Ranma ½ no me pertenece…, y todo eso.

.

.

.

EMOCIONES

.

.

.

Capítulo 1. DESAGRADO.

.

.

.

Cuando Nodoka llegó a la casa de los Tendo, buscando a su hijo aquella primera vez, la esperanza la había acompañado. Sin embargo, la vida parecía empeñarse en retardar aquel ansiado encuentro, por lo que la decepción, entonces, se había abierto camino.

A pesar de ello, había podido encontrarse con las amables personas con las que su hijo convivía. Los Tendo, que siempre la habían recibido con amables y generosas atenciones, habían permitido, además, conocerlo a través de sus opiniones y buenas referencias. No había sido difícil para ella encariñarse con ellos, mientras esperaba por su hijo. Lo querían y cuidaban, de eso estaba segura, y solo por ello, esa familia tendría su eterna gratitud.

Pero ello no detenía sus sueños y pesadillas. La ansiedad la carcomía. Tan cerca, y tan lejos, solía repetirse cada vez que los visitaba y no daba con él, a pesar de alegrarse del esfuerzo y entusiasmo que le dedicaba su hijo, a su entrenamiento.

Tal y como su padre había prometido que haría. Como todo un guerrero. Como todo un hombre.

Y, finalmente, había ocurrido. Tras un extraño y particular incidente, como los que solían envolver a su hijo, había podido concretar cada una de sus sospechas. Ranko y Ranma eran la misma persona.

Esa chica, había llamado desde siempre su atención, debía reconocer. Recordó, en un instante, todas las veces que había intentado corregir su brusco y masculino comportamiento y lo ofendida que ésta se veía cuando ella aludía a lo buena esposa que un día sería.

Ironías de la vida, pensaba.

El reencuentro se había dado. Ella y su adorado hijo se habían abrazado en un heroico acto lleno de protección y mutuo amor en el que Ranma había superado sus expectativas. Y ella lo había sabido, justo en ese instante. Ninguno de los extraños acontecimientos serían reprochados. Él era su hijo, y nada en el mundo haría que volviera a alejarse de su lado, nuevamente.

Incluso, aquellos que estaba segura, vendrían. Él era un Saotome, después de todo.

La felicidad la había embargado. Su dicha la había convencido de que podría retomar su relación desde el punto mismo en el que la habían dejado, y lo había llevado con ella para reconstruir lo que aquel viaje de entrenamiento había destruido. Pero el comportamiento que su hijo demostraba en aquel breve periodo, había llamado profundamente su atención. Ranma extrañaba al Dojo, extrañaba su casa, su vida y, evidentemente, a su prometida.

Así que, debía esforzarse, no eran buenos momentos para utilizar su katana. Con ella solo obtendría falsos resultados, un comportamiento poco genuino, que no le permitiría conocer el mundo que rodeaba al chico, así que había decidido quitarle protagonismo. Al menos por un tiempo.

Sería ella, y no su katana, quien construiría la relación perdida con su hijo, había decidido.

Pero, varios días, una casa destruida y una boda arruinada, le habían costado entender a Nodoka que era mejor no tomar a la ligera todo aquello cuanto rodeaba a su hijo. Especialmente al comprender, qué Genma, su esposo, era el causante de una enorme cantidad de problemas con los que su hijo y los Tendo, tenían que lidiar ahora.

Tenía tanto que aprender, pensaba, cada vez que un nuevo rostro se presentaba o una nueva extraña situación los rodeaba. Por lo que había decidido tomar aquella lección, con calma.

No más decisiones impulsivas, se prometió. No podía pretender llegar e irrumpir todo aquello que se había construido en su ausencia, comprendió. Y si aquellas personas y aquel lugar eran ahora el hogar de su hijo, también lo serían para ella, determinó.

Y con sus convicciones por delante, Nodoka comenzó a participar en la rutina que se desarrollaba en la casa. Aprendió a conocer las personalidades de cada uno de los integrantes de la familia. Y ellos, la de ella. Nodoka estaba dispuesta a comprender por qué su hijo se sentía tan a gusto en aquel lugar y no tardó en encariñarse, como él, de las personas que allí se encontraban. Las chicas eran sin duda, especiales, y probablemente, las más contentas de tenerla ahí. Encontrar aliadas femeninas entre tanta hombría desplomada por doquier era un factor que no podían ignorar.

A Nodoka le había sorprendido el hecho de que, quienes más interesados estaban en la unión de las escuelas a través de un pronto matrimonio entre los jóvenes y herederos artemarcialistas, eran también, quienes más se interponían. Con frecuencia había notado que Ranma y Akane solían guardar silencio, tomar distancia o cambiar del todo su cómplice comportamiento cuando uno de ellos aparecía. Ellos solían cuidarse de cada uno de los miembros de la familia, pero eran los comentarios desafortunados que ese par hacían los que más estragos provocaban, pese a que Kasumi, frecuentemente, se los hacía saber. Su peculiar comportamiento, Infantil, en la mayoría de los casos, solía interferir con cualquiera de sus propósitos en realidad.

Nabiki parecía no prestar atención, pese a que Nodoka estaba segura, era quien más al tanto estaba, y Kasumi solía esforzarse por mantener la paz entre tanta y absurda discusión a través de alguna petición que forzara a los adolescentes entablar una conversación. Lo cierto era que ellos dos, eran adorables cuando creían que nadie los veía. Pero debía ser agotador tener que estar siempre, tan pendientes.

Ah, la familia, pensaba. Tan única y particular, como cualquiera, a final de cuentas, y qué feliz se sentía, cada vez que pensaba en ellos como tal.

Su familia de tres, se había convertido en una familia de ocho y el atenderlos, acompañarlos o tan solo escucharlos, había alejado abruptamente tantos años de angustiosa y rutinaria soledad. Ella había estado tratando de agradecerles con toda la ayuda que pudiera ofrecer, y de paso, ir conociendo cada vez más, a su hijo.

Orgullosa, podía presumir de lo fácil que le había resultado percatarse de sus pasatiempos, comidas favoritas e incluso algunas de las amistades que solía frecuentar. El chico era un libro abierto en más de un sentido, por lo que su tarea había resultado fácil y exitosa.

Él era, evidentemente, muy apuesto y varonil, de carácter despreocupado y bastante alegre, pero además muy listo, noble y dedicado, y ante sus ojos, perfecto. Esta era la razón por la que le había tomado un poco más de tiempo el percatarse de que, lo que ella sabía de él, era lo que cualquiera pudiera saber, en realidad. Y pese a que su comportamiento era bastante delator, Nodoka había comenzado a preguntarse por la razón que pudiera impulsarlo a esmerarse tan efusivamente por negar con las palabras, lo que sus acciones solían anunciar a gritos. Y entonces comenzó a prestarle mayor atención a los detalles.

—¿Y quién se preocupa por ti?, ¡boba! —le había dicho a su prometida, mientras ambos se descalzaban en la entrada.

—¡Yo puedo cuidarme sola! —protestaba Akane, quitándose el abrigo.

—Akane, ¿qué te pasó?, ¿por qué llegas tan tarde?, estábamos preocupados —llega Kasumi a recibirlos.

—Lo siento, se me hizo tarde, tuve dificultades para tomar el autobús —se disculpa la chica, realizando una pequeña reverencia a su hermana, mientras un bufido del chico pudo escucharse desde atrás.

—Descuidada.

—Gracias por ofrecerte a ir a buscarla, Ranma —Kasumi se dirige al chico para luego retirarse y regresar a sus quehaceres.

—¿No, que no? —se burla la chica, notando el sonrojo del chico, tras quedar en evidencia.

—¿Sabes lo peligroso que es, que una chica como tú ande sola por la calle tan tarde?, ¿y qué tal si aparecía un ladrón o algo?

—¡Ya te dije que puedo cuidarme sola!

—Sí, pero ¿quién defiende a los demás? — pregunta, preocupado. Akane lo observa sin comprender y lo interroga con la mirada. El chico sonríe ampliamente antes de volver a hablar — si alguien se encuentra con una chica tan fea como tú en medio de la noche, ¡vaya susto que se llevaría! —había dicho, burlón, justo antes de quedar inconsciente, gracias al fuerte golpe que la chica le había propinado.

—Lo siento —se había disculpado la chica, avergonzada, al notar que Nodoka había llegado al encuentro, también. La mujer había dejado salir un pesado suspiro. Ella, como cualquiera en la casa, había podido ver la preocupación del chico al notar que Akane no llegaba. Y de la ilusión en la mirada de la chica, al saber, que su prometido se había preocupado por ella.

Eran unos niños, sin duda, pero también había algo más. Lamentablemente, ninguno de los dos estaba dispuesto a hablar de ello.

"Debo entrenar" era la excusa favorita del muchacho. Akane, en cambio, contaba con un mayor repertorio de motivos que la alejaran hablar de su relación con el muchacho.

Ninguno de los dos, estaba listo para esa conversación y poco a poco, Nodoka comenzaba a entender la razón.

—Está en el tejado —Akane le había explicado una noche en la que se había quedado observando el puesto vacío del muchacho, con preocupación: Ranma no solía perderse las comidas. Nodoka había volteado a observarla, pero esta había decidido concentrarse en sus alimentos.

—¿Discutieron otra vez? - pregunta Nabiki, sin prestar real atención, pero Akane frunce el ceño y desvía la mirada bruscamente, denotando su molestia y poco interés en seguir conversando —hay que ver lo mal genio que anda el cuñadito últimamente —agrega, divertida. Soun y Genma habían intercambiado miradas preocupadas. Nodoka también lo había notado. Ranma había estado de muy mal humor y ella había asignado este hecho a lo poco que sabía había estado durmiendo, sin embargo, había comenzado a pensar que tal vez, solo tal vez, Ranma ya no se sentía tan a gusto con los aspectos que lo envolvían.

Lentamente se levanta, dispuesta a ir en su búsqueda.

—Déjalo, ya bajará —la detenía su esposo, quitándole importancia, mientras alcanzaba la fuente de su hijo para comenzar a ingerir aquellos alimentos, deteniéndose abruptamente cuando la joven mujer le había dedicado una recriminadora mirada.

—Se le enfriará —previno la mujer, seriamente, aun observándolo.

—Por eso —el hombre levanta los platos del chico, nuevamente.

—Genma… —ya varias veces su mujer le había advertido dejar la comida de su hijo en paz, pero a veces, las costumbres eran más fuertes, pensaba.

—No te preocupes, vendrá más tarde, Kasumi le guardará una porción —le explica apresuradamente su esposo, ante de comenzar a comer. Nodoka voltea a ver a la recién nombrada, que sonríe como respuesta. La mujer asiente y vuelve a acomodarse, concentrándose en su platillo, inconforme —esto… es algo… ¿habitual? —pregunta, después de un rato.

—Pasa todo el tiempo…—Nabiki responde, cansina, mientras Akane se sobre salta y observa a Nodoka, nerviosa —¿Por qué discutieron esta vez?, ¿he…?, ¿Akane?

—Déjame en paz —habla la chica, aún molesta. Y un pesado silencio se forma por un instante, en el que Akane observa a Nodoka, forzando una sonrisa en su esmero por tranquilizarla. La mujer responde de igual manera, comprendiendo sus esfuerzos. Ambas dan un par de bocados, pero la mujer no tarda en dirigir su vista al puesto vacío de su hijo, nuevamente.

—Ranma suele subir al tejado cuando se siente…, abrumado —le explica Kasumi. Genma se pone de pie y agita sus manos, nervioso.

—No, no, no… debe estar entrenando, ya sabes, como todo un hombre —se apresura en explicar a una Nodoka que lo observaba, confundida. Sin poder evitarlo, y por solo un segundo, la mujer desvía la mirada hacia su katana, que siempre mantenía cerca, y nota al instante como varios integrantes de la familia tensaban sus cuerpos.

—Entiendo —aclara simplemente, emitiendo una pequeña sonrisa, tranquilizando a los demás, que no tardan en retomar sus movimientos y continuar con la cena.

Y es que lo había hecho, realmente. Ella había entendido: Ranma nunca hablaría de sus preocupaciones con ella.

"Un hombre entre los hombres", pensaba, observando aún su katana.

Un hombre que jamás expresaría sus emociones. Ni con ella, ni con nadie más, pensaba, observando a una molesta Akane, para luego observar a un alegre y despreocupado Genma, y detenerse, finalmente en sus propios alimentos.

Genma había formado a un guerrero formidable. Pero nada más. Todo lo demás había sido construido por él mismo, en ambientes de combate, con escasas y poco duraderas relaciones personales, en condiciones desfavorables y carentes de cualquier necesidad emocional. Y bastante había hecho ya.

Esa misma noche había observado como Ranma y Kasumi se habían entregado a una rutina aparentemente habitual. Mientras él comía en silencio en el pequeño mesón de la cocina, la chica terminaba de limpiar algunos de sus implementos, hasta verlo terminar, y anunciarle que el baño estaba listo. El agradecimiento del chico era silencioso, pero significativo.

—A veces, prefiere entrenar —le había explicado Kasumi cuando ella, interrogante, lo había observado marcharse —pero, la discusión de hoy debe haber sido importante…, de cualquier manera, el baño, siempre debe estar listo —Nodoka la escucha y observa atentamente —todo mejora con un buen baño…— agrega, alegre, mientras la mujer asiente, al comprender.

—Ellos… ¿estarán bien? —pregunta, preocupada.

—Claro que sí —responde la chica, sonriente —siempre lo están —agrega con una sonrisa, pensando en que lo más seguro era que el chico llegara hasta la habitación de su hermana más tarde o que de lo contrario, Akane lo buscaría en el Dojo. Ellos hablarían, se reconciliarían, y retomarían el curso de sus vidas. Estaba segura.

Nodoka la observa y agradece con una reverencia, tratando de no darle importancia a tan extraña y desagradable sensación que había comenzado a invadir su pecho.

Celos, reconoció.

Kasumi conocía mejor a su hijo, que ella. Cualquiera en esa casa lo hacía, en realidad.

Una buena estrategia debía ser forjada. Y cuanto antes, mejor.

.

.

.

Tras esa noche, Nodoka había prestado atención. Y se percató de varios aspectos que habían pasado desapercibidos para ella, hasta ahora.

Los entrenamientos matutinos con el pequeño pero libidinoso maestro Hapossai eran particularmente desagradables para el chico, por ejemplo. El anciano solía usar la maldición en su contra y frecuentemente abusaba de su experiencia para humillar a la pequeña y entusiasta pelirroja, algo que, además, había comenzado a molestarla profundamente. Con frecuencia protestaba a Genma por tan inusuales estrategias, pero pronto había comprendido, que no era respeto lo que su marido sentía por el anciano.

—Es parte del entrenamiento —Genma le había explicado en lo que a ella le había parecido una más de sus excusas y con ello, había comenzado a preguntarse en cuánto había tenido que soportar Ranma, bajo aquellos particulares conceptos. Varios días, se cuestionó y analizó los argumentos que su esposo le había dado antes de comenzar su viaje con el pequeño niño.

"Ranma nunca alcanzará su potencial, junto a una madre que lo consienta" Resonaba en su mente, y con pesar había llegado a la conclusión de que era cierto. Ella jamás hubiese permitido, tratos semejantes.

Había notado también que el chico solía descargar su mal humor a través de bromas pesadas y comentarios desafortunados. Aunque su carácter solía ser alegre y bromista no había pasado desapercibido para ella el hecho de que solía llamar la atención de su prometida con bromas bruscas, que terminaban por molestarla en demasía, la mayor parte del tiempo. Qué extraña dinámica tenían, pensaba al notar que Akane, pese a molestarse con él por ello, solía olvidar y/o perdonar con asombrosa rapidez cada una de sus intervenciones.

No acababa de comprender. A veces sentía que se entendían mejor que nadie, y otras, que no se entendían en absoluto, pero tal y como le advirtiera Kasumi, no importaba cuántas veces discutieran, o que tan grave era la razón por la que lo hacían, ellos siempre lograban resolverlo, pese a que, en realidad, nadie colaboraba con ello. Sino más bien, todo lo contrario.

No podían estar separados el uno del otro, eso era evidente, pese a que Nodoka había comenzado a preguntarse la razón. Ellos, ciertamente no se portaban como una pareja de prometidos y de un punto a esta parte había comenzado a cuestionar el compromiso.

—Es su deber —había resuelto Genma, simplemente, cuando ella le había preguntado la opinión del chico, al respecto. Y luego recordó como ella misma había forzado aquello sin saber en realidad su opinión.

Era lógico pensar, que cualquiera de los dos se pusiera a la defensiva cada vez que se hablaba al respecto. Un asunto, quizás, demasiado público, pensó. Tal vez era hora de abordarlo de manera diferente.

Ciertas visitas, también parecían sacarlo de sus casillas. Especialmente los distintos miembros de la familia Kuno, que tardes como aquellas, solían hacer su aparición para intentar por todos los medios, capturar un poco de la atención de Ranma, Akane y Ranko. Aquella absurda insistencia e inexistente capacidad de darse por enterados de su insistente negativa, terminaban por desesperar la paciencia tanto de su hijo, como de su prometida.

—Pero qué chicos tan extravagantes —había comentado una vez pudiera conocerlos mejor.

Y lunáticos, pensó.

Ryoga era otra visita que su hijo tampoco apreciaba demasiado, pese a las insistencias de Akane al explicarle que en realidad eran muy buenos amigos. Claro que no había sido difícil adivinar el motivo de la molestia de su hijo, al observar las verdaderas y románticas intenciones que impulsaban, al del colmillo, visitar a la familia. Akane se comportaba muy cordialmente con el chico, o con cualquiera que intentara acercarse a ella, sin embargo, parecía ser que justamente esto era lo que molestaba a su hijo

—Ranma… ¿Qué sucede? —le había preguntado tras oírlo refunfuñar al andar por los pasillos, a pesar de que el joven Ryoga no se veía hace ya varios minutos.

—No es nada —había gruñido este, de manera tajante. Y Nodoka recordó la filosa razón por la que su hijo jamás le diría lo que verdaderamente le molestaba, aunque estaba bastante segura de que ese pequeño cerdo que no se despegaba de la chica tenía algo que ver con ello. Ranma solía molestarse cada vez que alguien le quitaba un poco de la atención de Akane, y era cosa de tiempo para que tratara de re direccionarla, de las peores maneras.

Ese chico tenía tanto que aprender, pensaba, al observarlos discutir una vez que optara por recurrir a sus fieles, aunque nada beneficiosas, maneras de lidiar con sus frustraciones emocionales: peleando.

Aspectos como estos generaban que el chico entrenara fuertemente en el Dojo en más de alguna ocasión, eran las chicas, en cambio, las que conseguían llevarlo al tejado.

Él, simplemente, no sabía cómo tratarlas. Nodoka pudo llegar a distinguir, que lidiar con ellas era lo que más se le dificultaba.

Ranma solucionaba todos sus problemas de una única manera: peleando. Pero su estrategia no podía ser aplicada con las chicas pues era sinceramente incapaz de lastimar a alguna de ellas en realidad, especialmente, porque la única vez que había hecho cosa semejante, había terminado nuevamente comprometido. Su único medio de defensa entonces, eran las palabras, pero estas solían emitirse de manera desmedida producto de su cada vez más escasa paciencia y luego de soltar alguna barbaridad, debía disculparse, cediendo a más de un chantaje emocional. Establecer límites, definitivamente, no era su fuerte y las chicas, por supuesto, abusaban de ello. Especialmente Shampoo, que no tardaba en demostrar sus intenciones bajo conceptos protocolares muy distintos a la recatada cultura japonesa, estableciendo siempre, el mayor contacto físico posible.

Las chicas y él caían en una dinámica poco saludable para todos, lamentó. Con lo sencillo que era aceptar que Akane sería su esposa y que ellas podrían, entonces, transformarse en sus concubinas. Aunque, cuando ella lo había sugerido aquella vez, sus rostros se habían desencajado de tal manera, y por tanto tiempo, que Nabiki había podido ir a su recamara para buscar una cámara fotográfica y registrar aquel momento, sin dificultad.

Akane había sido, sin duda, la más ofendida. Y Ranma había enrojecido tanto, que por un momento pensó se le incendiaría el rostro, producto de la vergüenza.

Jóvenes ¿Qué iban a saber?

Aunque, como cualquiera pudiera adivinar, la discusión siguiente había sido en quien, en lugar de Akane, sería su esposa. Y como al tomar su debido lugar, no estaban dispuestas a compartir a su hijo, claro.

Lástima, pensó, todo podría solucionarse de la manera más sencilla. Nodoka estaba segura de que su hijo podría cumplir con las 3 mujeres, sin embargo, había escuchado los reclamos de la chica, más tarde, en el Dojo.

—¡Sé que te encantó la idea! —gritaba Akane, mientras intentaba dar algunos golpes.

—Pero ¿qué dices? —contestaba el chico, esquivando, en lo que parecía ser un improvisado entrenamiento —¿acaso estás loca?, son ideas de mi madre, yo no tengo nada que ver.

—Eso quiere decir, ¿que no estás de acuerdo? —preguntó, deteniéndose repentinamente, observándolo con suspicacia.

—Claro que no —resoplaba, molesto —tú deberías saberlo —arremetió. Akane emite un pequeño gruñido, insatisfecha y decide retomar el ejercicio nuevamente.

—¿Estás seguro? —insiste —a cualquier chico le encantaría la idea —Ranma la observa y comienza a imaginar aquella posibilidad, obteniendo la imagen mental inmediata de tres mujeres fuertes como cada una de ellas era, mandándolo a realizar diferentes y pesadas tareas domésticas, discutiendo porque les pusiera un poco de atención, golpeándolo repetidamente por cualquier cosa y rodeado de numerosos y escandalosos niños que demandaran también su atención. El chico había tenido que sacudir la cabeza para deshacerse de tan terroríficas ideas, pero cuando decide regresar su atención a la chica que tenía al frente, se percata de que ésta se encontraba aún más molesta que antes. Akane, al verlo reflexionar con su pregunta había pensado cosas muy distintas a las que el chico había imaginado —eres un… ¡Cerdo! —había gruñido antes de comenzar a lanzarle golpes, nuevamente.

—Pero ¿qué rayos te pasa ahora?

—¡Canalla, miserable!

—¿Se puede saber en qué pensaste? —fue Ranma, ahora, el que la observó acusador, pero la chica se cruza de brazos y retira la mirada como respuesta —¿sabes qué?, creo que estás celosa.

—¿Celosa yo?, ya quisieras.

—Entonces ¿por qué te enojas?

—¡No es por ti!, ¡idiota!

—¿Entonces?

—Pues…, yo…

—Lo que pasa es que eres una mal pensada —comenta, divertido —y celosa —agrega, riendo.

—¡Que no estoy celosa! —había dicho, retomando un nuevo intento por alcanzarle, iniciando con ellos, una nueva y pequeña persecución.

—Claro que sí —se burlaba el joven, mientras estiraba su boca y sacaba la lengua a modo de provocación. Nodoka se había retirado cuando había podido identificar en ellos aquel juego indescriptible que ambos solían llevar. La discusión había terminado, había podido identificar.

Cuando Shampoo y Ukyo solían llevar obsequios culinarios y su hijo los recibía con gusto se generaban siempre, nuevas dificultades en la pareja. Resultaba evidente que esas chicas trataban de conquistarlo por el estómago, según lo que protestaba Akane —y para cualquiera que pudiera observar —sin embargo, su hijo solía defender la acción con simple amabilidad, amistad y especialmente a que no era bueno desperdiciar comida gratis. Ranma parecía no comprender que, al recibir aquellas atenciones, lastimaba a su prometida, que solía rechazar cualquier alimento que viniera de ellas dos, especialmente de la joven china que parecía ser quien menos le simpatizaba, sin embargo, se esforzaba por aclararle que él no tenía otras intenciones con ellas, además de las ya conocidas.

—¿Cuál es el problema? —le había preguntado una vez a Akane, cuando esta se había retirado enfadada a su recámara, pero ella, por supuesto, no había querido entregar detalle alguno — ¿no comerás de los fideos que esa amable jovencita nos ha traído?

—No, gracias, no tengo hambre — había dicho, forzando una sonrisa. Esa mujer era demasiado amable como para preocuparla con las idioteces de su hijo, pensaba la chica.

—¿Es porque se los ha traído a Ranma? —insiste —sé que a veces mi hijo puede ser un poco… —deja de hablar, pensando en algún adjetivo adecuado.

—¿Insensible? —completa la chica, irritada, para luego percatarse de que aquello que había pensado lo había dicho en voz alta en realidad —e-es decir… —piensa por un instante —eh…, olvídelo, no me haga caso —ríe nerviosa, ya que por mucho que estuviera molesta con el idiota ese, jamás lo pondría mal con su madre.

—Claro —habla la mujer, comprendiendo los pocos deseos de la chica de hablar con ella al respecto, a pesar de ser quien más tuviera que decir, en realidad.

"Despreocupado" había pensado la mujer, pero había comenzado a pensar que "insensible", era mejor, ciertamente.

Y, por otro lado, estaba Ranko. Una de las mujeres que más afectaba a su hijo.

Ella, testigo como cualquiera de los presentes, había visto como el maestro Hapossai había acabado con la última oportunidad de su hijo, de acabar con su maldición. Aquello había sido doloroso de ver. La desolación que había podido ver en el rostro de su hijo, le había oprimido el corazón de tal manera que había impedido en ella, cualquier reacción o movimiento. Su pecho había dolido y no había sido capaz de emitir palabra alguna, para confortarle. Sin embargo, para muchos, ello había pasado a segundo plano.

Ranma, como siempre, había canalizado sus emociones a través de la acción, tratando de hacer escupir al anciano tan ancestral líquido, o peleando con los chicos que parecían desconocer o rechazar la relación de los prometidos.

Una vez acabara con ello, la sonrisa se había formado nuevamente en su rostro, las bromas habían tomado su lugar y el rencor había desaparecido por completo.

Sin embargo, cuando Kasumi le había explicado que Ranma subía al tejado, y las razones de por qué lo hacía, muchas cosas habían cobrado sentido para ella. Ese día, Ranma había desaparecido por horas. Pero ella, como muchos, habían asignado a otros motivos sus preocupaciones. Y aunque estaba muy segura de que ellos habían sido también muy importantes para el chico, perder su oportunidad respecto a su maldición, seguro, la había afectado bastante.

Cuánto había perdido ese día, pensaba, comprendiendo además algunas de las razones por las que seguía ocultándose.

Cuánto daría por escuchar, de su propia boca, alguna de sus preocupaciones. Pero ello, sabía, sería imposible de momento.

— Sólo de momento — se repitió.

Más atenta, observaba ahora, que, cada vez que volvía a ver a Ranko, ya no percibía sus ojos alegres o voz entusiasta como cuando la había conocido. Veía hastío, rabia, tristeza.

Y, sobre todo, vergüenza.

Especialmente, con ella.

"Te fallé", podía ver en sus ojos, antes de una temprana y desesperada transformación.

—No…, tú nunca podrías fallarme —respondía en su mente, mientras sonreía tristemente hacia su dirección. Ello lo había comprendido a penas supo de la maldición. Si había aceptado a un marido panda, tener dos hijos en uno, era un agradable bálsamo, en comparación.

—No te preocupes, ya se le pasará —le había dicho Genma cuando había manifestado su preocupación—es un chico fuerte, ya verás cómo mañana estará como nuevo —comentaba, despreocupado. Y así era. Cada vez que Ranma pasaba horas en el tejado, al día siguiente, se presentaba con su actitud alegre, bromista y altanera, de siempre. Y Nodoka no lograba identificar si ello era para tratar de engañar a los demás, o para engañarse a sí mismo.

¿"No te preocupes" ?, se preguntaba, si ya había muchas personas "No preocupándose", pensaba.

—¿Cómo amaneciste hoy, hijo?

—De maravilla —responde, estirándose —dormí muy bien —agrega, sonriendo.

—Me alegra —comenta, siguiéndole el juego ella bien sabía que había dormido muy poco, o que por lo menos, en su habitación, no lo había hecho —¿crees que tendremos visitas hoy? —preguntaba, ofreciéndole el pocillo de arroz para que pudiera comenzar con su desayuno.

—Espero que no —responde cansino mientras comenzaba a comer, deteniéndose de pronto al notar el vacío del lugar —¿y los demás? —pregunta, extrañado.

—Hoy solo seremos tú y yo —anuncia, tranquila. Ranma la observa y se encoge de hombros en contestación para seguir en lo suyo, antes de detener sus acciones nuevamente.

—¿Pasa algo malo? —habla, desconfiado. Nodoka lo observa y sonríe con tristeza.

—Pensé que sería agradable descansar, ya sabes, un poco de paz.

—Oh sí, es cierto —comenta el chico, relajándose otra vez —ya estoy harto de tanta estupidez, no hemos tenido un solo día tranquilo desde… —piensa un poco, sus palabras, aún no sabía cómo referirse a ese día en particular —bien podrían irse a la mierda —murmura, finalmente. Nodoka parpadea repetidamente, esperando que el chico notara la insolencia.

No lo hizo.

—Debes estar cansado —comenta, después de un rato.

—¡Na! —sonríe alegre —nadie puede conmigo —dice, orgulloso.

—Yo estaría cansada, si tuviera que defenderme todo el tiempo —explica tranquila, llevando un poco de sus alimentos hasta su boca. Ranma la observa y a pesar de sentir un fuerte impulso por presumir lo fuerte que él era en comparación, prefirió callar y seguir comiendo —… de tus amigos, de tu maestro, … tus padres…, de tu prometida…, de ti… — continúa pausadamente, observando atenta su reacción, a medida que iba nombrando. El chico solo levanta su cabeza, atento, y la observa también. Nodoka sabía que ya había llamado su atención — me preguntaba si te gustaría acabar con todo este… alboroto — agrega. El chico, que no había dejado de observarla, asiente nervioso.

— Sería estupendo — anuncia, regresando su vista a sus alimentos, levantando sus palillos una vez más — pero ya vez.

— Estoy segura de que algo podrá hacerse — Nodoka toma su pocillo, también.

— Ya se rendirán — comenta despreocupado, comenzando a comer nuevamente. Nodoka sonríe y lleva varios alimentos a su plato para comenzar a ingerirlos y disfrutar, por un momento de aquel tranquilo momento.

— He notado que a veces, sales durante las noches, hijo — habla de pronto, provocando que el chico comenzara a toser, pesadamente producto de la sorpresa de verse descubierto —¿está todo bien? —pregunta, una vez su hijo lograra recuperar la compostura al conseguir pasar el trozo de pescado por su garganta — ¿no será, que todo lo que ha pasado este último tiempo, esté realmente, afectándote? — Ranma la observa preocupado, preguntándose en cómo demonios su madre se había percatado de sus fugas nocturnas. Estaba bastante seguro de que todos en casa dormían, cuando él lo hacía.

—¿Y-yo? —pregunta, tratando de hacerse el desentendido, maldiciendo lo poco seguro que se le había escuchado aquella pregunta —debes haberlo imaginado, yo no he ido a ninguna parte, seguro lo soñaste —intentó, riendo nerviosamente mientras rascaba su nuca.

—Si vas a demostrar tu hombría, visitando la habitación de tu prometida, no tienes de qué preocuparte. Cuentas con nuestra bendición —insiste la mujer, observando con detenimiento el momento en el que el rostro de su hijo había pasado del blanco absoluto, al rojo más intenso. Ella, al igual que los demás, disfrutaba molestar al chico con aquellos comentarios, a pesar de que la esperanza era lo que la impulsaba a decir palabras semejantes.

—No bromees mamá —pide el chico, una vez lograra recuperarse.

—¿A dónde vas por las noches, Ranma? —había hablado seria, esta vez. Al chico solo le había bastado escucharla para comprender que debía dar una respuesta coherente esta vez, porque la real, no era una posibilidad o se vería en serios problemas. El chico traga en seco y se acomoda para afrontar de una nueva manera, aquella conversación.

—Sólo voy a tomar algo de aire —explicaba, forzando una sonrisa con el claro objetivo de relajar el nuevo tono que había logrado tensarlo. Su madre no había perdido seriedad en la expresión de su rostro, al volver a hablar.

—He notado que estos últimos días, has necesitado tomar aire… con frecuencia, anoche casi no estuviste en la habitación —Ranma la observa y sonríe en su dirección — además, he notado que estas comiendo menos, y debes admitir, que eso no es nada habitual en ti — agrega la mujer. Ranma la observa sorprendido, y se esfuerza por mantener su sonrisa. Bajo ninguna circunstancia permitiría que su madre pensara que se estaba volviendo débil, o nada semejante.

—No te preocupes, no es nada —agita una de sus manos, tratando de quitarle importancia, mientras se levantaba con claras intenciones de retirarse del lugar — solo es una nueva técnica que estoy intentando, ya casi consigo dominarla, ya verás — decía, al marcharse. Nodoka lo observa retirarse y suspira cansada, intentando botar con ello algo de su frustración.

No había duda. Debía hacerse, confirmó.

.

.

.

—¿Me vas a decir que es lo que te pasa? —pregunta Akane, tras escuchar un nuevo bostezo del chico que la acompañaba desde la cerca.

—¿A qué te refieres? —pregunta este, restregándose uno de sus ojos con pereza.

—Te dormiste en educación física, Ranma —comenta, dándose a entender tan solo con aquella frase. Ranma solía dormir en clases, ello no era algo que sorprendiera a nadie, ni siquiera a los maestros, que parecían haberse acostumbrado a su respiración pausada como una especie de ruido blanco que promoviera la concentración. Sin embargo, la clase de educación física era una de las pocas que solían motivar al chico. Akane no estaba segura de si esto se debía a que generaba, al fin, un poco de movimiento, a sabiendas de lo difícil que era para el chico quedarse quieto, o para no perder la oportunidad de presumir sus habilidades ya que, no importaba cuan diferenciada hiciera el profesor la clase para ellos, nunca representaba un verdadero desafío para él. Pero el que se durmiera precisamente en esa clase, había despertado las alertas de quien más lo conocía. Akane no había podido evitar preocuparse —¿por qué estás tan cansado? —insiste, al notar que el chico no había mostrado señal de querer otorgar ningún tipo de información —¿no puedes dormir?

—No es nada —había dicho simplemente, cruzando sus brazos tras su espalda —estaba un poco aburrido, es todo —al escucharlo, Akane decide observarlo mejor, notando en seguida su mentira. El chico había desviado la mirada y estirado ligeramente su boca al hablar, su nerviosismo había sido fácilmente detectable.

—¿Por qué no puedes dormir? —pregunta nuevamente, dándolo por hecho esta vez.

—Y-ya te dije que no es nada… —habla girando el rostro para observarla —¿qué?, ¿acaso estás preocupada por mí? — pregunta, divertido.

—Tu madre ha estado preguntando por ti, está preocupada.

—¿Mi madre? —pregunta, sorprendido, dando un brinco para llegar junto a la chica —¿qué te dijo?

—B-bueno, hizo preguntas muy extrañas —explica la chica, ligeramente sonrojada al recordar aquella conversación, poco dispuesta a confesarle al muchacho que su madre deseaba saber si habia bajado su rendimiento con ella y lo mucho que esta se había decepcionado cuando le había aclarado lo respetuoso —y lento—que era el chico en esos aspectos —ella quería saber si había algo que te preocupara.

—¿A mí?... ¿y que iba a preocuparme? —pregunta con una gran sonrisa nerviosa, recordando el pequeño y extraño interrogatorio durante el desayuno.

—¿Y yo que voy a saber? —pregunta retórica, comenzando a caminar nuevamente. Pronto llegarían a casa y no podrían seguir conversando, por lo que, al asegurarse que el chico caminaba junto a ella, decide agregar —solo espero que si te estas escapando para encontrarte con Shampoo o con Ukyo, no estés esperando que sea yo quien cubra tu espalda —con sus palabras. Ranma se detiene de golpe.

—Rayos… —le oye murmurar y el enojo se apodera de ella.

—¡¿Es verdad?!, ¿te vas con una de ellas?, tal vez con las dos ¿no es así? Eres un canalla, un infiel —protestaba mientras trataba de darle con el maletín que había estado cargando.

—¡Ey!, ya basta —protesta, esquivando —no digas boberías —se explicaba, pero la chica parecía no atender ninguna excusa —Akane, escucha —la llamaba, pero esta estaba concentrada en su objetivo. No es hasta que el chico nota el brillo en sus ojos, que deja de hablar y sostiene el maletín sobre su cabeza, para acercar su rostro al de la chica para hablar determinante y serio —¿de verdad piensas así, de mí? —Akane lo observa sorprendida. Ranma no solía detener sus ataques. Hasta ahora, se había limitado a esquivar e incluso a recibir sin siquiera intentar defenderse pese a que sabía de sobra, contaba con la capacidad suficiente para hacerlo. Tras sobreponerse al asombro inicial Akane lo había observado, preocupada. No había burla en su expresión, ni desafío en su mirada, no había vergüenza pese a su invasiva cercanía, había… ¿molestia?, ¿Ranma estaba enfadado… con ella?

—No —había murmurado, simplemente, al percatarse de que esperaba aún una respuesta. El chico al escucharla, suelta el maletín y se aleja sin dejar de observarla. Con pesar, da un largo y profundo suspiro y asiente, finalmente. Ambos se disponen a seguir con su camino.

—¿Y bien? —Akane vuelve a preguntar tras un momento de silencio.

—No hago nada malo.

—Entonces, ¿por qué no se lo dices y ya? —se apresura en protestar, deteniéndose para hacerle frente, una vez más.

—No…, puedo —admite, encogiéndose los hombros, retirando la mirada, sonrojándose.

—Ranma… —le llama —pensé que ya habíamos pasado por esto, no puedes volver a guardarle secretos a tu madre —insiste, sin embargo, el chico solo se encoge de hombros, sin regresarle la mirada —está bien, tú sabrás, pero al menos deberías tranquilizarla, está muy preocupada por ti —sentencia —además, ella creía que tu… ibas a mi…

—A tu habitación, ya lo sé —completa el chico, sorprendiéndola. Ella había estado lidiando con su sonrojo al entregar tan vergonzosa información, sin embargo, Ranma se veía molesto, y no avergonzado, con sus palabras —como si no fuese suficiente con todo lo demás… —murmura —ya estoy harto.

—Tu madre tiene razón —habla, tras un par de pasos, observándolo —algo te preocupa… y mucho.

—Estoy bien —había dicho ya cruzando la entrada de la casa, seguido por su prometida, pero ambos se detienen al notar que Nabiki y Kasumi se encontraban en la pequeña escalera que daba a la puerta de entrada del Dojo.

—¿Qué ocurre? —pregunta Akane a sus hermanas, llamando su atención. Nabiki se apresura en hacerla guardar silencio, mientras Kasumi, avergonzada, alisaba su vestido al verse sorprendida en aquella situación.

—No sabemos, pero llevan un buen rato ahí dentro —explicaba la mayor en voz baja, al notar que tanto Ranma como Akane se habían acomodado, al igual que ellas, para escuchar mejor.

—¿Quiénes? —pregunta el chico.

—Nuestros padres y el maestro —explicaba, comprendiendo la preocupación que sus palabras generarían en los adolescentes que ahora se observaban entre sí.

—Seguro estarán organizando la boda, cuñadito —había dicho Nabiki, con burla, disfrutando del sonrojo que había generado en ambos, con sus palabras.

—¡No, no lo permitiré! —se había escuchado desde el interior de pronto, llamando la atención de la totalidad de los silenciosos espectadores que se encontraban en el exterior. Unos segundos más tarde, la puerta se desliza con brusquedad, y un enfurecido Genma, se retira del lugar.

—¿Viejo? —Ranma había preguntado por inercia, mientras lo observaba retirarse. Akane en cambio, observa el interior y nota que los tres adultos restantes, mantenían una expresión seria y muy poco dispuesta a ir en la búsqueda del indignado hombre que se había retirado del gran salón —¿mamá? —Ranma había preguntado llamando su atención, pero Soun, al escucharlo y notar también a sus hijas en el lugar y muy pendientes de todo cuanto ocurría, decide levantarse para llegar a la entrada y cerrar de golpe la puerta que su amigo había cruzado segundos atrás, en una clara señal de su poco interés en dar explicaciones.

—Papá … —Akane había murmurado, sorprendida por su reacción.

—Creo que no se trata de una nueva boda… —había murmurado Kasumi, tras un momento. Nabiki había asentido, reflexionando, mientras Akane observaba a Ranma, transmitiendo toda su preocupación, pero este solo se había encogido de hombros como respuesta, al notarla.

—Trataré de averiguar qué es lo que ocurre —anuncia antes de salir a buscar a su padre. La chica asiente pese a que su interlocutor ya no se encontraba en el lugar.

—¿Qué crees? —preguntaba Kasumi a su hermana, llamando también su atención.

—No lo sé —responde sincera Nabiki —pero sea lo que sea, no me da buena espina —sentencia. Akane, preocupada, observa la puerta recientemente cerrada, preguntándose en la razón por la cual estuvieran todos encerrados ahí.

—A mí tampoco —murmuró, sólo para sí, recordando el comportamiento de su padre —¿será otro de sus trucos? —pensó, analizando las posibilidades —no… —descartó de inmediato —tía Nodoka no se prestaría para eso… ¿verdad? —se preguntaba —pero y… ¿por qué estaba ahí el maestro? —volvió a murmurar. Nabiki, que ya se había adelantado a las conclusiones de su pequeña hermana, observa a Kasumi, que asiente de inmediato, para ella no había pasado desapercibida la presencia de la katana que Nodoka había dejado de usar, y la triste mirada de su padre, cuando este había cerrado la puerta, que, además, juraría, le había dedicado a Akane.

—Será mejor que comience a preparar la cena —anuncia, poniéndose de pie Kasumi —¿me ayudas, Akane?

—C-claro —había dicho, sin dejar de mirar la puerta cerrada del Dojo —pero… ¿y?...

—¿A-Akane ayudará con la cena? —preguntaba espantada Nabiki.

—No seas boba —Akane le reprochaba, apoyando sus manos en las caderas, en señal de indignación. Kasumi solo esboza una sonrisa antes de entrar a la cocina.

—Me acabo de acordar, debo juntarme con mis amigas para una tarea de la escuela — bromea la chica, muy poco dispuesta a perderse el anuncio que sus padres pudieran hacer durante la cena, en realidad.

—¡Nabiki! — protestaba mientras se ubicaba tras su espalda, para comenzar a empujarla en dirección a la cocina, tras Kasumi, que ya cruzaba el umbral. Lo que Nabiki no podía saber, era que sin importar cuantas veces preguntara durante la cena, ninguno de los adultos abriría la boca. Ni durante esa cena, ni durante varias más que se darían en el futuro próximo.

.

.

.

Fin del Capítulo 1.

.

.

.

Notas de Autora:

¡Hola!

Nos volvemos a encontrar. Este nuevo proyecto lleva guardado mucho tiempo en mi PC y he decidido darle una oportunidad. Sinceramente, no sé qué va a resultar así que, ténganme paciencia. La intención es buena xD

Espero les guste y puedan acompañarme en esta nueva aventura.

Saludos!