¡Hana!

Capítulo 11: Tres años

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Se sentía tan emocionado con sus crayones nuevos, que su padre le había comprado, que no paraba de dibujar. En momentos se detenía y miraba el televisor para así sonreír y cantar las pegajosas canciones de los comerciales, luego continuaba con su labor. Ahora con sus tres años de edad, Hana Asakura era un niño muy inteligente, hablador e hiperactivo.

Había un sapo, sapo, sapo que tenía fio, fío, fíooooooooooo - cantaba el pequeño rubio mientras reía -Y… ehhh…- la canción se le había olvidado - ehh… y… y… estaba godo, godo, godo – continúo, inventando - era vede, vede, vede… eh… azul y amaillo ¡siii! -

Que sapo más raro – señaló su padre mientras le sonreía.

¡Papá¡Mia que hice! –

Hana dejo de dibujar para poder correr hasta su padre y subirse a su espalda como si de un pequeño monito se tratara. Colocó enfrente de Yoh su dibujo, que se trataba de un Amidamaru volando por los cielos junto con unas nubes azules muy sonrientes, y le sonrió.

¡Está precioso! – exclamó su padre mientras observaba con detenimiento el dibujo de su hijo – Y Amida y las nubes se ven muy felices – dijo al notar la enorme sonrisa de oreja a oreja que poseían los personajes del dibujo acompañados con dos puntos negros que podía suponerse como los ojos- Dibujas excelente, Hana –

Lo sabo – respondió sin desprenderse se su padre – ¡Yo sabo dibuja! – dijo con entusiasmos.

Es un dibujo espectacular, pequeño Hana – dijo Amidamaru mientras aparecía tras de ellos – Me dibujo con un brazo mucho más largo que el otro… eh… pero aun así es estupendo – le sonrío.

Ya lo sabooo – sonrió Hana.

El rubio desvió su atención al escuchar la puerta principal abrirse y la vos de su madre anunciando su llegada a casa. Corrió hacia ella mientras repetía una y otra vez la palabra Mamá, y cuando llegó a su destino, lo primero que hizo fue colgarse a su pierna y dedicarle una gran sonrisa mientras le daba la bienvenida a casa.

Mamá¿dulces? – señaló las bolas de supermercado deseando que su madre aya comprado algún postre.

No – respondió. Al ver el puchero de su hijo y las lágrimas que amenazaban salir, continúo – No porque es hora de comer, así que te traje verduras.

¡Wuacala! – Gritó haciendo una mueca de asco – ¡No mi bustan!

Pues no me importa jovencito, te vas a comer esas verduras –

Caminó hasta la cocina con mucho trabajo, ya que Hana aun seguía colgado de su pierna, y colocó las bolsas del supermercado sobre la mesa. No importaba si su hijo iba a hacer un berrinche en ese momento, se iba a comer las verduras y punto.

¡Mamá! – Gritaba el pequeño constantemente para que su madre se decidiera y no le diera de comer esas horribles y asquerosas verduras. Pero se quedo callado al ver como su madre sacaba de una de las bolsas una enorme caja de galletas de chocolate.

Anna se dio cuenta de la mirada iluminada del rubio al ver las galletas - Te daré si te comes las verduras.

Y Hana no tuvo más remedio que aceptar.

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Luego de la comida, de una muy larga comida ya que Yoh y Hana no querían comerse sus verduras y Anna tuvo que amenazarlos, los tres se encontraban sentados frente al televisor disfrutando de sus deliciosas galletas junto con Solobino que, a pesar de tener ya casi dos años y medio, tenía una pequeña estatura y era un perrito muy bien portado.

Mira Hana, ya comenzó Barney – dijo su padre

No mi busta – contestó el rubio con el ceño fruncido

¿Por qué? –

¡Feo! – gritó el rubio.

Sí, pienso lo mismo que tú, hijo – hablo su madre mientras mordía una galleta – Esa cosa morada es asquerosamente horrible.

Ay, pero canta bonito – sonrió su padre.

¡No¡Feo! – Volvió a gritar Hana mientras tomaba el control remoto de la televisión y cambiaba de canal - ¡Bob! – gritó el rubio al ver que en uno de los tantos canales se encontraba cantando su artista favorito: Bob.

¡Aaah, BOB! – Yoh se entusiasmo al igual que su hijo mientras que su esposa ponía una mueca de fastidio – Ay Annita, Bob es genial.

Cada quien con sus gusto – susurró. Anna miró el reloj, ya eran un poco más de las ocho de la noche y Hana ya debería de estar durmiendo – Es hora de que vayas a dormir – susurró de nuevo su madre.

¡Nooo! – Lloriqueó Hana – ¡Quieo ver Bob!

Luego –

¡Mamáaaaaa! –

Y un gran puchero adorno su angelical rostro.

Lo siento, es hora de dormir jovencito – lo tomó entre sus brazos y lo llevó hasta su habitación - ¡Tú igual Yoh! – gritó antes de salir del lugar donde se encontraban.

Yoh hizo un berrinche al igual que Hana.

Pero esa noche, para que todos estén contentos, los tres durmieron juntos en un gran futon naranja mientras escuchaban a Bob para poder conciliar el sueño, lo cual no le sirvió a Anna porque ella odia a Bob.

La próxima vez será Awaya Ringo… -

Y se quedaron profundamente dormidos.


Nota: Un capítulo muy corto, y como ya habrán leído, ahora Hana tiene tres años. Las palabras en cursivas son las que Hana no sabe pronunciar xD.

Así, Feliz Navidad. Talvez haga un capitulo de ese día, quien sabe.