Hola, bueno, pues sin mas preambulos aquí está el tercer capítulo de esta historia. Muchas gracias a mi amiga TheCursedPrincess91 por todo su apoyo, espero que te guste este capítulo. Saludos.
Juegos de Video
Capítulo 3: Juguemos
Max llegó a su casa e inmediatamente después de cruzar la puerta su padre, Goofy, lo recibió con su acostumbrado ritual de abrazos, besos en la mejilla y preguntas acerca de cómo había estado su día. Max en verdad odiaba tener que pasar por esto todos los días más nunca se había atrevido a decírselo a su padre por temor a lastimarlo, además solo debía soportarlo unos pocos minutos, no era para tanto.
Sabía muy bien que Goofy solo lo hacía para demostrarle cuanto lo quería y ese no era ningún crimen. De hecho apreciaba y agradecía tener un padre tan bueno y cariñoso como él, de poder escoger no lo cambiaría por nadie, aunque claro que a veces podía ser un poco empalagoso.
Como sea había aprendido a vivir con ello y en ocasiones hasta disfrutarlo. Una parte de él aún sentía la necesidad de seguir siendo un niño, aunque nunca lo aceptara abiertamente.
-¿Cómo te fue Maxi?- le preguntó Goofy.
-Bien, Pa, dentro de lo que cabe- respondió Max.
-¿Te dejaron mucha tarea?- siguió Goofy.
-Oh si, bastante- contestó Max desanimado -¿Por qué tienen que dejar tarea los viernes?-
-Pues no lo sé hijo, cuando yo tenía tu edad sufría el mismo problema con eso. Pero no te desanimes, piensa que mañana es Sábado- lo animó Goofy.
-Sí, eso me consuela bastante-
-Y dime, ¿fuiste a esa tienda de juegos de la que me hablaste la otra vez?-
-Claro que si, y está genial. Tienen de todo ahí- respondió Max alegremente.
-Supongo que encontraste lo que estabas buscando- dijo Goofy.
-Sí, de hecho encontré mucho mas, mira- dijo Max comenzando a sacar todos sus juegos nuevos.
Goofy se sorprendió bastante al ver tantos cartuchos de juegos de video saliendo de la mochila de su hijo. Más se sorprendió al ver los precios de los mismos.
-Oye, Max, ¿no crees que gastaste mucho en estos juegos?- preguntó Goofy.
-No te preocupes, me dieron precio de mayoreo- contestó Max mostrándole sus nuevas adquisiciones.
Goofy se relajó un poco al escuchar esto ultimo y fue cuando un cartucho color negro llamó su atención. El adulto lo tomó y lo inspeccionó algo confundido.
-El Imperio Demoniaco- leyó Goofy -¿No que no te gustaban los juegos de horror, Max?
-¿Ese?, ignóralo, me lo prestó Bobby- dijo Max sin prestar mucho interés.
-Me sorprende que se lo pidieras prestado, no es del tipo de juegos que usas-
-Yo no se lo pedí, solo se trata de un ridículo desafío. Él y P.J. creen que esa cosa está embrujada y me retaron a jugarlo- explicó Max.
-¿Y aceptaste?-
-Claro, no iba a dejar que me llamaran cobarde-
-Hijo, no me gusta que te estés metiendo en cosas de este tipo- dijo Goofy preocupado.
-Es solo un juego, Pa. No va a pasar nada- término Max.
-Si tú lo dices-
El día transcurrió normal y sin mayores novedades. Goofy regresó a su trabajo en el centro comercial para cubrir el turno vespertino, pues ese día Pedro no había podido hacerse cargo de fotografiar niños. Max por su parte arrojó su mochila a un rincón donde no tuviera que verla durante el fin de semana e inmediatamente después comenzó a probar sus videojuegos.
Había sido una decisión realmente difícil elegir cuál de ellos jugar primero, todos eran tan buenos y llamativos que no sabía por dónde comenzar. Al final optó por cerrar los ojos y tomar uno al azar, escogiendo de esa manera el juego "Claws of War".
Fue de ese modo como Max comenzó lo que sería una emocionante tarde virtual. Su destreza era impresionante y la mayoría de los juegos no representaron problema alguno para él. Una vez que la noche llegó solo quedaba un juego sin abrir, el legendario Imperio Demoniaco de Bobby.
Max se sentía bastante agotado luego de andar oprimiendo los botones del control remoto de su consola de videojuegos y decidió que lo mejor era reposar un poco antes de seguir con todo eso. Dejó la caja del imperio demoniaco sobre su televisor y se dispuso a ir a la cocina por un pequeño refrigerio.
En ese momento algo muy extraño sucedió, las letras que formaban el título del juego comenzaron a brillar en un resplandeciente color rojo. Inmediatamente después el cansancio desapareció y Max sintió entonces una gran vitalidad y deseos de seguir jugando.
Era muy raro, llevaba horas frente al televisor casi sin parpadear siquiera, debería estar exhausto y hasta hace unos segundos lo estaba. No obstante era como si acabara de beber algún elixir vitamínico que le había devuelto las energías por completo. Sentía ganas de salir y correr, brincar, gritar… no, lo que deseaba era adentrarse nuevamente en el mundo de los videojuegos.
El muchacho saltó nuevamente al sofá quedando frente a frente con el televisor, otra vez. Entonces como si algún marionetista lo controlara, se levantó, tomó el juego del Imperio Demoniaco e ignorando por completo las luminosas letras de este lo introdujo en su consola.
Segundos después las luces se apagaron de repente, Max habría jurado que se había ido la electricidad de no ser porque el televisor seguía encendido. Decidió no preocuparse por ese detalle y concentrarse en su juego. No pasó mucho antes de que frente a él apareciera la siguiente leyenda:
Bienvenido amante del peligro.
Estás a punto de ingresar a los desolados confines del imperio demoniaco.
Muchos antes que tú se han aventurado, siempre bajo su propio riesgo.
Obtén la victoria y el conocimiento infinito será tuyo. Fracasa y tu alma será nuestra para siempre.
Max leyó estas palabras sin prestarles atención, lo único que quería era jugar. En ese momento, P.J. entró por la ventana, como había aprendido a hacerlo desde que eran pequeños. Al ver a su amigo jugando el imperio demoniaco dio un grito de terror.
-¡Max, No!, ¡No lo hagas!- gritó P.J.
Era tarde, el primer nivel ya había comenzado. Max miraba fascinado la pantalla haciendo que su personaje se moviera en un mundo lleno de monstruos y zombies que trataban de atacarlo. P.J. miraba la pantalla aterrado, cada nuevo monstruo que salía y atacaba al personaje de Max le helaba la sangre horriblemente.
-Max… por favor detén esto- pidió P.J.
-¿Por qué?, si voy ganado- respondió Max.
-Por eso, detenlo antes de que sea tarde-
-No sigas con esa leyenda, P.J., vas a ver como cuando gane se te quita ese miedo-
-Ese es el punto, Max, nadie puede ganar eso. Te vas a condenar-
-No es cierto P.J. relájate y mira como hago puré a esos monstruos- terminó Max.
P.J. siguió insistiendo pero era inútil, Max estaba demasiado entusiasmado con el juego. Así fue como pasó el primer nivel, luego el segundo y eventualmente el tercero. El chico Goof parecía imparable, incluso P.J. se calmó un poco al ver la habilidad de su mejor amigo.
-¿Lo ves?, te dije que no había por qué preocuparse- dijo Max.
No obstante el juego apenas comenzaba, mientras más ganaba mayor era el nivel de dificultad. No pasó mucho tiempo antes de que Max notara que el juego se estaba volviendo realmente complicado. P.J. lo miraba nervioso mientras que Max hacía todo lo posible por mantener a su personaje virtual con vida.
Desgraciadamente el límite del chico llegó y sin poder hacer nada al respecto acabó con sus vidas y por consiguiente con el juego. Max había sido oficialmente derrotado.
-¡No!, ¡No!, ¡No!- gritó P.J. viendo las palabras "Game Over" en la pantalla -¡Te dije que lo detuvieras!-
-Relájate P.J.- dijo Max.
-¿Cómo me voy a relajar?, acabas de maldecirte a ti mismo-
-Es solo un juego, mira, perdí, lo admito. Pero nada me ocurrió, ¿lo ves?, solo es una leyenda- dijo Max.
P.J. analizó estas palabras y se dio cuenta de que Max tenía razón. Había perdido el juego y sin embargo nada había pasado, no había maldiciones, monstruos, ni nada. Todo era mentira.
-Supongo que tienes razón… menos mal- dijo P.J.
-Claro que sí, ven, vamos por una malteada- lo invitó Max tratando de olvidarse del asunto.
Ambos muchachos estaban más confiados por haber comprobado que nada era cierto. Era absurdo creerlo, el juego solo era un juego y ya. No tenía ninguna maldición ni nada malo pasaría por no haber ganado… ¿o sí?
Continuará………
