Prácticas ¿en el Bosque Prohibido?
3. En la enfermería. (editado)
Hermione abrió los ojos durante una milésima de segundo y la brillante luz blanca la cegó. No estaba sola. Entrecerró los ojos para acostumbrarse a la iluminación, pero al ver quién había a su la lado los cerró con fuerza y volvió a abrirlos, para descartar la posibilidad de que su imaginación le estuviera jugando una mala pasada. Pero no. Lo que había a su lado era real.
Un chico rubio tenía la cabeza apoyada en su cama, durmiendo tranquilamente. ¡Era Draco Malfoy! Se sorprendió al ver en su cara calma y tranquilidad, contrastando con las muecas de desdén tan habituales cuando estaba despierto. Hermione recordó en quién estaba pensando. Era el horrible, prepotente, frío, creído, cruel Draco Malfoy. La chica quiso apartarlo de un empujón pero de repente se oyó un ruido de puerta que se abría y la profesora Sprout entró corriendo.
– ¡Madame Pomfrey! ¡Madame Pomfrey! ¿Dónde está?
– No grite profesora Sprout, que tengo pacientes…
– ¡Venga rápido al invernadero 3. ¡Ha habido un accidente!
– ¿De verdad? ¡Vamos, rápido!
Y las dos mujeres salieron dejando a la curiosa pareja completamente sola. Malfoy se había despertado con los gritos de las profesoras y se encontraba de pie al lado de la cama, mirando por la ventana.
– No sé qué demonios hago todavía aquí… ¡Debería estar con mis fans! A ver si esta despierta de una vez… ¡No puedo perder más tiempo!
– ¡Pues ya te puedes ir, no te necesito para nada! – exclamó Hermione incorporándose.
– ¿Así me agradeces que te haya traído a la enfermería? Te informo de que si no fuera por mí estarías medio muerta en un pasillo oscuro ¿vale? Y no es que me desagrade la idea pero no me puedo arriesgar a suspender las prácticas…
– ¿Eso soy yo? ¿Un instrumento insignificante para aprobar las prácticas?
– Pues claro. ¿Qué esperabas? – susurró Draco acercándose peligrosamente a la boca de Hermione.
– ¿Yo? Pues absolutamente nnn... – su voz murió en los labios del chico, que la besaban con ardiente pasión.
Hermione no pudo más que sorprenderse, pero el calor que desprendía el cuerpo del chico le hizo perder la razón y empezó a corresponder al beso. Sus lenguas se exploraban ansiosas y las manos de Draco empezaron a desabotonar la camisa de Hermione. Ella respondió hundiendo sus dedos en el suave cabello rubio del chico.
– ¡Hey señora! ¡Déjeme pasar! ¡La que está allí es mi novia! – gritó una voz detrás de la puerta de la enfermería.
– ¡Calla chico! La señorita ya tiene compañía – le reprendió madame Pomfrey, que acababa de volver acalorada por la carrera al invernadero.
– ¿Qué compañía? ¡YO SOY SU NOVIO!
Hermione y Draco se separaron al instante. Él se apartó de la chica y dirigió la vista a la ventana, con el ceño fruncido. "Qué rápido ha perdido el control Granger, aunque no puedo decir que me extrañe. Al fin y al cabo, soy Draco Malfoy. Parece que me voy a poder divertir más de lo esperado con esta sangre sucia".
Mientras tanto, Hermione, roja como un tomate, se abrochaba rápidamente los botones desatados por Malfoy. "¿Qué se supone que hace éste? ¿Se cree que todas las chicas caerán a sus pies? Pues yo no seré una de esas… Esto solo ha sido un momento de debilidad que no se repetirá".
En ese momento, se abrió la cortina y entró Ron con cara de mal humor. Sin ver al muchacho rubio en la ventana, se acercó a Hermione y la besó.
– ¡Hermione! ¿Cómo estás? Me han dicho que estabas con… ¡¿Malfoy?! ¡¿Qué demonios hace aquí este idiota?! – gritó Ron mirando a Malfoy con odio.
– A ver pobretón, en primer lugar, un poco de respeto a tus superiores. Segundo, si no fuera por mí tu "noviecita" estaría inconsciente quién sabe dónde y, tercero, yo no tengo por qué darte explicaciones de lo que haga o deje de hacer. – Malfoy miró a Ron fríamente – Para las explicaciones ya está tu novia… Si es quiere contarte lo que hacíamos los dos solos.
– Pero que demoni… – gritó Ron.
– No me grites ¿oyes? – Draco se dirigió a la cortina y antes de salir se giró hacia Ron y Hermione – Me voy, no quiero intoxicarme respirando el mismo aire que vosotros. Por cierto Granger, ya te puedes ir recuperando porque como suspendamos las prácticas voy a encargarme de que no quede ni una gota de esa sangre sucia en tu cuerpo inerte.
– Maldito Malfoy de mierda… ¿Es tu pareja en las prácticas? Qué mala suerte… Yo tampoco he salido muy bien parado, me ha tocado con Lunática Lovegood.
Hermione no contestó, pues aun estaba pensando inconscientemente en Draco y en su beso… Había sentido ganas de más… Si no hubiera llegado Ron quién sabe cuando habrían parado… Habría cometido el mayor error de su vida.
– Mione… Yo… Te quería pedir perdón por lo que ha pasado estos últimos días… Te quiero mucho y se que tu también me amas… – Ron se acercó a Hermione y la empezó a besar.
La chica le siguió el juego sin demasiadas ganas. Ron metió la mano por debajo de la camisa de Hermione y la empezó a acariciar.
– Ron… Para, estamos en la enfermería…
– Pero Mione, me voy mañana… Quiero estar contigo esta noche…
– Ron, por favor, no me encuentro bien… Déjame descansar…
– Con Malfoy no te encontrabas mal… Seguro que hiciste todo lo que él te pedía…
– ¿Pero qué…?
– ¡Cállate! Se que ha pasado algo… ¿Qué hacíais los dos solos?
– Pero si yo no…
– No hace falta que digas nada. No te molestaré más. Adiós. – dijo Ron enfadado y salió de la habitación.
Hermione cerró los ojos e intentó hacer desaparecer ese maldito dolor que le amartillaba la cabeza.
– Señorita Granger – dijo Madame Pomfrey asomándose – veo que ha despertado. Ha tenido una bajada de tensión. Debería reducir su ritmo de trabajo y no exponerse a temperaturas extremas ni situaciones estresantes si quiere mejorar.
– Muy bien, gracias por todo.
– Déle las gracias al Sr. Malfoy, él fue el que la trajo en brazos aquí. Aproveche esta noche para descansar.
Madame Pomfrey la dejó sola. ¡Nunca le daría las gracias a Malfoy! ¡NUNCA! Cerró los ojos. ¿Por qué era tan desafortunada? Era la pareja de su peor enemigo. ¿Qué más podía salir mal?
