Hola, aquí está el quinto capítulo de esta historia. Espero que les guste. Saludos.

Juegos de Video

Capítulo 5: Realidad, ¿Virtual?

Max se encontraba profunda y plácidamente dormido en su cama, acompañado con la tranquilidad de la noche y el suave canto de algunos grillos afuera de su ventana. El muchacho había llegado agotado a su cama y no había tardado mucho en quedarse dormido. Era comprensible, después de todo la noche anterior no había dormido por estar jugando "El Imperio Demoniaco".

Estaba tan relajado que apenas pudo escuchar que alguien llamaba a la puerta. Era una fortuna que quien quiera que estuviera tocando lo hiciera de un modo tan fuerte y agresivo, de lo contrario el chico Goof difícilmente lo habría escuchado. Ya era tarde y por consiguiente él y su padre tardaron en despertarse completamente e ir a ver de quien se trataba.

Max se quedó sentado en su cama mientras escuchaba como Goofy salía de su habitación y se dirigía a la puerta principal para atender al llamado. El Goof mayor bajó las escaleras en pijama y abrió la puerta solo para encontrarse con un enfurecido Pedro y su hijo P.J. afuera de su casa.

-¿Pedro?, ¿ya viste la hora?, ¿Qué ocurre?- preguntó Goofy confundido.

Desde su cuarto, Max pudo escuchar claramente los gritos de su vecino y padre de su mejor amigo. Por lo visto estaba muy molesto con ellos y ahora tendrían que pasar por otro de sus arranques de ira. P.J. por su lado parecía más tranquilo y trataba de controlar a su padre, a la vez que se disculpaba con Goofy por las molestias.

-¿Quieres saber qué ocurre?, ¡Lo que ocurre es que recientemente fuimos atacados y según P.J. tu hijo es el responsable de esto!- gritó Pedro.

-No es cierto, yo nunca dije eso- se defendió P.J.

-¿No me dijiste que Maximiliano había invocado a esa cosa?- alegó Pedro.

-Dije que era una teoría, realmente no sabemos qué era eso- siguió su hijo.

Goofy los miraba estupefacto mientras que Max por fin se dignó a salir de su habitación y bajar las escaleras.

-¿Qué pasa?- preguntó.

Pedro al verlo estalló en coraje -¡Tu!, ¡en este momento nos vas a dar una explicación a todos!- dijo señalándolo con un dedo.

-Seguro, aunque no sé de qué- dijo Max.

-¡No quieras pasarte de listo conmigo, muchacho!- gruñó Pedro.

-Pedro, amigo, Maxi no te ha hecho ningún daño, no sé por qué te pones así- dijo Goofy.

-¡Por su culpa casi nos matan!- alegó Pedro.

-¡Papá!- gritó P.J. tratando de llamar la atención –Por favor tranquilízate, necesito hablar a solas con Max, tal vez todo esto sea un error-

-Me parece bien, ven a mi cuarto para que me expliques que ocurre- dijo Max.

-¡Un momento…!- intentó decir Pedro pero en ese instante su hijo había corrido escaleras arriba para reunirse con su amigo en su habitación. Entraron en ella y cerraron la puerta para evitar escuchar los gritos del adulto Pete y los vanos intentos de Goofy por hacerlo entrar en razón.

-¿Ahora que hice P.J.?, tu papá no se había molestado así conmigo desde esa vez que bombardeamos a tu hermana con globos llenos de agua…y eso fue hace mucho tiempo- dijo Max.

-Escucha Max, tal vez no sea nada pero creo que las cosas están mal- respondió P.J.

-¿De qué hablas, amigo?, ¿y que es todo eso de que los atacaron?- preguntó Max.

P.J. le contó a su amigo todo lo ocurrido hace apenas unas cuantas horas, desde el momento en que se habían despedido, cuando escuchó a alguien entre los arbustos y finalmente cuando su padre abrió la puerta a la vez que una bestia se arrojaba contra ellos.

Max estaba un tanto sorprendido por este relato, era como escuchar una historia macabra de monstruos, aunque la sinceridad con la que hablaba P.J. lo estaba preocupando. Sabía que en esos momentos lo mejor era mantener la calma y tratar de pensar lógicamente.

-¿No habrá sido un animal?, ya sabes, un perro rabioso o algo así- preguntó el chico Goof.

-Creo que si parecía un perro, pero era mucho más grande, como un oso- dijo P.J.

-No hay osos por aquí amigo-

-Lo sé, además este animal era muy extraño. Juraría que sus ojos eran rojos y resplandecientes. Sus manos parecían humanas pero con garras. La verdad no me quedé a verlo detalladamente-

-Jeje, ¿no habrá sido un hombre lobo?- preguntó Max bromeando.

-No juegues, esto es serio. Estoy seguro de que era un animal, un animal bastante aterrador- dijo P.J.

En ese momento Max se levantó y se dirigió a la puerta donde los gritos de Pedro resonaban. El muchacho abrió y salió unos momentos dejando a P.J. solo en el cuarto. El joven Pete escuchó la voz de su amigo pidiendo a los adultos que bajaran la voz puesto que no los dejaban concentrarse.

Por supuesto que el Pete adulto no se quedó callado, más bien comenzó a lanzar insultos y maldiciones que sin duda todos los vecinos de la cuadra pronto escucharían. P.J. solo cerró los ojos negando con la cabeza, en verdad detestaba esa faceta de su padre. El muchacho se levantó y se asomó por la puerta como esperando ver nuevamente al ser que lo había atacado. Afortunadamente para él no pudo ver nada.

Nuevamente se volteó hacia la puerta disponiéndose a bajar y tratar nuevamente de arreglar las cosas, sin embargo algo lo detuvo. Antes de llegar al pasillo vio un pequeño montón de juegos de video arrumbado en una esquina de la habitación. No le sorprendió esto, Max acostumbraba dejar sus juegos así cuando no los estaba usando. Lo que le llamó la atención fue la negra caja de "El Imperio Demoniaco" en la cima de estos.

P.J. la tomó entre sus manos y comenzó a verla. No tenía mucho chiste, era una caja completamente negra a excepción de las letras rojas que escribían el nombre del juego.

-No puedo creer que aún tengo esto consigo- pensó P.J. imaginando que Max ya le habría devuelto el juego a Bobby. Entonces como si la situación quisiera molestarlo, las luces se apagaron, la energía eléctrica se había ido.

-¡Oh, genial!, ¡lo que nos faltaba!, ¡que se fuera la luz!- escuchó a su padre gritando en la planta baja.

P.J. se sobresaltó un poco cuando se apagaron las luces y por un instante pensó en correr a donde estaban los demás. No le gustaba estar solo en la oscuridad y menos en esos momentos. De repente algo ocurrió que él no se esperaba.

La caja del imperio demoniaco aún se encontraba entre sus manos pero algo raro estaba ocurriendo. El color negro había desaparecido y ahora P.J. podía ver la portada del juego con toda claridad. Eso sí que era raro, en la oscuridad total el juego se mostraba abiertamente cuando en presencia de la luz no lo hacía.

-¿Qué rayos pasa aquí?- se dijo a sí mismo mirando las ilustraciones del video juego, de entre las cuales una lo llenó de admiración y terror. Pocos segundos después, Max subió de nuevo al cuarto disculpándose con su amigo por haberlo dejado solo.

-Ya volví P.J., lo siento, sé que no te gusta la oscuridad pero la verdad esos gritos no me dejaban escucharte bien… ¿P.J.?-

Max notó entonces que su amigo miraba la caja de su juego con una expresión de miedo e incredulidad.

-Amigo, ¿Qué tienes?- le dijo.

P.J. no respondió, solo lo volteó a ver mientras le entregaba la caja del juego y le señalaba uno de los dibujos de la contraportada. Max lo vio y aunque se sorprendió también de que ahora pudiera verlo todo claramente no entendió que era lo que su mejor amigo quería decirle.

-¿Qué pasa?-

-Max… ¿estás seguro de que las maldiciones… no existen?- preguntó P.J.

-Por supuesto, ¿Por qué?-

-Yo creo que si existen, y no solo eso, creo que ahora estamos en serios problemas-

-No te entiendo, amigo-

P.J. le señaló nuevamente la ilustración, la cual era un monstruo peludo con manos semi humanas de las cuales salían unas mortíferas garras. Su boca goteaba sangre y sus ojos brillaban con intensidad. No era un hombre lobo, aunque se parecía. Era como un ser canino con rasgos humanos y picos en su espalda. Sus pies también tenían garras y su expresión mostraba una naturaleza en serio maligna.

-¿qué quieres decir?, ¿este personaje? Creí que lo recordabas. Es Raldón, el villano del juego. De hecho fue ese monstruo el que acabó con las vidas de mi personaje e hizo que perdiera el juego- explicó Max.

P.J. lo siguió señalando con la mano temblorosa.

-Admito que es un diseño escalofriante y que el personaje impacta cuando juegas contra él. Pero solo es un villano virtual, P.J., no tienes nada que temer- siguió Max con tono tranquilizador.

-Esa cosa fue la que nos atacó… Raldón es real e intentó matarnos a papá y a mi, Max- terminó P.J.

Continuará………