PLAN DE JUEGO
CAPITULO III: ¿Elena y Paris o Roy y Riza?
Después de ese agradable visita para Havoc, desagradable para ella, Riza se dedicó a terminar algunos pendientes. A las cinco de la tarde la temperatura aún seguía alta pero ya no era tan sofocante como por la mañana.
Antes de poner un pie en el baño dispuesta a tomar una ducha; sonó por segunda ocasión su timbre. Esta vez con mayor cautela se asomó antes por la mirilla, no es que pensara que Havoc estaría nuevamente ahí con algún absurdo pretexto; pero mas valía prevenir, para su fortuna era Nolee, tan pronto le abrió la estridente voz de la joven se escuchó.
-"Riza, me acabo de enterar que hoy tenías una fiesta en casa de uno de los militares. ¡Es verdad eso!" -Hablaba visiblemente emocionada.
-"Si es cierto, pero como te enteraste" –Y nuevamente Riza se pregunta como podía estar enterada de todo ¡acaso era adivina!.
-"Eso no importa e venido a ayudarte con tu arreglo ¡no te importa cierto!. Sé que es a las 20:00 aún tenemos tiempo" –Antes de que la pobre teniente pudiera replicar, Nolee ya se encontraba en el baño llenando la bañera y revisando sus productos. –"Riza aguarda aquí, voy rápido a mi casa por algunas cosas; tu sabes perfumes, jabones, lociones y perlas para la bañera"
Cinco minutos después Riza se sentía como aquellas doncellas siendo custodiada por su dama de compañía. Y aún desde la bañera escuchaba la voz de su vecina interrogándola de cabo a cabo por la fiesta.
-"¡Oh! Por dios, no puedo creer que pretendas dejar solo a Hayate, no puedes y sabes que yo misma le confeccionare un lindo disfraz" –Fue lo último que escuchó Riza antes del portazo que indicaba que su vecina había salido hacia su casa; por alguna nueva sorpresa.
Para cuando regresó venía cargada de algunas telas, adornos y demás figuras. Mientras se dedicaba a confeccionar el disfraz que luciría Hayate, Riza continuaba con su arreglo.
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-"Coronel, puedo saber porque eligió comprar un disfraz en una tienda tan cara, si solo lo va a usar una vez, no sería mejor si lo alquila" –Trataba de hacer mas ameno el ambiente que se había formado entre ambos hombres.
-"Usted conduzca y no pregunte Havoc. Mejor dígame ya tiene usted el que llevara" –preguntó fastidiado sin mirarlo con su rostro recargado sobre su brazo en la ventana.
-"No pienso buscar uno, cualquiera me da lo mismo. Bien llegamos"
La tienda como bien lo había dicho Havoc, era una de las más caras del lugar, estuvieron viendo algún tiempo los disfraces pero pareciera como si ninguno le agradara a Roy. Después de haberse probado el décimo; un traje de cowboy que al juzgar por la expresión de las jóvenes que lo atendían le iba de maravilla. Y así lo creyó hasta que llegó a sus oídos un imperceptible. –"Habías visto un trasero tan magnifico como el de él"- -"Nunca, es lo mejor hasta ahora" –fue la respuesta de su compañera, sin poder quitarle la vista de dicha parte del cuerpo del hombre.
Entre un gesto de apenado y molesto, acompañado de una pequeña vena de su cien que amenazaba con aparecer regresó al probador y se lo quitó, saliendo fastidiado por no encontrar nada digno de él. Llevaba una hora y al contrarió de él, Havoc se encontraba sentado coqueteando con una empleada, sin importarle su disfraz, pues para él las cosas eran sencillas recorrer el lugar con su vista y pedir su talla del primer traje que enfocara.
Aparentemente sus opciones se habían agotado, después de pasar por el tradicional traje de payaso (una humillación para su ilustre persona), seguido del de samurai (demasiado peso para su flojera), por el de bufón (acorde para Havoc mas no para él), descartada la botarga de perro (Breda moriría de un infarto si lo viera), cowboy (seguro esas jóvenes no lo dejarían salir sin antes tocarle sus encantos), finalizando con un atuendo feudal, perfecto para él de no ser que era tan chico, que llegó a jurar que era la talla de fullmetal.
Maldiciéndose a sí mismo por dejar todo a último momento; salió dispuesto a recorrer otra tienda llamando casi a gritos a Havoc, que ya no se encontraba en su lugar. Salía de un probador con un reluciente atuendo: un traje negro, camisa blanca con una pañoleta alrededor de su cuello, capa, sombrero de copa y una mascara que cubría la mitad de su rostro.
Roy no pudo evitar reprimir un ligero tic en su ojo, inspeccionó en silencio el traje... verdaderamente era perfecto para él... y la imagen que se formó en su mente de él llevando eso puesto distaba mucho de cómo lucía Havoc... sonrió maliciosamente al saberse mas guapo que su compañero pero su sonrisa se quebró cuando escuchó a las mismas jóvenes reír y murmurar con el mismo tono socarrón y embelesado que cuando miraban el trasero de Roy.
En ese momento los deseos latentes de comprobar científicamente la teoría de Combustión Humana Interna (con una pequeña ayuda, claro), alcanzaron sus máximos niveles y las yemas de sus dedos comenzaban a juntarse.
-"¡AH! Coronel sea sincero y dígame como me queda" –preguntó inocentemente Havoc, viéndose en el espejo y guiñándoles el ojo a las chicas.
-"Fantástico Teniente, no lo piense mas ese traje esta hecho para usted" –Exclamaron las jóvenes. El susodicho enrojeció al escuchar esas palabras, y sintiéndose en el cielo... ya se imaginaba rodeado de bellas mujeres mas tarde en la mansión Armstrong... con suerte Riza se encontraría entre ellas. Pero salió de su trance al escuchar la sarcástica voz de Roy.
-"Si puede que luzca bien, pero desde luego dista mucho de cómo me verán las mujeres cuando me vean entrar con ese traje" –Habló haciendo gala de su ego señalando un disfraz frente a él, Havoc volteó hacía donde señalaba.
-"Coronel esta seguro que ese disfraz es el que va a usar" –Preguntó no estando seguro de lo que había dicho Roy.
-"Claro, nadie que no sea el gran Roy Mustang puede lucir con tanto porte un atuendo como ese"
De regreso a casa del coronel Havoc no dejaba de pensar, que le había visto de especial a ese traje Roy para que lo eligiera...personalmente él nunca usaría nada que tuviera una falda. Pero bien... después de todo se trataba de Roy y seguro pretendía seducir con aquel atuendo a la hermana de Armstrong. Rió por lo bajo al imaginarse esa escena.
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En su casa Roy no pudo dejar de preguntarse que rayos había pasado por su mente o que objeto le había atrofiado el cerebro para que escogiera aquel atuendo.
Debía aceptar que dejarse conducir por la ira lo llevaría a la perdición. Ya suficiente había tenido con el trauma de que todos en el Cuartel le mirasen las piernas a Riza, cuando cumpliera su promesa de lucir una minifalda. Aún con el enojo de por medio no pudo evitar sonreír ante la imagen de su Teniente, que solo él era capaz de formarse.
Dejó el disfraz en la cama y se sentó junto a él, observándolo como si la ropa fuese a hablarle y darle la respuesta. Pensó en ir a otra tienda y esta vez alquilar un mejor atuendo, pero se había tardado bastante en aquella y ya no había tiempo. Así pues como buen militar que era tuvo que aceptar su destino, conformarse con ese disfraz y verle el lado positivo. Después de todo de eso se trata la vida, ver siempre lo bueno de esta. Se arremangó el pantalón giró un poco su pierna observándola detenidamente, para después sonreír satisfecho –"Bah, puedo lucirlo... no están tan mal" – se puso de pie y se dirigió a la ducha.
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Riza observa por el espejo como la joven sujetaba con las piernas al pobre de Hayate tratando de tomarle algunas medidas para terminar su disfraz. Sonrió ante tal escena, era increíble como a pesar de que ella mas tarde se quedaría sola ponía tanto empeño en ayudarla.
Regresó su vista a su imagen y terminó de aplicarse un polvo sobre el pecho, cuando se puso de pie para ponerse el vestido se le unió la joven ayudándola a ponérselo sin arruinar su maquillaje y peinado.
-"¡Oh! Riza verdaderamente luces como una diosa, estoy segura que con ese vestido el hombre del que tanto me haz hablado caerá rendido a tus pies"
-"Nolee de quien hablas, yo nunca te he contada nada de eso"
-"De quien mas hablo de ese Coronel, amigo tuyo. No me puedes negar que no te gusta... por lo menos un poco"
-"No nada de eso Roy... es decir el Coronel Mustang solo es mi superior" –pronunció apenada ante la sinceridad de la joven.
-"Ok, pero entonces ven te ayudo a terminar, para que después de esta noche sea algo mas que tu superior" –Y haciendo caso omiso a las protestas de Riza, la volvió a sentar frente al tocador y contribuyo a su imagen.
La rubia mujer sabía que toda protesta seria inútil así que dejó que ella se hiciera cargo de su imagen. Le había aplicado en el cuerpo un tono cobrizo logrando con esto que tanto su piel como vestido resaltaran, para terminar estaba con una brocha aplicándole algunos brillos en el pecho y hombros, cuando Hayate atraído por los ligeros destellos se lanzó sobre ambas, tirandose en el lomo el frasco.
Riza le agradeció su ayuda al verse una vez mas en el espejo: había maquillado sus ojos con un tono coral que como efecto producía que cada que el reflejo de la luz daba a su cara este brillara de varios tonos, de acuerdo al ángulo en que cayese la luz, sus pestañas con mascara lucía inmensamente larga, sus labios de un tono durazno con gloss, y a pesar de que llevaría un antifaz se sintió orgullosa de poseer ese rostro.
Así con Hayate como su compañero de último momento abordó el taxi que la llevaría a la mansión Armstrong.
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El caso de Roy distaba mucho del de su teniente. Mientras que ella había pasado las últimas horas bromeando y dejándose consentir por su vecina. Roy tenía que lidiar con un atuendo que databa del siglo XII a.c. Y es que si bien aquel atuendo no cubría demasiado si implicaba cierta destreza al momento de colocar tantos aditamentos.
Así pues después de casi una hora de enfrentarse brutalmente y donde solo podía haber un vencedor; no había margen de error y cualquier descuido podría costarle no solo la vida sino también que una parte mas de su cuerpo quedara al descubierto. Roy Mustang salió airoso de su lucha contra un traje de troyano.
Su atuendo como ya lo hemos dicho, era el tradicional de un guerrero troyano: el pecho protegido por una tela curtida de color ocre, encima de este la cota, como buen guerrero el uso de falda no podía faltar y para ese efecto, Roy uso debajo unos boxers negros, botas con cordones, protección en brazos y piernas, espada y escudo griegos acompañado con el casco que nunca uso, solo como aditamentos para resaltar el vestuario.
Antes de salir de su casa como todo buen hombre gallardo no pudo abstenerse de mirarse en el espejo y apostar casi a muerte, que si él, el alquimista de la llama hubiera vivido en la época de la batalla de Troya, en definitiva París no hubiera conquistado el corazón de Elena, en su lugar se narraría la historia de cómo: Roy Mustang el troyano conquistó el corazón de la bella Riza... es decir de la bella Elena.
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La mansión Armstrong se encontraba finamente decorada, sus grandes y espléndidos jardines estaban bañados de luces y las flores que recién habían brotado desprendían su fina fragancia, sobre las fuentes y pequeño estanque se reflejaba la luna tiñendo el agua de plata. Desde el salón llegaba una música clásica y el murmullo de la gente que ya se encontraba ahí.
Catherine como era tradición lucía un sencillo pero elegante vestido largo, de la época feudal, según la historia Armstrong de esos años datan los primeros registros de su familia.
Era un vestido rosa pastel, que en la parte superior se ceñía a su figura y el discreto corset realzaba su pecho, dejándolo descubierto adornado por una gargantilla, la parte inferior seguía siendo de satén dándole un grácil vuelvo cada que ella caminaba, calzaba unas zapatillas de pulsera haciendo juego con su ropa. Su cabello lo llevaba atado debajo de un adorno de pequeñas perlas.
Su hermano el mayor Alex Louis Armstrong había optado por algo conservador un simple traje negro, atuendo de un cortesano. Se conmovía cada que presentaba a su hermana a un recién invitado, y no dejaba de alabar lo bella que estaba. Y ciertamente había cambiado, su cuerpo de niña había quedado atrás y ahora con aquella ropa se veía como una bella mujer. Que de no ser porque el mayor aparecía misteriosamente detrás de ella cada que un militar o amigo de la familia se acercaba a ella, ya mas de uno la estaría cortejando.
Todas las miradas fueron atraídas de pronto hacia la entrada, fijas en un solo punto y tanto hombres como mujeres dejaron a un lado lo que sea que estuviesen haciendo para observar con celo, asombrados y maravillados a la persona que en ese momento caminaba hacia las escaleras de entrada a la mansión.
Riza Hawkeye seguida de su acompañante, trataba de serenarse y disimular esa extraña sensación que experimentaba con todas esas personas observándola. No era para menos si la mujer sacando provecho al cálido clima y su figura, había elegido un vestido casi traslucido... mismo que usaban las mujeres griegas, adecuado especialmente a ella.
Su vestido estaba hecho de una tela fresca, seda que se ceñía con celo a su blanca figura, sostenida con un broche a cada lado de los hombros, debajo de los senos se sujetaba por un listón amarillo pálido, el corte irregular dejaba al descubierto su pierna derecha, luciendo en el muslo una liga de encaje, cayendo la tela sobre su pierna izquierda, sus pies iban calzados con unas sandalias que se sujetaban con listones, del lado derecho solo lo había amarrado en su tobillo en tanto que la izquierda atado hasta su rodilla. Creando cierto contraste al caminar, su cabello lo había ondulado, sujetando algunos mechones con una peineta.
Subió mostrando una espléndida sonrisa que armonizaba con los sutiles movimientos de cadera que daba conforme subía. Hasta Hayate se había contagiado de la alegría de su ama y miraba de un lado a otro. Catherine se adelantó y maravillada por la elegancia de la joven que aún desconocía, y quitándose el antifaz en forma de mariposa le dio la bienvenida, Riza la felicitó entregándole un presente y guiada por la rubia entró a la mansión.
Quedándose platicando en medio del salón Riza se preguntó si en verdad lucía tan distinta a como era cuando paso al lado de sus compañeros y la saludaron como si nunca antes la hubiesen visto. Siguiéndola con la mirada hasta que se perdió entre la gente, regresaron la cara y murmuraron algo entre ellos.
Por segunda vez en la noche, las miradas se posaron nuevamente hacia la entrada, aunque esta vez la mayoría se trataba de mujeres, hablando entre ellas de lo bien que lucía Roy Mustang que solo 15 minutos después de Riza entraba al salón. Fue recibido afectivamente por el mayor, que llevado por la emoción de verlo por primera vez en su casa lo abrazó acorazándolo con sus fuertes brazos levantándolo algunos centímetros del suelo, produciendo que todas las presentes observaran las torneadas piernas del militar y un poco mas.
Quitándose con algo de trabajo al mayor, Roy se reunió con sus compañeros que después de una amena platica que a ratos interrumpía buscando con la mirada a alguien. Decidió preguntar por ella.
-"Alguno de ustedes me puede decir quien es la hermana del mayor, le preguntaría yo mismo a Alex pero no quiero que me rompa las costillas" –Recorriendo nuevamente la sala en busca de su rubia compañera.
-"Es aquella que esta junto la puerta que conduce al patio" –Le respondió Falman sin voltear a aquel lugar, pues minutos antes la había visto ahí platicando con otra persona.
Roy esbozó una grata sonrisa ante la imagen de la mujer y sin pensarlo dos veces caminó hasta ella, verdaderamente era hermosa aquella rubia que estaba de espalda a él.
Catherine se había despedido de Riza cuando reconoció al Teniente Havoc, se excuso de la mujer diciendo que tenía algo que tratar con aquel hombre. Que de alguna manera había llamado su atención mas que durante su primer encuentro.
No hace falta decir que ninguna de las dos vio cuando llegó Roy, aunque hace poco Riza había estado buscando a alguien no lo localizó, antes de que fuera a reunirse con sus compañeros, reconoció la voz del hombre que según entendió la había confundido.
-"Catherine es usted la hermana del mayor Armstrong. Seguro que si, pero como esta noche esta prohibido decir nuestros nombres, no me responda. Aunque sepa que soy el Coronel Roy Mustang"- Diciendo esto realizó un pequeña reverencia.
Riza sonrió mientras se preguntaba si actuaba así con todas las mujeres, de ser cierto comenzaba a conocer el porque de su éxito, era evidente que ninguna mujer podía resistirse ante tanta caballerosidad y desde luego que su porte ayudaba.
Sin decirle nada mas solo indicando con las manos la invitó a salir, ella aceptó gustosa aún sin pronunciar palabra hasta que ambos se instalaron en una banca cerca de la fuente y rosales.
CONTINUARA...
Si se preguntan porque tarde tanto, verán me costo mucho trabajo describir la ropa de ambos, en especial la de Roy, así que espero se hallan hecho la misma idea que yo pretendí. En realidad en un principio Roy iba a usar el traje de Havoc, pero platicando con una amiga pensamos ¡que tal si enseña pierna, así como un traje de gladiador, y eso iba a hacer hasta ayer que me dije, no espera Riza va de griega y el de romano... ¡no, mejor que tal si lo viso de troyano. como lo narra la mitología jaja... y ahí esta.
Gracias a todas: Lady2scorpio, Queka-chan, the princess of the dark, beautifly92, Marip, Kimera Kuiroaki..., motoko-asakura, unubium, riza-san, dayane cristina.
HATSHEPSUTH
