"Qué bien se siente, está calentito y muy cómodo. Me siento muy segura con ese brazo alrededor de mi cintura, creo que podría acostumbrarme a esto. UN MOMENTO." Hermione abrió los ojos como platos y trató rápidamente de ubicarse en tiempo y espacio. Recordó que había sido convertida en una gata por Greengrass y sus secuaces, también que su odioso perro la había perseguido hasta el gran salón y por último que estaba durmiendo en la misma cama que Draco alias el hurón Malfoy. Este último pensamiento la hizo mirar alrededor, como había apreciado la primera vez que entró, estaba todo muy organizado y limpio. Posó luego su mirada en el Slytherin, dormía plácidamente y su rostro estaba completamente relajado, se veía indefenso, nada que ver con la imagen de chico rudo y molesto que muchas veces le gustaba proyectar.

Observándolo unossegundos más fue que se percató de algo curioso, lo estaba viendo frente a frente, no desde abajo, fue en este momento cuando decidió verse a sí misma. Ahí estaban sus manos, se tocó el rostro apresuradamente para comprobar que no tenía pelos en la cara o bigote, que tenía los labios, nariz y ojos de siempre. Pero al mismo tiempo de encontrarse sumamente aliviada por el regreso a la normalidad se sintió aterrorizada. Levantó la sábana lentamente y confirmó sus sospechas. Sonrojada, miró que estaba completamente desnuda, abrazada por la cintura por Malfoy y sus piernas entrelazadas con las de él. "Gracias a Dios tiene pantalón puesto."

Decidió que lo mejor era tratar de salir de allí sin hacer el menor ruido, ponerse algo del chico aunque luego se lo devolviera y hacer como que esa noche nunca había pasado. Trató de zafarse del agarre pero fue inútil, lo único que consiguió fue que Malfoy se aferrara más a ella. Maldijo para sí y suspiró sonoramente, iba a tener que hacer algo que no le iba a gustar nada.

—Malfoy despierta—dijo en voz baja y zarandeándolo un poco, pero apenas recibió un quejido leve por respuesta. Lo llamó un par de veces más pero también fue en vano. Por último, entonces, gritó su nombre cerca de su oído tan fuerte, que el chico saltó de su cama del susto y llegó a parar al suelo.

— ¡Maldición! —dijo llevándose una mano a la cabeza y sentándose en el piso. Hermione aprovechó para usar una de las sábanas como toalla y salir de la cama. Malfoy se puso alerta cuando sintió a alguien en su habitación, al principio estaba un poco desorientado pero luego fijó su vista en la visión que jamás pensó que vería (bueno, tal vez en uno que otro sueño matutino). Delante tenía a Hermione Granger, envuelta en sábanas y lo más probable que fuera completamente desnuda.

— ¿Cómo entraste aquí, Granger? Ya sé que soy irresistible pero debiste al menos avisarme que tendríamos una cita en horarios poco convencionales. —Hermione no le daba crédito a lo que escuchaban sus oídos, estaban en una situación comprometedora y él sólo podía pensar con sus hormonas.

—No seas idiota Malfoy—dijo entre dientes sumamente enojada. — ¡Todo esto es tu culpa! —estalló al fin, se precipitó a la cama y empezó a lanzarle las almohadas que habían, que por supuesto el jugador de Quidditch pudo esquivar fácilmente.

— ¡¿Estás loca, Granger?! ¡¿Qué diablos te pasa?! —

— ¡¿Que qué me pasa?! ¡Yo te diré lo que me pasa! ¡Tú eres lo que me pasa! —inhaló una bocanada de aire antes de continuar y se aseguró de que la sábana que le servía de vestido provisional estuviera segura. — Primero vienes con toda esa estupidez de que seré tu futura novia, luego me besas sin permiso y mis amigos casi me asesinan, entonces un montón de chicas que escuchan más a sus hormonas que a su cerebro deciden hacerme la vida imposible, casi me mato en Hogsmeade. ¿Se me olvida algo? Ah sí, ¡Y las mismas admiradoras tuyas me convirtieron en un maldito gato! —

Para este momento fue que Malfoy se percató de que algo le faltaba, se acercó a la cama y removió las sábanas para descubrir, efectivamente, que Sherezada no estaba. — ¿Tú eras mi gata? —preguntó incrédulo y con los ojos bien abiertos.

—Claro que lo era, ¿y qué es eso de Sherezada?, no sabía que te gustaban los libros muggles—Esto tomó infraganti al chico que solo atinó a sonrojarse un poco y a defenderse pobremente —Es un nombre común Granger. — Ella le miró con una ceja enarcada y bufó. —Sí Malfoy, lo que digas.

Se mantuvieron en silencio unos segundos, él digiriendo toda la información que acababa de recibir y ella pensando en la mejor manera de llegar a la sala común y que no la descubrieran en el proceso, cómo le encantaría tener la capa de invisibilidad de Harry en estos momentos.

—Granger—dijo dubitativo—esto no arruina lo de nuestra próxima cita, ¿cierto? —Malfoy la miraba tratando de contener su nerviosismo por la posible respuesta, ya sabía que la chica era muy temperamental y después de lo sucedido tal vez ya no quería nada que se relacionara con él.

—No lo sé—dijo cansada y encogiéndose de hombros, caminó lentamente hasta la cama, se sentó y hundió la cara en sus manos. Por lo general Hermione hubiese esperado a estar sola para desahogarse, pero los acontecimientos tan locos e inesperados le habían drenado todas sus fuerzas y ya no quería discutir. Primero una lágrima, después otra y antes de poder parar ya estaba hecha una magdalena. Sintió un movimiento a su lado y la superficie hundirse un poco.

— ¿Por qué, Malfoy? —Decía entre sollozos— ¿acaso querías verme derrotada? ¿Es esto parte de una broma enferma? ¿Por qué no buscas a otra chica? Greengrass estaría más que dispuesta a estar contigo, ¿por qué no me puedes dejar en paz? —Esas palabras hirieron al Slytherin, pero no se enojó con ella, sabía que no había hecho mucho por defenderla y que tener a esas locas persiguiéndola debía ser algo que la mantuviera en constante estrés.

Dudando al principio y luego lentamente, posó una mano en el hombro de Hermione, la acercó hacia sí y la abrazó. —No quiero verte derrotada y esto jamás sería parte de una broma enferma. Greengrass se puede ir a contar los granos de arena que hay en el Sahara mientras espera que yo me interese por ella, no busco a otra chica porque no son tú y no te puedo dejar en paz porque estoy enamorado, Granger, estoy enamorado de ti.

Hermione dejó de llorar al escuchar la confesión de amor más sincera que hubiera presenciado (sí claro, sólo en películas junto a su madre, un montón de helado y las palomitas). Se secó las lágrimas y lo miró a los ojos.

— ¿Por qué? —volvió a preguntar la chica, estaban tan juntos que casi podían toparse las narices.

—Creo que eso ya lo dejé claro, Granger. —La castaña no pudo evitar sonreír y por acto reflejo le dio un beso en la mejilla. El chico la miró con ojos pícaros y la recorrió con la mirada. —No me digas que esa es mi recompensa, creo que merezco un poquito más. Después de todo te salvé de Rocky. — Hermione recordó la condición en la que estaba y se sonrojó violentamente, casi tan roja como la cabellera de los Weasleys.

—Este….yo….no…..creo…..que….sea….buena—

—Shhh, tranquila Hermione—dijo atrapando su rostro con una mano y la otra la posicionó en su espalda. Se acercó paulatinamente hasta que la besó, al principio ella no reaccionaba, pero poco pudo resistirse contra la maestría del chico al besar. Despertaba a la chica que no quería obedecer reglas, a la leona dormida tras la jaula. Tímida, empezó a recorrer el dorso del Slytherin y un suspiro, entre la sorpresa y el gusto, escapó de sus labios al sentir sus pectorales marcados, subió las manos hasta que fue capaz de abrazar a Malfoy por el cuello, él utilizó ambas manos para acariciar la espalda de la chica por encima de la sábana.

Si nuestros héroes no estuviesen tan ocupados en explorar la cavidad bucal del otro, hubiesen podido escuchar el eco de unos pasos apresurados acercarse o tal vez hubiesen notado la puerta de la habitación abrirse de par en par y lo que es más importante, Hermione hubiese sentido la sábana deslizarse en ese preciso momento.

—Señor Malfoy, me han informado de un ruido molesto proveniente de su habitación pero—el maestro de pociones no pudo terminar de decir lo que pensaba, estaba anonadado. Su alumno favorito estaba casi encima de la odiosa Gryffindor y esta tenía la parte superior del cuerpo descubierto. Lo que pasó a continuación fue bastante caótico. Hermione gritó al mismo tiempo que se cubría con la sábana y empujaba a Malfoy, el cual cayó al piso golpeándose fuertemente la cabeza y Snape se giró bruscamente escondiendo la vergüenza que sentía por haber presenciado esa escena.

—A la oficina del director ahora. —Dijo peligrosamente y ambos chicos se miraron con cara de terror.