N/A: Lo siento muchooooo!!!! Se que la espera fue eterna...pero quería que este capitulo fuera más largo...y fallé! TT
La buena noticia es que el próximo cap. ya está por la mitad y no debería tardarme tanto en publicarlo... Espero que éste sea de su agrado y para el próximo... ¡Deséenme suerte! XD
A todos los que dejaron review, mil gracias!
Femme Greeneyes
3. More Little Secrets
Shuichi estaba temblando, literalmente.
-No hacía falta que me acompañaras – Un largo suspiro escapó entre su confusión y nerviosismo. No podía creer que estaba parado en la puerta del departamento de Yuki esperando a que el escritor abriera...y que Tohma Seguchi estuviera a su lado. Tal vez ese era el motivo por el cual no se había atrevido a utilizar su llave para entrar, aunque pareciera ridículo.
-No es ninguna molestia- El presidente de NG se veía por demás relajado - Además, no puedo pasar por alto esta situación – Su mano se posó sobre el hombro del pelirrosa en el momento exacto en que Yuki abrió la puerta. Después de observar por unos segundos eternos el rostro de Shuichi el escritor se limitó a dejarles el paso libre para que entraran, observando de reojo a Tohma con cara de pocos amigos.
-Eiri-kun, siempre es agradable verte... ¿cómo te has sentido últimamente? – comentó casualmente al momento de acomodarse en el sillón individual. Yuki le examinó con frialdad antes de sentarse junto al nervioso pelirrosa, pasando un brazo sobre sus hombros en forma posesiva.
El abrazo superficial logró que Shuichi sonriera pensando: –Esto no está sucediendo...-.
-Sin rodeos Tohma, por qué estás aquí – Yuki tomó una calada al cigarrillo entre sus dedos y sus ojos atigrados se concentraron en Shuichi nuevamente, logrando que el cantante se estremeciera y bajara la vista avergonzado. Si bien era necesario retrasar cualquier sesión de fotos, prácticamente había invitado a Tohma Seguchi a la vida privada de ambos con la visita de esa mañana.
-Es una pregunta sencilla, no creí necesario repetirla – la sonrisa amable no dejaba los labios de Tohma, mientras entrelazaba los dedos enguantados sobre una rodilla - ¿Te has sentido bien últimamente?
-Eso no es de tu incumbencia
-En realidad me importa mucho
-Que lástima que no pueda ayudarte
-Eiri... – La sonrisa de Tohma adquirió otro tinte cuando sus ojos brillaron con determinación. Pasó la mirada por el rostro de Shuichi por unos segundos y la volvió a dirigir al escritor, intentando transmitirle el mensaje. - ¿Planeas decirme que todo está perfecto?
-No tengo porqué decirte nada Tohma, ese es el punto.
-Es lamentable que el trabajo de Shindo-kun se perjudique. Dos semanas de retraso en la promoción de su nuevo disco es suficiente tiempo para arruinar una carrera.- Al parecer ese comentario si llamó la atención de Yuki. – No puedo permitir que nadie tome una sola fotografía de Shindo-kun. Tú salud está en juego y suposiciones irracionales de los medios sólo empeorarían la situación. No quiero una jauría de periodistas sobre ambos. –Y tampoco quería publicidad negativa...pero no iba a decir eso en voz alta.
-Adonde quieres llegar...- comentó exasperado, prendiendo otro cigarrillo con su mano libre.
-Anunciaré a los medios que Shindo Shuichi tuvo una oleada de inspiración repentina y trabajará excluido de la vista pública por unos días. Para ello tendríamos que incluir un par de bonus tracks al disco. De esa manera puede quedarse oculto sin despertar sospechas. – Cerró los ojos sonriendo como un niño que acaba de recibir dulces – La prensa está muy pendiente de Shindo Shuichi y el lanzamiento de su nuevo disco...
Yuki observó al silencioso pelirrosa por unos momentos – ¿Y cómo se supone que el baka logrará crear las canciones en sólo unos días?
-Él podría con una – Tohma pensó en que podrían utilizar la que Shuichi le había mostrado esa mañana, y quizás toda esta situación sacaría algo productivo después de todo. Un vocalista deprimido no servía de mucho. – Me preguntaba si tú podrías colaborar con la letra de otra...
-Ni hablar – Los ojos violetas se levantaron abiertos de par en par enfocando a Yuki, el cual fumaba con un rostro neutral. – No cambiaré mi posición acerca de escribir lyrics para BadLuck.
-Yuki... – Shuichi reclamó herido
-No – Una calada del cigarrillo demostró que no pensaba discutir más aquello.
Tohma creyó que el escritor aceptaría, considerando el incidente que complicó las cosas. Al parecer Shuichi pensó lo mismo, pero la dura respuesta parecía definitiva. Enfadado, el cantante quitó el brazo de Yuki de encima de sus hombros y se puso de pié sorprendiendo a ambos. Después de perderse unos minutos en dirección a su recámara, regresó con un bolsón. Los dos rubios le veían con desconcierto.
-Seguchi-san, quiero empezar a trabajar de inmediato.- Yuki se levantó con el ceño fruncido, perdiéndose unos segundos en la cocina para regresar con una cerveza en la mano. Al parecer Shuichi imaginó que aquello pasaría y esperó pacientemente para continuar - Necesitaré quedarme en el cuarto de descanso adjunto al estudio 3 por unos días. –
-No hace falta, si de todas maneras estarás encerrado puedes trabajar aquí. - La mano de Yuki tembló al llevar la lata de cerveza a sus labios, pero su voz y su expresión se mantenían serias
-No lo creo- El dejo de rencor en Shuichi no pasó desapercibido- tú no puedes ayudarme con las letras y seré más ruidoso que de costumbre mientras componga la música.
-Mnh...
-Prefiero no molestarte
-Como sea
Tohma observó la discusión de manera imparcial. No pudo evitar dudar cuál de los dos amantes estaba siendo más perturbado por esa relación.
-Regresaré en dos semanas – Shuichi soltó un suspiro cansado al ver que Yuki no planeaba contestarle y lo evadía prendiendo otro cigarrillo. – Bueno, si no quieres que regrese sólo dímelo. Tal vez esta vez te haga caso. - El escritor se puso de pié enfrentándolo y tomando el rostro resentido del cantante entre sus manos con un movimiento brusco. Ambos se observaron, el uno al otro, con visible rabia en los ojos.
Tohma se limitó a ser una audiencia silenciosa cuando, muy contrario a la violencia que estuvo a punto de estallar, Yuki sonrió dulcemente y acarició con sus pulgares las mejillas de Shuichi logrando que se sonrojara. El pelirrosa sujetó la camisa del escritor cerca de su cuello reprimiendo las ganas de golpearlo, mientras arrugaba la tela en unos puños fuertemente cerrados. Aún en silencio, se acercaron lentamente para compartir un beso simple y profundo. Yuki no quería reabrir la herida, así que fue cuidadoso.
Al separar sus labios, el agarre de sus manos en el otro seguía manteniendo firmeza y ambos se veían con amor. Aunque el presidente de NG sentía que aquellas sonrisas encerraban más tristeza que felicidad.
- Si tardas mucho, cambiaré el cerrojo de la puerta y tiraré tus cosas a la calle
-Lo sé... - Shuichi sonrió con dulzura una vez más, antes de soltarse para caminar hasta la puerta y salir de allí con su bolsón.
El presidente de NG se levantó con solemnidad y le siguió, topándose en la puerta con Yuki.
–Hasta pronto Eiri-kun. Espero que este tiempo sea productivo para ti.
-Y yo espero que no estés planeando nada raro Tohma. – Comentó el escritor con seriedad – Hagas lo que hagas, sé que él regresará. – Ambos hombres se miraron fijamente, cada uno intentando leer los pensamientos del otro sin mucho éxito. Finalmente, Tohma sonrió al escritor con tranquilidad una vez más antes de irse.
-Que tengas un buen día, Eiri-kun – se puso el sombrero y emprendió camino hacia el ascensor que no tardó en llegar.-Si necesitas algo sólo házmelo saber- Estaba a punto de ingresar en el elevador, pero detuvo sus pasos tras un llamado apenas audible.
-Tohma - Aunque no volteó, el leve movimiento de cabeza del ex - grasper y la mano enguantada evitando el cierre de la puerta eléctrica dio a entender al otro que tenía su atención. – Cuídalo. – y tras escuchar un portazo, Seguchi terminó de ingresar al ascensor para dirigirse al lobby.
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El camino de regreso al edificio de NG fue eterno. La autorrealización golpeó a Tohma en cuanto abrió las puertas de su automóvil y el pelirrosa se sentó en silencio a su lado tras acomodar su bolsón en la parte de atrás. ¿Cómo lidiaría con él? Peor aún... no sabía si sería capaz de terminar las canciones que serían su coartada en sólo dos semanas...
Shuichi se mantuvo silencioso todo el recorrido. Una vez que llegaron y entraron al edificio esquivando hábilmente a cualquier persona que se cruzara en su camino, Tohma sacó algo que el pelirrosa confundió en principio con una billetera de cuero. Lo que había en el interior, era en realidad un brillante manojo de llaves.
-Aseguraré la puerta, pero no necesitarás salir de aquí... eso no te molesta ¿verdad?
-Hai...
-Bien. Yo traeré tu comida personalmente, pero puedes consumir los snacks del frigobar si tienes hambre en cualquier momento.
-Hai...
-Shuichi. – Al escuchar su nombre en la seria voz del rubio el cantante levantó la cabeza poniendo más atención – Concéntrate en tu trabajo.
-Hai, Seguchi-san
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Había pasado casi una semana. Shuichi salió de la ducha y secó su cuerpo con cierto desgano. Desnudo y descalzo, se acercó al espejo, limpiando el vapor de la superficie con una mano. Su reflejo se veía algo amargado y el rencor en sus ojos era evidente, Shuichi tenía que aceptar que algo en él estaba cambiando. Se preguntó que hubiera dicho Hiro... o mejor dicho, qué le hubiera hecho a Yuki... Qué hubieran dicho su madre y su hermana...ambas fanáticas asiduas del escritor. Pasó sus dedos por su rostro sintiendo cómo la inflamación se había ido y el dolor del golpe ya no estaba ahí... sólo quedaba la cicatriz que también desaparecería en unos días más sin que nadie lo supiera; nadie, excepto Tohma Seguchi. Qué dirían todos si supieran... Tragó saliva con dificultad y salió del baño para cambiarse. Terminó de arreglarse con rapidez, sabía que su jefe llegaría pronto con el desayuno.
Todos los días Tohma ingresaba al estudio tres con una bandeja llena a la hora de comer y ambos engañaban un poco a su soledad con la silenciosa compañía del otro. Cada vez era lo mismo; los minutos se hacían eternos para el pelirrosa mientras jugaba con su comida y Tohma continuaba bebiendo su té como si el mundo fuera su ostra y todo estuviera perfecto. La situación en sí era frustrante. No había ningún cruce de palabras más allá de la obligada pregunta sobre el progreso de Shuichi y la respuesta evasiva del pelirrosa.
Pero el presidente de NG sabía que el tiempo era oro, y aunque no lo pareciera, tenía menos paciencia que Mr. K.
Shuichi sabía que era imposible engañar a Tohma, y ahora estaba seguro que, de alguna manera, el rubio había escuchado "unlovable" terminada. Con algo de resignación, se levantó para entregarle el trabajo que había realizado hasta entonces, comentando que no estaba satisfecho con lo que tenía pero que tampoco tenía idea de cómo mejorarlo...
-Bien – dijo sonriente, mientras remangaba la camisa hasta sus codos buscando más comodidad. – Cual es el problema.
Shuichi se ruborizó de inmediato. Era embarazoso descubrir su incapacidad frente a ese hombre. De hecho, era especialmente embarazoso que exactamente el compositor de la música de Nittle grasper se dispusiera a revisar una de sus composiciones. Peor todavía, era...el presidente de la disquera que le pagaba por componer y al mismo tiempo su rival en potencia...
No, no podía ser peor... Shuichi tragó con dificultad.
Con mucha paciencia, Tohma pasó sus ojos aguamarina por el pentagrama tarareando la tonada a medida que leía las notas. Shuichi solo podía mirar boquiabierto, mientras el rubio tomaba un bolígrafo bañado en oro del bolsillo de su camisa (quien sabe...probablemente era de oro sólido) y empezaba a garabatear sobre el sonsonete. No sabía si debía sentirse agradecido y orgulloso por aquella ayuda, o sentirse ofendido y molesto.
Tohma observó la perpleja mirada del pequeño cantante cuando le devolvió el escrito. Shuichi no podía hacer otra cosa que observarle fascinado. Sin ningún comentario extra, se dirigió hacia el teclado más cercano y comenzó a tocar la música que acababa de modificar. Después de unos minutos, cambió el ritmo por Lost Complex y finalmente comenzó a tocar un armonioso ritmo de música clásica.
-¿Conoces el nombre de esta pieza? – Sus ojos parecían perforarle mientras esperaba una respuesta.
-Yo...Ie...- Con el orgullo pisoteado, el pelirrosa bajó la cabeza.
-Claro de Luna, de Bethoven – Las tristes notas rebotaban en las paredes del estudio, haciendo eco en el corazón de Shuichi. – Es imposible no sentir la pasión y el dolor de cada nota, si es reproducida en la forma adecuada, claro está. Las emociones están transmitidas al papel y del papel a la música. – El ritmo volvió a cambiar. Esta vez por una tonada alegre en escalas que subían y bajaban. – Esta música¿la reconoces Shuichi?
El pelirrosa se mordió el labio, ahora completamente avergonzado. Movió la cabeza en forma negativa.
-Este, éste es Mozart – Comentó Tohma – Tablaturas matemáticamente perfectas, una técnica sin igual.
Para ese momento, la autoestima de Shuichi estaba besando el suelo y se perdió en sus pensamientos; le atormentaba pensar que el rubio estaba burlándose de él. Un estruendoso golpe en las teclas lo devolvió a la tierra.
-No pienses que disfruto tener esta charla contigo. – Apuntó con seriedad y algo de molestia – El talento y el esfuerzo razonable no son suficientes si es que planeas ser el mejor. Nada te caerá del cielo, ni el mundo gira a tu alrededor. Para este momento ya deberías estar conciente de esas cosas... Si no dejas un poco de tu alma...un poco de tu sangre, sudor y lágrimas en el camino no llegarás al éxito. La mediocridad no es una opción... ¿Lo entiendes?
Shuichi sólo bajó la cabeza con rabia y vergüenza. Apretó los ojos para evitar que las lágrimas lo traicionaran y se mordió los labios para tratar de no soltar algún comentario que empeorara las cosas. Pero no pudo evitarlo... – Yo no sé de música clásica... ¡pero mi estilo es completamente diferente! – Se arrepintió de haber abierto la boca en cuanto la mirada de Tohma se fijó en la suya con decepción.
-No estoy hablando de estilos de música... Te estoy hablando de técnica... ¿Cuántos muchachos de tu edad crees que hay por ahí tratando de llegar a ser famosos¿Cuántos de ellos crees que han estudiado música durante al menos 10 años en algún internado¿Cuántos tienen una técnica mejor que la tuya en este mismo momento? – Ahora si, Shuichi estaba hundido en el lodo. – Creí que lo entenderías, no estoy tratando de humillarte. Pero subestimar a tu competencia es igual o peor que subestimarte a ti mismo. – Avanzó un poco hacia él, poniendo una mano sobre su hombro para transmitirle un poco de confianza, a lo que el pelirrosa levantó el rostro -Tú, Shindo Shuichi, tienes talento innato. Sólo...tenemos que buscar un detonante. Mientras transmitas tus sentimientos en tu música todo estará bien – Tohma le guiñó un ojo- En todo caso, de la técnica se encargará Suguru.
-Y...qué pasará cuando Suguru no esté... – Shuichi le miró avergonzado, las palabras del rubio le empequeñecían pero al mismo tiempo le agradaba aquel momento de intimidad.
-Entonces, estaré yo. – Le dijo como si fuera lo más normal del mundo, mientras se acomodaba nuevamente en el piano y frente al pentagrama corregido.
-Y si tú no estás...
-Ese inevitable día llegará... cuando ya no me necesites. – Alejó su mirada del menor con lentitud y su postura perfecta se movió para empezar a tocar las teclas como si el piano fuera un juguete. Sólo se detuvo para volver a la mesa y servirse más té.
El pelirrosa quedó estático por un momento. "Inevitable" siempre había sido una palabra que le causaba malestar. A pesar de que todo era demasiado inusual, un suspiro profundo relajó su cuerpo. Finalmente, después de 6 largos días la respuesta de Shuichi fue – "No pienso hacer pública esa canción"- El rubio no se inmutó, en cambio llevó el té de jazmín hasta sus labios para beberlo con lentitud.
-¿Hay algún motivo específico para ello?
-...
-¿Bien?
-Esa canción es demasiado... personal. – Por toda respuesta Tohma se levantó con el semblante relajado.
-Tendrás que trabajar más rápido... si no tienes las dos canciones a tiempo tendré que pedirte que utilices la que ya tienes lista.
-Hai – últimamente esa respuesta se había convertido en un mantra para Shuichi. Caminando hacia la puerta, Tohma le regaló una última sonrisa antes de salir de allí. El joven cantante se sentó practicando algunos ejercicios y escalas en el teclado. Sin mucho ánimo, mantuvo un do sostenido por demasiado tiempo, dejando caer su cabeza hacia atrás y suspirando. Al menos Tohma le había permitido guardarse esa canción por el momento; aunque, obviamente, con condiciones.
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Comúnmente, las oficinas de cualquier empresa suelen estar cerradas los domingos. Pero la oficina de Tohma Seguchi siempre requería de su presencia de una u otra manera. Alrededor de las 7:00 p.m. el rubio acarició sus sienes tratando de relajarse después de pasar casi toda la tarde leyendo documentos y considerando sus negocios. Necesitaba un descanso. Fue a dar una vuelta para ver si todo estaba en orden con el joven cantante. Ya se había tomado el tiempo suficiente para forjar la táctica que llevaría a Bad Luck al éxito, sólo necesitaba una señal que le indicara que era el momento.
Su tranquilidad fue interrumpida el momento en que abrió la puerta del estudio y escuchó unos pasos y respiración agitada. Escabulléndose con gracia y sin ningún problema, se acercó lo suficiente como para observar el interior del cuarto del pelirrosa a través de la puerta semiabierta.
Shuichi se movía de un lado a otro del cuarto a medida que hablaba por su móvil. Su nerviosismo y estrés eran imposibles de ocultar tras palabras entrecortadas, y su semblante se opacaba más cada que un silencio indicaba que obtenía una respuesta del otro lado de la línea. -Yuki, dónde estás...Sé que no estás en tu departamento... ¿Dónde estás Yuki?... ¿Por qué tardaste tanto en contestar tu móvil?... ¡Contéstame!!!... ¡Yuki!... ¿Con quien estás?...No me mientas... acabo de escuchar a una mujer llamándote... ¡Que la acabo de escuchar, maldita sea!!!... ¿Quién es ella?...por la mierda Yuki... ¡No me mientas!... ¡YO SÉ QUE NO ES MIKA!... No, no te estoy controlando….sólo quería saber como estabas... ¡Claro que me importa!...YUKI... ¿DÓNDE ESTAS?...dime la verdad... ¡NO ME CUELGUES!...¡¡¡YUKI!!!...¡MALDITO CABRÓN¡¡¡YUKIIIIIIIIII!!!! – Al borde del colapso nervioso, Shuichi gritó con toda la fuerza que su garganta pudo emitir. Aunque el grito, lejos de parecerse a la habitual voz que era grabada con tanto anhelo en ese estudio, fue un gemido lleno de angustia. Maldiciendo nuevamente, lanzó el celular al piso y lo pateó hasta destrozarlo sin tener otra manera para descargarse.- Maldito...por qué... Yuki...
Tohma estaba estático en el marco de la puerta sin saber que hacer. Observó como Shuichi respiraba con dificultad y sujetaba su cabeza tirando un poco del cabello rosa. La desesperación en sus ojos se apreciaba mejor entre las lágrimas que fluían y rodaban por sus jóvenes mejillas. El pobre muchacho terminó apoyándose contra la pared para no caer, mientras se abrazaba a sí mismo en su soledad.
El deja vú fue inmediato en el cerebro del rubio. Antes de seguir el impulso protector que estaba naciendo, se alejó del estudio tres, tal y como había llegado...sin que nadie lo notara. Se encerró en su oficina y notó que no podía concentrarse en los papeles que trataba de revisar, aún escuchaba en sus oídos los gritos del pelirrosa y ese llanto estridente que se le hacía familiar y había deseado nunca volver a escuchar. – Yuki...qué es lo que estas haciendo...- Se perdió en sus pensamientos y en aquellas viejas memorias. Se atormentó a si mismo recordando la sonrisa de un Eiri que ya no existía, auto castigándose como a veces necesitaba hacer por la noche ya lejana en New York. Sabía que ya no podía hacer nada por su querido Eiri, que el mocoso de pelo rosa era el único que lograba sacarle una sonrisa de vez en cuando. Pero ese mismo mocoso estaba recorriendo el mismo camino que el escritor, sólo que la sonrisa de Shuichi estaba desapareciendo de una manera más lenta y tal vez... más cruel.
Reacomodó su postura en una posición perfecta sobre el sillón de cuero negro al escuchar la puerta de su oficina abriéndose.
-Tohma-san... – La voz lo sacó de sus pensamientos – Necesito pedirte un favor.
-Por supuesto, si es que está en mis manos– La sonrisa condescendiente brilló en su rostro, mientras sus ojos observaban que el rostro del menor estaba sanando satisfactoriamente. Quizás estaría listo para las fotos antes de que las dos semanas llegaran a su fin.
-Yo... arruiné mi celular por accidente. Necesito uno nuevo lo antes posible y quisiera conservar el mismo número. ¿Podría hablar con Sakano-san? él es quien se encarga de esas cosas.
-Si...- Tohma consideró decir algo por un momento. – No hay problema. – Pero descartó la idea inmediatamente.
-Gracias – Shuichi sonrió de repente y al rubio le pareció la expresión más vacía que había visto en mucho tiempo – No quisiera que Yuki se moleste si es que llama y no puede ubicarme. – Tohma sabía que el cantante no vivía plenamente en el mundo real, pero esto era ridículo.
El rubio observó a Shuichi en silencio. ¿Se estaba mintiendo a sí mismo? O en verdad creía que Yuki lo llamaría... Un brillo poco saludable lo rodeaba y no le gustó, entonces abrió la boca sin pensar. -Shuichi – Su mirada buscó por una excusa entre las cosas de su oficina, y la encontró en el reloj de la pared. Para cuando el pelirrosa se dio cuenta, Tohma ya había marcado un teléfono y esperaba respuesta - Hola Shizuru... Sí, soy yo... entrega a domicilio. Al penthouse de NG records... buffet para dos...Sí...gracias.
Obviamente, Shuichi se le quedó mirando con los ojos abiertos y confundidos; pero Tohma sólo le regaló una sonrisa y comentó en un tono alegre -Creo, que ya es hora de cenar.
Al principio Shuichi observó con algo de recelo la comida que parecía exquisita pero algo extravagante. Probó poco a poco los alimentos, pero después de comprobar que no le dolía nada y su vista no se había vuelto borrosa por algún veneno, se dedicó a llevarse a la boca todo lo que estaba a su alcance. Tohma no podía evitar sonreír con cierta ternura cada que el pelirrosa se atoraba por llenar demasiado su boca (y vaya que el mocoso tenía espacio para bastante ahí dentro). Shuichi se encontraba dócil ante la extraña amabilidad y las dulces sonrisas del mayor, permitiéndose disfrutar por esa noche la compañía de Tohma Seguchi como un humilde fan más, uno más de los millones que habían por ahí. El vaso de vino que se negó a probar a la primera oferta ya había sido llenado al menos 7 veces, y su sonrisa comenzaba a ponerse melancólica al probar el dulce sabor del cheescake, que sólo le recordaba a un amargo escritor de novelas.
-Lo escuchaste todo¿verdad?- Fue la pregunta directa y audaz después de dar el último bocado a su postre favorito. Sin duda, el alcohol iba haciendo efecto en Shuichi de forma lenta pero eficaz.
-Por una simple e inesperada casualidad. – La aterciopelada y siempre correcta voz del rubio sólo sacó una sonrisa más de Shuichi, quien volteó el rostro para observar cómo bebía el último trago de vino tinto sutilmente comparable a sus mejillas y labios. Tohma era en verdad un perfecto arlequín de porcelana; hermoso, frío y vacío ante los ojos de un pelirrosa semiconsciente, que intentaba escuchar lo que el mayor quería decir. – Eiri está por encima de cualquier traspaso vulgar. Tal vez exageraste.
-Eiri no es tan perfecto como tú o yo deseamos creer – El cruce de miradas entre los dos tensionó el aire de inmediato -Él... ni siquiera se molesta en ocultarlo...o tal vez... – Apoyó la frente en una mano antes de empezar a reír sin control – ¡Tal vez piensa que soy tan baka que ni siquiera me doy cuenta!
-No creo que Eiri sea capaz de...
-Pues crees mal... – La sombría respuesta de Shuichi interrumpió al rubio, olvidando el respeto que le debía.
-Shuichi...
-¿Quieres saber como lo sé? – Bebió un sorbo de la fina copa, captando toda la atención de Tohma con la gracia de sus movimientos – Es algo...muy cínico de su parte... Él...tiene una caja de condones en su mesa de noche.
-No entiendo tu punto – La confusión de Tohma se convirtió en enfado cuando Shuichi comenzó a reírse en su cara
-Nunca creí que escucharía esas palabras de ti – respiró hondo para recobrar la seriedad antes de volver a hablar -Verás... con seguridad... podemos olvidar el tema de la contracepción. – Los ojos de Shuichi se tornaron vidriosos y volteó la mirada hacia el ventanal antes de continuar- Por otra parte, Yuki es conciente de que él es el primer y único hombre con el que he mantenido relaciones, y también sabe que no tengo ninguna experiencia con mujeres... nunca ha utilizado ningún tipo de protección conmigo porque sabe que es imposible que le contagie algo... Aún así... cada que abro ese cajón puedo ver como van desapareciendo poco a poco, y cuando se acaban... ni si quiera se molesta en comprar la misma marca. – Tohma no podía creer lo que escuchaba. –Yo tampoco soy tan estúpido como a la mayoría del mundo le gustaría
-¿Alguna vez te has vengado? – el tono casual fue ignorado olímpicamente por el pelirrosa.
-Te encantaría saber la respuesta¿verdad?
Tohma levantó su copa de vino por toda respuesta y brindó con Shuichi. Debía admitir cierta derrota, porque el mocoso le conocía lo suficiente como para descubrir que sus palabras nunca eran pronunciadas sin al menos un segundo pensamiento. Y eso era decir bastante. Aunque en medio del ambiente en el que ambos bebían sus penas en silencio, el rubio no sentía que había perdido algo al mostrar ante el pelirrosa lo que muchos considerarían como su lado vulnerable.
6 botellas de vino se vaciaron antes de que acabara la noche.
Sin duda, el alcohol era muy efectivo calentando la sangre. Con las mejillas ciertamente sonrojadas, el rubio siguió a Shuichi sólo para asegurarse de que terminara acostándose en la cama y no en el piso. Estaba sintiéndose más considerado que de costumbre esa noche. Observó en completo silencio cómo la delgada figura se quitaba la playera sin vergüenza alguna y lanzaba los pantalones a un lado sin reparar en su presencia.
Tohma sólo observaba desde la puerta, sin acercarse demasiado al cantante, como era de esperar. Después de taparse simplemente con una sábana, Shuichi hizo un ademán con la mano para que se aproximara, a lo que el mayor se sentó junto a él en la cama. Shuichi estaba tan borracho que no medía sus movimientos, y tomando a Tohma por el brazo lo jaló para que se acercara a escuchar el secreto que tal vez olvidaría haber confesado al día siguiente – Lo he considerado... pero no he encontrado...con quién...- dijo casi rozando los labios del rubio antes de caer dormido y rendirse a la inconciencia.
Para cuando Tohma se dio cuenta, ya estaba manejando camino a su casa. ¿Tan rápido había salido del edificio? Manejaba nervioso y escuchaba como los pocos autos que aún estaban en la avenida tocaban la bocina molestos cuando los pasaba a toda velocidad. Podía sentir su pulso en la garganta... hacía mucho tiempo que no había sentido la necesidad de huir...
