Akamaru, quien había estado correteando por los alrededores, y hociqueó a su amo, aullando nuevamente en forma de gimoteo. En un primer momento el chico lo ignoró —¿Qué quieres, amigo? No puedo jugar contigo ¿No ves que estamos ocupados? —pero el perro no cedió, continuó golpeando gentilmente el brazo de el Inuzuka con su hocico, una y otra vez, llevando algo entre los dientes.
Hinata se volteó a ver el animal por un segundo —U-Un girasol —murmuró.
Kiba lo tomó de la boca del animal y lo examinó, girando el grueso tallo verde entre sus dedos, de un lado al otro, contemplando el vivaz amarillo de sus grandes pétalos, sintiendo el agradable aroma a naturaleza que desprendía. Entonces una sonrisa agració sus facciones y extendiendo su mano se lo entregó a Hinata —Toma. Puedes quedártelo, si quieres.
La expresión de tristeza se tornó en una de sorpresa —¿D-De verdad?
—Ajá. Es una planta alegre y tú la necesitas más que Akamaru. ¿Verdad amigo? —el perro ladró y Hinata soltó una gentil risita.
—Flor —corrigió al chico, el cual hizo un gesto con la mano restándole importancia al asunto.
—Claro, lo que sea —sonrió, aún extendiendo el girasol hacia las manos de Hinata. Finalmente ella lo tomó, aferrándolo con delicadeza entre sus dedos con una sonrisa renovada, amplia y gentil. Luego contempló el cielo y notó la hora que era, ya era tarde, la oscuridad comenzaba a cernirse sobre el cielo y los últimos rayos dorados se teñían de escarlata en su afán de no ser tragados por la oscuridad.
Suspirando, se puso de pie y por primera vez en toda la tarde notó lo exhausta que estaba, el entrenamiento realmente había sido agotador, pero no se arrepentía de haberlo hecho —D-Debo irme, Shino... Kiba...
Ambos asintieron y fue el Aburame quien habló con aquella voz áspera y profunda que tanto lo caracterizaba —Claro, Hinata.
La joven sonrió a ambos y se encaminó de regreso a su casa, contemplando distraída el centro pardo del girasol para luego dirigir sus ojos a los dorados pétalos que la adornaban, sintiendo una nueva oleada de tristeza abatirla al mero recuerdo de Naruto caminando junto a Sakura. Tan ensimismada estaba en sí misma que no oyó que alguien la llamaba por su nombre unos metros más adelante.
—¡Hinata! —finalmente el timbre de voz alegre de alguien llegó a sus oídos, haciendo que levantara la vista sorprendida. Delante de ella se encontraba Ino, como siempre perfecta, con su largo cabello rubio recogido en una cola y su llamativo atuendo púrpura, su nívea piel contrastaba perfectamente con el rosado de sus mejillas. A su lado, estaba Shikamaru, como siempre, con expresión de aburrimiento en su rostro y pereza que reflejaba sus ojos pardo.
La Hyuuga sonrió amablemente, girando la flor en sus manos —I-Ino, Shikamaru.
La rubia se percató del gesto y contempló con una amplia sonrisa el objeto que llevaba Hinata entre sus dedos —¡Un girasol! —exclamó, la expresión sonriente de sus labios ensanchándose aún más si es que aquello era remotamente posible.
Hinata frunció levemente el ceño —Umm... s-si.
—¡Vaya! —exclamó, pagada de sí misma—. Quien te haya comprado el girasol debe apreciarte realmente.
La joven pareció desconcertada —¿C-Comprado?
Ino rió —Bueno, sí. No se consiguen por aquí. Además ya sabes que un girasol significa adoración. Alegría infantil, y arrogancia —irónicamente los dos últimos significados de la flor le recordaron a Kiba. E inmediatamente sus mejillas comenzaron a arder, tiñéndose de un suave tono escarlata.
—¡N-No! No es lo q-que tú crees... —quiso decirle pero Ino no parecía prestarle demasiada atención.
—Además, tu nombre significa "un lugar soleado" ¿Verdad? Los girasoles siempre miran al sol —sonrió.
Hinata continuaba intentando explicarle que no era lo que ella creía, sin éxito alguno, pues la rubia parecía solo escucharse a sí misma y sus propias deducciones. Ignorándola por completo.
—¡Oh! Mira la hora Shikamaru, debemos irnos, Chouji debe estar esperándonos —el moreno puso los ojos en blanco ante las palabras de la chica.
—Mujer problemática, eres tú la que esta perdiendo el tiempo.
Ino volvió a sonreír a la Hyuuga —Nos vemos, Hinata —y comenzó a caminar, junto con el Nara, dejándola atrás. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos Shikamaru habló —¿Por qué hiciste eso? Tú sabes quien compró la planta-
—Flor —lo corrigió enfadada, Ino. ¿Cuál era el problema con los hombres que no podían diferenciar una de la otra? ¿Era acaso tan difícil?
—Flor —repitió el moreno, fastidiado por la absurda aclaración de la chica y contemplando las nubes vagar despreocupadamente por encima del firmamento—, tú sabes quien la compró porque tú trabajas en la florería de tu familia.
—Lo se —exclamó alegremente—. Sólo quería darle algo en que pensar a Hinata.
—Estás sacando deducciones apresuradas —le advirtió Shikamaru, sabiendo que su compañera de equipo tendía a hacerlo.
Sin embargo ella no se mostró de acuerdo —¿Me equivoqué con Kurenai y Asuma-sensei? —ante la mención de su difunto sensei ambos contemplaron, por un instante, con nostalgia el cielo para luego volverse hacia el camino que aún debían recorrer.
Shikamaru bostezó —Supongo que no.
Después de unos minutos de caminar en silencio Ino soltó la pregunta que tenía en mente —Oye, Shikamaru ¿Por qué tú nunca me regalas flores?
El moreno la miró con incredulidad, segundos antes de poner los ojos en blanco. ¿Acaso ella lo decía en serio? Supuso que sí por lo que decidió señalar lo obvio de la cuestión —Porque trabajas en la única florería de la aldea.
—¡¿Y?! ¡¡¡No es excusa!!! —exclamó molesta.
Shikamaru golpeó con su mano su frente, incapaz de concebir el grado de incoherencias que la rubia chica a su lado podía abarcar —¿Es en serio? ¿Qué esperas? ¿Qué te compre la problemática flor y cuando la termine de pagar te la devuelva?
Ella se cruzó de brazos —Pues... ¡Si!
Él la contempló por unos instantes y luego su expresión se suavizó, continuando su camino hacia donde se encontraba su amigo y tercer miembro del equipo 10 —¡Tsk! Mujer problemática, mira que eres absurda —y aunque la oyó decir que no lo era, no le prestó atención alguna a ello, él sabía que lo era, de todas formas, y nada podría cambiar eso.
