Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.

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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Primero que nada, perdonen la demora. Tenía intenciones de subir este capítulo más temprano y se me hizo imposible. Espero sepan disculparme. Por otro lado, debo admitir que me gustó como quedó este capítulo pero dado que mi opinión es completamente irrelevante y subjetiva; me gustaría saber su opinión, si no es demasiado abusar de su bondad. En todo caso, como siempre, gracias. A todos. Les estoy eternamente agradecida, tanto con aquellos que se toman la molestia de hacerme saber su opinión como aquellos que leen mi humilde historia. ¡Gracias! De verdad. ¡Oh!, daphne-gabycoco, de hecho sí pienso de esa forma, sino estaría en problemas :). Y me alegra saber que a algunos de ustedes les esté yendo bien en sus estudios. En fin, espero que el capítulo les guste. ¡¡Nos vemos y besitos!!


Imperfección

XV

"Mordida"

Habiendo dejado a Akamaru a cargo de la situación con un breve "Vigílalo", salió disparado hacia el bosque a toda velocidad. Corriendo sobre sus cuatro patas, esquivando raíces emergidas de la tierra y usando de impulso árboles caídos. Podía olerla, aún a esa distancia podía percibir su aroma suave y casi imperceptible como si la tuviera frente a él en aquel preciso instante, posible gracias al fruto del arduo entrenamiento de su elevado sentido de olfato, rasgo característico de su clan. Y por ello estaba agradecido. Agradecido de poder hallarla sin problema alguno en aquella situación.

¡Debo apresurarme!. Pensó aún corriendo a toda velocidad a través de la espesura y oscuridad, cerrando los ojos y guiándose únicamente por su olfacción, esquivando sin problema alguno los obstáculos a su paso. Hinata. Concentró entonces toda su atención en los aromas que lo circundaban, al instante en que dejó de pensar en lo demás los olores se volvieron claros y distintos, perfectamente identificables. Olía a tierra, hierba, animales que permanecían ocultos de ellos y algo más, algo familiar, Shino al parecer también se acercaba en la misma dirección que él, y no había rastros de aroma a sangre en el ambiente. Lo cual era obviamente bueno.

Poco a poco, el aroma se hacía más fuerte, más próximo. Podía olerla cerca, más cerca, el aroma a humedad y algas abrazando la esencia de ella, opacando su suave fragancia. Rodeándola. Cerca de un lago. Dedujo, corriendo aún más velozmente, hociqueando el ambiente. Sabía que pronto llegaría, la distancia con cada paso parecía desaparecer.

—¡¡Hinata!! —gritó deteniéndose en seco, sudado y jadeando, en la pequeña costa de un laguna; sus ojos vagando rápidamente por la zona, intentando localizarla a ella, ubicarla. Shino llegó después, solo unos segundos más tarde.

Su voz profunda resonó en el silencio de la noche —Allí, allí esta —señaló, y caminando se acercó hasta ella y se acuclillo a su lado; contemplando la expresión perturbada de la joven muchacha. Kiba también se acercó a verla, agachándose al otro lado de ella.

Hinata permanecía recostada sobre uno de sus costados, ojos cerrados y labios fruncidos; en una clara posición fetal. Tanto sus brazos como sus piernas se encontraban plegados sobre sí misma y estaba temblando, tiritando, y a su lado yacía una cantimplora vacía y olvidada, toda el agua que había cargado estaba ahora derramada en la tierra debajo de ella.

Shino extendió una mano hacia ella y la observó retraerse al mero contacto, luego se volvió a Kiba, su expresión seria como siempre; sin embargo podía vislumbrar debajo de todo aquello que cubría su rostro preocupación.

—Se trata de un genjutsu —declaró, volviendo la vista una vez más a su compañera de equipo; inmóvil y rígida en el suelo.

—Pero, ¿quién? ¿cuándo sucedió? —exclamó indignado—. No puede haber sido antes de que se marchara, ¿o si?

Shino asintió, pensativo —Es probable —en ese instante la joven dejó escapar un suave gemido de terror.

—¡¡Debemos hacer algo!! —estaba irritado.

El Aburame volvió a hacer un sutil gesto de asentimiento, examinando con cautela y absoluta atención la conducta temblorosa y retraída de la chica. Luego, extendió sus dedos hasta la chica y; una vez más, colocó sus yemas sobre la frente de ella, apartando su oscuro flequillo.

—Liberar —pero nada ocurrió; Hinata no despertó, y permaneció encerrada en su propia mente, presa de aquel genjutsu que la estaba dañando. Genjutsu del nivel B; debió haberlo supuesto.

Hinata volvió a gemir —¡Maldición! —dijo Kiba.

Shino negó lentamente con la cabeza —Esto no funcionará, es una técnica avanzada; deberás morderla.

—¡¡¡¿Qué?!!! ¡¡No!!

—Debes hacerlo —murmuró, inmutable—. No hay otra opción.

—De ninguna forma, me rehúso —Hinata gimoteó nuevamente entre sueños, claramente perturbada.

—Kiba —le advirtió, viéndolo contemplar nervioso a la chica inmóvil delante suyo—. Es lo que se debe hacer.

—Eh... Pero... ¡¡Maldición!! ¡¿Por qué yo?!

Afortunadamente para él Shino era paciente y sabía mantener la calma, aún a pesar de la situación —Por razones más que obvias —señaló los colmillos del chico.

Kiba pasó inconscientemente la lengua por la punta de su canino, sintiendo el filo de su blanco diente —Está bien.

Decidido, tomó la mano de Hinata por la muñeca –no sin sentir una leve resistencia por parte de ella, que lo hizo vacilar- y la acercó a sus labios; percibiendo el aroma a sal y óxido de su sangre pulsar debajo de su piel, por sus venas; provocándole repentinas náuseas. Componiéndose, cerró fuertemente los ojos; acercó la boca a la pálida piel de la chica, aferrando su agarre alrededor de su muñeca; descubrió sus largos colmillos y, sin vacilar, los enterró en la palma de ella. Atravesando su carne. Sus labios temblaban involuntariamente.

—Hm... —un gemido de dolor. Los ojos de él permanecieron cerrados, no quería ver la expresión de sufrimiento en ella cuando despertara. No quería sentirse culpable.

Aún así, continuó con sus dientes clavados en la mano de Hinata; sintiendo poco a poco las gotas de sangre, la sangre de ella, haciendo cosquillas en la punta de su lengua, escurriéndose por su boca, goteando por sus labios. De pronto, la muñeca de ella se había tornado roja; delgados hilos color escarlata fluían por ella.

—Suficiente —dijo Shino finalmente.

Los ojos de Kiba se abrieron y tras lamer, inconscientemente, la herida; que él mismo había provocado, se apartó; contemplando con expresión aliviada el despertar de su compañera de equipo.

—Lo siento —jadeó, soltando su muñeca. Pequeños rastros de sangre en sus labios.

—¿Q-Qué...? —Hinata miró la herida, desconcertada y con expresión ausente.

—Genjutsu —respondió Shino.

Al parecer, Hinata acababa de recordar lo sucedido pues llevó una mano a su cabeza, en señal de reconocimiento, sin darse cuenta que la palma que había apoyado contra su frente aún sangraba. Y cuando Kiba intentó apartársela, se estremeció, apartándose del contacto de él. Cientos de imágenes invadieron su cabeza. Imágenes de perversos ojos negros, yemas de dedos y uñas recorriéndola por entero.

El castaño la contempló desconcertado, preocupado por que ella estuviera enfadada con él por morderla —¿Qué?

—L-Lo siento... —susurró, intentando recomponerse de las imágenes que había visto. Convenciéndose de que había sido un sueño, un mal sueño, solo eso. Nada real.

—¿Qué te hizo? —la voz de él volvía a derramar furia; parecía ser que Kiba, al igual que Shino, habían descifrado de que se habían tratado las alucinaciones.

Inconscientemente, rodeó –con la vista fija en la hierba debajo de ella- su cuerpo con sus brazos. No quería decirles la verdad, no se sentía con la fortaleza suficiente para contarles en qué consistían las fantasías de Yuuma. ¿Sería eso debilidad? —N-Nada... Y-Yo...

Pero el Inuzuka no se quedó a oír el resto, simplemente se puso de pie y comenzó a marcharse en dirección de regreso al campamento, gruñendo enfuriado —¡¡Suficiente!! ¡Le quebraré el cuello si es necesario!

—¡N-No! —balbuceó Hinata, aún sentada en el suelo.

—¿Qué? —la cuestionó dándose media vuelta. Indignado. No podía creer que la bondad de Hinata fuera tan inmensa como para perdonar a semejante monstruo de la naturaleza.

—N-No l-lo hagas, Kiba.

—Pero-

—Recuerda la misión —insistió Shino. Dedicándole una mirada sugerente que indicaba que debía calmarse.

Sus nudillos se tornaron blancos de tanto apretar sus puños; sin embargo, fue Hinata esta vez quien lo detuvo de regresar al campamento y golpear al sujeto que la había atacado.

—K-Kiba, n-no debes h-hacerle nada...

—¿A qué te refieres? —masculló irritado.

La joven bajó la mirada y comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos, como habitualmente solía hacer —D-Debo p-permitir que use su G-Genjutsu en mí.

—¡¡¿Qué?!! —chilló. Aparentemente, a diferencia de él, Shino no estaba sorprendido por aquello.

Aún así, la muchacha continuó explicándose —L-La Hokage m-me advirtió que lo haría, y m-me dijo que lo dejara hacerlo. Q-Que me mostraría adonde e-estaba la c-chica desaparecida...

—¡Pero-

—Yo... p-puedo h-hacerlo, K-Kiba. Q-Quiero h-hacerlo —y por un instante miró los dos pequeños orificios amoratados en la palma de su mano—. S-Se q-que puedo...

No tuvo más remedio que asentir, ¿qué podía hacer? ¿derribar la confianza en sí misma que con tanto esfuerzo había logrado construir a lo largo de la misión? ¿negarle la posibilidad de probarse ante sí misma y ante los demás? No podía. Era cierto que Kiba era egoísta, pero no podía dañarla de esa manera. Simplemente no podía. Algo que le costaría aceptar pero que debería hacerlo, tal como había hecho Shino hacía demasiado tiempo.

—Bien —aceptó de mala gana, sonsacando una sonrisa de agradecimiento de la chica y una expresión de aprobación de su amigo. Sabía que estaba haciendo lo correcto, entonces ¿por qué no lo sentía de esa forma?

—G-Gracias, Kiba.

A pesar de su renuencia, sonrió —Seguro. ¡Oh! Y lamento lo de tu mano, Hinata. Supongo que ahora deberé ser yo quien te vende —bromeó.

La joven contempló los dos puntos morados y negó con la cabeza, sonriendo —E-Está b-bien Kiba. N-No te preocupes, puedo hacerlo s-sola.

Él rió —Supongo que sí; de todas formas, eres mejor que yo en eso.

—Debemos volver al campamento —intervino Shino. Hinata rápidamente asintió y se puso de pie, sacudiendo sus ropas de cualquier resto de tierra y hojas que hubieran quedado en ella.

Y así; los tres se encaminaron de regreso a donde se encontraba Akamaru, aún con el prisionero amarrado a su cuello e ignorando la mirada voraz que dirigía a Hinata; y la expresión de placer en su rostro al confirmar que había empujado, una vez más, al joven castaño a su límite, forzándolo a que reaccionara. Pero Kiba lo ignoró, y decidió hacerlo por el resto de la noche que acamparon en aquel lugar. Forzándose a no cruzar miradas con el sujeto por miedo a perder todo control sobre sí mismo y atacarlo, pues sabía que lo haría, si tenía la oportunidad de hacerlo. Pero, aún a pesar de su resolución, no durmió en toda la noche –aunque fingió hacerlo-; ¿cómo podría? Sabiendo sus intenciones, conciente de que a su lado Hinata gimoteaba entre sueños siendo presa de las mas perversas fantasías de aquel hombre. Presa de su genjutsu. Y la sola idea de imaginarse lo que estaría sucediendo en su mente lo crispaba; imaginándose como aquel hombre la contaminaba, haciéndole creer que podía tocarla, que podía dañarla y ensuciarla; forzarse sobre ella de la peor forma. Aunque en verdad no pudiera, pues Kiba y Shino nunca lo permitirían, nunca lo dejaría acercarse a ella; ya que, aún Shino, a pesar de su apariencia calma y serena, jamás permitiría que hirieran a Hinata. De ninguna forma. Antes, preferiría perder su vida.

A su lado, Hinata volvió a gemir de terror. Y abriendo los ojos, notó que alguien más la observaba, alguien más no conciliaba el sueño, aunque quizá fuera mejor fingiendo que él. Shino también estaba despierto.