Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.

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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Como siempre, voy a intentar ser breve para no aburrirlos, diciéndoles gracias (a todos). Tanto a quienes se toman el tiempo de leer mi humilde historia como a quienes se molestan en dejarme un comentario con su opinión. Se que no soy escritora (lejos estoy de serlo) pero me esfuerzo por mejorar en lo que escribo y su opinión me resulta valiosa. Gracias. Espero sigan haciéndolo. Y, perdonen, si mis agradecimientos parecen demasiado formales y poco emotivos, es mi forma de escribir. De verdad les estoy eternamente agradecida.


Imperfección

XII

"Algo fuera de lugar"

Un sonoro ronquido llegó a sus oídos desde la sala, colocando la tetera con gentileza con una mano sobre la hornalla Hinata sonrió, girando levemente la cabeza para contemplar a su compañero de equipo, que aún permanecía allí desde la noche anterior, dormir. Kiba estaba extendido a lo largo del sofá, con la cabeza apoyada en el apoyabrazos, la boca levemente abierta, los brazos abiertos a ambos lados de forma despreocupada, una pierna estirada y la otra colgando lánguidamente al costado. Sus párpados relajados. Soltando una suave carcajada ante la imagen se volvió una vez más a la cocina, retomando lo que estaba haciendo. Con cuidado colocó las hojas de té y las dejó reposar por un considerable tiempo, preparando a la par las tazas y dejándolas alineadas una al lado de la otra al alcance de su mano, atendiendo a todos los detalles. Tan absorta estaba en sí misma, concentrada en la preparación del té en cuestión que no oyó el sonido del picaporte de la puerta de entrada girando suavemente. Sólo se percató de que había alguien más en la casa cuando oyó la voz femenina y familiar de Kurenai desde la sala, fuera por la razón que fuera sonaba sorprendida —¿Uh?

Vigilando aún el agua de reojo se asomó a la sala, una grácil y suave sonrisa en sus labios —K-Kurenai-sensei.

La mujer arrancó la mirada de su sofá para posarla en la joven Hyuuga, la cual la contemplaba con expresión amable —¡Hinata! —miró de reojo a su otro estudiante y luego volvió la vista a la chica, con cierta curiosidad—. ¿Qué hace Kiba aquí?

Hinata, rápidamente, hizo una leve reverencia —Uh... p-perdón sensei, espero que no le m-moleste, K-Kiba q-quiso v-venir a ayudarme a c-cuidar a Kohaku.

Una expresión de súbita comprensión agració las facciones de la mujer adulta —¡Oh! —exclamó, sonriendo. Hinata no comprendió porque Kurenai sonreía de aquella forma pero decidió ignorarlo, probablemente tuviera sus razones.

En ese instante un agudo silbido se oyó desde la cocina —¡O-Oh! —exclamó e inmediatamente retomó su labor. Tomando una taza más se dispuso a volcar el contenido, extendiendo con cuidado la mano y tomando con gracia y cautela la tetera y vertiendo el té en el interior de las vasijas. Rápidamente tomó una de las tazas y se la extendió a la mujer, su cabeza inclinada hacia abajo —¿U-Una t-taza de t-té, Kurenai-sensei?

Kurenai sonrió y aceptó la ofrenda —Gracias, Hinata. Es justo lo que necesito. La misión fue agotadora.

—E-Espero que esté bien...

La mujer dio un sorbo del humeante té, sintiendo su cuerpo relajarse al instante en que el líquido caliente descendió por su garganta —Está muy bien, Hinata.

—G-Gracias —susurró.

Entonces un soñoliento Kiba, despistado y aún en un claro estado de semiinconsciencia ingresó a la cocina, arrastrando los pies y alborotando sus mechones color chocolate con la yema de sus dedos, poco se percató de la presencia de alguien más hasta que esa persona habló —¡Hola Kiba!

La voz resultó confusa al principio pero luego se volvió familiar, inconscientemente ante el reconocimiento, se enderezó y volvió su cuerpo a la persona, sonriendo y rascando su nuca en un ademán nervioso —¡Eh! Kurenai-sensei. Regresó.

—Ajá —musito la mujer, aún contemplándolo de esa forma que el castaño tanto odiaba. Como si supiera algo de él que él mismo ignoraba, o pudiera ver a través de él.

—Umm... Vine a-

—Hinata ya me explicó.

Suspiró aliviado —Shino también se suponía que vendría pero tuvo una misión de último momento —no supo porque explicaba aquello a su sensei, ya que se trataba de una trivialidad, pero sentía la urgencia de hacerlo. Kurenai simplemente se limitó a asentir y dando media vuelta se encaminó a la habitación de su pequeño hijo, sintiendo que una noche lejos de él parecía una eternidad.

Kiba se volvió a Hinata, sonriendo alegremente —¡Buenos días!

—B-Buenos días, K-Kiba... —extendió una taza al chico—. ¿T-Té?

El Inuzuka parpadeó un par de veces antes de aceptar el objeto —¿Tú lo hiciste?

—S-Si.

—¡Vaya, te levantaste temprano!

La joven asintió suavemente —L-Lamento que h-hayas d-dormido en e-el sofá.

—¡Tsk! Como si me importara... he dormido en lugares peores. No te preocupes por eso, Hinata —masculló orgulloso dando un sorbo a su taza de té.

—E-Está b-bien.

Una sonrisa de colmillos desnudos agració sus facciones —¿Tú como dormiste?

—B-Bien, g-gracias.

—Mejor así, entonces.

Kurenai reapareció en ese instante junto con alguien más, una alta figura cubierta prácticamente por capas y capas de ropa y una gran campera color verde oscuro que cubría todo los demás, la única parte no escondida por la ropa permanecía oculta por una oscuras gafas negras. Shino permanecía de pie detrás de la mujer contemplando a sus dos compañeros de equipo en silencio, su atención enfocada particularmente en Kiba, sin embargo esto pasó desapercibido tanto para Kurenai como para Hinata, afortunadamente para él.

—Buenos días —murmuró el Aburame, su voz grave y profunda como siempre.

Hinata sonrió, feliz de ver a su otro compañero y miembro del equipo 8 —¡S-Shino! ¿Q-Quieres u-una t-taza de t-té? P-Puedo prepararte u-una.

El chico negó con la cabeza, declinando la oferta —Me gustaría pero tenemos una misión.

Las facciones del Inuzuka se tornaron en una de absoluto placer, su sonrisa socarrona y la vista de sus colmillos descubiertos dejaban entrever que la noticia de una misión lo emocionaba, lo excitaba de sobremanera pues él siempre buscaba ocasiones para alardear frente a los demás y captar su atención, aún si se trataba de su equipo, especialmente si de trataba de su equipo, al menos una parte de él. En su opinión, Kiba debía aprender a controlarse. Adquirir un dominio de sus emociones y aquellas pasiones que lo turbaban pues terminaría, tarde o temprano, estallándole en el rostro. Como una granada de mano, que de un segundo al otro podía estallar pues carecía de seguro, eso era Kiba. Y últimamente parecía aún más inestable, pero eso él no parecía notarlo.

—Oy, Shino ¿Tú no acabas de regresar de una misión?

El Aburame continuó contemplando a través de sus gafas oscuras a su compañero de equipo —Si.

—¡Woah! ¡¿Y ahora la Hokage te asignó otra?

Shino no pareció inmutarse —Si. La misión de anoche era concerniente al clan y no demandó demasiado esfuerzo, si eso insinúas.

Kiba rió, colocando ambas manos detrás de su cabeza en un gesto de arrogante despreocupación —¡Bah! No insinuaba nada, simplemente decía.

Sus ojos cubiertos por las gafas oscuras se apartaron de su amigo para posarse en Hinata, quien aguardaba atenta las instrucciones del Aburame —Debemos partir hacia el despacho de la Hokage.

—S-Si —exclamó, dejando la taza vacía sobre el lavabo y haciendo una leve reverencia a Kurenai—. ¡L-Lo s-siento Kurenai-sensei, q-quería l-lavar las tazas-

La mujer sonrió cálidamente, a pesar de los años transcurridos y todo lo sucedido Hinata seguía siendo la misma niña amable y servicial dispuesta a ayudar y capaz de anteponer a los demás a sí misma en su escala de prioridades, que siempre había sido. Incapaz de dañar a alguien voluntariamente, inocente y natural en su forma de ser y actuar, completamente transparente. Algo difícil de encontrar en el mundo en que habían nacido y les tocaba vivir —No importa, Hinata —aseguró. Feliz de haber sido ella quien se hiciera cargo de la joven Hyuuga desde el inicio.

La chica hizo una leve reverencia en señal de despedida y, junto con sus dos compañeros de equipo, abandonó el apartamento inmediatamente. Una vez que avanzaron los tres durante unas cuantas calles Kiba se detuvo, contemplando en una de las direcciones con decisión plasmada en su rostro —Ustedes adelántense, yo tengo que buscar a Akamaru para la misión.

—Umm... E-Está b-bien.

Shino colocó ambas manos en sus amplios y profundos bolsillos, su espalda encorvándose levemente —No llegues tarde.

—¡¿Qué?! ¡¡¿Cuándo llegué tarde?!!

La expresión del Aburame no se vio alterada en lo más mínimo y con la mayor naturalidad espetó —Siempre.

Kiba, ofendido y con aire desdeñoso hacia su compañero de equipo, se dio media vuelta y apoyando sus manos contra el suelo, sintiendo la rocosa superficie contra sus ásperas palmas, comenzó a correr en la dirección contraria, repasando en su cabeza los cientos de respuestas y contestaciones que podría haber dicho a Shino, sonriendo para sí mismo, pagado de los comentarios incisivos que se contuvo de decir.

—¡Se cree el líder! —masculló entre jadeo y jadeo corriendo hacia su casa, sus garras arañando el suelo áspero al mínimo contacto. Él no es mí líder. Bufó, la frustración apoderándose poco a poco de él. La indignación prevaleciendo por encima de todo. Se rehusaba a aceptarlo como tal, a reconocerlo como tal. En su jerarquía, Shino no era el líder. El macho alfa. Él lo era, Kiba. Y por esa razón no le obedecería, al menos no fuera del contexto de una misión, no le seguiría fielmente como un perro faldero. No lo haría. No porque fuera un capricho, un leve monto de arrogancia de su parte y una gran cantidad de autosuficiencia, no. No eran esos los motivos, si bien no estaban ausentes tampoco, eran otros. Nada personal. Sólo se trataba de su forma de ver el mundo. Y en su concepción de jerarquía y poder, Shino no tenía lo que se necesitaba para ser macho alfa. Él, por otro lado, sí. Siendo su salvajismo y ferocidad características, cualidades necesarias para dicho rol. No porque él las tuviera, sino porque se suponía un líder debía ser así. Dominante.

—¡Akamaru! —lo llamó, llevando sus dedos a su boca y emitiendo un chiflido lo suficientemente fuerte para que el perro –estuviera donde estuviera- lo oyera. El galope del animal rápidamente se hizo presente y se lo sintió retumbar a lo largo de todas las paredes de la casa. Jadeando, Akamaru apareció frente a él. Una sonrisa se extendió en los labios del castaño—. Ey, amigo. ¿Me extrañaste? —exclamó acariciándole la cabeza, el perro ladró en respuesta, a lo que Kiba replicó— Yo también. Pero ahora debemos irnos, tenemos una misión.

La noticia pareció complacer a Akamaru también pues un aullido de él manifestó emoción y excitación por la misión similar a la de su amo. Kiba riendo se aferró del pelaje blanco de la nuca de Akamaru y saltó sobre su lomo, dándole una palmada para que empezara a correr. Y así lo hizo. Sus patas oscilaron por unos instantes y luego echó a correr. Dejándolo todo atrás. Pronto la velocidad los sobrepasó, todo a su alrededor se volvió una confusa mezcla de colores, manchas y borrones sin forma alguna definida hasta que finalmente llegaron. Recobrando la visión normal de todo lo que se encontraba a su alrededor. Aún exaltados y jadeando, ingresaron a la habitación circular donde Shino, Hinata, Shizune y la Hokage aguardaban su llegada.

—Tarde —señaló la inconfundible voz de Shino, Kiba apretó los dientes pero se contuvo de decir algo, principalmente porque se encontraba la Hokage presente. En otra ocasión y bajo diferentes circunstancias probablemente ya habría escupido todos y cada uno de sus incisivos pensamientos.

Ignorando la mirada fija de su compañero en él caminó hasta pararse junto a Hinata, la cual al ver a Akamaru palmeó con suavidad su cabeza. Éste inmediatamente se sentó entre su amo y la chica y permaneció atento a la espera de las instrucciones. Kiba hizo lo mismo, así como también los miembros restantes del equipo 8.

Tsunade procedió a explicar en qué consistía la misión, aclarando su garganta —Se trata de una escolta.

Shino acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz, contemplando a la rubia mujer detrás del escritorio —¿Qué tipo de escolta?

—Su nombre es Yuuma Satou, es un criminal buscado por el país del viento y gran parte de otros países, fue encontrado merodeando los límites del país del fuego y capturado por Hatake Kakashi. El quinto Kazekage solicitó que fuera enviado pues al parecer contiene información sobre la desaparición de una chica de una aldea cercana a la aldea de la arena. De hecho, él es el acusado de su desaparición. Yuuma es lo que se llama "un depredador" y sus presas favoritas son jóvenes mujeres. Tengan cuidado, puede intentar escapar y es un hábil manipulador. Es por eso que los escogí a ustedes tres, en caso de una fuga serán los más adecuados para encontrarlo y recapturarlo. Asegúrense que llegue a destino.

Kiba asintió, cerrando su mano en puño frente a su rostro —¡Si siquiera lo intenta, se arrepentirá!

La mujer asintió suavemente —Confío en que puedan lograrlo. Shino —se volteó al mencionado—. Estás a cargo.

El hombre asintió —Entendido —y ante esto Kiba sintió su frustración volver a emerger desde el fondo de su estómago hasta los confines de su garganta, pero se forzó a olvidarse del asunto. No tenía sentido de todas formas fastidiarse por algo como eso, solo lograría malograr su desempeño en la misión. Y no quería tener que oír a Shino reprochándole su conducta.

Dio media vuelta, junto con Akamaru, Shino y Hinata y comenzó a caminar hacia la salida del despacho, repitiendo en su cabeza las órdenes que debían cumplir, una y otra vez, enfocándose en aquello que debía hacer, hasta colocar la mano en el picaporte, entonces se detuvo. Tsunade había vuelto a hablar, esta vez no a Shino, lo cual hubiera sido lógico dado que él era el líder asignado de la misión, no a él tampoco, sino a la joven Hyuuga.

—¿Hinata, puedes quedarte un segundo? —Shino miró de reojo a la Hokage y Kiba se volteó completamente hacia el escritorio, examinando a la mujer con desconcierto y curiosidad.

—S-Si... p-por supuesto —murmuró, tan confundida como el resto, dedicando furtivas miradas a sus amigos.

—Ustedes esperen afuera.

—¡¿Qué?! —exclamó el castaño sumamente alterado, y ofendido. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más o siquiera protestar, Shino colocó una mano en su hombro y, con un gesto de cabeza, le indicó que saliera. Haciendo que Kiba frunciera el ceño aún más.

Hinata se volteó a verlo —E-Esta b-bien, Kiba... —aseguró, volviendo la vista inmediatamente a Tsunade, y a Shizune, quien permanecía de pie y contemplaba en silencio la escena. Ambos jóvenes asintieron y sin mayor resistencia abandonaron la habitación, Kiba gruñendo y refunfuñando por lo bajo. Una vez afuera, cerraron la puerta. Shino se apoyó de espaldas contra la pared del corredor, cruzando los brazos, mientras que Kiba se dejó caer contra el suelo, frente a su amigo, sentándose –Akamaru a su lado- con ambos codos apoyados en sus rodillas, sus filosos ojos negros fijos en la puerta de madera que acababa de cerrarse.

Pasaron 15 minutos y Hinata aún no había salido —¿Qué crees que esté sucediendo allí dentro? —el Aburame se encogió de hombros, reticente a responder. Otros 5 minutos pasaron—. Bah ¿Por qué demonios nos echó? —una vez más la frustración regresó cuando Shino, por segunda vez, se rehusó a responder u opinar en el asunto. Idiota, pensó malhumorado. Realmente su compañero le crispaba los nervios. Al menos la mayor parte del tiempo.

Afortunadamente para él la puerta se abrió en ese preciso momento, revelando la figura que el chico reconocía como la de su compañera de equipo. Alborotado, se puso de pie —¡Oy, Hinata! —su expresión una de alegría. Sin embargo, su semblante rápidamente perdió la sonrisa y sus facciones se tornaron hacia abajo, como si toda la emoción abandonara rápidamente su cuerpo, se escurriera por él. Entonces, un escalofrío lo recorrió. Hinata no parecía la misma que había ingresado minutos atrás al despacho de la Hokage. Su nívea complexión parecía aún más pálida de lo normal, el débil tono rosado que siempre agraciaba sus mejillas había desaparecido por completo y había algo en sus ojos marfil que no podía descifrar. Algo que parecía no deber estar allí, algo fuera de lugar, pero no encontraba palabras para describirlo. No podía precisar el qué. Le era simplemente imposible. ¿Qué sucedió?.