Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece. Obviamente.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Finalmente, el capítulo final (como prometido). Y, si no significa un abuso de su bondad, me gustaría saber qué les pareció tanto el capítulo (y por ende el final) en particular como la historia en general; solo si no es demasiada molestia. Espero, de todas formas, que este a la altura de sus espectativas y no haya resultado demasiado cursi. Y, por supuesto, como siempre quiero agradecerles a todos los lectores de la historia; por haber pensado que -quizá- valía la pena leerla y seguirla a lo largo de todos sus capítulos. Gracias a todos. Obviamente, gracias también -y con un poquito más de énfasis- a aquellos que me hicieron saber su opinión. Espero poder usar a futuro sus opiniones para seguir mejorando. Gracias, de verdad. A todos les estoy eternamente agradecida. En fin, espero que sea de su agrado. ¡¡Nos vemos y besitos!!
Imperfección
XX
"Perfección"
Caminó en círculos aguardando la llegada de su compañero de equipo, inquieto. Shino había dicho que llegaría a las 12 del mediodía, y él nunca llegaba tarde. Nunca. De hecho, solía enfadarse cuando él –Kiba- lo hacía.
Sabía, también, que su amigo pasaría por la casa de Hinata antes de acudir al entrenamiento, desde la repentina desaparición de la muchacha, una semana atrás, siempre lo hacía. Y él siempre aguardaba ansioso la llegada de una noticia junto con la llegada de su amigo, pero nunca aparecía. No que él preguntara. De hecho, ni siquiera había explicado lo sucedido aquel día a Shino pero sabía que no necesitaba hacerlo. Él lo sabía, no sabía cómo pero lo hacía. Y esa era una de las cualidades de su compañero de equipo que más apreciaba. Con Shino, las palabras sobraban, no había necesidad de llenar los silencios con vanas conversaciones. No tenía que hablar abiertamente de sus problemas para que él los supiera. Afortunadamente para él, pues Kiba no era del tipo sentimental que gusta de compartir lo que pasa por su cabeza. Él prefería seguir con el acto de tipo duro, fingiendo que nada de lo sucedido le afectaba o llegaba a tocar alguna cuerda suya en su interior. De esa forma, era más fácil.
—¡¿Dónde demonios se metió?! —rugió, tras detenerse un instante, alborotando sus cabellos cobrizos. Akamaru soltó un sonoro ladrido, contemplando a su amo caminar agitado, sentado debajo de la sombra de un gran árbol. Kiba se volvió a verlo, frustrado —No te preocupes Akamaru, solo estoy algo inquieto. Lo único que necesito es entrenar.
El perro soltó un gemido y se echó sobre la hierba, cerrando los ojos y con la lengua afuera. El Inuzuka lo contempló algo más calmado.
—Tienes razón, quizá debería sentarme e intentar aprovechar el tiempo... —Akamaru ladró y la expresión de su amo se tornó una de amargura—. No lo sé. No creo que Hinata venga hoy tampoco, amigo. De todas formas, tú y yo podemos entrenar juntos. Aunque claro, no es lo mismo.
—No, no lo es —murmuró una voz detrás suyo haciendo que el chico se sobresaltara. Fastidiado, se volteó a ver al recién llegado miembro del clan Aburame. Había estado tan ensimismado en su conversación con Akamaru que no había sentido cuando había llegado allí.
—¡¿Qué demonios?! ¡¿Cuándo llegaste aquí?!
Aún debajo de toda esa ropa pudo verlo encogerse de hombros —Recién.
Kiba frunció el ceño —¿Por qué te demoraste? Tú no sueles llegar tarde...
—Lo siento, me demoré en el complejo del clan Hyuuga.
La expresión del castaño se tornó una de culpa y remordimiento. Se atrevió, por primera vez, a preguntar sobre ella —¿Cómo está... Hinata?
Shino contempló el cielo, meditabundo —Esta entrenando duro.
La frustración pasó a ocupar todo el lugar que antes llenaba la culpa. Lo que su amigo había dicho no respondía a su pregunta y sabía bien que Shino lo sabía —¿Dijo algo?
El Aburame enarcó una ceja —No.
—Maldición —jadeó, sus manos cerrándose en puños a ambos lados de su cuerpo. Su postura envarándose y sus colmillos asomándose inconscientemente.
Shino observó el gesto con curiosidad y el semblante serio —La calma es un don.
Kiba soltó un gruñido —¡No me digas que me calme! —para luego recomponer su expresión, una vez pasado el impulso—. No me hagas caso.
Su compañero simplemente lo rodeó caminando con calma hasta donde se encontraba Akamaru, luego se volteó a verlo —Entrenemos, más tarde parto en una misión.
El castaño lo contempló indignado, hacía demasiado que no tenía una misión y eso era justo lo que necesitaba. Una misión. Algo con que aclarar su mente, calmarse y despejarse, olvidarse de todo, lejos de Konoha. Aún así, el destino parecía querer jugarle una mala pasada pues aún permanecía allí, estancado. Forzado a tolerar con paciencia la engorrosa rutina, un día tras otro, y él no era un hombre paciente; nunca lo había sido.
—¡¿Por qué Tsunade no tiene una misión para mí?!
Shino permaneció de pie, frente a su compañero de equipo y amigo —Huir no te llevará a ningún lado.
Kiba pareció ofendido —¡¿Quién dijo que quiero huir?! —protestó—. No tengo nada de qué huir, y no soy un cobarde.
El Aburame encontró entonces prudente no decir nada más referente al asunto, por lo que se limitó simplemente a aguardar a que su compañero tomara posición ofensiva y diera así por iniciado el entrenamiento.
Kiba, entonces, decidió no hacerlo esperar más y juntando sus manos delante de su pecho comenzó a hacer circular su chakra a lo largo de su cuerpo, una y otra vez, murmurando— Gijyuu ninpou, Shikyaku no jutsu —mientras sus garras y colmillos se prolongaban lentamente y su expresión se tornaba aún más feroz de lo normal.
Shino lo imitó, haciendo surgir de las mangas de su abrigo cientos de insectos de chakra, que rápidamente su ubicaron a su alrededor y colmaron el campo de entrenamiento.
Kiba arremetió, sin siquiera dar tiempo al Aburame de prepararse para el impacto. Aún así, a pesar de la velocidad del chico, Shino logró esquivarlo sin mayores dificultades, haciéndose a un lado y frenando la patada de su amigo con el brazo; el cual evitó caer contra el suelo cayendo sobre sus manos y volviendo a intentar asestar un golpe con el pie, golpe que, una vez más, Shino lo detuvo. Pero Kiba lo intentó una vez más, cayendo sobre pies y manos y arremetiendo contra él, haciendo que Shino tuviera que defenderse con un espeso enjambre de insectos. Insectos que comenzaron a revolotear alrededor de él y lentamente fueron alimentándose de su chakra.
Kiba rugió, molesto, haciendo girar su cuerpo a gran velocidad, destruyendo todos los insectos a su paso —Tsuuga!! —pero Shino envió más—. ¡¡Maldición!! Estúpidos insectos... ¡¡Tsuuga!!
Uno a uno, los pequeños bichos negros cayeron inertes al suelo. Jadeando, arremetió contra su amigo una vez más. Molesto por no poder asestar un golpe certero, y aún más fastidiado por no ser todavía suficiente la adrenalina que corría por la sangre en sus venas. Por no ser suficiente la dosis en su cuerpo. Necesitaba más, un poquito más, para sentirse libre y fuera de control. Solo un poquito más, para sentirse bien.
¡¡Aaarrrggggg!! —bramó, corriendo a toda velocidad hacia Shino con el puño alzado y las garras afiladas; impactando de lleno en la mejilla de su amigo, haciendo que su rostro virara a un lado violentamente y sus gafas salieran volando y cayeran contra el suelo.
Shino, aún sin inmutarse, caminó hasta donde se encontraban sus antejos oscuros y volvió a colocarlos sobre el puente de su nariz, acomodándolos con caución antes de volverse a su compañero de equipo con ambas cejas alzadas. Fue entonces que Kiba vio el efecto de su impacto contra el rostro del chico, su mejilla se encontraba inflamada, ennegrecida, y cuatro cortes, producidos por sus garras, sangraban superficialmente.
El Aburame se limpió con la manga de su gran abrigo, contemplando el carmesí de la mancha pensativo; luego se volvió a Kiba, justo en el instante en que este se iba a disculpar —Creo que por hoy terminamos.
El Inuzuka se envaró y contempló su puño con culpa. Había perdido el control, se había olvidado por completo que aquello se trataba de una simple práctica y había golpeado a su amigo con todas sus fuerzas. Lo había atacado con toda su voluntad. Y Shino no lo había esquivado, deliberadamente; eso Kiba bien lo sabía. Quizá para hacerle ver, quizá para probarle algo, pues así era él.
—Eh... —quiso disculparse, quiso hacerlo, pero su orgullo no se lo permitió ya que hacerlo significaba admitir que tenía un problema. Que verdaderamente el asunto con Hinata lo estaba alterando, y él quería pensar que no era así. Que estaba bien, que seguía siendo la misma orgullosa, impulsiva y despreocupada persona que siempre había sido. Que ella, Hinata, no había logrado colarse debajo de su piel, de sus defensas. Pero ese no era el caso.
—Todos necesitan algo de espacio y algo de tiempo —murmuró, a su lado, palmeándole el hombro. Kiba nunca supo cuando su amigo llegó allí ni porque volvió a repetir aquello que le había dicho hacía un tiempo atrás, pero eso dejó de tener sentido cuando Shino volvió a hablar; mirando serio hacia donde apuntaba la espalda de Kiba—. Buenos días, Hinata.
El castaño se envaró y Shino sintió la tensión del hombro de él debajo de sus dedos. Dándole una casi imperceptible palmada más, volvió a hablar; esta vez para despedirse —Yo debo irme, tengo una misión. Adiós, Hinata.
La voz suave y vacilante de ella, replicó —A-A-Adiós, Shino... —sin embargo; Kiba permaneció de espaldas a la joven, con ambos ojos cerrados, percibiendo el aroma a lavanda y té verde que lo intoxicaba y desconcertaba tanto. Sin atreverse a decir nada.
Viendo esto, Hinata decidió hablar, armándose de todo el valor que podía conseguir en un instante como aquel, aunque sin poder evitar balbucear torpemente —K-Ki-Kiba.
Pero él no respondió, por lo que decidió intentarlo una vez más, aún si su voz parecía perder fuerza a cada segundo —¿K-Kiba? —lo llamó, tímidamente.
Finalmente, el castaño se giró a verla. Su expresión una mezcla de culpa, cansancio, confusión y frustración —Hey...
La joven permanecía mirando sus pies —H-Hola.
Viendo esto, decidió avanzar un paso hacia ella pero al ver lo incómoda que la muchacha se sentía en su presencia volvió a retroceder. Intentando alivianar la tensión, bromeó —¿Sabes? Puedes acercarte a mi, no te morderé. Lo prometo.
Una suave risa escapó de los labios de ella pero su expresión rápidamente se tornó seria, una vez más —L-Lo siento.
Él rascó su nuca, desconcertado —¿Por qué? Tú no tienes que disculparte por nada; en todo caso, soy yo quien debería disculparse —sonrió, hablando con firmeza—. Pero no lo haré —añadió.
Los ojos blancos de ella se posaron rápidamente en los de él. Kiba permanecía de pie, firme, sonriendo con orgullo —¿Q-Qué?
El chico se encogió de hombros y dio un paso hacia ella, aún con aquella sonrisa plasmada en los labios —Lo siento, pero no me arrepiento. Al menos no lo último, aunque si lamento haberte gritado. Lamento haber hecho eso.
—Y-Yo... n-n-no es-estoy enfadada...
Él parpadeó, sorprendido —¿No? Deberías, fui un idiota.
—E-Esta b-bien, K-Kiba. N-No importa.
Una sonrisa se dibujó en sus labios —Entonces admites que fui un idiota.
—¡N-No! —exclamó abochornada—. N-No q-quise de-decir eso.
Kiba rió, sonora y estrepitosamente —¡Solo bromeaba, Hinata!
La vista de la joven volvió a posarse en sus pies —Oh...
—Pero... deberías decirme si realmente estás enfadada, no tienes que ser amable conmigo. Soy fuerte ¿Recuerdas?
—Umm... Y-Yo...
Él dio otro paso hacia ella, quedando frente a frente con la muchacha. El rostro de Hinata a la altura de su pecho; y aún a pesar de la proximidad, no la tocó —No tienes que decir nada si no quieres.
—P-Pero q-quiero...
La expresión de él se tornó una de expectativa, no había esperado que Hinata decidiera confrontarlo, menos aún que deseara hacerlo —¡¿De verdad?!
Ella asintió débilmente con la cabeza, intentando armarse de valor para decir todo lo que había pensado durante aquellos días; pero no podía. No podía transponer ningún pensamiento en palabras, era como si estuvieran estancados y alguien le hubiera robado la voz, o esta se hubiera atorado en su garganta —Uh... Y-Yo...
Kiba se inclinó hasta quedar su rostro a la altura del de ella —¿Ajá?
Las mejillas de ella enrojecieron repentinamente por la proximidad —Uh...
Al notar esto, decidió dar un paso hacia atrás; en parte satisfecho de poder lograr un efecto similar al que Naruto solía provocar en ella —Te hice sonrojar, eso es nuevo —bromeó.
Hinata levantó la mirada apenada —L-Lo, s-siento...
—¡Y otra vez disculpándote por tonterías sin sentido! Ya deberías dejar de hacerlo. Te dije, no tienes que disculparte por todo.
—L-Lo- —sonrió débilmente— Esta bien.
Kiba rió —¡Así esta mejor!
Y sin previo aviso, Hinata dio el paso restante que los separaba y se aferró a su remera, enterrando su rostro en el pecho del chico. Avergonzada y sonrojada. Temblando suavemente.
Kiba bajó la mirada, completamente desconcertado, y colocó una mano sobre la cabeza de ella —Hey ¿Qué sucede? —Hinata murmuró algo contra el pecho de él que el castaño no logró entender —¡¿Qué?!
Hinata solo se aferró más, intentando encontrar las palabras para decirle lo que le estaba intentando demostrar —Umm...
Los ojos negros de él se abrieron desmesuradamente, finalmente comprendiendo, o creyendo comprender, lo que Hinata quería dar a entender, entre titubeos y tímidas acciones. Su expresión se tornó una de emoción, sin embargo, no quería tener demasiadas expectativas; y tampoco quería malinterpretarla, sus impulsos ya le habían jugado malas pasadas en otras ocasiones —¿Quieres decir...? ¿...que quieres...?
Ella volvió a asentir, con la mirada oculta contra la remera de él.
—¿Y Naruto?
Al oír su nombre, Hinata vaciló y esto Kiba lo percibió al instante; forzándose a sí mismo a apartarla de él, a arrancar el agarre que la muchacha tenía sobre su ropa, molesto. Sus ojos oscureciéndose repentinamente —No quiero que aceptes por lástima, Hinata. No necesito tu lástima.
Una lágrima amenazó con escapar de sus blancos ojos —¡N-No! —exclamó, elevando la voz todo lo posible. Sin embargo, sonó quebrada y tan débil, o más, que antes.
Kiba negó con la cabeza, soltándola —No tienes que hacer esto. No tienes que complacer a todo el mundo, todo el tiempo. No tienes que complacerme a mí, y no tienes que pensar que es tu deber hacerlo Hinata. No tienes que preocuparte tanto por los demás, ocúpate de ti.
Y dando media vuelta comenzó a marcharse, pero una vez más, ella lo detuvo; aferrándose a la espalda de él con todas sus fuerzas, como si de ello dependiera su vida —K-Kiba... N-No t-te v-va-vayas —hipó—. C-Con S-Shino, s-son las ú-únicas personas q-que m-me aceptan, n-no quiero q-que te vayas.
—¿Irme? —exclamó, deteniéndose y dándose media vuelta para enfrentarla—. ¿A dónde crees que me iré? No iré a ningún lado, Hinata.
Ella parpadeó un par de veces, pequeñas lágrimas oscilando al filo de sus níveos ojos —¿N-No?
Él rió —¡¡No!! Además, tengo mucho tiempo. No me rendiré así de fácil, ya me conoces. Puedo ser muy obstinado cuando me lo propongo.
Una vez más, ella lo contempló confundida —¿P-Por qué? —no podía entenderlo. Simplemente no podía.
—¿Por qué quiero insistir contigo? —preguntó, Hinata asintió—. Pues, porque te quiero, quizá más... —replicó con soltura y sin la menor vergüenza.
Hinata lo miró atónita, con los ojos desbordados y el corazón latiéndole violentamente contra el pecho. Finalmente acababa de comprender lo que Kiba había estado intentando decirle —¿T-Tú m-me a-amas?
—Pensé que eso había quedado claro cuando te besé.
—P-Pero... ¿P-Por qué? ¿P-Por qué yo?
—¿Por qué no? ¿Por qué Naruto?
La joven bajó la mirada, dolida y apenada —P-Porque... P-Porque él es como yo...
Kiba enarcó una ceja —¿Crees que yo no se cómo eres, Hinata? Sé más que ese tonto de Naruto sobre ti. Se que cuando caminas sola te miras los pies, solo cuando te acompañamos Shino y yo alzas la mirada. Se que te esfuerzas y te escabulles para entrenar, porque te he visto, y se que lo haces pensando en él —su voz se tornó amarga—. Se que haces lo imposible por retrasar el regreso a tu casa al final de cada día. Siempre crees que todo es culpa tuya y te disculpas interminables veces por tonterías. Te preocupas más por los demás que por ti misma y quieres ser amable y complaciente con todos, aunque sacrifiques tu propia felicidad. ¡Oh! Y te ves a ti misma como alguien imperfecto.
—P-Pero...
—Te tengo noticias Hinata, nadie es perfecto. No tienes que serlo, no para mí.
—P-Pero t-tu siempre dices q-que n-no d-debo ser t-tímida.
—Solo porque tú no quieres serlo. Pero por mí, estás bien tal y como estas. No hay nada malo contigo, pero nunca me crees cuando te lo digo.
—Y-Yo...
—¡Bah! Ni siquiera tienes que responderme, solo... no te molestes porque siga intentándolo ¿Si? Lo haré siempre que no te moleste mi compañía.
—¡N-No, K-Kiba! —bajó tímidamente la mirada—. M-Me a-agrada tu compañía... m-mucho.
Él sonrió, amplia y alegremente, sus largos colmillos asomando por debajo de su labio superior —¡Genial! Entonces seré asombrosamente persistente. Me conoces, no acepto un no por respuesta.
—P-Pero... N-Naruto...
Kiba extendió la mano y tomó con obstinación la de ella, ignorando la mención del rubio de los labios de Hinata —Que haga esto... ¿Te molesta?
La Hyuuga negó suavemente con la cabeza. La sensación era agradable, debía admitir, bastante, pero sabía que no debía decir aquello —N-No...
El chico sonrió, estrechándole la mano con más fuerza y atrayéndola hacia él descaradamente —Esto tampoco ¿Verdad?
Hinata vaciló —N-No.
Una vez más, con desfachatez, enterró su rostro en los largos cabellos oscuros de ella. Inspirando profundamente su intoxicante y abrumador aroma, que aunque suave alertaba todos sus sentidos —¿Esto? ¿Te molesta?
Un pequeño escalofrío la recorrió cuando Kiba susurró aquellas palabras en su oído y su cálido aliento chocó contra la desnuda piel de su cuello —Umm...
—Detenme si algo te molesta —suspiró una vez más contra la pálida piel de ella, ascendiendo su otra mano hasta sujetarla por la nuca y acercarla hacia él. Hinata tembló.
Y sin darle tiempo a objetar o detenerlo la besó, no brusca y firmemente como lo había hecho la última vez, sino más suave y despacio. Tomándose todo su tiempo para saborear sus labios, aún si por dentro deseaba aumentar la intensidad del beso, devorarla, se contuvo. Aguardando, esperando una reacción de ella. Reacción que no esperaba pero que tras unos segundos llegó, tímida y suave, como lo era ella. Temerosa, quizá de estar haciéndolo mal. Y, conociéndola, probablemente eso fuera lo que estaría pensando. Aún así, no la soltó, la estrechó contra él aún más, aferrándola como temiendo que de un instante al otro se fuera a arrepentir o fuera a escapar, y continuó besándola. Esta vez con un poquito más de vigor, pero permitiéndole a ella mantener el ritmo del beso. Percibiendo la suavidad de los labios de Hinata y deteniéndose a inspirar el aroma abrumador que trepaba sin piedad por su nariz, provocándole ardor y deseo. Asegurándose que fuera ella quien deseaba continuar con aquello y, pasados unos minutos, decidió profundizar el gesto aún más, escabulléndose por entre sus labios hasta el interior de su boca, sonsacándole a la muchacha un débil jadeo.
Temeroso de haberla ofendido, se apartó; a pesar de no desear hacerlo —Bien, bien. Me detendré —jadeó.
Hinata bajó la mirada, apenada. Su corazón palpitando violentamente contra sus costillas, una y otra vez, como si quisiera romper la caja toráxica que lo contenía, quebrarla, pareciendo oprimir a la vez sus pulmones, arrebatándole todo el aire que le quedaba.
Kiba la contempló preocupado, aún sin soltarla —¿Estás bien, Hinata?
Ella asintió —S-Supongo...
—Podemos parar si quieres, puedo detenerme —aunque aquello no era necesariamente cierto—. Lo siento —sonrió—. Te dije que era malo resignándome. No entiendo muy bien eso del no por respuesta —bromeó.
Hinata sonrió, débilmente —L-Lo se.
Había algo extraño en todo aquello, la forma en que Kiba la había besado había sido diferente; como si lo hubiera hecho teniéndola en consideración a ella, como si deseara que entendiera algo que había intentado decirle desde la primera vez. Como si ella fuera para él lo más importante. Nunca antes nadie la había antepuesto a sí mismo, nunca antes nadie había considerado las necesidades de ella como más importantes sobre las propias. Nunca antes nadie la había tratado como lo había hecho Kiba, nadie le había dado el lugar que él le había dado. L-Lugar...
El Inuzuka la contempló aguardando, algo impaciente, una respuesta —¿Hinata?
—U-Un l-lugar... —susurró, absorta en sus pensamientos; sin percatarse que Kiba aún la sostenía posesivamente por la cintura.
—¿De qué hablas? —la cuestionó, enarcando una ceja.
Hinata negó con la cabeza —N-Nada... —aunque aún permanecía insegura; y deseaba que Kiba lo intentara de nuevo, pero no se atrevía a pedirlo y tomar la iniciativa quedaba descartado pues temía hacerlo mal—. Umm...
—¿Qué? Dímelo. Puedes decirme lo que sea.
Pero ella no estaba tan segura de ser capaz de hacerlo —Uh...
Aún así, él pareció comprender sus intenciones o, quizá, no pudo controlar sus impulsos propios y volvió a reclamar los labios de ella como propios, besándolos con deseo renovado, mordiéndolos y succionándolos como deseando marcarlos como si de su propiedad se tratara. Queriendo hacerle sentir a través de la carne lo que él sentía en aquel instante. El placer y éxtasis del momento, y los sentimientos y sensaciones por tantos años acumulados. Y lo hizo, supo al instante en que ella devolvió suavemente el gesto, que lo sintió, que pudo percibirlo a él a pesar de la brusquedad y la exigencia. Y lo aceptó, aunque vacilante y temerosa lo hizo. Sintiendo por primera vez algo que había deseado sentir en mucho tiempo, algo que había buscado toda su vida. Pertenencia. Un lugar propio en el mundo. Nadie antes le había dado ese lugar, ni siquiera Naruto. Y aunque no estaba segura del todo, pues nunca se podía estarlo, lo sentía como correcto. Como siempre había pensado que se sentiría hallar ese lugar al que regresar, ese lugar llamado hogar, eso que tanto había anhelado y había pensado que nunca encontraría. Aunque no fuera lo que había pensado que sería, o había esperado. Pues siempre había pensado que ese lugar estaba en otro lugar, valga la redundancia, y con otra persona. Con alguien que no era Kiba, y nunca lo sería. Y, aunque siempre amaría a Naruto, pues le debía demasiado, su vida. Quizá, solo quizá, no sería él el indicado. No era él su lugar. Sino alguien más... quizá. Solo quizá.
—Estás toda roja —se burló, con una amplia sonrisa en los labios—. Me pregunto si tendré algo que ver en eso.
El color de las mejillas de ella se tornó aún más intenso, si es que acaso aquello era remotamente posible —¡K-Kiba!
Una carcajada estridente ascendió por la garganta del chico —Oy, no tienes de que avergonzarte, Hinata. Solo bromeaba. Además, me gusta verte así.
Las palabras de él, sin embargo, no resultaron consuelo alguno sino que ayudaron a hacerla sentir aún más abochornada que antes; forzándola a ocultar su rostro con sus manos de la vergüenza.
Kiba volvió a reír, plantando un beso en las manos de ella; rozándole la piel con los filosos colmillos —¡Bien! ¡Bien! Prometo no decir más nada.
Ella se asomó por entre sus dedos —¿D-De v-verdad?
Él fingió seriedad —De verdad —sus facciones rompieron en una sonrisa—. Aunque no puedo prometerte nada a largo plazo.
—¡K-Kiba!
—Bromeaba... solo bromeaba.
Ella asintió, y recostó su cabeza contra él. Apoyando su mejilla contra su pecho, sintiendo el latido errático de su corazón. Lo cual arrebató de la muchacha una suave sonrisa, pues él también estaba confundido, y nervioso y desconcertado, como ella, por dentro; a pesar del firme y seguro exterior, él tampoco sabía. No tenía idea de qué hacer, tal y como no la tenía ella; y por primera vez en su vida no importaba. Nada importaba. Ni siquiera la soledad que había tenido que sobrevivir a lo largo de su vida, o la decepción o la debilidad. Porque ahora, todo parecía tener sentido, aunque las cosas no fueran como siempre había pensado que serían. No importaba, no lo cambiaría por nada.
—K-Kiba... —susurró.
Toda su atención se centró en ella —¿Si?
—C-Creo... q-que quiero i-intentarlo...
Los ojos de él se abrieron desmesuradamente —¡¿De verdad?!
Hinata asintió, una cálida sonrisa en sus labios —S-Si.. eso c-creo.
Y, por tercera vez, no pudo evitar arrebatarle un beso. Demandante y a la vez lento. Suave e intenso. Como siempre había deseado hacerlo. Y ella no se opuso, lo cual provocó en él aún más placer; y, súbitamente, las palabras de Shino asaltaron su cabeza. Todos necesitan algo de espacio y algo de tiempo, había dicho; recordó. Pensando todo el tiempo que se había referido a dejar algo atrás, como sus sentimientos por Hinata o la angustia que la chica había sentido tras aquella funesta misión, pero, ahora pensaba que quizá, solo quizá, Shino se había referido a algo más. Pero, claro, era solo una teoría, ya que Shino nunca se lo diría.
Al fin y al cabo, Hinata era imperfecta y ahora veía que él también lo era, imperfecto. Incompleto. Dependiente, como nunca antes lo había sido. Jamás, en su vida, había necesitado a alguien más; y ahora estaba enredado. Embrollado en ella, y eso a Kiba poco le importaba. Poco le afectaba.
Después de todo, él nunca había buscado la perfección.
FIN
Agradecimientos a: hyuuga, daphne-gabycoco, Lizirien, LennaParis, daniela, okashira janet, anau, rubi_uchiha, Kedra 85, Yakumo2112, Kotorii-Chan, girl-hatake95, yo95-catblack- y pilar.
Perdón si me olvidé de alguien, no fue mi intención. ¡Gracias a todos!
