Pensé que no iba a terminar este capítulo a tiempo pero lo logré. Aquí te lo dejo amiga, espero que lo disfrutes, nos vemos/leemos, te cuidas.
Juegos de Video
Capítulo 4: Hora de Pagar
El día siguiente, sábado, pasó como cualquier otro para Max y Bobby. Los dos amigos ya casi se habían olvidado de todo el asunto del juego a diferencia de P.J. El joven Pete no había podido dejar de pensar en la maldición del video juego que estaba seguro que ahora recaía sobre su mejor amigo.
P.J. caminaba al lado de sus amigos y hacía lo mismo que ellos pero su expresión no denotaba alegría o diversión, todo lo contrario, parecía molesto, triste, preocupado, ni él mismo sabía cómo se sentía. Ya le habían explicado a Bobby todo lo ocurrido y honestamente los dos creían que P.J. estaba exagerando.
-Ya quita esa cara, P.J.- pidió Max.
-Quisiera, pero no puedo- contestó su amigo.
-Lamento haberte asustado con esa historia, amigo, pero en serio creo que estás exagerando- dijo Bobby.
-No se trata de la leyenda, afortunadamente no pasó nada con ese juego- contestó P.J.
-¿Entonces qué te pasa?-
-Me molesta el modo en que juegan con este tipo de cosas, uno no debe meterse con esto. Un día esto les va a causar un problema muy grande y no van a poder salirse de este- dijo P.J.
-No te preocupes por eso- dijo Max –Ni que fuera para tanto-
-Pues no deberían tomarlo tan a la ligera- dijo P.J.
-Vamos, ¿en serio nos vamos a pelear por esa tontería?- preguntó Bobby un poco molesto.
-Si amigo, no vale la pena ponernos de malas por ese tema que de hecho ya habíamos olvidado- dijo Max.
-Descuiden, ya no los molestaré mas con eso. Solo quería dejar muy en claro que no estoy de acuerdo con todo esto- terminó el chico Pete.
Los tres muchachos continuaron con sus actividades normales y no volvieron a hablar del tema por el resto del día. Los tres decidieron ir a comer al restaurante de hamburguesas que tanto les gustaba. Un paquete de hamburguesa papas y refresco era lo que necesitaban para despejar sus mentes y dejar el estrés a un lado aunque fuera por unos momentos.
Horas después el crepúsculo se acercaba nuevamente y con él el momento de que cada uno regresara a sus hogares. Bobby se despidió de sus amigos y luego se marchó a su casa. Justo en el momento en que Max y P.J. tomaban el camino contrario que los conducía a sus domicilios.
El atardecer se veía realmente bien detrás de las montañas en la distancia, era un espectáculo digno de verse y más en sábado. Los dos amigos caminaban alegremente conversando sobre lo que harían el día siguiente y despreocupados completamente de los conflictos mundanos de la escuela.
En ese momento los dos escucharon un extraño sonido proveniente de un arbusto cercano. Ya no estaban muy lejos de sus casas, de hecho podían verlas a lo lejos, no obstante una extraña sensación de soledad y peligro los invadió a ambos en ese instante.
El sonido era como de un animal merodeando por ahí. Normalmente no sería nada raro, podía ser algún gato o perro o una rata, montones de criaturas pasaban por ahí y a nadie le importaba. Lo que los había alarmado un poco era que a juzgar por el ruido se trataba de un animal realmente grande.
-¿Escuchaste eso?- preguntó P.J.
-Sí, ¿Qué será?- respondió Max tratando de sonar seguro de sí mismo.
-No creo que sea un perro, se me hace que es otra cosa- respondió P.J.
-Bueno, de todos modos no importa. Sea cual sea ese animal ya debió haberse ido- dijo Max.
-Sí, supongo que tienes razón- dijo P.J. tratando de convencerse de esa idea.
Los dos siguieron su camino sin darse cuenta de que ahora estaban caminando más rápido. Ambos sudaban frío y quien los viera podría jurar que acababan de robarse algo por lo nerviosos que se veían. La idea del juego de video regresó a la mente de Max entonces sin poder explicarse el por qué.
-No, solo es una leyenda, nada es cierto- pensó para sí mismo.
Por su parte, P.J. también combatía contra sus pensamientos decidido a alejar toda idea de que algo pudiera estar ocurriendo. Los dos se veían nerviosos, sabían que su compañero estaba nervioso y conocían de antemano el por qué, mas no se atrevían a decirlo.
Ese asunto ya estaba olvidado, no valía la pena pensar en eso. Sin duda todo era parte de una mala broma de sus mentes tratando de arruinarles el resto del día. Es realmente curioso como justo después de escuchar una historia de terror o ver una película de ese género nuestra imaginación vuela a tal grado que comenzamos a ver sombras moviéndose, ojos mirándonos, objetos que se mueven por si solos. También a escuchar ruidos extraños, voces desconocidas y risas macabras que nos hielan la sangre.
Oh si, el cerebro es un órgano tan complejo y poderoso que a veces ni nosotros mismo logramos controlarlo. Eso era lo que pensaban Max y P.J. con la vana esperanza de que este razonamiento lógico los ayudara a alejar ese repentino miedo. Normalmente hubiera funcionado, las cosas suelen normalizarse cuando pensamos de ese modo. Solo había u pequeño detalle que impedía que esa idea lo arreglara todo, nadie les había contado ninguna historia tétrica recientemente. ¿Entonces por qué no podían dejar ir ese sentimiento?
-Bien, creo que mejor nos vamos a nuestras casas- dijo Max.
-Sí, creo que es lo mejor- lo apoyó P.J.
-Perfecto… entonces creo que te veré mañana- dijo Max.
-De acuerdo, nos vemos- se despidió el joven Pete.
Max y P.J. tomaron entonces los caminos que los llevaban directo a sus hogares haciendo un gran esfuerzo por no demostrar su perturbación al otro. La casa de Goofy y Max estaba un poco más cerca de donde ellos estaban por lo que el muchacho fue el primero en llegar a ella y entrar.
Se despidió desde lejos de su amigo con un movimiento de mano mientras que P.J. hacía lo mismo respondiéndole el gesto. Luego continuó el corto camino que le quedaba para llegar a su casa.
-Todo está bien, ya casi llegas- pensaba para sí mismo.
Momentos después ya se encontraba en la puerta de su casa disponiéndose a entrar en ella. Fue en ese momento que se dio cuenta de un desafortunado detalle, se le habían olvidado las llaves.
-Genial, lo que me faltaba- dijo P.J. mientras tocaba a la puerta para que alguien le abriera.
Esperó unos segundos, consciente de que tardarían un poco en abrirle. Entonces nuevamente pudo escuchar el sonido de algo moviéndose entre los matorrales, solo que esta vez parecía estar más cerca de él. P.J. volteó la mirada tratando de descubrir que era lo que causaba aquel ruido pero no veía nada.
-Max, ¿eres tú?- preguntó al vació sin obtener respuesta.
La angustia comenzó a crecer nuevamente en su pecho mientras que claramente podía sentir la penetrante mirada de alguien, y era cierto, en ese instante estaba viendo observado por alguien, o mejor dicho, por algo.
P.J. volvió a golpear la puerta tratando de que lo dejaran entrar pero por lo visto no parecía haber nadie dentro de esta. Estaba muy asustado presintiendo que en cualquier momento alguien lo atacaría sin piedad.
-¡Papá!, ¡Mamá!, ¡alguien!, ¡por favor ábranme!- comenzó a gritar P.J.
El miedo llegó a su clímax cuando el sonido de arbustos moviéndose fue reemplazado por una extraña y ronca respiración. Era tan grave que incluso podía fácilmente ser confundida con alguien serruchando madera. De igual modo un leve gruñido llegó a sus oídos momentos antes de que un par de ojos rojos se asomaran de entre las ramas.
P.J. no pasó por alto este detalle y entonces se quedó congelado sin saber qué hacer. Definitivamente había algo merodeando por ahí y sin lugar a dudas se estaba preparando para hacerle daño.
-En hora de pagar- dijo una aterradora voz proveniente del mismo sitio de donde se veían los ojos.
P.J. no resistió mas, dio un grito de terror y literalmente intentó tirar la puerta a golpes para buscar refugio en la seguridad de su hogar. Afortunadamente no fue necesario hacerlo puesto que en ese segundo su padre abrió la puerta extrañado por la reacción de su hijo.
-P.J., ¿Qué te pasa ahora?- preguntó.
No obtuvo respuesta, justo cuando terminó de formular la pregunta una enorme y peluda figura salió del arbusto con dirección al muchacho. P.J. reaccionó rápido, se abalanzó sobre su padre empujándolo adentro de la casa y cerró la puerta bruscamente. Una fracción de segundo más tarde algo se impactó contra ella y comenzó a rasgarla con lo que parecían ser garras.
P.J. y su padre se miraron muy confundidos mientras escuchaban los rugidos de una feroz bestia tratando de entrar. Momentos después los ruidos cesaron y la criatura decidió retirarse por ahora. El peligro había pasado temporalmente.
-¿Qué demonios fue eso?- preguntó Pedro.
-No lo sé… pero creo que Max y yo estamos metidos en un lío muy gordo, papá-
Continuará………
