Holaaaaaaaaaa!! Bueno, no voy a enrrollarme mucho porque en breve deberé irme a cenar con la familia n.n Que es lo que hay que hacer en estas fechas tan especiales... porque es NAVIDAD!!!!! n.n Solo debo pediros disculpas por la tardanza y dar las gracias a Forsak, que me mete prisa y me recuerda que debo actualizar xD Un beso para todos!!!! Muaaaaá. Y mis mejores deseos para estas fiestas n.n


Capítulo 11: Despertar.

Con el sol en su cénit, Kawa se permitió un descanso para comer y refrescarse. Hacía un calor horrible. Dejó el hacha clavado en el tocón de madera y se acercó hasta donde estaban Sayuri y Takei, éste último terminando de pulir una mesa de madera que pondrían en el salón. Cuando la chica le vio llegar enseguida sacó de la bolsa que llevaba colgada unas bolitas de arroz envueltas.

-Ten. Creí que me las tendría que comer yo.

El rubio desenvolvió la comida y comenzó a devorar ávidamente la primera.

-Mmm… rellenas. ¿Es salmón? –Sayuri asintió.- Están buenísimas, eres una gran cocinera.

Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Ella soltó una pequeña risita y se sonrojó.

-Sí, y es mía, me gustaría recordarte –puntualizó Takei, saliendo de debajo del mueble y dejando las herramientas sobre él-.

-¿Ah, qué pasa? ¿Quieres pelea? –Kawa dejó el onigiri sobre la mesa también y miró a su compañero desafiadoramente. Sayuri rodó los ojos.-

-¡Ja! Contigo no tengo ni para empezar, chucho.

Se alejaron unos pasos para no dañar ninguno de sus trabajos (la mesa, un armario y un cabecero de cama) y ambos al tiempo decidieron quitarse las camisetas sudorosas. Sayuri silbó. Eran todo contraste. La piel de Takei era más oscura que la de Kawa. Y así, a la luz cegadora del sol, los torsos de ambos brillaban, como sus ojos y su pelo.

Con un rugido Kawa no esperó más y se lanzó hacia su oponente, con las manos por delante. Takei esperó la arremetida y la aguantó. Contraatacó rápidamente con un codazo en la espalda, que hizo que Kawa cayera al suelo con un gemido. Cuando el castaño fue a lanzarse sobre él Kawa elevó los pies y de una patada en el estómago invirtió las tornas, dejando a su contrincante con la espalda en tierra y a él encima. Pero Takei no se rindió. Ambos empezaron a rodar por el suelo levantando polvareda en un revoltijo de puñetazos y patadas contenidas.

-Sois como críos. –Ambos luchadores pararon y miraron hacia arriba. Delante de ellos, Shibuki negaba con la cabeza.- Perdón. Los niños son más maduros que vosotros.

Los dos shinobis se pusieron en pie propinándose empujones. Sayuri se acercó hasta los tres hombres. Detrás de Shibuki venía la mujer de éste, Gaya, con el pequeño Ichiro en brazos. Cuando los tres componentes del equipo de Taki les vieron, abandonaron automáticamente a su líder y fueron a hacerle carantoñas a su hijo, dejándole con una expresión de decepción en el rostro.

Gaya rió al ver la cara de su marido. Era una mujer de estatura media-baja, pelirroja de ojos ambamarinos y de carácter apacible y sociable. Era muy amable y se desvivía por su familia, en especial por su pequeño, quien era el niño mimado de su corazón.

-No importa el tiempo que pase, jamás podrás controlar a estos tres.

Shibuki le dio la razón asintiendo con una gotita en la frente. Sayuri, Takei y Kawa seguían pendientes del bebé, que reía por las caras que le hacían ambos chicos.

Minutos después todos comían a la orilla del lago, sentados en un mantel de picnic. Kawa tenía en brazos a Ichiro cuando se escuchó un graznido proveniente del cielo. El rubio miró hacia las alturas y vio al ave volando en círculos sobre sus cabezas, comenzando a descender. Frunció el ceño.

El pequeño se intimidó y llamó a su madre. Kawa lo devolvió a los brazos protectores de Gaya y alzó un brazo para que el cuervo se posara en él. Llevaba una carta atada a una pata.

-Hay que tener mal gusto para utilizar cuervos como pájaros mensajeros. ¿De qué aldea es? –Dijo Takei con cara de asco.-

Kawa sonrió.

-Es de un amigo. –Se agachó a coger un poco de pan y se lo dio al ave, acariciando las plumas de sus alas. Desató la carta e impulsó al cuervo con el brazo, que voló un metro por encima de las cabezas de los shinobis para dejarle un "regalito" a Takei y luego se alejó volando y graznando, orgulloso de su victoria.

-¡Pájaro asqueroso! ¡Que me ha cagado! –Takei se limpió con una servilleta y cara de asco, mientras el resto reían.

-Los cuervos son aves vengativas. –Puntualizó Shibuki, provocando nuevas risas por parte de los shinobis.-

-Siempre han dicho que las mascotas se parecen a sus amos. –susurró Kawa, más para sí mismo que para el resto. Desdobló la carta con una sonrisa y comenzó a leer.-

"Kawa,

¿Cómo estás? Hace ya un mes que te fuiste y aún no hemos tenido noticias de ti. Les tienes a todos preocupados. En especial a Hikari, que se ha empeñado en ir a buscarte porque cree que te ha pasado algo. Y créeme, no puedo retenerla por siempre.

Pero yo quería hablarte de otra cosa. ¿Recuerdas esas flores que tenía tu madre que tanto le gustaban a la mía? No recuerdo su nombre. Aquellas blancas. Espero que sepas cuáles son.

Como sabrás, aunque posiblemente esa cabecita loca tuya no se acuerde, dentro de poco es el aniversario de su… muerte, si se me permite decirlo así. Querría dejarle un ramo en su tumba. Raro en mí, ¿verdad? Estar tanto por Konoha me está ablandando. No se lo he dejado en 10 años y se me ocurre hacerlo ahora. Ja.

Con esto puede que no estés muy de acuerdo, pero quiero contártelo igualmente. Voy a llevar a Hikari a casa de mis padres. Quiero que la vea. Sé que ella no me tiene por un asesino, pero es lo que soy. Y quiero que lo sepa, que cavile sobre ello y se dé cuenta de lo que conlleva. Y luego… que decida lo que soy.

Si ya te estás enfadando porque te parece mala idea –como posiblemente estés haciendo, así que cálmate- tengo una buena excusa, y es que de todos modos Hikari acabará pisando territorio Uchiha. Sasuke va a llevarla a ver el templo del clan. No sé qué es lo que se le pasa por la cabeza. Pero creo que es porque no se atreve a ir solo, a enfrentarse a los retratos de todos a los que yo… Bueno. Me entiendes.

Lo lógico sería que se lo hubiera pedido a Sakura o a Naruto. No sé por qué Hikari precisamente.

Kawa, no quiero que te enfades. Tampoco es por herirte. Pero no sé qué pasará cuando Hikari vea el horror que provoqué. Me da miedo su reacción posterior. Aunque, si se lo toma bien… Compréndeme, sería el hombre más feliz del mundo. Y… Espero que me perdones si sale todo demasiado bien.

Vuelve pronto."

Kawa quemó la carta ardiendo de ira, con los ojos azules eléctricos brillantes y un sospechoso chakra emergiendo de sus manos. Oh, sí, se había cabreado. Tenía motivos de sobra para hacerlo. Pero la gilipollez de Itachi sobrepasaba a cualquier otro.

No podía dejar que Hikari fuera al templo de los Uchiha.

Se levantó corriendo y fue hacia la cabaña, sobresaltándolos a todos.

-¡Kawa!

-¡¿Qué pasa?!

-Sayuri –llamó el rubio- corta una ramo de las flores blancas de al lado de las azucenas.

-¿Dónde vas? –Inquirió su compañera-.

-A Konoha.

Minutos después y con una sencilla mochila con lo esencial, se precipitaba de árbol en árbol con las flores entre los brazos. Tenía dos días para llegar, y si quería hacerlo debía darse prisa. Mucha prisa.

Miró una vez más los pétalos blancos a través del plástico que Gaya le había puesto al ramo para que no se estropeara con el viento.

-Diamelas, imbécil. Se llaman diamelas.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Cuando Hikari llamó a la puerta de la habitación de Sasuke, ya sabía que sería Sakura quien contestaría.

-¡Un momento!

Pero ella no podía esperar un momento, o los nervios y las dudas la consumirían. Así que entró en la habitación decidida.

Sasuke la miró con los ojos como platos y totalmente lívido, olvidándose de los labios de Sakura por un instante. La pelirrosada se sonrojó lo indecible al verse descubierta.

-¡Hikari! –recriminó el Uchiha, tapando su desnudo y el de Sakura con una sábana.- ¡Te hemos dicho que esperaras!

-¡Pero no puedo esperar! –Se acercó a la cama y agarró a Sasuke por el brazo, tirando de él hacia la puerta.- Necesito hablar con Sakura. De chica a chica. A solas. –Al ver que su compañero de piso iba a replicar lo acalló.- ¡YA!

-Vale, vale. ¡Pero déjame que coja mi ropa al menos!

Apenas le dio tiempo a coger sus calzoncillos y un pantalón antes de que Hikari le echara definitivamente de la habitación cerrándole la puerta en las narices. Se acercó de nuevo hacia la cama, donde Sakura seguía pasmada y se sentó a su lado.

-¿Qué pasa?

-Tengo un problema. –Lo dijo con tal seriedad y una mueca de horror en el rostro que Sakura se preocupó en serio.- Mi… chico –se sonrojó- me ha invitado a ir esta noche a su casa.

Sakura la miró unos instantes confundida. Finalmente sonrió, aliviada.

-Ah… Sólo era eso…

-¡¿Sólo eso?! ¡Sakura!

-Vale, vale. Lo siento. ¿Y cuál es el problema?

Hikari comenzó a jugar con la sábana con la que se tapaba la pelirrosa.

-Que no sé qué hacer. ¿Y si…? Bueno… tú… ya me entiendes. –Dijo mirándola de reojo.-

-No, no te entiendo.

-¡Jolines! Pues… que… ¿qué… hago si él quiere…?

Ante su extrema timidez y su sonrojo sobrenatural, Sakura acabó captando a lo que se refería.

-¡Ah! ¿Es que aún no habéis…? –Hikari negó con la cabeza.- Buf.

-A eso me refiero. ¿Qué hago? No tengo ni idea, Sakura.

Sakura suspiró y la miró con ternura.

-Lo primero no te pongas nerviosa. Piensa que es algo… natural. –Hikari trató de sosegarse.- Y… bueno, si vas a hacerlo es algo que tienes que tener muy claro. Es algo que es para siempre. No va a haber otra primera vez. ¿Lo has pensado bien?

-Sí. –Hikari titubeó.- Creo que sí. Es que… Le quiero, Sakura, más que a nada ni a nadie. Estoy muy bien con él, me hace sentir tan… feliz. –Su mirada se entristeció.- Pero sé que aún hay cosas que nos separan. Abismos. Y no sé cómo saltarlos.

-Ten por seguro que esto no va a hacer otra cosa que uniros aún más.

Hikari miró a Sakura a los ojos. Por un momento se sintió ella. Y supo que era feliz. Muy feliz.

-Sí. Quiero hacerlo. –Sakura sonrió y le cogió ambas manos entre las suyas.- Pero no sé cómo. Ése es problema. Estoy totalmente perdida.

Sakura le besó la frente.

-No hay una forma de explicarlo. Simplemente… No hay unas pautas que seguir. Hay mil formas diferentes de hacerlo, para cada persona, para cada vez, diferente. Nunca una vez va a ser igual que otra. –Al ver que ella seguía indecisa e insegura, suspiró.- Escucha. Él es mayor, ¿verdad? Tendrá más experiencia en esto.

Hikari bajó la vista.

-Supongo…

-Entonces deja que él te guíe. Sabrá qué hacer. No te preocupes por eso y… simplemente disfruta el momento, porque será único. -Hikari la miró y sonrió. Se sentía más tranquila.- Ah, y una última cosa. –Estiró una mano para alcanzar la mesilla y abrió el primer cajón. Hikari se sonrojó al ver el contenido. Sakura sacó uno de los preservativos de la caja y se lo metió en el bolsillo del pantalón a su compañera.- Obligatorio. ¿Prometido?

La morena sonrió y asintió.

-Prometido. –Sakura correspondió a su sonrisa.- Muchas gracias, Sakura. Necesitaba hablarlo con alguien. Y… Te sonará extraño, pero algo me decía que eres la única con quien podía hacerlo.

Sakura se sonrojó levemente y jugueteó con uno de los mechones de su cabello.

-Gracias por pensar en mí de entre todas tus amigas.

-Eres más que eso, Sakura. Lo sabes. Es como si hubiera algo especial que me uniera a ti. Lo supe desde que te conocí.

Sakura la miró con una ceja levantada. Pero un escalofrío recorrió su espalda. Sabía que tenía razón. Finalmente, sonrió y la atrajo hacia sí, abrazándola.

-Anda. Ven aquí.

Se quedaron así, abrazadas, unos minutos, hasta que Sasuke asomó la cabeza por la puerta. Al ver la escena, sonrió.

-¿Puedo? Me dais envidia.

Ambas chicas rieron y le invitaron a pasar. Él se sentó en la cama y abrió los brazos, acogiéndolas a cada una en uno.

-Ay… mis mujercitas.

Ellas sonrieron. Sakura miró a Sasuke alzando la cabeza y éste la besó. Hikari observó el gesto con una sonrisa.

-Ne… -Los dos componentes del equipo 7 la miraron.- ¿cómo fue vuestra primera vez?

El Uchiha se sonrojó como un tomate y Sakura sonrió tiernamente y con la mirada vidriosa.

-Fue maravilloso. Tan bonito y tan…

-…privado. –Puntualizó Sasuke.- ¡Odio cuando las mujeres hacéis esto! ¡¿Acaso no tenéis un concepto claro de la intimidad?!

Ambas chicas comenzaron a reír y al poco Sasuke hizo lo mismo. Las abrazó con más fuerza aún.

-No me dejéis nunca.

Amabas le miraron, extrañadas por sus palabras.

-Ooooh… -exclamó Sakura, enternecida. Luego, se lanzó a besarle con furia. Sasuke no tardó en corresponderla, olvidando por completo a Hikari. Ésta salió de la habitación en silencio para no interrumpir el momento.

Ya con todas sus dudas disipadas, se dispuso a salir de la casa para dejarles más libertad. Sólo le quedaba una inquietud, y de lo más irritante…

No tenía ni idea de qué ponerse.

Destino: casa de Ino, consejera experta en ropa interior.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Cuando Hikari llegó al lugar en el que se habían citado, Itachi ya había contado hasta tres mil trescientos cincuenta y nueve para tratar de calmarse. No le había valido con diez. Y aún seguía nervioso, aunque trataba de no denotarlo.

En cuanto la vio, con los shorts vaqueros y la camisa negra con un escote trepidante, comenzó a contar a la máxima velocidad que le permitía su cabeza.

-Va-vaya… Qué pronto llegas. –Apartó la vista de ella mientras se acercaba.-

Ella rió.

-Llego cuarto de hora tarde, Itachi. –Le besó en la mejilla.- ¿Por qué hemos quedado aquí? ¿No está muy lejos de la villa?

Itachi la miró con seriedad. Hikari no pudo adivinar lo que pensaba.

-Voy a llevarte a un sitio. Y necesito que estés preparada para…

-Estoy preparada para cualquier cosa. Te seguiré donde sea, Itachi.

Cuando Itachi vio el brillo de su mirada, lo supo. Estaba haciendo lo correcto. Se acercó a ella y le besó la frente.

-Eso es precisamente lo que quiero que cambie. Sigo un camino que tú no puedes recorrer, Hikari.

Ella le miró, confundida. Sus ojos negros eran inescrutables.

-¿Qué camino?

-Por eso te he traído. Quiero que lo veas por ti misma.

Dicho esto comenzó a andar. Hikari tardó unos segundos en seguirle, siempre dos pasos por detrás de él. No era lo que ella había esperado. No era lo que ella quería.

Tal vez estaba demasiado obcecada con Itachi. Tal vez sólo le estaba idealizando. Pero tenía miedo de descubrir que el verdadero Itachi no era al que ella amaba.

Frenó un momento y cerró los ojos. No, quería a Itachi. Estaba segura de ello. Y nada podría cambiar eso.

-Hikari. –Alzó la vista y vio que Itachi también se había detenido a unos metros, al lado de un portón en el que aún se distinguían algunos precintos policiales. Cuando miró el símbolo grabado en lo alto del umbral, se llevó una mano al corazón.- Hemos llegado.

Itachi pisó territorio Uchiha por primera vez desde hacía más de diez años. Un escalofrío amenazó con escapar a su control, pero, como muchas veces había hecho ya, se convirtió de nuevo en lo que en realidad era entre aquellos muros: un asesino.

Comprobó que Hikari le seguía, cohibida. Comenzó a andar entre las calles en las que aún se distinguían rastros de sangre y los contornos de los cadáveres, marcados con tiza por la policía.

En el cielo nocturno, las nubes comenzaban a agruparse, formando cúmulos negros que presagiaban tormenta.

Hikari no podía siquiera fijarse en ello. Lo miraba todo con los ojos abiertos de par en par y una mano en la boca. No podía siquiera avanzar un paso por propia voluntad. Los kunais clavados aún en las paredes, los shurikens en el suelo, farolillos rotos… Por primera vez comprendía la magnitud de lo que la gente había llamado "la masacre Uchiha", una mancha que perduraría para siempre en la historia del clan.

Quería salir corriendo. Pero Itachi seguía allí, delante de ella, andando entre horror, aunque no parecía afectarle. Le siguió tratando de contener las arcadas.

Pese a conocer la muerte de cerca, Hikari sentía su presencia en aquel lugar, más densa que nunca. Era como si estuviera detrás de ella, gritándole al oído. Era como si cada sombra marcada en blanco levantara la cabeza una última vez para chillar de nuevo, solo para que ella escuchara sus gritos.

Era como si… le hablaran.

Todos a la vez, tratando de hacerse oír por encima del resto. Cientos de voces en su cabeza, cientos de súplicas de ayuda.

Se tapó los oídos y rogó por que se callaran.

-Por favor… ya… ¡callad!

Itachi se dio la vuelta y la miró. Estrechó la mirada. Pero siguió andando, dándole la espalda mientras ella pedía ayuda.

Hikari alzó la vista y le vio alejarse. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, sus piernas se movieron solas movidas como un resorte por al fuerza de su miedo.

-¡Itachi! ¡No me dejes sola con ellos!

Él cerró los ojos metros más adelante. Había esperado demasiado para llevarla a aquel lugar maldito.

-¡ITACHI! –Hikari corrió hacia él.- ¡Callad! ¡Dejadme!

Recorrieron unas calles más, Hikari siempre por detrás delirando. Se horrorizaba al ver cada silueta en el suelo o las paredes. Varias veces gritó, quedando su voz ahogada por los truenos que ya se acercaban. Itachi la ignoraba. Seguía caminando, frío como el hielo, rechazando el fuerte impulso de darse la vuelta, cogerla y sacarla de allí. Pero Hikari tenía que saberlo. Tenía que saber la verdad.

En pocos minutos, ella estaba exhausta. Ya no tenía ni siquiera fuerzas para gritar.

Comenzó a llover a mares, de súbito. Itachi observó la casa de madera. La puerta. Cerrada. Como si no quisiera dejarle pasar.

Habían llegado a su destino.

Itachi se dio la vuelta y vio a Hikari, que le observaba desde sus ojos vacíos, apenas sosteniéndose sobre las piernas temblorosas.

-Itachi… -sollozó- por favor…

El Uchiha no aguantó más y se acercó a ella, sin cambiar la expresión de su rostro. La cogió en volandas y Hikari se aferró a su pecho, a su capa mojada. Cerró los ojos unos instantes mientras sentía la lluvia caer sobre ellos. Por alguna razón, no se atrevía a mirar a Itachi a la cara. Solo esa nube roja frente a ella.

Cuando dejó de notar el agua mojando su rostro, miró a su alrededor. Estaban en una casa. En otras circunstancias habría resultado acogedora, pero a Hikari le produjo una sensación extraña, al igual que todo en aquel lugar. Estaba impregnado de muerte. Se acurrucó aún más en los brazos de Itachi.

Por eso, no vio la fotografía que había en la entrada. La de la familia Uchiha, desde la que las miradas severas de un joven Itachi y su padre contrastaban con las felices y alegres del pequeño Sasuke y Mikoto.

Los ojos inocentes de Hikari observaron las estancias por las que Itachi le iba llevando. La cocina, donde aún había platos por lavar en el fregadero. El salón, donde una revista olvidada para siempre descansaba sobre la mesa, llena de polvo.

En aquel lugar se respiraba el olvido y el abandono. Pero Hikari sabía que había algo más. No sabía lo que era… pero estaba allí. Tal vez, si su mente no estuviera tan colapsada, habría encontrado el adjetivo adecuado.

Maldita. Esa casa estaba maldita.

Avanzaron por un pasillo que daba al patio exterior, donde la lluvia mojaba las plantas que habían crecido salvajadas. A su lado, las habitaciones cerradas se sucedían una tras otra. Hikari vio un pequeño estanque donde ya no nadaban peces y donde los juegos de juncos vertían agua sin descanso. Como si fuera magnetismo, su vista se dirigió hacia el muro, decorado con un símbolo que ya conocía bien. Pero al verlo, su cabeza solo pudo procesar un pensamiento, el primero coherente en muchos minutos:

"Roto. Está roto."

Poco después entraban en una sala de madera, parecida a un dojo. Itachi dejó a Hikari de pie en la entrada, tras comprobar que se sostenía ella sola. Ella le miró suplicante, temiendo que le abandonara en aquel sitio tan hostil. Pero Itachi no salió de la sala. Se dirigió al otro extremo y se paró, mirándola, al lado de dos siluetas aún con rastros de sangre marcadas con tiza en el suelo.

Un relámpago destelló en el cielo y su luz se coló por una ventana, iluminando el rostro de Itachi, sombrío.

Y Hikari lo comprendió todo de golpe. El lugar en el que estaban. Su casa.

Itachi abrió los brazos, tratando de abarcar todo lo que Hikari había visto, tratando de abrazar ese infierno que él había creado.

-Esto es lo que soy, Hikari. Un asesino. Les maté a todos. A mis padres, a mis tíos, a mis abuelos, a mi mejor amigo… a mi novia. Asuka. Y ninguna razón que yo pueda darte lo justificaría. No lo entenderías…. Simplemente lo hice. Y eso es algo que no tiene perdón.

Hikari le escuchó, horrorizada. Una lágrima resbaló por su mejilla, confundiéndose con las gotas de lluvia que goteaban desde su pelo. Observó a Itachi. Luego las figuras en el suelo. Cayó de rodillas al suelo y se echó a llorar, cubriéndose la cara con las manos.

Itachi no dijo nada. No hizo nada. Sólo la miró, tratando de convencerse a sí mismo de que era lo mejor. De que así… así todo estaba bien.

Pero no se esperaba la próxima reacción de Hikari. Sus sollozos cesaron de súbito, aunque no apartó las manos de su rostro. A los pocos segundos levantó la vista, y la enfocó en un punto al lado de Itachi. Él miró a su izquierda. Pero no había nada.

Entonces lo comprendió y se puso pálido. No podía ser. No podía estar pasando.

-Hikari…

Ella se laxó. Y sonrió. Aunque fue una sonrisa triste.

-No hay nada que perdonar, Itachi. Nada. Tienes razón, no sé por qué lo hiciste… y no voy a tratar de comprenderlo. Porque no te entiendo. No entiendo nada de ti ni aspiro a hacerlo. –Itachi bajó la vista. Pese a todo, pese a haberse preparado para aquello durante mucho tiempo, le estaba doliendo.- Pero no necesito comprenderte para amarte.

Él alzó la vista. Y al ver su sonrisa y sus ojos brillando no pudo seguir fingiendo.

La abrazó con desesperación, mientras los sollozos convulsionaban su cuerpo entero. No derramó ninguna lágrima. Solo la besó cuando ella correspondió a su abrazo.

Itachi supo que Hikari estaba dentro de él, y que por mucho que él quisiera sacarla, ella iba a quedarse allí.

Que la iba a amar sin remedio el resto de su vida.

º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º

Hiashi entró en el despacho de la Hokage con gesto serio. Ella no tuvo que girar el sillón para saber lo que quería. Siguió observando la tormenta y el cielo gris sobre Konoha.

El patriarca cerró la puerta.

-La he visto entrar en territorio Uchiha.

Esta vez, La Hokage sí que le miró con expresión severa.

-¿Ahora te dedicas a espiar jovenzuelas?

-¡No tiene ninguna gracia, Tsunade! Sabes que hay gente que afirma haber visto a Uchiha Itachi en las inmediaciones de la villa.

-¿Y qué tiene eso que ver con Hikari? La misión de Itachi es capturar a Naruto. Es normal que esté por aquí, aunque no se atreva a acercarse solo.

Hiashi no dijo nada. Sólo se sentó con un suspiro en el butacón frente al escritorio de la rubia.

-¿La edad? –Cuestionó ella, con una sonrisa cómplice.-

-Soy más mayor de lo que me gustaría, Tsunade. –Ella le observó con una sonrisita, fijándose en las arrugas que ya surcaban su rostro, en especial en las de alrededor de los ojos.- Me siento con la obligación de protegerla.

-No tienes esa responsabilidad, y lo sabes.

-De alguna forma, la tengo. Aunque sólo sea en honor a mi amistad con sus padres.

La rubia cerró los ojos y se recostó en el asiento.

-Nuestro tiempo ha terminado, Hiashi. Les toca a ellos.

Él frunció el ceño. Había sabido ver que esas palabras escondían un significado oculto que no alcanzaba a comprender.

-¿Qué quieres decir?

Ella le miró fijamente.

-Hikari no tardará en despertar.

Hiashi tardó unos segundos en responder, en los que ambos escucharon con detenimiento el repiquetear de la lluvia contra los cristales. Un trueno retumbó a lo lejos.

-Lo sé -admitió con voz cansina-, lo sé…


¿Reviews? FELIZ NAVIDAD DE NUEVO =D