"Estos son mis hijos, Sakura-chan y Shaoran-kun" dijo Fai alegremente, poniendo una mano en cada hombro de los niños.

"No se parecen a ti" replicó el dueño del hotel, mirando fijamente la princesa y el niño. El viejo se había puesto receloso cuando pidieron un solo cuarto.

"Se parecen más a su querida madre, que en paz descanse" contestó Fai.

"Y ese?" preguntó el hombre, señalando con el pulgar a un malhumorado Kurogane.

Fai sonrió serenamente. "No espera que esté de luto por siempre, verdad?"

El dueño del hotel se atragantó, y Kurogane envolvió un posesivo brazo alrededor de la delgada cadera del mago.

Estrictamente para mantener las apariencias, por supuesto.