{ Diario de Mio }


Día 3.559 - Este de la región de Aetia.

No sé ni por dónde empezar.

Estoy haciendo la segunda guardia, sola, porque por lo visto nos persiguen por todas partes y necesitamos estar al cien por cien. Es una locura, todo, nos quieren muertos por todas partes.

Primero lo del Moebius que nos dio un buen repaso y se escapó, luego lo de la fusión Uroboros, esa conexión extraña entre Noah y yo, y por si fuera poco, nuestra nueva alocada misión que consiste en básicamente huir, escapar de todo hacia Fendespada. Era un plan suicida, pero también el único plan.

No he podido dormir nada, acostumbrada a tener que cumplir las mismas órdenes de siempre, esto no tiene nada que ver. Somos exiliados, obligados a estar juntos para sobrevivir, nos esperan enemigos por todas partes y apenas tenemos recursos.

Cuando hice la lista de cosas que hacer antes de cumplir con los diez cursos, ni se me habría pasado por la cabeza que las cosas se pudieran llegar a torcer de esa forma, aunque tampoco que podríamos tener la oportunidad de vivir más de diez cursos.

Ese soldado que nos ayudó, Guernica Vanham, dijo que tenía sesenta años. La de cosas que podríamos hacer con tanta vida, y siendo libres… Merece la pena intentarlo, aunque parece de esas cosas que son demasiado bonitas para ser verdad.

Y en cuanto a la fusión, esa barbaridad llamada Uroboros, ni siquiera puedo terminar de asimilarlo. Noah es alguien que ni siquiera conocía ayer, y ahora es como si tuviera todos sus recuerdos dentro de mí, como si se los hubiera robado, no me parece bien. Sé las cosas que le gustan, la relación que tiene con sus amistades, las pérdidas y sus logros, absolutamente todo, hasta sus secretos más oscuros.

Lo cual supongo que significa que él también lo sabe todo de mí, es aterrador. De hecho, tendría que escribir de él en femenino, no lo sabe nadie más que yo, lo del incidente que tuvo en su primer curso.

La llamaban fea y patosa, sus compañeros la marginaron y maltrataron injustamente, no querían que pasara el primer curso, y no le quedó otra opción.

Usó un transformador para hacerse con una nueva identidad, Noah. Y se me humedecen los ojos al pensar en ello, puedo sentir lo desgarrador y duro que fue para ella. Nuriel es su verdadero nombre, y también es el nombre del ángel de fuego y de granizo, creo que es bastante acertado.

No sé si tendremos que usar el Uroboros de nuevo, desearía que no fuera así, pero todo apunta a que sí. Creo que tenemos una larga conversación pendiente ella y yo.

Ya casi es la hora del cambio de turno, le toca a ella justamente, me pregunto si será casualidad o no, se ofreció voluntaria. Quizás quiera hablar conmigo también. Solo de pensarlo me pongo nerviosa, es extraño, siento algo hacia ella que no había sentido por nadie jamás, una sensación que no termino de entender, y una parte de mí quiere olvidarla y no verla nunca más, mientras que la otra parte no se separaría nunca de ella.

Creo que he escuchado algo.


Unos pasos se acercaron lentamente, sabía exactamente quién era. Guardé el diario.

— Hey, buen trabajo, parece que la cosa está tranquila — me hablaba como si nada, no entendía cómo podía.

— Sí… — me levanté para hacerle el relevo.

— Procura descansar, estos días van a ser un poco intensos — como si pudiera pegar ojo.

— Lo haré… — mis pasos, esperando algo que me detuviera. Tenía que hablar con ella, era ahora o nunca. — Am… una cosa.

— Sí, ¿qué ocurre? — pero no pude, todo aquello me tenía bloqueada, tenía tanto de qué hablar y no podía.

— Am… ¿tienes suplementos del sueño? no suelo necesitarlos, pero hoy… — ¿qué me estaba pasando? yo no era así, ¿era vergüenza? ¿miedo? no lo entendía.

— Ah, sí, claro, descuida — traté de respirar hondo mientras rebuscaba en sus cosas.

Ella comportándose como si nada y yo volviéndome loca por dentro. ¿Podría ser que ella no hubiera ingerido mis recuerdos? Eso lo explicaría.

— Toma, aquí tienes.

— Gracias. Una cosa — otra vez. — Am… cuando… nos fusionamos en eso, como se llame… am… no sé, fue como si pudiera ver tus recuerdos y demás.

— Oh, así que tú también sentiste eso. Fue algo muy extraño sin duda.

— E-eh, sí, extraño… — no lo describiría de esa forma precisamente.

— ¿Es algo que te moleste? Podemos evitar que vuelva a ocurrir, aunque eso nos da una ventaja en combate considerable.

— No, no, no es eso, em… bueno, es… — resoplé. — Lo siento, no tengo la cabeza muy clara ahora mismo, todo esto me supera.

— Te entiendo. Trata de no darle demasiadas vueltas por ahora, ya lo iremos resolviendo sobre la marcha. Ahora lo primordial es que descanses, nos queda mucho por delante y no soportaría una baja ahora mismo — sus ojos, maldita sea, sentía como si me atravesaran, como si pudieran ver a través de mí, imposible mantener la mirada.

— Sí… supongo que tienes razón — sonrió, transmitía la calma de un santuario, en el silencio de la noche.

— Buenas noches Mio. Si necesitas cualquier cosa, cuenta conmigo ¿de acuerdo?

— Sí, vale. Buenas noches… Nuriel — se detuvo, su sonrisa se esfumó y me arrepentí, metí la pata. — Lo siento.

— No. No te disculpes, es solo que… hacía mucho tiempo que no escuchaba ese nombre. Es complicado.

— Lo sé, lo mantendré en secreto — dije rápidamente.

— Te lo agradezco — me quedé con un mal sabor de boca, no debí de haber sacado ese tema.

Nos separamos, y me detuve un momento para pensar en todo aquello antes de aplicarme el suplemento del sueño, odiaba tener que usarlos, pero no me quedaba otra.

Al menos le hice saber que conocía su pasado, y que podía contar conmigo. Ya no tenía por qué esconder su identidad, sabía que el transformador le hacía más lenta, como si llevara una armadura invisible.

Nuriel… se merecía todas las cosas buenas que le pudieran pasar, y no dudaría en hacer lo posible para ayudarla. Sesenta años dijo el soldado… Con poder pasar un año más con ella, me bastaría. El hecho de saber que podría perderla en cualquier momento por un Moebius de esos, me llenaba los ojos de lágrimas.

¿Qué me estaba pasando?