Disclaimer: No me pertenece ningún personaje de Naruto.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Como prometido, acá está el capítulo de hoy; y, de verdad, espero que les guste. Y, sin más que decir, gracias. Honestamente, a todos aquellos que le dieron una oportunidad a mi historia y se toman la molestia de leerla día a día (que es demasiado) y, aún más, gracias a todas aquellas personas que comentan dejando su opinión. Me sorprendí mucho, tras el último capítulo, de ver tantos reviews. Aprecio mucho su amabilidad y sinceridad, y me alegro que la historia sea de su agrado. De verdad. Espero siga estando a la altura de sus expectativas. ¡Gracias! ¡¡Nos vemos y besitos!!
Imperfección
XI
"Abandono"
La observó distraído desde la sala lavar cuidadosamente los platos en el lavabo de la cocina, su espalda vuelta hacia donde se encontraba él, sus hombros caídos ligeramente, como siempre. Su postura reflejaba fielmente su modo de ser y de sentirse. Hinata siempre andaba levemente encorvada y con la cabeza a gacha, lo cual de cierta forma le irritaba pero con el tiempo había llegado a comprenderlo, al menos en parte, pues, debía admitir, le costaba comprender realidades ajenas a la suya. Y sabía que la realidad, para la joven muchacha, no era igual que la suya. Él intentaba ver el mundo de forma simple, como lo hacía su clan, y ella era lo exactamente lo opuesto, la precisa definición de complejidad, un sinónimo de su apellido, Hyuuga, aquel nombre, aquella etiqueta que tanto la mortificaba.
Intentó reprimir un bostezo y suspirando volvió a contemplar la postura corporal de la chica con la mirada perdida. Hinata aún permanecía de espaldas a él en la cocina y aunque no podía ver su expresión ni sus cristalinos blancos ojos, sabía que algo andaba mal. Podía percibirlo en el ambiente, aún desde la otra habitación, ese aire melancólico que la envolvía completamente, haciéndola parecer solitaria y distante. Como si estuviera fuera del alcance del resto del mundo, sumida en un pequeño rincón lejano y oscuro. Encontraba curioso que a pesar de ser el Bunke quien recibiera el título de pájaro enjaulado, mediante el sello implantado en su frente, fuera Hinata quien concordara mejor con aquella descripción, habiendo sido condicionada desde el inicio por las relaciones estrictas, estructuradas y frívolas de su familia, habiendo sido criada en una jaula que la sofocaba y despreciaba por no ser digna de sus dorados barrotes. Por no ser su plumaje lo suficientemente brillante para portar sus plumas con orgullo. Por no ser sus alas capaces de hacerla alzar vuelo. Y había crecido por ello en soledad, abatida y desesperada. Apartada en un rincón, invisible, envuelta en tantas promesas quebradas. Promesas de lo que debía ser una familia, promesas de alguien que pudiera verla, que se preocupara por ella, promesas de no ser ignorada, no ser olvidada, promesas de existir por alguien y para alguien. Promesas que la vida no había parecido cumplir para ella. Promesas rotas que la habían dañado hasta el punto de secar sus lágrimas y amoratar su ego, destruir el amor por sí misma que debería tener.
Y había caminado un largo tramo de la vida en soledad, con la mirada triste y perdida, oyendo a través de las paredes lo que su padre tenía que decir sobre sus fracasos. Kiba se preguntaba si en algún momento lo habría odiado al punto de desear estar lejos de él, lejos de ellos, de todos. Era cierto que Hinata parecía incapaz de odiar, pero era, al fin y al cabo, humana, como todos. Y eso era tan cierto como la afirmación anterior.
Una voz suave lo sacó de sus cavilaciones —Umm... ¿K-Kiba?
El muchacho parpadeó desconcertado, notando que había permanecido mirándola fijo demasiado tiempo pero, afortunadamente, la joven no parecía haberlo notado —Oy, Hinata —rió—. Me distraje. ¿Decías algo?
Sus pálidos ojos de pupilas traslucidas se posaron en el sofá junto al que se encontraba el muchacho sentado, allí permanecía Kohaku acurrucado contra el respaldar, aferrando un juguete entre sus brazos, sumido en el más profundo de los sueños —K-Kohaku se durmió... y no sé como despertarlo para llevarlo a su cama. P-Pensaba q-que quizá t-tú podrías ayudarme.
El Inuzuka se puso de pié y sonrió, confiado de sí mismo —¡No te preocupes, déjamelo a mi!
Y sin decir más caminó hasta donde se encontraba el pequeño niño de tres años y lo tomó entre sus brazos, arrojándolo, de forma algo brusca, sobre su hombro como si se tratara de una bolsa pesada que debiera cargar. Hinata se apresuró rápidamente a su lado, preocupada por la forma en que Kiba sostenía al pequeño niño —¡K-Kiba, t-ten cuidado!
El castaño rió y le dio la espalda, mostrándole el rostro del niño, la mejilla de Kohaku presionada contra el hombro de él y sus ojos aún notoriamente cerrados —¿Ves? No se despertó. No tienes de qué preocuparte.
Hinata suspiró aliviada y asintió, bajando levemente la mirada —T-Tienes razón, l-lo siento.
—¡Uff! Que densa eres... te dije que no tienes que disculparte por todo conmigo —y dándose media vuelta cargó el niño hasta su habitación y lo depositó en su pequeña cama-cuna, con cuidado de no despertarlo y desvelarlo. Luego volvió a la sala, donde Hinata lo aguardaba sentada jugando con sus dedos inquieta. Irritado por el constante e incesante movimiento de las manos de ella se dejó caer a su lado y la detuvo colocando su mano sobre la de ella, para luego apartarla rápidamente, no queriendo que su compañera de equipo lo malinterpretara.
Sonriendo, intentó animarla —El crío ya se durmió —bromeó. Sabiendo que ella objetaría por su forma de llamar al pequeño hijo de su sensei.
—¡K-Kiba! —le reprochó.
La sonrisa en los labios de él se ensanchó aún más, comprobando que había estado en lo cierto —¡Bien! ¡Bien! No diré crío.
Ella asintió —G-Gracias por venir a ayudarme...
El chico chasqueó la lengua, colocando ambos brazos detrás de su cabeza y reclinándose hacia atrás hasta apoyar su espalda contra el respaldar del sofá en el que ambos permanecían sentados —No tenía nada mejor que hacer.
Hinata sonrió —E-Es agradable tener compañía...
Kiba devolvió alegre la sonrisa, repitiendo inconscientemente las palabras de ella en su cabeza, su cuerpo reaccionando con una calidez inmensurable —Lo mismo digo.
—¿Y A-Akamaru? ¿P-Por qué no vino? Siempre está contigo...
—Tenía que hacerse control, mi hermana está cuidando de él. Es para evitar que algo malo suceda, los perros también enferman.
—L-Lo se —musitó.
Maldijo su estupidez, no había querido que sonara como si estuviera tratándola de ignorante —Claro... —rascó su nuca incómodo por el breve instante de silencio, meditando sobre si debía o no preguntarle qué era aquello que la tenía preocupada y triste, finalmente decidió que sí, como compañero de equipo de ella que era, era su obligación hacerlo—. ¿Hinata?
La joven se volteó a verlo, aquella tristeza que había percibido antes había retornado a sus ojos blancos —¿S-Si?
—Se que no soy bueno para estas cosas, en realidad Shino es quien suele tener las palabras justas para la situación adecuada, yo soy un desastre pero quizá pueda ayudarte.
Hinata parecía desconcertada —¿A-Ayudarme?
El chico se cruzó de brazos y contempló al techo —Ajá, ya sabes... hablar. Estás triste ¿Verdad? ¿Es por Naruto? Porque si es por él no debes preocuparte, el muy idiota-
—¡N-No! —exclamó, avergonzada y comenzó a bajar gradualmente la voz—. N-No estoy t-triste por N-Naruto...
—¿No? —exclamó sorprendido, pasando a la siguiente posible, y quizá más lógica, teoría—. ¿Entonces qué? ¿Tu padre?
Hinata llevó sus rodillas contra su pecho y las rodeó con sus brazos, apoyando su mentón sobre estas y asintiendo débilmente con la cabeza. Dándole la inmediata respuesta al chico, que la contemplaba preocupado —¡P-Pero n-no es nada...!
Él entornó los ojos, no creyendo ni por un instante las palabras de la joven Hyuuga —No estás así por "nada".
—Y-Yo...
—No debería importarte —aseguró con firmeza y resolución. Hinata se volvió a él con los ojos abiertos desmesuradamente—, no debería importarte lo que él piense. Eso creo.
Y eso era justamente lo que había intentado por tantos años, ignorar los comentarios dañinos, pretender que no los oía, que no le afectaban, pero no había encontrado modo de lograrlo. La voz de su padre continuaba acechándola en las noches, en sus sueños, durante sus entrenamientos, repitiéndole una y otra vez que era un fracaso, un error, que no era lo suficientemente buena, indigna de ser una Hyuuga —L-Lo se... —p-pero es tan difícil. Pensó abatida, aún intentando ignorar a su padre fallaba.
—Olvídate de él, olvídate de todos los arrogantes Hyuuga que te consideran débil ¡¿Qué saben ellos?! —estaba claramente indignado por el trato que su propia familia tenía con la joven muchacha. En su clan, nadie abandonaba a nadie por ser más débil, por el contrario, se protegían mutuamente, como una manada.
—E-Es que...
—¿Y tu hermana?
Hinata bajó la mirada apenada —M-Mi p-padre la entrena p-personalmente, t-tiene grandes expectativas en ella... p-pero H-Hanabi a v-veces e-está muy triste, n-no es f-fácil c-complacer a m-mi padre.
—¡Tsk! Vaya padre...
Negó fervientemente con la cabeza, balbuceando con timidez en un esfuerzo de defenderlo —¡Él n-no es m-malo...! E-Es s-solo que... e-es así... T-También entrena a N-Neji... a-aunque no debiera h-hacerlo.
—Eso no lo justifica —masculló él aún claramente molesto, sin embargo no dijo nada en cuanto a la actitud de la chica de defenderlo. Podía entenderlo, aún cuando sabía que las actitudes del padre de Hinata la estaban dañando, aún cuando sabía que estaba mal, que era erróneo, podía comprender que lo quisiera, a pesar del odio que también debería sentir por él, era para él entendible. Hiashi aún era su padre, como lo había sido el padre de él.
—L-Lo se —susurró
Él exclamó, contemplando nuevamente el techo —¡Vaya padres nos tocaron!
Ante las palabras Hinata lo miró sorprendida, Kiba nunca había mencionado a su padre, ella solo conocía a la madre de él, Tsume, y a su hermana y se preguntó entonces porque no se había preguntado por el padre de su amigo antes. Por qué no había oído hablar de él antes, porque nunca antes lo había visto. Y se sintió egoísta, por no haberlo hecho, por lo que decidió preguntar entonces —¿K-Kiba, q-que sucedió c-con tu papá? ¿Esta...?
—¿Muerto? —dijo sin parecer demasiado afectado, lo cual asombró a la chica.
—Aja...
El castaño se encogió de hombros —No lo se. Me gustaría creer que no. Supongo.
—¿N-No sabes d-donde está tu papá?
—No, no tengo la menor idea —confesó—. Se fue cuando tenía cuatro años.
—¿L-Lo r-recuerdas?
—Sólo su olor. Hana era más grande cuando se fue, por eso sufrió más. Ella tiene sus ojos.
Hinata lo contempló, dudosa de atreverse a preguntar lo siguiente por temer que se tratara de algo demasiado personal, finalmente se decidió a hacerlo —Y tú... ¿P-Piensas en él?
Por un momento la nostalgia cobró cada lugar en los ojos negros de él para luego desaparecer de forma fugaz nuevamente, recomponiendo al instante sus facciones —A veces... —admitió— cuando era pequeño solía creer que volvería alguna noche, pero con el tiempo aprendí que no lo haría. Fue poco después que me dieron a Akamaru, él siempre estuvo conmigo.
Hinata asintió, invadida repentinamente por la tristeza de la historia de su amigo. Podía ver que el chico había sufrido por el asunto, aunque intentara por todos los medios ocultarlo —E-Eso es tan triste... ¿P-Por qué se fue?
Kiba sonrió de lado, uno de sus colmillos a la vista de la joven chica —Huyó aterrado de mi madre, eso creo.
—¿T-Te gustaría volver a v-verlo?
—No lo sé. Después de todo, él se fue. Sin importarle que dejaba atrás. Dudo que él piense en nosotros. Por eso no me importa, así como no debería importarte lo que tu padre diga de ti.
Hinata asintió, sonriendo débilmente a su amigo. Debía admitir que se sentía ligeramente aliviada. Más feliz. Nunca antes había tenido una charla de ese tipo con él, con Kiba siempre era todo bromear y actuar con despreocupación, a los ojos de ella él era siempre tan libre y alegre que le provocaba envidia, envidia de no poder ser como él, de ser siempre tan tímida y solitaria, pero ahora lo había visto realmente. Kiba era humano, tal como ella, sufría y tenía una grieta en su familia tal como ella. No era todo perfecto para él como Hinata solía pensar, y aún así Kiba se había vuelto a levantar, se había vuelto fuerte y digno de su clan, se había alzado sobre su abandono como ella intentaba hacerlo, y eso le daba esperanzas. Esperanzas de un día empezar a sanar, de empezar a olvidar y que toda cicatriz y rastro de dolor desapareciera. Y pudiera ella, empezar de cero, una vez más.
—G-Gracias...
