Holaaa!! Y, bueno, aquí estoy una semana más (con un poco de retraso, pero los exámenes... Al final me ha salido todo bien, aprobadillos raspados (las mates, que no son lo mío) y notas cercanas al 10 (Literatura, 9,25 ¡que rabia!) pero ningún suspenso que es lo que cuenta). Bueno, a ver. Para este capítulo se empieza a ver un poco lo que será la trama de la segunda temporada. ¿Quién no odia a Kawa? Bueno, pues seguro que después de este capítulo lo odiais aún más xD He hecho sufrir a Sakura (ToT que mala soy) y le queda lo suyo. En este capi se ve algo de SaiIno, creo que ya dije que igual metía algo, pero por si alguien no se había enterado aún, ahí queda. Tengo que decir una cosa muy importante: Esto es lo que pasa cuando no lees los comentarios del autor. Me ha llegado un review del capítulo anterior firmado por INO DE SABAKU NO (anónimo) preguntándome quién era Hikari. Es un OC que metí en la primera temporada. Éste fic es la secuela de otro que escribí yo. Lo puedes encontrar en mi perfil. De todos modos, cuando dejéis reviews anónimos, por favor, dejad una dirección de correo donde pueda contestaros. Otra cosa: podéis odiarme. Os lo permito. He metido NaruHina, ya que me pedíais un poco más de ellos. He intentado meter algo de todas las parejas. De los únicos que no sale mucho es de Neji y Tenten, que ya les pondré algo. Tengo que hablar también con respecto al lemmon. NO voy a poner de todas la parejas. De momento sólo de las principales (SasuSaku y NaruHina... Y Hikari, kukukukuku...) aunque haré alguna mención por ahí... algo... Bueno, otra cosa es ¿quién no adora a Hiashi? ¡Todos adoramos a Hiashi! ¡Hagamos un mundo mejor siguiendo la doctrina del Hiashinismo! (OJO: No confundir con el jashinismo... malditos profanos ò.ó) Vale, después de esto... Nain, en este capi hay muertes. ¿Todavía no has leído el título? Pues, hala, hala... a lo tuyo que es leer.



Capítulo 3: Augurios de muerte.

-Bueno, y… ¿qué piensas de Kawa?

Ino fingió seguir arreglando el ramo de flores con desinterés.

-Seh… bueno, no está mal.

Sakura alzó una ceja.

-Oh, vamos si está como un tren.

-Tú no deberías decir eso que tienes novio, guapa.

Sakura sonrió para sí misma.

-Eso ya lo sé. De todos modos, era coña.

Ino abrió la boca hasta que su mandíbula tocó el suelo.

-¡¿Qué era coña?! ¡Ese tío está cañón!

-¡Lo sabía, te gusta!

Sakura señaló acusadoramente a su amiga, y ella se sonrojó, volviendo al ramo que ya había manoseado lo suficiente.

-Eh, sólo digo que no está mal. Además, ya sabes cómo estoy con Sai últimamente…

La oración acabó en un suspiro por parte de la rubia.

-Pero, ¿hay algo o no?

Ino pensó durante unos instantes.

-Es que en realidad no lo sé, porque… ¡Ay! Hay veces que pienso que sí, otras que no… A mí me gusta, ya sabes, pero él…

-Sólo dale un poco de tiempo. A él no le enseñaron a querer.

-¡Es que eso no se enseña, Sakura! Es algo que se aprende con el tiempo.

Sakura meditó unos instantes.

-Sí, es verdad… pero para él es más difícil. Hace poco que intenta reconocer sus sentimientos, y es… normal que ande un poco… perdido.

-¡Perdido, ja!

Sakura frunció el ceño, e Ino se escapó a la trastienda al comprender que había hablado demasiado.

Sakura le siguió.

-¿Qué quieres decir?

Ino trasteó con unas cajas llenas de bolsitas de semillas, fingiendo no prestarle atención a su compañera.

-Ino…

-¡Vale! –La rubia se giró y encaró a la pelirrosa.- Nos hemos besado. Y no una, ni dos, ni tres veces.

La Yamanaka se sonrojó hasta tal punto que temió explotar. Sakura, cuando consiguió salir de su asombro, comenzó a gritar como una loca.

-¡¿Qué?! ¡¿Y cuándo pensabas contarme a mí eso?!

-No tengo por qué contártelo.

-¡Ino! –Hinchó los mofletes.- ¡Somos amigas! ¡Y yo te cuento todo lo que hago con Sasuke!

-Espero que eso último sea mentira.

Sakura se giró sudando la gota gorda cuando reconoció la voz de Sasuke. Ino suspiró, aliviada, mientras se escabullía al mostrador a atender a unos clientes. El Uchiha entró en la trastienda, dejando caer la cortina detrás de él.

-Sa… Sasuke-kun, que bueno verte… ¿cómo has sabido que estaba aquí?

El moreno elevó ambas cejas.

-He entrado a comprar y he escuchado tus gritos. –Se acercó a ella peligrosamente, aprisionándola contra una estantería, colocando las manos a los lados de la cadera de Sakura, dejándola sin escapatoria.- Pero explícame cómo es eso de que le cuentas a Ino todo lo que hacemos…

-Je, je… -Sakura sonrió nerviosamente.- No todo, claro, pero… sí algo… cosas sin importancia y tal…

-Bien… porque no quiero que toda la aldea se entere de lo que hago en mi vida privada…

-Ino no es una chismosa. –Replicó Sakura captando las segundas intenciones de la frase.-

-Ya, pero en cuanto se emborracha habla más que una cotorra. –Sakura abrió la boca para reprochar, pero Sasuke aprovechó rápidamente en momento para abrirse paso entre sus labios. La pelirrosada sonrió y se fundió con él en un beso. La presión había desparecido entre ambos cuando se separaron, dejando que sus frentes se rozaran.- ¿Qué te parece si vamos a dar un paseo?

Sakura asintió, con un leve rubor en las mejillas. Sabía que no se refería a un paseo por un parque concurrido cogiditos de la mano y todo eso… Harían lo de siempre: irían al bosque, donde nadie pudiera verles, pues se sentían así más cómodos, y disfrutarían del entorno, del silencio y de la compañía mutua. Se besarían cada dos por tres y Sakura no podría escapar de los brazos de Sasuke en toda la mañana. Y, aunque luego tendría que darle explicaciones a Tsunade sobre por qué se había escaqueado de su turno de media mañana en el hospital, ya se le ocurriría alguna escusa convincente. Era su plan perfecto.

Salieron de la trastienda en el momento en que Ino despedía a una pareja mayor. Se giró hacia ellos y les miró pícaramente.

-¿Qué, tórtolos? ¿Habéis terminado vuestra "charla"?

-Ya hablaré yo contigo. Tienes cosas que contarme.

Ino se sonrojó ante las acusaciones de Sakura.

-Ah, Ino, dame una rosa y un… clavel blanco.

Ambas chicas fruncieron el ceño. Ino se apresuró a darle su pedido, y él pagó. Se giró y le dio la rosa a Sakura. Ella sonrió débilmente, sin quitarle al ojo de encima al clavel.

-¿Para quién es?

-Para Hikari.

Las dos chicas se miraron. Sasuke se extrañó de sus miradas.

-¿No es "amistad"? Me pidió que la comprara algo y…

-No, está bien, es sólo que… -Sakura se mordió el labio antes de continuar.- También puede significar ingenuidad.

Sasuke miró la flor durante unos instantes. Luego, sonrió sarcásticamente y se encogió de hombros.

-Más razón para llevársela.

Sakura e Ino alzaron una ceja, se miraron entre ellas y terminaron encogiéndose de hombros. Era demasiado complicado averiguar qué pasaba por la cabeza de un Uchiha.

Sakura y Sasuke se despidieron de Ino y salieron de la floristería Yamanaka. Sakura se agarró del brazo de Sasuke y sonrió, feliz, mientras jugaba con la rosa.

A los pocos pasos se toparon con Shikamaru y Temari, que sin duda iban hacia la casa Nara. Ellos no iban cogidos de la mano, pero no hacía falta. Ya era sabido por todos que mantenían una relación lo suficientemente fuerte como para mantener a Shikamaru fuera de casa durante dos meses para pasarlos en Suna con su problemática novia y su problemática familia.

-¡Shikamaru! ¡Temari!

La rubia de Suna y Sakura corrieron a saludarse. Sasuke se retrasó un poco más, como Shikamaru, ya que no tenían ganas para correr a abrazarse.

-¿Cómo te ha ido por Suna, Shikamaru? Ayer no tuve tiempo de preguntaros.

Shikamaru enarcó una ceja y, con las manos en los bolsillos, miró a Sasuke, para contestar a la pregunta de Sakura.

-Ya vi que estabas muy ocupada, ya… -La pelirrosa y Sasuke se sonrojaron y desviaron levemente la mirada.- Pero muy bien, gracias por preguntar. Si no llega a ser porque Gaara tenía que venir, me hubieran tenido allí secuestrado para el resto de mi vida.

-¡No te teníamos secuestrado! –Replicó Temari.-

-Vale, vale, lo que tú digas. Mendokuse… -Fijó su vista en Sasuke, y pareció recordar algo.- Ah, Uchiha, la Hokage te estaba buscando. Creo que tiene una misión para ti.

Sasuke y Sakura se miraron, y los ojos de ella irradiaron preocupación. Ya era la tercera misión especial en dos semanas.

-Bien, iré a ver de qué se trata. –Se acercó a Sakura y le dio un suave beso en los labios, entregándole el clavel.- Dáselo a Hikari de mi parte.

Hizo ademán de saltar hacia un tejado, pero Sakura le retuvo por la muñeca.

-¿Y si es una misión larga?

Sasuke sonrió burlonamente y la cogió de nuevo por la cintura. Le susurró al oído, para evitar que transeúntes indiscretos escucharan.

-Tranquila. En ese caso pasaré por el hospital para despedirme de ti.

Dicho esto, le mordió suavemente el lóbulo de la oreja, para poder escabullirse antes de que ella reaccionara y no le dejara ir a esa misión. La besó de nuevo y despareció de allí.

Segundos después, Sakura sacudió la cabeza, volviendo a la realidad y sonrojándose como nunca al ver cómo Temari de partía de risa.

-Te tiene calada –puntualizó Shikamaru-.

Sakura se sonrojó más aún y dio media vuelta tras despedirse inaudiblemente para ir hacia el hospital, mientras Temari aún ría en medio de la calle.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Hinata miró visiblemente nerviosa a ambos lados de la calle y luego giró la cabeza levemente para ver que nadie les seguía.

Naruto advirtió su comportamiento y la tarjó más hacia sí con la mano que tenía alrededor de la cintura de ella.

-¿Qué pasa?

-Es que… nos estamos acercando demasiado a mi casa, Naruto-kun.

El rubio chasqueó la lengua.

-Jo, ¡ya no puedo ni acompañar a mi novia a su casa!

Hinata se sonrojó levemente.

-A mí no me importa, Naruto-kun. Pero… ya sabes que si se entera mi padre…

-Oh, vamos. Yo no creo que tu padre sea mal tío.

-¡No! Es muy bueno conmigo, pero estoy segura de que si enterara de… esto, no lo aprobaría.

Naruto bajó la cabeza tristemente para mirar su estómago, donde Hinata sabía con certeza que estaba el sello que retenía al Kyuubi en su interior.

-¡Pero no por ti! Mi padre no aprobaría mi relación con nadie.

Naruto hizo una mueca.

-Pues no entiendo por qué. Ya tienes diecisiete años, joder.

-Aún no.

-Bueno, yo tampoco.

Hinata sonrió.

-Ya sólo quedan dos meses para tu cumpleaños.

Naruto sonrió con tristeza.

-Sí, y para el decimosexto aniversario de la práctica destrucción de Konoha y la muerte del Cuarto Hokage.

-¡Naruto-kun!

-Vale, vale. No te gusta que sea pesimista, lo sé. Así que dejemos el tema. Volvamos a lo de tu padre.

-Bien. Te estaba diciendo que…

-Tu padre no te deja salir con nadie.

-Porque aún me trata como a una niña. Y yo creo que es porque… se arrepiente de no haber podido pasar conmigo esos años.

Naruto se acercó a ella mucho y la abrazó con una fuerza descomunal, dejándola sin aire.

-¡Yo también me arrepiento de no haber estado toda mi vida contigo!

Hinata soltó una carcajada, y de repente, notó que los pasos de Naruto se detenían. Le miró y descubrió en su rostro una gran sonrisa. Al darse la vuelta, descubrió la razón. Hinchó los mofletes y se giró para mirar mal a su novio.

-¡Me has hecho hablar para poder acompañarme hasta la misma puerta!

Efectivamente, estaban frente a la casa Hyuuga. Naruto sabía que si no la distraía con algo, Hinata jamás le hubiera dejado que fuera con ella hasta un lugar donde perfectamente podría pillarles su padre.

Naruto apretó los mofletes hinchados de su novia, haciéndole soltar el aire, y la besó tiernamente para quitarle el enfado. Hinata siguió seria, y se dio media vuelta para entrar en la casa sin ni siquiera despedirse.

-Hasta luego. Te espero en mi casa.

Hinata frenó justo a dos palmos de la puerta y se giró, totalmente sonrojada, al percatarse del tono en el que Naruto había pronunciado las últimas palabras.

-¿No… no estará Sakura-san?

-No, tiene turno en el hospital. –Hinata se puso pálida de repente. Naruto sabía que, en cierto modo, su novia tenía miedo de quedarse a solas con él, y más en su casa. Por ello, decidió picarla un rato.- Estaremos completamente solos, Hinata-chan. Completa y totalmente solos. En mi casa… -Cuando Naruto juzgó que Hinata estaba punto de desmayarse, comenzó a reírse para descubrirse a sí mismo.- ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Es broma, Hinata-chan! Tranquila, ¡el ramen siempre va primero!

El rubio salió corriendo, antes de que la Hyuuga se repusiera y te tirara algo a la cabeza por haber estado a punto de provocarle un infarto.

Hinata llamó a la puerta, y una anciana del bouke se apresuró a abrirle.

-Bienvenida a casa, Hinata-sama.

Ella correspondió con una sonrisa.

-Gracias, Niza-san.

Hinata corrió al jardín interior, donde sabía que encontraría a su padre entrenando con Hanabi.

Esperó unos segundos a que se percataran de su presencia y el cabeza de familia dira por terminado el entrenamiento, dando un merecido respiro a su hija menor.

-Ohayo, chichiue.

-Hola, Hinata. ¿Qué tal el día?

-Hmm… bien, sin novedad.

A Hiashi no le pasó desapercibido tanto l nerviosismo como el color de las mejillas de su hija, que le delataban.

-Etto… Sakura-san me ha invitado a comer a su casa, y… ¿podría?

Hiashi miró a su hija mayor durante unos instantes. Ella comenzó a notar como su corazón latía más fuerte de lo normal, y temió que su padre pudiera oírlo también. Si le decía que no, Naruto se llevaría una decepción…

-De acuerdo.

Hinata se sorprendió, sin saber por qué. El patriarca se dio media vuelta, con los ojos cerrados, sin mediar una palabra más.

-¡Arigato, Oto-san!

Hinata echó a correr hacia su cuarto para decidir qué ponerse.

La anciana, Niza, se acercó al patriarca con cuidado.

-Hiashi-sama, si mal no recuerdo, Sakura-san hoy tenía turno en el hospital.

El cabeza de familia observó unos instantes a la anciana, y luego a sus dos hijas intercambiando opiniones sobre vestidos y algunas alhajas.

-Ya lo sé.

En ese momento entró a la casa Neji. Ambas muchachas corrieron a reunirse con su primo y preguntarle qué tal le había ido la misión. El patriarca lo hizo también.

-Nada importante. –Le entregó la máscara y el traje de ANBU a uno de sus familiares del bouke con una sonrisa.- En nuestro escuadrón ha salido todo bien. Tuvimos una rencilla con unos asaltantes, pero nada relacionado con los traficantes que estamos buscando. Nos han relevado hace poco. Takagi ha salido herida y le hemos llevado al hospital, pero sólo es un brazo roto.

Las dos primas del muchacho sonrieron, y él se dirigió hacia su tío.

-Etto… Hiashi-sama, esta tarde me gustaría…

-De acuerdo. Ve a ver a Tenten. –El patriarca suspiró al ver la cara de desconcierto de los jóvenes.- Los niños de hoy en día sois muy predecibles.

Los tres se miraron entre sí, e Hinata se sonrojó levemente. Hanabi, por supuesto, no iba a desaprovechar la oportunidad.

-Entonces, Oto-san, ¿puedo…?

-Sí. Dale recuerdos a los Sarutobi de mi parte. Al menos así la casa quedará libre de críos esta tarde.

El Hyuuga se alejó, dejando a los tres perplejos.

-Jo, cómo nos conoce. –Neji e Hinata asintieron.-

-Por cierto, Hanabi-sama, ¿dónde irá usted? –Inquirió Neji.-

-Voy con Konohamaru-kun a ver a Yuuki-chan.

-¿Le darás un beso de mi parte? ¿Y recuerdos a Kurenai-sensei? –Pidió su hermana.-

-Claro. Ven, Nee-san, vamos a peinar a Neji nii-san, que viene con el pelo hecho una mierda.

Neji abrió los ojos al escuchar el comentario de su prima menor. Ambas chicas cogieron al mayor y se lo llevaron al lavabo, para, efectivamente, quitarle las hojas del cabello como mínimo. Tal vez hasta le hicieran una trenza, a lo que, claro, Neji se negaría rotundamente.

Hiashi les observó con una sonrisa casi imperceptible, pero que a Niza, que le había visto nacer, no le pasaba desapercibido.

-Pronto dejarán el nido.

Hiashi sonrió, esta vez sin tratar de ocultarlo, cosa imposible ante la audacia de la que fuera una de las mejores ANBU de sus tiempos.

-Todos los pájaros deben ser libres para volar.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Suspiró, cansado. Movió el cuello a ambos lados, haciéndolo crujir. Le había molestado tener que quedarse en la misma postura tanto tiempo. Casi cuatro horas.

De cualquier modo, la misión no había sido difícil. Había tenido que colaborar con un grupo de ANBU para capturar a un grupo de traficantes de drogas. A él le había tocado atrapar al comprador, que más tarde distribuiría los narcóticos por establecimiento como el Yonaka. Aquella simple idea le hacía crispar los puños.

Pero al final todo había salido bien. La emboscada había sido un éxito, el distribuidor ni siquiera levaba escolta, iba totalmente solo, pensando que así llamaría menos la atención. Claro, ¿quién llama la atención en medio de un bosque con un maletín lleno de dinero y que además ya estaba fichado por el cuerpo de ANBU? Era, sencillamente, estúpido. Le había llevado a Konoha, y lo había dejado en manos de Ibiki. Ya cantaría, ya. Hasta ópera.

El resto, los narcos, eran asunto del ANBU. Tenía noticias de que Neji había estado con su escuadrón hasta ésa misma mañana al cargo de la misión, cuando les han relevado.

Con la máscara colgada del brazo (no era ANBU oficialmente, pero no convenía que nadie lo reconociera) alzó la mano para llamar, cuando se percató: la puerta estaba abierta.

El terror se apoderó de él y casi imperceptiblemente se puso en guardia y activó el sharingan. No se oía nada dentro de la casa, pero… había alguien en el sofá. Parecía dormido, o, al menos, con la guardia baja.

Habría pensado que era Naruto, que había llegado a casa medio grogui y se había desplomado en el sofá sin ni siquiera cerrar la puerta, de no ser porque su chakra lo hubiera reconocido enseguida.

Abrió con cuidado la puerta, con todos los sentidos alerta y una mano en un kunai. No sabía quién, pero alguien había entrado en casa de Naruto y Sakura. Y, si le habían hecho algo a Sakura, pobre del que hubiera sido.

Fue entonces cuando se percató de que, posiblemente, quien estuviera en el sofá sería ella. Pero nunca se hubiera dejado la puerta abierta.

¡Mierda! Entonces…

-¡Sakura!

Entró precipitadamente en la casa, olvidándose de cualquier precaución. Y, efectivamente, era ella la que estaba en el sofá. Sasuke se quedó de piedra por al impresión.

Estaba llorando. Y decir que estaba triste sería quedarse cortos. Estaba desesperada. Totalmente desesperada. Tenía los ojos rojos e hinchados, los labios amoratados, se sorbía la nariz repetidamente y estaba aovillada en el sofá, envuelta en mantas, sufriendo terribles convulsiones. En cuanto le vio, sus ojos se iluminaron.

-Sa-Sasuke-kun…

El Uchiha corrió a su lado, con el miedo golpeando sus venas con fuerza.

-¡¿Qué diablos te ha pasado, Sakura?!

-Sasuke-kun…

Abrió los brazos para abrazarle, como un niño pequeño buscando a su madre, y él se apresuró en dejarse abrazar, correspondiéndola con todas sus fuerzas. La máscara cayó olvidada a su lado.

-¿Qué ha pasado, Sakura? Por favor, dime qué…

-Sasuke-kun, por favor –un nuevo escalofrío le hizo retorcerse-, no te vayas. Quédate conmigo.

-Estoy aquí, Sakura. No me voy mover de aquí.

Se tumbó en el sofá con ella entre sus brazos, infundiéndola calor, y comenzó a acariciar su pelo ya besar cada rincón de su piel que encontró expuesto a sus labios.

Comprobó que no estaba herida, y sintió un gran alivio al ver que estaba intacta. Repasó el resto de la casa con el sharingan, y no había señales de que allí hubiera entrado nadie a robar.

Se dio cuenta de que se había quedado dormida entre sus brazos, y pensó que así sería mejor. Quiso levantarse e ir a buscar a Naruto, o a Hikari, o a cualquiera que supiera qué le había pasado a Sakura, pero sus músculos no fueron capaces de moverse. Estaba realmente aterrado, Sakura le había contagiado su miedo.

"No te vayas. Quédate conmigo."

La abrazó a aún más fuerte, y sintió algo que despreciaba.

Impotencia.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

-¡Sakura!

-¡Sakura-chan!

Al encontrarse la puerta abierta casi de par en par, el miedo que se había apoderado de ellos había sido como el golpe de una maza.

Hikari había encontrado a Naruto en la montaña de los Hokages, disfrutando del cielo estrellado con Hinata. Le había hablado de su mal presentimiento y de que Sakura había desparecido del hospital antes de terminar su turno.

Nadie sabía cómo, ni por qué, pero siempre que Hikari sentía algo, Sakura lo hacía también. Lo habían investigado con respecto a sus pesadillas, en las que, en sus propias palabras, "se metía en la piel de Hikari."

Y siempre había algo en común: Sasuke. Y aquel presentimiento era malo, muy malo.

Sasuke estaba en peligro. Sasuke estaba amenazado. Sasuke no estaba seguro. Sasuke podía morir.

Sasuke iba a morir si no hacían algo.

Y todos sabían cómo reaccionaría Sakura si eso sucedía. Ella… su vida dependía de Sasuke.

Así que habían corrido hacia el piso que Naruto compartía con ella, dejando a Hinata antes en su casa.

Entraron en la casa en tromba.

Se escuchó un latido. Y luego ya nada más.

Sus corazones permanecieron en silencio desde el momento en el que vieron a Sasuke y a Sakura en el sofá, inmóviles, inertes, hasta que el Uchiha abrió los ojos.

Suspiraron, aliviados, y Naruto se derrumbó de rodillas en el suelo, y a su lado, Hikari se sentó, con una mano en el pecho.

Sasuke les miró durante unos instantes, esperando a que se recuperaran. Se apoyó en un codo, para que pudieran ver bien su semblante amenazador.

-¿Qué le ha pasado a Sakura?

Ella se movió un poco bajo las mantas, y los tres la observaron. Hikari sonrió, aunque sus labios temblaron.

-¿Cómo estás tú?

-¿Qué le pasa a Sakura?

Su voz no admití réplica. Era un "o respondes, o mueres."

Hikari suspiró.

-¿Recuerdas a Katagashi?

Sasuke siguió impasible, pero asintió.

-Lo trajeron ayer malherido. Esta mañana ha sufrido un paro cardiaco, y no hemos podido hacer nada.

-¡¿Me estás diciendo que Sakura está así porque ha visto morir a una persona con la que apenas tenía relación?!

Sasuke comenzaba a exasperarse, y eso no era bueno.

-Tsunade se encargó de decírselo a sus padres. Con lo que no contábamos era con que el escuadrón de Neji iba a volver unas pocas horas después. –Los ojos de Sasuke se entrecerraron, buscando el hilo que conectaba ambos hechos.- Sakura se lo ha tenido que decir a Takagi, a la que han traído con un brazo roto y ahora también el corazón. –Hikari alzó la vista y miró el rostro de Sakura, recordando su semblante dolido cuando la vio salir de la habitación de al que provenía el llanto que había conmovido a todo el hospital. Un llanto trágico y lleno de desesperación.- Se casaban el mes que viene.

-¡¿Y qué tiene eso que ver con Sakura?!

-¡Tiene miedo! –Sasuke retrocedió, sorprendido. Naruto miró al suelo, crispando los puños. Hikari finalmente le imitó, luchando por retener unas lágrimas que afloraban a sus ojos ante el recuerdo, vívido pero irreal, de Sasuke tumbado en el suelo, sobre un charco de sangre. Inmóvil. Muerto.- Todos tenemos miedo. –Alzó la cabeza para mirar al Uchiha que ya era más que un amigo.- Miedo de perderte. Sakura se ha sentido identificada con esa chica. Porque sabe que ella se sentirá igual si a ti te pasa algo.

Siguieron unos instantes de silencio, pesado, en los que todos observaron el rostro de la pelirrosada, ahora tan relajado. Sasuke acarició su mejilla con ternura.

-No me va pasar nada.

Lo dijo en un susurro, más para la dormida Sakura que para Hikari y Naruto. Aún así, su compañera de piso contestó.

-Pero… esta tarde te he visto. Muerto. Tengo un mal presentimiento, Sasuke, y sé que ella también lo tiene.

Sasuke alzó la vista, esta vez para decírselo a ella.

-No me va pasar nada.

Y volvió a dedicarse en cuerpo y alama Sakura. Se tumbó de nuevo a su lado, reposando su cabeza a milímetros de la suya, susurrándole al oído, acariciando su cabello y su rostro.

Hikari miró a Naruto, y ambos salieron de la casa, cerrando la puerta tras ellos. No hablaron hasta que estuvieron en la calle, bajo la noche de verano.

-Puedes dormir en mi casa si quieres. No creo que debamos molestar.

-No –coincidió Naruto-. Cuando Sasuke está de mala hostia, es mejor no molestar.

El rubio miró a Hikari, buscando su sonrisa para apoyarse en ella, pero sus ilusiones se rompieron al encontrarla mirando fijamente la punta de sus pies. Supo qué estaba pensando.

-¿De verdad crees que alguien quiere… matar a Sasuke?

Ella suspiró.

-No lo sé. Pero no puedo dejar que le pase nada.

-¡Claro que no! No puede morirse hasta que le haya restregado mi puesto de Hokage por la cara.

Hikari esta vez sí sonrió, soltando una leve carcajada. Segundos después rebuscó en su bolsillo y le dio a Naruto las llaves de su piso, colgadas de un llaverito que representaba medio corazón. El otro medio lo tenía Gaara, pero a saber en dónde. En las llaves de su casa desde luego que no, ya que tenía sirvientas que las suplían.

-Ve yendo, le prometí a Kawa que pasaría a ver su apartamento.

El rubio sonrió.

-Te va a gustar. A mí me encanta.

Hikari se despidió de él con un beso en la mejilla y echó a correr en la dirección opuesta.

-¡Hasta luego!

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Repasó una última vez el libro mientras acariciaba el filo recién afilado de la katana. Lo cerró con cuidado y lo escondió meticulosamente entre otros libros, camuflado en una carcasa vacía de una guía turística de la aldea de la Niebla.

Luego comenzó a recoger los papeles, algunos demasiado viejos incluso para guardarlos, todos llenos de rostros enfurecidos o fotografías mal tomadas, adornadas con una cifra de dinero lo suficientemente alta como para haber merecido su atención.

Todos rostros tachados con un bolígrafo rojo.

En ese momento sonó el timbre. Miró extrañado la hora. Casi alcanzaba la media noche.

Avanzó hacia la puerta despreocupadamente. Abrió, y se le iluminó el rostro con una gran sonrisa.

-¡Hikari! Ya no te esperaba tan tarde.

La invitó a pasar con un gesto y cerró la puerta tras ella.

-Es que he tenido algunos problemillas… Bueno, pero no me apetece hablar de ello.

-Ah. ¿Quieres tomar algo? ¿Un café, leche?

-Hmmm… ¿Tienes sake?

-No deberías beber.

-Y tú, como mi hermano mayor, no deberías dejarme.

Kawa soltó a una carcajada mientras se dirigía al frigorífico.

-Puedes echar un vistazo mientras lo preparo.

Ella sonrió y se encaminó hacia la puerta de la derecha.

El apartamento era en realidad un ático, algo pequeño, pero confortable y con mucha luz. Aunque en invierno debía de hacer un frío de narices. La puerta de entrada daba a la cocina-comedor, donde sólo había espacio para una pequeña nevera, el fregadero, la vitrocerámica y una mesa cuadrada con dos sillas. La puerta de la derecha daba al baño, más pequeño que cualquier otra sala. Apenas había espacio para moverse. Contaba con el lavamanos, sobre el que reposaba un espejo-armario, el váter, y una ducha que hacía esquina. Todo parecía del paleozoico.

A la izquierda de la cocina había otra puerta, y antes de que Kawa se percatase de lo que suponía que Hikari entrara allí, ella lo hizo, dando saltitos que seguro que los quisquillosos vecinos de abajo no les estaba gustando nada.

Justo cuando vio desparecer su silueta se dio cuenta de que no había terminado de recoger los carteles de recompensas. Dejó los dos vasos de sake apresuradamente en la mesa y corrió hacia allí.

-¡Hikari!

Pero ya era demasiado tarde. Ella estaba de pie, junto a la cama donde estaban esparcidos los documentos. Sostenía en sus manos los retratos de dos hombres de aspecto peligroso y hasta cierto punto despreocupados, por los que daban varios millones de ryous.

Ella los miraba, o más bien las cruces trazadas a mano sobre sus caras. Fijó su vista en él en cuanto apareció en la habitación.

-Kawa, ¿qué…?

-Sí. –Apenas imperceptiblemente se colocó detrás de ella, apretando su cintura contra la de la chica, sujetándola un brazo en la espalda y haciéndola soltar los papeles. Hikari soltó un gritito y tragó saliva, gesto que le resultó doloroso al notar como el kunai se hundía suavemente en la piel de su cuello, haciendo que un hilillo de sangre cayera hasta el borde de su camisa blanca.- Soy caza recompensas.


Venga, premio para el que me diga que se lo esperaba de Kawa... Que no os sorprenda me lo creo, pero que os lo habíais imaginado ya no. Bueno, sí, es un cabrón como una casa. No tengo mucho más que decir, así que... me voy despidiendo. Un besooo!!!

Sayo!