Y aquí estoy yo, esta vez con el verdadero capítulo final. La verdad es que pensaba hacerlo todo uno, pero era demasiado largo… Así que lo partí en dos… Y a ver… Anuncio que estoy enferma… Ahora mismo estoy con fiebre¡pero eso no me impide escribir! Bueno, no digo nada más y ¡os dejo con el capítulo!

¡Espero que os guste!

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Prácticas ¿en el Bosque Prohibido?

21. Epílogo

Habían matado a Voldemort. Todo había terminado. Pero Draco no volvería. Se había ido para siempre. Y nada lo podría cambiar.

-.-.-.-.-3 años más tarde-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- Mione, quiero que pienses en mi propuesta – murmuró un chico moreno, tomando las manos de una chica castaña.

Estaban en un restaurante bastante lujoso, situados en la mesa de la esquina, cenando a la luz de las velas. Hermione llevaba su pelo ondulado recogido en un moño que dejaba sueltos algunos bucles. Un vestido azul oscuro se amoldaba perfectamente a sus curvas.

- Pero Viktor… - protestó apartándose.

- Mione, hace ya más de tres años que murió ese traidor…

- ¡No es un traidor¡Lo hizo para protegernos a Mark y a mi! –gritó la chica levantándose de su silla furiosa. - ¡No lo entenderás nunca!

- ¡Está muerto¡Draco Malfoy está muerto¡M-U-E-R-T-O¿Entiendes? – le gritó el deportista levantándose él también.

Hermione lo miró a los ojos sorprendida. Nunca antes había visto a Viktor Krum perder los nervios. Eso era nuevo para ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar a Draco. Su pelo rubio, sus ojos grises, sus labios delgados, su piel blanca, sus fuertes brazos,… Viktor se dio cuenta de que las lágrimas asomaban en los ojos de Hermione y se acercó a ella. La abrazó con fuerza y posó su cabeza en el hombro de la chica, que se puso tensa enseguida.

- Perdóname, Mione… No quiero herir tus sentimientos… Ya sabes que es lo último que quiero hacer en estos momentos. Malfoy murió hace tiempo… Tú debes rehacer tu vida y Mark necesita un padre. Yo estaría encantado de que me aceptaras en tu vida. No quiero que me des una repuesta ahora. Solo pido que pienses… y que mañana me contestes. Piensa en el niño, Mione. – dicho esto, depositó un tierno beso en sus labios, rodeó sus hombros con un brazo y, después de pagar la cuenta en la barra, fueron a su Mercedes.

Hermione entró y recostó su frente en el vidrio de la ventanilla. Cerró los ojos y suspiró largamente. Su vida había cambiado desde ese nefasto día. Para todo el mundo, era un día para recordar con alegría. El día en que habían vencido a Voldemort y a sus mortífagos. Bueno, no a todos. Algunos lograron escapar, pero fueron perseguidos por un grupo de eficientes aurores que al final consiguió encerrarlos a todos en Azkaban, incluido Lucius Malfoy.

Ginny y Harry se habían casado un año después de la última batalla y la pelirroja ahora se encontraba embarazada de seis meses. Luna y Ron ya habían tenido su primera hija, Sarah, que contaba con dos años de edad y había heredado el pelo rubio y los ojos de su madre y las pequeñas pecas de su padre. Todos vivían su vida feliz, con sus parejas. Menos ella. Ella estaba sola, con su hijo Mark, que cada día se parecía más y más a Draco, no solo en aspecto, sino en carácter. Aunque también debía decirse que había heredado la inteligencia de su madre.

Hermione había aceptado salir con Viktor, después de toda su insistencia y ya llevaban un año de relación. Hermione quería mucho al joven pero no encontraba la misma chispa, las mismas sensaciones que le hacía sentir Draco. Pero debía sacarse esas cosas de la cabeza. Draco estaba muerto, por mucho que le doliera a ella. No podía devolverlo a la vida.

Cada noche recordaba con nostalgia las alegrías y tristezas que había vivido con él en Hogwarts. Y las lágrimas acudían a ella. Parecía mentira que después de tantos años aun le quedaran lágrimas que derramar. Parecía imposible. Pero olvidarse de él era misión imposible. Su voz, su risa, sus ojos, el tacto de su pelo, el roce de su piel, el sabor de sus labios, su olor, sus besos, sus caricias, sus palabras… incluso sonreía vagamente al recordar todas sus discusiones, la mayoría por simples nimiedades.

De repente, el ruido de su móvil la devolvió a la realidad. Abrió su bolso y rebuscó entre sus cosas hasta encontrar el pequeño aparato que producía ese estridente ruido. Apretó el botón de descolgar y contestó.

- ¿Diga?

- ¡Hermione! Me han llamado del hospital y han dicho que tu madre ha caído en una crisis… yo voy hacia allí directamente con Mark. - Dijó preocupado Jake Granger.

- Tranquilo papá, estoy en el coche con Viktor y voy hacia allí en este momento. No te pongas nervioso, por favor. – lo calmó la chica.

- Hasta ahora, hija.

- Adiós, papá. – colgó el móvil y se giró hacia Viktor – Por favor, Viktor¿puedes llevarme al hospital? Mi madre ha caído en una crisis…

- Claro, no te preocupes. Estaré allí en tres segundos. – contestó el hombre acelerando y cambiando de sentido temerariamente.

Hermione se aferró a su asiento y cerró los ojos con fuerza, intentando calmar los latidos de su debocado corazón.

Llegaron al hospital unos minutos más tarde y Hermione entró a toda velocidad, siguiendo el camino que ya conocía de memoria hacia la habitación en que reposaba su madre. Vio a su padre sentado en las incómodas sillas de plástico con Mark dormido en el regazo. El niño levantó la cabeza al escuchar los pasos retumbantes de Hermione en el pasillo. El padre de la chica se puso de pie y la castaña lo abrazó con fuerza. Viktor seguía a la chica unos pasos por detrás. Saludó cortésmente a Jake y se sentó al lado de Mark. La joven cogió a su hijo en brazos y lo apretó contra sí.

- Mamiii… no puedo respirar… - se quejó el niño intentando separar su cabeza del pecho de su madre.

- Perdona, Mark. – se disculpó Hermione sentándose en el asiento con su hijo en sus rodillas. - ¿Han dado noticias nuevas, papá?

- No… Llevo aquí un rato y solamente me han dicho que ha tenido un infarto y que ahora la intentaban reanimar.

Hermione suspiró largamente y acarició suavemente el pelo rubio platino de su hijo. El niño lo miró con sus ojos grandes y grises interrogativamente. A la mente de Hermione vinieron los recuerdos de la primera vez que estuvo en esas incómodas sillas de plástico… con Draco. El chico la había apoyado mucho en ese momento y a ella le había servido de gran consuelo. Pero ahora él no estaba allí para ayudarla. Ya no.

Pasaron las horas y nadie sabía nada de Jane. Cuando estaban todos a punto de perder la paciencia, un médico vestido con una bata blanca y con aire sombrío se acercó a ellos.

- ¿Son ustedes los familiares de Jane Granger?

Hermione y su padre asintieron con la cabeza y se levantaron, incapaces de formular una sola palabra.

- Bien… Hemos hecho todo lo posible para salvar su vida, pero tantos años en cama la han debilitado notablemente… No hemos logrado mantener un ritmo cardíaco constante. – explicó el doctor con voz desprovista de sentimientos.

- ¿E-está…? – musitó la chica incapaz de terminar la frase.

- La señora Granger… ha fallecido. – confirmó el médico, retirándose de la sala de espera.

Hermione cayó en la silla de plástico, incapaz de asimilar lo que le habían dicho. Era un shock demasiado grande para ella. Otra muerte. Otro vacío. Dolor. Llanto. Desolación. Y luego… soledad.

Miró de reojo a su padre, que estaba de espaldas a ella, apoyado contra la pared. Vio como levantaba el puño y daba un golpe. La castaña soltó dos solitarias lágrimas que rodaron lentamente hasta morir en su boca, dejando un sabor salado. Viktor se acercó a ella y la rodeó con sus brazos.

- Será mejor que nos vayamos, Hermione. Sino, mañana estarás cansada.

- Sí… - suspiró la castaña secando su cara con el reverso de su manga – Papá… ¿te llevamos a casa?

Jake Granger se giró y miró a su hija largamente. Sus ojos estaban enrojecidos y repletos de lágrimas que rodaban por sus castigadas mejillas.

- Te lo agradecería… - susurró caminando hacia la salida del hospital.

Dejaron a Jake en su casa y luego continuaron hasta el apartamento de Hermione. Viktor se dispuso a aparcar para subir con ella pero la castaña se lo impidió, explicándole que en esos momentos lo único que ella deseaba era estar sola.

Subió lentamente por el ascensor y abrió la puerta de su apartamento. La cerró y se dejo resbalar lentamente hasta quedar sentada con las rodillas encogidas. El niño, que había permanecido a su lado en todo momento, se acercó a ella y le acarició la cabeza para consolarla. Hermione no pudo más que soltar más lágrimas por esta hermosa muestra de afecto por parte de su hijo.

- Mamá… ¿Por qué lloras? – preguntó inocentemente.

- La abuela… - murmuró simplemente.

- ¿Ha ido al cielo a hacerle compañía a papá? – preguntó con una sonrisa en sus pequeños labios.

- Sí… ahora están juntos. – contestó la castaña.

- Que bien… Así papi ya no tendrá más miedo a la oscuridad. - murmuró simplemente el niño.

Hermione abrazó a su hijo con fuerza. En esos momentos era a lo único a lo que podía aferrarse. Sentía que todo su mundo se hundía irremediablemente. Primero Draco se había ido, pero siempre había tenido la esperanza de que volviera cuando terminara la guerra. Pero esa luz se había esfumado. Draco había muerto inexorablemente en la última batalla. Y ahora su madre.

Todo lo que antes la había hecho feliz y la había ayudado a mantener la esperanza había desaparecido. En un cerrar y abrir de ojos, ya no había nada. Solo oscuridad. Solo dolor.

Sintió como su hijo la rodeaba con sus cortos brazos y retiró esos pensamientos de su cabeza. Aun quedaba una luz, una llama que no se había extinguido. Su hijo. Mark. Debía continuar adelante por él. Porque él la necesitaba mucho. Porque ella le necesitaba a él para poder seguir caminando por el mundo. Porque lo era todo para ella.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Al enterramiento no había asistido demasiada gente. Solamente los amigos más cercanos a Hermione, algunos familiares y conocidos de sus padres.

Había sido un día soleado, pero para la chica fue como si estuviera completamente nublado. Se veía obligada a aceptar la realidad. Su madre estaba muerta y no volvería. No había sido una pesadilla.

Hermione vagaba sin rumbo por las calles ajetreadas de Londres, pensando en lo que la conversación que había tenido esa tarde con su amiga Ginny.

-.-.-Flashback-.-.-.-.-.-.-.-.-

Ginny se encontraba sentada en una mesa del café en el que había quedado con Hermione. Esta llegó unos minutos más tarde, resoplando por haber hecho el camino corriendo. Se sentó delante de su amiga y pidió un te rojo. La pelirroja miró seriamente a su amiga, que apartó la mirada turbada por la fijeza de la mirada.

- ¿De qué querías hablarme? – preguntó nerviosa.

- He hablado con Viktor. – Hermione enrojeció. Solo habían podido hablar de una cosa – Me ha contado que te ha pedido matrimonio… ¿Qué piensas hacer, Mione? No pensarás decirle que no¿verdad?

- Yo… mira, no creo estar preparada para casarme…

- ¿Cómo que no? Por Dios, Hermione¡Draco murió hace tres años¡Hace cinco años que no lo has visto ni has hablado! Vale que Mark sea su hijo¡pero no puedes estar toda tu vida de luto! Has sufrido mucho por él¡es hora de que rehagas tu vida!

- Pero…

- Ni peros ni nada. Viktor es una muy buena persona y te quiere por encima de todo. Lleva todos estos años apoyándote y animándote y tú solo piensas en una persona que ya está muerta. ¡No quiero siquiera que pienses en rechazarlo!

- Ginny…

- Yo solo lo digo por tu bien, Hermione. Sé cuanto has sufrido, y yo estaría igual si le pasara algo a Harry, pero en algún momento debería continuar con mi vida. Además, también será bueno para Mark. El necesita un padre de verdad, no uno solamente basado en recuerdos.

- Lo pensaré… en serio, pero no puedes pedirme que acepte así por las buenas… - musitó Hermione con la mirada fija en el suelo y los ojos turbios de lágrimas.

- Buf… yo no puedo hacerte entrar en razón. Allá tú y tu vida. – resopló Ginny levantándose de su asiento – Bueno, yo me voy que he quedado con Harry para ir al hospital a que me hagan otra ecografía. Nos vemos mañana… y quiero que hayas recapacitado.

Ginny se despidió de la chica con un abrazo y salió al frío ambiente que reinaba en la ciudad. Hermione se quedó un rato más calentando sus manos con la taza y terminando de beber su te.

Al cabo de unos minutos salió ella también, perdida totalmente en sus cavilaciones.

-.-.-Fin Flashback-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Hermione se detuvo delante de la puerta de casa de su padre. Tenía que recoger a Mark. Llamó a la puerta y después de intercambiar palabras sin sentido con su padre se subió en su coche, que había quedado aparcado en la puerta de su antiguo hogar. Mark se sentó tranquilamente en el asiento trasero y cerró los ojos. Estaba bastante cansado de tanto correr y saltar. Hermione no pudo más que sonreír al escrutar la expresión de serenidad en el rostro de su hijo. Tan parecido a Draco… ¡No! No debía pensar más en él. Había tomado una decisión. Aceptaría la propuesta de Viktor. Al fin y al cabo, él la quería mucho y ella también, aunque ese no era el mismo amor que había sentido hacia Draco. Pero daba lo mismo. Debía hacerse la idea de que Draco no volvería jamás y de que Mark necesitaba estabilidad. Una familia. Un padre y una madre. Hermione quiso disipar las lágrimas que acudían a sus ojos y sacudió la cabeza. Encendió la radio. Sonaba una triste melodía… Una de sus canciones favoritas…

Solo, mirando recuerdos que hablan de ti,

Solo, escupo al silencio que brota en mi

y lloro e invento lamentos

que disfrazan verdades que encuentro.
Miento y escondo la angustia,

al descubrir que miento por la cobardía que vive en mi

y lloro y asumo en silencio

los errores que tuve y enseñan a saber.

Siempre le había gustado esa canción, y en esos momentos le hacía pensar aun más en Draco. En todo lo que habían vivido. Las alegrías, las tristezas, los enfados, la pasión, el deseo, el amor… la soledad.

Es mi soledad la que me insulta pegada a mi piel,

la que me grita tienes que aprender,

es mi soledad…
Es mi soledad la que no quiere ser,

la que tiene el rencor,

la que me lleva siempre a suplicar

por esos versos i caricias que me enseñó tu amor.
Es mi soledad la que se deja ver,

la que me hará aprender,

la que me lleva siempre a recordar

lo que es la amarga pura y dura soledad...

Es mi soledad...

Aparcó el coche y despertó suavemente a su hijo, que se frotó los ojos con sus manitas y siguió los pasos de su madre. La letra y la melodía de la canción aun retumbaba en los oídos de la chica, dejándola anonada y entristecida.

Frío, me siento perfecto,

consuelo de tontos, orgullo de necios,

palabras sin fondos, me ahogo sincero

en el mar de mi alma en deshielo.
Tiempo rimando los versos que pierden sin tus besos,

me entrego al recuerdo sufriendo si pienso

y cansado me espero

a que el tiempo lo cure y me lo haga saber.

Entró lentamente en el ascensor y se apoyó en una pared. El niño se aferró a una de sus piernas y metiendo un dedo en su boca, cerró los ojos. Hermione acarició su pelo platinado, tan parecido al de su padre y cerró los ojos. Realmente se sentía muy sola, aunque tenía gente a su alrededor que la apoyaba. Pero ni Draco ni su madre estaban allí.

Es mi soledad la que me insulta pegada a mi piel,

la que me grita tienes que aprender,

es mi soledad…
Es mi soledad la que no quiere ser,

la que tiene el rencor,

la que me lleva siempre a suplica

por esos versos i caricias que me enseño tu amor.
Es mi soledad la que se deja ver,

la que me hará aprender,

la que me lleva siempre a recordar

lo que es la amarga pura y dura soledad...

Es mi soledad...

Salió del ascensor y sacó las llaves de su bolso. Intentó secarse las lágrimas que turbaban su vista y introdujo la llave en la cerradura. Dos vueltas. Un chasquido. Se abrió la puerta. Sin siquiera encender la luz dejó las llaves a un lado y se quitó su abrigo y el de su hijo.

Por mas que lo intento lo entiendo,

por mas que lo siento,

por mas que me acuerdo,

por mas que me enredo

sin mas que el silencio

me acuerdo de ti...

Besó la frente de su hijo que estaba a punto de caer dormido en el suelo. Sintió que alguien la miraba. Se giró. Unos ojos grises la observaban fijamente. Un hombre rubio despeinado, cara afilada, camisa medio desabrochada estaba sentado en la butaca de su sala. Se levantó del sillón y mostró una sonrisa melancólica, como solo él las sabía mostrar.

- He vuelto.

Hermione no se movió. Otro espejismo. Otra ilusión. Otra falsa esperanza. Otro sueño. Cerró los ojos fuertemente y sacudió la cabeza. Los abrió de nuevo y Él continuaba allí. Él. Igual que antes. Como en sus sueños. Si era una ilusión ojalá no terminara nunca.

Empezó a caminar lentamente hacia él y se lanzó a sus brazos. El joven la apretó fuertemente contra su pecho. Durante todos esos años había deseado tanto abrazarla… Y ahora sus anhelos se hacían realidad. Sintió como Hermione arrancaba a llorar a lágrima viva, desconsoladamente. Él simplemente acarició su espalda y dejó que una sola gota salada saliera de sus ojos. Suficiente para él. Suficiente para un Malfoy. No. Él ya no era un Malfoy. Su padre lo había descubierto todo y había intentado acabar con él. Draco tendría el apellido pero jamás sería un tirano como su padre. Escuchó un ruido provinente de la entrada del apartamento y un niño rubio y con unos ojos grises como los suyos se acercó a ellos con una mirada interrogativa.

Las dos miradas grises se cruzaron y una chispa de entendimiento brilló en los ojos de Mark.

- Tú eres papá¿verdad? – preguntó con curiosidad - ¿Has bajado del cielo y has dejado a la abuela sola?

Draco intentó mirar a Hermione, que apartó la mirada. No hicieron falta preguntas. El rubio supo que la madre de Hermione había muerto. Y la abrazó más fuerte si es que eso era posible. Se maldijo por no haber podido estar en le trágico momento. Por no haber podido brindarle su apoyo. Por no haber podido darle todo su amor para que le sirviera de consuelo. Hermione se separó un poco de Draco y le sonrió con tristeza. Tomó en brazos a Mark y lo acercó al joven rubio.

- Sí, es tu padre… Pero la abuela no está sola… Está con sus padres¿sabes? – le susurró Hermione dejándolo en el suelo delante de Draco.

El chico se arrodilló y miró largamente a su hijo. Sonrió con dulzura y el niño se acercó a él y lo abrazó.

- Qué bien que hayas querido volver con nosotros… - susurró el niño cerrando los ojos, para bostezar después.

- Parece que tiene sueño… - rió Draco.

Lo levantó en brazos y miró interrogativamente a Hermione, que le señaló el camino hacia la habitación de su hijo. Mientras el padre acostaba a su recién conocido hijo, la castaña salió al balcón a respirar aire fresco. Sus sentimientos eran confusos. Su cabeza estaba hecha un lío. No sabía que hacer. No sabía como actuar. No sabía como pensar. Todo había sido tan repentino…

Draco se fijó en que la chica estaba fuera y la llamó con voz pausada.

- Hermione. – le chica no se giró – Hermione…

Draco se acercó a ella y posó su mano en el hombro tembloroso de la joven. Esta se giró, mostrando sus ojos inundados por un mar de lágrimas. Ocultó su cara y apartó a Draco de un empujón.

- Hermione¿qué…?

- ¡Ninguna carta¡Ningún mensaje¡Ninguna noticia¡Nada de nada¡Cinco años, Draco¡Cinco años de dolor y sufrimiento¿Dónde estabas tú¿Dónde?

- ¡No has sido la única que ha sufrido¡Tú no has tenido que ocultar tus sentimientos¡No has tenido que cumplir órdenes de personas que no merecen tu respeto¡Para mí ha sido más horrible! Pensando que te podían haber descubierto, que os podían haber matado a ti, o incluso a Mark. Intentando reprimir el deseo de presentarme aquí de repente por miedo a poneros en peligro.

- ¡¿Por qué no me avisaste de que no habías fallecido¡Casi muero pensando que nunca te volvería a ver!

Draco se acercó corriendo a la chica y la estrujó en sus brazos.

- Yo pasé la información de la noche que mataron a Voldemort. Mi padre me descubrió y me obligó a tomar Viretaserum… Le conté todo ¡todo! Dios mío, cuanto me odié por ello… Sentía asco por mí mismo y por la facilidad con que había contado mis más ocultos secretos. Lucius me encerró en uno de los sótanos de la vieja granja… Pero utilicé uno de mis últimos recursos para alertar a Dubledore. Éste vino a rescatarme y me sacó de allí segundos antes del incendio. Me mantuvo escondido estos tres años por miedo a que los mortífagos que continuaban vivos me descubrieran y quisieran cobrarse una venganza. Intenté escaparme millones de veces… Pero Dumbledore siempre me pillaba y con esa sonrisa que me pone de los nervios me recordaba que no podía ponerme en contacto con nadie. Ni siquiera contigo. Y ahora… todos los mortífagos han sido encarcelados. ¿Sabes? Tenía miedo de venir. Miedo de venir y ver que tu habías rehecho tu vida. De ver que ya tenías una familia. Que ya me habías olvidado. Que yo solo era un molesto recuerdo que preferías olvidar.

- Yo … Viktor Krum me pidió matrimonio… Yo nunca he podido olvidarte. Lo que nosotros vivimos no se olvida tan fácilmente. Ginny intentó convencerme para que le dijera que sí… Y no niego que pensaba hacerlo. Pero en mi interior me sentía desgarrada. Muerto o vivo, tú lo eres todo para mi.

Draco miró a los ojos marrones de la chica. Vio el mismo miedo, la misma incertidumbre que en otros tiempos inundaban los suyos. Recorrió su mejilla con sus manos y posó su vista en los labios entreabiertos de la castaña. Tanto tiempo soñándolos… Tanto tiempo deseándolos… Los acarició lentamente con los suyos propios y ambos se estremecieron ante el leve contacto. Draco la besó con lentitud, degustando de nuevo esos labios que lo habían encandilado. Hermione invitó a Draco a que profundizara más ese contacto que ambos anhelaban tanto. La lengua de Draco acarició lentamente el interior suave de la boca de la chica. Hermione sintió como cada célula de su cuerpo respondía activamente a esta intimidad.

Sin despegar sus labios, la chica empujó a Draco hacia el dormitorio. Draco se sentó en la cama de matrimonio y Hermione se colocó encima de sus rodillas.

El rubio intentaba acariciar la mayor parte de la piel de Hermione, introduciendo sus hábiles manos entre la gruesa ropa que vestía. La chica, a su vez, desabrochó los pocos botones que tenía la vieja camisa de Draco y se la retiró lentamente. Separó sus labios de los de él y empezó a besar su cuello, descendiendo lentamente hacia sus pectorales.

Draco cerró los ojos, encantado de sentirse dominado de nuevo por esa sensación que le envolvía cuando estaba con la castaña. Ahora era verdad. Por fin estaban juntos de nuevo.

Hermione sintió como el chico intentaba quitarle el jersey que vestía y levantó los brazos para que se lo pudiera sacar con más facilidad. Las manos de Draco acariciaban provocativamente la piel que dejaba al descubierto, y cuando hubo terminado, volvió a besarla con urgencia, casi violentamente.

La piel de la joven se erizó al notar las conocidas manos del rubio subir delicadamente por sus muslos hasta llegar al punto donde ella más ansiaba sentir su presencia. Un pequeño gemido escapó de los labios de Hermione, muriendo en la boca del chico, que la callaba con sus besos.

Hermione encontró el cierre del pantalón de Draco y lo desabrochó apresuradamente. El rubio hizo lo propio y despojó a la chica de esa falda y esas medias que se interponían entre ellos.

El cuerpo de la chica se retiró levemente del de Draco, lo suficiente para que el pantalón quedara tirado en el suelo.

Los labios de Draco dibujaron un camino de besos descendiendo por el cuello de Hermione y llegando a sus pechos, aun cubiertos por el sujetador. Acarició suavemente la espalda de la chica, llegando al cierre y desabrochándolo con exagerada lentitud. Lo lanzó lejos y devolvió su atención a los pechos de la joven. Los besó suavemente y con ternura, como si temiera lastimar a la chica, que enredó sus manos en el pelo platinado del chico y arqueó la espalda, incitando a Draco a un contacto más fuerte. El rubio no se hizo de rogar y tomó un pezón con pasión. Hermione se retorció, poseída por un placer que había olvidado que se podía llegar a sentir. Una serie de ruidos sin sentido salieron de la garganta de la chica y Draco separó lentamente los labios de su cuerpo para posarlos de nuevo en los de Hermione.

La chica sentía la excitación de Draco en su sexo, separados cruelmente por la fina tela de la ropa interior.

El chico, consciente también de este hecho e incapaz de aguantar por más tiempo las ganas de volver a poseer a Hermione, la tendió en la cama y se deshizo de la ropa interior de ambos.

Sus ojos grises recorrieron con intensidad todo el cuerpo de la castaña, deleitándose en cada una de sus curvas.

Hermione se sonrojó por la intensidad de aquella mirada sobre ella y levantó un brazo, depositándolo en uno de los hombros de Draco y atrayéndole hacia ella.

Draco besó sus labios de nuevo, con ansias renovadas y acariciando su vientre con una mano, suavemente, mordió el lóbulo de la oreja de Hermione, haciendo que esta se mordiera el labio inferior para ahogar los sonidos que luchaban por huir de su garganta.

- Nadie diría que has tenido un hijo… - susurró Draco – Tu vientre sigue tan terso y suave como antes… incluso diría que ahora eres mucho más hermosa, con ese sonrojo que tiñe tus mejillas…

Hermione sonrió tímidamente. Draco siempre la hacía sentir como la chica más hermosa y sexy del mundo, y eso le gustaba mucho.

El chico posó sus labios en el vientre de Hermione y lo besó suavemente, haciendo los músculos de la castaña se contrajeran de puro placer. Hundió una de sus manos en los rizos castaños de su entrepierna, proporcionando placenteras caricias a la chica en esa parte tan receptiva.

Hermione se sentía enfebrecida, presa por un deseo que nunca recordaba haber sentido.

- Draco… - suspiró la castaña, intentando pensar con claridad – por favor, Draco…

El rubio la abrazó con fuerza, aplastando los pechos de la chica contra su torso.

- Te amo – musitó el chico con voz entrecortada – No se como he podido vivir un solo segundo sin ti…

- Yo no he vivido sin ti… nada tenía sentido. Me sentía vacía, como si hubieran arrancado el corazón. Porque te amo tanto…

Un gruñido complacido salió de los labios de Draco, que volvieron a besar a Hermione, mientras se introducía en ella con fuerza.

La chica soltó un grito de sorpresa al sentir ese intruso en su cuerpo. poco a poco el ritmo de ambos cuerpos se fue acompasando, consiguiendo ir completamente compenetrados y aumentando la velocidad y la profundidad de las entradas y salidas del chico.

Hermione sintió que llegaba al clímax y gritó el nombre de Draco. Éste gimió complacido y se soltó en el interior de la chica.

Ambos quedaron rendidos en la cama, abrazándose el uno al otro, temerosos de que algo o alguien los volviera a separar, aunque en ese momento, era algo imposible.

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Los ojos de Draco se clavaron en la chica que caminaba por el hermoso pasillo adornado de la iglesia hacia él. Llevaba un hermoso vestido blanco de seda, sin mangas y con una pequeña raja hasta la cadera. El pelo se encontraba suelto sobre sus hombros, con unas pequeñas rosas blancas adornándolo.

Hermione, a su vez, observó al apuesto novio que la esperaba en el altar, con su pelo rubio resaltando en su traje negro, que le quedaba como un guante y le hacía parecer elegante y sofisticado. Bueno, la verdad es que ya era todo eso y mucho más.

Terminó la ceremonia y se besaron con una pasión incontenible. Sus ojos brillaban con alegría. Todos los amigos de Hermione se acercaron y la abrazaron con fuerza. Harry y Ron miraron desconfiadamente a Draco, que les respondió con una mueca de superioridad y abrazando posesivamente a Hermione.

- La novia es mía. – aclaró Draco con una mueca de desprecio hacia los dos jóvenes.

- Es nuestra amiga. – dijo Harry mirando con odio a Draco.

Hermione miró a sus amigos y luego a su ahora marido y no pudo evitar sonreír alegremente. Pedir que ellos se llevaran bien era algo imposible, pero al menos ahora no se lanzaban hechizos a la primera de cambio.

Un niño de unos cinco años, bastante alto para su edad y rubio con ojos grises se lanzó a los brazos de su padre.

- ¿Es verdad que me voy a quedar en casa del abuelo una semana entera? – preguntó mirando interrogativamente a sus padres.

- Sí… - respondió Draco sonriente – Tu madre y yo nos vamos a tomar unas vacaciones a solas…

- Aaah… ¡Por fin voy a poder dormir bien! – exclamó el niño con una sonrisa complacida.

Ginny y Luna rieron con ganas y Harry y Ron miraron con odio a Draco, que había enrojecido al igual que Hermione.

- No se que os hace tanta gracia… Papá y mamá gritan mucho cuando duermen y a mi me dan miedo – explicó el chico mirando confundido a la gente que había a su alrededor.

- Emm… ¿por qué no vas con el abuelo? Me parece que te está llamando… - mintió Hermione dejando al niño en el suelo.

Mark empezó a correr por el restaurante en que se celebraba la cena, buscando a alguien con quien hablar.

- ¿Qué pasa? – preguntó Draco al notar que todos lo miraban fijamente.

- Pobre niño… ¿Tenéis que ser tan escandalosos? – murmuró Ron.

- Lo que me extraña es que no os pillaran en Hogwarts – comentó Ginny de manera casual.

Los novios enrojecieron a más no poder e intentaron cambiar de tema infructuosamente.

- Está bien, está bien. Soy un crack en la cama y Hermione no puede ahogar el placer. ¿Algún problema? Cualquiera de vosotros daría lo que fuera por disfrutar una milésima parte de lo que hacemos nosotros. – dijo Draco altivamente.

Hermione le dio un golpe en el hombro a Draco y lo miró con falso enfado.

- Vosotros no habéis oído eso de "vírgenes al matrimonio"¿no? – preguntó Harry pícaramente.

- No eres el más adecuado para decir eso, cariño… - lo reprendió Ginny.

Todos los presentes arrancaron a reír con ganas cuando un camarero se acercó a ellos.

- Señores Malfoy, me temo que es la hora de que partan el pastel. – comentó con una reverencia.

Draco tomó la mano de la chica y la guió hacia el centro de la sala, donde reposaba un gran pastel.

Hermione miró a Draco con los ojos llenos de amor y éste le devolvió la mirada.

- Todo ha terminado – suspiró el chico.

- Te equivocas, Draco. – lo corrigió la chica con una sonrisa – Apenas acaba de empezar.

Y sin más explicaciones, lo besó tiernamente en los labios, haciendo que todos los invitados aplaudieran y sonrieran ante el amor tan grande que había entre ellos.

"Pasaría por toda la tristeza y desolación de nuevo

si eso me asegurara un segundo más de tu presencia.

Porque no hay mayor consuelo para mi corazón

que un segundo de tu amor."

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¿Qué os ha parecido el final? Claramente no podía matar a Draco… Es algo que está fuera de mi alcance… La canción del principio se llama "es mi soledad" y es de Antonio Orozco, un cantante que adoro. Las últimas cuatro frases han salido de mi cabecita… La verdad es que me encantan : )

Y bueno, hay un final feliz… Me da penita que ya se haya terminado… Ha sido mi primer fanfic aquí y la verdad es que le tengo un cariño especial…

QUIERO DEDICAR TODO EL FF A TODOS AQUELLOS QUE ME HAN SEGUIDO Y QUE LES HA GUSTADO LA HISTORIA (Hayan dejado reviews o no).

Sin vosotros no se que habría hecho, la verdad… Hemos reído, hemos llorado y nos hemos emocionado juntos… Y eso es algo que nunca voy a olvidar porque me habéis animado cuando estaba triste y me habéis enseñado muchas cosas. Os he cogido mucho cariño y espero ver vuestros reviews en todos mis próximos fanfics… Bueno, ya se que es pedir mucho, pero bueno, soy muy ambiciosa ;)

Espero que las amenazas de muerte, suicidio, etc. queden retiradas… jejeje

A ver… que más… ¡QUE OS QUIERO MUCHO! Y espero que TODOS me dejéis un review final, incluso los lectores silenciosos…

Ah, y si hace muuucho tiempo que esto está publicado (meses, años XD) déjame un review también, no dejaré de apreciarlo porque venga retrasado.

Me parece que no tengo nada más que decir… ¡Ah, si¡Espero veros a todos por mi nuevo ff largo "Mentiras, apuestas y engaños" y por "Mar Adentro" mi primer oneshot!

Y bueno, por último ¡quiero agradecer a todos los reviews del capítulo anterior!

Silviota – Siara-love – Hermione-Malfoy35 – Beautifly92 – Loretitokinomoto – Oromalfoy – Andrea – WpG-Love - JaneSanchezGarcia

Y sin más que decir que repetir hasta el infinito que os quiero y muchas gracias, me despido…

Kirara-chan69 

/15/11/2006/