- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½". Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
"Año nuevo" (parte II)
* * *
Un treinta y uno de diciembre hace seis años atrás, me alejé del que había llegado a considerar mi hogar.
¿Por qué lo hice?, fundamentalmente por dos motivo. El primero fue el hecho de buscar de una vez y para siempre la cura a mi maldición; el segundo… el segundo fue porque ella me dijo que me fuera y yo, como el idiota que una vez fui, le hice caso.
Estaba enojado y deprimido, así que me fue muy fácil tomar la decisión de alejarme de su lado para siempre, o al menos eso creía.
La víspera del año nuevo, tomé mis pocas pertenencias, las empaqué y salí furtivamente por la ventana del cuarto que había ocupado en la gran casona de los Tendo.
Me sentí como un delincuente al hacer algo así y puedo recordar que apenas había salido por la ventana y arrojado mis pertenencias al suelo cuando la vi ingresar a la habitación. Confieso que en ese momento estuve a punto de arrepentirme de lo que iba a hacer, ya que al verla allí de pie, totalmente confundida con mi desaparición me partió el alma, pero la decisión estaba tomada y en ese momento todavía podía escuchar en mi cabeza las hirientes palabras que ella me había dicho esa tarde.
Así es que exhalando un suspiro ahogado, me solté del alféizar y emprendí mi viaje, supuestamente, sin retorno.
Pasaron los años y cada noche de año nuevo recuerdo lo que sucedió aquel día, cómo escapé de mi destino para dedicarme a encontrar la cura para mi maldición, cómo escapé de la única persona que estoy seguro, podía hacerme feliz y cómo desde esa misma noche de año nuevo hace ya seis años atrás, yo estoy incompleto, porque mi vida ya nunca volvió a ser la misma.
Sin saberlo, yo dependía de esa chica testaruda y violenta para vivir y lamentablemente, me di cuenta demasiado tarde.
Desde entonces me dediqué a vagabundear de un lado a otro, buscando la anhelada cura que me permitiría volver a su lado siendo un hombre completo.
Ahora me encuentro aquí, frente a su ventana, esperando tener el valor de enfrentarla, porque sé que ella no querrá verme. ¿Quién querría volver a encontrarse con un cobarde que la abandonó sin siquiera darle una mísera explicación de su paradero? Ciertamente, si yo fuera una chica, me mandaría al mismísimo infierno.
La luz de su habitación ha permanecido encendida desde hace rato, debe estar allí porque de lo contrario, estaría apagada.
Suspiro de forma cansina, han sido tantos años de soñar con ella noche tras noche, tantos días de añorar su presencia, tantas horas de no hacer otra cosa que no sea pensar en ella, recordar su rostro, su aroma, todo y ahora… Y ahora qué haré si ella me rechaza, que haré si la única mujer que he amado me da vuelta la espalda. Después de todo, es eso lo que me merezco, pero… Ya no hay vuelta atrás, debo enfrentarme a mi destino, ése que yo mismo quise burlar y que sin embargo, de una u otra forma, se ha encargado de cumplirse a cabalidad.
Me levanto del césped en donde he permanecido oculto tras los árboles durante gran parte de la noche y trepo hasta el árbol que da justo a su ventana. Sorpresivamente, la luz de la habitación se apaga y todo queda en la más absoluta y completa oscuridad. Entonces la veo, se acerca a la ventana y la abre de par en par.
Mi corazón da un vuelco y estoy seguro que de no haber estado firmemente tomado de una de las ramas del árbol que me sirve de refugio, hubiera caído al suelo de la impresión.
Se ve hermosa con el kimono que está usando, qué digo hermosa, el adjetivo no alcanza para describir su belleza. Se aleja de la ventana y logro ver que toma asiento frente a su escritorio, ése que fue testigo de tantas discusiones y breves escenas de complicidad entre ambos.
Trago con dificultad y observo el espectáculo, consciente de que en cualquier momento ella puede abandonar ese cuarto y alejarse de mí. Sin embargo, siento que no será así, que ella permanecerá allí… esperándome.
Sí, puede que suene pedante, pero ahora que la veo allí, sé que ella espera lo mismo que yo sueño cada noche de año nuevo, el tenerla junto a mí nuevamente.
Los llamados de última hora y los gritos de las personas que se encuentran cerca me parecen lejanos, yo sólo escucho los cada vez más acelerados latidos de mi corazón y espero el momento indicado.
La gente comienza la cuenta regresiva, otro año que se va, otro año que llega y es cuando tomo la decisión, es ahora o nunca, estoy preparado. Me acerco con cautela a la ventana y me dejo caer en el alféizar.
La habitación en penumbras no logra ocultarme la silueta de mi prometida, tan delicada, tan vulnerable, tan hermosa. Permanece con sus ojos cerrados, bebe un sorbo de la copa que ha conservado en su mano y… ¿llora?...
No, ella derrama esas lágrimas que me desespera ver en su rostro, seca esa gota salada que ha osado escapar de sus ojos con furia, como si quisiera eliminarla para siempre y yo me siento cada vez más culpable.
De pronto abre los ojos y parece desconcertarse. Es bastante comprensible, nunca le dije dónde iba, nunca le comuniqué si seguía vivo, debe pensar que soy una especie de fantasma o algo así. Debo hacer algo para calmarla, así que hablo con seriedad y con una seguridad que estoy muy lejos de sentir.
-Hola Akane.
Ella deja caer la copa que sostiene en sus manos y lentamente se dispone a encender la lámpara. La tenue luz ilumina la habitación y por fin puedo contemplarla en su totalidad. Bella, como siempre… No, mucho más bella de lo que recordaba. No puedo dejar de observarla y en mi interior crece cada vez más esa necesidad de arrojarme y reclamarla en un abrazo, ese impulso irrefrenable de apoderarme de esos labios tan esquivos en otro tiempo, pero que tantas y tantas veces deseé probar.
-¿Qué haces aquí? –reclama por una respuesta con un tono de voz que me asombra por su dureza y frialdad.
-Vine a verte –es lo único que se me ocurre contestar. Siempre he sido torpe con las palabras y ésta vez no podía ser la excepción. Tengo suerte de que ella no me golpeé de inmediato por es 'vine a verte'.
-Ya lo hiciste, ahora vete por favor.
Las detonaciones de los fuegos de artificio compiten en intensidad con los latidos de mi propio corazón. Si ella piensa que con esa orden yo me daré por vencido, está muy equivocada.
-No, necesito hablarte –le digo, aunque más parece una exigencia.
-Pues yo no quiero escucharte –me dice levantándose para dirigirse a la puerta de la habitación.
Con decisión y rapidez, me introduzco en la habitación y la tomo de uno de sus brazos deteniendo su avance, no dejaré que escape ahora. He pasado por muchas aventuras y desventuras para encontrarme con ella nuevamente y no dejaré que escape tan fácilmente. Con movimientos bruscos trata de soltarse, pero yo no estoy dispuesto a ceder, así tenga que aplicar más fuerza.
-¡Suéltame! –exige.
-No, hasta que me escuches –debe estar pensando que no tengo derecho a pedir nada, ni siquiera unos minutos de su tiempo, pero yo estoy dispuesto a todo para que escuche lo que tengo que decirle.
-¿No tienes nada mejor que hacer que venir a molestar a una vieja conocida?
Es tan hiriente cuando quiere serlo. Vieja conocida, quiere decir que ella ha olvidado el compromiso, o por lo menos eso es lo que intenta hacerme creer.
-Que yo sepa, no eres una simple conocida, eres mi prometida –le digo con total propiedad y con eso me gano una risotada burlesca.
-Eso fue hace seis años Ranma, tú le pusiste fin cuando desapareciste una noche como ésta con Shampoo.
-Tú me dijiste que me fuera –no puedo evitar la recriminación en mis palabras, al recordar la discusión que habíamos tenido esa tarde hace tantos años atrás-. Me dijiste que no te importaba que me fuera con cualquiera de ellas.
Sí, esa discusión fue lo que gatilló todo, fue lo que me hizo tomar la decisión más torpe de mi vida, la decisión de alejarme de la mujer que amaba, no, que amo.
-Sí, lo hice y creo haberte hecho un bien –dice con rencor-. Si no lo hacia, hubieras tenido que seguir compartiendo tu vida con, déjame recordar, "una chica que te tenía harto, que nunca podría competir con ninguna de ellas, que no representaba más que un estorbo para un gran artista marcial como tú y que hiciese lo que hiciese, nunca llegaría a estar a tu altura y nunca conseguiría ser la esposa que merecías".
Sí, lo dije, dije todas esas cosas y no hay un solo día que no me arrepienta de haber hablado sin pensar, de haber dicho las mentiras más grandes del mundo sólo por no salir lastimado en mi orgullo. ¿De qué me sirve el orgullo si ella no está a mi lado? Fui un idiota, tal vez lo siga siendo al pensar que quizá ella podía haber olvidado esas hirientes palabras.
-Perdóname, en esa época yo no pensaba lo que decía –un error, el más estúpido de todos que pretendo enmendar con una excusa tonta. Estoy seguro de que ella no lo entenderá.
-Aunque uno no piense las cosas que dice en el momento de decirlas, no significa que en su interior no las sienta.
¡Bingo!, ella no perdonará tan fácilmente. Lo reconozco, fui un iluso al pensar que ella disculparía todo y que me aceptaría nuevamente. Quizá ni siquiera me estime como amigo y yo, en mi ceguera de eterno enamorado, pensando en que ella podría compartir este sentimiento.
-Sé que estás dolida, que piensas que yo te abandoné…
-¡Te equivocas! –me interrumpe con una efusividad que no recordaba, podía llegar a conseguir-. No puedo estar dolida por algo que yo misma provoqué y mucho menos podría pensar que me abandonaste siendo que nunca estuviste conmigo.
-Eso no es verdad, siempre estuve a tu lado –me sorprenden sus palabras, yo siempre estuve con ella, nunca la dejé sola, al menos nunca cuando me necesitó.
-Puede que tengas razón, pero sólo porque mi padre y el tuyo te obligaban a "protegerme" por ser nada más que tu prometida, como si fuese una mercancía que pudieran dañar otras manos, es una lástima que esta mercancía estuviese envuelta en un envase tan poco apropiado para alguien como tú –dijo abriendo sus brazos y no sé si se dio cuenta de lo sugerente que me resultaba esa posición adoptada con tanta simplicidad. Creo que no disimulé muy bien mis pensamientos nada sanos, porque casi de inmediato cruzó sus brazos al frente, como tratando de protegerse de mi mirada-. No mires tan detenidamente, sigo siendo la torpe, brusca y violenta marimacho poco atractiva.
-Sigues siendo condenadamente hermosa –casi sin quererlo, dije la frase que vino a mi cabeza y era tan verídica como decir que dos más dos son cuatro. Irrefutable, Akane era, es y seguirá siendo hermosa.
Casi de forma impulsiva y desesperada, reduje la distancia que nos separaba y atrapé su rostro entre mis manos. No sé de dónde saqué el valor, pero el hecho de tenerla allí frente a mí… Simplemente era demasiada tentación para mí, que había soñado cada noche con tenerla entre mis brazos.
-Akane, volví por ti, volví para recuperarte…
-Suéltame Ranma –me interrumpió con un tono de voz que denotaba su estado de nerviosismo, eso y el temblor de su menudo cuerpo entre mis brazos.
Yo no era totalmente consiente de la algarabía que se desarrollaba afuera de esa pequeña habitación y cuando por fin sentí que ella posaba sus manos en mi pecho, pensé que la partida estaba ganada, ella cedía y tal vez me perdonaría. Sonreí ante lo evidente… Pero esa sonrisa se transformó en una mueca de asombro al sentir la fuerza de sus brazos empujarme hacia atrás, separándome de ella. Fueron sólo un par de segundos los que tardé en reaccionar, acortando la distancia nuevamente, nada me haría retroceder en mi empeño, no ahora, ni siquiera Akane Tendo.
-¡Te pedí que me soltaras! –exclamó casi fuera de sí.
-¡Y yo te dije que no hasta que me escucharas! –respondí con otro grito.
-¡Vete ya!, ¡tu familia te debe estar esperando!
-No tengo a nadie que espere por mi Akane.
-¿Qué?, ¿ya te cansaste de Shampoo?
Su pregunta fue más una afirmación, afirmación que me dejó helado. ¿De dónde había sacado tamaña estupidez? ¿Yo y Shampoo? ¡Por favor! Quise reír, pero el ver su rostro compungido me indicó que si lo hacia, nada bueno resultaría. Entonces le di lo que pensé, sería una buena explicación.
-¡Nunca estuve con ella ni con ninguna otra mujer! ¡Solamente viajé con ella a China para que me ayudara a buscar una cura para la maldición!
-Eres un mentiroso, ¡ella me escribió durante años contándome lo feliz que era contigo!
¡Qué la maldita amazona qué! No podía creerlo, eso no era cierto, jamás había estado con Shampoo, cómo hacerlo si no me podía sacar a esa mujer que lloraba amargamente frente a mí de mi cabeza, mucho menos de mi corazón.
-Es mentira Akane, me separé de ella apenas pisamos suelo chino, jamás me habría ido con ella, mucho menos habría formado una familia con ella ni con ninguna otra –esperaba que mis palabras provocaran su reacción, jamás en mi vida le había hablado a nadie con tanta sinceridad y realmente deseaba que ella así lo entendiera-. Eres tú, siempre has sido tú y siempre lo serás, la única mujer que ha ocupado todo el espacio que pueda existir en mi corazón.
Ella me miraba con los ojos anegados en lágrimas, esas que yo detestaba observar y se veía tan triste y desconsolada, todo por culpa de la amazona. No, no era culpa de Shampoo, era única y exclusivamente por mi culpa. Me acerqué con cautela para acariciar su rostro y secar sus lágrimas, casi temiendo hacerle daño con la aspereza de mis dedos callosos por el duro entrenamientos y en ese momento, ya no pude contenerme más, le arrebaté un beso.
Fue la sensación más maravillosa y sublime que había sentido nunca en mi vida, pero como siempre me sucede, tuvo que terminar de improviso y de la peor forma.
Sentí cómo se separaba y luego, un ardor se instauró en mi mejilla. Definitivamente, ella había cambiado muy poco y me lo demostraba con una violenta bofetada que dolió, pero que no me importó el recibir, ya que había sido producto de cumplir uno de mis mayores sueños. Por fin había besado a mi prometida.
-¡Cómo te atreves! –gritó con todas sus fuerzas.
Me atrevo porque soy el único que puedo hacerlo, quise decirle, pero finalmente y por primera vez en nuestra extraña relación, decidí pensar lo que diría antes de hablar. Así que tomé una bocanada de aire y le dije lo que creía, sería mi mejor argumento.
-¡Porque te amo! ¿No puedes entenderlo? Te amo desde hace tanto tiempo que no puedo recordarlo y si decidí volver hoy aquí, fue porque hasta hace una semana no había conseguido liberarme de mi mayor problema. Ahora lo logré y estoy en condiciones de ofrecerte una vida normal y no descansaré hasta recuperarte, porque desde hace seis años estoy incompleto, me haces falta para vivir, te necesito para seguir adelante y haré lo que sea para que lo entiendas; yo te amo y no descansaré hasta que tú estés conmigo, porque digan lo que digan, tú y yo siempre debimos estar juntos.
Esperé a que mis palabras hicieran efecto. Ella me observó con la duda implantada en el rostro y de forma dubitativa, contestó.
-Quieres decir que…estuviste alejado todo este tiempo…buscando una cura para tu maldición.
-Sí, y hubiese desertado hace mucho tiempo si no hubiera estado convencido de que librándome de ella podría volver aquí y tratar de ser feliz al lado de la mujer que amo.
Seguía insegura, podía notarlo por las repetidas veces que parpadeó, haciendo que sus largas pestañas parecieran interpretar una preciosa danza. Eso y la cara interrogante que tenía en aquel momento.
-¿Por qué nunca escribiste? ¿Por qué nunca llamaste? ¡Por qué dejaste que sufriera todos estos años pensando las peores cosas de ti!
Ahí estaban esas recriminaciones que yo sabía, me merecía por haber desaparecido sin decirle nada a nadie, sin decirle nada a ella, que era la única que se merecía esa información.
-Porque sabía que si lo hacia, tú te las apañarías para encontrarme y pondría tu vida en riesgo. No habría soportado todo lo que tuve que soportar sabiendo que tú corrías peligro –era la verdad absoluta. Siempre temí por ella, porque sabía lo obstinada que podía ser y si me seguía, entonces quizá nunca podría haber conseguido mi cura, ya que hubiese estado preocupado por su seguridad, pero más que nada, ella se hubiera convertido en una hermosa pero peligrosa distracción.
-¡Y creíste que no correría ningún riesgo dejándome atrás, pensando que nunca había sido importante para ti, imaginando que te burlabas constantemente de mi con Shampoo! –Me gritó con todas sus fuerzas mientras me mostraba ambos brazos desnudos -. Te equivocaste en eso también Ranma.
No, eso no era cierto, no Akane, no la chica más tenaz y decidida que yo conocía, ella no podía haber atentado contra su vida… Mucho menos… ¿por… mí?
-Tú…trataste de…
-Varias veces, ninguna con éxito como podrás darte cuenta –contestó con total frialdad, como si se tratase de lo más natural del mundo.
-¿Por qué? –pregunté desconcertado.
-¿Acaso no lo sabes? ¡Yo también te amaba baka y no fuiste capaz de darte cuenta de que a pesar de todos tus problemas, a pesar de tu famosa maldición, a pesar de todos tus enemigos, yo te amaba tanto que nada de aquello me importó nunca!, sólo me importaba estar a tu lado…pero ese sentimiento tan grande tu mismo te encargaste de destruirlo.
La verdad dolía, enterarme de esa forma que ella me amaba no me lo esperaba. Sin quererlo le había hecho daño y todo por seguir una ilusión, porque la realidad era que a ella jamás le había importado la estúpida maldición. Me amaba y yo no había sido capaz de darme cuenta de aquello.
-Lo siento tanto Akane –dije para tratar de calmar los latidos de mi desbocado corazón.
-Es hora de que te vayas –contestó ella en un susurro.
-No pienso irme, no ahora que conozco tu verdad y sabes la mía.
-¿Qué quieres de mí?
Era mi oportunidad, ella había bajado la guardia y si sabía cómo aprovecharlo, si podía expresarme correctamente, si podía de una vez por todas decir lo que realmente pensaba, entonces ella quizá me diera una diminuta chance.
-Que me des una oportunidad, la oportunidad de reivindicarme, de dejar atrás el pasado y comenzar una nueva vida juntos, de demostrarte que este amor que siento se ha hecho cada vez más fuerte.
-¿No crees que es demasiado tarde?
-No, no lo es.
La tomé entre mis brazos con fuerza para que no volviera a escapar y la besé con desesperación. Sentí sus húmedas mejillas, sentí el sollozo ahogado que escapó de lo más hondo de su corazón, pero yo no me detendría, ya no, porque había vuelto para recuperarla y ésa era la única forma que se me ocurría para obligarla a darme una oportunidad.
Y de pronto, el milagro se produjo, me rodeo el cuello y correspondió a ese exquisito beso que se fue profundizando poco a poco.
Yo la amaba y al parecer, ella después de dejar sus dudas atrás, reconocía que también lo hacía. Definitivamente, me había convertido en el hombre más feliz de la tierra en tan sólo unos segundos.
No pude contenerme más y comencé a requerir cada vez más de ella, acariciando su cuerpo con desesperación. Tantos años, tanto anhelo y añoranza, y ella que no se negaba a mis demandas.
Me tumbé con ella en la cama, quién lo diría de Ranma Saotome y su prometida, pero ya nada importaba, sólo éramos ella y yo. Pero de un momento a otro, ambos volvimos a la realidad cuando unos golpes a la puerta nos sacaron del trance en el que parecía, habíamos caído.
-¿Sí? –dijo ella luego de aclararse la garganta, observándome con inquietud.
-Mamá, tía Kasumi pregunta si vas a bajar.
Escuché claramente la voz de una niña llamarla mamá y todos mis temores se reactivaron. En un momento sentí que mi corazón se paralizaba. No podía reaccionar, hasta que me obligué a sentarme al borde de la cama para que ella atendiera a su… hija. No, no podía estar sucediendo esto ¡No a mí!
-Voy enseguida amor –le escuché decir-, dile a tía Kasumi que no demoraré.
-Bueno.
La niña se alejó casi sin hacer ruido y juro que pude sentir cómo mi corazón se partía en mil pedazos.
Me sentí traicionado, despreciado, burlado, pero por sobre todo, sentí un dolor tan intenso como nunca lo había sentido. La observé detenidamente, sin poder evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Sólo ella podía llegar a hacer que yo derramara esas desagradables lágrimas y ahora lo estaba consiguiendo nuevamente.
-¿Mamá? –me escuché preguntar con un hilo de voz. Necesitaba escucharlo de sus labios, necesitaba saber si aquello era verdad o me encontraba dentro de una de mis peores pesadillas.
-No es lo que crees –trató de defenderse.
-Ese es el verdadero motivo –dije más para mi mismo que para que ella me escuchara- ¿Desde cuándo eres madre Akane? ¿Te casaste? ¿Con quién?
Qué importaba ahora eso, pero necesitaba saber la verdad. ¿Quién me la había arrebatado? ¿Quién la había convencido de casarse? ¿Acaso Ryoga, o Kuno, o cualquier otro idiota de los que morían por ella?
-¡Ranma! –me sobresaltó su grito-. Escúchame tú ahora, no es lo que piensas. No estoy casada y tampoco soy madre. Bueno, al menos no verdaderamente.
-¿Cómo? –contesté con incredulidad.
Qué broma de mal gusto era esa. Ella rió y comprendí enseguida que se estaba burlando de mí. Sí, debía tratarse de su venganza y vaya que le estaba resultando porque me había destrozado con todo ese numerito.
Me puse de pie y me apresuré en intentar salir. No bebía haber vuelto, había sido un error y tenía que volver a escapar de ella. Pero al parecer, ella tenía pensado un final para esa historia. Se interpuso en mi camino y me obligó a permanecer allí, así que yo me preparé para lo que sería mi última humillación a merced de mi prometida.
-No soy madre de esa niña, no biológicamente. Hace un par de años convencí a papá de abrir un albergue para niños sin hogar. Los cuido, los protejo, les doy educación y ellos me dicen mamá, pero no son míos. Están aquí hasta que alguien les adopta y forman una familia. Ahora tengo cuatro "hijos" a mi cargo, dos niñas y dos niños, están abajo en la celebración con toda mi familia y algunos colaboradores del proyecto.
¿Eso… eso era todo? ¿Un proyecto de ayuda a niños sin hogar? Los dioses debían ser demasiado benévolos conmigo para haber puesto en mi camino a tan formidable mujer.
-Si quieres compartir mi vida, tendrás que acostumbrarte a ellos –me dijo sonriendo- y también a que…te digan papá.
-Eres maravillosa –fue lo único que pude decirle, luego la besé con un ansia aún mayor, pero ella me separó rápidamente.
-Tengo que bajar ahora o se preocuparán –me dijo con una mirada rebosante de alegría-. ¿Bajarás tú también?
-¿Qué tal si te espero acá? –le contesté sonriendo-. Mañana podré dar todas las explicaciones que me soliciten, porque de seguro lo harán.
-Seguro que sí. No tardaré.
-Bien.
Ella ya se retiraba cuando recordé que no le había dicho las tres palabras que usualmente se decían en estos casos, así que llamé su atención.
-¡Akane!
-¿Si?
-Feliz año nuevo.
-Feliz año para ti también.
La puerta se cerró y yo me quedé mirando ese cuarto que tantos recuerdos me traía a la memoria, mientras me sentaba sobre la cama de mi prometida, esperando que ella regresara y se quedara a mi lado para siempre.
Yo había vuelto para recuperarla y ya nunca más me volvería a alejar o dejaría que ella se apartara de mi lado. Porque así como durante una noche de año nuevo había tomado la tonta decisión de dejarla atrás, otra noche de año nuevo había tomado la decisión de recuperarla y nunca más cometería la tontería de apartarme de su lado, porque si había algo que yo necesitaba para vivir, era la compañía de Akane Tendo, mi torpe marimacho. Lo había aprendido dolorosamente y ya no estaba dispuesto a volver a sentirme incompleto.
No, desde el inicio del nuevo año yo compartiría mi vida, mis sueños y mi amor con mi verdadera y única razón para vivir, compartiría mi vida con Akane Tendo, como siempre debió ser.
Fin parte dos
Notas finales:
1.-¡Hola!
Bueno, sentí la necesidad de escribir la versión de Ranma en esta historia de año nuevo, ya que si bien es cierto dicen que segundas partes nunca son buenas, también es cierto que es prudente conocer las dos versiones de una historia para sacar conclusiones ¿no?
Puede gustarles o puede que no, pero ya está y quería compartirlo con ustedes.
2.-También sirve para desearles a todos quienes me honren con su visita un ¡muy feliz año 2010! Diviértanse, disfruten y que el año que viene traiga muchas buenas noticias y alegrías para todas/os.
Cuídense mucho y buena suerte, nos encontramos pronto.
Madame De La Fère – Du Vallon.
