Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.

13/20

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo, como prometido, subiendo el capítulo 13 de "Imperfección", un poquito más temprano (aunque no mucho). Voy a intentar actualizar más temprano mañana, a veces, las cosas más obvias simplemente se nos pasan y, siendo la presona distraída que soy, se me olvidó considerar los cambios de hora. Tonto de mi parte, lo se :). En fin, quiero agradecerles a todos aquellos que le dieron una oportunidad a mi humilde historia. Gracias, de verdad. Y gracias, aún más, a quienes se molestaron en hacerme saber su opinión. Honestamente, es la primera vez que escribo un KibaHina (dado que solía tener más afinidad por el NaruHina -ahora simplemente me gustan los dos por igual-) y no tenía idea de cómo este fic podía resultar. Me alegro, al menos, de que alguien lo disfrute. Creo que esa es la idea y me hace feliz saberlo. ¡¡Gracias!! A todos. Espero sigan disfrutando la historia, espero no decepcionarlos y ojalá este capítulo este a la altura de sus expectativas. ¡¡Nos vemos y besitos!!


Imperfección

XIII

"Perder el control"

Mientras aguardaban la llegada de Genma con el prisionero que debían escoltar la observó fijamente, en silencio, y a pesar de su indiscreción Hinata no pareció notarlo, de hecho no miró ni una vez en su dirección, lo cual encontró extraño. Hinata es del tipo de persona que no esta acostumbrada a la atención, rara vez los ojos están puestos en ella y cuando se da la situación, se pone tensa. Incómoda. Se remueve en su lugar trasladando el peso de su cuerpo de un pie al otro y si acaso sintiera cierta confianza con la persona, como era el caso de Shino y de él, se atrevería a pedir que dejaran de contemplarla de esa forma. Pero esta vez no parecía siquiera notar la mirada descarada del castaño sobre ella, de hecho no parecía reconocer el lugar donde se encontraban ni porqué estaban allí. Estaba perdida, sumida en sus propios pensamientos, inquieta y nerviosa. Luciendo más frágil y temblorosa que de costumbre. Por momentos parecía llegar a un hilo de pensamiento satisfactorio pues levantaba el mentón y la confianza inundaba sus ojos, pero luego rápidamente desaparecía, tras un manto de inseguridad y desesperación.

Se preguntaba qué sería aquello que le habría dicho Tsunade para afectarla de tal manera, Shino también parecía notar la actitud de su compañera pero no manifestaba ninguna opinión al respecto, ni siquiera con su lenguaje corporal, de hecho aún continuaba de pie –manos en los bolsillos- contemplando la salida de la aldea en silencio, como si todo lo que sucediera le fuera ajeno. Debía admitir que realmente odiaba la falta de emocionalidad de Shino, el hecho de su apatía lo frustraba.

—¿Hinata? —se atrevió a llamarla entonces, harto de conjeturar sin obtener resultado alguno. De todas formas no confiaba encontrar la respuesta por sí mismo, él no era como Shikamaru o como Shino, indiferente y misterioso, él más bien era frontal, simple y al punto del asunto. Tajante y a veces adusto. Torpe quizá, pero esa era su filosofía de vida y hasta el momento le había dado resultado.

La joven se percató de la voz familiar y se volvió a verlo —¿S-Si?

—¿Qué te sucede? Estás extraña desde que saliste del despacho de Tsunade ¿Qué fue lo que te dijo?

Pánico invadió sus blancos ojos, si bien por un momento, antes de ser reemplazado por una fingida calma —Oh... nada, K-Kiba. Nada importante.

Él presionó, aún sabiendo que Shino lo miraba con desaprobación desde donde se encontraba —¿Segura?

La Hyuuga asintió, levantando la vista y contemplando el cielo de forma distante —E-Es un bonito día ¿N-No creen?

Shino se mostró de acuerdo —Apacible.

Y Kiba supo entonces que se debía callar. Esa era siempre la señal de su compañero de equipo de cuando debía cerrar la boca, el cambio súbito de dirección de la conversación, ya que él parecía carecer de la capacidad para discernir, lo cual encontraba ofensivo y absurdo.

Cruzándose de brazos contempló a sus dos amigos conversar tranquilamente, él nunca sería como Shino, nunca podría serlo, carecía de la calma y paciencia que caracterizaba al chico. Se preguntó si esa sería una de las características que le agradaría a Hinata de su amigo. Él, por otro lado, era radicalmente distinto. Opuesto inclusive. Kiba siempre había sido aquel que se deslizaba de problema en problema. Siempre el centro de todas las miradas, el foco de toda la atención, atención por parte de los demás no siempre positiva. Su naturaleza impulsiva y extrovertida solía traerle complicaciones, allí adonde fuera tendía a ser inmediatamente reconocido como un claro problema y, lejos de sentirse avergonzado por ello le complacía. Debía admitir que siempre había gozado de ser el centro de atención allí donde pasara, y quizá por esa razón sentía que Naruto lo desafiaba, porque el rubio era también del tipo escandaloso que le gusta llamar la atención, y Kiba odiaba ser segundo. Desgraciadamente en algunas cosas, aparentemente, no podía ser evitado. Aunque eso claro no lo detendría, nada lo hacía.

Finalmente la aparición del Jounin con un hombre más atrajo su atención y descruzando los brazos contempló la figura del prisionero con una ceja enarcada. Se trataba de un hombre de aproximadamente 30 y tantos años, cabellos marrones cortos, grasientos y alborotados, una incipiente barba sin rasurar, que obviamente tendría de estar en prisión, y ojos negros, fríos y vacíos como pozos. Si no hubiera estado tan concentrado en la presencia de aquel hombre de aspecto lánguido y enfermizo, hubiera visto la expresión de Hinata al cruzar sus ojos blancos con los azabaches de él.

Inconsciente de todo lo demás, exclamó emocionado de partir —¡¡Estamos listos, entonces!!

Hinata asintió, posando su vista deliberadamente en sus compañeros de equipo —S-Si.

Shino prosiguió a amarrar las sogas que sujetaban las muñecas de aquel hombre al cuello de Akamaru, quien sería el encargado de asegurarse que el prisionero caminara a la par de ellos, Hinata miró por última vez hacia atrás, Kiba contempló hacia el frente y segundos después los tres se habían marchado, abandonado la aldea, con un único destino fijo; la aldea oculta de la arena.

Debido a la carga con la que debían lidiar se propusieron viajar por tierra, y aún con Akamaru jalando de la soga que lo mantenía unido al sujeto, éste continuaba retrasándolos, como prolongando el momento en que llegarían a la aldea de la arena, lo cual era probablemente lo que estaba haciendo. Sin embargo, Shino no dejaba de contemplarlo de reojo, a través de sus gafas oscuras, analizando cada movimiento e intencionalidad de él, asegurándose que no intentara escapar. Kiba, mientras, caminaba al otro lado de Akamaru, asegurándose que no sucediera nada con la soga que lo sujetaba, o que el prisionero no intentara nada que complicara su misión y su existencia. Afortunadamente, hasta el momento, todo iba a la perfección. Así que aprovechando la ocasión aceleró el paso y llamó a su compañera de equipo que caminaba unos pasos más adelante, colocando una mano en su hombro —Hinata —no obstante se vio forzado a retraerla cuando al mero contacto, los músculos debajo de los dedos de él se tensaron y la joven se sobresaltó y volteó agitada, contemplando sorprendida su propia reacción.

—U-Umm K-Kiba, l-lo siento.

El castaño continuó contemplándola extrañado, luego miró la palma de su mano y se preguntó si le habría hecho daño, quizá había sido muy brusco con ella, a veces tendía a no controlar su propia fuerza pero Hinata respondió la cuestión al instante, dispersando toda duda —L-Lo siento. M-Me sorprendí, e-es todo.

—Oh —sonrió él aliviado, notando la mirada dispersa de Hinata. Podía percibir que algo andaba mal con ella, que algo le preocupaba pero no podía precisar qué, y el asunto lo frustraba de sobremanera.

Aún así, poniendo todo pensamiento propio de lado, continuaron caminando y atravesando el país del fuego durante el resto del día. Si tenían suerte quizá llegaran al país de la lluvia, el cual quedaba de paso, antes de la caída del sol y podrían pasar la noche ahí, aunque lo consideraban un ideal lejano del cual no sostenían esperanza alguna pues el sujeto continuaba retrasándolos, resistiéndose a los tirones de Akamaru y caminando lo más lento que sus pies le permitieran.

Kiba, molesto, rechinó sus dientes —Oye, tú. Camina más rápido.

El hombre, Yuuma Satou, dedicó una sonrisa torcida al miembro del clan Inuzuka y ralentizó aún más su paso, provocándolo. El castaño apretó los puños y se contuvo de golpearlo, la misión decía que el prisionero debía llegar vivo, sin importar las circunstancias.

—Tienes suerte de que no pueda golpearte, sino ya te habría noqueado y te arrastraría personalmente al país del viento —el hombre, lejos de encontrar la advertencia de Kiba amenazante pareció encontrarla divertida, pues la sonrisa torcida en sus labios se ensanchó aún más, dejando entrever una fila de dientes parejos y blancos, no amarillentos y desgastados como hubiera esperado.

Mascullando por lo bajo para sí mismo se tranquilizó. Caminando con las manos en puños a ambos lados de su cuerpo y contemplando cualquier cosa que pudiera vislumbrar del camino que atravesaban menos hacia Yuuma, sabía que si lo veía directamente resurgiría el deseo en él de golpearlo y si volvía probablemente no podría contenerse, lo cual complicaría la misión para el resto del equipo, y no resultaría beneficioso para nadie.

Estaba respirando agitado, intentando calmarse, cuando el toque suave y liviano de una mano sobre su brazo lo detuvo de jadear enfurecido y borró inmediatamente todo pensamiento iracundo de su cabeza. Lentamente viró su cabeza a un costado y no pudo evitar sonreír al ver la gentileza con que Hinata le sonreía, era tranquilizador contemplar aquellos ojos blancos, le era imposible seguir enfadado, se sentía inhumano de solo mirar tan frágil criatura con ojos cargados de furia, injusto, eso sentía que era —He... Lo siento, Hinata. Supongo que me enfadé por una tontería otra vez —bromeó. Intentando alivianar la culpa de su conciencia. Por un instante había estado a punto de estallar su frustración en ella. Hinata negó suavemente la cabeza y continuó caminando, retirando inmediatamente la calidez del contacto de su mano del brazo de él. Suspirando, Kiba contempló el cielo en un desesperado intento de aclarar su caótica mente. Últimamente parecía más propenso a perder el control con facilidad, estaba algo más irritable, y debía admitir que el sentimiento no le agradaba. En absoluto. ¿Pero qué podía hacer cuando ignoraba la razón de sus esporádicos estallidos? Bueno, no del todo, pero al menos se forzaba a creer que no sabía la causa de su conducta. De esa forma podía conciliar el sueño de noche y continuar fingiendo que ignoraba lo que realmente había descubierto años atrás. Un descubrimiento que en nada le alegraba, contrario de la creencia popular.

—¡Bah! Soy un desastre.

—¿Por cual de todas las razones? —preguntó Shino a sus espaldas, no supo cuando había llegado allí ni como pero la voz del chico lo tomó desprevenido.

—¡Oy, Shino! ¡Te dije que dejes de hacer eso! —pero el Aburame no replicó, ni hizo ademán alguno de disculparse—. Deberías dejar de escuchar los pensamientos de los demás...

—Dejan de ser pensamientos si los dices en voz alta.

Kiba apretó los dientes —Sabelotodo. No es asunto tuyo de todas formas.

—Lo es si afecta nuestro trabajo en equipo y el resultado de la misión. Un camarada-

—¡No! Empieces con eso —alborotó sus cabellos marrones y furtivamente dirigió su mirada a Hinata por un segundo. El detalle no pasó desapercibido a Shino pero decidió que lo mejor no sería hacer comentario alguno al respecto.

—Pronto llegaremos a un lugar donde podremos acampar... —Kiba miró a su amigo y asintió, contemplando nuevamente a Hinata al instante en que el Aburame se marchó.

Por un instante permaneció contemplándola fijo, examinando cada una de sus facciones. Sus ojos, pálidos y aún así expresivos, las comisuras torcidas hacia abajo y el ceño levemente fruncido. Hinata estaba perturbada, podía notarlo, pero no podía comprender de qué forma. No entendía cual podía ser la razón para tal estado de alerta por parte de la chica, hasta que lo olió, lo percibió en el aire, el inconfundible olor a miedo, emanando de ella. Y con cada segundo el aroma se hacía más fuerte, poco a poco rozaba el pánico, si aguzaba su vista podía ver que la chica estaba temblando. De terror. Pero ¿Por qué? ¿Por qué temblaba de esa forma? ¿Qué podía estar amenazándola? Entonces lo comprendió, allí estaba, ante sus ojos y era tan obvio que se maldecía por no haberlo visto antes. Por no haberlo comprendido antes, cuando todo el tiempo había estado delante suyo.

¡Maldición!. Pensó, sintiendo su propio cuerpo temblar de furia, cada convulsión más violenta que la anterior, sacudiéndolo desde los cimientos. Ahora que lo veía no podía apartar la mirada, y todo a su alrededor era reemplazado por la urgente necesidad de desgarrarlo todo a su paso. De destruirlo. De destruir aquello que provocaba tal pánico en Hinata. De reducirlo a jirones y hacerlo desaparecer. Y lo haría, si renunciaba a contenerse lo haría, pero simplemente no podía, no quería perder el control.