Holaaaa!! Para aquellos que pensarais que había desparecido, siento decepcionaros n.n Sé que últimamente tardo siglos en colgar la conti, pero os pido que me perdoneis. Se acerca la parte difícil de la historia y quiero alargar mi vida lo máxmo posible, ya que me vais a matar u.u Yo ya me siento miserable solo de pensar lo que voy a hacer, así que... Bueno, os aviso, este capi tiene bastante contenido pasteloso. Pero era necesario. Es la calma justo antes de la tormenta, duh. También tiene banda sonora, la canción que me inspiró estas escenas: Why, de Ayaka. Sí, es del FFVII Crisis Core xD Pero recomiendo escucharla, a mí me encanta. Si este capi tiene un mensaje, sé cuál es. mirar siempre hacia delante y no lamentarse por lo que quede atrás. Junto al consejo que me dio una amiga hace bastante ya (No llores nunca por un hombre), son las dos frases que más de una vez me han podido arrancar una sonrisa en los peores momentos. Bueno, os dejo con el capítulo, espero que os guste!!


Capítulo 10: Sin mirar hacia atrás.

-¡Kawa! ¿Estás listo?

El rubio se giró, apartando la mirada de los tejados de Konoha, y miró a Sayuri y Takei, que aguardaban en la gran puerta con sus mochilas colgadas. Luego, por un fugaz instante, sus ojos observaron sus manos entrelazadas.

-Sí –se acomodó el asa de la bolsa-, vámonos.

Los tres componentes del equipo 8 de Taki salieron de Konoha una de las mañanas más frías del todo el verano, casi cuando el sol no había salido y el resto de la aldea aún dormía. Kawa no esperaba que nadie fuera a despedirse de él.

Cerró los ojos.

Mejor así. Odiaba las despedidas.

Después de un par de horas saltando entre árboles, entre risas y anécdotas de cuando eran pequeños, decidieron tomarse un pequeño descanso. Takei sacó una bandeja de bento de su mochila y la compartió con Sayuri. Kawa les observó con mirada ausente.

-Ahora vengo.

El rubio se puso en pie y se giró, dando la espalda a sus compañeros de equipo.

-¿Dónde vas? –Sayuri le miró preocupada.-

El rubio se giró esbozando una sonrisa sarcástica, tratando de que no se descubriera lo falsa que era.

-La naturaleza me llama, baby.

Sayuri y Takei soltaron una carcajada y volvieron a sumergirse en su comida. Kawa se adentró un poco en el bosque y se sentó en el suelo, dejando escapar un suspiro. Se recostó hacia atrás y quedó tumbado boca arriba, con los ojos cerrados y los brazos estirados en cruz. Los puntos de luz del sol que se colaban desde las alturas entre las hojas de los árboles le impactaban en la cara, jugando con un espectáculo de colores y sonidos.

-¿Qué haces ahí tirado?

Kawa sonrió antes de abrir los ojos. Cuando lo hizo, vio a Itachi de pie a su lado, con una ceja alzada y mirándole raro.

-Descanso. –Se incorporó, para quedarse sentado, y miró al frente.-

Itachi se sentó a su lado, mirándole. Después de unos instantes, se atrevió a preguntar.

-¿Te vas? –Kawa no le miró, ni le respondió.- He visto a tus compañeros de equipo. Y tu mochila.

Kawa suspiró.

-Tan solo me voy de vacaciones, eso es todo. Necesito… tiempo.

-¿Tiempo para qué?

-Para pensar.

-¿En qué?

-¡Joder, Itachi! ¡Pensar!

-…¿En qué?

-En mi tesis doctoral sobre el amor entre plantas carnívoras.

-Ah, vale. Eso lo explica todo.

Kawa miró a Itachi y se echó a reír. El Uchiha esbozó una sonrisa sarcástica.

-Tan solo quería asegurarme de que no ibas a dejar tirada a Hikari. Otra vez.

Kawa esbozó una mueca.

-No. No es eso… Pero necesito asimilar todo lo que está pasando.

Itachi le miró en silencio durante unos instantes. Luego, de su boca salió algo parecido a un suspiro.

-Sé que te molesta, Kawa, pero Hikari y yo…

-Hikari y tú sois la jodida pareja perfecta, Itachi. –Le miró y esbozó una sonrisa.- Tranquilo. Lo superaré. Ayer alguien me ayudó a comprender que el mundo no se acaba todavía.

Itachi le miró, con el ceño fruncido.

-¿Quién?

-Oh, un chico que lo perdió todo pero que siguió adelante y al que ahora la vida le ha recompensado con una novia que te cagas. Y que, curiosamente, se parece mucho a ti.

Itachi parpadeó por unos instantes y luego no pudo evitar sonreír embobado.

-Oh… ya.

Kawa alzó una ceja, divertido.

-¿Qué me dices de eso? Dentro de poco ya serás "el tío Itachi".

-Sinceramente, no creo que me invite a la boda…

-Bueno, con un Uchiha nunca se sabe. Sois lo más impredecible que existe en este mundo.

Itachi sonrió. Estuvieron unos instantes en silencio, disfrutando de la compañía mutua. En los años de amistad, habían aprendido a disfrutar de los escasos momentos que pasaban juntos, ya que sabían a la mínima se podían joder.

-¿Te acuerdas de cuando éramos pequeños?

-Hum. Cómo olvidarlo. –Itachi alzó la vista a las copas de los árboles y cerró los ojos. No hacía tanto que habían dejado de ser pequeños. Y aún así para él había sido como una eternidad.-

-Algún día –dijo Kawa- tenemos que quedar para seguir jugando a los piratas. Te recuerdo que te robé el tesoro.

-Sí, pero yo secuestré a la princesa.

-¡Mentira! ¡Hikari se dejó secuestrar porque Sasuke le dijo que le iba a dar una piruleta!

Kawa se echó a reír e Itachi negó con la cabeza mientras sonreía ampliamente.

-Y, ¿dónde te vas de vacaciones?

-A la Cascada. Hace mucho que no voy a por allí… Y quiero conocer al hijo de Shibuki, que tampoco estuve en su bautizo ni nada. Además, la casa de mi madre debe de estar echa un asco…

En ese momento, Itachi se revolvió a su lado. Kawa le miró con el ceño fruncido.

-Estás pálido.

-Hay algo que debes saber.

-¿Sobre qué?

-Sobre la casa de tu madre… Aunque me extraña que ni Hikari, ni Sayuri ni Takei te lo hayan dicho…

Kawa frunció el ceño.

-¿Qué pasa?

Itachi suspiró.

-Hikari la quemó. Cuando se marcharon de la Cascada hace un año. Ya no quedan más que escombros quemados.

Kawa abrió mucho los ojos. Parpadeó un par de veces y luego sonrió, temblando.

-Hum. Lo que yo decía. Bueno, no importa tanto. Aunque… dile a Hikari que tardearé algo más en volver. Un mes o así.

-¿Por qué das por sentado que voy a ver a Hikari?

-¿Ah, no? –Replicó Kawa con tono sarcástico.- Entonces irás a felicitar a Sasuke por su cumpleaños. –Kawa se puso en pie y comenzó a representar una escena muy teatralmente.- "¡Querido hermano mayor! ¡Qué alegría que hayas venido!" "¡Sasuke! ¡Felicidades, tonto hermano pequeño!"

Itachi agarró una piedrecita del suelo y se la tiró a Kawa, que se cubrió el rostro a tiempo antes de que le impactara, riendo. Itachi se puso en pie.

-Bueno, yo me voy. Hikari ya debe saber que estoy aquí.

-¿Veeeeeees? Sabía yo que no ibas a felicitar a Sasuke.

-Hum.

Ambos se sonrieron y se dieron la mano.

-Nos vemos.

Itachi asintió y saltó hacia un árbol. Kawa siguió su recorrido hacia las alturas con la vista. Luego, alzó la mano para recoger una pluma negra que cayó desde el cielo. La observó con un toque de tristeza en la mirada.

-Un ángel caído, ¿ne?

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-¡¿Qué?! ¡¿Qué se ha ido?!

Hikari se levantó alarmada del sillón. Sasuke se quitó la toalla húmeda de la frente y la miró, con un suspiro.

-Tranquilízate… Sólo se ha ido de vacaciones con Sayuri y Takei…

-Pero, pero… ¡sin despedirse!

-Tendrían prisa, Hikari, yo qué sé.

Hikari volvió a sentarse en el sillón cruzada de brazos e hinchó los mofletes. Sasuke volvió a ponerse obre la frente la toallita mojada para que se le pasara el dolor de cabeza. Había pasado toda la noche en casa de Kawa, en vela, y eso le estaba pasando factura.

De pronto, Hikari alzó la cabeza y miró por el ventanal que daba al balcón. Sasuke escuchó un graznido y miró también. Luego, bufó.

-Lo que faltaba, un pajarraco. Como le dé por cagar en el balcón, yo no lo pienso limpiar.

El pájaro en cuestión se había posado en la barandilla y miraba a Hikari atentamente mientras graznaba repetidamente.

Hikari no tardó en comprenderlo y sonreír.

-Bueno… Sasuke… Acabo de recordar que había quedado así que… me voy a ir yendo…

Sasuke respondió con una especie de asentimiento, con los ojos tapados por la toalla. Segundos después, Hikari ya saltaba desde la baranda del balcón, siguiendo al ave.

Sasuke estuvo unos minutos en silencio, cuando se quitó la toalla ya prácticamente seca.

Miró de nuevo la barandilla y vio en el suelo del balcón una pluma negra con reflejos azules.

Un cuervo. El pájaro era un cuervo.

Y, sin saber por qué, Sasuke sintió un escalofrío cuando un rostro vino a su mente.

Sacudió la cabeza, pensando que sufría paranoias. Tenía claro que no iba a volver a ser el psicólogo de nadie, y menos aún de un jinchuuriki pirado y drogadicto.

Itachi estaba fuera de lugar en ese momento.

Justo entonces sonó el timbre. Sasuke se levantó del sofá con un quejido y de camino al recibidor dejó la toalla húmeda en el fregadero de la cocina.

Cuando abrió la puerta, supo que no iba a volver a necesitar esa toalla en el resto de la tarde.

-¿Te apetece que vayamos a dar un paseo?

Sasuke sonrió a Sakura y esta le dio un suave beso en los labios que él se encargó de profundizar.

-Claro. –Cogió sus llaves de la encimera y cerró la puerta tras de sí. Pasó una mano por la cintura de la pelirrosa mientras comenzaban a andar y la besó en la sien.- Tenía ganas de verte.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Ino suspiró a la vez que cerraba los ojos. Respiró profundamente la mezcla de olores a la que ya estaba acostumbrada y bostezó con pesadez. Llevaba toda la mañana metida en la floristería, sin ningún cliente excepcional ni ningún chisme por comentar.

En ese momento, alguien entró por al puerta y su bostezo se cortó súbitamente. Ella se sonrojó un poco.

-¡Bienveni…! –Abrió los ojos al máximo al reconocer a la persona que acabada de entrar.- ¡Sai! –Ino salió de detrás del mostrador y se puso frente a él, con una amplia sonrisa que el moreno le devolvió.- ¿Qué tal te ha ido la misión?

-Bien. –Sai le tendió la mano a Ino y ella lo miró con sorpresa.- Lo he hecho para ti.

Ino cogió el nenúfar cerrado de tinta con ambas manos.

-Es… precioso. Gracias, Sai.

-Aún no has visto lo mejor. Observa.

Ino volvió a mirar el capullo en sus manos, y, para su sorpresa, comenzó a abrirse, dejando al descubierto una corola de pétalos de colores vivos y alegres. Y, en el centro, una hermosa rosa roja natural. Sai la cogió con cuidado y se la colocó a Ino sobre la oreja, recogiéndola el pelo. Ella miró el gesto atónita.

-¿Puedo invitarte a tomar algo, hermosa princesa?

Ino sonrió como embobada y dejó el nenúfar sobre el mostrador para abrazar a Sai. Le besó suavemente en los labios.

-¿Por qué no vamos directamente a tu casa? Hace mucho que no pasamos un rato juntos y no quiero desperdiciarlo en tontas conversaciones delante de un helado que no llevan a ningún sitio.

Sai sonrió y asintió. Ino volvió a besarle.

A sus espaldas, tan sólo quedaba un nenúfar en flor de tinta.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Temari miró por la ventana de de su despacho, cansada. Más allá del cristal no se veían más que los tejado redondeados de los edificios de Suna, y, más allá, un mar interminable de dunas. En esa misma dirección, a kilómetros y kilómetros de distancia, a tres días de camino, estaba Konoha.

La kunoichi dejó caer su cabeza sobre el escritorio con un suspiro. Apartó con la mano una mosca que se había posado cobre su montón de papeles por firmar y revisar. Nunca debería haber aceptado ser la ayudante de Gaara en la ausencia de Matsuri. Y, lo que más la pesaba, era que sabía que aún tardaría un par de meses en volver a Konoha.

Justo en ese momento, se abrió la puerta frente a ella. Suspiró.

-Kankuro, te he dicho que no me traigas más informes, que ya tengo suficiente con es-

Sus palabras murieron en sus labios cuando vio al shinobi en el umbral de la puerta, sin su uniforme y con una sonrisa en el rostro.

Se levantó de su asiento de un salto y los ojos se le anegaron en lágrimas.

-¡Shikamaru!

De un salto se colocó a su lado y le abrazó con todas sus fuerzas, enterrando la cabeza en su pecho. Él le acarició la nuca y respiró su aroma.

-Te he echado de menos.

Temari alzó la cabeza hacia él y le miró, tratando de retener el llanto que le producía la alegría de verle ahí.

-¿Qué haces aquí?

-Quería darte una sorpresa. Voy a quedarme un par de meses, de vacaciones. Además, le he pedido permiso al Kazekage para que hoy pudieras salir antes del trabajo.

Temari gritó instantáneamente de pura felicidad y le besó lanzándose a sus brazos. Luego, ambos salieron de la apestosa oficina.

A sus espaldas, tan solo una mosca revoloteando sobre un montón de papeles que tendrían que esperar.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Tenten despertó, alertada por un roce en su frente. Abrió los ojos y vio a Neji acariciando su rostro mientras sonreía. Volvió a cerrar los ojos de puro placer y el Hyuuga se inclinó para besarla.

-Buenos días.

Ella respondió con un gañido y abrazándole con fuerza. Se acurrucó contra su cuerpo desnudo bajo las sábanas y notó como Neji sonreía.

Segundos después le vio alargar la mano hasta la mesilla y coger la venda que le cubría la frente y que sólo se quitaba una vez que habían apagado la luz.

Tenten frunció el ceño y detuvo su mano. Él al miró.

-Tenten…

-Me da igual. Delante de mí no tienes por qué esconder ese horrible sello. A mí no me importa, Neji. Te quiero tal y como eres, con todo.

La castaña alzó una mano y apartó un mechón de pelo de la frente de Neji para acariciar con las yemas de los dedos el dibujo sobre su piel. Neji cerró los ojos unos instantes, disfrutando de su tacto. Luego, dejó la venda abandonada y se colocó sobre Tenten, sin cargarla con su peso. Enredó sus dedos en su pelo suelto y la besó con pasión.

-Te quiero.

Sus cuerpos se rozaron con fuerza bajo las sábanas blancas y ambos sonrieron.

A sus espaldas, la puerta de la habitación de Neji. Y detrás de la puerta, pero solo detrás, el mundo real, con sus clanes y sus leyes.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Hinata cogió sus papeles y un libro de encima de la mesa y salió al pasillo, cerrando la puerta del aula. Caminó por un lateral, mientras los niños corrían para salir por fin de la academia y llegar a casa a contarles a sus padres lo bien que lo habían hecho ese día.

La Hyuuga sonrió y saludó a un par de pequeños.

-¡Hinata-sensei! ¡Hasta mañana!

-¡Hasta mañana!

La chica de ojos plateados entró a la sala de profesores y dejó allí el libro que llevaba entre las manos. Justo antes de salir, se topó con Iruka.

-¡Ah! ¿Te vas ya, Hinata-chan? -Ella asintió.- Muchas gracias por ayudarnos con los pequeños. Estás haciendo un gran trabajo como voluntaria.

Ella se sonrojó levemente.

-Arigato, Iruka-sensei.

Minutos después, el sol del mediodía la cegaba a la puerta de la Academia. Un par de padres la saludaron y uno se paró a hablar con ella por un problema que había tenido con su hijo y no sabía cómo solucionar, a lo que Hinata contestó amablemente.

Hacía poco que había empezado a trabajar como voluntaria en la Academia, con los niños más pequeños de seis años. Y era un trabajo que realmente le agradaba, y había pensado en dedicarse a ello.

Cuando salió a la calle, entre un remolino de niños, decidió quitarse la chaqueta debido al calor sofocante que hacía. Frenó un momento, y uno de los niños que venían corriendo detrás la empujó sin querer.

Hinata se vio de bruces contra el suelo y cerró los ojos, sin tiempo a gritar. Pero no llegó a impactar. Unos brazos fuertes la sujetaban con firmeza.

-Vaya. Estos críos… ¿No saben que a las princesas hay que tratarlas con cuidado?

Hinata alzó la vista y encontró la sonrisa de Naruto enmarcada por el destello del sol, que hacía brillar sus ojos de ternura.

La ayudó a incorporarse bien, aunque sin soltarla.

-Arigato, Naruto-kun. -Él cogió la chaqueta de la chica, levemente sonrojada.- ¿Qué haces aquí?

-Vamos a ir a comer.

-¿A dónde? ¿A Ichiraku otra vez?

Naruto la miró con una sonrisa traviesa.

-No. He alquilado una mesa en el Chiheisen.

Hinata abrió mucho los ojos, totalmente pillada por sorpresa.

-¡¿Qué?! ¡Pero si es el restaurante más caro de Konoha! Naruto-kun, no puedo…

-Chst…-Naruto la acalló con un suave beso.- Tú te mereces eso y más.

Hinata se mordió el labio, enternecida, y le pasó los brazos alrededor del cuello a Naruto. Él le rodeó con fuerza la cintura y la atrajo hacia sí.

Cuando se separaron, con una sonrisa, se miraron intensamente.

-Vamos.

Naruto la tomó de la mano y ella apoyó la cabeza sobre su hombro.

A sus espaldas, solo un montón de mujeres emocionadas cuchicheando y niños sorprendidos.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Cuando Hikari encontró a Itachi en el bosque, lo primero que hizo fue lanzarse a sus brazos a besarlo con fuerza, siendo correspondida de la misma forma. Le besó una, dos, tres veces, hasta que dejó de contarlas para dedicarse a ello en cuerpo y alma.

-Te he echado de menos.

Itachi sonrió burlonamente, pegando su frente a la suya.

-No han pasado ni dos días.

-¿Ah, sí? Pues me ha parecido más.

Siguió besándole, siempre con una sonrisa en los labios para él. Llegado un momento, agarró con ambas manos los lados de su túnica y comenzó a desabrocharla. Itachi la miró atónito.

-Hi-¡Hikari! ¡¿Qué coño estás haciendo?!

Ella le miró, divertida.

-Estamos a cuarenta grados, y tú con esta casaca. Eres increíble. –Itachi la siguió mirando con una ceja levantada.- ¿Acaso pensabas que iba a violarte aquí mismo o algo?

Él sonrió de medio lado y volvió a besarla, suavemente.

-Eres muy joven para andar pensando en esas cosas.

Hikari le miró, indignada y a la vez divertida.

-¡Joven, dice! ¡Tengo diecisiete años, don viejales!

-Pues eso, joven. –La rodeó la cintura con los brazos atrayéndola hacia sí. Estuvieron besándose unos cuantos segundos, hasta que Hikari se separó de él y frunció el ceño mirando hacia su derecha.- ¿Qué pasa?

-¿No lo oyes? Es… ¡una cascada!

Cogiéndole de la mano, lo arrastró a través del bosque hasta encontrar el lago sobre el que caía una pequeña cascada. Hikari miró el agua con los ojos brillantes y una sonrisa radiante y luego dirigió su vista a Itachi.

-Ne… ¿Nos damos un baño?

Itachi observó que la chica llevaba puesto el bikini debajo de la ropa. Supuso que era normal, tal vez tenía planeado ir a bañarse con sus amigos para aguantar el calor de una tarde de verano.

-No tengo bañador –alegó él.-

-Da igual. –Hikari sonrió, pícara, e Itachi alzó una ceja.- Puedes bañarte en ropa interior, a mí no me importa.

-¿Te has parado a pensar que igual a mí sí que me importa?

-No. ¿Acaso te da vergüenza que te vea en paños menores? –Trató de retener la risa, pero no lo consiguió del todo.-

Itachi se lo pensó unos instantes. Finalmente, chasqueó la lengua.

-Eres imposible…

Pocos segundos después, con la ropa olvidada a la orilla, Hikari salpicaba a Itachi, que se acercaba a ella a través del agua peligrosamente.

Finalmente se dejó atrapar y él la cogió por la cintura, elevándola fácilmente ayudado por la gravedad reducida del agua. Cuando la cabeza de ella estuvo por encima de la suya, Hikari le miró tiernamente. Le rodeó el cuello con las manos y acarició su nuca. Agarró la goma que sujetaba su pelo y se la quitó poco a poco, dejándolo suelto. Itachi cerró los ojos mientras ella le apartaba unos mechones de cabello de la frente. Cuando los abrió, ella tenía lágrimas en los ojos.

-Quiero que esto dure para siempre, Itachi… Te quiero…

Él volvió a cerrar los ojos y sonrió. Ella rió suavemente. Se besaron suavemente, sonriendo.

Pero Itachi volvió a sentir un pinchazo dentro de él. Uno de esos que le aseguraban que no, no podía durar para siempre. Que a sus espaldas aún tenía una responsabilidad. Un pasado que no le permitía pensar en un futuro.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

-…por eso se ha marchado. Después de lo de ayer, le vendrá bien.

Sakura miró al suelo y Sasuke no perdió de vista su rostro.

-Pobre Kawa. Vale que a veces la caga, pero no se merece esto. ¡Cuando vuelva, le buscamos novia!

Sasuke sonrió ante la idea de su novia y luego la beso, aprovechando la mano que rodeaba su cintura. Seguidamente ella apoyó la cabeza en su hombro y siguieron caminando por el bosque abrazados. Sasuke miraba Sakura con una sonrisa en el rostro que se encargaba de endurecer cuando Sakura le miraba. No tenía por qué esconder lo feliz que era con Sakura, pero su orgullo no dejaba que le viera con cara de idiota enamorado hasta el tuétano. Era un Uchiha. Sería una deshonra que alguien supiera lo mucho que dependía de esa mujer.

De súbito, Sakura se detuvo a su lado.

-Sasuke-kun, ¿lo oyes?

Él asintió.

-Agua. –Justo después, se escuchó una risita que se le hizo familiar. Parpadeó.- ¿Hikari…?

Juntos, los dos componentes del equipo 7 se acercaron al lugar del que provenía el sonido del agua al caer. Sasuke apartó las ramas de unos arbustos.

Y entonces les vio.

Él estaba de espaldas. Tenía el pelo largo y negro, y las puntas de su cabello se esparcían por el agua. Su espalda era musculosa y bien formada, cubierta por algunas cicatrices. Era unos años mayor que ellos. En el brazo izquierdo llevaba tatuado el símbolo ANBU. No le veía el rostro, tan sólo sus brazos aferrándose a Hikari como si la vida se le fuera en ello y a ella besándole a la vez que sonreía.

"Le quiere. Y él también a ella."

Fue el único pensamiento que acudió a la mente de Sasuke. Sonrió y miró a Sakura a su izquierda, que miraba a la pareja con un notable sonrojo. El moreno dejó escapar las ramas de los arbustos, tapándole la visión a su novia. Ella le miró.

-Será mejor que nos vayamos. –Sonrió Sasuke.- Además, creo que Hikari aún va a tardar un rato en volver a casa. ¿Te apetece…?

El Uchiha sonrió socarronamente y atrajo a Sakura hacia él, que ya se olía sus intenciones y sonreía. Se besaron con una promesa de lujuria en los labios y sus ojos destilaron pasión cuando se miraron, mientras se alejaban sin mirar hacia atrás.

Tal vez, si se hubieran fijado mejor, hubieran visto la capa de Akatsuki a la orilla del algo, o el protector agrietado de la villa de la Hoja brillar bajo la luz del sol.

O, simplemente, hubieran reconocido el rostro del hombre que besaba a Hikari a sus espaldas en esos momentos.


Bueno, como últimamente ando escasa de reviews, tendré que suplicar por alguno u.u Además, que mi reviewadora oficial está de viaje. ¡Forsak, te echo de menos! Igualmente, muchas gracias a todos los que lo leeis n.n Os quiero muchísimo!! Nos vemos en el próximo (espero no tardar mucho)!

SMRU